Mas allá del tiempo: La aldea Kaede...
La aldea le resultaba bastante pequeña a comparación del Tokyo, tan inmenso y lleno de gente en cualquier momento del dia. Ese bullicio de ciudad no lo encontraba ahí las personas vivían en paz y menos aceleradas. Raro. Ese sujeto llamado "InuYasha" no sabía si confiar en él, la miraba de reojo desconfiado buscando algo en ella que no entendía. !Dios¡ anhelaba volver con su mamá y no despegarse de su lado, estaba sola en un lugar completamente desconocido. Se abrazó a sí misma en consuelo, pidiendo a los dioses volver rápido.
—Mira Yung, el pelo de esa niña.—murmuró cubriendo su rostro con el sombrero de paja.
—Es rubio, será un demonio.—se enderezo y sus ojos negro escudriñaron a la muchacha que seguía al protector del pueblo.—al parecer dejamos entrar a uno y se llena el pueblo de ellos.—hizo una mueca.
Sia apretó el paso y se agarró del pantalón del semi-demonio, incómoda por todas las miradas y murmullos de la gente, la mayoría la miraban con desaprobación y otros indiferentes.
Esa acción lo hizo sentirse raro, a pesar de no confiar en él buscaba refugio de los curiosos aldeanos, se sintió crecer dos metros algo que no sucedía habitualmente. Antes tenia el incondicional y sincera confianza como protector de aquella mujer que dio vueltas su mundo y lo sacó de sus cánones a otros muy distintos. Afilo su mirada a los curiosos dando fin a sus comentarios. En el centro del pueblo se alzaba una cabaña, ,muchos niños corrían y mujeres salían con ollas de comida. Ahí se alojaba la sacerdotisa del pueblo que velaba por el bienestar de los habitantes.
—¿Encontraste al intruso que rondaba la aldea?—pregunto masajeando su hombro derecho. Los años dejaban su marca ya no tenía la misma resistencia que en su juventud para cargar con medicinas necesitaba buscar una joven sacerdotisa que quiera tomar su relevo.
—Una simple chiquilla humana.—dijo apartándose y dejando expuesta a la asustada rubia.
—Ya veo...—sus ancianos ojos que mostraban la sabiduría de los años le otorgó se poso en la chiquilla.—dime¿Cómo te llamas niña?
Esa mujer rechoncha tenía una mirada seria al igual que ese sujeto. No respondió, realmente no sabía qué hacer frente a desconocidos.
—No responde a nada de lo que le preguntas.—señaló.—la encontré cerca del pozo es lo único que se.
Kaede asintió y siguió con sus quehaceres, revolvió la sopa, había hecho una olla grande entera para quienes realmente necesitan comer y no lograban conseguir con facilidad. Vertió en un tazón y lo puso frente la chiquilla sentada en la punta de la cabaña, abrazada a sus piernas. Le resultaba tan familiar, intentaba hacer memoria en donde había visto esa cara.
Sopa ...pensó y torció la boca, no le gustaba tomar sopa. No tomo el recipiente solo ladeo su rostro mirando por la ventana los árboles. ¿Cuando volvería ver a su madre? no dejaba de preguntarse angustiada.
Dos niñas entraron como un torbellino a la cabaña, gritando, riendo lanzándose de lleno al muchacho que intentaba zafarse maldiciendo víctima de los jalones en sus orejas. Ambas mostraban una enorme sonrisa.
—Niñas dejen en paz a InuYasha. —ordenó sereno cargando un bebé en brazos que dormía plácidamente.
Sia miró al extraño de ropaje azulado y bastón a su costado seguido por una mujer bonita que tomaba a sus niñas para que dejaran tranquilo al joven alterado y fastidioso. Que gente tan extraña eran.
—Llegaron a tiempo para comer muchachos—su tono de voz fue más cálido.—tenemos una invitada.—señaló con la mirada al rincón.
—Pero que bonita niña—murmuró el monje con una afable sonrisa.—¿Cómo te llamas?
—Sia.—fue su escueta respuesta algo sonrojada por el cumplido, nunca le gusto cuando la gente le decía esas cosas.
Lo dejo sorprendido que haya respondió al monje sin esfuerzo tan solo por un simple cumplido, vaya nunca entendería a las mujeres y menos a las mocosas.
—Me resulta familiar—murmuró Sango mirando a la niña.—¿De dónde viene?—quiso saber.
—No lo sé, la encontré cerca del pozo.
—Pobrecilla se perdió. Seguro tus padres deben estar preocupados...—añadió imaginando qué haría si sus niñas se perdieran. —¿Sabes donde vives, cariño?
Aquella mujer se mostraba tan cariñosa comparación de los otros que compartían el lugar, le recordaba a su mama cuando no quería hablar y ella buscaba la forma de ayudarla con sus líos. Sin darse cuenta soltó un sollozo.
—Tranquila, tranquila...—limpio una lagrima que salía de sus ojitos.—solo queremos ayudarte a volver a tu casa, seguro que quieres estar con tu familia y ellos contigo...
Se abrazó con más fuerza a sus piernas escondiendo su rostro lloroso. Sentía como la mujer le acarició el pelo intentando confrontarla como lo hacía su mamá, no se detuvo a pesar de las quejas de sus hijas celosas por las caricias siendo calmadas por su padre.
—!Deja de llorar¡—gruño arrugando su nariz el olor a sal lo ponía nervioso y necesitaba calmar a la niña, algo dentro suyo se estrujaba al escucharla llorar.
—No seas bruto joven InuYasha es tan solo una niña asustada...—regaño Miroku por la falta de sensibilidad del joven.
—Odio ver llorar a las mujeres—se justificó y fue hasta la niña tomándola de los hombros para que lo mirara como lo hizo momentos atrás. Sus ojos eran profundos...—escúchame mocosa, te prometo regresarte a tu hogar pero deja ya de llorar y dime como llegaste acá. —poco le importó las miradas molestas a su espalda no tenía otra opción para hacerla hablar.
—¿No mientes?—quiso saber con la voz quebrada.
—Juro por mi honor que no. Ahora dime ¿Cómo terminaste en el bosque?
—No se—hablo después de un minuto de silencio, afligida.—solo buscaba a Buyo y algo me agarro y tiro al pozo... —recordó estremeciéndose por el tacto de ese ser que la arrastró.
El silencio azotó el lugar, todos con un mal sabor de boca y sus mentes funcionando a mil por hora con el corazón latiendo al avecinarse lo que intuían a que desembocaba la historia. InuYasha entrecerró sus ojos con dolor.
—¿Saliste del pozo?—pregunto alterado. Ella asintió. El pozo había sido sellado por un conjuro que la misma perla hizo por el deseo egoísta de Naraku antes de su muerte y ser consumido por la misma, Ahome pudo salvar su alma y dar descanso a las que vivían dentro de la joya cuando fue absorbida, todo terminó cuando la dejo en su mundo y él fue arrastrado a donde pertenecía. Ahora esa chiquilla desvaneció el sello terminado en esa época.—¿Quien es tu madre?—no se dio cuenta de la tensión de su cuerpo y su voz, afianzó el agarre.
—Duele...—gimió removiendo, la soltó enseguida y frotó sus brazos calmando el dolor. —Iurashi Ahome...—pronunció con esfuerzo el apellido complicado. Sorprendiendo a todos de la cabaña que solo la miraban perdidos en recuerdos.
—Ahome...—fue lo único que escapó de su boca. Aquella chiquilla era la hija de ella que se perdió en el pasado.
—¿Has intentado volver a saltar?—pregunto Miroku saliendo del estupor. La niña negó suavemente.—Entonces intentemos a ver si puedes regresar por donde viniste...
Todos estuvieron de acuerdo no perdieron tiempo en ir al pozo, memorando cada momento con la muchacha del futuro, gracias a ellas pudieron encontrarse y dos de ellos formar una linda familia solo les faltaba su presencia.
—Solo tienes que saltar.
Sia se asomo y no confió en que regresara con solo saltar. La alzaron sin cuidado y alzo el rostro encontrando unos ojos dorados que miraban el final de pozo.
—Vamos.—salto y a la mitad del pozo una débil luz azul los envolvió pero terminaron chocando con el fondo del pozo. Tuvo la sensación que no tenia la suficiente energía para transportarlos. Algo andaba mal.
Continuara.
Hola acá dejo la continuación, espero que les haya gustado y esta vez fue mas largo. Como dije son capítulos con pequeños problemas que se suman otros. Quiero saber que les pareció, si les gusto o no y porque así mejoro eso.
Gracias por comentar y leer este fics a las lectoras ocultas entre las sombras ajaja y :
—Anii . anni y rossmysess, les agradezco y espero contar con su apoyo.
Saludos.
