Capitulo tres:
La ausencia de un amigo
Y cayó de espaldas junto con ella.
Legolas estaba distraído cuando Tauriel lo derribo. Ella no sabía bien porque actuaba de esa manera pero la confianza que ya se tenían, aunque en poco tiempo habían logrado un vínculo como aquel, le dijo que tenía la oportunidad perfecta para alegrarse, ya que si lo pensaba bien "¿cuantas veces en la vida se presenta un momento así?".
El cuerpo del príncipe no estaba preparado para ser derribado de improvisto así que, lo único que Legolas pudo hacer fue tensar su cuerpo (aunque eso en realidad fue una reacción involuntaria) y sujetarla para que ambos no terminaran en el suelo.
El cabello de Tauriel se derramo por el torso del príncipe, mientras que el de él se extendía por la roca en la que estaba acostado (mejor dicho derribado), sus brazos rodeaban la cintura de Tauriel y los de ella el cuello de Legolas, él sin palabras y ella con la respiración agitada. En aquella posición habían terminado ambos elfos después de la euforia de la joven.
, después de unos segundos, la respiración de ella se normalizo, ahora Tauriel era ligeramente alzada por cada respiro que su compañero emitía y quien también comenzaba a jugar con el cabello pelirrojo que llenaba la mitad de su cuerpo, retorciéndolo entre sus dedos. Por fin Tauriel alzo la vista y lo observo a los ojos, él le sonreía.
Aunque las circunstancias eran totalmente diferentes, en su pecho las mismas sensaciones que sintió aquella noche, en su habitación, dos meses atrás cuando la hizo sonrojar, al sujetarla de la mano y con el frio invadiendo su cuerpo, florecían de nuevo, corrían por sus venas, invadiendo todo su cuerpo. Lo tenía cerca, más cerca que nunca, podía sentir su respiración
Los palpitares del corazón de Legolas pedían contacto con la piel de Tauriel. Ella no pudo negar un solo movimiento que su mente y, al parecer telepáticamente, también la de Legolas, pedía, deslizo uno de sus brazos por el cuello del elfo, provocándole un ligero cosquilleo hasta que llego a su pecho, donde los palpitares de ambos corazones se aceleraron.
Sin embargo, no era la única que se encontraba así, por su parte el príncipe se había perdido en los ojos de su compañera, esos ojos que le causaban un nudo en la garganta y exaltar los latidos de su corazón, en pocas palabras, una tortura, una tortura que quería tener a su lado para toda la vida, si esta misma se lo propusiera.
Sus manos eran traicioneras al estar tan cerca de Tauriel, comenzaban a explorar muy discretamente la silueta de su compañera que, inconscientemente, se acercaba más a él.
El tiempo se había detenido en el salón de práctica, la tranquilidad era demasiada, los únicos sonidos que se apreciaban eran: la respiración de ambos y el palpitar de dos corazones.
Las voces del viento invadieron el salón, provocando que ambas cabelleras, rubia y pelirroja, fueran alborotadas, este suceso hizo que ambos elfos, después de estar estáticos por minutos, reaccionaran.
Con un ligero esfuerzo, Legolas levanto a Tauriel lo suficiente para que el pudiera reincorporarse sin apartarla demasiado ni de un solo golpe, ya que no quería que se rompiera esa sensación de paz.
Ella estaba hincada a un lado de él joven y él estaba sentado. Ninguno se atrevía a decir una sola palabra, después de aquellos minutos la voz no hubiera podido dar mayor explicación que, "no te apartes de mí". Ambos se permitieron regalarse una sonrisa, cariñosa y tierna. "¿es que acaso no puede haber momento más perfecto que este?" se preguntaba Tauriel.
Pero, de improvisto el gesto de Legolas cambio sin la menor sutileza, una sombra de tristeza lleno sus pupilas y el resplandor que iluminaba su rostro se opacó. ¿Qué le ocurría?, ¿Qué estaba pasando?, ¿Por qué cambio tan repentinamente?
-¿qué ocurre?- pregunto Tauriel un tanto temerosa de la respuesta que recibiría.
-No ocurre nada. Estoy bien. Es… solo que ya estoy cansado.- Legolas trato de sonreír, pero parecía que realizar ese gesto le costaba trabajo
-pero…si hoy no hemos hecho nada- Tauriel sabía que le estaba mintiendo
-Tauriel…quiero estar solo. Solo eso- el joven elfo estaba levantando su tono de voz.
-está bien- ella no quería verlo de esa manera, así que si eso era lo que quería, ella no podía contradecirlo, pero ¿Por qué le mentía?
Legolas se levantó, tomo sus armas del suelo y se acercó a la puerta, estaba a punto de salir. Tauriel se quedó pensando y se sentó con las piernas abrazadas contra su pecho, cuando escucho de nuevo a su compañero.
-solo una cosa más…-su voz estaba a punto de quebrar -mañana… tu aras la guardia sola. Yo no te acompañare- abrió la puerta y se retiró.
Esperaba verlo en la cena, cosa que no ocurrió, nadie supo nada de él hasta el día siguiente, cuando uno de los guardias le informo que el rey y Legolas no se encontraban en el reino, ¿A dónde habían ido?, nadie lo sabía.
Así transcurrieron dos semanas más, ellos (Legolas y Thranduil) ya no comían con los otros soldados, en ocasiones solo Legolas aparecía en el comedor y cuando él no podía, la presencia de su padre nunca faltaba, sin embargo dos semanas sin saber nada de ellos más que simples rumores, desconcertó a todos. Palabras, algunas creíbles y otras totalmente descabelladas, salían de la boca de muchos elfos acerca de la ausencia de sus líderes: "abra una boda", "por fin el príncipe se casara" "dicen que el rey, conoció a una reina viuda", "¿creen que el rey sea el que contraiga matrimonio?".
Todos esos rumores atormentaban los pensamientos de Tauriel, ¿Cómo se les podía ocurrir tan semejante estupidez? Legolas no se iba a casar, él… no podía hacer eso…simplemente no podía desposar a alguien que no fuera…
Las mañanas de las siguientes semanas eran largas y solitarias, para Tauriel un vacío le llenaba el corazón, extrañaba esos palpitares tan fuertes y acelerados que le causaba su amigo, que solo le causaba Legolas. Incluso había ocasiones en las que se sentaba junto a un lago, el viento movía su larga cabellera llevando los mechones a su rostro, su arco y flechas reposaban en el césped y el sol iluminaba la oscuridad con un resplandor naranja, cualquier orco la pudo haber interceptado en aquellos días y matado con facilidad y sin embargo…el morir no le importaba, no le importaba cuando tenía una tristeza tan profunda por la incertidumbre de saber que ocurría. Por no estar cerca de Legolas.
Ya había pasado un mes desde que no cruzaba una sola palabra con el príncipe ni tampoco lo había visto. Llego a llorar en algunas noches, cuando todo estaba en silencio y ella a solas en su cuarto. Se acomodaba en las sabanas, recargada en la pared, sujetaba una almohada hasta estrujarla y dejaba que las lágrimas llenaran sus mejillas. Nunca pensó que la ausencia de una persona le causara dolor y eso era algo que solo un elfo, de cabello rubio y ojos azules le provocaba.
(En Lothlórien)
-Agradecemos la hospitalidad de su gente y de este bello bosque. Mañana regresaremos al reino- Thranduil conversaba con Galadriel mientras daban un paseo por los alrededores de las bellas tierras.
-Sí. Espero que este tiempo aquí le haya servido de algo a tu hijo- la dama Galadriel había invitado a el rey y a Legolas a apartarse de los asuntos políticos y militares por unos días en Lórien.
-espero que sí. Esta situación es un poco difícil para él. ¿Tú crees que cumpla todo aquello que a prometido?-
-sabes tu hijo siempre me ha parecido un elfo muy especial. Siempre me sorprenden sus actos, él tiene un gran corazón y es muy fuerte en todos los sentidos, ten por seguro que honrará cada palabra que dijo-
-lo sé, se parece a su madre, a pesar de que siempre ha estado más apegado a mis costumbres-
-aun la extrañas ¿cierto?-
-cada día de mi vida-
-te aseguro que ella está orgullosa de ambos. Ten confianza en tu hijo y en tu decisión-
- creo que eso es lo que puedo hacer-
(Cinco días después)
Tauriel había salido, como cada mañana, a recorrer ciertas partes del bosque. Todo tranquilo nada sin cambios, todo perfecto. Cuando regreso junto con otros militares, pudo ver que todo mundo subía y bajaba, murmullos y palabras dichas tan rápidamente resonaban en las paredes y rebotaban a sus oídos sin ningún sentido ¿Qué ocurría? Era difícil descifrarlo entre tanto alboroto.
"han regresado- un grito salió a flote, claro y entendible entre tantos elfos. Fue como si una llamarada le tocara el pecho, no quería perderse de las siguientes palabras que aquel elfo propagaba por todo el reino así que lo siguió- el rey y su hijo por fin llegaron "
Todos fueron corriendo hacia el comedor en donde ya se encontraban Legolas y Thranduil. Tenían una vista diferente pero serena, tal vez era el cansancio del viaje pero no importaba, al fin habían llegado. Tauriel trato de acercarse lo más que pudo pero la gente tenía las mismas ansias que ella de verlos de nuevo. Cuando la gente la dejo pasar no pudo cruzar más que una mirada con Legolas, ya que salieron pronto sin decir nada.
Algunos guardias cuidaban los pasillos.
La noche era maravillosa, el cielo no tenía nubes, así que la luz de la luna llena invadía por las ventanas, convirtiendo el suelo a un color azul. Tauriel no solo quería ver a Legolas tenía que hablar con él.
Llego a su habitación, la puerta parecía tan enorme y ella demasiado pequeña, ligeros temblores exaltaban su interior y la garganta no le daba para palabras.
Toco ligeramente la puerta, sabía que si estaba muy cansado lo más probable era que el no quisiera tener visitas, sin embargo si se quedaba con la incertidumbre hasta la mañana siguiente nunca lograría conciliar el sueño y la noche sería una de las más largas de su vida, tal vez al escucharla aria una excepción.
Tal como lo había pensado, él no respondió al primer llamado, esta vez toco con mayor fuerza y pronuncio su nombre. Pasaron unos segundos La frustración de no recibir respuesta era demasiada.
¿Por qué no habría, él nunca le aria eso, o sí? Una reacción totalmente involuntaria provoco que girara la perilla y entrara sin más a la habitación, cerró la puerta y se colocó como un escudo frente a ella, esperaba que en cuanto levantara la vista, viera la incertidumbre en el rosto de Legolas, sin embargo al hacerlo no lo vio en la cama, Legolas no había ido a su habitación.
Tauriel se acercó a la cama que era iluminada por la luz de la luna, se sentía tan cansada y desesperada que se sentó, coloco sus codos en sus rodillas y sus manos en la frente, ya no entendía nada, ¿acaso cada que lo tratara de buscar el huiría?.
Espero les haya gustado
