Su primera reacción fue tratar de abrir las puertas, jalando las perillas con fuerza, empujando la estructura con su hombro, retrocediendo un poco para tomar impulso y correr hacia ellas con tal de tumbarlas o al menos, esperar ver una pequeña apertura. Llamando incluso al joven que la había dejado ahí, aun cuando había escuchado sus pasos alejarse de hace ratos sin la más mínima intención de regresar.

Continuó con su inútil intento por salir por la puerta hasta que se sintió completamente exhausta, sintiendo en el pecho una desembocada zozobra ocasionada por su abandono, dejándose caer al suelo con desgano, apoyando su espalda en el par de puertas selladas, sintiendo la aguda frialdad del azulejo.

Su cuerpo tembló al darse cuenta de la inmensa soledad que sentía en esos precisos momentos, alejada de todo lo que conocía en un ambiente que le amenazaba con futura hostilidad. Ahogó unos frágiles sollozos en su garganta, guardándose como podía sus saladas lágrimas, observando desvalida la habitación que le rodeaba. Amplia y ordenada, muy pulcra tenia que resaltar, más no se sentía con la valentía de aventurarse a examinar el lugar, quedándose estática en su puesto, abrazando sus piernas para darse consuelo propio.

Quien sea que estaba ahí adelante, la había mandado a traer, la había arrancado de su diario vivir en un segundo, trayendo consigo a su querida amiga, condenándola a un destino de lo más incierto. ¿Cómo estaba Frisk? ¿Qué le harían? ¿Cómo podía ayudarla? No podía evitar preocuparse más de lo que le pasaría a su amiga que pensar en lo que sucedería con ella. La imagen de la mirada atormentada de la joven naufragaba en su memoria cada segundo, sumergiéndola en aflicción, le angustiaba tanto desconocer su estado y su ubicación. Tenía que salir a buscarla. Debían salir de ahí de cualquier forma. No podía continuar lamentándose por no haber podido detener su situación, pero aún contaba con que pudieran salir ilesas. Alguien debía percatarse de sus ausencias en algún momento, aunque probablemente no sería pronto...

No comprendía porque estaba sucediéndole esto. Había dedicado toda su vida a la enfermería y creía haber ayudado mucho a varios de sus pacientes para que pudieran volver a su diario vivir, curados de su dolencia gracias a que nunca se rindió con ninguno, brindándoles esperanza de un futuro sanados y así había sido en la mayoría de casos. No recordaba haber afectado negativamente a alguien para que ahora quisiera dañarla por ello. ¿Qué había hecho mal? ¿A quién había perjudicado para que quisiera lastimarla, llegando al extremo de secuestrarla? No consideraba que le había hecho daño a alguien cuando desde un inicio repudiaba todo acto de violencia. Velaba siempre por la misericordia aferrándose a ese estilo de vida pacífico y respetuoso, o al menos, eso creía ella. Nunca había escuchado que alguien la confrontara por lo contrario. ¿Entonces, por qué...?

Tenía miedo. El horror de lo que podría pasar la paralizaba, haciéndola temblar con frenesí insaciable. Cerrando los ojos con fuerza, sumergida en desesperación por su profunda incertidumbre. No le habían hecho daño aún, pero habían evitando que ella se comunicara con alguien, y siempre había escuchado que esa clase de situaciones nunca salían bien.

Incluso el muchacho se había disculpado...

Revolvió su cabello con angustia al imaginar un sinfín de desenlaces para ella y para su amiga, donde en el mejor de los casos, regresaba al hospital, pero no en una sola pieza...

El casi angelical sonido de notas musicales la despegaron de su tormento insufrible y silencioso, al mismo tiempo que le sacó un chillido de sus labios al haberle sorprendido en sobremanera. Se enderezó en su lugar una vez había pasado el espanto inicial, olvidándose por unos momentos de sus penas al concentrarse en los graciables tonos. Llevo una de sus manos a sus mejillas al sentir el gélido tacto del agua en ellas, fregándoselas con el dorso para limpiar las lágrimas traicionares que habían descendido sin lograr contenerlas.

Sino hubiera sido porque sentía la frialdad del suelo, pensaría que la melodía estaba en su cabeza en un intento por salvaguardarse a sí misma.

Se levantó del suelo con sumo cuidado y lentitud, siendo guiada por el hipnotizante sonido que venía de más adentro del lugar. Admirando, estupefacta, las pinturas de paisajes y objetos de lo más detallados en las paredes del pasillo, el cual resultó ser más grande y extenso de lo que había creído en un inicio, logrando albergar varias habitaciones más pequeñas a lo largo del pasillo, aunque no se adentró en ningunas de ellas, pues al verificarlas de forma individual cada una, se iba dando cuenta que se encontraban cerradas. Aunque de igual manera, no tenía interés en entrar, su objetivo había cambiado a querer llegar al nacimiento de la tonada, siendo guiada por su curiosidad.

Rítmica y constante, la melodía se cernía deslizándose por sus huecos auditivos, sumergiéndola en el mundo nostálgico, casi triste, que transmitía la sinfonía entonada. Omitiendo inconsciente el hecho de que se encontraba en una situación de lo más precaria, suponiendo que una persona capaz de recrear tal armonía sinfónica sería incapaz de promulgar alguna especie de daño. Siendo atraída, sin saberlo, hacia una compleja serie de sentimientos que no lograba siquiera concebir en su ensimismada ilusión planteada.

Avanzó por el pasillo organizado, apenas provisto de un par de muebles con floreros y espejos, moviendo sus pies al son de la tonada hasta llegar a una puerta entreabierta de donde desprendía un brillo amarillo flameante. Un estudio, que a diferencia del pasillo que había recorrido, estaba tapizado con alfombras de colores rojos, negros y dorados. Donde divisó, a unos poco metros frente a donde estaba, la amplia y aparentemente fornida espalda de un hombre que entonaba con movimientos llenos de gracia, una melodía en un piano. La tocaba con mucho sentimiento, ignorando el hecho de que estaba siendo observado por los orbes esmeraldas de Arial.

El magnético tono la mantuvo en el umbral de la puerta llena de curiosidad por escuchar la siguiente interpretación notando apenas los muebles de la habitación. Un escritorio metódicamente ordenado con una larga librera enfrente inundada de libros de diferentes tamaños y colores, sistemáticamente seleccionados y segmentados en un conjunto por características propias, lo que le indicaba que seguramente estaban también divididos por temáticas. Una pareja de sillones que consistía en uno individual con respaldo para pies en una esquina, y uno que parecía ser un sofá cama por lo extenso y acolchonado del asiento casi a la par del anterior. Una chimenea pequeña al lado de un piano púrpura. Y el mismo instrumento musical gozaba de detalles que rozaban entre tétrico y elegante, le daba la impresión que eran figuras como de manos esqueléticas con dedos muy alargados que se juntaban para formar una sola mándala de color ónix brillante.

Desde su lugar podía ver el cabello cenizo, casi castaño, del hombre, arreglado hacia atrás en un porte muy distinguido y más recortado de los costados, sin embargo, mantenía varias hebras salidos de su lugar, como si el hombre no hubiera tenido un buen día y su cabello ligeramente desordenado lo remarcaba. A su lado, en un blanquito, reposaba un saco negra que asumía que se había quitado de su cuerpo quedándose sólo con una camisa de vestir teñida de un tenue púrpura, un tanto ajada y con sus mangas arremangadas burdamente, mostrando un par de elegantes guantes blancos, y un chaleco café.

Por el ancho de los hombros y la manera en que estaba encorvado hacía adelante, Arial supuso que era un hombre alto, de complexión delgada pero definida por cómo se marcaban ciertos músculos en la ropa y quizás, un par de años mayor que ella.

Un hombre con tal porte sofisticado no podía estar detrás de todo ese embrollo. Asumió rápidamente que de seguro trabajaba para el villano que la había secuestrando a ella y su amiga y a lo mejor no estaba al pendiente de su intromisión. Habiendo llegado a esa conclusión, y sintiendo cierta desazón al percibirse como una acosadora por estar examinándole en repetidas ocasiones, hizo ademán de dar media vuelta y salir para continuar con su escape, recuperando los ánimos después de escuchar tan preciosa melodía. Sin embargo, al girarse levemente, notó como la puerta se cerraba de manera automática y se iluminaba un fulgor rojo arriba como un pequeño sensor.

—Así que ya estás aquí...

Arial sintió todo un escalofrío recorrer su espalda ante el tono tan intenso y galante del hombre, no era semejante a nada de lo que había escuchado antes. Fuerte, seguro y ronco. Con un toque que parecía poder conquistar el mundo con su voz y una pizca de ruido familiar que no pudo discernir en su perplejo estado.

No supo en qué momento había terminado entrando a la habitación, pero en el segundo que lo hizo, se había quedado encerrada con él. ¿Acaso la había visto desde el inicio para estar preparado y capturarla?

Admitía que había estado ensimismaba contemplando los detalles de la habitación y al mismo hombre que casi pensó que él era parte de la armoniosa imagen sofisticada que percibía de todo el estudio, y sin darse cuenta, había dado un par de pasos hacia adelante retirándose del seguro umbral. Pero de algo sí estaba segura, y era que no lo había visto voltearse hacia su dirección como para saber que ella había entrado.

Sintió un vuelco de zozobra en su estómago al ver como el hombre se incorporaba dando media vuelta, levantándose de su asiento, revelándole que, efectivamente, él era más alto que ella, quizás más de lo que había pensado con anterioridad. Y aunque no tenía problemas con tratar con personas altas —gracias a su estatura baja casi todos eran altos a comparación de ella—, al observar la postura de ese hombre sintió un estremecimiento en su cuerpo, ocasionado un vacío en su pecho. Se sentía tan nerviosa al verle, sumergiéndose en una mezcla de sentimientos encontrados, por un lado, su incertidumbre carcomía su alma sin descanso alguno y a la vez, sentía un cálido sentimiento en su corazón, sentimiento que no podía explicar siendo sincera, lográndolo vincular vagamente con un deseo por querer consolarle aun sin saber nada de él. Pues incluso, con su porte erguido y firme, le parecía un ser sensible y frágil, como si pudiera tocarle y volverse trizas.

El hombre tenía una mirada penetrante que por más endurecida que quería volver su expresión, no podía sacarse ese reflejo de nostalgia que rozaba la tristeza gritando desde el brillo de sus ojos vacíos y cansados. Y ella no podía evitar concebir muchísima compasión para él. Tenía una clara debilidad por esos ojos, los había visto en grandes cantidades en sus pacientes. Moribundos, derrotados, rendidos a su condición. Lo que excluía a los presentes con los que estaba acostumbrada era una irrefutable convicción que lo movía hacia adelante aún en su estado descorazonado.

Bajando un poco la mirada del semblante del hombre, se detuvo en un objeto en particular que le llamó la atención; a un costado del piano logró visualizar una especie de control que desprendía el mismo destello que había en la puerta, afirmándole que él había cerrado la misma al verla entrar y su angustia se incrementó, tan abrumadora que casi aplastó la piedad que se manifestó por él.

Jadeo espantada, mirando a todos los lados de la habitación, notando sólo un par de ventanas cerradas muy altas para ella y la puerta recién obstaculizada tras su espalda. No tenía a donde huir. Estaba atrapada con él.

«No... no puede ser...»

—Te notó algo pálido, muñeca.

El hermoso tono de voz con el cual segundos antes había estado ensimismada por su naturaleza autoritaria ahora sonaba tan tétrica en cabeza, alzando su mirada en su dirección, percatándose con sorpresa como el hombre se había acercado en silencio a una distancia demasiado cercana a ella, desde donde pudo divisar su rostro con más claridad. Barbilla cuadrada no tan pronunciada, pero refinada. Mechones de cabello oscuro salidos de su lugar decorando su fisonomía con galante detalles, dando una impresión de cansado más marcada. Piel pálida ligeramente tostada por la exposición del sol sin protección, remarcando sutilmente unas pocas ojeras. Unas cuántas cicatrices cerca de sus ojos y barbilla. Con unos globos oculares alargados de orbes oscuros en los cuales parecía haber suprimido todo sentimiento que había mostrado con anterioridad al verle, exhibiéndose ahora muy apagados como para despertar alguna sensación.

Sintió la presión de su corazón apretarle el pecho por la inquietud de tenerlo casi rozando su cuerpo, por lo que su medida contra ello fue alejarse inmediatamente de él y topar su espalda contra la puerta ante la mirada impasible del hombre, sintiendo como le temblaban las piernas por una sorpresa inicial al tenerlo tan cerca y por las pequeñas conjeturas que se formaban en su cabeza. No quería creer que había caminado directamente hacia el principal malhechor que estaba detrás de todo ese embrollo.

—P-Perdón si le interrumpí... —comenzó con una voz un tanto ahogada, esperando que el refinado hombre le dejara ir sin mayores problemas— pero... sólo busco como salir de aquí... —Se sinceró bajando un poco su cabeza, sintiéndose un tanto intimidada por la intransigente mirada tenaz del otro.

—No puedes a irte.

Conmocionada, alzó la vista incrédula hacia él. ¿Cómo que no podía irse? ¿Planeaba mantenerla encerrada acaso? ¿Con qué propósito? ¿Apenas y se conocían? Arial escudriñó en sus memorias tratando de encontrar una figura semejante al porte masculino de quien tenía enfrente. Pero por más vueltas que le daba, nadie aparecía, no existía en sus recuerdos alguien que cumpliera con la expectativa de ser ese hombre para indicarle que tal vez ya hubieran hablado antes. Pensó entonces en que quizás hubiera sido alguno de sus pacientes para expandir las probabilidades. A su puesto solamente llegaban los casos de emergencia y pocas veces tuvo que atender las consultas directamente, al igual que se dedicaba al cuidado de quienes tenían casos especiales o delicados, mayormente jóvenes y niños. Ninguno de sus pacientes atendidos cumplía con la imagen de quien tenía enfrente. Entonces, ¿por qué no quería dejar que se fuera? ¿Qué ganaba teniéndola ahí?¿Por qué estaba enfrascado en tenerla?

—Debo recodarle, señor, que mantener a alguien en contra su voluntad es... —Intentó hablar con un tono más firme que antes, quizás el hombre no estaba consciente de lo que hacía, intentado expiarlo de alguna manera al no querer aceptar que le estuviera haciendo algo tan indebido.

—¿Un delito? —Está vez, su tono había sido articulado con sarcasmo, brotando una sonrisa altiva en su rostro—. Si es desvelado si, pero en este lugar... —Arial sintió su sangre enfriarse cuando uno de los guantes del hombre cogió con firmeza uno de sus brazos—... yo tengo el control.

—¿Qué va a hacerme...? —preguntó con sus ojos abiertos en demasía, envuelta en ansiedad al sentir su tacto.

Asió del cuerpo femenino y lo acercó a él, presionándolo contra su torso, Arial intentó alejarlo colocando sus manos en su pecho, pero ante la seguridad del agarre no hizo mayor cosa, retorciéndose en su lugar con un acrecentado pánico. Esto no le gustaba para nada.

—Suélteme, por favor... —articuló nerviosa temblando por la cercanía.

—Wingdings Gaster —susurró agachándose a la altura del oído de la fémina—. Me complace concebir por fin una plática a gusto, señorita Arial Serif.

Arial sintió como un escalofrío recorría su espalda con el tono gélido y profundo del hombre al pronunciar su nombre, aumentando su desconcierto. Alejó su mirada del pecho masculino para clavar sus orbes en el cuello del hombre, buscando su rostro con un recién manifestado sentimiento de congoja. La impresión descoloco su rostro recibiendo una risa por parte de Gaster, quien solamente había sentido su tensión para augurar el estado de la chica.

Él sabía quien era ella. Le venían muchísimas probabilidades sobre cómo él había conseguido esa clase de información, pero no lograba entender como un hombre como él iba a ponerle atención. Ella no era muy conocida como para que información suya haya sido filtrada hasta Snowdin, lugar donde inquirió que se encontraban por la incesante ventisca que parecía asomar por la ventana y toda esa nieve en el camino hacia la mansión. Por lo que sólo podía pensar que ese hombre... había estado al pendiente de ella desde hace ya un tiempo.

Con su nueva conclusión, la necesidad por alejarse de él fue más fuerte. Golpeando las piernas masculinas con sus zapatos para liberarse, pero el agarre no hacía más que aumentar, viajando hacia su cintura y topándola más a su cuerpo permitiéndole oler una loción embriagante junto un esencia de bebida alcoholizada muy tenue que no hizo más que ponerla más rígida.

—Suéltame —Pidió esta vez con seriedad ahogando su ansiedad.

Sintió al hombre negar con su cabeza, al tener su cuerpo tan pegado al contrario ahora le resultaba casi imposible levantar el rostro, escondiéndolo entre las ropas perfumadas de Gaster.

Las manos grandes e infalibles del hombre viajaron por su espalda haciendo que se sobresaltara, intensificando su desasosiego y su forcejeo por salirse de esa posición tan poco agraciada para ella. Se movilizaban con lentitud y necesidad provocando que perdiera el aire al ser atrapada por las sensaciones que le transmitía el tacto recorriendo su cuerpo.

—Para... —masculló con recelo ante una posibilidad de su futuro que se asomaba a su mente con todo ese tacto asaltando su espacio personal de manera lujuriosa, pero que no quería pensarla al sentirla más real si se concentraba en ella. Quería creer que solamente estaba jugándole una broma para asustarla, y que en realidad, no iba a hacerle nada.

Esta vez, Gaster ni siquiera se movió para responderle, sino que bajo una de sus manos hacia la retaguardia femenina y la acarició sobre la falda del vestido. La mujer esta vez logró alejarse al percatarse que él había aflojado su agarre por estar concentrado en darle caricias, se separó sólo un poco para alzar su mano y propinarle una certera cachetada por su atrevimiento. Más su intención se vio impedida por la otra mano del hombre que la retuvo sin mayores dificultades, viéndose nuevamente al rostro por unos segundos.

Las esmeraldas de ella se veían furiosas e indignadas acompañadas de su ceño fruncido mientras se daba cuenta que los ojos del hombre tenían un suave tono amatista junto a toda esa oscuridad de la pupila. La expresión de Gaster, por otro lado, era inmutable, tanto que no había ápice de su antigua sonrisa. Sin embargo, sus pupilas vibraban con un sentimiento que Arial no pudo describir. Parecía ser... anhelo junto a otros sentimientos y emociones mezclados, como si ni siquiera el hombre pudiera decidirse sobre qué sentir o cómo reaccionar.

Wingdings la empujó contra la puerta y cautivó sus dos manos con una de las suyas sin mayores problemas, alzando las muñecas atrapadas y pegándolas a la puerta por encima de la cabeza de Arial, privando a la mujer de su defensa.

Al verse expuesta, Arial sacudió sus piernas para alejarlo de ella, reacia a permitirle que siguiera acortando sus distancias, más el hombre ingresó uno de las suyas en su entrepierna para separarlas, inmovilizándolas de esa manera. Dejándola en una posición de lo más comprometedora que consistía en tener una de sus piernas levantadas y apoyadas en la cintura masculina mientras que la otra se mantenía fija al suelo para evitar su caída. Dejando vulnerable su intimidad por la apertura.

—¡Déjame ir! —gritó descomponiendo su rostro con el miedo, encorvando sus cejas hacia abajo en un gesto de pánico, sintiéndose de lo más incómoda por esa posición.

WD ignoró su petición y bajo sus labios al cuello de la mujer mientras que con la mano libre desabotonaba su vestido desde arriba, exhibiendo el cuello delgado de la fémina, el cual fue embaucado por los besos húmedos del hombre.

—¡No...! —Su voz cada vez más temblorosa se hizo presente al percibir como su piel inmaculada era succionada por los labios masculinos de una forma poco cuidadosa—. Detente...

Sus ojos picaron augurando un amargo llanto cuando la mano libre de Gaster viajó por sobre uno de sus senos por encima de su ropa, mientras que mordisqueaba su hombro recientemente desnudo. Aún estando aprisionada de tal forma que prácticamente no podía defenderse, la mujer se retorcía renegando permitirle que hiciese lo que quisiera con su cuerpo, pero cada movimiento que daba para contrarrestar su situación resultaba más inútil que el anterior.

¿Por qué estaba haciéndole eso? No concebía razón para torturarle de esa manera. No quería ser profanada de esa forma. Quería ir a casa. Quería recibir una llamaba de su amigo Gerson preguntándole cómo había estado el día. Quería mandarle un mensaje de buenas noches a Frisk y recibir una respuesta sarcástica de Chara diciendo que su prima ya estaba dormida y segura, lejos de lo que sea que iba a pasarle ahí. Quería responder los mensajes de la joven Undyne que siempre estaba pendientes de ella por ser tan despreocupada con su estado, y anhelaba recostarse en su solitaria cama a la espera de un próximo día laboral. No estando ahí, con esa situación lacerante encima y con ese sujeto desconocido.

Ahogó un grito cuando los botones de su vestido del trabajo habían cedido hasta la altura de su ombligo percibiendo como la frialdad de la exposición recorría todo su cuerpo. La mano enguantada del hombre entró debajo de la tela y avanzó hacia el mismo pecho que había masajeado antes, acariciandolo ahora en círculos con tal de abarcarlo entero a pesar que superaba el tamaño de la palma masculina por un poco, antes de apresarlo y enfocarse en su pezón aún sobre el sostén, buscando jalarlo y mimarlo con salvajismo.

Pegó un pequeño grito con la esperanza que alguien viniera ayudarla por muy mínima que sea o por muy boba que había sonado en su cabeza. Todo con tal de liberarse de ese tacto tan desagradable, pero su voz no duró nada cuando los labios del hombre dejaron de concentrarse en su piel y ahora se centraron en los contrarios.

Un beso intenso que la silenció de inmediato. Gaster ingresó su lengua deseosa en la cavidad bucal femenina, sintiendo un enorme placer al sentirla temblequear por su acto, profanando sus labios con sus expertos besos que la mujer apenas y podía seguir.

A Arial nunca le habían besado así. Había mantenido una extensa relación con su mejor amigo Gerson por varios años, pero él nunca había siquiera asomado a intentar aumentar la intensidad, y la única vez que lo hizo, ella lo había rechazado de manera inmediata, deprimiendo a su amigo pero respetando su posición al final. Esa clase de beso húmedo no hacía más que provocarle un vuelco en su estómago que le resultaba de lo más indecoroso, razón por la cual siempre había huido a esa clase de gestos.

Pero ahora, estando a merced de un hombre que le superaba en altura y fuerza, y que no estaba dispuesto a mantener esa clase de pudor con ella; era inhábil para escapar de esa sensación que se agravada en su estómago al percibir como una lucha se desarrollaba en su boca, y como su lengua apenas y sabía como enfrentarse a ella, moviéndose sólo por impulso y no por corresponder el beso.

Los dedos de Gaster se abrieron camino hasta el broche del bra, rodeando su espalda y desajustándolo con un toque, permitiéndole ahora tocar la carne liberada de sus pechos. Arial lanzó un suave gemido cuando al fin pudo respirar después de tener apresada su boca con el brusco beso del hombre. Jadeando y levantando su pecho después del acto mientras que un hilo de la saliva homogénea de la pareja se deslizaba por sus labios.

Gaster le levantó la barbilla con delicadeza para que le viese, limpiándole con su pulgar la saliva en los labios. Ella clavó su desconcertada mirada en él. El hombre dió una pequeña sonrisa de mofa al tener su atención y sus ojos, antes entrecerrados, se abrieron un poco más desprendiendo un brillo lascivo de ellos. Con sus dientes, jaló uno de los dedos del guante, liberando su mano de su estorbosa tela y lanzando el guante a un lado.

Arial pegó un salto cuando ahora sintió como la piel de la mano masculina masajeaba directamente uno de sus senos, jugando con sus dedos en su pezón, jalándolo con el pulgar e índice mientras hacía movimientos giratorios con el pecho cautivo. Percibió un tacto carrasposo en sus manos, muy en contraste con la piel casi de porcelana que tenía la mujer, supuso antes eso que Gaster poseía unas cuantas heridas secas en sus manos, casi podía asegurar que eran cicatrices de alguna quemadura, pero eso no le detenía para frotarla en la piel de la chica.

El hombre se aproximó de vuelta a sus labios, pero esta vez, intentó negarse al beso desviando su cara en varías direcciones, menos el rostro de Wingdings, más su intento por evitar el contacto fue en vano. La lengua del hombre ultrajo de nuevo su boca, penetrándola con un ahínco mayor que la última vez y arrinconándola aún más contra la pared.

Los fluidos de ambos se mezclaban en sus bocas, creando una combinación homogénea donde era imposible discernir quien era quien, emitiendo sonidos lascivos con sus labios en una sinfonía lujuriosa con el contacto de sus pieles mientras que las lenguas exploraban la boca del contrario en su totalidad, o al menos Gaster logró sentir cada rincón húmedo de la boca femenina, sintiendo dicha al tener el control de la situación que ella no lograba seguir, pero que por el movimiento de su órgano del gusto, se daba cuenta que no estaba dispuesta a ceder, aun cuando ella no sabía bien qué hacer.

WD mordió el labio inferior de la mujer cuando se separaba del beso por falta del aire, para luego embestirla en el mismo instante que lo recuperaba. No dándole chance siquiera a la mujer de asimilar.

El beso duro un poco más que los anteriores antes de alejarse de nuevo y escuchar como la mujer tosía en reacción a la intensidad de WD y su falta de aire. Vaya que el hombre podía aguantar mucho tiempo sin respirar.

—Para... —Gimoteó una vez más, mirándole con sus ojos aguados en lágrimas, pidiendo piedad.

El mutismo que recibía como respuesta le desgarraba el corazón, poniéndole una expresión desoladora a la mujer.

Gaster bajo sus labios de nuevo, pero en lugar de un encuentro labial como había pensado la mujer, vió estupefacta como el pecho que no había sido mimado por la mano masculina era atrapado por sus labios, succionándola y rodeándolo con su lengua áspera. Lo succionó con tal avidez como lo había hecho con su cuello, rodeando su pezón con su gruesa lengua, mordisqueándolo un poco también, para luego degustar esa zona con toda su boca.

La chica sintió un espasmo en su cuerpo al sentir el dolor en sus pezones, una contracción de endurecimiento que la desconcertó con pánico, no podía creer que su cuerpo se estaba sintiéndose complacido por ese tacto tan obsceno y en contra de su voluntad.

A la mujer le costaba respirar con Gaster apretando sus suaves y virginales pechos con ese entusiasmo impúdico, y ese deleite que su otro seno se promulgaba con la lengua deseosa del hombre era algo totalmente inexplicable. Sentirlo en esa posición le daba demasiada vergüenza, en verdad, le daba un bochorno pronunciado que alguien la viese en esa fachas y más si tenía la osadía de propinarle esa clase de gestos.

«¿Cuánto más... seguirá esto...?»

Sus labios emitieron suaves y jadeantes gemidos que no podía evitar expulsar por más que se los guardaba, la verdad, era un poco doloroso sentir las mordidas en sus pechos y como los presionaba con tan poca delicadeza. Casi estuvo tentada a decirle que dejase de ser tan rudo con ella, pero se lo guardó al pensar que le haría creer que estaba de acuerdo con todo esto, cuando no era cierto.

Se percató de cómo su vestido terminaba de abrirse por complejo, mostrando su ropa interior verdosa y de líneas negras con todo su esplendor, junto a sus medias del mismo color. Su cuerpo experimentó un repeluzno pronunciado al advertir como el hombre dejaba su labor por un momento y contemplaba su casi desnudo cuerpo, sonriendo de medio lado pero esta vez, con un toque conmovido.

—Eres tan hermosa... —susurró perdido en las curvas de la mujer.

Arial era una mujer delgada, de pechos redondos no tan grandes, pero que por su cintura pequeña daba la impresión que lo eran, siendo que la palma de Gaster era incapaz de abarcarlos por completo.Una cintura que era más que suficiente para distinguir sus curvas femeninas. Sus piernas eran tersas y suaves, con una atlética figura a causa de mantener una rutina diaria de ejercicio. Su piel lechosa bien cuidada, hidratada y lisa. Sus labios rosas, pequeños pero muy elegantes y bonitos. Sus ojos grandes con esas piedras cual esmeralda. Y en esa posición tan provocativa viendo, sin percatarse, de una manera muy sensual a Gaster al estar jadeando por su falta de respiración. Imagen con la que claramente, el hombre no podía resistirse, menos cuando la tenía tan sometida.

—Suéltame, ya...

—Que exquisita... —La ignoró naufragando en las marcas rojizas que había dejado en su cuerpo. Marcas que gritaban que Arial había estado con él esa noche.

—Detén esto, te lo ruego... —Pidió una vez más, mirándole a los ojos.

Si esto seguía... No, ni siquiera quería pensar en el resultado. Pero sus temores comenzaron a hacerse realidad al sentir como la mano libre viajaba por todo su cuerpo culminando en su parte íntima, ingresando debajo de la tela. Arial saltó e intentó cerrar sus piernas para evitar esa clase de contacto, más fracaso en el intento al tener una pierna alzada en la cintura del hombre, totalmente inmovilizada.

—¿Detener? ¿Cuándo tu cuerpo clama por calor? —cuestionó con ironía sintiendo como la zona íntima estaba húmeda y riendo al ver como las mejillas de la mujer enrojecían intensamente—. Estás disfrutando esto.

—¡No! ¡No estoy disfrutando na-nada de est-...! ¡Ah!

La escabrosa palma de Gaster vagó muy cerca de su parte privada sin tocarla, ahogando una pequeña risa antes de tocar por encima de la intimidad, deleitándose con el sonido obsceno que salió de los labios de la mujer con el mísero roce de su clítoris y la mano invasora. Sensaciones de lo más novedosas que no tenía idea de cómo regularlas.

—Oh, dulzura, pareces estar muy húmeda por aquí.

—Ahí no... por favor... —Suspiró sintiendo como el pudor asaltaba todo su cuerpo.

Esa parte tan privada que nadie había tocado antes de esa manera, ahora siendo ultrajada por esa mano brusca le resultaba de lo más humillante, sobretodo porque por más que lo negara, su cuerpo había expulsado líquidos lubricando la zona a causa de la estimulación carnal. Y la sonrisa burlona del hombre no hacía más que engullirla en frustración al no poderse negar a ese hecho.

—Eres una chica grande, muñeca. Sé que no sólo te basta con esto —comentó con un tono ronco y profundo, relamiendo sus labios al tener la vista esmeralda pendiente de él.

Arial pegó un grito lascivo que no tenía idea que podía emitir cuando el primer dedo se introdujo en su virginal cavidad. Moviendo la cadera para alejarse de ese tacto, tratando de repelerlo, pero lo único que logro fue que el dedo se frotara dentro de sus paredes estrechas.

En su larga relación con Gerson, nunca habían hecho esa clase de cosas íntimas, más que todo porque ella siempre trabajaba y cuando salía una oportunidad, había repudiado el acto. Ella no se sentía lista para eso y el tema en cuestión le provocaba tremenda vergüenza, cosa que su amigo entendió y se dedicaba a dormir sólo a su lado, sin tocarla. Siempre admiró esa caballerosidad de Gerson y se sentía terrible al final haber terminado su relación sin lograr corresponder todo ese cariño que le había demostrado tener por ella. Por lo que con su fracaso con su ex, había pensado que no conseguiría pareja de nuevo, por lo tanto, no tendría que volver a preocuparse por las relaciones íntimas. Cosa que la aliviaba. Ella nunca había requerido de hacerlo y era feliz con ello.

Por lo que no tenia ni idea de lo ardiente que podía llegar a ponerse su cuerpo y como el mismo reaccionaba sin hacerle caso, llenando su parte privada de fluidos tibios que facilitaban el paso de los dedos de Gaster.

—No hagas esto... —murmuró con la boca abierta ante la sequedad que había asaltado su boca.

Un segundo dedo en su interior la hizo gritar de nuevo, esta vez, con más intensidad, arqueando su espalda al sentir como los pares de dedos se desplazaban de adentro hacia afuera con fervor en cada movimiento. Su intimidad no podía soportar tal nivel de brusquedad al tener casi nula experiencia en el campo, logrando ponerse melancólica y triste porque su primera experiencia hubiera sido con ese hombre.

«Wingdings Gaster...»

Recordaría ese nombre sin importar cuánto pasara. Frunció su ceño recuperando un poco de su cordura, ocasionando que el hombre negara con la cabeza ante su terquedad. Pensaba con astucia en lo mucho que tenía que hacer para que esa mujer por fin cediera. Y manteniendo ese semblante seguro en él, liberó las muñecas femeninas por un momento para guiar su palma hacia el cuello de la chica, liberando su no tan corta cabellera del estorboso moño del trabajo, dejando caer sus rizos dorados hasta la altura de su pecho, removiéndose de nuevo con la boca el guante de su segunda mano.

El momentáneo instante de lucidez de Arial se vio opacado al sentir como algo bajaba desde su interior y embarraba su ropa interior sin remedio. Obligando a WD a sacar su mano y llevarla cerca de su nariz para olfatearla.

—Un buen olor, muñeca.

—¡Es suficiente! ¡Ya detén esto! —vociferó agitando sus manos recién liberadas, sin darse enteramente cuenta de ello.

—Dulzura, creo que sigues sin comprender esto no se acaba —llevo sus palmas para apresar a su nueva víctima: las nalgas femeninas, acercando su ropa interior a su virilidad aún cubierta por tela— hasta que yo lo diga.

Aprovechando el instante de perplejidad de la fémina, Wingdings terminó desnudando su ya casi exhibido cuerpo, lanzando a un lado su sostén y su vestido destrabados incompletamente. Con su cuerpo casi en plenitud y expuesto, Arial optó por cubrirse como podía los pechos siendo embaucada por el bochorno máximo que había sufrido en su vida.

Gaster la tomó del estómago y la elevó hasta ponerla en su hombro, sacándola de la puerta de una vez y llevándola a una zona más cómoda. La mujercita se retorcía con tal de quitarse de encima, aun optimista que podía salir de esa.

El hombre aprovechó tenerla así para desabotonarse su chaleco y su camisa, logrando liberarse de ella en el momento que dejó caer a Arial en el sillón cama del estudio. Reincorporándose en pocos segundos, ahora sin camisa ni cinturón que protegiera sus pantalones.

Arial se quejó con el golpe, desconcentrándose un momento donde el hombre logró abrir nuevamente sus piernas de par en par, aprovechando la situación para removerle los zapatos, las medias y su última prenda íntima que quedó colgada en uno de sus pies pequeños, dejándola completamente desnuda. Aprovechando sentir la suavidad de sus piernas con las yemas de los dedos en el instante que removía cada una de las prendas. Dando fugaces y suaves besos en los muslos observando de reojo el rubor de la mujercita.

—N-No... no mires... —Como si pudiera volverse invisible cerrando los ojos, Arial apretó fuerte sus párpados con tal de obviar la situación desvergonzada en la cual estaba. Su parte más íntima expuesta ante la mirada seria de un hombre que le estaba obligando a disfrutar de su bochorno.

—Tienes buen aroma... —admitió embriagado por el olor que expulsaba el cuerpo femenino.

Arial no podía reincorporarse para evitar seguir sintiendo una turbación abrumadora como ninguna otra, sumado a que la posición de sus nalgas alzadas a la altura del hombre, la dejaban un tanto incómoda.

Gaster la miró desde su tan apetecible posición donde parecía tener el control total del cuerpo de la fémina, relamiendo sus labios en una sonrisa burlona que Arial sólo pudo adjudicar a algo nada agradable para ella.

Estuvo a punto de suplicar piedad de nuevo, pero su ruego se vio silenciado por su lánguida expresión de sorpresa al sentir una sensación de lo más electrizante recorrer su cuerpo desde su parte íntima. Un objeto extraño había ingresado en su cavidad virginal con tal fuerza y convicción que no pudo regular su respiración.

—¡N-No...!

La lengua de Gaster embestía con posesión y entusiasmo todas las paredes contraídas de la fémina. Sintiendo un enorme placer al sentirlas encogerse y dilatarse con constancia. Unos gemidos en serio motivadores salían de los labios de la chica, quien se mantenía en una especie de trance sin poder asimilar lo que en verdad estaba haciéndole.

En esa zona tan sucia... él estaba empujando con emoción su lengua, dando vueltas dentro de ella y degustando el sabor de su cuerpo. Era algo tan impensable que realmente estaba sacándole el quicio.

Era... excitante y apasionado... y le dolía admitir eso.

La penetración subió de nivel a tal punto que los pechos femeninos se movían de arriba a abajo a causa del movimiento, Gaster les contemplaba con añoranza y deseo, provocando que le picaran sus manos por manosear esas hermosas y exquisitas partes de carne, pero en su lugar tenía esos preciosos muslos cautivos, por lo que incrementaba el nivel de velocidad para escuchar la ahogada voz femenina en una expresión cada vez más placentera.

Arial sentía como algo estaba apunto de descender de su cuerpo provocando que su temperatura aumentara, sintiendo cada músculo de su cuerpo en extremo sensible, obligando a abrazarse a así misma para ahogar dicha sensación intensa que su cuerpo padecía, negándose internamente a aceptar que acciones tan pervertidas la pusieran en ese estado de anhelo enfermizo, más cuando Gaster sorbió de la mayoría de sus fluidos, no pudo continuar reteniendo lo que su cuerpo deseaba expulsar, estremeciendo toda su musculatura con delirio.

Una sonora carcajada salió de los labios del hombre después de limpiarse con la lengua los nuevos fluidos lujuriosos que habían salido de Arial, provocando que ella se pusiera más retraída en su lugar y desviara la mirada. No sólo le bastaba con hacerle eso tan cruel sino que también se reía de sus reacciones. Que hombre más insensible.

—Oh por el Ángel, es que eres más tierna de lo que imagine —Le escuchó susurrar con suavidad, con un tono distinto a los otros que había usado, era nostálgico y un tanto conmovido, casi con dulzura. Adjetivos que la desconcentraron de inmediato y le hicieron abrir sus ojos para estar pendiente de su expresión.

Por desgracia para ella, todo ápice de ternura se había desintegrado al notar como el hombre colocaba su cintura de regreso a su lugar, colocándola en una posición más cómoda en el sillón, al mismo tiempo que se deshacía de su pantalón y lanzaba lejos la ropa interior femenina aún atrapada al final de sus piernas. Comenzó a negar frenéticamente con la cabeza, tratando de reincorporarse aún con su cuerpo temblando por las sensaciones y la sensibilidad que la tenía cautiva. Las lágrimas por fin descendieron de sus ojos ante el inevitable pánico que la engulló.

—No, por favor. Todo menos eso... haré lo que sea que me pidas, pero por favor no...

Ansiaba guardar ese momento para alguien a quien ella amará con la suficiente pasión para llevarlo a cabo a pesar que no sabia si esa persona algún día llegaría a su vida, cuidar ese instante para una ocasión especial, y si bien, su cuerpo ya había sido profanado en más de una forma, deseaba al menos pelear por perseverar esa pureza de ella. Rogando con todas sus fuerzas para evitar la culminación del acto.

Se acomodó frente al hombre de rodillas y tomó sus hombros con clara desesperación mientras más lágrimas cada vez más gruesas se deslizaban por sus ojos.

—No me haga esto, se lo ruego, Lord Gaster, puedo hacer cualquier otra cosa que me pida pero esto... esto no... —sollozó agobiada, negando con su cabeza con frenesí y encogiéndose de hombros.

Por un momento, Gaster detuvo el movimiento con manos, quitándose el pantalón de manera incompleta aunque dejando expuesta su ropa interior, y tomó entre sus carrasposas palmas, las mejillas de Arial, limpiándole con los pulgares las lágrimas que caían.

La mujercita sonrió pensando que esa era una afirmación, por lo que correspondió con timidez el caluroso beso que le robó después de su petición, incluso pudo gemir sin tanta contención cuando una de sus manos volvió a juguetear con sus pechos, pensando que hacer eso sería suficiente para evitar perder su virginidad en aquel lugar, sin saber que su pronta aceptación del tacto provocaría que el instinto de su amante se saliera de control, empujándola de regreso para recostarla.

—¿Qu-Qué? ¡Pensé qué...! —Su indignado y alarmado tono fue silenciado por un beso aún más desenfrenado de WD, mientras hacía una pequeña apertura con las piernas de la fémina.

Las lágrimas volvieron a salir con más ímpetu mientras emitía sonidos de negación, golpeándole el pecho con toda la fuerza que tenía, pero Gaster ni se inmutaba.

«¡Basta! ¡Por favor, no...!». Gritaba internamente.

Más sus gritos nunca fueron correspondidos por alguien. Nadie vino ayudarle. El miembro comenzó a entrar lentamente por su puerta lubricada y húmeda, ocasionando de inmediato que la zona sensible se fuera expandiendo por reflejo para recibir a tan apasionado visitante, más Arial había reaccionado a ese primer estímulo con un grito, despegándose del beso.

La virilidad siguió abriéndose camino entre sus paredes, provocándole dolor por su falta de experiencia por muy lubricada que estaba la parte. Su grito cada vez se hacía más desgarrador a causa del sufrimiento que padecía por permitir la penetración del órgano, su manos se apoyaron en el forro del sillón para tratar de sostenerse y asimilar el dolor.

—¡Detente! ¡Duele! —Se quejó viéndole de frente para encontrarse con unos ojos entrecerrados, una pequeña mueca de dolor y sus mejillas ligeramente sonrojadas, dándose cuenta que a él también le estaba doliendo el apretón que ella le daba—. Yo no... —se abochornó—...lo he hecho nunca, por favor...

Tal parecía que algo en sus palabras había tocado el alma de hombre, pues por un momento se detuvo y la contempló con una mirada brillante en esa expresión tan indiferente que tenía.

—No te preocupes, querida. Será inolvidable.

Y sin darle tiempo de asimilar sus palabras, dio una rápida embestida para terminar de llegar a los más profundo de su interior. Emitiendo un grito de lo más lastimoso que hasta sintió que sus oídos fueron tapados por la fuerza de su propia voz.

—¡NOOOO! —Lloriqueó tapándose el rostro con los brazos mientras sentía como su parte se desgarraba por la penetración.

Y a partir de ese momento, no tuvo la fuerza para ver de nuevo al hombre. Permaneció con sus ojos llorosos escondidos en sus brazos mientras continuaba sintiendo el agudo ardor en su parte al continuar siendo profanada por Gaster.

Movía su cuerpo con cada embestida que daba, agitando sus pechos con el movimiento. Sentía sus piernas temblar ante la fuerza de la penetración en su intimidad, donde cada vez iba aumentando el nivel de intensidad, percibiendo como la virilidad de Wingdings llegaba cada vez más profundo, sintiendo ligeros cosquilleos de placer en donde antes sólo podía padecer dolor.

Se negó a moverse y mordía sus labios para evitar la salida de cualquier sonido que la declarara como que estaba sintiendo algún ápice de exquisito placer en todo esto. No estaba dispuesta a brindarle esa clase de espectáculo, pero mientras más se movía el hombre de adentro hacia afuera con más libertad, más difícil se le hacía contenerse.

«No... no te muevas así...». Se lamentó.

El tacto en sus pechos la hizo jadear, sus traicioneros pezones se habían endurecido ante la necesitada y frenética caricia por parte de Gaster, mientras que sentía la punta de su virilidad chocar contra una parte de lo más sensible y placentera de su interior. El gemido sonoro de sus labios no pudo pasar desapercibido para el hombre, ocasionado que su miembro palpitara en el interior de Arial.

Ya no suplicaba, tampoco rechazaba el acto, y no porque hubiese terminado aceptando su situación, sino porque en esa posición, podía desgarrarle y dañarla si continuaba retorciéndose, y ya podía augurar como dolería esa zona por la mañana después de tremendo choque de intimidades. Al menos así, se aseguraba de no partirse en dos por el dolor.

Wingdings aprovechó su fallido intento de gemido ahogado y acercó su lengua a su boca, sumergiéndola al encontrar la mínima apretadura, haciendo a un lado sus estorbosos brazos.

Sintiendo la humedad de la boca de nuevo, trato de alejarlo con sus manos a pesar que era inútil. Su cuerpo estaba débil, su intimidad siendo ultrajada con salvajismo, sus pechos siendo profanados con poca delicadeza y su boca peleando una batalla perdida contra una lengua experta y gruesa a comparación de la suya. ¿Qué más podía pasarle?

Su cuerpo tembló de éxtasis y entonces deseo haberse guardado la pregunta. La masculinidad de Gaster palpitaba ansiosa en su interior, lo que sólo podía significar que algo se avecinaba al mismo tiempo en ambos cuerpos. Expulsó un pequeño quejido en un vano intento por quitarse de encima al hombre, recibiendo el mismo fatídico resultado.

Su lengua danzaba agitada junto a la extasiada de la del hombre, entreabriéndo sus hinchados ojos en medio del beso, preparándose mentalmente para lo que venía, pero no esperando lo que se encontraba frente a ella. Su corazón incremento la rapidez de sus palpitaciones ante la sensación de ansiedad y vergüenza que la invadía.

Las amatistas de Gaster estaban de igual forma atentas a ella, succionando sus labios con su apasionado beso, provocando que sus mejillas se tiñeran de rojo por lo timidez que le asaltó al verle con esa expresión tan placentera en su fisonomía masculina. ¿En verdad estaba disfrutando haciéndole eso?

Wingdings enrolló sus brazos en su cintura, y la levantó levemente del sillón, acercando su cuerpo agitado, tembloroso y sensible a sus músculos tensos y rígidos, envolviendo con mucha facilidad su espalda entre sus fuertes brazos sin despegarse de su beso robando su aliento, sino fuera por la poca delicadeza con la cual la había tratado toda la velada, hubiera pensando que la estaba abrazando con ternura.

Sintió su interior quemarse, percibiendo como su intimidad era inundada por un líquido espeso que todo su interior se había tragado de golpe justo después de que Gaster la penetrara con fervor auxiliándose de la posición nueva que habían adoptado. El beso se corrompió en el mismo instante, ahogando un grito ambos, gimiendo de placer cada uno por su propia sensación. Gaster se sentía más liviano al liberar todos sus fluidos en su interior, y Arial se sentía consternada al tener dentro de ella tal miembro palpitando enjuagado en sus líquidos y en los propios, en una sola unión no sólo de cuerpos, sino también, de sensaciones. No comprendía como su parte íntima podía albergar a tal miembro agresivo y grueso.

Y en ese instante donde se habían mezclado enteramente, las ventanas de su alma estaban pendiente de las del contrario, observando sus orbes brillantes, embaucados en las sensaciones que el otro provocaba. Naufragando en la inmensidad de la mirada, totalmente saciados sin saberlo.

Había sido demasiado para ella. No podía más con eso. Tiritaba de consternación y frío, su cuerpo había adoptado una temperatura de lo más baja una vez había llegado a ese punto cúspide del acto, buscando, muy a su pesar, calor en los brazos del hombre que le había hecho tanto daño en una sola noche. Desvariando en su propia laguna mental. Apoyando su cabeza en su pecho y cerrando sin remedio sus ojos, despreciando ya todo lo que pasara a su alrededor.

Tan sólo... quería dormir de una vez. Sus manos se dejaron caer flácidas en el aire, sus párpados resguardaron las esmeraldas de sus ojos y su corazón disminuyó su desembocado palpitar a uno más sereno. Todo su furor había desaparecido en un segundo donde lo único que le importó fue que el sueño estaba a su alcance.

Su rostro cayó en un profundo letargo mientras Wingdings continuaba perplejo al verla dormida tan pronto había llegado a su punto alto del acto. La abrazo esta vez tratando de abarcar más partes de cuerpo, en un vano intento de resguardarla del frío, notando como el fuego de la chimenea había decaído poco a poco. Suspiro, su cabeza comenzaba a dolerle, así que se aseguró de acomodarse el sillón con cuidado sin soltar a Arial, dándole tanto calor como pudiera.

Exhaló el viento contenido viendo su aliento congelarse, augurando que esa habitación dejaría de ser adecuada para albergarlos en unos momentos más, pero aunque le preocupaba eso, no podía negar la agradable sensación que sentía al escuchar el corazón de la chica pegado a su pecho; por fin era suya, después de tanto tiempo, la tenía apresada siendo suya. Y aunque le gustaría sentirse feliz por ello, su cuerpo estaba clamando acompañar a su amante en su sueño. Cerrando de a poco los ojos mientras estiraba su brazo para alcanzar su camisa, envolviendo a la chica con ella cuidándola de algún futuro resfriado mientras se planteaba una solución rápida para la situación friolenta que se avecinaba.

—Dulces sueños, dama mía...

『 *• ~ •*』

Datos curiosos del capítulo:

La verdad, esto iba a hacer un one shot que iba a acabar aquí x"D (junto al preludio). Pero vi que en el preludio y esto iba algo largo, así que decidí partirlo para que no fuese tan pesado leerlo :3.

Pero de igual forma, esto quedó largo.

Por otro lado, me imaginé diversas interacciones posteriores a este evento, por ello decidí hacer una historia corta. Con todo y sus dramas, dolencias, aflicciones, giros que avecina este corto proyecto. Si aún les da intriga sobre cómo continuará, estén pendientes de esto~.

Sobre las edades de los personajes, se irán revelando poco a poco en lo que escribo, pero de entrada les digo que Arial tiene 28 años y Gaster tiene 36 años. Luego, podrán ir haciendo sus cuentas con los demás xD.

Si les impresionó o algo les llamo la atención no dudeís en dejarse un sexy review de ello ;3 . También, mándese un consuelo para Arial ;-; . Mi niña quedó demasiado impactada :c . No sé qué me pasa para hacer sufrir a los personajes que amo x"D.

Gracias por leer y nos vemos en un próximo capítulo c; .

Lady off~!