Capítulo 3

Dos toques en la puerta y se abrió.

-¡Hey, Em! Tu madre me ha abierto y me ha dicho que estabas aquí- Te he traído los apuntes que me dejaste. ¿Dónde te los pongo?

Planeó el tocho de folios sobre el escritorio, tratando de recordar dónde solía ponerlos ella. Desde luego, ahí en medio no.

-Ya los guardo yo- dejó su trapo a un lado y se quitó los guantes de goma antes de cogerlos.

-No sé que habría hecho sin ti, Emma. Me has salvado. Te debo una.

-Lo hago encantada, Will –le sonrió recolocando algunas hojas en su sitio.

-Las he ordenado –se defendió echando un vistazo por encima de su hombro.

Emma se rió dándole un vistazo.

-Bueno, están más o menos. Mira, están numeradas –en cada esquina había un número dentro de un círculo de color rojo.

-No me había dado cuenta –pasó varias páginas para comprobar que era en todas y no solo en esa.

-Vaya, eso es lo que has estudiado, Will.

-¡Me lo sé todo! Vamos, pregúntame algo –la desafió cruzando los brazos delante del pecho.

-Te creo –se rió. Golpeó el tocho sobre la mesa y todos los folios quedaron alineados. Les puso un clip antes de meterlos en el cajón, por si acaso. Luego volvió a su tarea. Llevaba desde después de comer limpiando las hojas de su planta. Ya casi estaba.

-¿Estás nerviosa, Em? –preguntó olvidándose completamente de los estudios. Ya habían pasado los exámenes. ¿Para qué preocuparse más?

-¿Nerviosa? ¿Por? –le miró por encima del hombro.

-¿Cómo que por? ¡El baile!

Oh, claro. El baile. Era esa noche. Había sido el tema de conversación en el instituto durante los últimos dos meses. A Emma no se le había olvidado en absoluto.

-En realidad, no sé si voy a ir, Will –admitió. Lo tenía todo preparado, pero aún así dudaba. Habría mucha gente y todo estaría muy sucio. Luego beberían y entonces estaría más sucio y ella se quedaría sola...

-¡Em! ¿Cómo no vas a ir? ¡Nos lo vamos a pasar genial! Va a ser el mejor baile de todos. El instituto entero va a ir. ¡No voy a permitir que te quedas aquí sola encerrada.

-No sé, Will... Ya sabes lo que me pasa –suspiró sentándose en la cama y fijando la mirada en sus manos, un poco avergonzada de sí misma.

-Pero vas a ir con Andy. ¿Vas a dejarle plantado? –Emma no contestó. Era muy fácil crearle remordimiento y aunque estuviese mal, Will se estaba aprovechando de ello- Pensé que te gustaba.

-Es majo, y tiene mucha paciencia conmigo –eran cualidades, no una afirmación. El único problema realmente grave que Emma veía que Andy es que no era Will.

-¡Oh, vamos, Em! ¡Ven, ven! Yo quiero que vengas –saltó a la cama y empezó a atacarla a base de cosquillas. Se retorció, riéndose y tratando de librarse de él, consiguiendo sólo lo contrario- ¿Vas a ir, Em? –ya la tenía tumbada en la cama, pataleando y murmurando algo incomprensible- No te oigo. ¿Puedes repetirlo?

-¡Sí!

-¿Sí qué? ¿Sí vendrás? Prométemelo.

-¡Iré! –jadeó- ¡Te lo prometo!

Paró, aunque tardó un rato en parar de reír y recuperar el ritmo normal de la respiración. Tenía la cara toda sonrojada, a muy poca distancia de la de Will que estaba prácticamente encima de ella.

-No hay nada en esa fiesta ni en ningún lugar de lo que debas tener miedo –su voz era sólo un susurro lo suficientemente audible para ella, quien tragó saliva y asintió muy lentamente- Te lo prometo –dijo mirándola directamente a los ojos.

Entonces se inclinó, borrando cualquier distancia existente entre ellos y dejando caer los labios sobre los suyos. Cerraron los ojos en el tierno contacto que parecía ser infinito...

Hasta que Will lo rompió bruscamente, levantándose de un salto –

-Será mejor que me vaya –carraspeó nervioso- Terri quería que fuese a recogerla temprano. No quería llegar tarde. Nos vemos allí.

Emma no pudo más que asentir mientras se incorporaba y le veía salir por la puerta de su habitación, aún un poco anonadada pero mucho más animada.