Harry conducía su audi por la carretera de la Coruña en dirección a Madrid, acaba de dejar Robbie en el colegio, y tenía la cabeza embotada con todo lo que había pasado en las ultimas horas.
Desde la llamada de Wayne poniéndole en aviso sobre el robo en la cámara, pasando por la llegada de Hermione y Malfoy, hasta el ataque de los mortifagos.
Apenas si había pegado ojo la noche anterior, una vez los aurores españoles desaparecieron de su casa, se encerró en su habitación con su hijo que parecía más calmado, tras la sorpresa inicial. Se paso toda la noche pensando que demonios había hecho para merecer aquello, no era suficiente castigo la infancia que había tenido, ¿Por qué su hijo tenía que pasar por aquello también?
Se detuvo frente a la librería y entró con paso rápido en el establecimiento.
Aidan, ha llegado el pedido de…
Colócalo, dile a Pedro que te ayude – rebuscó entre sus bolsillos - ¡Mierda! Me he quedado sin tabaco.
Tsk, Tsk… y yo que creía que serías un tipo saludable – la voz a sus espaldas encrespó aun más sus ánimos.
Malfoy, piérdete – entró en la trastienda, caminó por el almacén hasta llegar al final del mismo y encontrarse con la puerta de su pequeño despacho, la abrió y cerró la puerta con fuerza, pero el portazo nunca llegó, se volteó extrañado - ¿Qué parte de piérdete no has entendido?
Es que como no me has dicho a que parte debía perderme…
Draco, ya vale – Hermione entró tras de él – Harry solo veníamos a informarte de lo que los aurores españoles nos han dicho.
No me interesa – masculló mientras rebuscaba entre sus cajones, necesitaba un cigarro y lo necesitaba ya.
Pero… - Hermione se volteó para mirar a Draco que simplemente se encogió de hombros – Es importante, han hablado…
He dicho que no me interesa – se levantó y rebuscó entre los archivos, tenía que haber un paquete de tabaco por algún lado.
Potter, siéntate – le dijo Draco.
¡Me llamo Aidan! – gritó desesperado
Potter, Aidan… o blanca nieves, me la suda, pero siéntate – le tendió un cigarro, y Harry lo miró entrecerrando los ojos pero lo aceptó, se llevó el cilindro a la boca y palpó los bolsillos de su pantalón hasta que encontró un mechero, lo encendió y aspiró con fuerza, sintiéndose algo más reconfortado – Bien, tienes tu cigarro, ahora siéntate.
No quiero oír…
Quieren a tu hijo – le dijo Draco
Draco… - le regañó la castaña, había acordado tratar el tema con suavidad.
¿Qué? – las manos de Harry comenzaron a temblar y dio caladas rápidas al cigarro – Pero… ellos…
Supongo que en esa cámara había más información de lo que Wayne nos dijo – le explicó el rubio
No, él… es imposible… nadie lo sabía – les dijo frotándose desesperadamente la nuca – Nadie.
Po… - se interrumpió cuando el moreno lo fulminó con la mirada – Aidan, alguien tenía que saberlo…
No… la única persona – agachó la cabeza – esta muerta.
Oh… - Hermione se acercó cuando comprobó la sombra de tristeza que cubrió el rostro de su amigo - ¿estás bien?
Sí…
¿Seguro que nadie más lo sabia? – el moreno asintió ante la pregunta de su amiga.
¿Quién te ayudó en el parto? – preguntó el rubio
¿Qué? Yo… como…
Tú diste a luz ¿no? – se removió incomodo y asintió - ¿lo hiciste solo?
No – les dijo – un medimago me ayudó
Bien, dame su nombre – le pidió Draco
¿Para que?
Para investigarlo.
Confió en él… nunca…
Todos tenemos un precio – le dijo el rubio - ¿el nombre?
Carlos Vela – respondió.
¿español?
Sí
¿Dónde te atendió? – Draco tomaba notas mientras Hermione intentaba tranquilizar a Harry acariciándole la espalda.
¿Es necesario todo esto?
Solo queremos ayudarte – le dijo la muchacha – No vamos a permitir que os pase nada – sonrió y contempló que el moreno esbozaba un tímida sonrisa.
¿Dónde te atendió? – les interrumpió el rubio
Barakaldo, una ciudad al norte de España, trabaja en la sección mágica del hospital de las Cruces – les informó.
Bien, con esto bastara.
Harry, todo va a salir bien – le dijo su amiga – Pero, tienes que dejar que te ayudemos.
… - terminó el cigarro y lo estrujo contra el cenicero – Robbie es un chico muy especial – comenzó a explicar – No es un niño normal.
Bueno con respecto a los muggle claro que no – le interrumpió Draco
No, es solo que sea mago – suspiró – Tiene problemas de adaptación, problemas a la hora de relacionarse y hablar, también tiene una salud muy delicada, hay que estar pendiente de él las 24 horas del día.
Oh… Harry – la castaña estrechó a su amigo con fuerza, y aunque no le respondió al abrazo, en el fondo el moreno se lo agradeció.
¿Dónde esta ahora? – preguntó el rubio
En el colegio, estudia a las afueras en un colegio especial.
Bien, habrá que mandar vigilancia – Harry se horrorizó – Intentaremos que no lo note, ¿le explicaste algo de lo de ayer?
No, no hizo preguntas – el moreno se levantó de la mesa y caminó hasta su silla – Es difícil de tratar, si no tiene confianza nunca te hablará, y normalmente nunca hace preguntas, y no le gusta que le expliques las cosas así, que no suelo hacerlo.
Entiendo.
… - Harry miró su reloj y suspiró – tengo que trabajar, esta tarde hay una función en el colegio y tengo que estar allí.
Bien, Draco te acompañara – le dijo Hermione
¿Qué? – preguntó el rubio.
Yo voy a encargarme de la investigación y tratare de hablar con los aurores españoles para que nos cedan unos cuantos hombres para la vigilancia, además del colegio no estaría mal que vigilaran la librería.
Vete tú con él, yo me encargaré de lo otro.
No, a mi se me dan mejor los papeleos – la castaña se giró y observó a Harry que les miraba atentamente – Todo va a salir bien – desapareció plantando un sonoro beso en la mejilla del rubio.
Harry permaneció atónito ante lo cordial del saludo entre Hermione y Malfoy y de repente cayó en la cuenta de que había muchas cosas que no sabía. ¿Qué había entre ellos dos? Estaba claro que nada quedaba de la rivalidad del colegio, y mucho menos del odio que se profesaban en aquellos años, pero… ¿eran amigos? ¿Había algo más?
Cierra la boca – Draco dejó un cigarro en los labios abiertos de Harry que pestañeó un par de veces para volver a la realidad, Malfoy estaba a su lado y le ponía un mechero frente al cigarro – No le digas a Hermione que yo también he fumado – dijo el rubio mientras se llevaba uno a la boca – Se supone que solo los llevo para los interrogatorios – prendió su cigarro e inhaló con fuerza – Ya sabes, auror bueno y auror malo, ¿adivina quien es la mala? – Harry sonrió – Vaya, no se te ha olvidado.
¿El que?
Sonreír, tienes una cara de amargado – Draco se sentó en una butaca frente al moreno – Cualquiera diría que tenemos la misma edad – Harry le dio la razón mentalmente, Draco se veía mucho más saludable que él, estaba mucho más arreglado, con unos vaqueros negros y una camiseta blanca, afeitado y con el pelo perfectamente peinado. El llevaba unos pantalones negros desgastados y una camisa azul y bueno su pelo seguía siendo el de siempre – Bueno…Aidan – remarcó su nombre - ¿Cuál es la agenda para hoy?
¿Perdón?
¿Qué haremos hoy? – apoyó los pies sobre el escritorio balanceando la butaca hacia atrás
¿Haremos? – dio una larga calada al cigarro
Si, haremos. Soy tu custodia – sonrió – tienes suerte, normalmente no me rebajo a estos trabajos, pero… eres el Salvador… así que tendré que hacer una excepción.
No necesito custodia – masculló apagando el cigarro y levantándose a por unos archivos.
Oh… creo que ayer quedó claro que si la necesitas – Harry apretó con fuerza los papeles y contó hasta diez para evitar lanzarle uno de sus libros a la cabeza - ¿Y bien?
¿Y bien que? – gruñó
¿Qué que vamos a hacer?
Yo trabajar, tú lo que te de la gana.
Que humor – se levantó y terminó el cigarro para apagarlo en el cenicero – Potter, me da a mi que lo que necesitas es un buen polvo – le dijo al oído, haciendo que Harry pegara un pequeño brinco al notar la proximidad del rubio – Me voy a ver si encuentro algo interesante para leer, digo yo… que entre tanto libro…. – sonrió y se dio la vuelta – Potter, si me necesitas silba.
Harry tragó la saliva que se había quedado atorada en su garganta y se golpeó un par de veces contra la estantería que tenía enfrente, y todo porque Malfoy tenía razón, necesitaba un polvo. Sino, ¿Cómo se explicaba el increíble calor que le había producido la voz de Malfoy a sus espaldas?
Draco se pasó el día entre las estanterías de la librería buscando libros que le pudieran interesar, encontró algunos y se sentó en unos pequeños sofás que había en un lateral, desde donde podía comprobar la entrada a la librería y la trastienda. Se enfrascó en una lectura ligera de una autora española.
¿Quién es? – preguntó Pedro mientras le pasaba un libro a Maria
Ni idea – colocó el libro en la estantería – Llegó ayer con una mujer, y esta mañana volvieron, Aidan no parecía contento – se detuvo a pensar donde iba el siguiente libro.
Es guapo – le dijo Pedro y Maria asintió – Aunque no sea para ti, quizás yo tenga una oportunidad.
Si se te ocurre acercarte a él te despido – Harry apareció tras ellos.
Jefe, yo… - el muchacho se sonrojó – perdón, si hubiera sabido que era tu novio yo…
¿MI QUE? – preguntó Harry horrorizado – Pedro, no seas imbecil, Malfoy jamás ha sido mi novio…
¡A Merlín, gracias! – exclamó el rubio al fondo del pasillo donde se encontraban.
Malfoy, métete en tus asuntos, estamos trabajando
Yo, también – sonrió mientras se acercaba a ellos – Draco Malfoy, un placer – cogió la mano de María y la besó con cortesía.
Maria, lo mismo digo – las mejillas de la joven dependienta se encendieron.
Draco Malfoy – Draco estrechó con fuerza la mano, del joven rubio de ojos castaños, que le sonreía tímidamente – un placer
Pedro, encantado de conocerte Draco – se mordió el labio y Draco sonrió complacido, ese jovencito no estaba nada mal
Bueno, os pago para que trabajéis no para que socialicéis – Harry se dio la vuelta y entró en la trastienda.
Que manera más desagradable de tratar a tus empleados – el rubio cerró la puerta tras de él.
Malfoy, ¿te importaría dejarme en paz? – se sentó en la silla tras el escritorio y fingió teclear algo en el ordenador.
No, tengo hambre – le informó
Bien, estupendo, ve a comer – le dijo mientras consultaba unas facturas.
No me has entendido – se acercó a él y le quito las facturas de las manos – Tengo hambre, y por ende tú también
¿Qué?
¡No puedo dejarte solo, so memo! – exclamó – Hermione me cortaría las pelotas si te pasara algo mientras no estoy aquí, y créeme les tengo bastante aprecio.
… - Harry levantó la cabeza y se encontró con los ojos de Draco que le miraron fijamente, ¿Malfoy tenía pecas?, sacudió la cabeza ante lo extraño del pensamiento.
Bueno vamos, seguro que conoces cientos de buenos restaurantes a los que invitarme.
¿Invitarte?
Claro, tú eres el protegido, pones el dinero – sonrió mientras le tendía la chaqueta.
Malfoy, tienes un poco de… déjame ser delicado – puso un dedo en la barbilla y se golpeó con el varias veces - ¡Si, ya se! CARADURA
Bueno, sí, puede… pero vamos, mi estomago esta que trina, necesito ingerir hidratos de carbono, que no me he traído ninguno de los postres de Sirius.
Si… ¿Sirius? – Harry se detuvo en mitad del despacho.
Oh… veo que tampoco has tenido noticias de tu padrino – el muchacho negó con la cabeza – Sirius Black, es ahora, Sirius Malfoy, padre de dos hermosos pequeños y pronto de un tercero, oh… y mi padrastro también.
¿Qué?
Que se casó con mi padre – le dijo el rubio – Vamos a comer – le rodeó los hombros con un brazo – Y te pongo al día, de todos los cotilleos del mundo mágico.
Comieron en el Topollino, un restaurante italiano en una de las bocacalles que daban a la plaza de Callao, fueron caminando pues apenas estaba unas calles más arriba de la librería. Durante el camino apenas hablaron, y en la comida tampoco fue muy distinto, bueno en realidad, Draco si habló, tanto que Harry creyó que se le acabarían las palabras.
Le contó la boda de su padrino y Lucius Malfoy, lo cual le dejó un poco trastocado, y más sabiendo que ahora Sirius también era padre. Le habló de algunos de sus amigos, los que había sobrevivido y los que no, pues Harry no conocía en realidad todas las bajas que la guerra había causado.
¿Qué es eso? – pregunto Draco hundiendo la cuchara en el plato de Harry.
Eso, era mi mousse de chocolate – se quejó.
Oh… está rica – se llevó la cuchara a la boca y la saboreó – pero te aseguro que tu padrino cocina mucho mejor, deberías probar su tarta de queso – cerró los ojos he hizo un ruido con la garganta que parecía un gemido de placer – Deliciosa.
No quiero que sepa que…
Tranquilo no le diré nada – le dijo el rubio – Aunque estaba destrozado – reconoció – Tu "muerte" casi le vuelve loco… afortunadamente mi padre estaba a su lado.
Sí.
Potter ¿Por qué…?
¡Mierda! – exclamó el moreno – levanta, vamos a llegar tarde – le agarro del codo mientras tiraba un billete de cincuenta euros sobre la mesa.
¿Por qué tanta prisa? – preguntó el rubio mientras intentaba seguir el paso del moreno
Tengo que estar en media hora en el colegio de Robbie, y como pille un atasco…
Podemos aparecernos – le dijo Draco – Yo te llevo – concretó.
No, tengo que traer a Robbie de vuelta.
El colegio de Robbie estaba bastante lejos, y aunque Harry condujo – al parecer de Draco – como un loco endemoniado, llegaron diez minutos tarde y la función ya había empezado, por lo que tuvieron que sentarse en las ultimas filas del salón de actos del colegio.
En el escenario había quince niños, ocho niñas y siete niños, ataviados con el uniforme del colegio, falda escocesa, camisa blanca y corbata roja ellas, y pantalones negros, camisa blanca y corbata roja ellos. Harry levantó la cabeza para buscar a su pequeño que estaba sentado en el banco que había en la primera fila del escenario a su lado dos niñas sonrientes. Agitó la mano para que Robbie le viera y el pequeño sonrió ampliamente.
es un coro – le explicó Harry – actúan una vez al mes, los psicólogos dicen que Robbie ha mejorado mucho desde que esta en el coro.
Ah…
Ya empieza
Una profesora se colocó en un lateral junto a un atril y golpeó con su batuta para llamar la atención de los pequeños, la música comenzó a sonar y los niños permanecieron atentos hasta su entrada.
Caresse sur l'océan
Porte l'oiseau si léger
Revenant des terres enneigées
Air éphémère de l'hiver
Au loin ton écho
s'éloigne
Châteaux en Espagne
Vire au vent tournoie
déploie tes ailes
Dans l'aube grise du levant
Trouve
un chemin vers l'arc-en-ciel
Se découvrira le printemps
Los niños cantaron a coro en perfecta sincronía y con unas voces que emocionaron a Draco hasta el extremo, observó como el moreno a su lado se inclinaba hacia delante extasiado y divisó como el pequeño Robbie se ponía en pie y daba un par de pasos al frente. Los demás niños guardaron silencio y el pequeño comenzó su solo.
Caresse sur l'océan
Pose l'oiseau si léger
Sur la pierre d'une île
immergée
Air éphémère de l'hiver
Enfin ton souffle s'éloigne
Loin dans les montagnes
Draco abrió la boca despacio y se quedó extasiado con la suave y delicada voz del pequeño, que apenas si levantaba un par de palmos del suelo pero había conseguido embelesarlo por completo. Los demás niños volvieron a acompañar al pequeño moreno en la canción,
Vire au vent tournoie déploie
tes ailes
Dans l'aube grise du levant
Trouve un chemin vers
l'arc-en-ciel
Se découvrira le printemps
Robbie cerró los ojos y entonó las últimas notas de la canción con ellos así.
Calme sur l'océan.
El salón de actos estalló en aplausos y todos se pusieron en pie, Harry el primero que contemplaba casi con lagrimas en los ojos a su hijo, que agachaba la cabeza tímidamente ante los elogios. Volteó el rostro y se quedó estupefacto cuando vio que Draco se limpiaba las lágrimas con el dorso de la mano. Sonrió, sabía que Robbie tenía ese efecto en la gente, los conquistaba en un instante.
Aidan, Robbie ha estado maravilloso – la directora de la escuela se acercó a él al final de la función – Tiene una voz prodigiosa.
Sí, es un ángel – sonrió.
Tendría que estar en un coro profesional, como los niños de la coral de la catedral de la Almudena – le dijo.
Bueno, es muy pequeño aun.
Ya, pero… es que es tan bueno. En fin, tengo que atender a otros padres, me alegra que hayas podido asistir.
Gracias.
Parece que todos adoran a tu hijo – le dijo el rubio.
Es imposible no hacerlo – Harry le hizo una señal al pequeño que caminó hasta él, cuando llegó a su altura el moreno se agachó – Mi pequeño ángel, has estado increíble – Robbie sonrió, pero se escondió tras de Harry cuando observó al rubio a su lado.
Hola, Robbie – Draco se agachó ahora a su lado - ¿Sabes? Nunca había oído una voz tan bonita como la tuya – el pequeño enterró la cabeza en el brazo del moreno – Yo conocía esa canción, porque mi madre me la cantaba cuando era pequeño – le confesó – pero tú la cantas mucho mejor, a mi me hubiera gustado ser como el pájaro del que habla la canción, ¿a ti no? – Robbie sacó la cabeza y le miró un instante – volar, es la mejor sensación del mundo – el pequeño sonrió – vaya ¿qué tienes aquí? – Draco acarició la oreja del pequeño, y Harry estuvo a punto de impedírselo sabia que a Robbie no le gustaba que le tocaran, pero el pequeño solo permaneció quieto – Pero mira…. ¿Qué podrá ser? – Draco abrió la palma de su mano y una pelotita dorada apareció en su mano, el niño la miró receloso pero al final llevo su mano hasta ella, cuando la cogió entre sus dedos el mecanismo se acciono, y la snitch aleteó en su mano
Oh… - Robbie sonrió extasiado y elevó el objeto hacia su padre – me gusta.
Ya veo – el pequeño miró al rubio que seguía agachado a su lado.
Gracias – se cogió de la mano de Harry y esperó a que su padre se pusiera en camino.
¿Vamos? – preguntó Draco.
No debiste darle una snitch – le dijo aun asombrado con la facilidad con la que Robbie se había acercado a Draco.
Es solo un juguete.
La canción pertenece a la banda sonora de Los Chicos del Coro.
Caricia sobre el océano
Lleva al pájaro tan ligero
Aparecido de las tierras nevadas
Aire transitorio del invierno
Lejos al tu eco se aleja
Castillos en España
Transfiere al viento se arremolina despliega tus alas
En la paleta gris del levante
Encuentra un camino hacia el arco iris
Se descubrirá la primavera
Caricia sobre el océano
Coloca al pájaro tan ligero
Sobre la piedra de una isla sumergida
Aire transitorio del invierno
Finalmente tu respiración
Se aleja lejos en las montañas
Transfiere al viento
Se arremolina despliega tus alas
En la paleta gris del levante e
Encuentra un camino hacia el arco iris
Se descubrirá la primavera
Tranquila sobre el océano.
