Estacioné el carro y entré por la cochera, Alice me recibió con el abrazo más asfixiante que haya recibido en mi vida. Sonreí secamente y subí a mí cuarto. Empezaba a llover y los relámpagos eran tan estruendosos que no podía escuchar mis pensamientos, pero eso era bueno, no estaba de humor para escucharlos. Me senté sollozando sobre la cama, y allí permanecí largo tiempo, me recosté, abracé mis piernas con los brazos y hundí mi cabeza entre ellos. Escuché a Alice abrir la puerta.
-Puedo entrar?- preguntó con una voz casi inaudible.
-Adelante- contesté.
Se sentó a mi lado, tomó una de mis manos entre la suya y con la otra acarició mi cabello.
-Cuéntame qué pasó- pidió con su dulce voz.
-No fui…-
-Quieres decir qué…-
-Sí, la dejé plantada-
-Pero tú dijiste que…-
-Sé lo que dije!- la interrumpí tajante.
Las gotas de la lluvia golpeaban contra las paredes de cristal, la noche era tan oscura que ningún humano podría divisar lo que hay delante, para mí era distinto, yo en cambio cerraba los ojos y seguía viendo lo que había delante de mí. Alice era dócil con su tacto, acariciaba mí cabello con cuidado y lentitud, intentaba hacerme sentir mejor, pero era en vano.
Me sentía como el monstruo que soy, como la alimaña desalmada que siempre he sido.
-Alice…- respiré hondo – por qué lo hice? Qué no viste el fracaso que esto traería consigo-
-Sabes que no puedo ver el futuro cuando hay un lobo en él-
-Pero yo…- sollocé –mi intención jamás ha sido crear falsas esperanzas-
-Entonces acaba con todo esto antes de que lastimes a alguien-
-Es demasiado tarde, Alice, yo…- Me miró sorprendida.
-No lo digas, no es cierto, no puede ser cierto que tú…-
-Sí, Alice, lamento tener que decírtelo pero yo, siento algo más fuerte de lo que jamás haya sentido- un escalofrío recorrió mi espalada.
-Cómo pasó?- me miró extrañada pero comprensiva.
-No lo sé, su mirada tal vez, ella tiene la culpa, yo jamás creí que…-
-Pero hoy no fuiste a su cita-
-Pero esa no es razón para no quererla, es diferente, Alice. El no haber ido dice más que las palabras que nos pudimos haber dicho hoy- Me di vuelta sobre la cama, viendo hacia la oscura noche y su pesada lluvia.
-Y entonces sólo lo sabes?- sonrió –como si supieras que ella piensa lo mismo?-
-Algo así- dije sonriendo.
-Qué harían hoy? Cuál era el plan?- no contesté –Vamos, Rose, dímelo!-
-Iríamos al circo, a ver gente "rara" que nos haría ver normales, era nuestra primera cita, ella me invitó.-
-Al menos le hablaste o le mandate un mensaje para avisar que no irías?-
-No- suspiré –ella ya lo sabía, ella tampoco iría, así era el plan…-
-Qué?- preguntó desconcertada –Osea, quedaron de acuerdo las dos para ninguna ir? Están locas.-
-No, tonta- jugando con un hilo de las sabanas le aclaré –Así estaba escrito, y si no fuera porque Leah es una de ellos, tu habrías visto el desastre de hoy-
-Pero si estaba planeado por qué es un desastre?-
-Porque a pesar de todo, ambas terminamos con el corazón roto, y con la estúpida idea de que todo se arreglará-
Alice se levantó sin decir nada y dejó la habitación. La luz del pasillo entraba tenuemente en el cuarto, pero alumbraba aún más la bella que estaba cuidando nuestras cabezas, la lluvia era incesante, los relámpagos eran tan ruidosos como las gotas pesadas que golpeaban el cristal.
No entendía como había sucedido todo, mi intención nunca fue herirla, pero ambas sabíamos que todo pasaría de esta manera, no había otra, no había un sol que alumbrará nuestro camino juntas.
Y es que le hicimos caso omiso a cualquier advertencia que pudieron habernos dado, pero así somos, y no hay nada que podamos hacer al respecto, pero vivo con la esperanza de que todo se arreglará. Podía imaginarla sentada debajo de un árbol, llorando bajo la lluvia limpiando aquellas lágrimas que yo no podía limpiar. Mojando la ropa que había comprado sólo para verme ese día, tratando de comunicarse , para disculparse por no haber ido, que ella me lo compensaría, hablaría sin sollozos, sin lágrimas en los ojos, diría todo con voz firme y seductora rogando porque no me diera cuenta de su sufrimiento. Ambas sabemos dónde estamos y ambas nos vemos claramente, pero fingimos no venos por el bien de todos. Nunca creí sentir esto por alguien…
-Lo siento…-Me hice un ovillo y por primera vez desde mí "muerte" sentí correr por mi mejilla bajando desde mí ojo derecho una pequeña lágrima.
Rompiendo el silencio de mi soledad, sonó el celular, jamás me di la vuelta para ver las llamadas, seguí a sumergida en mis pensamientos.
Al siguiente día fui al cuarto de Rosalie, sólo para ver cómo estaba y si estaba de humor llevarla a cazar.
Pero en vez de encontrarla a ella, hallé su celular encima de la cama, revisé la pantalla y enseguida había un mensaje de Leah, decía:
"Te necesito."
En la cochera no estaba su auto, sólo sé que no estaba en buenas manos.
Generation VB
