Capítulo III


Las noches presagiaban un invierno duro y el demonio se congratuló, al considerar que esa era la señal para ir a ese lugar y pasar inadvertido por las tormentas de nieve.

Mirando al horizonte, desde su rudimentario refugio, el Yôkai sonrió… por fin podría hacer algo dentro de sus posibilidades y en memoria de su señor.

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En la gran ciudad y dentro del Ôkami Kuro; En cuanto Kikyō entró al salón del club, caminó veloz, hasta donde Sango ya iba a su lugar para el inicio de labores.

La pelinegra alta y esbelta, vio llegar a la anfitriona…

–¿Qué sucede Sacerdotisa? –Nombre de trabajo de Kikyō.

La más joven suspiró, pero se irguió al dar la respuesta a la recepcionista y manager.

–Sango-san… no estoy en mi mejor día, por lo que recibir de este modo a Naraku-sama, creo que es…

–Sí, sí, comprendo Sacerdotisa –interrumpió la de coleta–, pero…. Es un gran problema lo reconozco, dejarle ir es...

–Lo sé y por eso Inugami se ofreció a atenderlo.

–¡¿Inugami?! –Sango se sorprendió, pues dentro del salón, esos dos competían por los clientes acaudalados, por si fuera poco, Naraku no… La de coleta negó– Sería una buena opción, sin embargo Naraku-sama nunca ha pedido un varón.

Kikyō se acercó confidencial a Sango y le susurró…

–Por favor Sango-san, hágalo posible.

La aludida suspiró y asintió, pues esa era una ocasión sorprendente, si ese par lo habían planeado juntos, fue porque era importante para uno de ellos o los dos.

Sango claudicó:

–Bien haré todo lo permitido y… no permitido.

Kikyō hizo una breve reverencia y se retiró veloz, hasta los dominios de Sesshōmaru en el hosts.

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Sesshōmaru miraba la conversación de las dos féminas, permitiendo que esos minutos a solas, le refrescaran la memoria…

Era un joven lord y sabía poco de las –ahora– ciudades de los humanos o shifters, pues de los primeros ya quedaban pocos.

Si bien poseía conocimientos y cultura formidables, no tenía la experiencia práctica, pues de ser atendido en cada una de sus actividades –si así le apetecía– a hacer todo por sí mismo, hubo un universo de diferencia.

Con la corta edad de dieciséis años, pero con buenos estudios; juzgó pertinente ofrecer sus conocimientos, para ser tutor de los hijos de shifter que pudieran pagar. Grande fue su decepción al notar que si bien había uno que otro shifter con buen trabajo, eran muy pocos y algunos no tenían hijos o los tenían y eran muy jóvenes para requerir de sus servicios.

Con el cargo de mantenerse él y su pequeño… clan, Sesshōmaru se vio sobrepasado, al terminarse el dinero que, había logrado rescatar de su desaparecido hogar y con ello perder la esperanza de conseguir un trabajo.

Ocurrió en la guardería donde fue a informarse si aceptarían a su hermano, en donde conoció a Sango y a Kohaku, el hijo de ella, de la misma edad que InuYasha.

En esa sociedad donde los cambiaformas eran mal vistos por las especies dominantes –Yôkais y Ayakashi–, las tragedias en las familias no eran extrañas y por eso, Sango al conocer a los hermanos, no se asombró de que estos estuvieran solos. Ella no podía ayudarlos mucho y se atrevió a ofrecerle un trabajo al jovencito…

Sesshōmaru sopesó las posibilidades y casi rió al considerar que no tenían ninguna, nada más la que le ofrecía Sango; además de que ayudar con los abrigos y la limpieza en un lugar de "esos"… si bien no era algo que siquiera le hubiera pasado por la cabeza, no podía negarse, si de ello dependían su hermano, Jaken y él.

De ese modo y con ayuda de esa familia de shifters Lobos, Sesshōmaru entró a laborar en un Host Club; aunque tuvieron que pasar años y que la necesidad lo obligara, para ser un Hosts.

InuYasha creció entre cuidados de Jaken y guarderías, él trataba de pasar todo su tiempo libre con el de orejitas…

Por esas características del pequeño y que Sesshōmaru no cambiara, la gente les decía que eran shifters defectuosos, uno por no poder esconder sus orejas y el otro por no transformarse. El –realmente– hanyō se enojaba y hacia rabietas cada vez que les decían defectuosos, sin embargo su hermano creía que era mejor que los siguieran creyendo simples shifters… raros.

Sesshōmaru retornó al presente y vio a la joven cruzar al salón, quien hizo un pequeño asentimiento con la cabeza en su dirección.

Él, al notar que su plan sería apoyado por Sango, se dirigió hasta el privado, donde un par de meseros ya se hallaban dispuestos, esperando al Kigyōka*; la botella del más caro vino enfriándose en la cubitera y los canapés preferidos del arrogante Yôkai; todo listo solo restaba… Sesshōmaru, se sentó en el que sería su lugar, el sillón para dos personas, frente al individual. Según lo contado por Sacerdotisa, a Naraku le gustaba recorrerla con la mirada, desde el sillón individual y si la noche iba como el hombre deseaba, a mitad de la velada, ocuparía el otro lado del asiento con Kikyō.

El temor de la shifter por ese Yôkai, no era otro que Naraku la deseaba y por encima de todo; sabía que podía hacer su vida miserable si sentía un minino desprecio de ella. Si la joven supiera que la obsesión de ese Kigyōka hacia ella, era de lo más normal en ese trabajo, no temería, sin embargo a veces notaba como la mirada de Naraku se volvía turbia y con amenaza de conseguir lo que se proponía y si bien Kikyō laboraba en ese lugar, al igual que mucho otros, no era una prostituta, ni una cosa que solo se usara y se desechara, a pesar de que su situación los dejara vulnerables a los deseos más bajos de gente con poder. Los anfitriones se unían protegiéndose, en un escenario de esa índole, más el único que podía ayudarla era el otro favorito y Sesshōmaru lo estaba haciendo.

El de cabello plata esperó y al hacerlo, acomodó su hakama y la estola que portaba, que al tocarla le hizo recordar su noble cuna; Mokomoko era parte de su cuerpo y todos en el Host lo sabían, sin embargo lo achacaban a otro defecto en el que sabían shifter, más que lejos de la verdad estaban, Mokomoko era la única prueba que le quedaba a Sesshōmaru de su casta, de su poderío… perdido, era su orgullo, no obstante también su temor más grande, pues al no poder cambiar a su forma canina, que algún yôkai supiera su secreto, lo dejaba desprotegido y por ende a InuYasha también.

El de Luna en la frente, miró hacia la cortina que seperaba el cuarto, pero sin ver realmente, su pensamiento giraba en torno a su madre y como también se hallaba sin poder comunicarse con ella…

Si bien Irasue moraba con los muertos –esto mucho antes de la muerte de su padre–; esta… ¡Reinaba en el otro mundo! No era una pobre alma más.

Sessōmaru, no sabía cómo llegar a ella. El conocimiento que poseía ahora era el que había aprendido de niño, pues con la caída de su castillo, toda herencia desapareció o eso creía. Y con el tiempo, el de Luna en la frente, temía que hasta esos conocimientos se borraran de su memoria.

El anfitrión exhaló y se centró de nuevo en el presente y su trabajo.

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Las luces ya conocidas junto con la mano amable de Sango le recibieron. Naraku dijo un formal y seco saludo, y avanzó a su privado, acompañado de la shifter Lobo…., no la escuchaba o creía no hacerlo hasta que…

–…Y por ello, Inugami le acompañara esta noche…

Naraku se detuvo en seco y sin dignar a girarse, cuestionó:

–¿Quien? Yo solicité específicamente a Sacerdotisa, no estoy interesado en nadie más.

–Lo sabemos, pero Inugami

–Espere, él es… ¡¿es un varón?!

–Sí, más… –trataba de convencer la de coleta, pues ya estaban en el privado, que solo era dividido del club central por un largo pasillo y una cortina.

–No es de mi agrado, además ¡¿Qué clase de idiota cambiaformas podría ponerse Inugami?!

Esa frase y el tono despectivo y arrogante con que fue dicha, hicieron levantarse de inmediato a Sesshōmaru, que ya los había escuchado llegar. Salió a encarar a ese nefasto cliente y tuvo que utilizar todo eso que aprendió en el oficio, para no golpear a Naraku hasta verlo inmóvil, imaginarlo bajo sus garras hecho una mancha roja, pero no, no podía permitírselo.

–Buenas noches Naraku-sama…. –dijo en cuanto abrió la cortina, de pronto el no conocido Lord Inu, se convirtió en la criatura mas seductora que se hubiera visto por ese club.– Ofrezco mil disculpas por parte de mi amiga y mía, no deseábamos hacerle pasar un mal momento…

El Kigyōka miró al ¿varón? frente a él y esperó a que este siguiera hablando, pues de ese modo no cabría duda que no era una hermosa shifter, confusión normal, pues las facciones frente a él, eran demasiado finas, sin embargo cuando el chico dio unos pasos, Naraku notó como el hakama le sentaba de maravilla a una –aunque perfecta– definitivamente figura masculina.

–Pero no podría culparnos. –concluyó Sesshōmaru.

–¿No? –cuestionó soberbio, el de cabello oscuro.

–Solo deseábamos que usted pasara una encantadora velada.

–…

Naraku no respondió.

–Cómo ve, nuestros motivos no eran egoístas. –agregó tímido Sesshōmaru.

Bankotsu intervino, feliz de que su jefe no pudiera ver a la shifter con la que se estaba obsesionando. Dispuesto a tomar esa oportunidad de sacar de la cabeza de Naraku a esa anfitriona pantera, preguntó, sabedor de la curiosidad –mal expresada de Naraku:

–Tu nombre… artístico, ¿acaso sabes qué significa? –se dirigió al de cabello plata.

Sesshōmaru tuvo que morderse la lengua para no gritarles a eso dos ¡Que por supuesto que lo sabía! , más respondió…

–Me temo que no, –aseguró bajando convenientemente la vista– solo lo escuché en algunos cuento para niños y… me gustó.

Sango no intervino, aun siendo conocedora de que Sesshōmaru tenía mucha cultura y sabía perfectamente lo que su sobre nombre significaba, por si fuera poco, sus modales llevaban el tinte de nobleza difícil de ocultar, y por todo ello, siempre se sintió curiosa, más no tanto como para inmiscuirse; después de todo, la mayoría de los que trabajaban en los Hosts tenían sus secretos.

Naraku bufó sardónico, y se giró a ver a Sango.

–Bien, no puedo ser un desconsiderado con Sacerdotisa, envíele mis deseos de pronta y total recuperación. Me quedaré por esta vez, al menos sé que me reiré un rato.

Sesshōmaru estrujó a Mokomoko entre sus manos, para no cercenarle con sus garras la yugular a ese vanidoso, pero recordó a su otōto y se detuvo con cada gramo de su fuerza de voluntad. En cambio abrió la cortina y esperó a que el hombre y su secretario, entraran al íntimo territorio.

Naraku tomó el lugar en el sillón para dos personas y llamó a Sesshōmaru.

–Ven…

Si el de ojos ámbar se sorprendió de esa acción, trató de no darlo a notar. Conocía a los hombres que visitaban el Ôkami Kuro y que Naraku no le proporcionara las mismas deferencias que a Kikyō, solo significaba que este lo menospreciaba…


Muchas gracias a: Alba Marina. guetty26. Sakura1402. Kane Noona: Jajaja ¿Hasta crearte otra cuenta? Dale tiempo a la página ;) Seee El Narukillo muy fino jajajaja, ándale Bankotsu era tranquilo y Jakotsu… se quería violar a todos jajajaja, Ohhhh casi revelas la trama jajajaja; Ying Fa Malfoy de Potter. Yelitza.

*Kigyōka: Empresario.