Love'S Sin
Capitulo 2
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Miro con orgullo el buen trabajo que había hecho con el pasillo de la primera planta y sonrió.
Incluso el suelo de madera parecía recién puesto!, Los adornos estaban armoniosamente colocados y las alfombras las lavaría por la tarde cuando hiciera una colada general.
Si no habían muchas interrupciones tendría la primera planta casi lista ese día, exceptuando el salón del "señor", que ya se figuraba que le ocuparía todo un día.
Para su fortuna Shinomori si era serio en su trabajo en los campos y no le había visto el pelo mas aquella mañana. Desde luego esperaba no tener que encontrárselo próximamente, aun le hervía la sangre de la rabia después de las libertades que se había tomado.
Oyó unos pasos a su espalda, bajando por la escalera.
Al darse la vuelta se encontré con la pequeña Tsubame, en camisón y restregándose un ojo.
-Buenos días.- Saludo Misao, el trabajo bien hecho la ponía de buen humor.
La niña la miro de reojo y luego observo el lugar detenidamente.- Ya has hecho el desayuno?
Sin duda alguna era hija de su padre, pensó Misao, que esperaba al menos un reconocimiento por lo que había hecho. Se tendría que hacer a la idea de que aquella peculiar familia no apreciaba la limpieza y el orden.
Con suerte el pequeño Aoshi habría heredado algo de su madre y no se parecería tanto a su padre.
-Esta puesto a la mesa.- Hablando del mas pequeño... miro hacia la escalera.- Y tu hermano?
-Sigue durmiendo.- La niña castaña siguió su camino hacia la cocina, ignorándola.
-Le despertare o llegaran tarde a la escuela.
Tsubame frunció el ceño y se cruzo de brazos.- Y quien eres tu para decirme lo que tengo que hacer?
Ahí estaba, por fin aquella niña endemoniada había sacado las garras.
Misao a lo largo de su corta vida había conocido algunas niñas como Tsubame Shinomori, mimadas y consentidas por sus padres que se creían las dueñas del mundo, solo había una pequeña diferencia... a Ellas no podía decirles nada porque era la criada. Pero ahora no lo era, verdad?, al menos intentaban convencerla de eso, aunque en el fondo sabia que siempre lo seria.
-Soy la esposa de tu padre.- Levanto la barbilla, intentando mantenerse firme.
La niña rió.- Se perfectamente lo que eres, una simple criada que mi abuelo le compro a padre.
Vale, tenia que admitir que esta niña era mucho mas avispada que las que había conocido.
Pero no podía dejarse rebajar y menos por una niñata malcriada y altanera, aunque con ello las tensiones en la casa se volvieran aun mas palpables.
-No discutiré esas cosas contigo niña.- Misao se puso las manos a la cintura.- Iras al colegio o iremos a buscar a tu padre y le explicaras porque no vas.
La niña de ojos almendrados abrió la boca para rechistar, pero se vio sin mas respuestas.
-Y ahora porque no vas a despertar a tu hermano, se cambian y bajan a desayunar?.- Intento ser algo mas amable, pero Tsubame no parecía mas calmada.
-Te arrepentirás de intentar igualarte a mi, criaducha.- Susurro, antes de salir corriendo al piso de arriba.
Estupendo..., suspiro y se obligo a mantenerse serena. Lo que le faltaba era empezar una guerra con la hija, cuando precisamente no es que se llevara bien con el padre. Solo faltaba que el mas pequeño decidiera que es divertido gastarle bromas pesadas..., algo de lo que también era experta. Por eso siempre había aborrecido a los niños, desde que tenia memoria ninguno la había tratado bien y parecía que estos no iban a ser la excepción.
Dejo a un lado la escoba y camino hasta la cocina, para preparar los platos de los niños. Con suerte se irían rápido y Ella podría seguir con su trabajo. Se acerco a la lacena y cogió dos platos, justo cuando noto que alguien llamaba a la puerta.
Se lo pensó algunos minutos antes de ir a abrir. Su primera visita, que se suponía que tenia que hacer?, Ni siquiera siendo criada en otras casas se había tenido que encargar de atender invitados. Se quito el delantal y se miro en el espejo del pasillo, estaba algo despeinada, pero no tenia tiempo de alistarse. Quien fuera que estaba llamando parecía tener mucha prisa.
Al abrir la puerta se topo de frente con una hermosa joven, de ojos azules, cabello negro recogido, bien vestida y muy sonriente, cargando una cesta con lo que parecían algunas frutas, y una tarta que olía muy bien.
No supo que decir.
-Buenos días!.- Saludo la muchacha alegremente, luego extendió su mano enguantada.- Soy Kaoru Himura, vivo en la granja mas cercana, la casa de las tejas verdes.
Misao parpadeo varias veces.- Ah, si..., creo que la vi desde el camino ayer.- Estrecharon sus manos y luego la joven Himura pareció esperar a que Ella dijera algo.
-Perdona!.- Misao se avergonzó, su vecina era guapa y refinada, y Ella con aquellas pintas.- Quieres pasar a tomar café o algo?
-Si no es molestia.
La muchacha de ojos azulados entro rápidamente, y se quedo observando el recibidor. Misao cerro la puerta y volvió a avergonzarse, todavía no había llegado a limpiar hasta la entrada, de seguro su vecina estaría espantada con lo que veía.
Pero en cambio Kaoru Kamiya la miro, igual de sonriente, y le entrego la cesta amablemente.
-Son solo algunas frutas de nuestra cosecha y una tarta de manzana.- Sonrió, observando como Misao se sonrojaba.- Cocino pésimamente, así que es posible que tengas que tirar esa tarta.
-No, esta bien... muchas gracias.- Misao empezó a sentirse mas cómoda, esperaba una dama estirada e hipócrita, pero Kaoru Himura irradiaba amabilidad.- Pasemos a la cocina..., siento el desastre, estaba limpiando.
-Oh!, perdona si te he interrumpido!.- Entraron en la cocina y Kaoru tomo asiento a la mesa, mientras Misao se acercaba a la cocinilla a preparar algo de café.
-No te preocupes, había hecho un descanso para darle el desayuno a los niños.- Le sonrió, ya mas cómoda.
-Me entere ayer mismo que Aoshi Shinomori se había casado y decidí venir a darte la bienvenida, seguro no conocerás a nadie de la zona.- Kaoru se levanto a la lacena para coger algunas tazas.- Deja que te ayude.
Misao la miro espantada.- No, no hace falta!
-Tranquila!.- Rió la señora Himura.- Ni que fueras una criada.
Misao sonrió irónicamente, recordando que Okina Shinomori le había dicho que disimulara, nadie debía saber de donde provenía, tenia que mantener la compostura. Pero aun así después de tantos años de servidumbre habían manías que seguramente serian difíciles de olvidar.
-Bueno..., la verdad es que eres la segunda persona que conozco aquí.- Empezó a relatar, no le vendría mal tener una amiga y Kaoru parecía muy dispuesta a serlo.- Esta mañana conocí a un jornalero... Sagara Sanosuke.
-Sanosuke!.- Kaoru le alcanzo las tazas y volvió a sentarse a la mesa.- Un buen rufián!, vive en una cabaña cerca de aquí... digno amigo de Aoshi Shinomori.
Misao la miro algo extrañada, parecía que la joven Himura no había pensando sus palabras y ahora se daba cuenta y se había sonrojado, pensando que había metido la pata.
-Lo siento, yo...
La joven de ojos verdes sonrió.- No te preocupes, conozco la fama de Ao... de mi marido.
Kaoru pareció mas tranquila, pero aun así parecía arrepentida.- La verdad es que me sorprendió mucho cuando me entere que se había casado.
-Si, todos nos sorprendimos.- Susurro la anfitriona, luego sirvió los cafés y se sentó a la mesa, mientras su invitada la miraba curiosa.- Bueno..., fue tan repentino.
Ella sonrió con la respuesta.- Debe quererte mucho, Aoshi Shinomori no es fácil de comprometer.
En ese momento se oyó una risita venir de la puerta de la cocina.
Ambas jóvenes miraron para encontrarse con la niña de ojos almendra y su hermano pequeño, que aun parecía algo adormecido. Tsubame carraspeo un poco y miro a Misao, de nuevo seriamente.
-Ya esta listo nuestro desayuno?.- Le pregunto, tan arrogante como su padre.
Misao se levanto y cogió los platos que ya estaban servidos.- Si, sentaos a la mesa para desayunar.- Luego miro al pequeño Aoshi y sonrió.- Buenos días pequeño.
El niño ni siquiera la miro, espero a ver lo que hacia su hermana.
Tsubame Shinomori miro con desconfianza el plato de fruta que le ponía Misao y luego la miro a Ella, duramente.
-Comeremos algo en lo que vamos a la escuela.
Cogió la mano de su hermano y salió de allí, sin que Misao pudiera decir nada. En realidad tampoco sabia que podría decirle a la niña malcriada, y allí se quedo, con los dos platos en la mano.
Kaoru la miro con algo de compasión.- Has desayunado?
-No, aun no.- Se acerco a la cocina y dejo de nuevo los platos, intentando no parecer muy molesta.
-Yo tampoco, si quieres te acompaño, no esta bien desaprovechar la comida.- Sonrió la Señora Himura, contagiándoselo a Misao rápidamente.
Después de todo parecía que no iba a ser tan horrible su estancia allí, aunque la familia Shinomori fuera de lo mas incomoda, al menos los vecinos parecían buena gente.
-Esa niña debería cuidar sus modales, no esta nada bien rechazar la comida.- Comento Kaoru, luego de que terminaran de desayunar.- Han estado demasiado tiempo sin madre, pero ahora que estas tu eso cambiara.
-Si, por supuesto.- Contesto sarcásticamente Misao, sin que su nueva amiga se diera cuenta.- Porque no me cuentas algo de ti Kaoru?
La ojiazul sonrió y bebió algo de café.- Bueno, no hay mucho que contar..., hace un año me case con mi marido, Kenshin, ya lo conocerás en muy buen hombre.- Se notaba lo enamorada que estaba, y le dio mucha envidia de su felicidad.- Lo conocí hace dos años, El estaba en el ejercito y le destinaron a Boston, donde yo vivía, fue amor a primera vista!, luego nos casamos y me trajo a vivir a Charleston, no tenemos mucho..., pero no necesitamos mas.- Luego suspiro.- Y hace pocos meses tuvimos a nuestro primer hijo, Kenji.
-Enhorabuena!.- La felicito, se notaba que Kaoru Himura era la mujer mas feliz del mundo.
-También lo conocerás.- Sonrió la joven.- Espero que podamos ser buenas amigas Misao, la verdad es que por aquí no conozco a mucha gente y me encantaría tener una buena vecina.
-A mi también, Kaoru, yo también lo espero.
Una gran felicidad se apodero momentáneamente de Misao. Había sido muy sincera con su nueva amiga, Ella no era dada a confiar en la gente, pero Kaoru Himura transmitía sinceridad en sus palabras, y una buena amiga era lo único que necesitaba para sobrevivir en aquella casa de locos.
-El tiempo pasa volando, será mejor que me vaya así terminas de hacer tus tareas.- Se despidió Kaoru en la puerta, la mañana se había pasado muy rápido.- Cuando quieras puedes pasarte por casa Misao, espero que nos veamos pronto.
-Yo también.- Misao sonrió ampliamente y se despidió.
No todo parecía tan insoportable ya, y con renovadas fuerzas y mucho mas entusiasmo decidió ponerse a trabajar, la próxima vez que Kaoru volviera a hacerle una visita esa casa no seria motivo de su vergüenza. Además quería disfrutar ampliamente de todo el tiempo a solas que tuviera, al mediodía tendría que lidiar nuevamente con su marido, y ni quería pensar en cuando volviera aquella niña endemoniada y su hermano mudo!
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El sol estaba en su punto mas alto en aquellas horas y pronto se hizo prácticamente insoportable trabajar bajo El. Solo significaba que era hora de tomarse un descanso.
Aoshi Shinomori levanto la vista sobre las hectáreas de campo de maíz, era época de recolección y ya llevaba mas de la mitad, en un par de días sus almacenes estarían llenos y eso le llenaba de orgullo. Se agacho para recoger su camisa y sintió que le dolía algo la espalda, otra vez se había quemado el torso con el Sol... su padre le regañaba por su bronceado constantemente, decía que solo los plebeyos tenían ese color de piel, pero El había sabido sacarle provecho a su moreno. Volvía locas a las mujeres.
-Nos vamos a comer?.- Sanosuke caminaba entre las plantas de maíz, secando el sudor de la frente con la camisa.
Aoshi levanto una ceja.- Vamos?
-Tu mujer me ha invitado a almorzar.- Sonrió, mostrando sus blancos dientes.- No puedo hacerle el feo de no aparecer.
-Búscate una que te haga de comer.
Ambos hombres empezaron a caminar entre los campos, casi se podía oler el aroma del asado desde la casa y sus tripas sonaron casi al unísono. No había nada mejor que la comida casera, Aoshi lo sabia, había tenido que hacerse su comida durante muchos años, y entre sus mejores virtudes no destacaba la de cocinar. Eso no eran cosas para El.
-Bueno, cuando te deshagas de Ella podría quedármela no?.- Bromeo Sano.- Eso que cocina huele muy bien.
-Ya no será asunto mío.- Había aprovechado la mañana, además de para trabajar, para contarle a su amigo toda la verdad sobre su matrimonio, incluido el ultimo trato que había hecho con la muchacha.
Mientras se acercaban diviso como un carruaje, bastante lujoso, iba por el camino principal. Shinomori sabia perfectamente de quien era, y sonrió con perversión. Pudo observar el perfil de Megumi Takani desde su lejanía. Todavía estaba contando lo que tardaba esa mujer en volver a su cama, no seria la primera dama de alta sociedad que se hacia la dura con El, pero todas volvían.
-Sigues viéndote con Ella?.- Le pregunto Sanosuke, algo mas serio.- Como su marido se entere te caerá una buena.
-Ese imbecil no se entera de nada.- Rió Aoshi.- No sabe lo zorra que es su mujer, ahora se esta haciendo la interesante, pero no tardara en volver.
El joven moreno también rió.- Déjame discrepar, Megumi Takani es mucho mas dura y orgullosa, incluso me atrevería a decir que tu.
-Eso ya lo veremos.
Entraron a la cocina por la puerta trasera, abriendo la puerta de un golpe y sentándose a la mesa, ignorando completamente a la joven que cocinaba dentro, que se había llevado el susto de su vida al ver como dos hombres descamisados y llenos de barro invadían su tranquilidad, hablando casi a gritos.
Misao observo las marcas de sus pisadas en el suelo de madera reluciente y resoplo, luego les miro con reproche, cuando la abordo un sentimiento de incomodidad. De repente ambos la miraban, como esperando algo.
-Huele de maravilla.- Sanosuke se acerco al caldero y quito la tapa para oler lo que allí se cocinaba, pero rápidamente noto que alguien se la quitaba de las manos.
Misao le aparto de la cocina, menos arisca.- Siéntate, ahora les sirvo.
El moreno observo a su alrededor.- Ahora parece una casa, además de cocinar bien también limpias de maravilla.
-Es su trabajo.- Corto Aoshi, molesto.- Tardas mucho con esa comida?
La joven respiro con fuerza y lleno dos platos sin decir una sola palabra. Había aprendido a lo largo de su vida a aguantar reproches y malas palabras estoicamente, pero Aoshi Shinomori se estaba convirtiendo en todo un reto.
Nada mas servirla ambos empezaron a comer y a seguir con sus conversaciones, mientras Misao se agacha a limpiar las huellas que habían dejado en la madera.
-Esta molesta porque sabe que no ha estado con un hombre como yo.- Siguió la conversación Aoshi.- Tiene que aprender a no ser tan orgullosa.
-Y yo diría que tu también.- Sanosuke rió, luego señalo a Misao.
Pero Aoshi le ignoro completamente.- No digas tonterías, Ella no me interesa tanto, pero te digo que volverá y cuando lo haga el que no va a querer seré yo.
-Rechazarías una noche apasionada con Megumi Takani?.- Le llamo la atención un sonido a su espalda.
A Misao se le había caído el cubo de agua con el que limpiaba el suelo al escuchar aquella conversación, pero se afanaba en limpiar a toda prisa. Se dio cuenta de que los dos hombres la miraban con curiosidad.
Ella se levanto rápidamente y les devolvió la mirada, intentando aparentar indiferencia.
-Que?.- Les dijo, cogiendo valor.- No es asunto mío de lo que hablen.
-Eso es obvio.- Contesto secamente Aoshi.
Aun seguía molesto con la joven, no sabia porque le irritaba. La observo, estaba hecha un desastre. El pelo recogido en una trenza revuelta, la cara manchada, su ropa de criada arrugada, y esa mirada intensa que tenia. Se daba cuenta de que Misao se guardaba un genio tras esa apariencia de criada modosa.
Y no tardo en sacarlo, aunque modestamente. Harta de las malas contestaciones retiro los platos de comida de la mesa y los tiro en el fregadero, luego miro a Aoshi con determinación.
-Espero que les haya gustado, si me disculpan tengo que seguir con mi trabajo.
Sanosuke trago el bocado que le quedaba y se levanto, algo incomodo.- Si, nosotros también, estaba muy bueno Misao, gracias por la invitación.
Algo mas relajada, Ella sonrió.- De nada.
Shinomori no dijo nada, absolutamente nada. Y como alma que lleva el diablo salió de la cocina dando un portazo, sorprendiendo a Misao y sacando un resoplido de Sanosuke.
Este miro a la joven. En realidad le daba pena, aquella muchacha no sabia donde se había metido con Aoshi.
-No te preocupes.- Intento darle algunos consejos.- Esta molesto porque una dama pretende rechazarlo y otra ha invadido su cochinera.
Misao no pudo evitar reír levemente.
-Esta noche se tomara unas cervezas y se le pasara, te iras acostumbrando a sus cambios de humor.
-No te preocupes por mi.- Misao cogió algunos trapos para seguir limpiando el salón principal.- He tenido señores mas ariscos y malvados que Aoshi Shinomori.
-Pero ninguno era Aoshi Shinomori.- El joven moreno se acerco, algo mas serio.- Te daré un consejo pequeña, estarás a salvo mientras no te enamores de El, así que no intentes llamar su atención o lo conseguirá.
De eso estaba segura.
Y estaba casi segura de que eso no ocurriría, mientras Ella fuera dueña de sus pensamientos y actos, y desde luego Aoshi no hacia nada para ganarse ni siquiera su simpatía.
-Puedes estar seguro de que eso no pasara.- Sonrió confiadamente, contagiándoselo a Sanosuke.- Lo que mas se me antoja hacerle a Aoshi Shinomori es darle con mi cubeta de fregar el piso.
Sagara rió a mas no poder.- Sabes que?
-Que?
Le costo, pero consiguió ponerse serio tras la larga carcajada.- Que por eso también esta molesto, invades su cochinera y encima prefieres dormir en el suelo que en su cama.
Misao abrió la boca, sorprendida, ofendida y molesta, además de sin tener idea de cómo defenderse. No podía creerse que Aoshi le hubiera contado eso a Sanosuke.
-Buenas tardes Señora Shinomori.
El joven cerro la puerta, mucho mas amable que su amigo, y empezó a caminar hacia los campos, intentando no volver a reírse. Empezaba a admirar a esa muchachita, desde que conocía a Aoshi nunca había visto que ninguna mujer le rechazara, o le ignorara, y llegaba una criada desconocida y además de ignorarle y desafiarle, era inmune a todo lo que había hechizado a las demás mujeres.
Ahora entendía perfectamente porque Shinomori se había levantado de tan mal humor. Misao le había herido en su orgullo de macho, solo por el hecho de no ser como las demás.
Y desde que la había visto lo sabia, esa niña iba a provocar muchos días de mal humor en su compañero de trabajo.
Aoshi le esperaba sujetando un corcel de color azabache, mirándole fieramente.
-Que demonios le estabas diciendo a esa insolente?!.- Le grito cuando estuvo a su lado.- Esta noche le diré un par de cosas, no se como se atrevió a quitarnos los platos.
-Desde luego tu la provocaste.- Rió Sanosuke, yendo hacia el granero a por su caballo.- No te estará gustando que te desafié, verdad Aoshi?
Shinomori le miro de reojo, ya subido al caballo.- Hablas en serio?, Tu la has visto?, es tan atractiva como una de mis yeguas.
-A mi me parece adorable, solo le falta...- Sano salió montando en su caballo, mientras Aoshi esperaba que terminara la frase con una ceja en alto.- un arreglillo.
Shinomori entornó sus ojos color hielo y prefirió no contestar a su amigo, empezando a cabalgar hacia los campos. Había mucho que hacer y no quería seguir perdiendo el tiempo.
Esa noche tendría unas palabritas con su "esposa".
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Transcurrido el día observo satisfecha como había quedado su trabajo. Sin duda alguna la prueba mas dura a la que se había enfrentado.
En tiempo record había dejado como los chorros del oro la cocina, el pasillo, el recibidor y al menos había dejado decente el salón común.
Suspiro con cansancio, mañana se pegaría el día encerrada en el salón privado de Shinomori, y estaba segura de que no le darían las horas para dejarlo mínimo como el resto de la primera planta.
Fue a guardar sus herramientas de trabajo y se quito el sucio delantal, colgándolo tras la puerta del armario de los trastos que estaba bajo la escalera. En unos minutos seguramente llegaría Aoshi y tenia que preparar la mesa, pero lo que mas la tenia nerviosa era la extraña desaparición de los niños.
Después del colegio habían llegado corriendo, comieron su almuerzo rápidamente y sin decir palabra, algo que aun la ponía mas nerviosa, y luego habían subido a la habitación y no salieron mas. Se olía un plan contra Ella, y esperaba resignada haber que se les ocurría.
En ese momento Aoshi entro por la entrada principal, resoplando, sin camisa y sudado, intentando apartarse el pelo de la cara.
No pudo decir nada, sino estirarse nerviosamente el vestido y esperar a que El dijera algo.
No obtuvo si no una mirada de ceño fruncido, examinándola. Luego tiro la camisa al suelo, tal como lo había hecho 24 horas antes.
-Me voy a dar un baño, pon la mesa para cenar.- Ordeno, exactamente como si fuera su criada.- Y te aconsejo que te limpies un poco si quieres cenar con nosotros.
Misao resoplo fuertemente, haciendo que un mechón de pelo que caía sobre sus ojos volara hacia atrás. Observo como Shinomori subía las escaleras a grandes zancadas y corrió hacia la cocina, si quería tener tiempo para estar presentable tendría que poner la mesa lo antes posible. Moría de hambre.
Y mientras la ponía oyó la dulce voz de su "hijastra".
-Misao.- La llamo, con una sonrisa demasiado feliz.- Padre dice que le subas una jarra de cerveza mientras se da un baño.
Luego se sentó a la mesa, acompañada de su hermano y la miro esperando algo de Ella.
Seria una cena muy larga.
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Y así lo fue.
Evidentemente no tubo tiempo de asearse. Tras dejarle a Aoshi la cerveza, tubo que servir la cena a los niños, y luego al padre cuando se digno a bajar.
Obedientemente los niños se fueron a dormir sin rechistar, haciendo que Misao sospechara aun mas, no soportaba la idea de que en cualquier momento esa niña endemoniada se la jugara, pero no le quedaba de otra.
Aoshi ya iba por su cuarta jarra de cerveza y comía tranquilamente, sin prisas. Tan lentamente que Misao se sentía desfallecer. Solo quería que ese arrogante se levantara de la mesa para Ella poder cenar algo antes de que la mandara a hacer alguna otra cosa, pero parecía que el Hombre de la casa no tenia en mente eso.
Aoshi Shinomori termino de tragarse la ultima gota de cerveza de su jarra y la dejo sobre la mesa, luego miro a Misao por primera vez en toda la velada, pero precisamente no con buenos ojos. Se avecinaba tormenta.
-Recoge todo esto y luego ven a la Sala.- Dijo llenándose de nuevo la jarra y levantándose.- Tenemos que hablar.
Solo asintió, y cuando El desapareció suspiro, agotada.
Sabia que le esperaba una buena reprimenda por quitarle el plato al mediodía, y se reprocho a si misma ser tan impulsiva. Durante años su genio la había llevado por mal camino, había luchado contra sus impulsos duramente, pero siempre saltaba y al final recibía un castigo.
Cuantos castigos..., se froto los brazos al sentir un escalofrío. Recordar su pasado no tenia porque hacerla mas débil... si no mas fuerte, se había dicho durante toda su vida. Fue el único buen consejo que le había dado la perra de su madre antes de venderla como a un cerdo.
Fregó con esmero los platos sucios y desistió de comer. Había perdido el apetito de repente.
Se cercioro de dejar todo en orden en la cocina y cogió otra jarra de cerveza, sabiendo que Aoshi la mandaría a por ella en breve. Camino pesadamente hacia el Salón privado, no sin antes mirarse en el espejo del pasillo.
No quería que Aoshi la menospreciara aun mas por su aspecto. Deshizo un destartalada trenza e intento quitarse el polvo de la cara con un pañuelo. No podía hacer mucho con su vestido, pero al menos parecía otra.
Antes de entrar suspiro profundamente, concienciándose de que debía ser sumisa y callarse, no quería mas problemas por su temperamento, tendría que aguantar todo lo que Aoshi Shinomori le dijera. Ella era capas, se repitió mentalmente. Si todo salía bien y no sacaba su genio podría irse a dormir y olvidarse todo, al menos por unas horas.
Toco en la puerta.
-Pasa.- Se oyó desde dentro.
Shinomori se encontraba sentado en un sillón delante de la chimenea, observando el fuego apaciblemente. Misao pensó que quien no lo conociera con esa imagen incluso pensaría lo buen hombre que aparentaba ser. Que lejos estaba la realidad.
La joven de ojos verdes se acerco y dejo la jarra de cerveza en la mesita auxiliar, justo cuando Aoshi despegaba la mirada de las llamas y se giraba, abriendo la boca seguro para ofenderla de alguna manera. Al contrario, observo sorprendido la jarra que le había llevado y luego a Ella. Se sorprendió mucho al ver como la muchacha le observaba serena, como si no hubiera pasado nada..., pero eso era algo que no le demostraría. Ni tampoco lo adorable que le pareció, había intentado quitarse las manchas y se había soltado el despeinado cabello, en un intento de mejorar su aspecto. Odio a Sanosuke en ese momento.
Luego carraspeo, levantándose y cogiendo la nueva jarra de cerveza. Al levantarse el mundo se movió un poco. Empezaban a hacer efecto las jarras.
-No consentiré que me ofendas delante de mi amigo como este mediodía.- Levanto la voz y la barbilla, orgulloso.- Y mucho menos que invites a gente a almorzar, esta no es tu casa.
-No volverá a pasar.- Contesto Misao, bajando la mirada y rogando por que el sermón no fuese muy largo. Su agotamiento ya era mental.
Y entonces paso algo que Misao no hubiera previsto. Cualquiera de sus señores se hubiera sentido satisfecho con la sumisión que demostraba, pero lejos de cualquier posibilidad Aoshi Shinomori, al contrario, se sintió mas desafiante.
Se sintió exasperado al ver como la joven, en vez de enfrentarle como había hecho en otras ocasiones, se había rendido, tan fácilmente. No sabia si era por el alcohol, pero eso no era lo que quería ver de Ella, no quería que le besara los pies porque si.
La cogió de la barbilla impulsivamente, asustándola, e intentado hacer que le mirara a la cara.
-Mírame!.- Grito.
A Ella le costo, pero sabia que tenia que obedecerle. Notaba cuando un hombre estaba bebido, y lo ultimo que quería era despertar a la fiera que llevaba dentro.
-Crees que soy estúpido? Que me puedes engañar agachando la cabeza y haciéndote la mosquita muerta?, Di lo que tengas que decir.- Aoshi acerco su rostro al de Ella, con rabia.
Misao respiro fuerte, quería decirle muchas cosas, pero sabia que se tenia que morder la lengua.- Me ha quedado todo claro Señor, no se volverá a repetir nada de lo de hoy..., la boda me confundió un poco, pero ahora se que mi puesto es el de criada, perdóneme.
Aoshi apretó la mandíbula, leía en los expresivos ojos verdes de Ella el desafió, y es mas, a El no le apetecía otra cosa que desafiarla, ver hasta donde era capas de llegar, pero Misao se contenía.
-Es verdad, pretendía que al menos fueras capas de aparentar ser una señora.- Escupió con sorna Shinomori.- Pero esta claro que no sabes ser menos vulgar.
-Siento no poder satisfacer sus expectativas.- Ella respondió tranquila, sin mover un solo músculo.- Usted lo ha dicho, no soy mas que una vulgar criada, Señor.
Aoshi la agarro fuertemente del brazo, terminando de romper los centímetros que les separaban y asustándola, Ella conocía muy bien esas situaciones. Debió haber previsto que seria incapaz de lidiar con un hombre borracho, pero parecía que en el caso de Aoshi ignorarle seria aun peor.
-Deja de llamarme Señor!, ese es tu problema.- Le recrimino.- Te recuerdo que tu cometido en esta casa también es la de aparentar ser mi esposa, tu decides... si quieres que te trate como a una criada o como a una mujer.
Esa frase y la cercanía de El hicieron que Misao sintiera un escalofrío por todo su cuerpo. No podía decirle que no quería que la trataran como a una criada..., pero lo otro tampoco era alentador, sabiendo lo mucho que le gustan las mujeres al susodicho. Agacho la cabeza, rogando porque Aoshi dejara toda esa situación y se contentara con su sumisión, empezaba a ponerla nerviosa, muy nerviosa. Las manos le temblaban, y no podía dejar de recordar momentos pasados, muy parecidos a ese.
-Perdona, lo haré lo mejor que pueda.- Susurro al mismo tiempo que la sangre de Aoshi hirviera en sus venas.
El la observo, harto de esperar a que sacara a la luz su verdadera persona.
Esa muchacha era una caja de sorpresas, de pronto le desafiaba como la que mas y ahora era incapaz de mirarle a la cara, sin ser conciente de lo que eso provocaba en El. La cogió del mentón, menos arisco, y miro su rostro con detenimiento. Estaba sonrojada a mas no poder, y seguía sin levantar la mirada, con los labios entreabiertos respirando con fuerza. Demasiado nerviosa. Fue cuando Ella clavo sus ojos esmeralda en El cuando sus instintos tomaron el control de la situación, eran esos ojos brillantes e intensos los que le nublaban el juicio, y eso lo molestaba. No podía en serio sentirse atraído por esa poca cosa.
Retomando su furia no lo pensó dos veces.
Su cuerpo se lo pedía a gritos y lo hizo. La cogió con la otra mano de la cintura y la apretó contra su cuerpo, sintiendo por fin esas curvas que tanto se molestaba en ocultar Ella. Y luego la beso, voraz.
Misao se quedo petrificada, de repente solo sentía la lengua de Aoshi dentro su boca y la presión de su cuerpo, y a pesar del intenso sabor a cerveza..., no le disgusto. Era la primera vez en su vida que el beso de un hombre no le provocaba nauseas, y eso la hizo pasar por una serie de fases.
Primero, rabia. Por la osadía de Shinomori, por creerse que tenia algún derecho con Ella, creerse su dueño.
Fascinación por lo desconocido, por lo que nunca había experimentado.
Luego placer. Ese placer del que tanto había oído hablar y del que a esas alturas ya estaba segura que eran puros sueños de niñas inocentes enamoradas..., y que ahora se daba cuenta que existía de verdad, y que era capas de sentirlo.
Solo por unos instantes se dejo llevar... por la suavidad, aunque Aoshi prácticamente la devoraba. La suavidad de su lengua, el calor que irradiaba, el calor que provocaba en su propio cuerpo.
Por ultimo abrió los ojos. Con miedo, terror a lo que sabia que sucedería, a lo que le había advertido Sanosuke, a lo que se había prometido que no pasaría. No podía ser.
Aoshi en cambio había sucumbido al alcohol y a sus propios instintos.
Y se sorprendió al darse cuenta de que no estaba para nada arrepentido de lo que hacia. Primero había pensado en besarla como castigo..., pero no se espero que fuera tan delicioso para sus sentidos. Cerro los ojos y dejo volar sus pensamientos. En esos momentos solo quería seguir probándola, y mando a la mierda el trato que habían hecho y demás.
Desde luego ahora que conocía su sabor quería llegar al final. Ninguna mujer le había dejado con la miel en los labios.
Hasta que sintió un empujón y luego le despertó la palma de una mano estrellándose contra su mejilla.
Abrió los ojos inyectados en ira, tras la sorpresa.
Misao permanecía aun delante suya, conteniendo la respiración y apretando los labios. Muy firme, muy digna, pero sus ojos la delataban. En ellos había una mezcla de terror, desconcierto y enfado.
-Puedo ser muchas cosas.- Se apresuro a decir, con voz tranquila.- Pero no soy la ramera de nadie.
Ninguna mujer le había dejado con la miel en los labios, hasta ahora.
Misao Makimachi se había metido en su vida para desbaratarlo todo. Pensaba con seguridad que era capas de conquistar a toda mujer que quisiera, y venia una simple niña y le rechazaba descaradamente.
No sabia que pensar o que hacer, jamás se había visto en una situación parecida. Solo sentía la rabia y la impotencia por haberse dejado calentar tan fácilmente, herido en su orgullo por el rechazo de Misao, y por el atrevimiento de esta al darle una cachetada.
Solo se le ocurrió devolvérsela, tal y como hubiera hecho su padre con una criada envalentonada. Y lo hizo, con fuerza y rapidez le giro el rostro a la joven, arrepintiéndose al instante, sabiendo que El le ganaba en fuerza y la joven era tan pequeña como una figurita.
En cambio Misao solo respiro profundamente y volvió a mirarle, sin cambiar un solo gesto de su cara, observando la confusión en el rostro de Aoshi Shinomori.
Que esperaba? Que se echara a llorar?..., Aquello no había sido nada para Ella, hacia muchos años había aprendido a aguantar el dolor de los castigos, castigos mucho mas duros que un simple bofetón.
Solo sentía el ardor en su mejilla, y la mirada de hielo clavada en Ella. Sin saber que decir.
-Si ya ha terminado la conversación me gustaría retirarme a dormir.- Sentencio con voz temblorosa.
Aoshi abrió la boca, airado y capas de alargar aquella "conversación" hasta donde El quisiera, pero entonces se oyó un estruendo proveniente de la cocina. Se oían platos rotos y mucho alboroto, haciendo que a Misao se le subiera el corazón a la garganta.
Shinomori no dudo dos instantes en coger su escopeta y salir corriendo, haciendo conjeturas sobre ladrones o matones, para encontrarse al entrar en la cocina lo que mas bien parecía un campo de batalla y... uno de los cerdos lleno de barro destrozándolo todo.
Pensó que estaba demasiado borracho para hacerse a la idea de que un cochino chillón y asqueroso correteaba asustado dentro de su cocina... una situación demasiado incoherente.
Misao no tardo en llegar a su altura y se le fue el aliento al ver la situación. Todo había quedado aun peor de cómo lo había encontrado el día de ayer, totalmente destrozado.
-Como demonios llego este animal aquí?.- Grito Aoshi, exasperado, cogiendo al pobre animalillo de las patas traseras y echándolo por la puerta del patio.
En cambio Ella se había quedado muda. Todo el trabajo de un día tirado por la borda.
-Que pasa?!.- La voz de Tsubame se oyó a sus espaldas, que venia en camisón y restregándose los ojos.- Que es todo ese jaleo?
-No se como uno de los cerdos entro.- Aoshi gruñía como un león, pateando todo a su paso.
Miro a la joven de ojos verdes, que observaba todo desde una esquina. Estaba seguro de que la lagrima que no soltó cuando la abofeteo caería solo por el destrozo de la cocina, y vio la ocasión perfecta para hacerle pagar la humillación.
-Me temo que lo de dormir tendrá que ser mas tarde.- Llamo la atención de la muchacha, con una sonrisa irónica.- No pretenderás dejar esto así, verdad?
Misao suspiro, sabiendo que se lo tenia merecido.
Le había ofendido y El, al contrario que sus demás amos, en vez de castigarla por la fuerza bruta la mandaba a hacer algo aun peor que un par de golpes. Como había quedado la cocina se pegaría toda la noche limpiando, de milagro amanecería y estaría todo reluciente.
Se agacho y cogió algunos trozos de cristal del suelo, sintiendo como se le iban las fuerzas de las piernas.
-Buenas noches.- Fueron las únicas palabras de un Aoshi satisfecho, saliendo de la cocina para seguramente seguir bebiendo y admirándose por tan buena reprimenda.
Tsubame lo miro asombrada.
Hubiera esperado que su padre montara todo un escándalo, que gritara y rompiera todo a su paso, en cambio se había quedado tan feliz. Ni siquiera se había preguntado de donde había salido el tan oportuno cerdo, ni siquiera la había cogido con Misao. Solo la había mandado a limpiar. En cambio en otros tiempos su padre la hubiera castigado, seguro de que solo podía ser obra suya.
Ni siquiera la había mirado.
Observo como su madrastra se acerca a la puerta trasera en silencio, se notaba su devastación a leguas, y pensó que eso le bastaba como satisfacción.
-Me pregunto como habrá llegado ese cerdo a la cocina.- Dijo en voz alta, con una sonrisa muy sincera.- Pobrecita, seguro que te llevara toda la noche arreglar todo esto.
Misao la miro con pesadez, entendiéndolo todo de golpe.
-Espero que esto te sirva de lección.- Concluyo la niña de cabello almendrado.
Y la dejo sola en la cocina.
Misao miro hacia el exterior, observando como el cerdo se había calmado y caminaba tranquilo buscando algo de comer, luego observo el interior... Tsubame tubo que hacerle algo muy feo al animal para que dejara todo tan destrozado.
Si, era insufrible, pero cuando se fijo en que Aoshi la había ignorado totalmente se dio cuenta de la verdad, no solo de que Ella era la causante de todo, si no de los verdaderos motivos. Solo había un motivo para que la odiara... y era porque la niña pensaba que su padre le haría todavía mucho menos caso del que le hacia con Ella viviendo en la casa.
Incluso por unos instantes sintió lastima.
Que habría pasado con la madre de esos niños? Había oído en la plantación de Seijuro Shinomori que los había abandonado hacia varios años, harta de las infidelidades de Aoshi. Les hubiera hecho un favor llevándoselos con Ella.
Sacudió la cabeza y se decidió a empezar con su trabajo.
Al menos una cosa buena tenia todo aquello... no tendría que dormir en la habitación de Aoshi, al menos por esa noche.
Y estaba muy segura de que si volviera a tener un momento intimo con ese monstruo..., cabía la posibilidad de que esta vez no reaccionara a tiempo. No si la volvía a besar de esa manera.
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Cocinaba con mucho aburrimiento un guiso que olía demasiado bien. Siempre se le había dado bien la cocina.
Era cerca del mediodía y el Sol entraba por los cristales, sumiendo la habitación como en un sueño cálido. Todo había quedado realmente limpio, estaba incluso mejor que la primera vez que lo había limpiado.
Miro hacia la puerta trasera, Aoshi no tardaría en llegar para almorzar y los niños estaban en la escuela, dándole un merecido respiro. Rió al pensar que si alguien la viera parecería una verdadera ama de casa preocupada por su familia... que lejos quedaba la realidad.
Se limpio las manos en el fregadero y oyó las esperadas pisadas a su espalda, solo conocía a una persona que entrara de esa manera en las habitaciones, dejando claro que tenia que ser el centro de atención.
Se dio la vuelta y le miro.
Aun no olvidaba lo de la noche anterior, y la tensión era palpable. Pero todo eso fue olvidado en el momento en que se fijo con mas ahínco en el hombre que la miraba desde la puerta, tan intensamente que noto como algo en su interior se estremecía.
El, como todos los días, llegaba empapado en sudor de las horas de duro trabajo, con algunas manchas en su rostro, y con la camisa colgando de un hombro... y lejos de asquearle solo le hizo repetirse la hermosura con la que dios había bendecido a ese hombre inaguantable. Digna belleza de un ángel. Sin querer se había quedado mirándolo largo rato, admirándolo.
No tubo tiempo de reaccionar.
Aoshi cruzo las distancia que les separaba de dos zancadas y sin dar aviso la aparto de la cocinilla agarrándola fuertemente de la cintura, apoyándola de un movimiento en la mesa. Cubrió con su cuerpo el menudo de Ella, dejándole claro que no podía escapar, y subió su mano lentamente, desde la cintura, rozando levemente el contorno de su pecho, hasta el cuello de su traje, abriéndolo de a poco. Para terminar desatando su larga trenza.
Misao sentía que era incapaz de detenerle, aun sabiendo lo que El quería de Ella, y que parecía estar dispuesto a reclamar, sin opción a rechazo.
Aoshi Shinomori acerco su rostro al de Ella, tanto que su aliento le acariciaba los labios, y la miro con intensidad.
-Crees que puedes escapar de mi, Misao?.- Le susurro, como algo lejano.
No hubo tiempo para respuestas.
Reclamo su boca, aun mas sediento que la vez anterior, de una manera que la hizo desfallecer, de una manera que solo El sabia. Sabia como desarmarla.
Mientras la besaba con fiereza sus manos no se quedaban quietas, volvió a llevarlas a su cintura y la apretó, tanto que dolía. Y le dejo muy claro lo que quería, cuando la levanto sentándola encima de la mesa, haciendo que Ella irremediablemente abriera las piernas, recibiéndolo tan natural que pareciera predestinado.
La echo hacia atrás, apoyando el peso de su cuerpo, amoldándolo a la figura de Ella, empezando a abrir el vestido para dejar a la vista sus hombros desnudos. Bajo sus besos al cuello, volviendo a los labios para volver a descender hasta su clavícula.
Fue cuando escucho el primer gemido de Misao cuando se preparo para dar el paso siguiente.
Una de sus manos bajo hasta la rodilla y fue subiendo la tela del vestido, acariciando con la yema de los dedos el blanco muslo, primero por encima, para terminar introduciéndose en el interior de este, muy cerca de la meta.
La miro fascinado mientras acariciaba esa zona inexplorada para El, la que pronto seria suya.
Misao no pudo hacer mas que devolverle la mirada, extasiada. Concentrándose en contener su respiración ..., se sentía desfallecer, notaba los dedos de Aoshi revoloteando alrededor de su centro, unos segundos ..., solo unos segundos mas y...
El canto del gallo desde la ventana casi le paro el corazón.
Se agarro al suelo como si su vida dependiera de ello, mientras observaba su alrededor con sorpresa. Estaba en la cocina si, en el suelo de esta mejor dicho, y le dolía absolutamente todo el cuerpo, además de que olía fuertemente a jabón.
Y entonces lo recordó todo.
La larga noche limpiando hasta el mas mínimo rincón de esa maldita cocina llena de barro y cristales. No sabia sobre que hora había terminado, pero lo único que sentía era un enorme agotamiento, sumado con hambre y frustración, se había sentado en el suelo y después...
-Dios mío!.- Exclamo asustada.
No podía ser que hubiera soñado todo eso!, no después de que el causante de que tuviera mas calor de lo normal en ese instante fuera el mismo que la había tenido toda la noche trabajando. Se toco la frente, y reprendió mentalmente por su ardiente imaginación. Incluso tenia la boca seca, y... algo no tan seco mas bajo de su ombligo.
Se levanto de un salto y abrió el grifo del fregadero, mojándose la cara con pasión. Entonces sintió el dolor de su mejilla.
Encima eso..., como podía su subconsciente pensar esas cosas luego de lo que le había hecho?
Simplemente no podía!
Tenia que luchar contra eso si algún día quería verse libre..., no podía dejarse embaucar por Aoshi Shinomori. Una gran guerra empezaba a librarse ese día... el día que había admitido que Aoshi empezaba a atraerla. Y mucho.
Notas de la Autora:
La actualización mas rápida en meses! Jajaja, se los debía después de haberme aguantado tanto tiempo.
La verdad es que me siento mas inspirada con mis fics, como hacia tiempo no me pasaba y he aprovechado cualquier momento para ir escribiendo poco a poco. Y este es el resultado!
Como dije aparecerían nuevos personajes, en los siguientes capítulos cobraran mas importancia, por fin empiezan a aceptar la evidente atracción del uno por el otro... digo empiezan porque aun queda mucho recorrido jeje solo añado que Tsubame no será tan mala como algunos piensan, al menos no con Misao.
Quiero agradecer ahora a los que se tomaron la molestia de dejarme un Review, sin ellos la inspiración no me basta para escribir jjeje
Emmy
Stela
Misao91
Leda M.
Miza0o0-chan
Bizcochia U-u
Muchas gracias espero que les haya gustado este chap y espero sus comentarios!!
También los de los demás, les animo a dejar alguno que no cuesta nada jeje
Rinoa Shinomori
