Arruga el entrecejo y se lame los labios, antes de levantar sus párpados con lentitud.

Olor a hierva, a pleno campo le llega y cual sedante la adormece; cierra sus ojos nuevamente y se entrega a ese placer indescriptible y embriagante, cuando de pronto, tras hurgar inconscientemente en los últimos sucesos de incorpora de golpe sobresaltada con los ojos abiertos a mas no poder.

Se encuentra al parecer en el cuarto de una cabaña. Esta vez no despertó en el suelo sino en una cama cuyo colchón no tiene frazadas.

Una cómoda al fondo, y a cada lado una ventana dividida en cuatro cuadrados, con rejas que aseguraban la seguridad del lugar ...y también su permanencia ahí.

Revisa su atuendo que no es el mismo que traía puesto. Ahora viste una camisa color rojo con botones dorados y unos pantalones azules de tallas superiores a las que le corresponde, provocando que su cuerpo quede perdido en lo grande de su indumentaria.

Lleva su mano al pecho respirando hondo ...Bien; ¡¿Dónde está?!

Abandona el colchón y corre hasta una de las ventanas. Parece encontrarse, efectivamente, en una cabaña internada en una especie de bosque...A lo lejos divisaba unos cerros y por demás todo era verde, todo era naturaleza viva y brillante, que de no ser por su situación desesperada se ensimismaría en una contemplación absorta ...

-Vaya, vaya... Hasta que despiertas- dice una voz a sus espaldas, una voz grave que la estremece y que reconoce enseguida.

Voltea y traga con dificultad al hallar a Ranma, como es usual, luciendo su sonrisa ladeada y su aire de dominio exasperante. Viste casual, unos jeans y una camiseta sin mangas, sus musculosos brazos cruzados y un brillo peculiar en su mirada gris.

-Llevas durmiendo dos días ¿sabías? Ya me estaba empezando a preocupar- avanza un par de veces hasta que una exclamación proveniente de la chica lo detiene.

-¡No te me acerques! - a la defensiva, de haber tenido oportunidad retrocedería sin dudarlo - ¡¿Dónde estoy?! ¡¿Por qué me trajiste aquí? ¡¿Qué está ocurriendo?!

-Estás en Ryugenzawa y te traje aquí porque surgieron... humm...- achica la mirada- algunos 'inconvenientes' en el proceso, así que te quedarás aquí por un tiempo y yo mientras te estaré vigilando.

-¡¿Qué?! - se le deforman la expresión al conocer la crueldad de su destino- No, no, no, no, no, NO, tú no entiendes yo tengo un trabajo y...

-No me importa, Akane- la interrumpe con seriedad- los detalles de tu vida me tienen sin cuidado. Tú te quedarás aquí, no importa qué. Y ni intentes escapar porque será peor... para ti, obviamente- finaliza la oración esbozando una encantadora sonrisa.

-¡Estás loco!- exclama desesperada, al borde de las lágrimas y con voz quebrantada le pregunta- ¿Por-por qué haces esto?

Ranma expulsa el aire sonoramente, y en un intento de evitar la imagen de la mujer, desliza sus pasos hasta el colchón y se sienta en el borde viendo al suelo de madera con fijeza.

Sus ojos grises parecían visualizar otro presente con olor a un pasado que creía olvidado. Meditativo, se humedece el labio inferior y une ambas palmas de sus manos para entrelazar sus dedos, para luego comenzar a moverlos tal y como si no los pudiera despegar.

Parecía ansioso de repente, nervioso a la par.

Akane frunce el ceño desconcertada y luego, con la misma expresión de expectante, desliza su campo visual a la puerta que su raptor dejó abierta al entrar.

Rápidamente corre y abandona la habitación encontrándose con una pequeña sala de estar en cuya decoración no se fijó. Su meta estaba en atravesar la puerta principal y salir de ahí a como diera lugar...

Sin embargo, la puerta estaba cerrada. Forcejeó desesperada, pero no hubo caso. Con angustiada faz buscó rápidamente una salida, algo que pudiese ayudarla mientras su mente trabajaba con agilidad.

Todas las ventanas de la estancia eran como las del cuarto en que había despertado. Todas cuadradas divididas en cuatro cuadros más, con rejas negras ...

Se le aceleró el pulso y la respiración en cuanto oye a su espalda:

-No tiene caso, Akane...

Se da la vuelta para encararlo, para sorprenderlo sentado tranquilamente en un sofá color rojo y una taza de café en su mano derecha.

Él le sonríe al ver la indignación y la desesperación enmarcando el rostro de la dulce joven.

-...¿Quieres? - y le ofrece la taza humeante de café.

-¡Estás loco! - exclama la chica sintiéndose como asfixiada.

Exaltada busca otra puerta y corre hasta la primera que hallaron sus ojos.

Una cocina con todo lo necesario, incluso una mesa cuadrada pegada a la pared y tres sillas a cada lado disponible.

Un tragaluz en el techo.

Recorre el lugar, abandona la cocina y encuentra otra puerta. Entra a otro cuarto, éste tiene una cama -esta sí tiene frazadas- una cómoda y algunas pertenencias personales encima de él.

Se encaminó con rapidez a la única ventana que alcanzó su mirada y un gemido se le escapa al comprobar que esta también está asegurada.

-¿Nunca te enseñaron que es de mala educación entrar a habitaciones ajenas sin el consentimiento del dueño? - le pregunta Ranma en un tono cansino, apoyado en el marco de la puerta y sosteniendo todavía la taza de café humeante.

Lágrimas le fluyen libremente y desconsolada esconde su rostro en sus palmas algo rojizas para romper a llorar. Se agacha y esconde su rostro en el hueco entre sus rodillas y su pecho solloza, y llora en un acto de dar libertad a su propia carga emocional, y como protegiendo ese mismo dolor para que no fuese profanado por aquellos ojos grises que -bien sabe- la observan fijamente.

Oye pasos dirigirse a ella, y al sentirlos, se abraza con mayor fuerza.

-¡No te acerques! - fue su demanda.

Los pasos se detienen, pero aún le siente cerca ...

-Akane ...-comienza a hablar en un tono cauteloso y suave- ...te estaré esperando en la cocina para cuando sientas hambre.

Y rápidamente oye cómo se va, cómo abandona el cuarto tal y si huyera de ella y su llanto ...


Se asoma por la cocina con sus ojos hinchados y sus mejillas sonrojadas, despeinada y con el cansancio exteriorizándose.

Ranma levanta la mirada desde su sitio en la mesa. Pareciera que hubiera estado ahí sentado desde que la dejó en el cuarto hace aproximadamente dos horas y que hubiera aguardado pacientemente a que se decidiera a aparecer.

Akane señala su vestimenta y en un tono ronco le pregunta:

-¿Y esto?

-Era mío - le sonríe encogiéndose de hombros, antes de levantarse de la silla y caminar hasta ella, más su andar se detiene al observar cómo la chica retrocede a su vez insegura, asustada ...- No temas, no te haré nada -le dice viéndola fijamente.

Ella hubiera querido responder 'claro... lo dice el chico que me secuestró'; pero no dice nada, no por falta de coraje sino por falta de energía. No retrocede, sin embargo, cuando Ranma avanza nuevamente hasta ella y por detrás la empuja de los hombros guiándola hasta el asiento que él antes ocupaba.

-¿Qué te gustaría comer? - le pregunta mientras echa un vistazo al interior de los muebles de cocina.

-Lo que sea - le dice áspera, viendo un punto perdido en la mesa.

Deseaba despejar la mente y olvidar su actual situación, olvidar a Ryoga y junto a él la ilusa esperanza de que llegara a salvarla... olvidar a su padre y sus motivos que lo llevaron a no hacer entrega del dinero solicitado...

Ya estaba mas tranquila, más serena y por ello podía pensar con mayor claridad la situación.

Aprieta sus labios y respira hondo. Bien... reconoce que pudo haber sido peor, que al menos no se encuentra amarrada de pies y manos y con una venda en la boca, que al menos su captor no parece un despiadado con ideas depravadas ni un violento, que al menos se haya en una cabaña acogedora con habitaciones y comida con un olor exquisito...¡¿Qué como lo sabe?!

El embriagante olor que surge precisamente, de lo que prepara el joven Saotome y que parece tener muy buena pinta.

Es cierto...pudo haber sido peor.

Además, ¡¿Qué demonios?! ¡No es ella acaso una Tendo?!. Asiente con la cabeza, dándose más razones para enfrentar estos nuevos obstáculos y seguir adelante como lo ha hecho siempre.

Por eso es que aguardó pacientemente a que la comida estuviera lista. Mas que mal hace días que no prueba bocado y su apetito a reaccionado instintivamente ante el olor de la comida.

Decide ya no formular más interrogantes que, a fin de cuentas, Saotome no le iba a responder. Ya la verdad saldría a la luz, y mientras tanto, cuando Saotome crea que ella definitivamente se ha acostumbrado a aquel sitio y que ha desistido de sus intentos de escape entonces atacará nuevamente, ésta vez, con un plan previamente elaborado y huirá a donde sea con tal de escapar.

¡JA! Ese sujeto está loco si cree que puede mantener detenida a una Tendo, ¡y mas si esa Tendo, no es otra que Tendo Akane!

Ya se encargaría de poner las cosas en su lugar, de regresar a su vida de antes -o al menos en lo posible- y olvidar este desafortunado encuentro.

Un guisado se le pone en frente ...Y el individuo de coleta y ojos grises le sonríe.

-Come. Espero que me haya quedado bien.

Callada degusta de la sazón del hombre y se sorprende al descubrir su delicioso sabor.

Por mas que lo quiso ocultar y por mas que se negó a responder, la verdad se le reflejó en el rostro a modo de sonrisa gustosa y ojos brillantes de la mas pura satisfacción.

El sujeto se dirige al sitio frente a ella y apoya sus antebrazos sobre la mesa viendo a la joven mujer comer con una lentitud educada. Divertido señala:

-Ambos sabemos que tienes hambre - le sonríe, refiriéndose claramente a su modo de comer- o...¿Es que no está bueno? ...

Akane alzó la mirada y la volvió a su comida . ¡Bah! ¡Qué rayos! Después de todo el tipo la había visto ebria, así que...

Prácticamente devora el guisado ante la sonrisa satisfecha del ojiazul.

-Te traeré jugo - dice antes de levantarse y dirigirse al refrigerador, luego extrae de uno de los muebles un vaso de vidrio en el cual vierte lo justo de jugo.

Vuelve con el vaso y lo deja frente a la atragantada muchacha quién sujeta el vaso y de un trago bebe su contenido.

-¿Más? - sonríe de medio lado.

Akane niega con la cabeza; Ranma vuelve a sentarse frente a ella. No le hizo falta aguardar demasiado para que ella terminase de comer y le dedicara una mirada con sus tiernos, y aún un poco hinchados, ojos castaños.

-Oye Akane...- la llamo.

'mmm...?' ; fue su respuesta acompañado por un ceño ligeramente fruncido. Al parecer ya no estaba molesta, ni acongojada por respuestas que él no debiera proporcionarle y ello lo agradecía, sin embargo, seguía con la sensación que ella tenía el derecho de acceder a ciertas confidencias, de conocer al menos parte de la verdad.

Suspiró y mirándola directo a los ojos le dijo:

-Yo no hago esto porque quiera, Akane. No soy tu enemigo, yo... - se silenció, apretó los labios y añadió- ...No te haré daño. Será sólo un tiempo. Tengo guardadas unas frazadas que traje esta mañana para tu cama. Compré todo lo necesario, sólo falta tu ropa y lo que desees comprar.

-No tengo dinero - responde a duras penas. No confía en sus palabras, no confía para nada en este sujeto.

-Yo te lo daré e irás conmigo a comprar ropa y otras cosas.

A la chica se le agrandaron los ojos ante el descubrimiento.

-¿Eso quiere decir que podré...?

-Sé artes marciales - la interrumpe con seriedad- Las he practicado toda mi vida, y créeme soy muy rápido. No me costará nada alcanzarte, taparte la boca y llevarte de tejado en tejado de regreso, y sin ninguna cosa que ya hayas comprado, y deberás vivir todo el tiempo que permanezcamos aquí con esa ropa - arruga la nariz, acomodándose en su sitio y dedicarle una sonrisa desdeñosa- Que anti-higiénico, ¿no? Imagino que no te gustará vivir todo este tiempo con la misma ropa interior...

Akane suelta un bufido sonrojándose de súbito.

-Quiero ir ahora- suelta de pronto- No soporto vestir estas ropas que son tuyas, y además... además...- se le acentúa el sonrojo - ¡Necesito ir y punto! - exclama.

Ranma enarca una ceja y le sonríe de medio lado, en una expresión tan suya.

-Ya llevas dos días con las mismas bragas y apenas ahora te das cuentas, ¿no? ...

-¡Cállate! - exclama golpeando la mesa con ambas palmas, sintiendo el intenso calor en todo su rostro.

El sujeto entorna los ojos y suspira para dedicarle luego una sonrisa perspicaz.

-Para tener veintitantos años eres demasiado... - deja la oración al aire al verla fruncir el ceño levemente- ...Akane no falta mucho para que anochezca, iremos mañana por la mañana. Si quieres yo puedo prestarte algo- se encoge de hombros.

-¿Q-Que tú vas a prestarme algo? - e hizo una expresión como si se le hubiese insultado lo más preciado.

Ranma al verla suelta una carcajada y divertido señala viéndola directo a los ojos:

-Vamos no es para tanto ...tú sí que eres extraña - y todavía conservando los residuos de su pasada conmoción agrega- Eres muy inocente para la edad que tienes- ahora sí completa la oración por puro impulso.

Akane ladea el rostro queriendo evadir el pudor punzante que la atacó de pronto, y que le calló cualquier defensa.

Él por su parte, se acomoda mejor en su lugar y con toda indiferencia continúa:

-Lo siento. Sólo me permití quitarte esa blusa que traías y esa falda, ¡por cierto! tus medias las tiré a la basura, porque tenían un hoyo por ahí - se encoge de hombros ante la mujer sorprendida y aún sonrojada mujer que ha vuelto a mirarlo -pero no pude cambiarte de ropa interior - le sonríe despreocupado- hubiera sido muy pervertido de mi parte.

Y por supuesto que el sonrojo se le acentuó a mas no poder.

Lo apunta con el dedo índice y tartamudea:

-E-Eres un com-complet-to pe-pervertido - se levanta, se inclina sobre la mesa y cuando alza la mano para plantarle la cachetada que estaba mas que dispuesta a regalarle, él la detuvo por la muñeca en el aire y le sonríe de medio lado. Lentamente se pone de pie y rodea la mesa hasta llegar a la sulfurada mujer que al tenerlo frente a sí le replica- ¡Debiste dejarme con la misma ropa!

Ranma enarcó ambas cejas y le preguntó suavemente, en un tono íntimo y personal:

-¿Me vas a decir que ningún hombre te ha visto antes en ropa interior? ...

Akane se revuelve avergonzada y furiosa, soltándose del agarre. Quiso retroceder pero detrás suyo estaba la silla, por lo cual calló sentada en ella.

Antes de que pudiera pensar siquiera en una respuesta, el atractivo rostro del ojiazul estaba a escasos centímetros del suyo, él se había hincado frente a ella y ahora le sonreía divertido, realmente divertido con sus curiosas reacciones.

-¿Me vas a decir Akane... - le dice prácticamente en un susurro-... que en dos años tú y Hibiki nunca...?

La sorpresa trazó sus facciones. Mas que el bochorno visceral este que la invade, una interrogante surge ajena de su pudor.

-¡¿Cómo sabes que Ryoga y yo...?! ...

Ranma ríe. Sí una risa ronca y muy sensual que le sentó de maravilla con su expresión; sólo entonces la chica se percató que su raptor, por muy secuestrador que sea, es bastante apuesto...¡EH?! ¡¿Pero en qué pensaba?! ¡Aquel sujeto se ha estado burlando abiertamente de su virginidad! ¡y no sólo eso, sino que el cretino la ha desvestido y vestido así sin más!. Retoma el enfado perdido por un par de segundos, y lo ve enderezarse y caminar en dirección a uno de los muebles para volverse hacia ella y apoyarse en él.

-Me lo dijiste tú misma, Akane - le dice risueño - ¿Es que no lo recuerdas?

La chica frunce el ceño.

-En el bar me contaste muchas cosas - le recuerda divertido al rememorar la ebriedad tan notoria de la joven y ella se escandaliza ante el recordatorio.

-Ya, ya... - le dice, levantándose también y cogiendo los cuencos ocupados por ella.

-Yo puedo con eso - le dice enarcando una ceja y apuntando a lo que ella sostiene.

-No hay problema si los lavo yo - frunce el ceño, en sus mejillas quedaban todavía los residuos del pasado sonrojo- ¿Puedes irte? Me incomoda un poco tu presencia.

Ranma sonrió, viendo cómo la chica comenzaba a lavar los cuencos vacíos, comprendiendo el motivo de su vergüenza seguramente todavía viva.

-No deberías sentirte avergonzada, Akane - le dice queriendo sonar serio- El que seas virgen no te quita méritos, de hecho...

-¡Eso a ti no te interesa! - lo interrumpe, sin voltear a verlo, pero fregando con mas fuerza los utensilios de cocina.

-Como digas - contesta el otro, encogiéndose de hombros y abandonando la cocina con una sulfurada, avergonzada y acongojada mujer que recuerda el descarado motivo por el que su ex-novio, Hibiki Ryoga, la abandonó hace algunos días.

Continuará...