Aclaraciones: Los personajes de InuYasha no me pertenecen, aunque quisiera robarme a Kagome (Jejé) son todos de Rumiko Takahashi.

Hago esta historia por entretención mía y de los fan's de este hermoso anime/manga.

Me surgió la idea después de ver por xxxxx vez la tercera película de InuYasha, por lo que no se sorprendan si les da la sensación de deja vu, claro que esta a mi estilo Y CON MI IDEA. La historia será bastante corta, de dos a cinco capítulos a lo más.

"Sueños que no olvidaré se amontonan en mi corazón…

Llegaremos a olvidar esta época que me hizo tanto mal"

La Espada Maldita.

El sentimiento más puro.

Debía corre, debía hui lejos, eso era lo que haría una persona en su sano juicio, pero Kagome se dijo así misma que definitivamente no estaba cuerda y no era como si le importara demasiado eso. Ella no quería dejarlo solo, ella lo amaba demasiado… tanto que no le temía arriesgar su propia vida… su vida por él. Kagome meditó una fracción de segundos sobre ello. Sonrió levemente para sí, ahora lo entendía mejor, para la joven del futuro no había una vida iluminada y feliz si InuYasha no estaba en ella, Kagome deseaba con todas sus fuerzas pasar el resto de sus días junto al joven hanyou, y por ese deseo que tenía lucharía como pudiera para ayudarlo.

Vio como él se acercaba a ella con una mirada terrorífica, inyectada en sangre sin el más mínimo brillo de cordura. Sus movimientos eran el de un animal depredador acechando a su presa, lista para atacarla y morderla. Sin duda ella se sentía como la indefensa presa.

Su razón una y otra vez le decía: Corre, huye, DEBES correr… pero su corazón le daba una respuesta diferente: Quédate, no abandones a la persona que más amas, no lo hagas… lucha por él.

Kagome sin duda le haría caso a su corazón.

Aferró la espada con fuerza dejando sus nudillos casi blancos, apretando más a Colmillo de Acero contra su cuerpo.

-I… InuYasha… se que aun estas por ahí, por favor no te rindas, yo tampoco lo haré-Le dijo a la figura que ahora solo estaba a unos metros de ella.

-Mujer idiota, tu InuYasha ya no está aquí, he tomado por completo el control de su débil mente-Le contestó la espada maldita con su voz lúgubre y fría. Detente, le dijo una suave voz en su mente a la espada, InuYasha en el lado más oscuro donde había quedado encerrado en su propio cuerpo se despertaba y desmayaba una y otra vez sin poder tener las fuerzas necesarias para tomar el control de su ser. Cuando caía en la inconsciencia solo podía ver imágenes del cuerpo destrozado de sus amigos por él, y una Kagome ensangrentada metros más allá.

Él podría soportar la más feroz paliza, la más cruel tortura, podría aguantar mil tentáculos clavándose en su cuerpo pero lo que jamás podría tolerar era verse así mismo haciéndole daño a los que amaba. A los que había jurado proteger en secreto para sí.

Era frustrante, quería gritar y no podía, quería llorar de desesperación y no podía… en ese oscuro lugar los segundos parecían días.

-¡InuYasha! ¡Por favor reacciona! ¡Tú no eres de los que se rinde!-Le gritó eufórica retrocediendo levemente unos pasos cuando él se acercaba más a ella. De pronto el avance del hanyou poseído se detuvo, levantó la espada y sus ojos se fijaron en la dirección donde estaba Sango, Miroku y Shippo con el gato monstruo.

-¡InuYasha somos tus amigos!-Chilló Shippo al advertir esa mirada vacía, no era difícil descubrir lo que tenía pensando hacer la espada con ellos en ese momento.

-Excelencia-Sango tenía listo su boomerang para ser lanzado, lo único que la retenía era no querer lastimar a su amigo.

-Yo no sé qué hacer-Dijo apesadumbrado Miroku cuando vio como la espada se preparaba para tirarles un gran ataque-Podría usar mi agujero negro…

-¡Pero absorberías a InuYasha!-Exclamó alarmado Shippo mirando hacia todos lados buscando un lugar a donde huir.

-Lo sé…

-Joven Miroku…-Miroku desvió su vista hacia una pequeña pulga…

-Anciano Myoga…

InuYasha manipulado por la espada habiendo juntado la suficiente energía para eliminar a los humanos se dispuso a lanzar su masa de poder, llevó su brazo que sostenía la espada hacia atrás y luego hacia adelante, apenas hizo ese movimiento de la espada se desprendió una bola de energía negra, grande y potente hacia los jóvenes, el suelo retumbó tan fuerte que provocó que Kagome perdiera el equilibrio, incapaz de hacer algo solo atinó a cerrar los ojos cuando vio como el ataque alcanzaba a sus amigos. No quería ver como se desintegraban, las lágrimas hicieron aparición rodando por sus mejillas sin poder evitarlo.

PARTIDO, así fue la sensación que invadió a InuYasha, cuando la espada lo dejó estar consiente pero encadenado para ver como mataba a sus amigos. Una parte de su corazón se había partido en mil pedacitos dejándole un sentimiento de soledad, culpa y rabia…

Se había levantado una gran cantidad de tierra a causa del impacto, ella sabía que no sobrevivirían a eso, más lágrima se acumularon en sus ojos. Cuando el ambiente se tranquilizó levemente pudo ver los cuerpos de ellos tirados absolutamente inconscientes… ella prefirió pensar que estaban inconscientes a…. muertos.

Desde su lugar solo podía apreciar sus cuerpos doblados de una forma no muy cómoda y normal.

Kagome tragó duro… era el turno de ella de ¿morir?

Se levantó del suelo con dificultad, se sentía lo suficientemente conmocionada como para mover algún músculo pero aun así hizo el esfuerzo. Quitó de su rostro el polvo que se había posado ahí y se refregó los ojos para que las lágrimas no le estorbaran, ubicó con cierto aire de tristeza y temor a InuYasha.

El hanyou estaba estático en su lugar con la cabeza gacha, la espada parecía haber puesto más tentáculos enterrándose en su brazo, era una manifestación de que lo estaba dominando por completo.

¿Realmente su InuYasha había perdido la batalla mental?

Kagome suspiró sintiéndose de pronto demasiado extenuada como para dar un paso, de todas formas no era necesario que lo hiciera, porque la espada maldita ya había comenzado a acercarse a ella de forma muy lenta, tan pausada que la llegaba a desesperar. Esa arma solo se estaba burlando de ella.

-Tus miedos me fortalecen, y la desesperación que emanas así como la mente torturada de este hanyou me hacen cada vez más fuerte-Dijo riéndose cínicamente.

No te acerques más a ella, no lo hagas maldito hijo de puta, la voz de InuYasha perturbó levemente la concentración de la katana maligna, interiormente estaba sorprendido. En todos sus largos años que había vivido jamás le había costado tanto dominar el cuerpo de una persona y hacer trisas su mente. Ciertamente sabía que no era que el hanyou fuera fuerte ahí como para luchar contra él, más bien era el sentimiento que tenía por Kagome lo que lo motivaba a no rendirse. Podía ver el rostro de ella en todas partes en el cerebro de InuYasha, era como si ella fuera el impulsor a la fuerza de InuYasha. Esa sensación de "amor" le daban nauseas. Apartó con rapidez las imágenes que el hanyou le mostraba inconscientemente para ocuparse mejor del asunto. Mientras más pronto acabara con la estúpida humana mejor. Aunque algo le molestaba y le asustaba de acercarse a ella, la única forma de derrotarlo la tenía Kagome e InuYasha en sus propios corazones pero como eran ignorantes de ello sabía que podía hacerlo.

Solo mataría a una pequeña molestia y luego haría con el mundo lo que se le viniese en gana. Oh, era un brillante plan. Se dio palmaditas mentalmente en la espada ante sus frívolos pensamientos.

InuYasha observó frustrado como su cuerpo desobedecía y avanzaba hacía la jovencita que le había sanado el alma. El ardor en su corazón y la sensación de desmembramiento que sintió ahí fue mucho más intenso que antes al ver a sus amigos acabados por él. Y eso que aun no venía lo peor.

Se removió inquieto, con todas sus energías buscando alguna forma de romper esas ataduras imaginarias y encontrar nuevamente la luz para poder ser liberado y vencer. La espada apenas sintió esa vitalidad en él recobrándose decidió apurar su paso aunque logró en su rostro no quitar esa expresión fría y demente.

¿Por qué no podían las estúpidas lágrimas dejar de caer por su rostro? Um… ¿Quizás era porque iba a morir dolorosamente?… Nop, no era por eso. Eran lágrimas de impotencia de no poder hacer nada.

Respiró hondo, si ese era su destino, si esa era la forma en que iba a terminar todo ella lo aceptaba.

Al menos iba a morir POR él, eso de alguna forma le dio tranquilidad.

-Señorita Kagome-Seguido de la chillona voz sintió un pequeñísimo pinchazo en su mejilla.

-Pulga Myoga-Exclamó asombrada.

-¡Debe correr!

-No-Fue su seca y decidida respuesta.

-¡Debe hacerlo!

-Vayase pulga Myoga yo me quedo con él, no lo dejaré-Por el rabillo del ojo observó que la separaban pocos metros de la espada maldita.

-¡No es para que huya, es para tener tiempo y contarle como derrotar a la espada!-Esa oración Kagome la captó inmediatamente en su mente y una cálida sensación la invadió. Esperanza. Aun la había.

-De acuerdo.

Reunió fuerzas que creyó desvanecidas y hecho a correr a todo la velocidad que podía tener. Como se esperaba la espada negra ni siquiera intentó dar un salto para capturarla.

-Este es el plan, usted tiene un gran sentimiento por mi amo InuYasha-Vio a Kagome a sentir con fuerza y él prosiguió-Esa es la clave para derrotar a la espada, ella se alimenta del sufrimiento, la desesperación y la tristeza, sin embargo la única forma de poder vencerla es con el sentimiento más puro y ese es el…

-Amor-Interrumpió Kagome con la respiración agitada por el esfuerzo de correr, no se había detenido a mirar atrás para ve que tan cerca la estaba siguiendo, su mente estaba demasiado ocupada intentando entender como eso podría ayudarla a ganar-Explíquese mejor Anciano Myoga-Pidió tomando una bocanada de aire.

-Bien, ¿el amo InuYasha no le ha dicho claramente que sentimiento tiene por usted?

-No muy claro… creo que me quiere, pero no sé si de la misma forma que yo a él.

-Yo creo que él si la quiere mucho.

-¡Al grano Anciano Myoga por favor!-Lo que menos deseaba en ese momento era pensar que su amor no era correspondido.

-¿esta SEGURA que lo ama?

-¡SI!

-Debe sacrificarse por él, debe dejar que la espada se entierre en su cuerpo, su sangre purificará a la espada maligna y entonces esta desaparecerá. No hay manifestación más grande de amor que dar la vida por otra persona. Lo entiende Kagome, debe morir para que la espada deje de existir.

Ella sintió una minúscula punzada de tristeza, pero aun así no la asustó lo que dijo, de todas formas ella ya había pensando morir por él. Dolería… pero eso estaba bien, después de todo sabía que cuando InuYasha finalmente pudiera recobrar el control de su cuerpo se sentiría mucho más miserable. Su dolor no se compararía al que sentiría él. Como deseaba cambiar de lugares.

-Lo haré Myoga, pero prométame algo.

-Solo dígalo.

-Quiero que no deje solo jamás a InuYasha, que lo anime y que… le diga que… lo amo y que por eso mismo no se debe sentirse culpable, ¡Prométamelo que se lo dirá!-Dijo en un tono desesperado, deteniendo sus piernas para esperar por el hanyou poseído.

-Lo prometo señorita Kagome.

-Entonces vaya ahora a un lugar más seguro-La joven le sonrió amablemente a la pulga y esta le devolvió la sonrisa. Había omitido parte de la historia como era que si InuYasha no sentía lo mismo por ella no podrían desaparecer la espada… Pero era mejor guardárselo para sí. Kagome lo vió saltar de su mano y desaparecer entre la tierra mimetizándose en ella.

-Al fin dejaste de correr perra-Ella levantó el rostro sorprendiéndose al ver a la espada maldita solo a dos pasos de su cuerpo. Respiró muy profundo para dejar su mente en blanco y solo actuar como debía.

-¡InuYasha! ¡Te amo!-Sonrió, eso estaba bien, sabía que él la escucharía.

El hanyou sintió el dolor acrecentarse y hacerle sentirse más miserable. Ese te amo sonaba como a una despedida y no le agradó. ¿Por qué no seguía corriendo? Había pensando que ella había entrado en razón y por eso huía, pero no, la tonta Kagome debía detenerse.

-Que exquisitez, el corazón de este hanyou esta tan destrozado, siento como mis fuerzas se acrecientas cada vez más. El cuerpo poseído alcanzó para agarrar la garganta de Kagome, ella ahogó un grito

-Eso no durará mucho-Murmuró la joven con la barbilla en alto y un rostro desafiante a pesar de la presión con la que apretaba el ser. La katana sintió un leve dejo de temor pero prefirió ignorarlo.

-Adios perra-El cuerpo poseído del hanyou soltó a Kagome para propinarle una bofetada en el rosto, ella se mordió el labio para no quejase, luego la katana maldita alzó la espada. Kagome cerró los ojos dejándose llevar por la decisión que había tomado. Ella pensó que sería rápido pero se equivocó, primero la espada le hizo un leve corte en el brazo para luego patearla en el estómago haciéndola caer.

¡No, Kagome, Kagome corre! InuYasha rugía en su prisión ante la horrorosa visión.

La espada maldita la levantó de los cabellos, Kagome valientemente se aguantó el dolor.

No, no, no, ¡DEJALA, DETENTE! ¡MALDICIÓN NO LO HAGAS HIJO DE LA GRAN PUTA, NO! Eran los gritos desgarrados que InuYasha no podía expresar verbalmente, la espada sintió las nauseas acrecentarse en su ser pero aun así con fuerza y un movimiento rápido enterró la katana directo en el corazón de Kagome. Aunque ella lo intentó fue incapaz de contener el grito de dolor que se escapó de sus labios, así como tampoco pudo contener los gritos que le siguieron. Era tan intenso y tortuoso el dolor que las lágrimas que rodaban por sus mejillas no eran suficientes para expresar lo que sentía. Sintió como su corazón se apagaba, también fue consciente de la sangre fluyendo hacia fuera de su cuerpo como un tormentoso río empapando su ropa, el suelo y también la espada. Su mano lentamente dejó de sostener a Colmillo de Acero, su cuerpo había perdido la fuerza hace mucho ya. Había decidido mantener los ojos cerrados todo el tiempo porque quería recordar para siempre el rostro de su amado hanyou con su sonrisa arrogante y sus ojos brillantes.

Todo empezó a mezclarse y a perder sentido siendo capturada por una gran oscuridad… Adios…InuYasha.

¡No, Kagome, Kagome, no, no mueras, no mueras!

El arma sacó al fin su espada del cuerpo de Kagome, sintiéndose abruptamente sin fuerzas… Esa mujer lo había entendido y él no lo había advertido. El cuerpo inerte de Kagome cayó de espaldas a la tierra con aun sangre brotando desde su interior. Por supuesto ya no respiraba.

¡Kagome, Kagome por favor, MALDICIÓN, MALDICIÓN!

-¡KAGOME REACCIONA!-Gritó, su propio grito lo sorprendió. Recién en ese momento se dio cuenta que las cadenas ya no lo tenían atado en su mente. ¿La espada había perdido su control?

-Fmmm que tonta mujer-Llevó sus ojos a su mano que sostenía la katana negra, la cual ahora estaba bañada en la sangre de Kagome.

-De que mierda hablas, no la insultes-Con sus garras de acero cortó los tentáculos que se habían enterrado tan fieramente en su brazo, la espada inmediatamente cayó al suelo sin oponer resistencia lo que le pareció extraño.

-Jamás pensé que pudiera existir gente que tuviera el desagradable sentimiento de amor por otra persona tan fuerte… pero agggg me equivoqué.

InuYasha se inclinó para tomar el cuerpo sin vida de la joven entre sus brazos. La desesperación lo invadió así como las ganas de llorar. Colmillo de Acero por voluntad propia regreso a la vaina de él, pero el hanyou apenas fue consciente de eso, sus ojos estaban fijos en el rostro sin vida de Kagome. La culpa lo invadió por completo.

-¡Tonta, de que me sirve vivir si no estás a mi lado!-Exclamó con un gemido de tristeza, secó de las mejillas de Kagome las lágrimas que aun quedaban en ellas, sintió como la sangre de la joven manchaba su ropa, el olor de ella ahora era tan fuerte, el aroma que siempre había amado y que jamás se lo había dicho. Él siempre le había deseado contar que la quería tanto como ella a él pero no se atrevió por sus estúpidos temores. Ahora se arrepentía.

Inmerso en su propio agónico dolor ignoró que la espada maldita se desintegraba a su lado y la sangre de Kagome resplandecía convirtiéndose en pequeñas lucecitas brillantes de color violeta que lentamente danzaban sobre los dos para luego caer en Kagome hasta penetrar su piel.

-Eres una tonta, una tonta…-Enterró su rostro en el hueco del cuello y el hombro de la joven-Kagome…

-Inu…Yasha…

¿Su mente le estaba jugando bromas? Se quedó muy quieto esperando.

-InuYasha…

Levantó su rostro para verla a la cara, Kagome tenía los ojos abiertos y lo miraba con una sonrisa dulce. Atónito dejo pasear sus ojos por el pecho de ella. Quedó aun más pasmado cuando vio que ahí no había ninguna herida, ni sangre.

-¡Kagome!-La apretó contra su cuerpo acunándola en su pecho-Pero como… yo vi…

-Considero mi plan un éxito-La pulga Myoga saltó a la nariz de InuYasha-Hola Amo.

-Viejo Myoga.

-Pero Anciano Myoga… me dijiste que moriría…

-Y lo hiciste, solo que omití el final de esto, si no resultaba no quería darle falsas esperanzas.

-Explícate viejo-InuYasha inconscientemente atrajo más a Kagome a su cuerpo dejándola casi sin aire pero ella no dijo nada, le gustaba estar en esos brazos fuertes sintiéndose protegida.

-Como le dije a Kagome, la espada maldita absorbía todos los sentimientos negativos y de tristeza, sin embargo la única forma de acabarla era con el sentimiento que lucha contra eso, el amor-Hizo una pausa para observar y reírse internamente del rostro sonrojado de su joven amo-Como Kagome se sacrificó por usted, la sangre de ella purificó e hizo desaparece la espada, en devolución la naturaleza por ese acto tan noble le concede la oportunidad de volver a vivir.

-¿Por qué no estabas seguro que Kagome lo lograría?-Preguntó InuYasha sonrojándose más cuando la joven le abrazó el cuello.

-Porque si usted no sentía lo mismo por ella entonces no serviría, los dos tenía que desear estar junto al otro de una forma tan fuerte que ese sentimiento puro logrará derrotar a la espada, y así fue, gracias a que usted también la ama.

-Keh, cállate-Kagome rió en su cuello suavemente.

-¡Kagome!-Los tres fueron sorprendidos por los gritos del pequeño zorro que venía corriendo hacia ellos seguidos por Sango y Miroku montándose en Kirara.

-Pero cómo es posible-Murmuró InuYasha alucinado al ver que todos estaban bien.

-De seguro el cálido y noble sentimiento puro también los alcanzó.

-¡Muchachos!-Kagome se apartó de InuYasha para ir directo a abrazar a Shippo.

-Lo consiguió Señorita Kagome-Miroku le sonrió afectuosamente, luego se dirigió a InuYasha para darle una palmadita "amistosa" -Avísame para cuando te den ganas de matarnos de nuevo para estar preparados-Le dijo en broma, InuYasha le gruñó levemente y fingió poner mala cara, pero luego le sonrió dándole un leve combo juguetón en las costillas. Miroku se quejó, a veces InuYasha no sabía controlar su fuerza.

-Me alegra que todos estemos bien-Dijo la joven del futuro-Con todo lo que nos pasa diariamente yo debería ser escritora, de seguro vendería mucho con todas estas historias-Dijo en tono divertido y con una sonrisa relajada… sonrisa que se evaporó al recordar algo relacionado con el escribir.

-¿Kagome estas bien?-Preguntó Sango viendo su cambio.

-¡Mis trabajos! Debo volver a mi época, lo había olvidado, mis exámenes-El temor que la invadió irónicamente fue mucho más grande que el que había pasado minutos atrás. Los exámenes eran el terror de toda adolescente.

-Oye Kagome tú no te vas a ir-Comenzó inmediatamente a decirle InuYasha poniéndose frente a ella con el entrecejo fruncido.

-Claro que sí y te vendrás conmigo.

-Contigo-Él la miró volviéndose a poner sonrojado, casi haciéndole competencia a su Aori rojo.

-Mejor los dejamos discutir solos-Sonrió nerviosamente Sango llevándose con ella de las orejas a Shippo y Miroku que interesados estaban viendo el segundo round donde InuYasha nunca ganaba. Kirara los siguió tranquilamente.

-¿Quieres… que vaya contigo?-Tragó duro sonrojándose más.

-Claro, tienes que pedirle disculpas a mamá por los libros que me rompiste ¿Lo olvidas?-Ella suspiró y puso sus manos en jarra viéndolo con fingida seriedad.

-¿Solo por eso quieres que vaya?-Preguntó con un tono totalmente ofendido y desilusionado. Kagome advirtió eso y dejó de actuar para sonreírle ampliamente, tomó de su mano y la entrelazó.

-Y también porque no me gusta estar sin ti…-Él no pudo evitar sonreír apenas escuchó eso. Una idea vino a su mente.

-Deberías repetir lo que me dijiste cuando estaba siendo poseído por esa tonta espada.

-¿Repetir?

-Si ya sabes… lo que… me dijiste antes de que yo y la espada… te hiciéramos eso-Nervioso desvió sus ojos al suelo…-Disculpa por herirte Kagome…

-Eso no importa.

-¡Claro que sí!

-No, estas aquí conmigo y eso es suficiente-Le dijo ella abrazándolo.

-Kagome…-Él le correspondió el abrazo lentamente-…Entonces repite lo que me dijiste cuando estaba poseído-Pidió con tono arrogante, aunque el sonrojo delatando sus nervios.

-Mmm…. No lo recuerdo-Mintió ella planeando su siguiente paso.

-¡Como no lo re…-Fue interrumpido por los labios de ella juntándose con los suyos en un suave, tierno e inocente beso-Kagome…-Suspiró contra ellos cerrando sus ojos y correspondiéndole al beso.

-Te amo-Susurró ella abrazándolo.

-Te protegeré con mi vida Kagome… cada día de mi vida-Ella esperaba un simple te amo de respuesta pero aquellas palabras valían mucho más. Ella sonrió tranquila, el día no había comenzando perfecto, se había desarrollado peor pero ahora todo eso parecía un lejana pesadilla. Ahí, en los brazos de InuYasha todo era amor.

-Eso no te salvará de la ira de mi mamá-Le dijo ella apartándose con una traviesa sonrisa y jalándolo de la mano para que juntos fueran a enfrentar a la Señora Higurashi quien… seguramente no sonreiría mucho al enterarse de lo que le había pasado a los libros, pero ellos dos eso lo aguantarían porque para una pareja enamorada todo es color de rosa.

Con otro suave beso se encaminaron siendo esperados por sus amigos.

FIN

¡Hola! Bien una nueva historia terminada. Gracias por los comentarios y la dedicación que muchas le ponen cuando me los escriben.

¡Bien! Mi siguiente historia larga se llamara "El rumor del pozo" y será por supuesto una historia diferente de las que ya he escrito, :) me gusta eso de que sean todas distintas entre sí.

Wiii, muchos besos a todos a los que dejan comentarios y a los que no pero que igualmente leen.

¡Nos leemos!

Katys Camui.

(L)