CAPÍTULO III, CASCADA
La luna se presentaba majestuosa, reflejándose en el estanque. Era imposible tocarla, igual que las flores en un espejo, pero eso la hacía tan hermosa, allí en las montañas de LuShan. Le encantaba verla, lo relajaba, igual que la dulce voz de su esposa.
—¿Qué es lo que me tiene tan inquieto? La luna está serena, la noche está calma... ¿Se avecina acaso una tormenta? —se dijo en voz alta el dragón. Tenía largo cabello negro, y ojos tan tranquilos como las aguas del estanque frente al que estaba de pie.
Oyó unos pasos acercarse a su espalda. No le preocupó. Los reconocía tanto como la melodiosa voz que oyó.
—Shiryu, cada vez que me despierto a la mitad de la noche y no te encuentro reposando a mi lado, creo que te fuiste a otra batalla. Me tienes tan mal acostumbrada —le dijo su esposa, caminando con dificultad, apoyándose sobre la espalda de su marido con sus suaves y cándidas manos, sonriendo tiernamente.
—Lo siento, Shunrei. Pero sabes que si no hubiera hecho todo eso, quizás no existiría el mundo como lo conocemos. Y por supuesto... él tampoco nos estaría haciendo tan felices —se volteó para poner su mano en la barriga abultada de su mujer con cariño. Ella se estremeció como siempre lo hacía.
—Lo sé. Pero, Shiryu... presiento algo malo. Mira el cielo, las estrellas están apagadas.
Había perdido la vista en más de una ocasión. Podía sentir que el cielo estaba tranquilo, pero se perdía esos pequeños detalles como el que le presentaba su dulce esposa.
—¿Qué haría sin ti?
—Irte a otra guerra —soltó una tierna risotada, mientras se sostenía el vientre.
Ella le tendió una carta a Shiryu, quien la tomó confuso en sus manos.
—¿Qué es esto?
—Acabo de verla en la puerta. Dime de qué se trata.
Shiryu la leyó en silencio usando la luz de la luna.
—Es de Genbu —su tono de voz se había enfriado totalmente.
—¿Genbu? Hace años que no sabíamos de él. ¿Qué dice? ¿Qué pasa?
—Dice que se enteró de una situación muy grave en Alemania. Parece que un Cosmos sombrío surgió repentinamente allí, cerca del atentado que fue informado. Dice que es peligroso, no sé qué está... ¡¿Quién está ahí?!
Shiryu cubrió instintivamente a su mujer con su brazo, y miró fijamente a un punto en lo alto de la cascada. Un hombre con una armadura negra cortaba con su gran figura la esfera lunar.
—Señor Ludwig... —un hombre de mirada firme, largo cabello verde y una contextura física impresionante, se acercó al hombre de la negra armadura al borde de un risco.
—Ya he dejado ese nombre, Mykene. Ahora soy Mars.
—Señor Mars..., lo siento. Quería saber cuáles son sus planes ahora.
—Me dijiste una vez que querías cambiar al mundo. Athena, la diosa para la cual trabajas, permite que la luz brille para todos, incluso aquellos que no lo merecen. Es injusto. Lo que haré será crear un nuevo mundo, solo para aquellos justos, leales y bondadosos a los que entregaré de mi oscuridad.
—¿Cómo logrará algo así? Suena muy idealista, pero difícil de lograr —Mykene sujetó la joya verde que yacía en su cinturón. Sabía lo que Mars diría a continuación.
—Debo eliminar a aquellos que impiden egoístamente la creación de un mundo mejor. Debo eliminar a Athena y a sus Santos.
—¡Eres el dragón! Dicen que fuiste el que mató al dios del sueño, aquel que logró eliminar dos Santos de Oro hace muchos años. Eso significa que eres una amenaza para el señor Mars —su voz era ruidosa y violenta.
—¡Tu nombre y motivos! —pidió Shiryu. No solía sentir miedo, pero la presencia de su esposa y su hijo en el vientre eran demasiado preocupantes.
—¡Alto Marciano, Relogho de Tarántula! Soy uno de los mejores hombres, el más fuerte del ejército marciano —tenía cabello negro muy alborotado, ojos rojos sangrientos, su armadura tenía lo que aparentaban ser las patas de la tarántula, creciendo desde la espalda.
—¿Mars? ¿Ese es el nombre de nuestro nuevo enemigo? De acuerdo... Shunrei, por favor entra a la casa, tal vez necesite pelear en serio.
—Shiryu...
—¡Un momento! ¡Ja! Esa mujer está embarazada, ¿Cierto? Eso significa que otro de la sangre del dragón nacerá, y puede causar tantos problemas en el futuro como su padre, a menos que no sea alguien vengativo... ¡Pero no puedo arriesgarme! —Relogho saltó y se deslizó en el aire hacia Shunrei, quien llevó sus manos instintivamente a su vientre.
—No lo intentes —Shiryu apareció entre su amada y su enemigo, dispuesto a proteger a la primera a cualquier costo.
—¡REPASO DE HERIDA!
Relogho usó las largas patas de su espalda para atacar a Shiryu. Los apéndices solo lograron tocar sus ojos, y fue todo lo que bastó.
—¡Shiryu! —gritó Shunrei al ver a su esposo caer pesadamente al suelo, con las manos sobre los ojos adoloridos.
—La leyenda era cierta. Tus ojos han sido dañados muchas veces, tu vista ha sido sesgada. Mis patas de tarántula buscan, encuentran y dañan las partes del cuerpo más lastimadas a través de la historia de mi enemigo. Encontró tus ojos. ¡Es hermoso, no podrás ver a tu bebé sonreír jamás!
—DRAGON VOLADOR DE LUSHAN!—Shiryu se arrojó contra su enemigo como un bólido a pesar de sus heridas. Relogho estuvo a punto de ser aplastado por ese poder, pero Shiryu falló y chocó contra un árbol, derribándolo al instante.
—Si me hubieras dado con eso, podría haber sido fatal. Qué lástima que no puedas ver. Como sea, dime, ¿Cuál es la segunda parte de tu cuerpo más dañada? Espero que sea algo fatal, ya que me gustaría deshacerme de un futuro posible problema —Tarántula miró maliciosamente a Shunrei, quien soltó una lágrima.
—¿Quién es Mars? Me gustaría saberlo antes de seguir luchando.
—Vas a perder, dragón.
—¡¿Quién es Mars?! —repitió Shiryu iracundo.
—El rey del nuevo mundo. Jamás volveremos a sufrir con él al mando. Ni hambre, ni dolor, ni tristeza. Incluso yo podría disfrutarlo, me encargaría de todo aquel que perdiera el rumbo seguido por el señor Mars. Y los primeros serán los guardianes del Santuario: Los Santos de Athena.
—¡Dragon Cloth!
La armadura esmeralda salió del fondo de la cascada y cubrió el cuerpo de Shiryu. El puño con cabeza de dragón estaba en su brazo derecho, y el escudo más fuerte del mundo yacía en el izquierdo. El Santo de Bronce Noble, Dragon Shiryu.
—Por más armadura que uses, no podrás vencer al Señor Mars. Te acabaré antes de que llegues a su posición.
—¿Va al Santuario?
—Aún debe reunir a su ejército. Roma es el centro, me encantaría conocer ese lugar, así que me desharé de ti rápido, y luego de tu mujer e hijo.
El Cosmos de Shiryu empezó a hervir de repente. Tarántula no pudo contener un creciente miedo, sin entender la razón.
—¿Por qué? ¿Por qué hay gente que se esfuerza por hacerme enfadar? Puedes hacerme lo que quieras, ¿Pero a Shunrei y mi hijo? ¿Por qué tuviste que nombrarlos? ¿Para qué intentarlo? —Aunque con los ojos cerrados, se podía sentir la mirada furiosa del dragón.
—Pobre tonto arrogante, te mostraré el poder bruto de la oscuridad ¡HERIDA A PRESIÓN! —con su puño lanzó una descarga de energía que Shiryu esquivó fácilmente. Pero pudo notar que él no era el objetivo.
El ataque iba directamente a la inmóvil Shunrei.
—¡Shunrei! —Shiryu pateó el suelo a pesar de no ver la situación. Un segundo golpe, un Repaso de Herida, lo lastimó en el pecho, empezando a hacerlo sangrar. Sin embargo, su patada hizo saltar una roca que desvió levemente el ataque, el cual rasguñó a Shunrei en la cara y la derribó en el polvo.
—Muy bien... veo que tu pecho ha sido dañado muchas veces. Pero dime, ¿Cuántas veces habrá sido herida tu mujer? Llevo la cuenta de una vez con mi Herida a Presión en la cara.
Shiryu tenía la cabeza gacha, pero su Cosmos se incrementaba más y más a pesar de que la hemorragia bajo su peto no se detenía.
—Una vez. Solo una vez me han hecho enfadar y, tal como dijiste antes, ese hombre terminó en el fondo de un abismo oscuro. Te mostraré por qué no hay que tocar lo más preciado para el dragón ¡Te mostraré por qué no hay que hacerme perder la calma!
—¿Qué pasa? —El Cosmos de Shiryu se transformó en una lluvia que golpeó ligeramente la cara de Relogho. Un dragón surgió e invirtió el flujo de la Gran Cascada. Shiryu tenía preparado ya su puño derecho, en posición para elevarlo como un gancho.
—¡DRAGON ASCENDENTE DE LUSHAN!
—¿Shiryu?
—Debo ir, Shunrei. Por el bien de ese niño y de ti, debo eliminar a Mars. Tenías razón, la oscuridad se acerca. Genbu estaba en lo correcto también. Buscaré a los demás, derrotaré a la oscuridad, a los Marcianos y Altos Marcianos, y traeré la luz nuevamente al cielo estrellado.
—Shiryu. Esta vez no es solo por mí. Debes volver por él también. No quiero pasar más noches sin ti a mi lado, sin saber si vas a sobrevivir o no...
—Shunrei...
—O si quedarás ciego otra vez —hacer reír a Shiryu era algo difícil, pero una carcajada tan dulce de seguro era algo que el dragón quería compartir con su esposa otra vez.
—Volveré por ti. Y por Ryuho.
