Nada de esto debió haber sucedido

- Dos trabajadores de la Cruz Roja, activos en la región, han sido secuestrados por soldados del Norte – informó uno de los Tenientes de la división encargada de las guerrillas inmiscuidas en Ba Sing Se -. Este es el edificio donde los rehenes son sostenidos – indicó apuntando la zona geográfica en el proyector -. Un equipo entrará desde el noroeste y el otro desde el sudoeste.

La información fue concisa, ahora venía la acción.

Diez minutos más tarde, Mako abrió rápidamente una de las puertas del edificio, permitiendo la entrada de Bolin y Korra, mientras los demás ingresaban por las puertas laterales hacia las demás habitaciones, inspeccionando minuciosos el área, preocupándose de que ningún rebelde interfiriera con su misión de rescate.

- ¡Despejado! – gritaron, haciéndoselo saber a la líder del equipo.

Tienen 90 segundos para completar la misión – seguía sonando en la cabeza de Korra, quien preocupada estaba atenta al más mínimo movimiento mientras ingresaba a una amplia bodega llena de cajas apiladas, siendo respaldada por todo su equipo detrás de ella.

Ocultos por las cajas se encontraron en uno de los bordes de la habitación. Ése lado estaba despejado, pero tenían que cruzar por un lugar expuesto para ir hacia el otro lado del edificio. Era demasiado arriesgado, tenían que evaluar muchas cosas antes de exponerse. Pero no tenían tiempo.

Meelo hizo su movimiento, adelantándose al grupo, pero antes de que Korra pudiera procesarlo, observó un brillo a pocos centímetros de los pies de su soldado. Cuando su mente tradujo que eso era un hilo de metal, la trampa ya estaba siendo activada.

- ¡No! – gritó

Apenas se cortó el hilo explosiones alrededor de ellos los ensordecieron temporalmente. Humo y una potente luz llenó todo el lugar, mientras las pesadas cajas caían sobre ellos, y aturdidos buscaban ocultarse para sobreponerse a la situación y atacar de inmediato.

Cuando el humo y el polvo se disolvió, Korra emitió un largo suspiro de frustración. Dejó su arma en el suelo y se quitó su casco protector.

- Operación fallada. Todas nuestras tropas y aliados están muertos – murmuró desganada. El simulacro había fallado.

- Era una trampa doble ¡¿No te puedes concentrar apropiadamente?! – le gritó Mako a Meelo enfadado

- ¡Lo- lo siento! – respondió Meelo profundamente avergonzado

Un cuchillo rápidamente cruzó la bodega, yendo a impactarse a una caja ubicada centímetros del rostro de Korra, llamando la atención de todo su pelotón.

- ¡Mujer! ¡¿qué estás haciendo?! – le gritó el Capitán del otro pelotón, desde el otro lado de la habitación - ¿Qué tal si tú y tus niños exploradores regresan a su ciudad y entrenan en la cocina horneando para sus madres?

Aquel comentario hizo reír a todo su equipo, mientras que los de Korra los observaban molestos.

Korra tranquilamente cogió el cuchillo que le habían lanzado, mientras lo daba vuelta en sus manos, observándolo.

- Tsk… Si te pones así, voy a tener que rebelarme otra vez – comentó distraída, y apenas terminó de decirlo arrojó el cuchillo directo entre las piernas del otro capitán, asustando a todo el equipo contrario.

El alto capitán la observó furioso, y de inmediato se llevó una mano a su cinturón, sacándose las armas que tenía ceñidas a su cintura. Por el otro lado, Korra ya se había despojado de su chaleco antibalas y sus armas, y se dirigía enfadada a hacerle frente.

Cuando estuvieron a pocos metros, el capitán sin esperar le arrojó un golpe directo al rostro, pero Korra fue más rápida y se arrojó directo hacia su torso, empujándolo contra las cajas, desordenando una gran pila que fue a caer justo sobre ellos. Pero eso no le importó ni hizo suficiente para disminuir la ira que Korra expresaba en sus ojos. Poniéndose a horcajadas sobre él, agarró al capitán del cuello de su chaqueta militar y comenzó rápidamente a propinarle golpes en su rostro. Pero sólo con eso el capitán no se iba a rendir, no sin dar la pelea. Reponiéndose, él cogió a Korra también del cuello de su chaqueta y le dio un fuerte golpe en la mandíbula que la mandó a volar hacia atrás.

- ¡Si! ¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea! ¡Pelea! – comenzaron a gritar los del otro pelotón

El capitán se levantó y fue hacia a Korra, quien se encontraba confundida en el suelo, de inmediato una patada en su estómago la regreso a la realidad. Cuando el capitán retrocedió tomando impulso para caer pesadamente contra ella, Korra rodó por el suelo y de inmediato con sus manos se agarró de una de las piernas del hombre, haciéndolo perder momentáneamente el equilibrio para aprovechar de patearlo en el muslo con su otra pierna, haciéndolo caer al suelo, junto a ella.

En el suelo, el capitán observó hacia una de las esquinas y de inmediato se arrastró hacia ella, se levantó y cogió lo que había ido a buscar: un pesado fierro de metal. Apenas lo tuvo entre sus manos se volvió hacia la morena a golpearla, pero ella era ágil y lo esquivó sin dificultad, mientras intentaba asestarle un golpe al hombre.

- Si la dejamos seguir ¡la Capitana morirá! – dijo asustado Meelo a Bolin, quien observaba tranquilo la situación. Al no tener respuesta, dio unos pasos, listo para ayudar a su líder, pero Bolin lo detuvo.

- Podría morir o podría matar – le dijo el Sargento, confundiendo al soldado -. Cuando los soldados de distintos equipos aliados se encuentran por primera vez, ellos apuestan una pelea para tener acceso a las habilidades de cada uno. Es para descubrir si la otra persona tiene lo necesario para resguardar su espalda cuando su vida esté en peligro durante una batalla – explicó Bolin mientras observaba como Korra y aquel Capitán seguían teniendo su lucha, esta vez dándose golpes en todo su cuerpo con sus manos y pies.

- Este no es un combate, es una pelea de verdad – le comentó Mako -, no es una lucha para que te entrometas.

Si bien Korra no podía competir contra la fuerza bruta de aquel alto y gran hombre, su velocidad y capacidad analítica eran superiores, no por nada era una renombrada mujer que tenía a todo un equipo de fuerzas especiales bajo su mando. Ella había demostrado ser competente en el cargo, con creces. Tanto en su habilidad física como mental, y ahora lo estaba demostrando, bloqueando cada uno de los golpes que le daba el otro capitán, resistiendo sin quejarse de las patadas que le llegaban a su estómago, esquivando y rodando con rapidez para correr rápidamente hacia el hombre y golpearlo en puntos clave, desorientándolo, profiriéndole dolor, dañando sus músculos, su rostro.

Ya habían caído varias veces al suelo, pero ninguno de los dos parecía rendirse. Korra con una mano cogía al hombre de la muñeca, bloqueando su brazo derecho, mientras que con el antebrazo golpeaba al capitán en el mentón. Este para impedir el ataque ahora se encontraba dándole cabezazos a la morena, quien desafiante no quería ceder ni perder un centímetro de dominancia en aquella batalla.

Cuando los golpes, las heridas abiertas y sangrantes y el cansancio comenzaban a pasarles la cuenta en sus cuerpos, escucharon un silbido acercarse rápidamente a ellos. Era el teniente con un pequeño grupo, que de inmediato se pusieron a cada lado de ellos, mientras ellos seguían sosteniéndose de los cuellos.

- ¡Sepárense! – les ordenó

No querían hacer caso, y debido a eso el escenario cambió: ahora unas armas eran apuntadas contra sus cabezas, obligándolos a soltarse.

- Capitán de la fuerza delta, Roku – dijo con tono áspero el teniente.

- ¡Sí, señor! – respondió el aludido

- Capitán de la fuerza alfa, Gran Avatar

- ¡Sí, señor! – respondió Korra

- ¡El descanso ha terminado! ¡Muevan sus traseros ahora! – gritó enfadado el Teniente - ¿Alguno de ustedes tiene un problema con eso?

Korra y el otro capitán se observaron, aun enfadados y agitados, y de inmediato se volvieron hacia el Teniente

- ¡No, señor! – gritaron al unísono

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- Ah… cuando me estaba enfrentando en la tesis, exponiendo el caso de un paciente para pasar el internado, no estaba tan nerviosa – comentó Asami, observándose al espejo del baño, en compañía en Katara -. Pero esta vez fue realmente estresante. Ni siquiera recuerdo cuáles eran las preguntas que me hicieron

- ¿De qué te quejas? Vas a conseguirlo de todas maneras… ¿crees que te rechazarán? – comentó esto último Katara, poniendo nerviosa a propósito a Asami

- El jefe dijo que, de todos los postulantes, yo tenía más puntos en la revisión de solicitud

Asami suspiró, a pesar de todo estaba nerviosa.

En ese momento al baño de mujeres ingresó una sombría y sofisticada mujer, que expelía un aire de desprecio hacia las dos doctoras que se encontraban ocupando el recinto.

- Oh, doctora Mai ¿tienes una cita a ciegas hoy? – comentó irónica Katara, haciendo énfasis en su estrafalaria vestimenta, desentonando totalmente con el uniforme médico.

- Tenía una entrevista. Fui la segunda persona después de Asami – dijo con su inexpresiva voz mientras se arreglaba el cabello.

Katara a través del espejo le dio una mueca de sorpresa a Asami, quien la observó abrumada, intentando no demostrar lo confundida y aterrada que estaba frente a esa despreciable mujer.

- ¿Te fue bien en tu entrevista? – le dijo Mai observándola de frente - Él no preguntó mucho ¿cierto?

- ¿No te preguntó mucho? – le respondió Asami con aire de sorpresa – Quizás él debió haber pensado que no había mucho que preguntar, ya que no hay mucho que tú puedas entender – dijo con un tono ácido.

Mai se rió complacida, observando con desdén a Asami

- Oh, no había razón para hacer más preguntas – dijo divertida -. Es mejor que me vaya, tengo una cirugía.

Cuando la desagradable mujer salió del baño, Katara emitió un resoplido enfadada.

- La entrevista que ella mencionó, era para convertirse en profesor, como tú ¿verdad?... Ella ¿quién falló en el examen de certificación dos veces?

- Fueron tres – corrigió Asami

Momentos más tarde, Asami y Katara junto a otras enfermeras se encontraban en el quirófano esperando a que llegara el doctor principal cuando la doctora Mai atravesó sonriendo las puertas dentro de la estéril habitación. Asami la miró con extrañeza, sin ocultar la molestia en sus ojos, lo único desprotegido de su rostro.

- ¿Ahora incluso no sabes encontrar la correcta sala de operación? – le preguntó Asami a través de su mascarilla – Esta es la cirugía del Profesor Pakku…

- El director cambió de manos. Ahora yo seré el cirujano principal en su lugar, y tú serás mi asistente.

Las enfermeras Suki y Jinora se observaron preocupadas, dirigiéndose hacia Asami. Ellas les eran fieles a ella, pero cuando estaba comprometida la vida de un paciente no había mucho lo que podían hacer. Aun así, estaban esperando alguna respuesta por parte de Asami.

- ¿Qué están haciendo? – les preguntó Mai

- La tasa de respiración no muestra ningún problema. El electrocardiograma tampoco – comentó otra enfermera, apurándose a contestar la pregunta que no había sido formulada para ella, sino que era para sus taciturnas compañeras.

- Bien, vamos a comenzar… Bisturí – pidió Mai

Mientras lentamente abría el abdomen del paciente, Asami asintió con su cabeza hacia sus amigas, que la observaban preocupadas desde el otro lado de la mesa de operaciones. Observó concentrada a Mai, desconfiaba completamente de ella y de sus cuestionables habilidades. Por un momento se alegró de tenerla aquí junto a ella, así por lo menos podría monitorear todo lo que ella hacía, evitando poner en riesgo la vida del paciente. Si, podría encargarse de ello, pero había algo en su mente que le molestaba, algo de lo que había dicho. No era posible que hubiesen elegido a Mai por sobre ella.

- Noté que has organizado la tesis del director, otra vez – le comentó Mai sin sacar sus ojos o sus manos dentro del paciente.

- Noté que le compraste un nuevo reloj, otra vez – le respondió Asami, ayudándola desde el otro lado de la mesa, sosteniendo los tejidos para dar mejor visibilidad.

- Cada vez que él escribe algo, tu tratas de obtener atención favorable.

- No la consigo tanto como cada vez que tú le comprar un reloj, quiero decir, yo no estoy siempre en su muñeca, gritándole mi nombre cada vez que quiere consultar la hora – le dijo dándole una rápida mirada, observando su desagrado en sus ojos -. Yo solo obtengo mi reconocimiento por mi talento.

De repente el agudo sonido que indicaba el palpitar del corazón comenzó a volverse más rápido, mientras desde una máquina, una alarma comenzaba a sonar, indicando que algo malo estaba sucediendo con el paciente.

- ¿Qué estás haciendo justo ahora? ¿qué tocaste? – le preguntó alarmada Asami

De uno de los contenedores del recuento sanguíneo, abruptamente comenzó a llenarse de una sangre espesa y oscura.

Si, algo había salido mal.

- Es una tensión por neumotórax. Necesitamos hacer una descomprensión con una aguja – analizó rápidamente Asami -. Aguja de calibre 14 – pidió

- Yo soy el cirujano a cargo. Yo lo haré – la interrumpió Mai, llamando la atención de todos los que llenaban aquella sala.

- Entonces apúrate y hazlo – le dijo cortante Asami.

- Am… deme una aguja de calibre 14 – dijo, sin poder ocultar la vacilación de su voz.

Mai enterró la aguja en uno de los costados del pecho del paciente. Sus manos temblaban, pero ella quería seguir con eso. Cuando sintió que la aguja había ingresado más hacia adentro, avanzando sin dificultad por los tejidos de la piel, sacó el pistón que había en su centro. De cierta forma, la aguja funcionaba como un tubo que servía para descomprimir las áreas tensas, y cuando Mai abrió ese tubo, de inmediato un potente chorro de sangre salió expulsado, manchando la bata y mascarilla de Asami.

- ¡¿Qué estás haciendo?! – le gritó Asami - ¡Denme un tubo torácico 28 francés! – pidió a las enfermeras


El quipo alfa avanzaba seguro y confiado por las oscuras habitaciones de aquella casa, resguardados bajo el velo de la oscuridad. Sin que nadie se hubiera dado cuenta, ya habían cargado con dos soldados enemigos en silencio, atentos al inminente fuego cruzado que con seguridad esperaba a desatarse entre ellos.

La experiencia en los distintos campos de batalla jamás le había quitado aquella sensación de éxtasis que sentía atorado en la parte alta de su pecho, como si estuviese a punto de írsele por la garganta para asfixiarla, pero le encantaba. Sentía como se esforzaba por tener su respiración calmada, debía hacerlo, debía darle la seguridad a todo su equipo, pero jamás podría ocultarse a sí misma como su corazón corría frenético en su pecho, como si estuviese a punto de darle un paro cardíaco. Aun así, eso era un recordatorio de que ella estaba viva.


- Carga de 200 Joules

- Carga lista – decía una enfermera, preparando el carro de reanimación

- Despejen – advirtió Asami


- ¡Fuego! – gritó Korra

Las luces del fuego de los cañones de las armas destellaban ruidosamente acompañado de un gran estruendo que resonaba en el ambiente. Una tormenta se había desatado en aquel lugar, con truenos y relámpagos bajo techo, con gritos y alaridos haciendo eco entre las paredes, mientras Korra y su equipo intentaba avanzar lo más rápido posible para liberar a los rehenes. Debían apurarse, esta vez sin fallas. Esto no era un simulacro como el de antes.


- Otra vez. Carga de 300 Joules

- Listo – respondió Jinora


Observaba la luz blanca, al final del túnel delante de ella. Allí era, es el camino que se supone debía seguir, pero no quería cruzar aquella puerta. Aun no, era demasiado pronto.

Optó por un camino alternativo.

Entró a una de las habitaciones contiguas y saltando veloz por una ventana, ingresó a la habitación objetivo, cayendo de lleno sobre uno de los enemigos, inmovilizándolo y usándolo de escudo humano mientras desenfundaba su arma y disparaba a los demás sujetos en aquella habitación.

Justo cuando uno de ellos amenazaba con asesinar a uno de los rehenes, Bolin apareció junto a ella. Había hecho su mismo recorrido, también escéptico a la idea de cruzar la puerta.

La habitación en segundos estuvo despejada, y en ese preciso y corto lapso de tiempo la puerta se abrió bruscamente. Korra y su equipo se volteó rápidamente apuntando a los invasores, cuando se dieron cuenta que solo se trataba del equipo delta. El capitán Roku junto a su equipo bajó sus armas, aliviado, y estaba por dar un paso hacia Korra cuando ésta disparó a centímetros de sus pies, evitando que siguiera avanzando. Eso volvió a encender los ánimos en la habitación, de nuevo todos estaba apuntándose. Cuando el capitán observó a Korra, esta se llevó dos de sus dedos hacia sus ojos y de inmediato apuntó hacia la pared junto a ellos. El capitán dirigió su vista hacia donde ella indicaba y advirtió una pequeña batería oculta. Se trataba de una bomba. Si ellos hubieran avanzado de seguro estarían muertos. El capitán sonrió aliviado, dándole una sincera expresión de agradecimiento a la morena.

Korra asintió alegre con su cabeza. Observó a su equipo, no había habido ninguna baja, ni siquiera un herido. Todo había sido un éxito. Al fin podría dejar de expulsar adrenalina por su sangre.

- Aquí Gran Avatar. Misión cumplida. Los rehenes están a salvo – dijo por el intercomunicador de su oído.

.


- La presión sanguínea y el pulso están normales – dijo sonriente una enfermera en la sala de quirófano

- Afortunadamente hemos manejado las complicaciones – dijo Asami, respirando tranquila por primera vez mientras cerraba el cuerpo abierto del paciente -. Termina tú

- Eso haré – respondió Mai, con su pecho agitado, claramente abrumada de todo lo que le había tocado presenciar.

Asami salió molesta de la habitación. Apenas estuvo fuera del lugar, apresuradamente se quitó sus ensangrentados guantes y mascarilla, arrojándolos con fuerza al contenedor de desechos especializado para ello.

- ¡Si tus manos son lentas, practica! – dijo enfadada mientras desabrochaba su delantal azul - ¡Si tu cabeza es lenta, estudia! ¡o deja que otros controlen la situación! ¡¿por qué demonios está siendo tan codiciosa cuando ni siquiera puede manejar una simple operación?! – gritó deshaciéndose de la sucia vestimenta del pabellón.

Cuando terminó, Asami resopló molesta. Katara había presenciado toda la escena de frustración de Asami, y no sabía cómo consolar a su amiga.

- Estuvo muy estresante hace un momento… Trabajaste muy duro hoy

- Tú también – le respondió Asami, un poco más tranquila. De inmediato se agachó para hablar a la pequeña panza que se estaba formando en su amiga -. Tú también trabajaste duro hoy, pero ¿qué le ocurrió a tu madre que le dio por acompañarme a operar? ¿la soltería le está haciendo mal? – le dijo al bebé que llevaba Katara en su interior.

- Ya no – le respondió sonriente Katara mientras metía una mano en su bolsillo y sacaba de él un hermoso anillo de compromiso, extendiéndoselo a Asami, mostrándolo con una radiante sonrisa en su boca.

Asami se levantó adoptando una suave y tierna expresión en su rostro. Estaba feliz, pero en seguida agudizó sus ojos.

- Tsk, mírate, siendo tan feliz… Ah, ustedes dos ¡en serio son…! - la recriminó falsamente molesta -. ¿Él se te propuso?

- Si. Tenemos anillos de pareja – le respondió sonriente Katara. En ese momento justo iba pasando su futuro esposo por el pasillo, y él en cuanto la vio emitió una tierna sonrisa. Asami se estaba ahogando, tanta luz y ternura en el ambiente amenazaban con darle un ataque al páncreas de la diabetes que le estaban causando.

- ¡Oh, cariño! – dijo Aang mientras se acercaba a ellas -, ¿la operación salió bien?

Katara solo asintió, contenta de verlo. Sus ojos se perdieron en los del otro, y repentinamente Asami sintió que estaba sobrando.

- ¿Se están divirtiendo? – los interrumpió luego de unos momentos en silencio.

De inmediato Aang se acercó a ella, agachando un poco la cabeza.

- Asami, escuché que tenía algo que decirme en privado

- ¿Qué? – le preguntó sorprendida, y tarde captó la urgencia escondida en los ojos y en las muecas que le estaba dando Aang para que ella dijese que si -. ¡Oh! ¡Sí! ¿Nos das permiso, Katara?

- ¿Sobre qué se trata? – preguntó sin enterarse Katara

- ¡Sobre un paciente! – respondió Aang -, y la información entre ellos es privada entre los doctores

- Oh – respondió Katara – yo soy un doctor, puedo ayudarlos en una interconsulta. Díganme ¿de qué trata?

- Oh… no… es confidencial entre nuestras especialidades – se apuró a contestar Asami, ayudando al afligido Aang

- De acuerdo. Entonces, trabajen duro – respondió con dificultad Katara, observándolos sonriente a los dos, mientras lentamente se daba la vuelta para dejarlos solos.

Se despidieron ambos sonriéndole a Katara. Cuando ella ya no estaba cerca, Asami se volvió preocupada hacia Aang, quién rápidamente adoptó una expresión de terror y culpa.

- ¿Qué? ¿qué otra vez? – preguntó asustada Asami en cuanto vi el rostro de Aang

- ¡Perdí mi anillo! – dijo mientras se agachaba hacia el contenedor de la ropa sucia, buscando por todos lados -. Antes de la cirugía de la mañana, definitivamente lo puse en el bolsillo de mi pantalón ¡pero ahora no está ahí!

Asami lo observó con el rostro enfadado.

- En verdad eres un estúpido sin descanso, Aang – lo retó

- No creo que haya entrado en el estómago del paciente durante la cirugía, ¿verdad? – le preguntó observándola a los ojos. Asami abrió la boca sorprendida. Eso sería terrible.

Como loco, Aang volvió a buscar en aquel contenedor, introduciéndose hasta el torso, buscando y rebuscando entre la ropa sucia.

- ¡¿Qué?! ¡Eres un…! - alcanzó a decir mientras se acercaba a golpearlo, pero un ruido que hizo Aang la detuvo.

- ¡Lo encontré! – dijo alzándolo emocionado entre sus dedos - ¡Estaba en el bolsillo de la bata!

Asami suspiró. Aquel joven siempre la asustaba con sus acciones.

- Acércate – le dijo amenazante, mientras levantaba empuñando una de sus manos.

Aang le dio una nerviosa y agradecida sonrisa, y de inmediato desapareció corriendo por uno de los pasillos. Asami sonrió, en verdad amaba a esa pareja de amigos enamorados.

.

.

El turno había terminado. Era temprano por la mañana cuando Asami salía hacia la sala de espera del hospital, sin su traje de doctora. Relajada, cómoda, vistiendo solo unos jeans azules y una holgada polera blanca, mientras una cola de caballo recogía todo su pelo. Estaba completamente cansada, destruida sería la mejor definición para el agotamiento físico y mental que sentía por todo su cuerpo.

Avanzaba arrastrando sus pies cuando la voz de su amigo la llamó

- ¡Asami! – era Aang - ¿ya comiste?

- No, tengo el día libre así que me iré a mi casa. No me llames, escribas ni me intentes contactar. Desde este momento solo descansaré. No responderé

- ¿Ocurre algo? – le preguntó

- Si, una cita – se volvió hacia él Asami, sonriéndole.

- No vas a ir a ella en ésa pinta ¿verdad? – dijo Aang, sonriendo, pero Asami continuó avanzando - ¡No deberías! ¡Eres un peligro público para la moda! – le gritó, pero Asami solo se despidió haciendo un sucio gesto con uno de los dedos de sus manos.

Cuando salió hacia el exterior pudo sentir la luz inundando el ambiente. Por eso ella creía que era tan pálida, por pasar todo el tiempo dentro de ese gran hospital. No le extrañaba que siempre oliera a alcohol etílico o a desinfectante, o que incluso su orina saliera casi estéril y limpia de ella cuando iba al baño. El hospital la consumía completamente.

El calor en sus mejillas se le hizo agradable. Lentamente cerró los ojos para disfrutar de aquella caricia, para escuchar a lo lejos los pájaros cantar en los árboles cercanos a la entrada, ajenos al ajetreo médico. Agradeció estar viva, agradeció de poder disfrutar, aunque sea unas pocas veces eso, que casualmente siempre ocurría cuando estaba agotada luego de una exhaustiva noche de urgencias.

Aun con los ojos cerrados, levantó sus manos uniéndolas sobre su cabeza, y estiró su delgado torso, moviéndolo hacia los lados, dando círculos con su cuello, sintiendo un placentero alivio en sus músculos y tendones agarrotados. Llevó la cabeza y su torso hacia atrás, alzando bien alto sus manos, y cuando volvió a la posición normal de su cuerpo, abrió los ojos.

No supo cuánto tiempo había durado todo eso, pero si sabía que lo había disfrutado y ahora, abruptamente, se encontraba observado aterrada y sorprendida como delante de ella estaba apoyada en una de las puertas de un auto, aquella inconfundible morena de ojos azules, sonriéndole abiertamente, completamente divertida con todo lo que había visto.

De inmediato Asami cubrió su rostro con sus brazos, totalmente avergonzada.

- ¿Ha estado bien, doctora? – le preguntó Korra, con su encantadora voz.

- ¿Qué estás haciendo aquí? – le preguntó aun ocultando los ojos entre sus brazos -, todavía quedan dos horas para nuestra cita. No estoy equivocada ¿verdad?

- Vine temprano – le dijo Korra, acercándose a ella -, porque tener a alguien a quien esperar es mejor de lo que pensaba

- Aun así ¡nadie viniste dos horas más temprano! – le respondió alterada Asami

Korra a solo un metro de ella intentó buscarle la mirada, pero aquella hermosa doctora parecía rehuirla.

- ¿Por qué evita mis ojos? – le preguntó Korra.

- Eso es porque mi confianza ha bajado… en este momento no estoy bien maquillada – le respondió avergonzada Asami -. Iba a ir a casa a bañarme y cambiarme de ropa, para luego salir.

- Pero si ya es hermosa – le dijo Korra

- ¿En verdad? – Preguntó dudosa. Aunque ella ya lo sabía, era importante escuchar aquello de Korra. La morena solo asintió ante su pregunta -. Me preguntó a qué te refieres… ¿es porque mi ser interior es hermoso? – intentó buscar otra posible explicación antes de dar por hecho lo que ésa morena le dijo. Sin ilusionarse.

- Vamos, entra al auto. Iremos a casa si es lo que quiere hacer.

- Supongo que solo mi alma era hermosa… – dijo Asami antes de pasar a través de Korra para ingresar al auto.

La morena rió sonoramente. Le estaba encantando cada nueva actitud que descubría de Asami.

En pocos minutos llegaron a un pequeño departamento, limpio y ordenado.

- Entra. Está todo ordenado. No tengo mucho tiempo para ocupar las cosas en verdad – le dijo Asami mientras ingresaba a casa.

- Permiso…

- Eh… me daré una rápida ducha y saldré – le dijo Asami -. Y… no he comido nada aun así que tengo mucha hambre ¿puedes pedir comida y así comemos juntas?

- Oh… quería invitarte a una comida más elegante – le dijo Korra levantando los hombros

- Deja de tratarme así – la interrumpió Asami

- ¿Así cómo?

- "Usted y ésas cosas". En la primera cita ya me viste casi sin maquillaje y hasta te invité a mi casa. Eso dice que deberíamos ser más cercanas ¿no es así?, además yo te he tuteado desde el inicio.

- Si... – sonrió Korra -, pero eso era porque pensabas que era una horrible persona que en sus días libres se encargaba de apalear a chicos débiles y problemáticos.

- Disculpa por ello…

- Oh, está bien. Gracias a eso he avanzado tan rápido en esto. Ahora que sigue ¿iremos a conocer a tus padres? – bromeó Korra, haciendo sonrojar a Asami – Hahahaha, tranquila, estaba bromeando. Toma todo con calma, solo somos dos chicas que se divierten pasando el tiempo juntas. ¿Está bien si pido comida a domicilio? – preguntó Korra, cambiando de tema.

- Cla-claro – respondió Asami – Los folletos están en el refrigerador. Por favor, te encargo eso – le dijo apuntando la cocina mientras ella se dirigía al baño.

Luego de que Korra terminara de pedir la comida y le hubiera dado la ubicación al repartidor, guiándose de la dirección de la casa de Asami en una de las cuentas de luz que tenía pegadas en el refrigerador, Korra observó todas las imágenes y mensajes que ella tenía pegados en su él. Cuando estaba viendo una de las fotos en que estaba ella con las enfermeras que había visto, fue cuando notó una notificación de la compañía de agua "Noticia de corte de agua temporal", leyó.

Asami se estaba quitando el jabón del cuerpo. Se sentía tan limpia y fresca. Solo le faltaba su largo cabello. Así, mientras dejaba el agua correr por su cuerpo, puso en una de sus manos un poco de champú, y cerrando los ojos para que éste no ingresara en ellos comenzó a frotar y masajear su cuero cabelludo, sintiendo el agradable olor del este inundar sus narices. Amaba esos momentos, le encantaba sentirse limpia y perfumada. Pero de pronto algo la comenzó a molestar. El agua se estaba volviendo fría, demasiada fría. Asustada abrió los ojos, ignorando que tenía champú en ellos y rápidamente emitió un grito de dolor, cerrando los ojos. Cuando se sobrepuso al agudo dolor rápidamente con sus manos buscó a tiendas el chorro de agua para enjuagar sus ojos, pero ya no había ningún sonido de ella. Ya no estaba.

- Por todos los espíritus… ¿qué significa esto? – dijo mientras abría y cerraba la llave, pero nada sucedía.

Rápido abrió la cortina de su bañera para coger la toalla cerca de ella y limpiar sus ojos de los restos de champú que la lastimaban. Cuando lo hizo observó lo que estaba ocurriendo, comprendiendo de inmediato. Ella estaba desnuda en su baño, con champú en su cabeza, sin agua con que enjuagarse y afuera había una atractiva chica esperando por ella.

- Mierda. Debes estar bromeando…

Korra estaba sentada en la pequeña mesa americana de la cocina cuando Asami apareció vestida y con una toalla envolviendo su cabeza.

- Ah, es tan refrescante darse una ducha luego de un largo día de trabajo – dijo acercándose a Korra, quien la miró con el ceño fruncido.

- ¿Alcanzaste a bañarte? ¿Tu cabello también? – le preguntó, mirando la toalla enrollada sobre ella. De inmediato le acercó un papel a sus manos, el cual hablaba del corte programado de agua.

Asami la miró con cara de nada y de inmediato se dirigió a su refrigerador, del cual sacó dos botellas de agua y se dirigió rápido al baño.

Korra observó divertida la situación y se apuró a seguirla.

- El agua debe estar fría ¿quieres que la hierva?

- ¡No, olvídalo!

- ¿Olvidarlo? ¡Escuché tu grito en el baño Asami! Además ¡tienes los ojos rojos! a menos que te hayas estado drogando en secreto, de seguro te ingresó champú a los ojos… en serio ¿no quieres que te ayude a enjuagar tu cabeza?

Pero Asami ya había ingresado avergonzada al baño, cerrando de un portazo la puerta, dejando a Korra riendo alegremente frente a las acciones de la pálida mujer.

.

Estaban en silencio, recostadas sobre cojines en el pequeño living de Asami, comiendo en aquella baja mesa de centro que tanto había insistido Asami en ocupar. Korra aun sonreía mientras que Asami comía su comida sin saborear realmente el platillo, molesta y avergonzada consigo misma. Absolutamente esa no era la primera impresión que quería haber causado en Korra. De repente la morena se encargó de romper el silencio.

- Estoy curiosa, me preguntaba-

- No seas curiosa – la cortó Asami, preocupada de que se burlara de ella

- ¿Sabes lo que voy a preguntar?

- Tu expresión facial muestra que mueres por burlarte de mí en este momento

- ¿Cómo es eso? Solo estoy mostrando un hermoso y encantador rostro – le sonrió

Asami dejó escapar una risa, aliviada.

- Muy bien ¿qué es lo que quieres preguntar?

- ¿Pensaste en mí?

- Por supuesto que lo hice. ¿Y tú, Korra? ¿pensaste en mí?

- Por supuesto que sí. No podía quitar de mi cabeza a una mujer tan atractiva como tú – sonrió.

Asami dibujó una media sonrisa en sus labios, agradecida del comentario, a pesar del suceso anterior.

- Gracias por no darle mucha importancia al problema de la ducha y mi cabello.

- No es nada. Yo soy una chica también ¿recuerdas?

- Si… aunque creo que tú debes estar más acostumbrada que yo al agua fría

- De eso puedes estar segura. Estoy acostumbrada a las bajas temperaturas. Mi piel está diseñada para aguantar todo

- Hahaha. Hey, vayamos a tomar algo a alguna parte

- Eso sería bueno, ya que aquí agotaste el agua – se burló Korra

- ¡Lo sabía!

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En menos de una hora ya estaban en el cine, sentadas esperando a que la película comenzara. Korra sorbía su bebida observando a todas las personas que ingresaban a la sala, mientras Asami llevaba distraída una palomita de maíz a su boca. Cuando lo hizo, se volvió hacia Korra, observando alegre a aquella nueva e intrigante chica que la hacía sentir tan segura y cómoda.

- Cuando vengo al cine, en este momento es en el que más me emociono – se acercó Asami hacia Korra, susurrándole -. Justo antes de que las luces se apaguen.

Korra sonrió, acercándose un poco más hacia Asami.

- De todos los momentos de mi vida, es en este en el que estoy más emocionada – le respondió, acelerando la frecuencia cardíaca de Asami -. Estando al lado de una hermosa mujer, justo antes de que las luces se apaguen.

- Oh, de seguro le dices eso a todas.

- ¿A todas? ¿por quién me tomas?, eso lo he aprendido de los chicos que me traen al cine – le respondió divertida.

Asami se puso seria. Si eso era verdad significaba que Korra no buscaba ése tipo de relación con ella, ella solo era una amiga. Pero… entonces ¿por qué su corazón latía tan rápido cuando estaba junto a ella? ¿qué era lo que ella quería de ella?

- Hey, Asami – la llamó Korra -. Por mi expediente médico debes saber qué edad tengo. Dime ¿cuál es tu edad?

- ¿Para qué quieres saber eso? ¿no ves que es de mala educación preguntar aquello?

- Oh… ¿por qué lo es? Lo es cuando un chico te lo pregunta, pero no cuenta con mujeres

- ¿Ah no?

- Claro. Además, debo saber tu edad. Estoy preocupada de que esté interesada en una menor – le respondió, deteniendo el corazón de Asami.

Asami rió sonoramente. En parte por el cumplido como por el alivio. Korra no parecía buscarla como amiga, fue estúpido siquiera que lo hubiese creído. Demasiados cumplidos y demasiadas veces ella la había hecho sonrojar como para que se hubiera alarmado de esa manera. Eso lo confirmó, Asami quería tener algo con ella.

Korra la observó sonriendo con aquellos hermosos ojos azules cuando una vibración en el bolsillo de su pantalón hizo que ésta quitara su vista de los sonrientes ojos de la doctora. Cuando sacó su celular su expresión se volvió seria. Asami se preocupó, pero cuando estaba por preguntar, Korra contestó la llamada.

- Sí, señor… Capitana Korra… Eso es correcto… Lo entiendo… Muy bien.

Asami se acercó a Korra, tomando una de sus manos para llamar su atención.

- ¿Sucedió algo malo?

- Creo que me tendré que ir – le dijo Korra, entristecida

- ¿Ahora?

- Si. Lo siento.

Asami dejó escapar aire de sus pulmones, sonriendo amargamente.

- ¿Estoy siendo plantada, de nuevo?

- Yo… realmente lo siento mucho. Podemos ver esta película en otra ocasión, juntas. Ven, yo te llevo a tu casa – le dijo Korra mientras se preparaba para levantarse de su asiento.

- No – le respondió Asami -. Yo quiero verla, después me iré. Vete tú.

- Por favor, Asami. No te enfades. En verdad podemos venir a verla dentro de poco

- Esta bien. Solo vete.

Korra observó a Asami profundamente apenada. Con cuidado tomó una de sus manos, como si se tratara de un delicado y preciado objeto, y cerrando los ojos la besó tiernamente, mientras Asami observaba todo desde arriba. Cuando terminó, Korra se levantó y dándole una última mirada se fue, bajando las escaleras de la sala, desapareciendo en la oscuridad de ella, mientras la película comenzaba.

Asami suspiró triste. No esperaba que esto pasara. Nada de lo que hoy pasó debería haber sucedido.

Observó la pantalla, pero ya había perdido las ansias por ver aquella película. En aquel momento su celular comenzó a vibrar, y desganada buscó entre su bolso.

- Asami, soy Aang. Realmente no te quería llamar, pero…

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Asami iba corriendo por las calles. Ingresó rápidamente subiendo las escaleras del hospital, para ingresar rápido al lobby, directamente hacia el interior.

Suki, Aang y Sokka observaron cómo ingresaba preocupada hacia una sala, frunciendo el cejo, apenados.

- ¿Tú la llamaste? – le preguntó Sokka

- ¿Cómo podría no hacerlo? Todo parecía como si ella fuera a conseguir el puesto

- Todo parecía como que Mai iba a obtener ése puesto – corrigió Sokka. Este desvió la vista de ellos, para dirigirla nuevamente a Asami -. Ella fue atropellada por una compañera, quien no dudó en jugar sucio.

- Asami se entristecerá…

- Ella ha vivido demasiado dentro de la sala de cirugías – comentó apenada Suki

- Es por eso que todo esto es más terrible. Ella no debería estar ahí, ella debería vivir en una hermosa casa, y crecer como una flor – dijo Sokka -. Escuché que los padres de Mai son grandes accionistas del hospital. No había forma de que perdiera el puesto.

- ¿Cómo pueden permitir eso? Los doctores necesitan habilidades – dijo molesto Aang

- No en el mundo real, que se rige por sucios contactos

- Entonces ¿estás de acuerdo con todo esto? – preguntó Suki enfadada

- Por supuesto que no. Asami es mi amiga. Solo estaba explicando lo sucio que es el mundo.

Estaba en la oficina del director del hospital, intentando con todas sus fuerzas de luchar contra las lágrimas de impotencia que amenazaban con salir de sus ojos. Era injusto. Esta ya era la tercera vez que elegían a alguien por sobre ella para ése puesto. La primera vez la excusa que le habían dado era porque ella era muy joven, después porque no tenía mucha experiencia, y ahora claramente era porque no tenía contactos. Era la única explicación lógica para haber perdido con esa buena para nada de Mai. Estaba furiosa, casi se encontraba gritándole al director de lo injusto que era la situación y éste solo se limitaba a observarla con culpa, evidenciando de que todo lo que ella decía era verdad, Mai no había ganado ese puesto por sus habilidades, lo había comprado.

En aquel momento la puerta sonó, y de inmediato la susodicha ingresó sonriente a la habitación. La odiaba.

- Oh – dijo falsamente -. ¿Interrumpo algo?

- No te preocupes Mai, la doctora Sato ya había terminado. Es mejor que nos vayamos, de ahí dale los materiales para la transmisión de mañana.

- Ok

- Espere, director – lo llamó Asami, pero Mai se interpuso delante de ella.

- Espera, tienes que completar esto para mi transmisión de mañana – le dijo sonriéndole con malicia -. Tengo una cena con los demás profesores, así que ya no podré hacer eso.

Asami la miró con cara de pocos amigos. Justo en ese mismo momento sentía como se estaba convirtiendo en una santa por aguantarse las ganas de golpearla y patearla en aquella misma habitación.

- ¿Me estás diciendo que ahora yo seré tu reemplazo? – dijo casi escupiéndole las palabras

- Tienes que hacerlo. Se supone que debes hacerlo si un profesor te lo pide – le dijo tranquila Mai -. No debes cometer errores mientras estas en vivo. Memoriza todo y ve. Este hospital gasta mucho dinero en ese programa de televisión médico, debes hacer tu mayor esfuerzo en eso – le dijo a Asami mientras ponía un libreto entre sus manos.

Asami lo observó sin ganas y lo tiró a la mesa.

- ¿Qué vas a hacer si digo que no lo haré?

- Inténtalo. Será para mejor

- ¿Por qué lo haría cuando la cena es esta noche y tu emisión es mañana?

- Oye, estaré bebiendo esta noche, celebrando por haberme convertido en profesora ¿Cómo podría despertar mañana temprano?

Asami levantó las cejas, estupefacta ante tal respuesta.

- Eres realmente horrible – la sangre hervía en su interior, en cualquier momento comenzaría a tiritar su labio, demostrando el tic que siempre tenía en situaciones estresantes -. ¿No te sientes apenada? ¿No tienes vergüenza?

- Si, lo tuve un poco… pero valió la pena. Incluso si tuve que soportar la vergüenza de ese programa logré convertirme en profesora… Pero tú te avergonzaste y no lograste nada.

- Perra malvada – dijo Asami, sin poder evitarlo.

- ¿Qué?

- Ya me escuchaste, estúpida bruja descerebrada ¡Siento pena por los pacientes que están en tus manos!

Mai dejó los papeles que tenía en sus manos y se acercó amenazante a Asami, cogiéndola por el cabello.

- ¡No te metas conmigo, Sato!

- ¡Estúpida! ¡Ni siquiera sabes pelear! ¿tan tonta eres? – dijo Asami cogiendo una de las frágiles muñecas de porcelana de aquella arpía, conteniéndose las ganas de golpearla directamente en la barbilla, para que esta cayera en el suelo en donde podría patearla más fácilmente. Ok, tenía que calmarse y dejar de mantener esos pensamientos homicidas… pero menos mal estaban en un hospital, así Mai no moriría desangrada si es que las cosas se salían de control.

- ¡La única estúpida aquí eres tú! ¡Eres una asquerosa perdedora!

Eso fue… Asami debía combatir, pero no como le había enseñado su padre, eso causaría la muerte de Mai. Horriblemente debía pelear como niña, tal cual lo estaba haciendo esa buena para nada: cogiéndose el cabello.

- ¡¿Qué haces?! ¡Estúpida mi peinado idiota! ¡suéltame Asami!

- ¡Tú suéltame! ¡Tú comenzaste todo esto desde el día en que te atreviste a nacer!

En ese momento Aang ingresó corriendo a la habitación, seguido de Suki y Sokka, apurándose a detenerlas

- ¡Oigan ustedes! – grito Sokka - ¡¿Cómo es posible que estén peleando como nenazas en la oficina del director?!... ¡Peleen como corresponde! – y ante la mirada asesina que recibió de Suki cambió completamente su petición -. Mejor ¡Suéltense inmediatamente!

Ante la fuerte voz amenazadora de Sokka, ambas mujeres se soltaron, siendo apartadas de inmediato por Aang y Suki, viéndose con odio, agitadas y completamente despeinadas.

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El mundo apestaba. Ya no podía recordar cómo se había sentido tan bien tan solo horas antes. Todo se había dado vuelta en demasiado poco tiempo, y ni la experiencia de sus cirugías pudieron prevenirla de lo efímeras que parecían ser las cosas. Ahora, luego de lo que prometía ser un radiante día, Asami se encontraba en uno de los pasillos alejados del hospital, de esos que daban a la morgue. Recostada en el suelo, apoyando su espalda a la pared, mientras en sus vacilantes y temblantes manos sostenía el libreto que tenía que aprenderse para la mañana, para salir en el programa de televisión que antes era de Mai.

- Si se sospecha que el paciente tiene arritmia… - repitió, pero de inmediato se detuvo, dando rápidas y agitadas respiraciones, intentado mantener la calma -. Si se sospecha que el paciente tiene arritmia, el electrocardiograma de 12 derivaciones será…

No lo asimilaba. No podía concentrarse, apenas podía leer.

- ¡Ah! ¡¿por qué no puedo memorizarlo?!

Apenas veía las letras con claridad frente a ella. Estas se movían como si estuvieran bailando, debido al movimiento de sus manos, así como también de la reflexión que hacía la luz en sus lágrimas, distorsionando su visión.

Si, estaba llorando. Allí lejos de todo, en medio de la noche, por primera vez se permitió llorar. Abandonándose a la frustración y a la gran pena que sentía. Nada de eso debió pasar.

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Al otro lado de la ciudad, un montón de sucias botas ingresaba a la base, saludando todos tanto a Naga como a Pabu mientras dejaban agotados sus mochilas en el suelo, alguno no solo sus mochilas, sino que también sus cuerpos. Había sido una dura misión.

- Han trabajado muy duro – les dijo Korra

- Asegúrense de revisar todo su equipamiento antes del llamado – les dijo Bolin

- Entendido – respondieron todos al unísono

En ese momento las puertas de su cuarto se abrieron dejando pasar al Coronel Beifong. De inmediato Korra se irguió y se dirigió a todo su pelotón.

- ¡Unidad, atención!

- Suficiente, descansen – se apresuró a detenerla Bataar

- Descansen – emitió Korra, permitiendo que todos sus soldados estuvieran atentos con las manos en su espalda. Una señal de respeto militar.

- Buen trabajo en el lugar de la unidad Bravo – comenzó el Coronel -. ¿Se lastimaron en alguna parte?

- No señor, todos regresamos sin heridas – respondió mecánicamente Korra

- Muy bien. Me he dado cuenta que debe ser difícil para el equipo Alfa involucrarse en misiones domésticas y en el extranjero, por lo que, como comandante, he decidido darles 8 meses de vacaciones extendidas al equipo Alfa

Todos se miraron preocupados ante la mera mención de ello. Korra dirigió preocupaba su mirada al comandante.

- ¿Dónde? – le preguntó

- En la base ubicada en la Isla de los Guerreros del Sol, en la Nación del fuego – respondió el comandante -. Por dos semanas antes del periodo de entrenamiento, vayan a ver a sus seres queridos y familia. Bien, vayan a preparase.

Y apenas terminó, se dio la vuelta y salió de la base.

- ¡Muy bien! – dijo Meelo – Me encantan las islas tropicales de la Nación del Fuego. Será un maravilloso descanso.

- Meelo, no es un descanso – le dijo Mako -, es una reasignación

- Pero él dijo que vamos a descansar – respondió Meelo encogiéndose de hombros

- Se refería que descansaremos de las tareas emergentes, preocupándonos solo de lo que acontezca allá.

- ¡Eso igual es maravilloso! – se elevó Meelo dando un salto, sin comprenderlo realmente.

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Korra se encontraba en el hospital mirando su celular constantemente. Asami no había respondido ninguno de sus mensajes, como tampoco a ninguna de sus llamadas. Estaba preocupada. Paseándose ansiosa por la sala de esperas, de pronto divisó a Jinora acercarse al mesón de enfermeras.

- Disculpa – la llamó Korra - ¿La doctora Sato está en alguna cirugía? Ella no está respondiendo su teléfono

- La doctora Sato está allá – le indicó sonriendo Jinora hacia una pantalla.

Korra se volteó hacia donde ella apuntaba observando sorprendida como Asami estaba en la televisión, en un programa en vivo, hablando de las arritmias y como poder reconocerlas. Se veía hermosa. La luz en su rostro indicaba cuan tersa y suave era su pálida piel, la cual contrastaba con sus rojos y carnosos labios maquillados, con el leve rubor en sus mejillas, la suave sombra morada en sus ojos y aquellas dos gemas verdes, brillantes, sonrientes y encantadoras.

Korra estaba embelesada.

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Era tarde por la noche, Asami aparcó su auto en su estacionamiento. Al fin había llegado a su casa, como en pocas ocasiones, a dormir. Se sentía extraña solo de haber visto tan seguido su hogar, pero no era solo eso lo que le daba la extrañeza a la situación, y cuando se dio vuelta lo supo. Ahí, junto a la puerta estaba Korra esperándola.

Llevaban un rato en silencio. Estaban sentadas una frente a la otra en aquella discreta cafetería. Korra estaba con la vista baja, incómoda frente a la fría expresión que Asami tenía instaurada en su rostro. Por su parte Asami no hablaba ni la observaba, aún estaba molesta.

- Lamento mucho haberte dejado sola ese día – dijo Korra, rompiendo el silencio.

- Lo que quiero escuchar no es una disculpa, sino una explicación – le dijo observándola a los ojos, viendo la profunda tristeza que sentía Korra -. ¿A dónde fuiste esa vez? ¿Te llevó lejos un helicóptero de nuevo?

- No – respondió Korra dándole una media sonrisa -. No fui tan lejos. No puedo decirte los detalles por reglamento.

- Ya veo - Asami asintió, triste.

Nuevamente volvieron a quedarse en un silencio incómodo. Cada una pensando sus propias cosas intentando ordenar sus ideas para hablar.

- Estaba teniendo un día difícil, y tu apareciste aquí y allí… Me preguntaba "¿Adonde fue esta mujer por la que me siento atraída? ¿qué clase de trabajo está haciendo? ¿estará bien?" – confesó Asami, mirando directamente a Korra -. Pero ahora estás diciendo que no puedo escuchar tu historia ni siquiera cuando nos hemos reunido así, debido a las reglas.

- Lo siento

- Unidad de Fuerzas Unidas… ¿es algo como eso, cierto?

- Así es

- Me dijiste que peleabas en una unidad. El hecho de que tengas marcas de heridas de balas en tu abdomen, significa que te han disparado, entonces, eso debe significar que tú también disparas armas – Korra la observaba seria, permitiendo que Asami digiera todo lo que ella quería -. Así que… o matas a alguien, o vas donde puedas morir. Ese es el tipo de trabajo que haces…

Korra cerró los ojos por un momento, sintiendo las palabras de Asami como si éstas se trataran de las balas que ella mencionaba.

- Solo matas a los chicos malos ¿cierto? – le preguntó la doctora, pero Korra no respondió -. Todos los días pasó más de 12 horas en la sala de operaciones, tratando de salvar a las personas de la muerte. Eso es lo que hago, peleo para salvar vidas… Pero tu pelea es sobre salvar vidas a través de la muerte de otros.

Korra asintió imperceptiblemente. Ella tenía razón, pero no por eso estaba bien. Ése era su deber, de no ser por ella quizás nadie estaría a salvo viviendo pacíficamente en la ciudad, en cualquier ciudad. Pero que Asami lo dijese con ese frío tono de voz, criticándola, como si ella fuese una desalmada asesina que disfrutaba matar a sus enemigos… eso… eso en verdad le dolía.

- Soy un soldado – le respondió Korra – Y un soldado actúa de acuerdo a órdenes – le dijo, intentando darle a entender, que en las pocas veces en que ella mataba, no lo hacía por placer, ni por voluntad. Lo hacía obligada. Era una obligación por la profesión, de la misma manera que ella estaba obligada a salvarle la vida a alguien, aunque se tratara de un asesino en serie -. Aun así, siempre intento dar lo mejor de mí en las misiones, intentando no herir a nadie. Hasta ahora, he perdido a tres camaradas durante las operaciones militares… Es por ello, que la razón por la cual sigo en este empleo es que es algo que alguien debe hacer. Mi familia, yo, tú y su familia y más personas… creo que mi trabajo mantiene la libertad y paz de esta tierra para esas personas.

- Soy una doctora – respondió Asami -. La vida tiene dignidad. No creo que nada es más importante que la dignidad de vivir.

- Ya veo…

- Lo siento, pero este encuentro no fue como esperé

- Lo entiendo

- Me voy a ir

- Fue agradable conocerla – le dijo sonriéndole sinceramente Korra, aun con una expresión de tristeza en su rostro -. Adiós

Asami se levantó y se apresuró a abandonar el café en el que se encontraba con la morena, sin observar por última vez aquellos impresionantes blue eyes… tristes y azules, todo en un mismo significado. No quiso hacerlo, sabía que se le partiría el alma si lo hubiese hecho, y ella no tenía el derecho de hacer eso, no cuando no alcanzaron a ser nada, nada más que un par de conocidas.

Se alejó caminando por las calles, lentamente, triste. El mundo conspiraba en su contra, pero ya no tenía la fuerza suficiente para batallar. Así que mientras se alejaba sin rumbo, pudo sentir las calientes gotas de agua desplazarse por sus mejillas.

Había llorado demasiado en tan poco tiempo.

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N. de la A.:

No hagan enojar a Asami, todo su poco lado correcto se va a la cresta y además la cabra es violenta, hahaha.

No pude evitar caer en la tentación de usar aquella frase tan chistosa del meme "estúpida mi x idiota!"

Y todo resultó mal para nuestra querida doctora, pero se recuperará, lo prometo.

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Y ganó Chile mierda! Hahahaha, no puedo evitar dejar pasar esta oportunidad de plasmarlo. Mis queridos ñurdos flaites indios que nos dan pequeñas alegrías. Ahora a sufrir el domingo v.v