Aviso: Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer y esta historia a musegirl. Yo sólo traduzco.

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Double Down

Capítulo tres

Después de empacar rápidamente las cosas que necesitaría y un abrazo de mi padre, Edward y yo nos dirigimos a su casa. Nuestra casa. No pude evitar sonreír ante ese pensamiento. Ahora ambos vivíamos juntos, por el resto de nuestras vidas.

—¿Por qué sonríes así, Isabella? —Bromeó Edward.

Sentí mis mejillas calentarse y bajé un poco la cabeza.

—Nada… solo tengo un momento femenino.

Él se rió y levantó una ceja.

—¿"Un momento femenino"? ¿Qué está pasando por esa linda cabecita tuya? No leo mentes, ¿sabes?

—Estaba pensando en el hecho que estamos yendo a casa, a nuestra casa, en la cual viviremos juntos el resto de nuestras vidas, o al menos los dos viviremos juntos en una casa por el resto de nuestras vidas. Es algo surrealista, ¿sabes?

—Si, lo sé, pero es algo bueno, ¿no? —Se acercó y enredó sus dedos con los míos.

Apreté su mano en respuesta.

—Es algo muy bueno.

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Una vez adentro, Edward fue directamente hacia la cocina y sacó una llave de un cajón.

—Esta es tuya —dijo y me la entregó.

—¿Mía? ¿Ya tenías una llave hecha para mí?

—Me gustaría decir que puedo ver el futuro, pero esta era la de repuesto. —Me jaló hacia él y se inclinó para besarme, deslizando su lengua en mi boca y enredándola con la mía. Presioné mi cuerpo contra el suyo y jalé de sus cabellos fuertemente. La sensación de deseo, que ya me era familiar, recorrió mi cuerpo y gemí suavemente.

Edward rompió el beso y apoyó su frente contra la mía.

—Mierda, Isabella —susurró—. De alguna manera, tú siempre me haces sentir como un chico cachondo de dieciocho años.

Me reí.

—Bien, porque yo soy una chica cachonda de dieciocho años y lo único que pienso cuando estamos juntos es en la urgencia de follar como conejos. Pero eso es lo que se supone que los recién casados hacen, ¿no?

—Absoputamente, —respondió, y empezó a guiarme por las escaleras. De repente, se detuvo frente al baño de visitas y me giró hacia allí—. Muéstrame, Isabella —dijo con voz profunda y grave que fue directamente hacia mi coño.

—¿Mostrarte qué? —murmuré, perdida en la burbuja de lujuria.

—Tú sabes exactamente qué. Hace mucho que sabía que me deseabas sexualmente, solo que nunca supe la profundidad de tus sentimientos hasta este pasado fin de semana. Ahora, quiero ver lo que solías hacer aquí cuando te quedabas a dormir.

Me puse rígida y sentí mi cuerpo enrojecerse de la vergüenza.

—Y-y-yo…

—Está bien, nena. No te preocupes, yo solía escuchar atentamente cuando venías aquí. Mi habitación está al lado de aquí y me volvías loco cuando llegabas a tu clímax. Siempre imaginaba cómo lucirías tocándote… mientras me frotaba al mismo tiempo que tú.

Un gemido necesitado y desesperado se escapó de mis labios y apreté mis muslos para tratar de aliviar el dolor entre ellos. Edward gentilmente me empujó dentro del baño y tomé aire profundo antes girarme. Me saqué mis ballerinas, desabroché mis jeans y me los quité. Él observó cada movimiento que hice con gran atención y su mirada llena de lujuria me deshacía.

Salté sobre la encimera y me recosté contra el espejo. Subiendo un pie, lo coloqué a mi lado para extender mis piernas. Toda mi vacilación anterior estaba olvidada y dejé mi mano deslizarse dentro de mis bragas, girando mis dedos lentamente en mi humedad antes de llevarlos hacia mi clítoris. Solté un grito ahogado ante la sensación que parecía más potente al estar Edward mirándome.

—Sácate las bragas, Isabella —gruñó y una vaga sonrisa apareció en mis labios.

—Tan exigente —bromeé. Él arqueó una ceja en respuesta y yo acaté.

Después que dejé caer el trozo de encaje al piso, volví a mi posición anterior frente a él. Edward gruñó y se palmeó por sobre sus pantalones.

—Tienes un coño hermoso, nena. Mira lo mojada que estás por mí.

Sus atractivas y sucias palabras me enviaban escalofríos y no podía creer lo excitada que estaba ante lo que estaba haciendo. El deseo latía en mí. No podía evitar los gemidos que se me escapaban mientras bombeaba mis dedos dentro y fuera de mi coño y mi pulgar frotaba mi punto más sensible. Cerré mis ojos por un momento y los volví a abrir rápidamente para ver a Edward acercándose a mí con expresión hambrienta en su rostro. Estaba completamente enfocada en lo rápido que desabrochaba sus pantalones y liberaba su erección, envolviéndola en su puño. Yo estaba prácticamente jadeando ante la vista de sus movimientos. Todo en lo que podía pensar era que lo quería enterrado en mí lo más rápido posible.

—Edward —rogué—. Fóllame, por favor. —Dios, estaba tan cerca de mi orgasmo, pero no lo suficiente. Presioné más fuerte contra mi clítoris, pero no era capaz de llegar.

—Primero, vente para mí, nena. —Su voz era áspera y enviaba deliciosos escalofríos por mi columna—. No sabes como me torturaba al escucharte aquí. Me venía cada vez que gemías mi nombre mientras llegabas a tu clímax. Quiero verlo, Isabella. —Enfocó su vista en mí por un momento y luego la bajó para mirarme fijamente como me masturbaba salvajemente.

Sus propios movimientos se aceleraron y sentí mi cuerpo tensarse mientras él continuaba pronunciando las palabras más pecaminosas.

—Te vez jodidamente sexy así. Dedos empapados, pechos moviéndose por tu respiración, el olor de tu excitación llenando el aire. Vente, nena. Muéstramelo y te juro que follaré tu dulce coño hasta que ordeñes mi polla otra vez.

—Oh, Edward… Edward… ¡Edward! —grité mientras el placer me inundaba de repente. Mi cuerpo se tensó contra mis dedos y sentí una nueva capa de humedad cubrirlos. Él hizo un sonido salvaje y corrió mi mano a un lado así podía embestirme bruscamente. Gruñó y se detuvo por un momento mientras me estremecía alrededor de su dureza, antes de agarrar mis caderas y estrellarse contra mí repetidamente. Me aferré fuertemente a la encimera y dejé que Edward tomara todo el control de nuestro caliente encuentro. Apoyó su frente contra la mía y ambos miramos su polla entrar y salir. Tomé sus cabellos con un puño y gemí fuertemente.

Él tenía razón sobre lo caliente que esto era. La visión de él penetrándome una y otra vez traía esa sensación familiar en mi vientre otra vez.

—Oh, Dios. No pares, por favor, ¡no pares nunca! —grité incoherentemente.

—No lo haré. —Gruñó—. Prometo que siempre adoraré tu cuerpo de esta manera. Mierda, Isabella, ¡eres jodidamente perfecta! —Dejó caer su cabeza en mi hombro y supe por su respiración irregular que estaba cerca, pero aguantándose para que yo fuera la primera. Inclinó mis caderas y vi las estrellas cuando la cabeza de su polla frotó contra un sitio que no sabia que existía. Gemí y él pellizcó gentilmente mi clítoris. Eso fue todo lo que tomó para tenerme gritando extasiada que no me di cuenta cuando Edward lo hizo.

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Septiembre llegó más rápido de lo que hubiera imaginado y, junto con eso empezaba mi primer año como estudiante universitaria. Las cosas eran algo diferentes de lo que había pensado cuando me gradué de la secundaria, pero no podía estar más feliz. Edward y yo nos instalamos juntos y convivíamos fácilmente. Teníamos nuestras discusiones de vez en cuando y había tenido que añadir mi toque personal a la casa, pero aparte de eso nuestras vidas se fusionaron muy bien. Me mantuve ocupada trabajando en la librería local que había estado por un poco más de un año. Edward pasó tiempo preparando las clases que enseñaría en otoño y trabajando como arquitecto a cargo en un proyecto aparte.

Estaba un poco nerviosa con respecto a la universidad, sobre todo ahora que seguramente Edward seria uno de mis profesores en algún punto, ya que me iba a especializar en Arquitectura. Su trabajo me había fascinado por años y él me había tomado como su protegida. Así que mi conocimiento base era mucho mayor que la mayoría de los estudiantes que recién comenzaban. Y sumándole que me había casado con él, me preocupaba que surgieran problemas.

La noche anterior a que empezaran las clases, me metí en la cama, dónde ya estaba Edward, y me ubiqué en mi posición normal: acurrucada contra él.

Él presionó un beso suave en mi frente.

—¿Cómo te sientes sobre mañana?

—Umm… una mezcla de emoción y ansiedad. No estoy segura qué esperar de las clases universitarias, pero también estoy deseando ver como es la vida allí.

—¿Estás segura que no te sientes privada de la típica experiencia universitaria? —Bromeó con una sonrisa.

Sonreí y me senté a horcajadas en su regazo, enlazando mis dedos entre su cabello de la nuca.

—De hecho, creo que estoy viviendo la mejor experiencia universitaria. Puedo follar cuando quiera, y con el caliente profesor que todas las chicas quieren. —Le guiñé—. Además tengo un compañero de cuarto increíble, así que tengo mucha suerte. Apuesto a que puedo seducirlo también.

Edward le dió un golpe juguetón a mi culo antes de colar sus dedos bajo el borde de mis shorts.

—¿Es eso cierto? Así que, ¿eso significa que puedo cojer a mi alumna sobre mi escritorio? Prometo dar créditos extra.

Mi boca encontró la suya por un momento y mordí su labio inferior.

—Por supuesto. Seré una chica buena contigo. Estoy dispuesta a hacer de todo para tener la mejor nota de la clase.

Nos dio vuelta de repente y solté un grito de sorpresa. Estaba debajo y él embistió sus caderas contra las mías.

—En ese caso, tendrás que ser una chica muy mala para ganártelo. —Gemí mientras él lamia y succionaba mi cuello y tomaba mis pechos en sus manos. Después, esas palabras fueron pocas y mucho más sórdidas, habladas en susurros mientras que nuestros cuerpos se entregaban al placer carnal.

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—¿Me dices de nuevo qué cursos estás tomando este semestre? —preguntó Edward mientras nos conducía hacia el campus.

—Escritura Interdisciplinaria Intermedia, la cual está vinculada con mi clase de Introducción a la Arquitectura, y Calculo con Geometría Analítica 2.

—Dios, Isabella. Realmente no irás con calma con las clases, ¿no?

Sonreí.

—Soy excelente y no es como si fuera a aprender algo que no sé con mi clase de arquitectura. Me has dado una base de conocimiento excepcional.

—No te pongas engreída. Todavía tienes mucho por aprender, pero no será hasta tu tercer año. Por el lado positivo, esa clase hace una visita y me he enterado dónde será este semestre. —Su expresión creída era tan linda que quería quitársela a besos.

—¿Y dónde será? —pregunté y batí mis pestañas.

—Lo sabrás pronto. No quisiera arruinar la sorpresa —respondió y me guiñó el ojo.

Paramos frente a un semáforo en rojo y deslicé mi mano por su muslo.

—¿Estás seguro que no puedes decírmelo? ¿Ni siquiera una pista? —Lo sentí endurecerse bajo la tela de sus pantalones de vestir.

Él gimió y movió sus caderas.

—Dios, nena. Me volverás loco. —Tomó mi mano—. Solo diré que puede que vuelvas a casa conmigo cuando termine el tour.

Le di un beso en su mejilla.

—Eso me hace mucha ilusión, en más de un sentido. Sabes que amo verte trabajar.

Edward gruñó otra vez y me reí.

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—¿Alguien puede nombrar uno de los principios de Gestalt y por qué son importantes para el diseño arquitectónico? —preguntó el Dr. Ateara a mi clase de Introducción a la Arquitectura. Le siguieron unos instantes de silencio y levanté mi mano. Me asintió.

—Los Principios de Gestalt son: semejanza, continuidad, cierre, proximidad, y figura/fondo. Son útiles porque el conjunto de teorías se basan en cómo los seres humanos perciben y organizan elementos visuales en grupos o un todo unificado. Así que, algunos arquitectos utilizan esto para cuando diseñan para atraer el sentido visual del patrón y balance, o incluso simetría versus asimetría.

El Dr. Ateara levantó sus cejas, sorprendido.

—Bien hecho, señorita…

—Isabella Cullen, —respondí y vi el reconocimiento en su rostro.

—Ah. Tú debes ser la hija del Dr. Cullen.

—No, su hija no. —Él pausó y me estudió por un momento mientras miraba constantemente hacia atrás, antes de sonreír por lo bajo.

—Supongo que el rumor que escuché esta mañana es verdadero después de todo. —Lo dejó así, pero pude sentir los ojos de los otros estudiantes sobre mí y tuve que apretar los dientes e ignorarlos hasta que terminó la clase.

Me dirigí a una de las cafeterías cerca del campus y tiré mi bolso sobre una mesa. Después de hacer mi pedido, saqué mi libro de cálculo y comencé a revisar los conceptos vistos hoy que se puedan analizar el miércoles.

Una chica colorada y de ojos azules se sentó frente a mí y me sonrió.

—¿Tú estás en la clase de Introducción de Ateara, no? ¿La que sabia los principios de Gesel?

—Gestault. —Le corregí torciendo mis labios.

—Claro. Así que vamos a ser compañeras de estudio porque obviamente tú sabes tu mierda. Soy Victoria. Llámame Tori. —Me ofreció su mano y la tomé.

—Isabella, pero prefiero Bella.

—Genial. Encantada de conocerte y eso. Segunda pregunta, ¿qué mierda fue eso del profesor y los rumores que escuchó? —Suspiré y me crucé de brazos, desafiantemente—. ¿Qué? Realmente me hago amiga tuya para lo del estudio. Obtener chismes es solo un bonús.

Rodeé mis ojos, pero decidí ceder. Al mismo tiempo un grupo de chicas, que parecían un poco más mayores que yo, se sentaron en una mesa cerca, hablando fuerte.

—Santa mierda, ¿viste que Cullen lleva un anillo de casado ahora? ¿Con quién mierda se casó? Voy a matar a la perra por quitarlo del mercado. Dios, él es tan jodidamente caliente. —Se lamentó una rubia estúpida.

—¡Por supuesto! Perra suertuda, él ni siquiera nos da la hora del día. Créeme, lo he intentado. —Se quejó la morena. Me enfadé y le fulminé con la mirada. Será mejor que la perra se mantenga alejada de Edward o tendrá mucho que pagar.

—¡Oh, Dios Mío! —siseó Tori—. ¿Te casaste con uno de los profesores de arquitectura? ¡Uhh, eso es bueno!

—¡Shh! —Le hice seña para que bajara la voz, no había terminado de escuchar. Tori giró su cabeza y evaluó a cada una de ellas.

—Todas hemos intentado meternos en sus pantalones, Bree. Él rechaza a todas. Creo que Lauren estará demasiado molesta. Ella es su asistente este año y estaba determinada a follarlo contra viento y marea —intervino la última chica.

Entrecerré mis ojos, deseando tener súperpoderes y disparar rayos láser a ellas.

—Me pregunto si era por eso que él estaba de muy buen humor esta mañana. —Reflexionó Bree.

—Bueno, si que follamos en la ducha —murmuré en voz baja y Tori se atragantó con su sorbo de café.

—Vi un nuevo portarretrato en su escritorio cuando entré a su despacho. Apuesto que es ella, solo tenemos que acercarnos lo suficiente como para ver. —Añadió la rubia.

Tori perdió interés y comenzó a molestarme con preguntas.

—¿Cuántos años tienes? ¿Cuándo conociste a este tipo?

—Cumpliré diecinueve en dos semanas. Era la mejor amiga de su hija, nos conocemos desde hace tiempo. —Me estremecí ante el sentimiento de pérdida y pesar al mencionar a Alice. No pensé que pasaría, pero extraño a mi amiga más de lo que esperaba. Ella y Edward habían empezado a reparar su relación hablando por teléfono, pero él envió la mayoría de sus cosas a California porque ella no estaba lista para volver todavía. El perdón de Alice no se había extendido a mí.

Los ojos de Tori se abrieron como platos.

—Wow. ¿Han estado los dos… tú sabes… por un tiempo?

Sacudí mi cabeza.

—Nunca hicimos nada ilegal. No que no me le hubiera negado, pero él tiene más control que yo.

—¿Cuántos años tiene?

—Cumplió 40 en junio —declaré con facilidad.

—¡Tía! Así que… ¿es el doble de tu edad? ¿No es algo raro? ¡Puede ser tu padre!

—Gracias, capitán obvia. Estoy al tanto. Y, no, no es raro. Créeme, si lo vieras, me entenderías. —Incliné mi cabeza en dirección a la otra mesa—. Esas chicas hablando de él deben ser de sus clases avanzadas o graduadas en el departamento.

Agitó su mano con desdén.

—No te preocupes, B. Eres más caliente.

Resoplé, pero sonreí.

—No estaba preocupada. Tal vez tenga la tentación de clavarle las garras en sus ojos por mirar a Edward así, pero estoy muy segura de mi relación.

Intercambiamos números, y decidimos encontrarnos la semana siguiente después de clase. Me fui no mucho después de que lo hicieron las otras chicas y me dirigí al edificio de Arquitectura para encontrarme con Edward. Caminé por los pasillos y estaba a punto de llegar a su puerta cuando una rubia desagradable del café me detuvo.

—El Dr. Cullen no está en su oficina ahora mismo. Su horario es de 13 a 15 pm los martes y jueves. ¿Puedo ayudarte con algo? —Me miró mientras se acercaba a mí.

—No —dije y sacudí mi cabeza—. Sé cuales son los horarios de su oficina, él está esperándome. Solo esperaré.

De repente, me levantó la ceja al estilo de las zorras y se cruzó de brazos.

—¿Qué eres, una ingresante? El Dr. Cullen no enseña a los de primer año. ¿Qué tienes con él?

Le sonreí serenamente.

—Eso es entre nosotros.

—Isabella —me llamó alguien detrás de mí y me giré para encontrarme con el Dr. Ateara—. ¿O debería decir "señora Cullen"?

—Hola, Dr. Ateara.

—Por favor, estamos fuera de clases; puedes llamarme Quil. Estoy seguro que estaremos viéndonos más personalmente con este giro de eventos. —Se giró hacia la chica que nos miraba boquiabierta—. Irina, veo que conociste a la nueva esposa del Dr. Cullen.

—¿Esposa? —tartamudeó ella y yo le sonreí alegremente.

—Si, nos casamos en el verano. —Me giré hacia Quil—. Llámame Bella, todos lo hacen.

—No todos. —Corrigió Edward mientras envolvía sus brazos alrededor de mi cintura. Me incliné hacia él y corrí mi cabeza para sonreírle a modo de saludo—. Hola, Isabella —dijo y me dió un corto beso en los labios—. ¿Tuviste un buen día?

—Si, gracias. ¿Cómo fue el tuyo?

—El lío usual del primer día lleno de horarios y estudiantes rogándome que los añada a mis listas ya llenas. ¿Haciendo rondas para conocer la otra facultad, por lo que veo? —Asintió hacia Quil.

—Oh, no —interrumpió Quil—. Bella es la estudiante estrella de mi clase. Muy buena protegida la que tienes.

Me sonrojé y sentí a Edward reírse.

—Definitivamente ella te mantendrá sobre tus talones. Isabella siempre ha tenido un don para la arquitectura. Irina, ¿había algo que necesitabas?

—No, señor —murmuró, y salió corriendo en dirección opuesta.

—Bueno, debería irme —dijo Quil y me sonrió una vez más—. Bella, dime si te aburres mucho en clase. Estoy seguro que podemos arreglar para que te saltees unas clases.

—Aprecio la oferta, pero no quiero ningún trato especial. Será bueno que me asegure de tener una base firme en la cual construir.

—Muy bien. Felicitaciones a los dos. —Sacudió su cabeza ligeramente—. Edward, ¿qué puedo decir? Nunca haces lo esperado, pero estoy feliz que al fin hayas encontrado a alguien.

—Gracias, Quil. Te veré luego. —Ambos saludamos mientras se iba por el pasillo y nos dirigimos a su oficina. Ya había estado un par de veces antes, pero esta vez se sentía más especial. Sonreí cuando noté el nuevo portarretrato en su escritorio y lo giré para ver que contenía.

Era una foto mía de un picnic al que habíamos ido en el Jardín Botánico de Bellevue un día soleado de agosto. Edward había enfocado mi rostro con la luz iluminando destellos rojizos en mi cabello. Recuerdo reírme por algo que él había dicho y allí fue cuando tomó la foto. Por lo general, odio las fotos en las que salgo yo, pero realmente salía hermosa con mi sonrisa despreocupada y mi cabeza inclinada ligeramente hacia atrás.

—Amo esa foto tuya, nena. Luces tan hermosa sin esfuerzo —dijo Edward y corrió mi cabello de mi hombro para presionar sus labios en mi cuello. Tarareé y me relajé contra él.

—Gracias —susurré, completamente en paz por el momento.

—Solo necesito enviar un correo rápido y luego nos vamos a casa. ¿Suena bien?

—Por supuesto. —Se deslizó detrás de su escritorio y empezó a escribir mientras yo examinaba los diferentes tipos de libros de arquitectura en sus estantes—. Edward ¿te importaría si robo uno o dos de estos?

—Lo que es mío, es tuyo, querida esposa. —Bromeó y sonrió. Tomé tres que me llamaron la atención y me giré para encontrarme a Edward acercándose a mí. Enredo una de sus manos en mi cabello y me besó profundamente. Me puse de puntillas para apoyarme en él y continuar la danza entre nuestras bocas.

—Edward, ¿tienes las listas definitivas para tus clases así puedo…? —Ambos nos alejamos para mirar hacia la puerta. Había una chica de pie y mirando boquiabierta hacia nosotros. Ella parpadeó hacia nosotros antes de sonrojarse y tartamudear incoherentemente.

—Lauren —dijo Edward con voz sensata. Posé mi vista en la chica que supuestamente tenia la misión de follar a mi marido antes que terminara el año, y no me sorprendí. Ella podría ser linda, pero se sobrepasó de tintura rubia y su cabello estaba en un lio rizado, estaba pintada como la puerta de tanto maquillaje, y estaba vestida en un pedazo de tela que intentaba pasar como falda junto con una camisa demasiado pequeña para su tamaño y solo tenía abrochado tres botones.

—No creo haberte escuchado golpear la puerta o que te haya dado permiso para llamarme por mi primer nombre. —Tomó los libros que yo sostenía y los ubicó en su escritorio antes de girarse hacia ella—. Ahora, ¿en qué puedo ayudarte?

—Perdón, Dr. Cullen. Solo estaba… em, ¿tiene las listas finales para que las pueda agregar al sistema de calificación? —tartamudeó ella y me miró descaradamente—. Lo siento, pero ¿quién eres tú? —espetó groseramente.

—Isabella es mi esposa —increpó Edward.

Lauren apenas reaccionó ante sus palabras.

—¿Esposa? —Su expresión y voz eran incrédulas.

—Correcto. Acabo de enviarte por correo las listas; tenlas listas para esta noche, por favor. ¿Algo más?

—No, señor. —Lauren giró para irse, pero Edward la detuvo.

—Lauren, también querrás reconsiderar tu vestuario. No tienes que vestir ropa de trabajo, pero debes recordar que no estás en un bar o club.

Ella se volvió de un color rojo tomate otra vez y dijo algo incoherente antes de salir de su oficina.

—¿Así que esa es tu asistente, Lauren? —pregunté.

—Si, ¿cómo supiste que era mi asistente?

—Escuché a Irina y otras chicas del departamento discutir sobre ti. Dijeron que ella tenía la meta de acostarse contigo antes que terminara el año.

Edward rio fuerte.

—Debe estar delirando. Incluso si no te tuviera a ti, no la tocaría ni por todo el dinero del mundo. Vamos, hermosa, vayamos a casa.

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Una semana después, caminaba hacia la cafetería con Tori después de nuestra clase mientras discutíamos sobre los temas. Nos ubicamos en la misma mesa de antes y me ubiqué en mi asiento.

—Hey, voy al baño. Ese momento del mes, siempre es divertido. —Tori se dirigió hacia la parte trasera dónde se ubicaban los baños. Asentí en simpatía, yo esperaba el mío en…

—Mierda —susurré y me senté atónita hasta que ella regresó.

Tori se acercó y chasqueó sus dedos frente mi rostro.

—¡Bella! ¡Tierra llamando a Bella! ¿Qué pasó contigo, chica? Te dejo por dos minutos y cuando vuelvo, estás prácticamente en estado de coma.

Tragué saliva y hablé, no estando completamente segura si era a ella o a mí.

—No he tenido mi periodo en seis semanas… estoy embarazada.

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¡Chan, chan, chan! ¿Embarazo? Mmm…

Bueno, para las que leen Chop and Change, empecé a subir los outtakes del punto de vista de Edward. Además, en estos días habrá actualización.