3.
Los días pasaban y la cercanía de Faye se hacía más patente a medida que la muerte de Julia se perdía en el tiempo. En cierto modo su relación con Julia había sido unos grilletes, unos dulces grilletes que habían mantenido a Spike atado a un pasado del que no se enorgullecía. Había sido un bálsamo en mitad de un caos y una destrucción arrolladores y ahora que toda aquella vida había desaparecido se sentía liberado.
Aún le dolía pensar en la vida que podría haber tenido con Julia, a menudo se sorprendía a sí mismo pensando lo que hubiesen hecho si hubiesen conseguido escapar juntos aquel fatídico día, los lugares en los que se habrían escondido, el tipo de vida que habrían decidido tener. Pero caía al mundo real en segundos y cuando en cualquier otra circunstancia le habría parecido un infierno, ahora descubría que no se estaba tan mal.
No se estaba tan mal contemplando cada mañana a Faye desayunando como si la comida fuese a desaparecer en cualquier momento, a Jet trasteando por la nave con el delantal, habiéndose olvidado de quitárselo tras preparar la comida. No se estaba tan mal discutiendo sobre a por qué recompensa ir ese día a gritos delante del ordenador.
Sentía cierto asomo de felicidad cada vez que contemplaba a sus dos compañeros haciendo lo que fuese que hacían en ese momento, pero a la vez se sentía culpable por esa sensación de alivio que se había instalado en su fuero interno.
Se sentía culpable por dejar marchar el recuerdo de Julia con tanta facilidad, sentía una paz que creía no merecer y a menudo se agobiaba con los recuerdos del pasado.
Faye observaba a Spike constantemente, después del enfado inicial se había acostumbrado con rapidez la vuelta del chico, sentía auténtico pavor ante la idea de que volviese a marcharse.
-Faye, mueve el culo, tenemos que ir a por nuestra siguiente presa.-apremió Spike.
Faye seguía metida en la cama, había pasado la noche en el casino desplumando a unos vejestorios embobados con su escote y las sábanas se le habían pegado. Gruñó desde la profundidad de las mantas.
-¡FAYE!- gritó Spike.- Maldita sea, ¿qué demonios hace?
Abrió la puerta de su habitación de un empellón, Faye apareció desde el barullo de mantas con los ojos entreabiertos.
-¿PERO QUÉ DEMONIOS TE PASA?- gritó ofendida.
-Me pasa que tenemos un soplo de dónde está Gordon Fletcher, y tú te dedicas a dormir la mona, eso me pasa.
-¿De qué mona me hablas? No tengo mona alguna, no bebo desde que…- Faye se levantó con brusquedad. -¿Por qué diablos te tengo que dar explicaciones? Esto es absurdo.
-Vístete y vamos.- cortó Spike saliendo de la habitación.
10 minutos más tarde se movían por un barrio marginal de Marte buscando a Fletcher, un hacker especialmente habilidoso que había estando dando varios quebraderos de cabeza a las autoridades.
Faye contoneaba su figura por un bar recóndito, que fácilmente pasaba desapercibido a la vista de aquellos que no lo estuviesen buscando expresamente, llamaba la atención a su paso, en aquel bar sólo había hombres vestidos de forma lúgubre, hablando en susurros, pálidos como muertos, con ojeras azuladas.
Faye se sentó en la barra y esperó a que el camarero la atendiese observando por el rabillo del ojo a su alrededor.
Mientras Faye se adentraba en el bar favorito de Gordon Fletcher, Spike rondaba a su próximo cliente. Era un hombre trajeado con aspecto demacrado, correteaba por la calle resollando y el sudor perlaba su frente, Spike seguía sus pasos con un cigarrillo entre sus labios, esquivando a la gente.
El tipo se coló en un callejón subrepticiamente, Spike se apoyó en una de las esquinas y aguzó el oído, cuando dejó de oír pasos asomó la cabeza, tiró el cigarro y se adentró en él. Había una puerta entreabierta en uno de los edificios, Spike la atravesó con la pistola en la mano y se abrió paso en la oscuridad ocultándose en las columnas de la sala. Era un almacén abandonado, con un penetrante olor a humedad y cajas precintadas.
El hombre dobló una esquina y se encontró de cara con la boca de la pistola de Spike.
-Creo que mi pistola en tu cara es lo bastante elocuente como para que sepas lo que tienes que hacer.- comentó Spike despreocupadamente.
El hombre había pasado de ser un manojo de nervios a una completa calma y frialdad que le hicieron ponerse en guardia. En ese momento esbozó una sonrisa maquiavélica y Spike aumentó la presión del arma sobre su frente.
-Yo de ti me lo pensaría dos veces antes de disparar, o ese monumento que tienes por compañera lo va a pasar realmente mal.- masculló el hombre.
Spike bajó el arma y llamó a Faye por el intercomunicador. No hubo respuesta.
-Mierda…
El sonido de unos tacones resonó en la sala, Spike observó la cara aterrorizada del hombre al mirar a quien quiera que fuese la que estaba a su espalda.
-¿Me llamabas?- dijo Faye.
-Ten encanta montar el espectáculo.- comentó el chico poniendo los ojos en blanco.
-Lo que sea, aquí tengo a nuestro escurridizo hacker, será muy bueno en lo suyo, pero planeando escapes es un auténtico patán. Intentó lanzarme a 3 gorilas en aquél antro de mierda, los 3 gorilas están ahora inconscientes en el asqueroso suelo, por supuesto.
Spike agarró al hombre que trataba de huir y lo arrastró fuera mientras Faye hacía lo propio con Fletcher.
No me puedo creer que la recompensa por el inútil este haya sido de 3 millones de woolongs.- comentó Faye en la Bebop tras cobrar la recompensa.
Dinero fácil, bienvenido sea.- añadió Jet.
Bueeeno, yo me voy a ir a… comprar unas cosas con el dinero que me corresponde.- dijo Faye levantándose.
De eso nada.- espetó Spike agarrándola de la camiseta.- Tú y yo tenemos una cena pendiente a la que tú vas a invitar. Perdiste la apuesta, así que te toca pagar las consecuencias.
Faye pataleó y se quejó todo el camino al restaurante chino al que la llevó Spike, hasta que cansada de quejarse se sentó y se dispuso a comer lo que él pidiese. Y el chico no tuvo reparos en pedir un montón de comida.
Cómo se nota que el que paga no eres tú, desgraciado…
La vida puede ser maravillosa a veces.- dijo Spike sonriendo.
Pidió sake en abundancia y le sirvió un vaso a Faye.
Te dije antes que no bebo.
No seas imbécil, estoy aquí para cargar contigo si se te va la mano. Bebe.
Te he dicho que…
Bebe- la interrumpió.
Y vaya que si bebió, se terminó 3 botellas y Spike tuvo que cargar con ella de camino a la nave.
Sabesh que eresh un idiota integral Shpike… ¿lo sabesh?
El idiota integral te puede dejar tirada en un callejón en cualquier momento, ¿lo sabes?- dijo Spike soltando una carcajada.
Eresh un tonto que nunca she da cuenta de nada.- prosiguió la chica- Yo tengo a quien quiera a mish piesh SABESH A MISH PIESH. Y tú… tú…- no pudo seguir, se inclinó a un lado y vomitó como si no hubiera un mañana.
Vaya por dios.- comentó Spike- Ahora lo que tienes a los pies es todo lo que has comido durante la cena.
Pero Faye ya no le oía, se había quedado dormida en su hombro.
En fin, yo me lo he buscado animándola a beber.
Al llegar a la Bebop la tumbó en la cama, en algún momento del trayecto a la nave a la joven se le había desabrochado su ceñido chaleco amarillo que ya de por sí no dejaba demasiado a la imaginación y Spike pudo ver parte de la tersa piel de sus pechos.
Tuvo que hacer un gran esfuerzo, un esfuerzo enorme, para taparla y no lanzarse y hacerle el amor allí mismo. No era el momento, aún no. No sabía lo que sentía por ella, pero sí sabía lo que ella sentía por él. No podía hacerle eso… a ella no.
Pero Faye se levantó y lo abrazó por la espalda.
No puedo más, Spike.- susurró en su oído.
A Spike se le cortó la respiración, se le estaba complicando la cosa demasiado.
No Faye, así no, no ahora… por favor.
Spike se soltó de su abrazo y se apresuró a salir por la puerta, se encerró en su habitación respirando agitadamente.
Esta mujer va a volverme loco.- musitó.
*Me he desvelado y esto ha resultado en dos capítulos prácticamente seguidos. Se va poniendo la cosa más íntima… xD. Un saludo.*
