Capítulo 3
— Mori-senpai, no era necesario que reaccionaras así — lo regañó Tamaki, al tiempo que lo miraba con cara de cachorro mojado.
Fiel a su naturaleza callada, Takashi no contestó, pero las palabras del rey le hicieron eco en la cabeza. ¿Por qué se había sentido impulsado a acudir al "rescate" del estudiante becado? Al fin y al cabo no lo conocía, y si bien sabía que Tamaki podía salirse de control de vez en cuando, tampoco estaba haciendo nada malo. Pero algo en el tono de Haruhi le había recordado al llamado de una damisela en apuros.
Qué gracioso.
— Lo siento Tamaki-senpai, pero ¿podrías por favor controlarte la próxima vez?
El corazón de Takashi dio un brinco al oír la voz de Haruhi detrás de él. Si él ya sabía su secreto, pronto los demás se enterarían también, ¿no? Claro que no sería él quien se los revelara, pero esperaba con ansias que no se demoraran demasiado en descubrirlo, puesto que no era muy bueno guardando secretos.
— Haruhi, sí que eres un muchacho frío eh — comentó Hikaru tomándola por el hombro.
— Nunca nadie le había hablado así al rey — agregó Kaoru.
— ¿Qué acaso nadie le ha dicho que es un pesado? Y qué con eso de "muchacho", yo…
Pero antes de que pudiera terminar la frase, Takashi la tomó en volandas y la llevó a la parte trasera de la sala de música. Si ella revelaba que era una chica, Kyōya seguramente le prohibiría participar del club, con lo que su oportunidad de pagar por el jarrón se iría por la borda.
— No lo digas.
El tono de urgencia de Mori-senpai sorprendió a Haru. ¿Qué le pasaba? De pronto la había alejado del grupo sin decir nada.
Había estado a punto de decirles a los demás que era una chica, porque al parecer todos se habían creído lo contrario. No era que los culpara, ya que la ropa que llevaba no dejaba muy en evidencia su condición como parte del género femenino. Y tenía que admitir que se sentía muy a gusto con el uniforme masculino del instituto. Siendo ella una persona muy simple, el vestido que las alumnas debían usar le resultaba muy llamativo y, claro, molesto. ¿Qué clase de uniforme era ese? Estaba acostumbrada a usar los que eran del estilo marinero, aunque esos también le parecían una molestia. Los pantalones eran muchísimo más cómodos.
— ¿Que no diga qué cosa? — preguntó extrañada. Mori-senpai parecía preocupado.
— No digas que eres una chica — murmuró —. Si lo haces, es posible que no se te permita tomar más parte en las actividades del club. Y si eso llega a suceder, ¿cómo pagarás por el jarrón?
Haruhi abrió bien grandes los ojos. Por supuesto que él tenía razón.
— Oigan, alguien se dejó la identificación aquí arriba — exclamó Tamaki.
— Oh no…
— Haruhi Fujioka… mujer. Mmm… esto debe estar mal. Haruhi, aquí dice que eres mujer. ¿Se habrán confundido?
— No, eso es correcto — cometó Kyōya, observando la identificación por encima del hombro de Tamaki —. ¿Acaso no lo sabías?
Haru se quedó perpleja. El vicepresidente también sabía que era mujer.
— Si serás lento rey — dijeron al unísono los gemelos —. Nosotros nos dimos cuenta en seguida.
— Nostros también, ¿no es así, Takashi?
El aludido no pudo más que asentir. Así que todos en el club, a excepción de Tamaki, ya estaban al tanto de la verdadera identidad de Haruhi. Incluido Kyōya… Lo que significaba que Haruhi estaba a salvo, puesto que, de lo contrario, no estaría aún ahí.
— Bueno, no es que fuera un secreto después de todo — comenzó Haru —, pero como nadie preguntó no me gasté en mencionarlo.
— ¿CÓMO PUEDES DECIR ALGO ASÍ? —estalló Tamaki — Y mira lo que le hiciste a tu pelo — señalando su cabello continuó — ¿Por qué esta tan corto? Mira en la foto de la identificación está largo.
— Tuve que cortarlo porque un chico del barrio le pegó un chicle. Es muy cómodo. Pero, aún más importante… Kyōya, ¿puedo seguir viniendo al club? Sino no sé cómo me las arreglaré con esa bendita deuda…
El vicepresidente pareció considerarlo por un momento (aunque solo quería sumar suspenso al momento, ya que todos los miembros del club lo observaban con esperanza brillando en los ojos) y, luego de tomar una gran y dramática bocanada de aire dijo:
— No veo cuál sería el problema.
Estaban todos comenzando a celebrar cuando Kyōya carraspeó para llamar nuevamente su atención.
— Pero a cambio de guardar el secreto, tendrás que conseguir que trescientas clientas pidan cita contigo.
