Disclaimer: Los derechos de propiedad intelectual de la obra no me pertenece, éstos son de su respectivo autor y sus colaboradores.
Aclaraciones:
Way: Es el nombre denominado a la otra parte de tu alma. Usualmente llegan a adquirir forma de animales durante toda la vida.
Paint: La marca del Way.
Advertencias: Demasiada fantasía, rastros de O.C aunque intenté evitarlo, no puedo exonerarme.
Disfruta de la lectura, extraño inquilino.
Way.
Capitulo tres.
El intento del búho.
By KellenHakuen.
—¿Te llevas mal con tu Way?
Tsukishima maldijo la estupidez de Tanaka en esos momentos. La pregunta del chico se deslizó en el aire, atrayendo así la atención del resto del equipo de Karasuno que habían dejado de farfullar y presumir sobre sus conexiones, solo para ahora centrarse en la espalda ajena del bloqueador central.
Completamente coloreada de un matiz escabroso, Tsukishima era carcomido por el Paint. El oscuro retrato de un cuervo de alas extendidas, como si maniobrara como rey del cielo estaba extenso en toda la espala del bloqueador.
—Es demasiado grande —Murmuró Sugawara, mirando preocupando la tinta negra que se manchaba como estrella en un cielo penumbroso. Hizo una mueca, preocupado. El Paint de la piel de Tsukishiam se percibía más abundante a vista ajena, inclusivo se notaba que las líneas oscuras fueron más atrevidas al caminar por el sendero del omoplato del cuerpo del bloqueador, quedándose estáticas como plumas sueltas sobre el pecho.
Sugawara pensó que nunca había visto una marca tan decrepita como la Tsukishima tenía con Kei, ¿acaso no había conexión entre ellos? Bueno, no era un hecho demasiado invisible que, si Tsukishima pudiera, patearía al pequeño Kei para que dejará de ser tan extravagante y molesto.
El armador de tercero miró a Kouchi, miró a su Way que dormía arrellanado sobre un cojín abandonado, luego a la pequeña marca que lustraba humilde a un costado por su vientre. Entonces, observó de soslayo al cuervo que ahora malbarataba a Shouyo con sus picoteos efímeros, escuchándose los quejidos de Hinata y rascándose la oreja por instinto.
En comparación, si había diferencias sorprendentes.
—No lo había notado —se excusó indiferente. Fastidiándose por las miradas acusadoras que ahora le rodeaban como fantasmas curiosos y hambrientos a la media noche. No sabía porqué le estaba dando tanta importancia a él y su way. Qué ridículo.
Tsukishima chistó molesto, y por supuesto, casi empuja a Nishinoya que usurpó la zona de su Paint con el deslizar de sus dedos.
—¡Incluso se siente caliente! —exclamó fascinado como si Tsukishima fuera una especie de criatura mitológica innegable.
Eso acto voluntario hizo que Kei también se erizara por el súbito toque. Molesto, el cuervo ahora picoteó la cola esponjada de la ardilla con un movimiento leonino de su defensa. Yuu soltó un chillido grito, eso alertó Ryounosuke que ladró, pensando que algún gato invadió en su morada. Correteó junto a un Tanaka que ahora intentaba pararlo, aunque igual de molesto, luego eso hizo enojar a Daichi, qué grito, reprimiendo con furia los instintos de Tanaka y su Way.
Y por último, Tsuki aprovechó de la improvisada conmoción para buscar sus prendas, vestirse y culminar de ese incomodo interrogatorio, y lo habría hecho, excepto por la intervención de…
—Kei es demasiado agradable —La voz de Hinata resonó sobre el recito —…¡Uwaaah! Se llama muy bien con Shouyo.
—No te pregunté por las relaciones que tiene mi way con tu rata amarilla. Además, ¿quién se llevará bien con un cuervo suicida? —escuchó el graznido ofendido de Kei atrás suyo, pero le restó algo de importancia.
—¡No puedo creer que sea parte de su alma! —se defendió el miembro más bajo del equipo —, de un tipo como tú.
Tsukishima también se hacía la misma pregunta, ¿qué tenía en común con un cuervo terrorista? Porqué eso de lanzarse por las escaleras o cualquier fuente de gran altura no era de sentido común.
—No te preocupes, Tsukishima —alentó Nishinoya, que ahora estaba a un costado.
—Nosotros podríamos ayudarte a que te lleves mejor con tu alma.
—Gracias, pero no recuerdo haber pedido su ayuda.
Tanaka hizo una sonrisa horrida, provocándole una sensación socarrona al bloqueador de primero año.
—¿Qué dijiste, bloqueador?
—Tanaka compórtate —reprendió Sugawara, y el exaltado Tanaka se sosegó —, pero cualquier cosa avísanos, Tsukishima.
El rubio pensó que el resto del equipo era demasiado entrometido. Sabía que las conexiones de los usuarios eran de vital importancia entre las almas, pero, él, jamás podría llevarse bien con un polluelo con instintos suicidas. Es más, hasta la premisa de llevarse bien con Hinata era mucho más tentadora y menos estúpida que la sugerencia de que él y Kei puedan entreabrir un dialogo que no sea el de querer lanzarse por la ventana con la idea de volar.
—¿No temes a que tu alma se envenene? —inquirió el líbero.
—No.
Porqué los Wolffy no existían.
—Eres más hombre de lo que creía, Tsukishima—felicitó Tanaka, quién le otorgó unas cuantas pesadas palmadas en su espalda. Tsuki sintió arder la zona dónde el cuervo domeñaba. Aguantó soltar un quejido, en cambio, arrastró un frio:
—No hagas eso, por favor.
Ah, entonces sí que eran cierto los rumores de que el Paint era sensible al tacto ajeno. Qué pesado.
—Yo no creo en ese tipo de cuentos infantiles, Nishinoya-san—exclamó mordaz. Era imposible que el realista Tsukishima creyera en las fabulas del mito de los Wolffy.
—¡Eres genial, Tsuki!
Seres oscuros y de escabrosos colmillos, vigías de las relaciones entre un usuario y el alma. Guardianes de la vida y seguidores en la muerte. Criaturas capaces de arrancarte el fragmento del Way de un certero zarpazo, claro, claro, existían...
Calumnias.
Incluso las hadas de buena fortuna sonaban más convincentes que ellos y sus pesadillas.
—Sí que eres valiente.
—Los Wolffys no existen —masculló —Yo no creo en esas cosas.
—¡Dicen que si existen! Hombre, los rumores dicen que incluso las pesadillas son por su causa —Tanaka argumentó.
—¿En serio las pesadillas son su culpa? —preguntó Kageyama, buscando en sus vestigios cuándo fue la primera vez que tuvo una.
—También dicen que los días nublados son su culpa —a la conversación se unió Yamaguchi con la misma curiosidad que el armador.
—¿No es culpa de los Cudupis? —propusó Asahi, rascándose la barbilla —, había escuchado que era cuándo ellos estaban tristes.
—¡No, es por los Wolffys! —chilló Hinata.
Tsukishima pensó, ¿cuándo habían cambiado de tema tan rápido? Bueno, mejor para él.
—Mejor dejemos terminado el tema, ¿no lo creen? —culminó Sugawara.
Y el resto del equipo no tuvo objeción por eso y Tsukishima lo agradeció, todo ese tema de criaturas mágicas y brillos inminentes lo aborrecía. Lo mejor sería retirarse de estas cosas.
Kuroo nunca creyó necesario el amor en él. Para él, su vida estaba en equilibrio si sólo practicaba Voleibol. A veces prefería un balón que una chica de su curso. Sin embargo, no es cómo no se interesará en éstas, pero él creía en que las relaciones amorosas eran demasiado complicadas, el enamoramiento de los ways, innecesario, el alma gemela, una idea imposible. Por ende, desde que Tetsurou no mostró algún indicio de querer estar junto a alguien. Él se sintió satisfecho, pensó que su vida podría estar sin estragos. Realmente, lo juraba, realmente no esperaba que su way se enamorará de un cuervo, tampoco esperaba que éste perteneciera a una persona tan acida, de sólo pensarlo, si le incomodaba. Tsukishima le agradaba, de vista, parecía alguien diferente al grupo que conformaba Karasuno. Tácito, realista, tranquilo y sátiro. Kuroo pensaba que era divertido molestar esa muralla que se hacía con el mundo, incitarlo un poco para más, lo consideraba un buen potencial de bloqueador.
Un jugador con habilidades sin pulir. Sólo eso, no es cómo sus comentarios o sus miradas tuvieran una intención de trasfondo, él lo hacía con la idea de verlo mejorar como miembro del equipo y así, poder tener un enfrentamiento justo el día de la batalla del basurero.
Si le preguntaban si a él le interesaba ser parte de su alma gemela y conformarla a lado de Tsukishima. Kuroo diría que no, no le interesaba.
—¿Bro? —rompe el silencio de sus pensamientos una voz que se desliza en el centro de la cafetería. Bokuto miró a Kuroo con sus enormes ojos, quién éste hace rato picaba una espinaca con su tenedor, encismado en sus pensamientos. Parecía un astronauta flotando en la galaxia.
—Bro …—sisea el morocho. A su lado su way yacía acostado sobre la banca, oscilando con paciencia su cola, maulló, recibiendo a Bokuto con alegría.
—Te he notado algo extraño …¿Cómo se encuentra, Tetsurou? —El capitán de Fukurodani se sienta un lado, mientras adentra su utensilio dentro de la masa misteriosa y opaca. Hace un gesto, no recordaba que la comida tuviera tales virtudes grumosas, juró que había salpicado algo.
Por otro lado, Koutaro planeó en el aire, y por el comedor antes de aterrizar violentamente en la mesa de los dos, asustó a Tetsurou que le gruñe ofendido, provocando una mínima reacción en Kuroo que frunce el ceño a su compañero, sin embargo, éste sólo ululó indiferente, volteándose hacia su usuario antes de picotear la comida de Bokuto, éste chilló enojado por tal acto delictivo.
—¡No lo comas! —gritó, intentando arrebatarle su bandeja de sus garras, floreciendo una riña entre ellos. Uno no quería perder la comida de hoy por más aspecto horrido que tenga, y el otro, simplemente actuaba bajo el instinto del hambre.
El conflicto da inicio, Koutaro ululó, expandiendo las alas acromáticas, amenazando al bípedo de frente quién solo responde al ascender el fulgor del tenedor como si esta fuera una espada de caballero.
—En guardia.
Kuroo soltó una carcajada ante el espectáculo público de Bokuto y su way. Éste sólo sonrió y animado decide darle la victoria a Koutaro, quien come gustoso, y ahora procede a cuestionar, aprovechando de los disturbios que silenciaban un poco el lugar.
—¿Se curaron sus heridas?
—Sí. Lo llevé a la enfermaría.
—¿Sigue enamorado de …? —fue interrumpido por Kuroo, quién sólo le indicó un gesto de discreción. Al menos esperaba que se anduviera con más sigilo. Así que el búho bajo la voz
—¡Bro!, ¿cómo es eso posible?
—No lo sé.
—¿Y Akaashi? —Kuroo preguntó para desviar el tema de él, no quería hablar de él y su incómoda situación. Aunque si estaba curioso de no notar al armador de Fukurodani cerca de su compañero, casi siempre veías a Bokuto adherido como germen a Akaashi. No era común verlos separados, Kuroo se preocupó de que existiera algún presagio que cayera en el campamento por culpa de este hecho. Se centró en Bokuto, quién solo hizo una mueca alegre, dispuesto a responderle de su paradero de su armador.
—No lo sé.
Si al menos supiera en dónde se hallaba éste.
—No lo he visto, pero lo encontraré pronto, Koutaro ha estado buscando a Keiji. Seguramente lo encontrará antes que yo.
—¿No crees que eso es extraño?
Kuroo había empezado a sospechar de antes, que las intenciones de Koutaro sobre el búho de Akaashi eran más profundas que simples roces y amistades. Para confirmar, observó al imponente ser de alas grandes que llevaba el platillo a la mitad, luego regresó a Bokuto
—No —respondió el número cuatro —, quizá sólo quiere enseñarle voleibol como yo lo hice con él.
—Ya veo.
Lástima que la distracción de Bokuto y amor incondicional hacia este juego hiciera que no se diera cuenta de su situación. En fin, sería divertido desentrañar esto luego.
—¿Has hablando con anteojos al respecto? —Kuroo maldijo por segundos al ver que su plan no surtió el resultado esperado, y Bokuto insistía en la verdad, la de su Way enamorado del de Tsukishima.
—¿De qué hablas? —inquirió. Bokuto hizo un silencio, antes de añadir con la misma seriedad.
—Qué harán de ahora en adelante?
—Ni que fueran a tener crías, Bokuto.
—¿Tú cómo sabes? ¡Inclusive pueden casarse!
Kuroo bufó, pero decidió darle una mirada al rubio que, de momento, sólo se reía de Hinata y su baja estatura.
Era cierto que las influencias de Tetsurou eran tan fuertes que inclusive Kuroo ya no podía renegar de la idea de querer hablar o estar cerca al chico de anteojos. Ahora, en las noches se sentía deprimido por su ausencia, en las mañanas, intentaba consolidar alguna conversación, siendo respondido por monosílabos y cortas disculpas sobre irse a temprano, y en la tarde, pretextos sobre querer entrenarlo, pero la interrupción de los guardianes de Kei no uxiliaba ya que siempre terminaban por corretear a su way cada que éste quería acercarse. Una discrepancia que corría a un desastre por un malentendido. Su way estaba enamorado, era algo innegable, pero él, él no lo estaba de Tsukishima. Encontraría la forma de evitar a ambos, sólo quería hablar con el rubio y esclarecer la situación. Él podía liderar con esto, podía manejar las sensaciones cómo si fueran algo normal y no parte de un amor inminente, podía evitar enamorarse.
Dejar su alegato hacia el bloqueador y concluir que, él no se sentía atraído a la premisa de ser su compañero toda su vida, tampoco lo consideraba una obligación querer estar cerca, quizá si los dos conversaban, podrían urdir alguna forma de mantener a sus almas contentas, y ellos estar bajo el mismo hechizo de siempre, vivir pacíficamente sin ningún cambio extraño en sus vidas, pero Tsukishima le huía como si él mismo fuera una peste andante. Nada era muy favorable cuándo intentaba dejar en claro las cosas o al menos platicarlos.
El tiempo se le agotaba, el campamento pronto terminaría, si sus almas eran separadas se volvería un caos, abrirían una caja de pandora de destrucción para ellos, y con Tetsurou exigiéndole ver al pequeño cuervo, deprimiéndose y enfureciéndose más de una vez, no sabía qué hacer para llevar esta situación de la forma más satisfactoria que no fuera al fin obligarlo a hablar.
—Llevo días intentando acercarme a anteojos, pero siempre me evita.
—Eso no es bueno.
—Lo sé —masculló, lo peor de la situación Tetsurou estaba triste, por ende, él también se sentía vacío —, sólo quiero aclarar la situación —suspiró, molesto.
—¿Quieres que te ayude? —se ofreció el compinche de ojos dorados. Por su parte, Kuroo frunció el ceño, no es que confié en las habilidades de Bokuto para solucionar o auxiliar en situaciones complicadas.
La verdad es que no, no confiaba.
—No es necesario …—pero, con lo voluble que era Bokuto, Kuroo prefería lidiar de forma educada y anular su ayuda, sólo esperaba que este no dramatizara de la situación.
—¡Oh! ¡Koutaro y yo te ayudaremos a que hables con Tsukishima! —exclamó, animándose de actuar, como si fuese un titiritero que preparaba a sus muñecas. Alzando el puño al aire, agitándolo por segundos, terminó por llamar la atención de algunos estudiantes.
—En verdad que no…
Bokuto lo miró, esperando que a continuará, Kuroo ya no supo cómo continuar.
—Sólo espero que me ayudes de verdad, Bro.
En la cancha vieja, el ruido estridente de las zapatillas deportivas arrastrándose sobre el piso hacia contraste con el rebote de los balones. Los integrantes del equipo de Fukurodani llevaba la delantera durante ese partido de práctica. Bokuto chilló el nombre de su armador, quién correspondió de su llamada al lanzarle el balón en el aire, el capitán se alzó, y con facilidad golpeó de éste, atravesándose veloz al otro lado de la cancha.
Un punto para Fukurodani, otro más cerca de ganar.
Mientras Bokuto celebraba su inminente victoria, presumiéndole a Akaashi de su fuerza. Kuroo jadeó al terminar de recibir el balón, mandándole a Lev que se encontraba a unos centímetros moviéndose para llamar su atención. Ahora apoyó el peso de sus manos en los muslos, miró a el de hebras exóticas, que agitaba a un apacible armador, éste no ha mostrado un comportamiento extraño desde que las practicas dieron su inicio. Por su parte, Kuroo agradecía que la estrella estuviera abstraído en el entrenamiento y por ende, el tema de la conversación hubiese muerto con los alimentos.
«Yo te daré la señal, Bro. Y así podrás ir a hablar con anteojos»
En verdad no era necesario, pero esa fue la buena intención que Bokuto le entregó a su compañero antes de comenzar, Kuroo temió un poco, decidió dejarlo a su suerte, sin embargo, el búho no ha enseñado una acción espontanea fuera de su conducta, más de lo que ya era.
Quizá ya se olvidó de auxiliarlo y prefirió ganarles a todos, pero, lo que el azabache no contaba es que cuándo ambas miradas se enfrentaron, Bokuto ya dio inicio a su estrategia. Los ojos de Bokutos le aseguran confianza, en silencio con un gesto de fe al levantar el pulgar, le indica que proseguirá con lo mencionado de antaño. Kuroo sólo se limita a escrutarlo bajo el silencio y en una esquina de la zona en dónde entrenaba.
Bokuto dejó de estar en el medio de la cancha, procurando correr en dirección a la red, arrastrándose fácil y veloz, como si en el talón hubiera pequeñas alas cosidas en el tenis. Preparándose, él dio uno de sus saltos más poderosos.
—¡Akaashi! —gritó, antes de elevarse como si fuese un ave emprendiendo el vuelo. El armador asintió, reacomodando el balón que estaba arraigado en sus manos, lo empujó, elevándose hacia su capitán con precisión.
Bokuto no tardó en desfigurar su rostro en una sonrisa una vez que el balón osciló enfrente, con el ímpetu, golpeó la esfera como si de una baña de cañón se tratase. Sin embargo, no se escucha el grito celebre de Bokuto, ni siquiera el estrambótico ruido del plástico estrellándose contra la cancha, no resonó nada. El balón no estaba en la otra zona, aclamando un punto de más para la victoria aplastante, éste fue proyecto a otro lado diferente a su usual lugar, aún en el aire, éste se dirigió a gran velocidad a un susodicho que entrenaba en la cancha, más específico, el bloqueador central número once de Karasuno.
—¡Tsuki, ten cuidado! ¡El balón va hacia a ti! —se escuchó la alerta del chico de pecas.
Kuroo casi aguanta la exclamación de dolor que le surgió al ver el impacto de golpe, Tsukishima apenas y se había cubierto con el brazo para evitar que le diera en la cara, pero, debido al frenesí del movimiento su antebrazo terminó chocando con su rostro, provocándole así que los lentes salieran al aire haciendo parecer el accidente más grave de lo que fue.
Bokuto observó su obra desde el fondo, ahora sólo faltaba que Kuroo pusiera andar la mecánica de su mente y entendiera qué…
—Bokuto-san —se escuchó la voz de Akaashi atrás de él, Bokuto sólo se limita a sonreír nervioso al sentir la mirada estoica de su armador.
—¿Qué sucedió? —prosiguió éste, esperando que el capitán dijera alguna palabra. Sin embargo, el búho mayor se encontraba tácito, no esperaba las represalias de Akaashi.
—Un accidente —comenzó, Akaashi levantó una ceja, incrédulo a lo que él decía.
—¿Un accidente?
—Así es.
El armador no mencionó nada más, él conocía a la perfección a su capitán. Y era obvio que eso no fue un accidente, por más impulsivo que sea Bokuto, Akaashi podía jurar que existía una razón dolosa tras eso.
—¡Bokuto! —se escuchó a Konoha, el capitán de Fukurodani sabía que iba a ser regañado muy pronto.
—¡Fue un accidente! —alegó el mentiroso Bokuto, puesto que las miradas represivas de sus compañeros se inyectaban como balas en él. Akaashi frunció el ceño, lidiaría con él más tarde, lo importante era verificar el estado de Tsukishima.
—Eso no pareció un accidente, Bokuto-san —dio la sentencia el armador, Bokuto quedó congelado.
—¡Akaashi! ¡Debiste auxiliarme! ¡Mal amigo!
—¡¿Cómo que no fue un accidente?
Bokuto tuvo que lidiar con sus compañeros molestos de sus imprudentes acciones a verificar el estado de Tsukishima.
Karasuno dejó de lado todo lo que estaban realizando hace unos momentos, con la mayoría de los miembros del equipo rodearon a Tsukishima quién se sintió asfixiado de tener a tanto integrante arrebatándole parte de su espacio personal.
Los observó a todos con molestia, escondiendo la mejilla con su palma extendida.
—¿y eso que fue? —inquirió Hinata, acercándose a él. Tsukishima le envía una mirada burlona, antes de responder.
—Un balón, ¿eres ciego?
Hinata se encolerizó y hubiera respondido con algún comentario mordaz de no ser por la intercepción afortunada del chico de pecas.
—¡Tsuki! ¿Te encuentras bien? ¿en serio? —Yamaguchi estaba histérico, sólo esperaba que su amigo no tuviera lesiones mortales a futuro. Ese golpe sonó más fuerte de lo que realmente parecía. Tsukishima sólo asintió, pensando que estaban exagerando más de lo permitido.
—Estoy bien, cállate Yamaguchi.
—¿Seguro te encuentras bien, Tsukishima? —preguntó un preocupado Asahi, devolviéndole los anteojos, Tsuki dejó de cubrirse la mejilla con una mano, enviándole una mirada apacible al recibirles con un mudo «Gracias.»
—Estoy bien, Asahi-san —contestó seco. Sentía que la mejilla le palpitaba, pero no creía que fuera para tanto.
—¡Tsuki! ¿no quieres que te acompañé a la enfermería? —Yamaguchi estaba que casi le da un paro cardiaco. El pómulo de Tsukishima empezaba a adquirir tonos rojos, eso le preocupaba.
—No, Yamaguchi. Estoy bien —el rubio comenzaba a hartarse de tanta atención dirigida a su persona, ni que fuera tan grave.
—Tsukishima, ese golpe se escuchó muy fuerte —Daichi, ahora miraba a Tsukishima con la misma preocupación que sus compañeros —, sólo por si las dudas,
—Alcancé a cubrirme —se defendió.
—Lo mejor será que vayas a la enfermaría —quién dictó la última oración fue el entrenador Ukai, cruzándose de brazos a pesar de la mirada que le envió Tsukishima, él no cedió —, ve a pedirle a algún compañero que te lleve a la enfermaría.
Tsukishima al final, optó que sería más complicado llevarle la contraria.
—¡Ve, Kuroo! —añadió Bokuto, otorgándole un empujón al capitán de Nekoma, éste procuró no tropezarse por la fuerza que le dio al tratar de ayudarlo.
—¡Esta es tu oportunidad! —expresó. Kuroo dudó unos segundos en ir, aunque odiará admitirlo el capitán de Fukurodani tenía razón, una oportunidad cómo éste no se volvería a presentar en su vida, pero cuándo Kuroo regresó la vista para ir a guiarlo hacia el lugar, Tsukishima ya se había ido a la enfermaría acompañado de otro estudiante.
—¡Bro, perdiste la oportunidad!
Kuroo hizo una mueca a su amigo, no necesitaba saber que le recalcaran algo tan obvio.
Negro.
Para Tsukishima no había más que un campo oscuro que se extendía a kilómetros de su alrededor, a la izquierda existían penumbras, a su lado, existían penumbras y al arrostrar, oh que maravilla, penumbras.
Y atrás…
¡Sorpresa! Sólo había más oscuridad.
Kei no estaba a su lado, decidió que lo mejor era caminar por un rato hasta hallarlo antes de que las sensaciones de vacío y los efectos secundarios, comenzaran a atosigarlo. Después de deambular por minutos sin sentido, Tsukishima percibió síntomas extraños.
Cada paso que daba, es cómo si una sensación helada recorriera la columna, el aire se volviera pesado y el corazón se le aceleraba, quizá sólo estaba delirando. La falta de compañía de su way, le estaba afectando psicológicamente.
Un paso, primero siente que el ambiente es diferente, ya no es tranquilo, ahora es más turbio, la garganta empezaba a doler, parecido a quemarle con hierro caliente, pero no se quejó. Al contrario, él da otro paso, sintiendo como el ambiente se volvía tétrico, y él, extrañamente se deprime con éste. Da otro paso con el pie, las sensaciones se hacen más aterradoras, la respiración se le altera, él advierte que algo se le sube por la pierna, está húmedo, pero al mirar abajo, no hay nada.
Intenta dar otro paso, pero es detenido, siente que el aire se le acabó y el pecho se le oprimió, aguantó un quejido, llevándose la mano a su peto, estrujándose la ropa con dolor, algo le está ardiendo.
Sin embargo, una sensación horrida le recorre en la espalda y todas las sensaciones que llegaron a agobiarlo, se transforman y son peores, no hay nada. Silencio, el corazón le está golpeando demasiado, en el fondo, hay algo en el fondo. Tsukishima se detiene al ver que no estaba solo. Atrás, algo le observaba.
El rubio despertó, con una sensación de mareo. Fue un sueño, se dijo. Aún domeñado por esa sensación de vacío inigualable, que ya conocía muy bien, quiso verificar la razón así que volteó al tumulto de almohadas dónde descansaban los demás ways, chistó al ver que los resultados no eran los esperados.
Kei no estaba en la almohada dónde lo dejó.
Miró más allá, el way de Tanaka estaba de panza, exhausto y soltando bufidos que le hacían mover la pierna izquierda, arriba, en su estómago yacía Yuu igual de dormido. Rodó los ojos, ¿de qué le servía la protección innecesaria si no estaba cuando se necesitaba?
Kuroo se había despertado por el ajetreo que se realizaba cerca de él, se escuchaban los maullidos de Tetsurou, inclusive el rasgar de las sábanas, temió que el entrenador fuera a regañarlo por los desafueros criminales que estaba realizando su way.
Por lo que, al abrir los ojos, ascendió buscando encontrar con la mirada al causante de los ruidos en la media noche, hallando que al pasar de los segundos su way estaba escondido bajo una fortaleza de sabanas.
—¿Qué estás haciendo tan tarde, Tetsurou? —preguntó el morocho, sosteniendo la frazada de una esquina, arrastrándola lejos de su way para descubrirlo, tirando ésta lejos. Lo que vio, le dejo perplejo y con una sensación extraña.
Tetsurou no estaba solo.
Había plumas esparcidas a su lado.
Y al esclarecer mejor, yacía una criatura desconocida, en realidad no lo era, era algo que empezó a conocer a la perfección.
Un cuervo, pequeño e hiperactivo.
El cuervo de Tsukishima.
Oh mierda.
Notas finales.
Han pasado 84 años …Me gusta usar ese meme, y creo que este es el mejor para la ocasión. En fin, no planeo mentirles, me entretuve escribiendo en otros fandoms y la inspiración para Way se disipó junto a las ganas, pero, después de investigar un poco sobre mitologías las ideas para esta historia volvieron a brotar como fuegos artificiales en el cielo. Espero me disculpen por un enorme periodo de espero, trataré de ya no cometer el mismo error.
Ahora, cómo verán, incluí un poco más de fantasía, ¿qué se imaginan que son los Wolffys? Yo tengo una idea clara, pero, ustedes podrían tener otro. Me encantaría saber sus cosas, si se llegan a imaginar, ¿creen que le pasa a Tsukishima?
En fin, muchas gracias por leer hasta aquí.
Un enorme abrazo y un besito.
