Disclaimers: The Hunger Games NO me pertenece; es de la gran Suzanne Collins.
Sumary: Katniss es una chica escéptica, divertida y popular. No sabe cómo llego "Allí" y por supuesto no se traga el cuento de "Haz caído en otro dimensión preciosa" que Haymitch se ha empeñado en contarle. Pero algo es cierto; Ella no pertenecía a ese lugar… y si quería que su vida fuera normal de nuevo necesitaba superar las pruebas que le esperaban en ese lugar. Y si, por primera vez no se refería a los zombies.
—Dialogo —
—Pensamientos—
—Pensamientos dentro de un recuerdo—
Cuando este toda la narración en cursiva es un recuerdo.
PenName: Kuroi-Kagura.
Tú no perteneces aquí.
Capítulo 3: Pesadilla.
Volví a reír –esta vez nerviosa-. Estaba claro que a este tipo el alcohol le había hecho daño.
¡Otra dimensión! Ese Haymitch era todo un loquillo.
Se me vino una idea a la mente y sonreí divertida al entender todo —. Ok —pronuncie —. ¿Dónde están las cámaras?
Peeta alzo una ceja curioso.
Rodé los ojos. —. Bien, reconozco que eres buen actor ¿Peeta? —le dije con una sonrisa coqueta. No podía creer que Finnick se hubiese prestado para esto, ya después tendríamos una conversación seria.
—No soy actor. — pronuncio cortante el rubio.
Haymitch se aclaró la garganta —Mira preciosa, te explicare… más que todo porque me divierte tu mala suerte —hizo una pausa para beber un trago de licor —. No es una broma ya después puedes comprobarlo tú misma. Pero esta es otra dimensión, un universo paralelo u otra realidad.
Levante la ceja escéptica. Aja, claro y yo soy rubia ojos azules. ¿Alguien notaba el sarcasmo?
Frunció el ceño para continuar. —Por si no lo sabes, y estoy bastante seguro que esa cabeza hueca tuya no comprende.
—¡Oye no soy hueca! —lo reprendí.
Peeta rio y lo mire amenazante.
—Solo para que coste —susurre. —Sé que es un universo paralelo —. Le dije haciendo una mueca.
Haymitch me ignoro y continúo su explicación. — Los universos paralelos son una concepción mental, en la que entran en juego la existencia de varios universos o realidades más o menos independientes.
¡Alabado sea Wikipedia!
—Entiendo el punto —. Mencione.
—¿Entonces es verdad? —Pregunto Peeta. Bien, me extrañaba que se hubiese mantenido tan callado.
—¿Qué es verdad? —pregunto Haymitch.
—Una vez oí a mi padre hablar de un portal. —menciono asombrado —. ¿Realmente existe?
—Si —respondió esté.
—Hace algún tiempo preciosa, se me encargo la misión de hacer un portal que lograra trasladarse a otro universo —menciono distante —, y después de años de investigación y experimentos fallidos; fue creado el primer portal.
—¿Y eso fue lo que nos trajo hasta aquí? —pregunte.
—Exactamente.
—¡Por supuesto, no sé cómo no lo pensé antes! —dije con sarcasmo. Ya comenzaba a fastidiarme esto.
—No cree nada —menciono el rubio.
—¡Obviamente! —le respondí. —. Esto paso de The walking dead a Star Trek. Discúlpame si no me creo ni una palabra de lo que dicen.
Peeta me miro desafiante. —Pues deberías empezar a creer niña, dos de tus amigos murieron hace unas horas y si sigues siendo tan estúpida acabaras igual.
Trague pesado, recordaba completamente la escena con esas criaturas. No tenía que recordármelo.
Carlos fue… dios mío pobre Carlos. Yo vi cuando esas cosas lo despedazaron; no había manera de lograr eso con efectos especiales. Simplemente lo sabía…
—Finnick…—susurre para mí. La última vez que lo vi estaba vivo. Él estaba bien ¿Verdad?
Malas imágenes vinieron a mi cabeza… Sabía que esa última cosa se le había acercado demasiado, realmente lo sabía. Finnick estaba herido cuando lo deje.
Peeta me miro con arrepentimiento —. Mira, lo siento ¿Bien? —me dijo con lastima —. Sé que es duro, pero debes empezar a despertar… Esto no es una pesadilla es real, todo esto es real.
Lo mire interrogante aun con el mal sabor de boca
—¿Cómo puedes estar tan seguro de que es real? —le pregunte. Mi tono de voz era cansado y roto. No solo había visto morir a alguien. Si no, que también sospechaba que la única persona con quien había logrado una conexión real, se encontraba herido.
Los ojos de Peeta se tornaron oscuros y fríos.
—Porque así ha sido siempre —menciono distante. Sus palabras sonaban honestas, yo empezaba a creer esta locura.
Lo más importante ahora era encontrar a Finnick, tenía que trazar mi camino a él. Solo pensar en que estuviera herido, me destrozaba.
—Bien. —le dije a Haymitch —. Decesito una prueba real.
Peeta rio con diversión —. Eso suena interesante.
—Supongo que no sería muy difícil —menciono Haymitch.
Él se levantó de su asiento y nos guio por múltiples pasillos –y un ascensor-, hasta la salida. Toda la propiedad está cercada y con muros en algunos lugares; era como una mini prisión de máxima seguridad.
El olor que desprendía el exterior era simplemente nauseabundo y a medida que nos acercábamos a una reja pude ver el motivo. Las horribles creaturas con forma humana estaba a su alrededor; se movían de forma descoordinada y torpe.
—¿Qué son? —pregunte asqueada.
Peeta me miro. —. Son personas…
—Eso es imposible. —dije.
—Te sorprendería la cantidad de cosas terroríficas que son reales —murmuro Haymitch.
Lo mire, ese borracho loco podía ser bastante profundo.
—¿Están vivos?
—Lo estuvieron en algún momento —me respondido Peeta —. Pero ya no más.
Haymitch se acercó a uno y con un rápido movimiento lo atrapo. Cerré los ojos y contuve la respiración.
—De verdad no eres de aquí…—menciono el rubio analizándome.
Negué. No era de aquí y sinceramente quería regresar… a donde quiera que estuviera mi hogar.
El sonido de algo aplastarse me hizo saltar.
Solté un grito ahogado. Haymitch acababa de aplastarle el cráneo al ¿zombie?. Creo que cerré los ojos en el momento equivocado.
Trate de contener las náuseas que me provoco aquello.
—¡Ok, para! —dije —. Les creo.
Haymitch me miro —¿Eso es todo? —menciono —. Incluso te iba hacer ver una autopsia.
Negué rápidamente, si seguía vomitaría con seguridad —. No por favor, solo entremos…
Aunque pareciera ilógico: con cada paso que daba hacia la segura residencia; el miedo en mi crecía. Era tonto negarlo, ya no me encontraba en mi confortable vida, mis días de comodidad y alegría parecían ya tan lejanos.
Los latidos de mi corazón comenzaban a acelerarse…
—¿Qué fue lo que paso aquí? —pregunte con voz poco audible.
Peeta miro hacia otro lado. —Nos atacó el peor de los males.
—La codicia humana —termino Haymitch.
Camine hacia al ascensor subterráneo.
Toque con mi mano la licencia de conducir en mi bolsillo. Aquí nadie las utilizaba, por lo menos desde hace dieciséis años; dejaron de servir un poco después de la propagación del virus.
¿Un auto deportivo? ¿En serio?
No es que no hubiera autos. Los utilizábamos siempre, pero claro, eran todo-terrenos –tan grandes como destructivos-.
Comenzamos con la misión de reconocimiento. No era nada extraño en realidad, solo un objeto no identificado en el área "D", el área "D" estaba desolada –así que cualquier movimiento nuevo era fácilmente descubierto-. Era un área rebelde bastante conocida, exactamente en el distrito trece.
Lo extraño era que el capitolio se arriesgara a entrar en él: por lo general, lo único que podía hacer para "mantenernos controlados" era activar el muro de energía. No era muy efectivo pero mantenía un distrito separado del otro.
Alguien me toco el hombro —. ¿Qué va mal James?
Charlie Hawthorne me pregunto preocupado. El y Anthony Mellark se encontraban en la entrada del cuartel.
No había notado que ya me encontraba en el nido –con exactitud A-1-.
Suspire con cansancio. —. Vamos a la sala de juntas. Hay un problema.
No lo podía crecer, simplemente era imposible. ¡Joder no ahora!
El capitolio estaba haciéndolo otra vez, esto era la prueba. ¡Maldición! ¡No estaban tan indefensos como creíamos!.
Esto nos ponía en desventaja. Una gran desventaja y teníamos que recuperarnos con rapidez, si no lo hacíamos, seriamos aplastados.
Tome la identificación y la acerque.
Finnick Odair. Ese era el nombre del intruso, el dueño del Lamborghini. Tan resaltante como llevar un cartel con luces encima de su cabeza.
Camine con rapidez pasando los guardias de seguridad. Me tope en los pasillos con varias personas conocidas e hice algunos saludos –ninguno lo bastante largo. No quería ninguna conversación ahora-. Me removí el cabello con frustración. Esto me haría llegar tarde con Catherine y Prim, pero era mejor informar esta situación con rapidez.
La sala de juntas se encontraba vacía como siempre, a menos que se realizara alguna reunión importante.
—¿Estas seguro que el portal no funciona? —pregunte alterado. No podía dejar que el capitolio llegara hasta allá. —. No podemos irnos sin estar seguro.
—¡MALDICION! —grito Haymitch. Comprendía su humor, acababa de perder a su familia. Pero si no preguntaba otros podían perder las suyas. —. Esta destruida. —dijo tratando de calmarse. Se notaba que seguía en shock —. ¿¡Me oyes!?¡No funciona!
— Haymitch…
—¡Ahora vete! —me dijo.
No podía dejarlo aquí, lo matarían. —Ven con nosotros.
Me miro como si no comprendiera, pero luego negó. —. No, solo vete.
Anthony se aclaró la garganta. — ¿Qué es lo que pasa?
—Si, ¿Qué encontraste en la misión de reconocimiento? —pregunto Charlie.
—Han encendido de nuevo el portal. —dije sin maquillar la noticia.
—¡¿Qué?! —dijeron los dos con sorpresa.
—Lo que escucharon, el capitolio ha encendido de nuevo el portal —repetí —. Encontré esto en un auto que, supongo, y estoy bastante seguro que no es de aquí —. Mencione pasándoles la licencia.
Sus expresiones fueron de total confusión por unos instantes, para después volver a su máscara de frialdad. Mis compañeros – quienes estuvieron conmigo trabajando hace algunos años para el capitolio-, fueron testigo y confidentes de los planes que tenía el capitolio para el portal, y saber que habían vuelto a sus andadas… era plenamente aterrador.
El ruido de alguien aproximándose a toda velocidad hizo levantarnos.
Cuando ese alguien abrió la puerta con fuerza. Note la cara pálida de Prim, mi pequeña hija —. ¡Gale! ¡Están persiguiendo a Gale! ¡Son muchos y creo que está herido!
Todo mi cuerpo temblaba y no era precisamente de frió. Sentía que la sangre se iba de mi cara con cada palabra que salía de sus labios.
Según todo lo que me habían dicho: los zombies –si, zombies- habían invadido su mundo cuando un virus fuera de control se desato en la civilización. Lo sé, todo sonaba muy a lo resident evil.
Yo sabía en lo más profundo de mí ser, que Haymitch sabia más de lo que decía. ¿Pero como le sacas información a alguien, que es capaz de desmembrar sin la más mínima compasión?. Lo acababa de ver y parecía un maldito asesino en serie.
Haymitch y Peeta habían traído –a pesar de mi oposición- una nueva criatura, para disipar todas mis dudas. Incluso querían que lo tocara (me negué rotundamente a esto). Me dejaron tranquila cuando realmente pensaron que me desmayaría del susto, la verdad no estaba muy lejos de pasar.
Haymitch y Peeta esperaban que me quebrara delante de ellos. Que llorara como una chiquilla. Pero ellos no me conocían y yo no me iba a quebrar –no en su presencia-. Katniss Everdeen no era una chica débil, no lo había sido en su pasado y no lo haría en su presente.
Saque el collar que me había regalado mi madre cuando era niña y lo apreté en mi mano para darme fuerzas.
Haymitch se acercó con rapidez y acerco mi collar a su cara –dejándome sin aire-. Su cara lucia pálida, como si de pronto hubiese visto un fantasma.
—¿Quién te dio esto? —pregunto con tono amenazador.
—Me lo dio mi madre —le conteste con miedo.
—¿Cuál es tu nombre? —Exigió esta vez.
Peeta se acercó y lo separo de mi —Hey cálmate, le estás haciendo daño.
—¿Cuál es tu nombre preciosa? —pregunto esta vez con más calma. No me tranquilizo su cambio de tono, él sabía algo.
—Katniss —le dije sin voz.
—¿Katniss que? —dijo.
—Katniss Everdeen —le respondí. ¿El conocía mi nombre?
Peeta me miro asombrado —Everdeen ¿Cómo James Everdeen?
Esto se ponía interesante —¿De dónde conoces el nombre de mi padre?
El frunció el ceño aún más asombrado —: Tu padre aquí es el líder de la rebelión.
Seguí caminando a donde Haymitch había dispuesto mi habitación, era la misma donde había despertado. No me queje, realmente no podía hablar con claridad –en realidad no podía mencionar palabra alguna-. Cuando llegue a la habitación cerré la puerta y me senté en el frio suelo.
No había forma de que pudiera dormir, tampoco me sentía tan valiente como para hacerlo. En esa oscura habitación, donde reinaba el silencio. Me deje quebrar; las lágrimas corrían por mis mejillas con desesperación, recordándome que no era tan fuerte como me gustaría ser.
Pero tengo mucho porque llorar: por mi madre, a la cual no podría cumplir mi promesa, por Finnick, porque no sabía cómo se encontraba. Y aunque nunca pensé en que haría esto; llore por Carlos y su horrible final.
Alguien toco la puerta. —¿Estas bien? —pregunto la voz de Peeta del otro lado.
—Si. —Era mentira y todos lo sabíamos, pero él no necesitaba que yo le dijera la verdad y yo tampoco quería admitirla.
—Pondré aquí ropa limpia, no puedes estar siempre con eso —me dijo con voz calmada. —. También hay una toalla, por si quieres darte un baño.
—Gracias —mencione distante. Después de eso escuche pasos alejándose, abrí la puerta con cuidado y tome las cosas.
Después de bañarme salí de nuevo, tenía nuevas preguntas. Claro, también tenía un dolor de cabeza y sin duda estaba físicamente y mentalmente agotada, pero eso ahora no era importante.
Me detuve cuando escuche una plática en el otro pasillo. Mi madre siempre me había dicho que no escuchara detrás de la puerta, bien, porque yo no estaba escuchando detrás de una puerta –además este era un caso extremo-.
—¿Por qué quieres ayudarla? —pregunto Peeta.
—Tú la ayudaste primero —le respondió.
—Pensé que eran rebeldes —menciono el primero. —. Además no has respondido mi pregunta.
—El capitolio no puede saber de ella, no puede saber que el portal está a punto de volver a funcionar.
—¿No lo saben ya?
Contuve la respiración.
—No, ellos no saben cómo funciona el portal. No totalmente. —comento Haymitch.
—¿Y qué pasa si se enteran? —pregunto Peeta.
—Nada que haga el capitolio puede ser bueno, nunca lo fue. No lo será —.
Note la sombra y me levante de la cama de un salto. Con el arma en mi mano lista para disparar, pero no había nadie. ¿Cómo era posible? Camine por el oscuro pasillo esperando cualquier cosa, estando preparado para cualquier cosa. Cualquier cosa menos eso…
Una niña de unos diez años me esperaba al final del pasillo, no hacía falta la luz o estar cerca para saber cómo era; cabello corto –de color castaño-, grandes ojos verdes y bonita sonrisa. Me preguntaba cómo había llegado hasta aquí, pero no estaba sorprendido, ella siempre conseguía seguirme.
—Peeta…—dijo con voz melodiosa. Un escalofrió recorrió mi espalda al escuchar su voz.
Continúe acercándome a ella. —Cinzia.
Ella sonrió. —. Ya conoces mi nombre.
Fruncí el ceño. —. He tenido tiempo…
—¡PEETA! —el grito de Gale llamo mi atención. Él corría por el pasillo
—¿Qué haces aquí? —le pregunte. Él se veía pálido –preocupado-.
Puso los ojos en blanco. —¡Vine a buscarte! —dijo —. ¿Con quién hablabas?
—¡Con ella! —me di vuelta para que pudiera verla mejor, pero cuando voltee ya no había nadie.
Gale me analizo con la mirada y frunció el ceño. Me prepare para uno de sus rudos comentarios, pero no lo hizo —. Vámonos, es peligroso estar aquí. Hay infectados.
Esa palabra llamo mi atención. — ¿Infectados?
—Si, muchos —comento —. ¿Tienes municiones? —pregunto mirando mi arma.
—Pocas…
—Toma —dijo entregándome algunas.
Comenzamos a caminar y ahí fue cuando me acorde de Katniss y Haymitch. Gale negó, se negaba a ir por ellos –había demasiados infectados-. No le hice caso a Gale y me dirigí a la habitación en Katniss, Haymitch sabría cómo manejar la situación.
Corrí por el pasillo, tratando de hacer el menor ruido posible –tampoco quería llamar la atención de los caminantes-. Al llegar a la habitación, abrí la puerta. Una figura se movía con torpeza.
Baje mi arma, no queriendo asustarla —¿Katniss? —la llame. Pero no era Katniss y tampoco estaba sola.
Algo agarro mi cuello y sabía perfectamente que era, me moví como pude. Pero era tarde.
Un disparo se escuchó en la habitación y luego otro.
—¡Joder Peeta! —la voz tan familiar de mi padre me hizo sonreír —. ¡No me vuelvas hacer eso!
Mi padre estaba en el marco de la puerta, con su típica preocupación. A pesar, que sabía muy bien que estaba feliz de verme.
Me acerque con rapidez a él, mi padre era mi héroe –lo que yo quisiera ser en el futuro-. Al abrir la siguiente habitación estaba llena de infectados, aun corriendo el peligro de ser mordido, me atreví a mirar a ver si los encontraba. No los vi.
¿Gale? Sabía que había escuchado su voz en el siguiente pasillo. Camine con prudencia hasta donde oí la voz, estaba Gale luchando contra varios caminantes. Comencé a disparar ayudándolo, no permitiría que uno de mis amigos muriera.
Corrimos buscando a Haymitch, pero no había rastro de él o de Katniss. La sombra femenina –al final del pasillo-, hizo que se me bajara el alma a los pies. Su cabello rubio ceniza y ojos grises, me recordaron a mi infancia. A las fotografías que había visto de ella…
—¡CORRE PEETA, CORRE! —grito con frustración.
—Pero…
Las sombras, ella quería que corriera para alejarme de las sombras. Manos tomaron sus tobillos, ella cayó al piso. Intente correr y ayudarla, pero mis piernas no se movían. Intente gritarle a mi padre y a Gale –pidiendo ayuda-, pero mi voz no salía. Solo me quede ahí, inmóvil, mientras veía como arrastraban a mi madre hacia la oscuridad.
—Tenemos que seguir —me dijo Gale.
—Vamos…—menciono mi padre arrastrándome hasta el siguiente pasillo. ¿Acaso no comprendían que mi madre estaba en problemas?
Alguien grito en el fondo del pasillo, era un grito de una mujer. Corrí acercándome a la voz, disparando a cualquier cosa que se moviera.
—¿Katniss? —llame.
Su cara era de total terror. Ella movió la boca diciendo algo, pero de su boca no salió ningún sonido. Ella seguía gritando algo, que simplemente yo no entendía.
¿Qué demonios decía?
Alguien toco mi brazo. Al voltear mi la cara sonriente de Cinzia…voltee a ver a Katnis y ella había dejado de gritar. Vi de nuevo a Cinzia y esta vez salte alejándome de ella, el pánico se apodero de mí mientras ella se acercaba amenazante.
Ella era un muto, un asqueroso muto. Tenía que recordarlo.
Sus colmillos comenzaron a crecer mientras se acercaba. Su piel comenzaba a volverse negra y escamosa y sus ojos… ya no tenía parpados, solo una cuencas vacías. Su sonrisa era monstruosa y abarcaba casi toda su cara. Se había vuelto descomunalmente alta y de largos brazos. Acerco su cara a la mía, mirándome con atención. Pude sentir su nauseabundo aliento, ella olía a muerte, a descomposición –como un caminante-.
¿Dónde estaba Gale y mi padre? ¿Sería horrible mi muerte?
—¡Peeta! —pronuncio una voz distante.
Me senté de golpe y me golpee la frente con algo o alguien. Mire a mí alrededor buscando cualquier cosa que me indicara que estaba soñando. Bien, había sido un mal sueño.
—¡Auchs! —se quejó Katniss. ¡Si, Katniss!
—¿Qué haces aquí? —pregunte sorprendido.
—Tenías pesadillas…—me dijo con incomodidad.
—¿Y? —dije queriendo evadir el tema.
Ella me miro no con lastima -como todas las personas que conocía hacían-. Ella me miro con preocupación… y con compresión —. Gritabas…
No pude detener a Anthony, lo comprendía completamente. Su hijo – Peeta- se encontraba afuera, en algún lugar solo y con miles de caminantes buscando. Eso, con la esperanza de que siga vivo…Anthony había salido a la superficie con la esperanza de encontrarlo, aunque ya sabía que se encontraba afuera de la barrera de energía. Pero Joder, yo haría lo mismo sin dudar.
Tampoco hizo falta comenzar la búsqueda del tal "Finnick", Gale lo había traído y como ya había pensado, el chico no sabía porque estaba aquí. En realidad el chico no sabía ni donde estaba. Lamentablemente había sido mordido, estaba en sus últimas horas y si él no lo sabía, lo imaginaba.
Suspire. Era un pobre chico. —¿Tienes algo que decir verdad?
El asistió.
—Dilo. —comente.
—L-la chica que estaba conmigo… —dijo haciendo un gran esfuerzo. No podía hablar bien por la fiebre.
—¿La que esta con Peeta? —el asistió. ¿Cómo le dices a un moribundo que esa chica puede estar muerta?
—P-por favor encuéntrenla… —me dijo con preocupación en sus ojos. En sus ojos se veía que realmente estaba interesado en esa chica y me recordó cuando yo estaba aún más joven.
Encontraría a su chica. —¿Esta chica tiene nombre?
—K-Katniss —sentí un peso en el pecho.
La enfermera se acercó a mí. Lucia preocupada.
—¿Cuánto tiempo le queda? —pregunte en un susurro.
—No mucho, a deducir por su mordedura —-dijo con lastima —. ¿Cuándo lo van a eliminar?
—No hasta que se convierta, alguien estará aquí. Hay información que nos puede servir. —mencione con decisión.
Ella me miro con reprobación. —. ¡Pero está sufriendo!
—Dele calmantes… no demasiados. —le ordene. —. Necesitamos que hable.
Holaaaaa ¿como han estado?
aquí les dejo otro cap de este fic. Espero que les guste n.n
nos vemos en el siguiente.
Bye, bye.
