Esta historia se llama Kissed the Girls and Made Them Cry y pertenece a Justaskalice, yo solo la traduzco con su permiso.


Todos me estaban mirando a mi, como si yo tuviera las respuestas a la repentina e irracional desaparición de Edward. Él me había dicho solo diez palabras. ¿Qué iba a saber yo?

– ¿Bella? ¿Dijo Edward algo antes de irse? – preguntó Alice.

– Um, no realmente. – dije – Le pregunté si estaba saliendo con alguien y obtuvo esa mirada extraña en su rostro y prácticamente corrió por la puerta.

Alice se quedó con aire pensativo, mientras que Emmett y Rosalie se intercambiaron miradas significativas. Carlisle y Esme estaban repentinamente muy interesados en sus comidas, y Jasper lucía igual de confuso que yo.

– Quizás, por fin recuperó el buen juicio y rompió con ella. – dijo Emmet, rompiendo el cargado silencio. Esme levantó la vista de su plato y lo miró mal.

– Emmett, eso no es asunto tuyo. Tu hermano ama a Lauren, ya sabes que molesto se pone cuando hablas asi de ella. – lo regañó.

– A ti ella tampoco te agrada, mamá. ¿Y por quá mas se iría de esa forma por una pregunta tan simple? – disputó.

– Basta. – dijo Rosalie, cortante. Sorprendentemente, él le hizo caso. El incomodo silencio volvió.

Lauren debía ser la novia de Edward, aunque ella parecía ser un mal tópico de conversación para estas partes. Me parecio raro que a Emmet le desagradara tanto alguien, especialmente una chica de la cual Edward estaba enamorado. Quería preguntar, pero parecía de mala educación. Mantuve mi boca cerrada

El resto de la cena fue un poco incomoda. Esme hizo varios intentos fallidos de revivir la concersación, pero todos parecían perdidos en sus propias lineas de pensamientos. Al final, se rindió y siguió donde Alice se había quedado, preguntándome sobre mi vida en Arizona y mi madre. Cuando la cena terminó, estaba fisica y mentalmente cansada. Me excusé con los Cullen, diciendo que tenía una reunión temprano. Tecnicamente, era verdad, si diez de la mañana era temprano.

– Nos veremos pronto. ¿Verdad, Bella? – preguntó Alice antes de irme. – Ha pasado tanto tiempo. Me encantaría que nos pusieramos al día. ¿Puedes encontrarte conmigo para almorzar? – levantó una ceja y me dedicó una significativa mirada, como si estuviera intentando mandarme un mensaje telepáticamente. Me encogí de hombreos y asentí, diciéndole que me llamara cuado tuviera su descanso para almorzar. Aparentemente, Alice trabajaba en una empresa de Relaciones Publicas, cerca de las oficinas de Tribuna en el centro de la ciudad, asi que fácilmente nos podíamos reunir después de mi reunión.

Para el momento que el mediodía del lunes llegó, yo no estaba de humor para ver a nadie, mucho menos a mi alegre mejor amiga de la infancia. Decir que mi reunión fue un desastre sería una subestimación. Era mi primer reunión con los hombres en mi sección, y ellos no estaban felices de verme. Había pasado mi primer semana llenando papeles de Recursos Humanos y reuniéndome con los de allí, y la semana pasada me establecí en mi oficina y me familiarizé con el contenido y estilo del papel. Empezando de hoy, era un miembro en acción del equipo. Al menos, ese era el plan. Aparentemente los bloggers eran un grupo muy cerrado, y no apreciaban que una "niñita" viniera y les dijera qué hacer.

– Nunca hemos tenido ningún tipo de director de edición, Chuck. – uno de ellos se quejaba con mi editor general. – ¿Por qué traer una ahora? Ella no puede ser mayor de 20 años, ¿Qué tipo de experiencia tiene? ¿Y qué es lo que va a hacer por nosotros, revisar nuestars comas y puntos?

– La dejaré revisar más que eso. – murmuró un rubio en la parte de atrás. Bajas risitas me saludaron por todos lados. Era la unica mujer en la habitación. Esto no era algo bueno.

No era como si nunca me hubiera encontardo con este tipo de actitud antes. Las cosas habían cambiado en la sala de prensa a lo largo de los últimos 40 años, pero todavía había una corriente subterránea de chauvinismo que era difícil de sacudir. La mayoría de las veces no era tan evidente, y estaba asombrada de que estuvieran diciendo estas en cosas en mi cara.

Chuck comenzó a protestar, creí que este sería un buen momento para dejarme entender. No tenía la intención de ofender a mis nuevos compañeros, y ciertamente no quería que me odiaran, pero no sería la perra de nadie. Me aclaré la garganta.

– Chuck, ¿Puedo decir algo? – me miró. Solo nos habíamos conocido por poco tiempo, pero yo ya sabía que él sería un gran mentor. Él debió de haber visto la determinación en mis ojos porque asintió sonriendo.

– Miren, chicos. Yo se que ustedes están acostumbrados a como trabajan aquí. No quiero arruinar nada ni nadie. Solo estoy aquí para trabajar. Haré mi trabajo y creo que ustedes veran que soy buena en eso. También me gustaría expandir su cobertura periodística y actualizar el sitio para hacer su contenido un poco más accesible. Para que esto funcione, ustedes tienen que trabajar conmigo. No espero que me traten con guantes de seda, pero si espero que me respeten.

Miré a Chuck, el cual me estaba mirando con una sonrisa en su rostro. Se rió entre dientes.

– ¿Terminaste, Bella?

Asentí.

– Bueno. Yo no podría haberlo dicho mejor. Ya escucharon a la dama. Hagamos magia.

La reunión estaba oficialmente terminada, y Chuck me acompañó hasta mi cubículo. Me dejó allí diciendo que tenia una reunión de gestión a la cual ir. Mi "oficina" es tan grande como esas cosas pueden ser, pero aún era un cubículo. Suspiré, mirando a las blanas y cresposas paredes.

Escuché a alguien aclararse la garganta. Cuando me giré, vi al rubio de la reunión sonriéndome malignamente.

– Hablas duro. Eso hará las cosas mas divertidas. – levantó una ceja en lo que supongo intentaba ser de manera seductora. – Soy James. Haga la parte técnica del blog. No necesitas editar mis cosas, solo postéalas y ambos estaremos felices.

– Mucho gusto, James. – dije calmadamente. No quería darle la satisfacción de verme enojada o incómoda. – Tu trabajo recibirá la misma atención que todos, pero espero que tú seas capaz de trabajar conmigo con algunos videos. Por lo que he visto tu estilo de escritura se presta bastante bien para eso.

– Yo lo puedo hacer solo, Bella. – se mofó. Dio la vuelta y se marchó. Enhorabuena.

Él fue reemplazado rápidamente por un muchacho más joven con cabello corto y negro y de tez morena. Puso los ojos en blanco en dirección a James y luego se volvió hacia mi y me sonrió sinceramente.

– Lamento lo de él, es algo idiota. – dijo, extendiendo su mano. La tomé agradecidamente y le devolví la sonrisa. – Soy Seth, hago un montón de secciones de deportes para la Web y una columna semanal para el diario. Me alegro de que la administración al fin contratara sangre nueva, necesitamos ideas frescas por aquí.

– Gusto en conocerte, Seth. – dije – Es bueno saber que tengo un amigo.

– Absolutamente. – dijo – No dejes que esos chicos te tiren abajo, a ellos solo nos les gusta el cambio. Chuck piensa bastante antes de contratar a alguien, por eso se que lo harás genial.

– Gracias. Eso significa mucho para mí. – al menos un hombre en este departamento no recibía respaldo. Mi celular sonó chillonamente en la esquina. – Lo siento, creo que esa es mi cita para el almuerzo. Gracias por venir a hablar conmigo, me dio gusto conocerte.

Me despedí con la mano y agarré mi celular. Alice me indicó el restaurante y dijo que la encontrara allí en diez minutos. El café que ella eligió era brillante y alegre, con pinturas de artistas locales cubriendo cada angulo de la pared. Agitó sus manos desde un banco cerca de la parte de atrás. Cuando me acerqué a ella me envolvió en otro abrazo entusista. Ni mi propia familia me abrazaba tanto como lo hacían los Cullen.

– De acuerdo Alice, es suficiente. – reí, librándome de su abrazo y sentándome frente a ella. – ¿Cómo va yendo tu día?

Ella hizo una mueca y exhaló un profundo suspiro. – La vida de un diminuto eslabón en una maquina bien aceitada no es linda, amiga mía. Ya se que se dice que debes pagar tu merecido, pero espero no estar pagando lo mismo el año que viene o me busco un nuevo trabajo.

– Tan mal, ¿Eh?

– Monos entrenados pueden hacer hacer mi trabajo. – murmuró – ¿Cómo fue tu reunión esta mañana?

– Bastante terrible. No quiero hablar de ello. – ella sonrió comprensivamente y bajo la mirada hacia su menu.

– Bueno, hablemos de otra cosa. – dijo – Lamento mucho que la cena resultara un desatre anoche. Te juro que creí que sería divertido y luego mi hermano tuvo que transformarlo en la tierrra de lo incomodo.

Me removí en mi asiento, insegura de cómo responder.

– ¿Hay una historia allí? Quiero decir por el modo en que Emmett estaba hablando, y cuan tenso estaban todos…

– Oh, Edward ha estado saliendo con una bruja perversa por un año y Emmett no la soporta. Ninguno de nosotras la soporta, pero el es tan terco, no escucha nada en contra de ella. – suspiró y miró por arriba de mi hombro, perdida en sus pensamientos por un momento. – Cuando el conoció a Lauren, prácticamente descendió del planeta. Creo que lo vi solo tres veces los primeros seis meses de su relación con ella, y él solo vive a diez minutos de mi. Mamá y papá intentaron convencerlo de que la acercara a nosotros, pero es como si ella quisiera tener el mínimo contacto con nosotros. Ella se apareció solo dos horas en navidad, antes de arrastrar a Edward a casa de sus padres. Si no hubieramos elegido celebrar navidad en Chicago, dudo que el hubiera venido en absoluto. Él nunca la llevó a Forks, y ella nunca viene a las reuniones familiares que tenemos, como la de anoche.

Traté de imaginarme a Edward con alguien que no se llevara bien con su familia. Era difícil. Los Cullen eran unidos, y era obvio para mi que Rosalie y jasper habían sido recibidos con los brazos abiertos.

– ¿Entonces por qué se fue así? ¿Por qué no decirme sobre ella, si estan tan enamorados?

– Es por eso que estamos tan confundidos. Emmett, obviamente, espera que él la haya dejado. Yo pienso que es más probable que hayan tenido otra pelea. – suspiró y sacudió la cabeza – El se vuelva bastante malhomorado cuando ellos pelean, y ellos estan peleando bastante últimamente. Es como que Edward tuviera un permanente síndrome premenstrual.

Miró tristemente en la distancia por un momento, luego me miró y se aclaró. – Estoy tan alegre que hayas vuelto a nuestras vidas, Bella Swan. Tengo un buen presentimiento sobre esto. El hecho que yo me haya encontrado en esa tienda contigo fue el destino. Estás hecha para estar con nosotros. Simplemente, lo sé.

Levanté mis cejas.

– ¿De qué estás hablando, Alice?

– Hablo de ti, de mí y de Edward. Será como en los viejos tiempos. Bueno, menos la destrucción de daños personales. ¿Te acuerdas de la vez que intentamos cremar al hámster de Edward?

Oh, si me acordaba. Tuvimos la idea despues de que mi tía abuela Matilda muriera. En su funeral, yo estaba confusa por la ausencia del ataud. Mi padre, Charlie, me explicó que a algunas personas las creman y tienen sus cenizas desparramadas en ves de enterrarlas. Cuando el hámster de Edward murió, pensé que era la oportunidad de oro para explorar personalmete la costumbre de ese hábito.

Alice y Edward me acompañaron en mi plan, dispuestos; Edward incluso se las arregló para agarrar algo de líquido encendedor de la parrilla escondida de Carlisle. Luego de poner a Miles (Nombrado asi por Males Davis, por supuesto) en su ataud de cartón, ceremoniosamente sumergimos la caja y la incendiamos.

Luego de eso, nuestros planes se torcieron. La mitad de las flores silvestres de Esme fueron sacadas en la llama antes de que Emmett oliera el humo y nos rescatara de la casa. Fue castigado durante una semana por no habernos cuidado adecuadamente, Edward y Alice fueron castigados por dos semanas, y mis padres me prohibieron ir a casa de los Cullen hasta que los demás hayan cumplido su sentencia.

Reímos y seguimos recordando por el resto de nuestro almuerzo, de mala gana terminando cuando nos dimos cuenta de la hora que era.

– Fue muy divertido. – dijo Alice – Nunaca me había divertido tanto en un día de semana. Usualmente el trabajo me chupa toda la vida hasta que llega la tarde del viernes. ¿Qué dices si nos encontramos para almorzar más seguido? Para darnos la oportunidad de compensar el tiempo perdido y alejarnos del trabajo. Volví a mi trabajo brincando un poco más en mis pasos.

– Suena estupendo. – accedí instantáneamente. Hicimos palnes para encontrarnos todos los días a las 12:30 en medio del camino de nuestras oficinas, ya sea para almorzar o encontrar un banco donde sentarnos a tomar café. Volví a mi trabajo brincando un poco más en mis pasos.

Pasé mi tarde editando y poniendo fechas límites en el horario para mis muchachos. Para ser tan un diario tan destacado, las cosas eran bastantes desorganizadas, y a pesar de mi bienvenida esta mañana, estaba determinada a no intimidarme ante el desafío. Estaba de camino a casa cuando me acordé de que mi cocina estaba vacia desde mi mudanza. No podía seguir comiendo comida para llevar, así que de malagana cambié mi dirección y me dirigí hacia el supermercado.

Amo cocinar, pero odio comprar los comestibles. Consume tu tiempo y siempre termino cargando mas bolsas de lo planeado. Tener que cargar toda mi comida por varios cuerpos de escaleras tres veces, no es mi idea de pasar un buen rato. Desafortunadamente, se decido limitar mis compras a solo dos bolsas que pueda cargar, tendre que ir a comprar más seguido. Es una espada de doble filo.

Una hora y media después, estaba empujando mi carrito lleno de bolsas de papel marrones hacia el estacionamiento cuando choqué contra algo en el pavimento. Mi carrito, con el cual había estado peleando todo el tiempo que estuve dentro del supermercado, se dobló sobre sus ruedas de porquería y chocó contra algo. Fuerte.

– ¡Ay!

– Dios mío. ¿Estás bien? – me apuré alrededor de mi carrito hacia el hombre que había golpeado en el aparcamiento. Estaba doblado; debía haberle pagado en las tripas.

– ¿Bella? ¿Qué diablos…?

Me congelé, con los ojos bien abiertos de incredulidad. Por supuesto. Porque esta era el tipo de suerte que me acechaba. Me choqué con Alice y Esme en una tienda de ropa y tuve una perfecta y agradable conversación. Y luego choco con Edward en un supermercado. Literalmente.

– Edward. ¡Mierda! Lo siento. No te vi, y mi carrito como que despegó, y…– él ya se había enderezado y me estaba mirando. Se veía como si estuviera intentando decidir si reirse o gritar. Tragué saliva, fuerte, ante la falta de que decir. Incluso irritado, Edward Cullen era un hombre hermoso, y yo estaba aún intentando conciliar el adulto en el que se había convertido con el niño que solía molestarme y tirarme del pelo.

Finalmente, sonrió. Aleluya, no va a gritarme o a marcharse otra vez.

– Pajarito Belly, ¿Estás intentando mandarme al hospital? – rió. El sonido era claro y parecido al sonido de las campanas. Él no esperó una respuesta. – ¿Estás llevando esas bolsas a tu coche?

Asentí, sin siquiera protestar por el uso de mi sobrenombre de la infancia.

– Bueno, ¿Por qué no te ayudo? De ese modo ningún otro que este comprando saldrá mutilado en el proceso.

Caminamos en silencio hacia mi coche y me ayudó a meter las bolsas en el maletero. Luego de que metimos todo, nos quedamos parados allí, incómodos. Ninguno de los dos sabía exactamente qué hacer ahora.

– Um… bueno, la cena de anoche, lo siento. – dijo de repente. – Ha sido duro las últimas semanas con mi novia y como que me olvidé que tu no eras miembro de la brigada Anti-Lauren. Exageré.

– Está bien, Edward. – dije. No estaba segura de dónde había venido este ataque de simpatía, pero era lo que mas le había oído decir desde que había llegado al departamento de Alice la noche pasada. Sentáa una enorme curiosidad sobre la novia de Edward, mucho mas después de haber hablado con Alice, pero me mordí la lengua. No quería espantarlo otra vez.

– Te gustaría, quizás, no sé… – se veía conflictivo por un minuto, mirando hacia sus zapatos y pateando el pavimento. Esperé pacientemente, y luego de un minuto fui recompensada. Levantó su mirada hacia mi, y sus ojos esmeraldas se trabaron en los míos, llenos de preguntas silenciosas. Se veía conflictivo y triste, y en ese momento lo único que quería hacer era eliminar lo que fuera que le estuviera causando problemas. – ¿Te gustaría ir a tomar un café o algo algun dia? Podríamos ponernos al día y puedo recompensarte por comportarme como un idiota. – me dedicó una sonrisa vacilante.

– Me encantaría. – dije. – dame tu teléfono. – programé mi número rápidamente, luego cerré el maletero y caminé hacia la parte delantera de mi coche. Edward estaba aún parado al lado de la parte trasera del coche, mirándome. Le sonreí y me despedí con la mano. Eso pareció hacerlo reaccionar, y me devolvió la sonrisa y el saludo con la mano y caminó de vuelta hacia el almacén.

Reflexionaba el concepto del destino mientras subía mis bolsas hacia mi diminuto departamento. Nunca había creído en esas cosas. Escogí creer que las personas controlaban su propio destino. Había elegido irme de Forks todos esos años, y yo acepté el tarbajo en Chicago.

Sin lugar a dudas, debía estar más que alejada de los Cullen, pero una extraña coincidencia los había traido de vuelta a mi vida. ¿O estaba destinado a ser, como insistía Alice? No tenía idea, pero estaba agradecida. Dos semanas sola en la ciudad fue suficiente para agarrarme rapido y fuerte en cualquier avance amistoso. El hecho de almorzar con Alice y tomar café con Edward en un futuro indefinido, me daba esperanza de podrar lograr una vida en Chicago.

Una hora después estaba haciendo la cena, cuando mi celular sonó. Sonrei cuando el nombre de Edward apareció en la pantalla.

– Hola, Edward. Justo estaba pensando en ti.


Hola! Como están? Aunque tuve menos que el capítulo pasado :( igual muchas gracias a las que si dejaron review!

Me dicen ahora que les pareció este capítulo? please?

Day.