Ante todo:
DISCLAIMER: los personaje pertenecen a Stephenie Meyer, aunque la historia es mía.
Las cursivas son conversaciones telefónicas o conversaciones que se oyen en la lejanía.
Los pensamientos de los personajes están escritos "entre comillas".
Lo que está escrito en negrita y cursiva pertenece al diario de Renesmee Cullen.
La historia está escrita desde el punto de vista de… pronto lo descubriréis, aunque es fácil de descubrir. R.C.
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3. EL ARMA.
Papá me indicó que le acompañara. Me senté a su lado y, al instante, tomó mi mano. No dijo nada durante unos segundos. Abrió los ojos y sonrió.
- Ahora entiendo porque Demetri está tan enfadado.
- Está enfadado conmigo? - "Lo que me faltaba."
- Solo un poco. Está más enfadado conmigo y con Félix. Por haberte estado entrenando en secreto.
- Ah! – "por eso ha estado tan raro."
- Si. – dijo mi padre. No me había dado cuenta de que nuestras manos seguían unidas. Me soltó la mano con suavidad y me instó a que fuera a sentarme con Demetri.
Sonreí y fui a sentarme al lado de mi amigo.
- Como estás?
- Bien. – dijo con un tono que indicaba todo lo contrario.
Me levanté de su lado y fui a sentarme al lado de Félix, que estaba hablando con Alec. Abroché mi cinturón y apoyé la cabeza en el hombro del grandullón de mi amigo.
- Enhorabuena. Me preguntaba cuando aparecería alguien lo suficientemente fuerte como para pegarle una paliza a Félix. – dijo Alec, sonriendo.
- Gracias, pero no es para tanto.
- Lo es. Sino, Aro no te habría convocado.
- Gracias. – dije de nuevo, intentando no ruborizarme por el cumplido. – Tengo ganas de llegar ya.
- Como todos.
Félix no decía nada, pero pasó su brazo por mis hombros y me estrechó contra su cuerpo.
- Me preocupan tus ojos. – dijo Alec. – Deberías ponerte lentillas.
- A mi me preocupan más los latidos de mi corazón. – dije. Había pensado muchas veces en ello.
- Cierto. Olvidemos las lentillas.
- Tengo algo para ti. – dijo Félix, sacando algo de debajo de su capa.
- Gracias. – cogí mis cuchillos y los coloqué en los cinturones que llevaba en cada muslo, ocultos por la falda de mi vestido. – esperaba que me los trajeras.
- Estás cansada?
- No. He dormido demasiado éstos días. Solo tengo ganas de impartir justicia.
- Bien dicho. – dijo Alec. – A por ellos.
Nunca había tenido una conversación tan larga con Alec, y empezó a caerme bien. El avión empezó a moverse y, en cuanto el piloto avisó, me quité el cinturón.
- Disculpadme. – dije poniéndome en pie.
Dejé atrás a mis amigos y fui al cuarto de baño. Cerré la puerta por dentro y me mojé un poco la nuca. Estaba empezando a sentirme un poco mareada, aunque sabía que todo era cosa de mi mente. Me preocupaba la dirección que había tomado mi relación con Demetri. Primero, era mi mejor amigo. Después, nos besamos. Y ahora, ni me miraba, ni me hablaba. "Esto es peor que un culebrón."
Me senté un rato sobre la tapa del retrete, escuchando lo que sucedía fuera. Podía oír a Félix y Alec hablar, aunque no me enteraba de sus palabras, pero pronto oí la voz de Demetri, lo que me sobresaltó.
Primero, Dem y Félix hablaban con voz calmada, pero pronto empezaron a alzar la voz y se oyó un fuerte golpe y un temblor. Como si alguien hubiera golpeando algo. Cuando salí corriendo del baño, me encontré con un panorama que nunca hubiera deseado ver. Demetri estaba en el suelo, inmóvil, mientras que Félix estaba arrodillado a su lado, también inmóvil, mirando al vacío.
- Que narices es lo que está pasando? – grité al entender lo que estaba pasando y porque mis amigos estaban así.
Alec no apartaba la vista de mis dos amigos. "Seguro que está usando su poder. Pero, porque mi padre no hace nada al respecto?"
- Alec. – dijo mi padre, logrando la atención del interpelado.
Demetri y Félix se pusieron en pie al momento y cada uno fue a sentarse a su sitio, como si nada hubiera pasado. "Es que están todos locos?"
- Alguien va a decirme que es lo que acaba de pasar? – dije alzando la voz, intentando reprimir las lágrimas de rabia que luchaban por salir de mis ojos. – responded. – exigí, logrando que los cuatro me miraran con sorpresa. – Va!
- Relájate Chris. No ha pasado nada. – dijo Félix, intentando abrazarme, pero me alejé de él antes de que llegara a tocarme.
- Félix.
- Me calenté y lancé a Demetri contra el techo. Ya oíste lo que dijo.
- No oí nada. – oí sus voces, pero no sus palabras. Estaba demasiado metida en mis pensamientos.
- Se cree tu dueño.
- Nadie es mi dueño, y menos cuando pasa de mí. – dije sintiendo el nerviosismo de Dem. – yo dirijo mi vida.
- Eso yo ya lo se. Puedo? – dijo haciendo el intento de abrazarme.
- Ahora no. Quiero estar sola.
Fui a sentarme en el asiento más alejado de todos, cogí uno de los libros que había por allí, y me puse a leer. Nadie vino a molestarme, aunque en el fondo, deseaba que cierta persona viniera y me diera un abrazo, pero eso era tan poco probable como que mi madre siguiera viva.
Me metí tanto en la historia que estaba leyendo, que no me percaté de que el avión estaba aterrizando. Fue mi padre quien vino a avisarme de que había llegado la hora de que nos marcháramos.
Le seguía hacia el exterior y luego hasta un par de coches. En uno, estaban Félix y Alec y, en el otro, Demetri. Fui hacia el coche en el que estaban los dos vampiros, pero mi padre me cogió del brazo y me llevó hacia el coche en el que estaba Demetri.
- Que haces? – dije apartándome de él.
- Hablad. – dijo mi padre antes de marcharse hacia el otro coche.
Demetri estaba al volante, por lo que yo me senté en el asiento trasero, detrás del asiento del copiloto. Durante la hora en la que fuimos en el coche, ninguno de los dos dijo nada, aunque veía como Dem me miraba a través del retrovisor.
Cuando se detuvo el coche, ya era de noche. Para mi sorpresa, Demetri me abrió la puerta y tomó mi mano para ayudarme a salir del coche. Su sonrisa logró que me temblaran las rodillas y el corazón se me acelerara. Nos encontramos con los demás y fuimos a paso humano a través del bosque al que habíamos llegado.
Dem y yo seguíamos con nuestras manos unidas, bajo la atenta mirada de mi padre. Avanzamos en silencio hasta llegar a un campamento. Demetri me cubrió con la capucha y me indicó con un gesto de la cabeza que fuera tras mi padre.
Avanzamos lentamente y en silencio hasta encontrarnos con un grupo de seis vampiros. "Pero no habían dicho que solo habían seis vampiros?"
Nos detuvimos todos menos mi padre, que avanzó hacia el que parecía el cabecilla del grupo, que fue el primero en hablar.
- Aro, que hacéis aquí? Ocurre algo? – dijo el muchacho.
Era bastante joven, al menos en apariencia. Tenía el cabello negro azabache, largo hasta los hombros. Era bastante alto y fuerte, como Félix. Era bastante guapo, había que reconocerlo.
- Dímelo tú, Aloysius.
- Hemos tenido un pequeño problema, pero ya lo estamos solucionando.
- Ya. – mi padre se acercó unos pasos y le tendió su mano.
Mientras el tal Aloysius tomaba su mano, me fijé en el resto de los presentes. Todos parecían asustados. Todos menos uno, que nos miraba a todos fijamente. Él era distinto a los demás. Parecía enfadado, y sus ojos…
- Chris, Félix, acercaos. – dijo mi padre.
Ambos nos acercamos a él, situándonos cada uno a un lado. El chico de los ojos raros me miró fijamente antes de agachar la cabeza.
- Aloysius, has incumplido la ley y, gracias a tu insensatez, dos humanos saben de nuestra existencia. Hace semanas de ello, y no habéis hecho nada para que no hablen.
- No les hagáis nada. – suplicó, lo que me extrañó bastante.
- Tú eres el causante. Adelante, Chris.
Avancé hacia el chico, saqué mis cuchillos de sus fundas y, con un rápido movimiento de ambos brazos, separé la cabeza del cuerpo. Todos me miraron sorprendidos y asustados, incluso el curioso vampiro. Miré a mi padre, que asintió con la cabeza, indicándome que rematara la faena. Aun con los cuchillos, fui desmembrando el pétreo cuerpo del vampiro, hasta que no quedaron más que pequeños pedazos de piedra. Félix ya había encendido una hoguera y volvía a estar al lado de papá.
- Echadlo. – ordenó, obligando a los amigos de Aloysius a lanzar sus restos al fuego. – y entregad a los humanos.
Me volví para volver al lado de mi padre y vi que, tanto Alec como Demetri me miraban con los ojos y la boca abiertos por la sorpresa.
- Como es posible? – susurró uno de los vampiros, aunque no vi de quien se trataba.
- Sorpresa! – exclamó Félix, haciéndome sonreír.
Me volví a tiempo de ver como los vampiros echaban al fuego los restos que quedaban de su amigo.
- Entregad a los humanos. – repitió mi padre, ya que ninguno de ellos habían traído a los humanos ante nosotros.
Incluso yo podía captar su olor, por lo que debían de andar cerca. El vampiro que estaba más alejado se adentró en el bosque y trajo con él a dos muchachos, de unos veinte años. Parecían estar aterrados. "Y con razón."
- No podéis matarlos. – dijo el vampiro.
- No los mataremos. Al menos, aun no.
- No lo hagáis.
- Alec, por favor.
Alec se puso a mi lado y, en dos segundos, el vampiro soltó a los humanos, frotándose los ojos. Al momento, Demetri y Félix avanzaron hacia los humanos, los cogieron del brazo y los acercaron a nuestro grupo.
- Quedáis advertidos. – dijo mi padre, haciéndonos una señal.
Dejamos atrás a los cinco vampiros y fuimos hacia los coches. Mis compañeros fueron en un coche, mientras que yo me ocupé de llevar a los chicos, amordazados, en el otro coche.
Una vez que llegamos al avión, los vampiros cogieron a los chicos y se pusieron a cenar, mientras que yo fui a sentarme. Me puse el cinturón y esperé a que el avión despegara. Justo en ese momento, Demetri vino a sentarse a mi lado.
- Lo has hecho muy bien.
- Gracias.
- Siento haberme comportado como un idiota antes. Me sorprendió enterarme de que habías estado preparándote sin decirme nada.
- Sabía que te hubieras enfadado con Félix por dejarme la cara como un mapa. Entre otras cosas.
- Si estás aquí, es porque lograste ganarle. – dijo sonriéndome.
- Solo una vez.
- Eso es más de lo que muchos pueden decir.
- Ya…
- Me alegro de que seas uno de los nuestros. – dijo tomando mi mano.
- Yo también.
- Como decapitaste al traidor?
- He estado trabajando con mi tío Cayo para lograr crear un arma lo suficientemente fuerte como para lograr herir a un vampiro. Como hoy.
- Lo habéis conseguido.
- Si… puedo hacerte una pregunta? – dije bajando la voz. – es personal.
- Claro, pregunta.
- Ven. – me puse en pie y llevé a Demetri a la otra punta del avión, aunque los demás podrían escucharnos con igual claridad.
- Que pasa? – dijo preocupado.
- Que piensas si hago esto? – dije armándome de valor, y le besé breve pero intensamente.
Me alejé unos pasos de él, mirando la expresión de sorpresa que había aparecido en su rostro.
- Pienso… pienso que espero que no sea la única vez que lo hagas.
- De verdad? – no podía creerme lo que estaba oyendo.
- Si.
- Genial! – dije antes de lanzarme a su cuello y abrazarle con fuerza.
En el momento que cerré los ojos, un rostro apareció en mi mente. Un rostro que no conocía pero que, aun así, hizo que una extraña sensación se instalara en mi estómago. Intenté disimular, pero no lo conseguí.
- Ocurre algo, Chris?
- No. – mentí.
- Semana de aislamiento? – dijo poniendo sus manos sobre mis hombros, mirándome a los ojos.
- Creo que si. Tengo que mirar el calendario.
Cada vez que me veía el periodo, me encerraba en los sótanos del castillo, donde ningún vampiro pudiera oler mi sangre.
- Vamos a sentarnos. – rodeó mi cintura con su brazo y me acompañó a mi asiento.
Se sentó a mi lado y no soltó mi mano hasta que el avión no hubo aterrizado. Recorrimos los mismos pasillos que la vez anterior, hasta llegar al gran salón, donde nos esperaban Marco y Cayo.
- Como ha ido? – preguntó Cayo, mirándome solo a mi.
- Como la seda. – respondí.
- Te dije que funcionaría. – dijo sonriendo con orgullo.
- Nunca lo dudé. – dije correspondiendo su sonrisa.
- Podéis iros. – dijo mi padre.
Salí del gran salón, de nuevo con mi mano unida a la de Demetri, que me acompañó a mi dormitorio. En la puerta, nos despedimos con un casto beso en la mejilla.
Me puse el pijama, me desmaquillé, y me tiré sobre la cama, pensando en todo lo que había ocurrido ese día.
…………...
Cuando me he despertado ésta mañana, Jacob no estaba en casa. Les he preguntado a todos donde estaba, pero nadie me ha respondido, por lo que cogí a papá de la mano, le llevé al jardín y le pedí que me contara la verdad, pero solo me dijo que Sam le había llamado y había tenido que irse, y que no había podido despedirse de mi porque Jasper no le había dejado. Mi padre me ha dicho que Jasper está sufriendo porque yo estoy sufriendo. He ido corriendo a la casa y, aun no se como, terminé encima de Jasper, pegándole, aunque no podía hacerle ningún daño. Al menos, no físicamente.
Porque había tenido que echar a Jacob? Tenía tantas preguntas que hacerle… había echado a la única persona que no me trataba como si fuera un bebé.
Tía Rosalie ha tenido que cogerme en brazos, mientras yo seguía dando puñetazos en el aire. Entiendo que me traten como una niña pequeña. Había pillado un berrinche de niña pequeña. Pobre Jasper. Aun no me he disculpado por pegarle.
Tía Rosalie y Emmett me han reñido, pero yo no me he quejado como siempre, porque los dos tenían razón en todo. Pero es que yo quería preguntarle a Jacob quien era esa chica a la que dijo que quería. Quería conocer a su novia, porque no podía imaginarme quien podía ser.
Cuando Rosalie se ha marchado, Emmett me ha llevado a Port Ángeles a tomar un helado y a una sala de juegos que había en el centro comercial. Cuando estábamos jugando a los bolos, le he preguntado al tío Emmett si estaban esperando alguna visita en casa. No me ha contestado, pero ha sonreído como cuando estaba triste. Eso quiere decir que alguien vendrá a visitarnos, y no va a ser una visita agradable.
Emmett me ha dejado ganar, como siempre. Me ha comprado una bolsa enorme de palomitas y hemos vuelto a casa, donde estaba el abuelo Charlie.
Cuando le he visto, me he puesto muy contenta. Me he abrazado tan fuerte a sus piernas, que ni siquiera Emmett ha podido separarme de él. El abuelo me ha dicho, que si yo quería, podía ir esa noche a dormir a su casa y, evidentemente, he dicho que si. he subido corriendo a mi habitación y he preparado una mochila con ropa y mi diario. Por eso, ahora, puedo escribir desde el salón de la casa que mi abuelo comparte con Sue, su novia, y los hijos de ella, Seth y Leah Clearwater.
Sue me ha preparado unos espaguetis para cenar. Estaban muy buenos. Hemos cenado todos juntos. También ha venido la novia de Seth. Es muy simpática y guapa. También vive en una reserva, aunque no es quileute.
Han estado cuchicheando todo el rato que pensaban yo estaba distraída. También están preocupados por esa misteriosa visita. Seth ha dicho que cree que van a volver para terminar lo que empezaron hace un año y medio. En ese momento me he acordado de algo. Algo que me da mucho miedo. Un grupo de vampiros encapuchados vinieron a Forks para matarme.
No me gusta pensar en eso, pero cada vez que les oigo hablar de la visita que están esperando, me pienso que ellos van a volver. Yo no quiero que vuelvan. No quiero que hagan daño a mi familia.
Leah se ha dado cuenta de que les estaba escuchando y Sue le ha dicho a mi abuelo que me llevara a la cama, aunque yo no tenía sueño. Quería seguir escuchando. Quiero enterarme de lo que creen que va a pasar.
El abuelo está ahora sentado en la cama, a mi lado, mientras escribo todo esto. A él también le confunde todo esto, aunque no hace preguntas, solo vive el momento. Tal vez yo también debería hacerlo. Dejar de comportarme como una niña pequeña y disfrutar de todo lo que me da la gente que me quiere. A lo mejor, así verán que no soy pequeña y empiezan a explicarme las cosas. Porque yo también quiero ayudar. Quiero aprender a proteger a mi familia. El poder que tengo bien debe servir de algo, no? Se lo preguntaré al abuelo Carlisle. Él nunca me esconde nada y seguro que ha averiguado algo más sobre mi rareza.
Bueno, me voy a dormir, que ya es un poco tarde y el abuelo parece que se va a quedar dormido a mi lado. Parece que últimamente tiene bastante trabajo, y eso que en Forks no pasa casi nada. Para variar, está todo muy tranquilo.
Como iba diciendo, hasta mañana, diario mío.
Post data: primer día sin noticias de mi Jacob. Mañana tendré que decirle a Seth que le llame de mi parte. Quiero saber exactamente como el tío Jasper no le dejó verme. No acabo de creerme que solo fuera porque yo lo estaba pasando mal, aunque sin motivo. Como decía, adiós.
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Aquí llegó el tercer capítulo. Espero que haya estado bien.
Bueno, se van a aclarando las cosas, un poquito.
Dem y Chris han aclarado un poco más su relación. Y Chris ha ido a su primera misión.
…
Que habrá pasado para que Jacob se haya marchado sin decir nada?
Quien será esa visita que tanto preocupa a todos?
…
Ya sabéis como comunicaros conmigo para cualquier duda, pregunta, comentario…
Nos leemos pronto, guapis!
