Capítulo 3

Keldarion frunció el ceño cuando los latidos de su cabeza empeoraron. Tenía ese dolor de cabeza desde que habían vuelto del río y de eso ya hacía un par de horas.

El príncipe estaba de pie delante del espejo arreglándose la ropa para la cena, pero tenía problemas para trenzarse el pelo, cosa que era muy extraña. Miró hacia abajo y vio que le temblaban las manos. ¿Qué me pasa? No me iré a poner enfermo, ¿no? Se preguntó.

Alguien tocó en la puerta justo antes de que Legolas entrara.

"¡Hey, Kel! ¿Todavía no estás listo?"

Keldarion miró a su hermano sin responderle. Legolas supo al instante que algo andaba mal, así que se acercó corriendo.

"¿Kel? ¿Qué pasa?"

Keldarion le enseñó las manos.

"Err… no estoy seguro. No sé por qué pero no puedo trenzarme el pelo."

Legolas parpadeó. Miró las manos de su hermano y vio cómo temblaban. Keldarion también tenía el ceño fruncido, como si algo le doliera y Legolas supo que no se sentía bien.

"Aquí, siéntate" –dijo Legolas, dirigiendo a su hermano a la cama. Luego puso sus dedos en las sienes de Keldarion y usó su energía interior para curar a su hermano de lo que quiera que tuviese.

Y fue entonces cuando sintió una presencia oscura y escalofriante que emanaba del cuerpo de Keldarion. Legolas se estremeció y se echó hacia atrás, sorprendido. Se quedó mirando el rostro de su hermano en busca de alguna señal de la oscuridad que acababa de sentir, pero no encontró ninguna. Keldarion le devolvió la mirada con ansiedad.

"¿Qué? ¿Qué pasa, Legolas?"

El príncipe más joven negó con la cabeza.

"Yo… no estoy seguro. ¿Cómo te sientes?"

Keldarion sonrió con tristeza.

"Me duele la cabeza, ¿puedes creerlo? No recuerdo la última vez que lo hizo. Y mira mis manos. Están temblando."

En silencio, Legolas puso los dedos otra vez sobre las sienes de Keldarion y continuó con la curación haciendo caso omiso de la energía oscura que lo golpeaba. Ya hablaremos después de la cena, pensó. Un momento después, Keldarion suspiró con satisfacción.

"Eso se siente bien. Gracias, Legolas. Ya no me duele."

Legolas asintió, cogió un cepillo y empezó a peinar la larga melena de su hermano, para luego trenzarla hábilmente en la parte trasera. Keldarion se sentó en silencio mientras tanto, dejando a su hermano hacer lo que quisiera. Sonrió al recordar las miles de veces que le había trenzado el pelo a Legolas desde que era pequeño. Recordaba sobre todo que no podía estarse quieto. Siempre estaba lleno de energía. ¡Ay, Elbereth! ¿A quién intento engañar? ¡Todavía lo está!

"Ya está. Terminado" –anunció Legolas por fin.

"Bien. Vámonos, entonces" –Keldarion se puso en pie, pero su hermano lo detuvo antes de llegar a la puerta.

"Kel, ¿estás seguro de que te encuentras bien?"

Keldarion frunció el ceño.

"Por supuesto. Me acabas de sanar, ¿no?"

"Lo sé, pero… -suspiró Legolas-. Solo dime di te sientes mal, ¿vale?"

Keldarion puso una mano sobre su hombro.

"No te preocupes, mocoso. Ya estoy bien. Vamos."

Legolas se estremeció involuntariamente cuando volvió a sentir la energía oscura procedente de los dedos de su hermano. Pero no dijo nada. Si Keldarion le había dicho que estaba bien, ¿quién era él para contradecirle?"

Ah, mírate, Celeborn, señor de Lothlórien y jefe de los elfos del Bosque Dorado. ¡Oh, y Galadriel! ¡Fantástico! ¿Puedes verme, Galadriel? ¿Sabes que estoy aquí? ¿O necesitas tu espejo para verme?

¡Oh, mira! ¡Qué hermosa es tu nieta! Se llama Arwen, ¿no? Es tan pura. ¡Cómo me encantaría probar sus deliciosos labios y saborear su dulzura! ¡Cómo me gustaría beber su sangre y la de todos vosotros para saciar mi sed!

¡No falta mucho, Celeborn! ¡Caerás!

Keldarion sujetó con fuerza su copa de vino, frunciendo el ceño ligeramente. Su dolor de cabeza había vuelto con más fuerza que antes. Y esta vez podría jurar que escuchaba cosas dentro de su cabeza.

Miró otra vez a Arwen, que estaba sentado al lado de Galadriel conversando en voz baja. Estaba muy hermosa esa noche con su vestido de color crema hecho de fina seda. Su largo cabello estaba medio recogido, mostrando su delgado cuello blanco y sus cejas arqueadas.

Arwen lo llevaba ignorando desde que había entrado al comedor. Era obvio que seguía enfadada con él por el incidente del jardín. Legolas, que estaba sentado al lado de Keldarion, se dio cuenta y no podía dejar de sonreír al mirar de uno a otro. Pero entonces su sonrisa se desvaneció al ver el ceño fruncido de Keldarion.

"¿Kel?"

Keldarion se sobresaltó.

"¿Qu… qué?"

Legolas se puso más ansioso al ver de cerca el pálido rostro de su hermano.

"¿Ocurre algo?"

El príncipe mayor suspiró suavemente.

"Me duele la cabeza otra vez."

Los ojos de Legolas se abrieron aún más. Eso es extraño, pensó. ¡Acabo de curarle! ¿Cómo es posible que vuelva a dolerle la cabeza?

"¿Quieres que te cure?" –ofreció.

Keldarion negó con la cabeza e inmediatamente deseó no haberlo hecho, pues el dolor de cabeza aumentó.

"Estaré bien, gracias. A lo mejor se irá si me acuesto –su hermano lo observó en silencio cuando se levantó del asiento y se dirigió a su padre y Celeborn-. Mi señor, padre, quisiera retirarme por esta noche" –dijo en voz baja, para sorpresa de los dos señores.

"Pero acabamos de comer, y todavía es temprano. ¿No te encuentras bien?" –preguntó Thranduil. También había notado la palidez de su hijo y su expresión dolorida.

"No te preocupes, papá. Me duele la cabeza. Nada serio."

"¿Por qué no dejas que Legolas se encargue de él?"

"Ya lo hizo, pero volvió. Quizás desaparezca si duermo un poco –Keldarion se inclinó-. Buenas noches –luego se volvió hacia Galadriel y Arwen-. Mis señoras."

Todos asintieron. Después de enviarle una sonrisa vacilante a su hermano menor, Keldarion abandonó la sala. Entonces todos miraron a Legolas, haciendo que se removiera en su asiento.

"¿Qué?"

"¿Qué has hecho con él?" –preguntó Thranduil.

"¡¿Yo?! ¡No hice nada!" –dijo, gritando de sorpresa.

"Oí que arrastraste a tu hermano al río esta tarde" –dijo Celeborn, sonriéndole al príncipe inquieto.

Legolas puso los ojos en blanco.

"¡No lo hice! ¡Saltó el solo! Y eso fue después de que me tirara. Haldir y Rúmil le ayudaron."

Sus ojos se ensancharon.

"¿Haldir y Rúmil?"

"¿Por qué será que me resulta difícil de creer?" –dijo Arwen, conteniendo la risa.

"¿Por qué no me creéis?"

"No es que no te creamos, Legolas, pero 'travesura' se ha convertido en tu famoso segundo nombre –dijo Galadriel, mirando con cariño al príncipe del Bosque Negro-. He oído hablar de tu última hazaña. Mi nieta no te quiere cerca de su cabello a partir de ahora."

Legolas se sonrojó, al igual que Arwen, mientras que Thranduil y Celeborn estallaban en carcajadas. Enviándole una mirada asesina al bromista príncipe elfo, Arwen se levantó con gracia de su silla.

"Iré a ver si Keldarion está ben. Puede que le duela la cabeza por el nudo que le hiciste a nuestro cabello."

Después de que Arwen saliera, los tres elfos miraron a Legolas. El príncipe tuvo la decencia de avergonzarse.

"Solo fue una broma."

"Lo sabemos, querido –dijo Galadriel, sonriéndole con cariño-. Ahora acábate el postre, antes de que se derrita.

Legolas volvió a poner los ojos en blanco.

"Sí, señora" –dijo, obediente.

Arwen tocó suavemente a la puerta de Keldarion, pero no obtuvo respuesta. Cogiendo aire y con la esperanza de no estarse entrometiendo, Arwen giró el picaporte y abrió la puerta.

Encontró al príncipe heredero del Bosque Negro dormido en la cama. Estaba tendido de espaldas, vestido solo con su camisa y sus polainas. Arwen estaba a punto de irse para dejarlo dormir cuando se dio cuenta de que no se había quitado las botas.

Moviéndose en silencio para no molestarlo, se sentó en el borde de la cama y le quitó el calzado. Keldarion suspiró suavemente, pero no se despertó. Después de dejar las botas junto a la cama, Arwen se acercó y le dio un beso en la frente.

"Que duermas bien, su alteza."

Pero cuando se giró para irse, la mano de Keldarion la agarró de repente por la muñeca. Sus ojos ya no estaban vidriosos, sino que la miraban atentamente.

"¿Vas a alguna parte, dulzura?"

Su boca se abrió.

"¿Estabas despierto? ¡Deberías haber dicho algo!"

Todavía sujetándola, Keldarion se levantó de la cama con pereza.

"Te estaba esperando."

Arwen empezaba a sentirse incómoda.

"Kel, suéltame la muñeca."

"¿Por qué, querida? ¿No es esto lo que quieres? Sé que no puedes resistirte" –Keldarion la acercó más a él y envolvió su otro brazo alrededor de sus hombros temblorosos.

"¡Basta, Kel! ¿Qué estás haciendo?"

"¡Oh, vamos, Arwen, te estoy dando lo que quieres! A mí. ¿Si no para qué ibas a entrar en mi habitación?"

Ella empezaba a asustarse de verdad.

"Kel, ¿qué te pasa? ¡Suéltame ya!"

Arwen empujó frenéticamente contra su pecho, pero Keldarion era más fuerte. Era un poderoso guerrero que podía matar a un enemigo de un solo golpe. Su fuerza no era rival para la suya.

"Déjame probar tus labios, querida. Seré tuyo. Y tú serás mía, Arwen. Sé mía" –sin previo aviso, los labios de Keldarion reclamaron los suyos casi con brutalidad. Ella luchó por liberarse. Había anhelado muchas veces ese beso, ¡pero no de esa manera! ¡Valar, no así!

Arwen levantó la mano y le dio una bofetada con todas sus fuerzas.

"¡Cómo te atreves!" –le gritó.

Pero él solo se rio y se abalanzó sobre ella otra vez.