Despierto. Despierto. Despierto. Siempre soy el último en despertar; pues, no tengo nada mejor que hacer que dormir y quedarme tumbado en mi cama, con la habitación siempre a oscuras. Me fijé en el reloj digital que estaba a mi lado, en mi mesa de noche. Tres de la tarde. Kelly ya se había preparado para ir a la escuela horas atrás al igual que Musa. Generalmente nunca siento algo cuando estoy dormido y puedo decir que es lo único que me hace sentir mejor. Estar con mis hermanos es vivir siempre con la sensación de la incertidumbre; no porque no los quiera sino porque tal vez ellos podrían quererme un poco más si tan solo dejo de ser quien soy ahora, si dejo de ser ese chico callado y solitario pero herido por un pasado. Hay que aprender a superar las situaciones y dejar de cargar con un pasado que claramente no te está dejando caminar como se debe.

Tal vez el trauma que dejó el abandono me ha hecho perder el rumbo de lo que realmente importa. Sí. Tengo sueños y metas; pero no he hecho nada para llegar hasta ellas, mi fuerza de voluntad se ha ido desvaneciendo con el tiempo.

En algún momento llegaron a pensar que tenía una enfermedad mental o algo así y estuvieron a punto de internarme en un hospital, pero mi talento innato de actuación hizo que nada de eso pasara. En lugar de eso, debo tomar algunos medicamentos para pasar la depresión, algo así como unos calmantes. Las pastillas amargas de todos los días.

Me levanté por fin luego de mi reflexión matutina y me puse una de las muchas camisas que estaban en el suelo. Siempre he sido algo desordenado. Bajé al primer piso y me dirigí a la cocina a desayunar o tal vez a almorzar… como sea, tenía hambre.

Nuestra casa llego a ser tan solo una construcción mediocre con paredes de tablas y un piso que claramente no era un piso, ubicado en este mismo vecindario que, para la época, era uno de los más peligrosos y marginados de Juls XX por ser en algún momento el lugar más afectado por La Guerra de los Siglos. Pero, luego de un acuerdo de paz entre Julia y Juls, se logró que este lugar fuera totalmente reconstruido y renovado, por lo que se convirtió en los suburbios de la ciudad.

Logramos también que tuviéramos un lugar más digno para vivir así que nos dimos nuestros propios lujos. Pasó de ser un pobre lugar desecho por la guerra a una gran casa digna de nosotros: dos amplios pisos, 6 habitaciones cada una con su propio baño, una cocina totalmente equipada con comedor, dos salas de estar, una oficina, una piscina en el patio trasero…sí, eso es vida material. Mis hermanos mayores nos dieron todos estos lujos gracias a sus trabajos y múltiples estudios en múltiples partes del mundo. Ellos nos sacaron de la miseria a pesar de que alguna vez creímos que era imposible; no por ellos, sino por las condiciones de la casa y de la ciudad. No sé cómo podríamos pagarles. Oh, espera, realmente lo sé, sería que yo me fuera de una vez por todas de aquí y dejara de ser una carga más para ellos.

Estaba solo en casa, pues todos estaban ocupados con sus vidas. Me preparé unos hotcakes con syrup y un café, subí a mi cuarto para darme una ducha, me arreglé y me dispuse para deambular por la ciudad como la mayoría del tiempo, específicamente en el día. Antes de salir de casa siempre dejo una nota, aunque lo que escriba ahí sea lo mismo: "Vuelvo más tarde". Eso realmente significa que no deben ir a buscarme como locos y que pueden tener la seguridad de llamarme para preguntarme en donde estoy, aunque eso ya casi no pasa, pues, suelo estar en los mismos lugares con las mismas personas, así que mis hermanos no se preocupan por eso ya.

Camino siempre dos cuadras para llegar a la parada del autobús más cercana, no suelo esperar la misma ruta siempre ya que prefiero dar un recorrido "nuevo" cada día, al final llego al mismo destino. Me subí en el primer autobús que llegó, me senté en el último asiento, me coloqué los audífonos y subí el volumen del reproductor al máximo. Solo era yo, mi música y el paisaje frente a mí. Eso era lo poco que podía disfrutar en los días tan solitarios, a pesar de que normalmente veía los mismos lugares en recorridos diferentes, sentía cierta satisfacción y cierta tranquilidad al no verme encerrado en esa casa que a veces me traía recuerdos melancólicos, sentía libertad. Cerré mis ojos y dejé que los rayos del sol golpearan mis párpados y seguí disfrutando de la música, uno de mis favoritos, Pink Floyd.

Interrupción. La música se detuvo y el autobús también, al parecer había un embotellamiento o algo así, me incliné hacia adelante para lograr ver a través de la ventana del conductor y vi una gran fila de autos, todos pitando y algunos imprudentes gritando desde sus ventanas como si eso fuera a resolver algo. Suspiré y me recosté bruscamente en el asiento. ¿En serio? ¿A esta hora?, pensé.

Me detuve y volteé a mirar a través de la ventana y un escalofrío recorrió todo mi cuerpo, sentí rápidamente como mi pecho se encogía y mi corazón se aceleraba. Era mi antigua escuela. La primera escuela a la que asistí y la peor experiencia en mi vida de pequeño. Nunca había pasado por acá en este autobús, o ¿tal vez sí? No lo recuerdo y tampoco quiero volverlo a recordar. No podía apartar mi vista de ese lugar, veía a los niños corriendo y jugando, todos felices y sonrientes, el ambiente parecía ameno pero yo estaba aterrado. Interrupción. La música de repente comenzó a sonar de nuevo y el autobús comenzó a andar, comencé a respirar de nuevo, cada vez más despacio. Fue horrible. Tal vez no me había percatado antes de que este autobús siempre pasa por este lugar. Tal vez. Tal vez no deba volver a subirme a esta ruta nunca. Sí, es lo mejor para mi salud y para que no vuelva a darme otro pequeño infarto. Digo que es mejor evitar algunas cosas para no sentir dolor.

Apoyé mi cabeza contra la ventana y traté de disipar el recuerdo, traté de tranquilizarme, recorrí mis manos por los bolsillos de mi pantalón y sentí que había traído mis pastillas amargas. Que alivio. A veces pueden ser repulsivas pero otras veces suelen ser efectivas, saqué una de mi bolsillo y me la tragué seca. Sí, ya estoy acostumbrado. Seguí pacíficamente mi recorrido, alternando mi atención entre la música y el paisaje, lo bueno era que una lograba complementar perfectamente a la otra; hasta que llegué a mi destino final. Me bajé y eché un vistazo al edificio enfrente de mí. Era una discoteca, bueno, en el día era un café-bar pero en las noches se convertía en una de las discotecas más salvajes de la ciudad. Era mi preferida. Unos de mis amigos, Riven, era el dueño del lugar. Él era casi como yo, algo rebelde y adicto a las aventuras, había abandonado la escuela dos años atrás para trabajar aquí. Este lugar era de unos conocidos de su madre y ellos, al ver la dedicación y amor de Riven por el lugar, decidieron dejárselo a cargo, pues, él siempre estaba atento con los servicios y prefería estar ahí que en alguna escuela buscando problemas y peleas. En su familia vieron que se comportaba mejor cuando estaba allí que- relativamente- en otro lugar, así que aceptaron su decisión de trabajar allí y por lo tanto ser el dueño oficial de la discoteca. Así era como se ganaba la vida y era feliz con eso.

Atravesé las puertas metálicas para transportarme a uno de los mejores lugares que tenía esta ciudad. El ambiente, las luces tenues, el jazz de fondo, el aroma a café y los delicados murmullos de la gente hacían que me sintiera en una utopía. Sonreí y me dirigí a la barra, allí estaba Kate una de las baristas y actual "novia" de Riven (realmente solo era su novia en la noche), tenía su encanto, ojos grandes color negro, piel blanca, un peinado alocado y de arcoíris…solo la saludé afable.

—Oye Kate, hace mucho no nos veíamos ¿cómo está todo?

—Eh, todo está bien, Raven—sonrió-¿el café de siempre?

Asentí. Desde que nos conocimos hace unos meses no ha dejado de llamarme Raven, ella dice que son por dos razones: uno, me parezco a Riven por lo tanto trató de jugar con su nombre para ponerme uno a mí y dos, mi pelo color "cuervo". Sí, eso era nuevo para mí, pero me gustaba.

—¿Dónde está Riven?

—Aquí, cuervo—sonó de repente una voz que se acercaba a nosotros. Era Riven. Como siempre con sus habilidades ninjas de aparecerse de la nada, y con su estilo de motociclista o tal vez punk clásico y moderno, y con un cigarro en la boca. Se sentó junto a mí y me ofreció uno de sus cigarros negros, lo cogí y Kate lo encendió por mí al mismo tiempo que me daba mi café.

—Te extrañé ¿dónde has estado, Helia?

—Terapias psicológicas y eso—dije mientras tomaba un sorbo de mi café.

—Que asco. Ellos te tratan como si estuvieras loco, pero sabemos muy bien que tú estás bien.

—Mis hermanos creen que es lo mejor para mí. También me recetaron calmantes.

—¿Qué?—Riven parecía algo molesto y aturdido. Me asusté por un momento— ¿Sabes? Tus hermanos me caían bien hasta hace unos segundos.

Rodé los ojos e inhale el humo blanco de mi cigarro—A veces funcionan—dije como excusa.

—Recuerdo que lo único que te calmaba era algo mejor y se llamaba vodka.

—Riven…ya no quiero más eso, ni siquiera quiero fumar más.

—Pero lo estás haciendo—señaló—y sé que quieres volver a esos días. A esos días en los que Helia Williams era un "fiestero" de primera que se emborrachaba y fumaba sin parar.

—No Riven, le prometí a mis hermanos que… —Riven puso su mano enfrente de mi cara en señal de "parar".

—Lo único que diré Helia es que tus hermanos te están controlando. Es irónico porque tu deseas ser libre pero solo haces lo que tus hermanos dicen. Te has refugiado mucho en ellos y eso te ha hecho perder tu independencia o ¿me equivocó?—Me miró fijamente. Lo miré devuelta.

Por supuesto que no se equivocaba pero no me gustaba pensar en eso. No me gustaba pensar en nada, aun así quería que las cosas se solucionaran. Tener que lidiar con un problema familiar, un problema mental y otro de salud por fumar y beber era mucho para mí.

—No Riven, no te equivocas. Pero quiero dejar a un lado muchas cosas, cosas que ahora son cargas para mí y para mi familia…la única familia que tengo, Riven—dije en voz baja y algo desanimado. Riven suspiró.

—Te propongo algo. Quédate hasta la noche. Hoy será tu día excepcional. Todo el vodka que quieras, todos los cigarros que quieras, solo por esta noche. Te prometo que la pasaras muy bien, invitaré a algunas chicas y todas serán para ti. Esta noche habrá fiesta y será dedicada a ti ¿qué dices?—Sonaba tentador, sonaba tan bien como en los "viejos tiempos", cuando tenía 15 y venía acá con Riven y nos escondíamos hasta la noche los sábados para disfrutar de las fiestas masivas del lugar, cuando a veces me besaba con casi todas las chicas hermosas y al otro día no las recordaba, cuando me enamoré del vodka y los cigarros negros…A lo mejor me iba a odiar por esto pero en el fondo quería hacerlo y quería volver a sentir esa adrenalina.

—Te odio tanto, Riven—dije rendido ante su tentadora y magnífica propuesta. Él se limitó a reír, me dio unas palmadas en la espalda y no dejaba de sonreír.

—Así es Williams, volviste, volvió el cuervo a su hogar—dijo entre risas. Solo era una noche ¿Qué podría salir mal?


Agradezco los comentarios y sus visitas a esta historia, realmente significan mucho para mi. Espero que les guste este capítulo, algo extraño e inusual pero bueno, como dije antes, espero que sea de su agrado. No olviden dejarme sus comentarios y/o críticas a ver que tal les pareció. Nos leemos luego.