GENTLEMAN

Parte 3

"Goza de mi lectura como yo goce escribiendo"

Chica de Terry


A continuación enlisto los momentos en que Candy y Terry se encontraron desde que se conocieron, hasta el día de su reunión en el Blue River con Albert, según lo marca la novela CC: Final Story, en su versión traducida del italiano al español por una querida amiga, muchas gracias porque sé, que lees la historia. La razón de compartírsela es para que sea más comprensible los acontecimientos de este fic, y de donde nació la inspiración para esta linda historia.

*CRONOLOGIA

-31 de diciembre= Candy y Terry se conocen en la cubierta del Mauritania con rumbo a Inglaterra.

-Enero (días primeros del mes)= En un paseo por el bosquecillo del colegio Candy se asusta al escuchar el sonido de un caballo a galope por el recuerdo de Anthony. Al ver a Terry galopando sobre Theodora, Candy se desmaya y el intenta auxiliarla. Preocupado por ella, la cuida dulcemente.

-17 de Enero= Candy se encuentra con Neil y este la amenaza además de maltratarla. Terry sale de entre los arbustos y la defiende de Neil y sus amigos. Candy intenta agradecerle pero él lo rechaza, luego la llama "Pecosa". Candy muy enojada le dice que la llame por su nombre, Candice, o Candy como le dicen sus amigos pero Terry insiste en que es mejor el nombre de Pecosa.

-18 de Enero= Candy ve a Terry fumando en la segunda colina de Pony y le quita el cigarro de los labios, lo regaña, le pide que no vuelva a hacerlo porque ese es su lugar. Terry entonces la llama "Tarzán pecosa" pues ha descubierto que por las noches visita a los hermanos Cornwall.

-28 de Enero= Terry sale del colegio por la noche y es herido en una pelea callejera, muy tomado entra en la habitación de Candy por error, mientras ella escribía en su diario. Luego intenta ayudarlo dándole la minima atención y saliendo ademas del colegio para buscar remedios para sus heridas. Es cuando encuentra a Albert en Londres. NOTA: (En la traducción dice que una semana después del 18 de Enero sucede este evento, no especifica día del mes. Para efectos del fic y siguiendo la línea de los acontecimientos en la vida de Terry "Yo decidí" que pasara el día de su cumpleaños, porque me suena bastante lógico que así sea).

-Últimos días de Febrero= Candy corriendo por el bosquecillo tropieza y cae encima de Terry que estaba recostado entre los capullos de narcisos. Es cuando aparece por primera vez la mención de los narcisos conectando a Candy y a Terry con la controversial flor, típica de gales. Candy le reclama que se echa en donde sea como una piedra, a lo que Terry responde "UNA PIEDRA NO PUEDE DISFRUTAR DEL AROMA DE LOS NARCISOS". Por primera vez ella lo llama Terry y él está muy complacido por ese detalle. NOTA: (la traducción no especifica fecha, pero menciona "Marzo a la puerta" es la manera en como uno puede ubicar en que tiempo sucede este evento)

-Esa misma noche= Candy por equivocación entra en la suite especial de Terry cuando pretendía ir de visita con Stear y Archie. Ella encuentra una foto de Eleonor Baker y descubre que la célibe actriz es madre de Terry. Candy es descubierta por el cuándo entra de pronto en la habitación, le dice que no se lo cuente a nadie o se arrepentiría. Candy sorprendida por conocer su secreto, le pide disculpas y sale de la habitación por el balcón. NOTA: (esto sucede el mismo día en que Candy cae sobre Terry, en el prado, pero en la noche)

-Abril= Pasa un mes y no tienen contacto directo, Candy lo ve por la escuela pero no puede hablarle, teme que él este muy enfadado con ella por saber de su secreto. Ella desea hacerle saber de alguna forma que nunca lo contara. Ella va al bosque donde sabe que lo puede ver pero no lo encuentra, como sabe que Eliza anda tras sus pasos, espiándola, Candy se pone a cantar una canción inventada a gran voz donde hace saber a Terry que ella "No dirá nada y que lo jura por sus pecas". Terry puede escuchar cantando aquella canción sin sentido y dice para sí mismo, desde el árbol donde se encuentra: "No hace falta que cantes esa canción divertida, TE CREO, ¿lo sabes?".

-Principios de Mayo= Candy al ser castigada y negado su derecho a participar en el festival de Mayo, escapa para llevar la tortuga a Albert al zoológico Blue River, y allí se encuentra con la sorpresa de que Terry y Albert se conocen.


Marzo 1913

-¡Hey Terry! Que hay de nuevo –El rubio saludo afectuosamente a la distancia alzando el brazo desde el otro lado de la fosa de los osos polares. Ambos hombres se encaminaron hasta estar de frente y darse un fuerte apretón de manos.

-Lo siento, vine a verlo pero creo que era su día libre. Estaba por irme –Contesto el castaño.

-Oh. Lamento que sea así. Has esperado por mi demasiado tiempo –El rubio arrugo la pequeña bolsa de estraza que traía consigo.

-Algo. Mientras esperaba di una vuelta por el zoológico. Fue… educativo. –Respondió el chico despreocupadamente.

-¿En verdad? Creí que a los jóvenes de tu edad ya no les interesaba este tipo de… "atracciones" -El rubio recargo las asentaderas sobre el barandal negro. Luego cruzo los brazos sobre su pecho.

-Lo dice de una forma… -Con aire divertido Terry frunció el ceño.

-Los prefiero libres que enjaulados –Albert reacomodo sus gafas oscuras sobre el puente de su nariz- La gente prefiere ignorar que ellos también se enfadan, se ponen tristes, se estresan, se enferman, pelean, agraden y lastiman al cuidador más dedicado –Dijo en tono seco- Estar siempre en el mismo sitio y por tanto tiempo… siendo solo un figurín. Una muestra de la especie a la que representan. Esta fuera de su naturaleza ser prisioneros. ¿Puedes imaginar lo que es eso, Terry?

Hubo un largo silencio entre ambos, cubierto por el borde con el sonido de bramidos, aullidos, relinchos, voces, risas, música y pequeños pasos apresurados que corrían del barandal de una jaula a otra. Albert no se percató de que al decir aquellas palabras estaba retorciendo el puñal en el corazón del chico rebelde del San Pablo. Por supuesto que conocía lo que era estar encerrado. El futuro magnate que por ahora disfrutaba de su tiempo sabático tenía ahora una idea bastante clara de quien era Terry. Quien era y que representaba Terrence G. Grandchester, también.

Había pedido a Johnson su secretario particular un reporte sobre ese chico con el que simpatizaba. Además era compañero de sus sobrinos, en el internado. Tal vez incluso hasta eran amigos. Aunque tenía que admitir que Terry era muy diferente en comparación a Alister y Archivald. Diferente en carácter, en aficiones, en estilo vida. Eso, según los reportes que George le hacía llegar bimestralmente sobre el desempeño de los chicos, su vida y educación, pues ellos serían la cuarta generación que llevaría en sus hombros el peso de los estandartes del honorable apellido Adley. -Ellos dos, porque Anthony, ya no podría… – El pinchazo en medio de su pecho fue inmediato ante aquel angustiante y doloroso pensamiento, el rubio trago en seco. Luego miro a Terry mientras este golpeaba el hierro del barandal con la punta de su fino zapato de piel. Vestía con tanta formalidad, aunque quisiera pasar desapercibido su porte lo delata. Traía la chaqueta al hombro, se notaba ausente, algo se cocía en su interior de seguro, denotaba ansiedad.

¿Abre lucido yo, igual, a esa edad? Era una bomba de tiempo… Tic, tac, tic, tac, tic, tac, el tiempo era interminable, la presión insoportable… la soledad aplastante -El rubio levanto la cara al cielo y cerró los ojos un instante tratando de espantar sus más negros demonios. Tomo una bocanada de aire y se centró en el joven a su lado. Sus espectros internos comenzaron a languidecer suavemente, asentándose en los más profundo de su corazón. Soltó el aire contenido apenas imperceptible, intentando relajarse.

El hijo primogénito del más alto noble inglés, su majestad Richard Augusto el gran duque de Grandchester, hermano del rey y quinto en línea directa al trono de Inglaterra. Los rumores más malignos contaban que Terry era el hijo primogénito "BASTARDO" del duque, el que siempre estaría destinado al rechazo de su propia elite, viviendo a la izquierda, a la sombra de un apellido aplastante, sin tener la menor culpa. Era huésped de honor del Real Colegio San Pablo desde los 7 años. No había una sola fotografía donde la duquesa de Grandchester y el delfín heredero del antiquísimo ducado estuviesen juntos, ni siquiera de cerca. El rechazo de los miembros de la misma casa Grandchester era total, comenzando por supuesto por la duquesa.

Sin embargo, su padre el orgulloso duque, estaba empeñado en tenerlo siempre en primer lugar, como era su justo derecho por nacimiento. En teoría, Terry sería el siguiente primogénito varón Grandchester en llevar con orgullo el ducado, ocupando además el sexto sitio en la línea al trono más codiciado de toda Europa. Un puesto nada despreciable, para el cual se le estaba educando, pero por la conducta del joven… era lo que menos deseaba. Además, estaba por verse que la duquesa lo permitiera. Eran los más altos y oscuros juegos del poder, donde las almas no cuentan y las conciencias son vendidas al mejor postor.

Albert contrajo la mandíbula, sus labios formaron una dura línea, no deseo en ningún momento hacerlo sentir mal, ni que llegara a pensar que lo estaba atacando de alguna manera. Suavemente negó con la cabeza. Suspiro. De pronto, ambos, se vieron caminando lentamente por los andadores adoquinados, sin rumbo fijo. El chico se detuvo de golpe frente a la jaula de los monos. Se quedó mirándolos con atención, con genuino interés. Dejó el saco sobre la barandilla. Estaba atardeciendo y la gente que visitaba el zoológico comenzaba a retirarse.

-Ciertamente tiene razón, es mucho mejor vivir en libertad –Terry comenzó a hablar, como si sus palabras fueran más una especie de reflexiones que ansiaba compartir- Aprendes a apreciarla cuando has probado un poco de ella y la mayor parte del tiempo vives encerrado en una jaula. Sabes que si se te ocurre escapar volverás una y otra vez tras los barrotes, irremediablemente. Aprendes a odiarla y después de un tiempo… de mucho tiempo… pareces apreciarla e incluso llegas a amar el hierro…

Terry se sostenía del barandal negro que lo separaba de la jaula, estaba recargando el peso de su cuerpo hacia el frente poniendo toda la tensión en sus manos y en sus hombros, adopto aquella postura seguramente para que Albert no pudiera ver las emociones barriendo por su cara. El rubio podía ver con claridad que Terry llevaba encima una enorme carga y la atribuyo a sus conjeturas iniciales, no soportaba más el duro régimen al que era sometido otorgado por su aristocrático origen. Albert se quedó cerca de él para poder escuchar cada palabra. El ruido ajeno al zoológico que contaminaba su plática era cada vez menor. El rubio suspiro sin poder evitarlo, sentía el corazón abrasado, él también sabía lo que era sentirse de aquella manera. Terry tenía razón en algo –Concluyo- en algún momento uno llega a amar el hierro de las cadenas que nos atan a nuestro destino, más, uno nunca se acostumbra al encierro, a las ataduras- Reflexiono. Iba a emitir alguna palabra para llenar el pesado silencio lleno de sonidos selváticos pero el joven ahora recargaba su mentón en los antebrazos cruzados sobre el barandal como un niño pequeño que esta aburrido, o quizás demasiado curioso y atento. Siguió hablando al viento, mientras seguía con la vista a los animalitos brincar de un tronco a otro, pero con plena conciencia de que era escuchado por el buen señor Albert.

-En algún momento de desesperación total, la luz de una vela se enciende –Dijo el chico sorprendiendo a Albert por el rumbo que tomaron sus reflexiones- y además de dar luz, también irradia calor pero aunque lo odies al principio e intentes apagarla, no puedes. No te atreves. Se puede llegar a pensar entonces que, esa jaula que llegaste a odiar y luego a amar, te ha protegido en realidad. Que estabas más seguro, dentro que fuera. Y ahí, dentro de tu jaula fría y oscura, la luz ha llegado de alguna forma, mostrándote que es momento de salir al exterior… porque ni toda la oscuridad del mundo puede opacar el brillo de una vela, por más pequeña que sea. "Y pecosa" -pensó Terry dentro de sí, mientras el aire expandía su pecho para luego relajarlo suavemente, aflojando también los hombros antes rígidos. Ante aquel cambio tan repentino, Albert agudizo el oído.

-Es una extraña lucha constante entre, desear quedarte en la seguridad de las sombras o ir a tomar la vela y caminar con ella. No sabes a donde te llevara, pero… su luz, su calor, te reclama… te envuelve…

Terry estaba mirando a través de cualquier objeto, humano o animal que estuviera frente a sus ojos. Él estaba mirando algo más allá, o a alguien. Para ser más exactos vistiendo seguramente una rígida falda escolar. Albert torció la mueca, intentando contener la risita. Él, el zoológico y Londres completo habían desaparecido. El chico la miraba fijamente, casi podía jurar que la tenía justo frente a él, en su mirada se libraba tremenda batalla, ahora su ceño estaba arrugado, pero sus ojos eran brillantes, su boca denotaba una mueca dulce, tenía incluso las mejillas teñidas, quizás por la caminata que dio la víspera bajo el tibio sol vespertino de Marzo. O sería que… Terry, estaba enamorado.

L´amour –Siseo el rubio por lo bajo, mientras contenía la sonrisa- Terry, estas en dificultades amigo mío. Enamorado y tan joven… esos amores son letales, cuando te hacen viajar sin mover un solo pie –Pensó el rubio mientras lo miraba de reojo, luego bajo la vista dándole su espacio, ya había escudriñado demasiado la intimidad del chico, sin que este se percatara.

-Es verdad –Intervino el astuto cuidador del zoológico- A veces los animales están tan acostumbrados al encierro que, aun teniendo la puerta entreabierta, no se atreven a escapar. Todos, y he dicho todos los animales, tememos al fuego. Cuando es pequeño nos da curiosidad, le admiramos cuando crece y nos calienta con su ardor pero luego sufrimos al descubrir que también nos hace daño. Y entonces le tememos –Dijo el rubio. Espero a ver qué cara ponía el chico- Y ahí viene la contradicción –Prosiguió cuando estuvo seguro de tener su atención- le tememos pero le queremos cerca, incluso aunque nos haga daño. Algunos dirán que es instinto. Yo digo que es, masoquista. Pero sin la sal, la azúcar nunca será dulce –Terry no le miraba pero Albert pudo notar como el chico sonreía.

-La libertad es tan tentadora, como aterradora –Dijo el joven soltando un leve suspiro- Pero es su justo equilibrio lo que lo hace interesante. Es como el fuego. ¿No lo cree así, señor Albert? Quien desearía arriesgarse a lo que hay allá afuera, sabiendo que dentro lo tienes todo, todo para sobrevivir. Cobijo, techo, alimento… protección. Que loco desea saber de fuegos ardientes que lastiman, que marcan.

-El alma también necesita alimento, Terry. Y muchos de nosotros estamos hambrientos del alma y no nos damos cuenta. Pero una vez que lo hemos concientizado, es imposible volver atrás. Ese tremendo pedazo de bistec que está afuera es demasiado tentador para conformarse con solo olerlo, hay que salir a probarlo. El fuego transforma un crudo pedazo de carne en un apetitoso biste…

-¿Y si ese pedazo de bistec te cae del cielo, echándosete encima? Así, nadas más, de pronto…

-Huyyy compañero… -Rió Albert, tratando de contener la carcajada- ¡y además gratis!

-Si ha caído del cielo, sin que te lo esperes siquiera… quiero decir… –el chico se irguió y comenzó a caminar, mientras manoteaba al aire- si cae justo donde esta uno, haciendo lo mismo que uno hace siempre… y ¡Paum! Llega ese jugoso bistec directo a ti, sobre ti… y… ¿cómo puedes negarte…? –El rubio soltó la carcajada imaginando la escena pero sobre todo por ver a Terry con los ojos brillantes, sumergido en el momento aquel, que no pudo escuchar la última frase que pronunció en un tono bajo- ¿Cómo puedes negarte, a tal seducción?

La risa genuina de Albert fue sofocada por la invitación en los altavoces que pedían a los últimos paseantes del zoológico avanzar hacia la entrada pues era la hora de cerrar. Ambos hombres se encaminaron hacia el amplio andén principal flanqueado por frondosos árboles y jardines llenos de flores, la primavera estaba tocando a las puertas de la vieja Londres con toda su fuerza. Terry podía sentirlo así, tan audazmente en su piel que se veía absorbido por un estado eufórico inexplicable. Ardientes deseos de sentarse al piano y tocar fluyeron por las yemas de los dedos, hormigueando desde sus entrañas una tonada alegre y apasionada. Antes de tomar caminos contrarios, se detuvieron.

-Gracias por la visita Terry, lamento que haya sido tan breve.

-Nuestro encuentro ha sido breve señor Albert, sí, pero su ausencia me dio tiempo de recorrer su zoológico.

-Y te ha gustado, al parecer –Dijo con diversión el rubio, al ver que el ánimo del chico estaba por lo alto, muy a pesar de sus severos problemas personales.

-A decir verdad, ha sido una visita demasiado… "educativa y liberadora". Ah estado bien. –Dijo Terry con una mueca de sonrisa.

-Y yo he encontrado esta breve charla sobre animales de lo más divertida. Nunca había encontrado temas en la zoología tan interesantes. Jaulas abiertas, fuegos ardientes, bistec jugosos… -El rubio no pudo contener la carcajada. Terry sonrió complacido, su sonrisa casi le llego hasta las orejas, pero la contuvo torciendo la mueca- Te diría que vengas el próximo Domingo pero supongo que, tus visitas no deberían ser tan frecuentes. Es entresemana chico, ¿Qué, tú no estudias? O es que, has encontrado al igual que yo, una rama en la zoología que ha captado tu atención tan repentinamente.

Esta vez Terry no pudo contener la carcajada y moviendo sus pies alzo la mano a modo de despedida mientras se echaba el saco al hombro, se fue caminando sin prisa hacia la entrada principal. Albert siguió riendo con ganas al ver la respuesta del chico. Así que huía… ¡ya vera ese bribón! -Pensó el rubio en tono malicioso mientras contenía la risa.

-¡Heee… Terry! -Gritó el rubio- Los animales son muy dulces cuando les tratas bien, pero no olvides que su temperamento salvaje los hace impredecibles. Pueden morder de pronto… ¡Recuérdalo! -El rubio siguió riendo mientras veía la silueta del joven alejarse y levantar nuevamente la mano en señal de que el mensaje había sido recibido. Casi pudo verlo sonreír abiertamente. Este chico era otro al que conoció, hace apenas unas semanas atrás.

Terry dejó el Blue River atrás y monto en su convertible rojo. El segundo quinto domingo del año estaba por terminar y había que regresar al Colegio. ¿Hacia cuanto tiempo que no se sentía en ese estado de ligereza? Hace apenas unas cuantas semanas, fue su propia respuesta, cuando la chica pecosa se atrevió a quitarle el cigarrillo de los labios, para luego ordenarle que "en su colina" no se le ocurriera volver a fumar más. Sonrió tontamente y luego se tocó los labios.

-Primero me toca… luego me cae encima… ¡y me acusa de ser una piedra! Será atolondrada. Luego, me ha llamado Terry… por primera vez. ¿Qué diantres me pasa que no puedo sacarme de la mente a la pequeña Tarzán pecosa? -Dijo en voz alta, mientras se miraba a los ojos por el retrovisor. Luego con la palma abierta dio un golpe al volante, su cabello se agitaba al viento llevaba la capota baja, el auto aumento de velocidad mientras se alejaba de la ciudad, sintió tantos deseos de gritar, de gritar el nombre de la chica, pero se lo trago. Apretó con fuerza los dientes, esa sensación le causo ahogo. Apretó firmemente el volante que sus nudillos por el esfuerzo se pusieron blancos y solo aflojo el agarre hasta que volvió a tragar saliva con normalidad.

No había momento en que no pensara en ella, en que no pudiera resistir el impulso de ir a buscarla y llenarse los ojos de su figura. No podía dejar de mirarla. De pronto se vio en la necesidad de sentirse tocado por ella y de tocarla, de sentir su piel, de oír su voz, su risa, de ver su naricita chata y sus pecas agitándose mientras se enfadaba con él. Le gustaba provocarla solo para poder mirarlas agitándose, saludándolo, porque sentía que esas pecas danzarinas le sonreían solo a él, aunque la cara de mona hiciera muecas de disgusto muy graciosas. Pero después de aquellos dos encuentros el mismo día, se estaba autocastigando, la había tomado de los hombros y la había agitado con violencia, vio en sus ojos el miedo… ella le temía, y eso no podía soportarlo. No quería lastimarla, nunca fue su intención pero el culpable de todo fue él mismo, lo reconocía; por guardar aquella fotografía que no tenía otro fin que recibir todo su resentimiento, su dolor más profundo y callado. Su decepción absoluta en la vida.

Ahora Tarzán conocía su lúgubre secreto y no sabía qué hacer, que explicación dar después de amenazarla de aquella forma. Quería decir "discúlpame" pero no podía. Disculparse por qué, ¿Por ser un bastardo? ¿Por qué su propia madre se negaba a reconocerlo como hijo? No, por… hacerla participe de un secreto tan doloroso y lastimarla por ello, cuando no era su culpa. Y prefirió retirarse de su presencia. Sabía exactamente a donde ir para encontrarla pero en todos los días transcurridos de Marzo, él se había alejado.

Con voz trémula ella se había disculpado antes de irse, evidentemente se había equivocado de habitación. En todo ese tiempo no escucho ningún cotilleo, ningún rumor que lo involucrara con la actriz americana. Ya la intuía tan pilla, pero absolutamente discreta y aunque quisiera encontrarle defectos para poder rechazarla lo cierto era que, no podía, porque no encontraba ninguno. Solo un nombre que hasta ahora no le decía nada… que era un misterio para él, pero que aun así, le causaba angustiante curiosidad, porque era algo que la lastimaba. ¿Quién era Anthony? Esa duda ardía en su corazón de forma inquietante, que incluso le molestaba. El deseo de hablarle, de estar cerca era cada vez más fuerte, de sentirse tan atraído a ella como una polilla a la luz. Y precisamente por eso, porque ella era luz, inevitablemente él, la miraba fijo, aunque ella no lo supiera. ¿Cuándo sería el día en que se decidiera por fin a volar directamente al fuego? Aunque de antemano supiese, que iba a quemarse.

A pesar del viento fresco y húmedo por la cercanía del Támesis, Terry sentía el cuerpo ardiendo, su respiración se agitaba cuando pensaba en Candy. Sentía los labios vibrando aun, con aquel toque de sus dedos al arrebatarle el cigarrillo. "Si tan solo pudiera besarla… Tocarla a mi antojo, acariciarla. Si tan solo pudiera borrarle a besos aquella noche… que solo piense en mí, en Terry. Y en nada más." -Pensó el chico enervando aún más sus emociones. Suspiro profundamente.

-Tarzán pecosa, nunca había deseado tanto que ya fuera lunes. Quiero verte. –Pronuncio en alto el chico. A lo lejos ya se veía la barda alta de piedra del colegio San Pablo, en un movimiento perfectamente calculado viro a la derecha, internándose en el bosquecillo, dejando detrás una polvareda.

Continuara…


AGRADECIMIENTOS:

Sra Grandchester: Gracias por ese 10¡ que lindooo jajajajaja gracias por lo de la redacción, de veras que me esmero y hago lo mejor que puedo en que todo esté bien entendidito y de la mejor manera posible.

Anneth White: Algo que siempre trato de respetar al máximo es, respetar la personalidad de los caracteres de la historia, a veces me tomo un poco de libertades pero en ese sentido soy muy tradicionalista, me gusta los personajes como son, tratando con el máximo respeto que me es posible darles una evolución partiendo siempre de su esencia sin alterarla. Es en verdad un reto, pero me gusta. En este capítulo como te habrás dado cuenta Anneth Candy entra en el campo visual de Terry de forma contundente, pues a través de ella estos hombres quedaran unidos de por vida de alguna manera… (Yerno y suegro hahahaha) Pero podemos ver como se la pasa Terry en función de la entrada a su vida de la Pecosa endemoniada, y ya hemos visto cómo le va al rebelde del San Pablo. Espero que aun siga siendo de tu agrado ;)

Vero: jejejeje pues ya sé que tengo algunos pendientes por ahí… tratare de sacarlos, ya puse el 4 capítulo de Trapecista y acabando este fic, acabare también aquel. Gracias por lo de la narrativa, trato mucho de mejorar en cada historia. ;)

Darling eveling: Creo que, Candy ya salió a relucir y de qué manera¡ Espero que te haya gustado esta segunda mención de la pecosa a través de la voz de Terry. ;)

Albacano: Es curioso, no? Dos americanos cambiándole la vida, y también es la nacionalidad de su madre. Sin duda estas dos personas que conoce casi al mismo tiempo han sido en la vida de Terry un antes y un después. Gracias por leerme amiga y por todo lo demás, también. Ya tu sabe´¡ ;)

Imagine28: Gracias a ti por el mensaje, también espero no parar nunca. ;)

Monandrew78: HOLAAAAA¡ que gusto saludarte. Pues por aquí ando otra vez¡ jejeje uno nunca se aleja del todo de lo que ama, verdad? Destino tu fic favorito? Te cuento que también lo puedes encontrar en audiofic en el canal de Cyn Berruty en el canal de videos. Cynthia ya posteo el capítulo 5, ahora está haciendo conmigo Gentlemen en audiofic, pero acabando seguirá con Destino. Quizás te gustaría escucharlo en radionovela jajajaja ;)

Y a los anónimos que aún no se animan a dejar mensaje, GRACIAS POR LEER¡

Nos leemos en el próximo capitulo.