Disclaimer: ni la historia ni los personajes me pertenecen, esta es una adaptación.

summary

Bella ha negado su naturaleza de mujer-zorro durante demasiado tiempo y volvió su espalda a su herencia zorra. Pero cuando conoce a dos cambiaformas felinos muy sensuales, ella tiene que decidir si realmente quiere renunciar a su lado juguetón… o abrazarlo. Debido a que la mujer-zorro en ella no quiere elegir entre los dos hombres… los quiere a ambos.


Siento la tardanza, se que debí actualizar hace días, pero no me encontraba en casa.

Lo siento mucho y haré todo lo posible para que esto no vuelva a pasar.


Capítulo 3

Bella POV

Bella despertó a la mañana siguiente sintiéndose inquieta. Sabía que todo estaba en su cabeza; la sensación de ser invadida. Podía oír a sus huéspedes hablando en la planta baja, poniéndose cómodos en casa, a medida que cocinaban el desayuno. Cuán acogedor de ellos, pensó con un vuelco irónico de su boca. Añadiendo el hecho de que más o menos no se le permitiría ir a correr hasta que se encargaran de los cazadores de zorros, y su piel estaba prácticamente arrastrándose con reclusión. Era un sentimiento que odiaba, así que tomó una ducha rápida para despejar su mente, se vistió, y luego se encerró en su estudio de arte. Por lo menos podía canalizar toda esta energía nerviosa y hacer algo productivo. Emergió muchas horas después, su estómago rugiendo. El sol se había puesto hacía un tiempo. El fervor artístico había muerto, dejándola sin nada más que un estómago vacío y un estado de ánimo extrañamente saciado. Dibujar realmente hacía que todo mejorara. Frotándose el olor a grafito de su nariz, entró en la cocina.

Y se detuvo. Ambos hombres estaban en la mesa de su cocina, despatarrados cómodamente, sus piernas extendidas bajo la mesa. Botellas vacías de cerveza decoraban la mesa, y unos cuantos dólares arrugados yacían en el centro de esta. Cada hombre sostenía una mano de cartas, y ambos se animaron con interés ante la vista de ella.

—Hola —dijo, sintiéndose un poco sin aliento ante la vista de ellos, tan relajados en su cocina. Podía mirar a ambos por horas y horas, simplemente observando dos piezas opuestas pero igualmente hermosas de carne masculina.

—¿Hambrienta? —dijo Emmett, levantándose de la silla y ofreciéndosela a ella—. Te puedo hacer un sándwich.

Tan considerado. ¿También habían comprado víveres para ella?

Normalmente solo pedía para llevar.

—Un sándwich estaría bien —dijo con cautela. Bella observó su trasero por el rabillo del ojo mientras él se inclinaba en el refrigerador, sacando algunas bolsas de carnes frías. Era fuerte y firme, y sus pantalones lo abrazaban justo en los puntos correctos.

Maldición, realmente necesitaba tener sexo. Distraída, miró a Edward y se fijó que él le sonreía. La había visto mirar a Emmett, y a él no parecía importarle.

Interesante.

Se preguntó si los dos alguna vez habían compartido antes. El pensamiento envió una descarga de deseo por todo su cuerpo, y su sonrisa en respuesta a él fue perversa en efecto.

—¿Qué están jugando? —dijo, levantando las cartas boca debajo de Emmett. Una reina estaba intercalada entre un rey y una jota, pero el resto de su mano era basura. Pasó un dedo por esa reina. Colega suertuda, intercalada entre dos chicos guapos.

Bien, ahora realmente necesitaba echar un polvo si una mano de cartas estaba haciéndola fantasear.

—Póker —dijo Edward, levantando su cerveza y tomando un trago.

—¿Juegas?

Puso las cartas de Emmett boca abajo y se inclinó sobre la mesa ligeramente, sonriendo a Edward a medida que se le ocurría una idea.

—No por dinero.

La mirada de Edward bajó un poco, viendo sus pechos abultados mientras ella se empujaba contra la mesa. Tragó fuerte.

—¿Ah, no?

—Solo he jugado strip póker —confesó.

Edward se inclinó sobre la mesa, dándole esa sonrisa pícara que hacía que sus ojos verdes se iluminaran un poco.

—¿Estás interesada en jugar esta noche?

En la cocina, se dio cuenta que Emmett se había quedado muy quieto, así que ella lo miró. Su cuerpo irradiaba tensión sexual, y la mirada que le lanzó era ardiente.

—Oh, sí, definitivamente —dijo ella.

Emmett se recuperó y puso el sándwich frente a ella. Tan considerado… incluso lo había cortado en dos triángulos perfectos. Bella lo recompensó con una sonrisa radiante y le dio un mordisco al bocado.

—Gracias.

Él echó un vistazo alrededor del comedor.

—¿Tienes alguna silla extra? —Su pequeña mesa solo tenía dos sillas; había sido demasiado tacaño comprar más y de todos modos, nunca utilizaba esta mesa.

La falta de sillas planteó un pequeño problema, hasta que otra brillante idea la golpeó.

Bella se puso de pie, con el sándwich en mano, y señaló la silla que acababa de abandonar.

—emmett, puedes sentarte aquí. Solo me sentaré en tu regazo.

Casi pudo oírlo tragar.

Los hombres devolvieron las cartas de nuevo en la pila, y Edward empezó a barajar con expertas manos relajadas.

Ella miró sus manos; le gustaban: fuertes, con dedos gruesos y callosidades que mostraban que trabajaba con ellas. Apostaba a que Emmett tenía dedos largos y delgados con palmas suaves.

Él parecía ser un experto en computación.

Emmett pareció renuente, así que ella se deslizó fuera del asiento y lo palmeó, indicándole que debía sentarse. Sus ojos azules se tornaron abrasadores a medida que se sentaba, hundiéndose lentamente en la silla de madera, su mirada sin apartarse del rostro de ella. Cuando se hubo sentado en la silla, con las piernas ligeramente abiertas mientras trataba de relajarse, ella deslizó una pierna sobre la suya y se sentó a horcajadas sobre su rodilla, dando un ligero meneo para recordarle que estaba allí.

Como si pudiera olvidarlo.

—¿Jugamos? —Bella se inclinó sobre la mesa, sonriendo. El ángulo daría a Emmett una bonita vista de la curva de su trasero y la parte baja de su espalda, lo había hecho a propósito. Aún mejor, el movimiento empujó sus pechos contra sus brazos y la mirada de Edward cayó inmediatamente atraída hacia allí.

Se estaba divirtiendo mucho, demasiado, jugando con los dos hombres.

—¿Cuáles son las reglas? —dijo edward con voz ronca.

—Los tres jugamos —dijo lentamente, pensando—. El ganador no se quita nada. El segundo lugar, tampoco nada. El perdedor tiene que quitarse una prenda de vestir. Sencillo.

Edward repartió las cartas con una leve sonrisa en su rostro. Fue alrededor de la mesa, repartiendo tres manos de forma pausada y lenta. Cuando tuvo cinco cartas frente a ella, Bella recogió su mano, cuidando ponerlas cerca de su pecho para que Emmett no las viera.

Una mano basura: cinco cartas diferentes, cuatro pintas y ninguna que coincida. Uff. Echó un vistazo sobre las cartas de Edward, pero su rostro era inescrutable… esa leve sonrisa todavía curvaba su boca.

emmett se movió bajo sus piernas, su única indicación de que él todavía estaba allí y prestando atención.

Bella conservó dos tréboles y arrojó las otras tres cartas boca abajo.

—Tres cartas.

Edward le repartió tres.

—¿Cuántas para ti, Em?

Una carta se deslizó cerca del codo de Bella.

—Solo una.

Maldita sea.

No dijo nada mientras Emmett recogía su nueva carta, pero su rodilla se sacudió un poco de nuevo. No estaba segura de si esa era una buena o una mala sacudida.

—Yo tomo dos —dijo Edward, luego descartó las suyas y tomó dos nuevas.

Esta vez, no se molestó en ocultar la sonrisa que se dibujó en su rostro. Su mirada de ojos Verdes se deslizó de nuevo a ella.

— ¿Qué tienes?

Ella todavía no tenía nada. Un par de tres, pero eso no iba a ganar nada.

Bella puso las cartas sobre la mesa, boca arriba.

—Tengo una mierda ¿Y ustedes?

Emmett se inclinó sobre ella, su hombro rozando su espalda. Un hormigueo de conciencia revoloteó sobre su piel, y resistió la tentación de inclinarse hacia atrás contra él.

—Tengo una escalera —dijo en voz baja, y ella pudo sentir el calor de su aliento contra su hombro desnudo. Con manos precisas, él presentó las cinco cartas, todas de corazones.

Bueno, eso sin duda le ganaba.

—Full house —dijo Edward, mostrando su abanico de cartas. Reyes y doses.

Ella era la gran perdedora. La decepción brilló brevemente en su interior, Bella era competitiva y le gustaba ganar, pero esto fue reemplazado rápidamente por una emoción burlona.

—Supongo que eso significa que perdí.

—Supongo que sí —dijo Edward, sonriéndole con invitación en los ojos.

Se puso de pie lentamente entre las piernas de Emmett, pensando. ¿Qué se quitaba primero? ¿Su blusa de lino sin mangas? Eso sería lo que ellos esperaban que hiciera, pero ella no quería darles el gusto como esperaban. ¿Sus sandalias? Bastante patético. ¿Su reloj? ¿Los pendientes? Incluso más patético que los zapatos.

Así que Bella tomó el botón de sus pantalones cortos y lo deshizo, deslizando lentamente la cremallera hacia abajo. Echando un vistazo rápido a través de sus pestañas vio que ambos hombres estaban absortos en el movimiento, y el aire se tornó pesado con tensión. Con cuidadosos movimientos lánguidos, deslizó suavemente la tela sobre sus caderas y se balanceó ligeramente, hasta que sus pantalones cortos cayeron al suelo, dejando al descubierto su ropa interior a los dos hombres aguardando con impaciencia.

—Esos son… —comenzó Edward.

—Volantes —terminó Emmett, sonando como si se estuviera muriendo.

Podría haberlo estado… los volantes negros en la parte posterior de sus bragas de encaje estaban probablemente apenas a centímetros de él. Había elegido su ropa interior deliberadamente hoy, pensando en los dos hombres, a pesar de que no había previsto la diversión del strip póker.

Y definitivamente se estaba divirtiendo. Mucho, demasiado para su propio bien.

Bella regresó a su posición en el regazo de Emmett, cabalgando su rodilla entre sus muslos y dándole un ligero apretón con sus músculos internos.

Ante su gemido, ella no pudo resistir una ligera sonrisa y un guiño a Edward, quien parecía como si alegremente mataría por intercambiar de lugar con su compañero.

—Vamos por la próxima mano —dijo ella, su voz suave y tímida.

Edward repartió de nuevo, y esta vez Bella observó sus manos, por si acaso su primera mala ronda de cartas no hubiera sido una casualidad. Para su sorpresa, esta mano fue decente. Recibió un par de jotas y un rey e indicó que quería dos cartas. Los chicos también pidieron dos cartas cada uno.

Sin embargo, sus cartas fueron excelentes. Otro rey para formar un par.

—Dos pares, reyes y jotas.

—Eso me gana —dijo Emmett, inclinándose sobre ella de nuevo y volviendo sus cartas boca arriba.

— Nada.

—Igual. —La mano de edward no era más que un par de diez.

Se frotó las manos y sonrió, poniéndose de pie.

—Entonces, vamos a ver, quiero que los dos se quiten algo.

—¿Los dos? —Edward le dio una mirada escéptica.

—Ambos. —Y qué si trasgredía un poco las normas. Era strip póker, esto no estaba escrito en piedra de todos modos.

—Son ustedes dos contra mí, ¿no? Así que si pierdo, me quito algo. Si los dos pierden, ambos se quitan algo. Me parece justo.

—Siempre podrías elegir solo a uno de los dos —dijo Emmett razonable—. Mi mano era peor que la de Edward. Yo perdí.

—¿Por qué tengo que elegir entre los dos? —Las manos de bella se apoyaban sobre sus caderas revestidas en lencería, asumiendo una postura coqueta que desmentía el temblor en su estómago.

— Puedo manejarlos a ambos.

—Los dos a la vez, ¿eh? —dijo Edward, una lenta y perezosa sonrisa cruzó su rostro.

— Grandes palabras.

Ella simplemente ladeó la cadera un poco más y le dio una sonrisa, internamente decepcionada de que él no parecía estar tomando en serio su sugerencia.

—Oh, definitivamente los dos a la vez. No te preocupes por mí. Solo preocúpate de quitarte esos pantalones.

Justo entonces, ambos hombres llegaron a sus cremalleras. No sabía dónde mirar primero. Edward estaba en frente de ella, así que se concentró en él.

Sus pantalones cayeron, revelando un cuerpo por todas partes bronceado y calzoncillos azul vibrante. Eso era una vergüenza. Estaba curiosa por ver el tamaño de su pene, se admitió para sí misma.

Tenía una encantadora complexión compacta con la cantidad perfecta de músculos que esperaba que la economía no continuara hasta su miembro.

Hablando de eso… miró por encima del hombro a Emmett. Sin calzoncillos allí. Los vaqueros se agrupaban alrededor de sus tobillos y unos bóxer grises oscuros abrazaban cada centímetro de su paquete.

Oh, cielos… que era bastante agradable. Y grande. Por todas partes.

Este juego solo acababa de ponerse muy, muy interesante.

—Así que, ¿solo vamos a estar todos de pie para la próxima ronda? —Ella arqueó una ceja a Emmett.

—¿Y por qué no te sientas conmigo? —dijo Edward, cayendo de nuevo en su silla.

—Digo, si estás tan dispuesta a pasar el juego sentada.

Un reto. Bueno, no podía dejarlo pasar. Bella se acercó a su lado de la mesa y arrastró los dedos a lo largo de esta, esperando a que él arrime su silla hacia fuera de modo que pudiera posarse en su pierna como lo había hecho con Emmett.

Edward no retiró la silla. En cambio, él palmeó su pierna e indicó que estaba listo para que ella se sentara. Entre su regazo y la mesa había solo unos pocos centímetros, los suficientes para que ella se apretujara. Su táctica era totalmente obvia. La pregunta era, ¿en verdad aceptaría su reto o lo rechazaría? Nunca antes se había retractado de un reto, especialmente no de uno por un hombre que estaba considerando como una posible pareja. Y si era sincera consigo misma, había pasado mucho tiempo desde que había tenido una relación, y ambos hombres estaban redefiniendo su interés. Los estaba considerando a ambos.

Así que ella miró el regazo de Edward, puso las manos sobre la mesa, y se deslizó sobre él. Pudo oír su respiración entrecortarse ligeramente mientras se acomodaba en él, su trasero a nivel de su erección.

—Reparte —dijo ella, su voz ronca.

Edward repartió de nuevo, estirándose a su alrededor para hacerlo. Sus manos rozaron sus brazos mientras él colocaba cada carta.

Su siguiente mano fue decente, pero Emmett tuvo una mejor. Su pérdida. Bella se encogió de hombros y se desabrochó los botones de su blusa, dejando que se deslizara por sus hombros y espalda. Ahora se sentaba a horcajadas sobre Edward en sus bragas y sujetador solamente.

Emmett no había dicho nada durante todo el tiempo, simplemente la observaba con ojos implacablemente calientes. Él no se burlaba o jugaba como Edward, pero sabía que él estaba tan interesado, al igual que intensamente fascinado con la ruta que estaba tomando el juego.

Ella perdió la próxima mano otra vez. Sus ojos se estrecharon cuando Emmett en silencio reveló tres ases.

—¿Es solo cuestión de suerte o algo más?

Él le dio una lenta y dulce sonrisa.

—¿Estás insinuando que estoy haciendo trampa?

No quería ofenderlo. ¿Quién sabía cuán orgullosos eran los pumas? Tal vez eran tan rígidos sobre su honor como lo era ella sobre su sexualidad.

—No —dijo, retractándose—. Solo pensé que tal vez querías ver mis pechos un poco más que Edward aquí.

—No creo que sea posible —intervino Edward y dio a sus caderas un pequeño giro, haciéndola saltar y jadear ante la sensación de su miembro presionando contra su trasero. El calor y la necesidad inundaron su cuerpo.

Edward deslizó una mano por su espalda.

—¿Quieres un poco de ayuda? —Sus dedos tiraron del broche de su sujetador. Bella se encogió de hombros, buscando por sí misma el broche para deshacerlo con manos expertas y a la vez dejándolo caer. El aire acondicionado hizo que sus pezones se retraigan, al igual que la mirada de Emmett.

Sintió a Edward tensarse debajo de ella, tratando de echar un vistazo. Sus pechos no eran grandes o exuberantes, pero lucían firmes y en alto, y sus pezones eran pequeños y oscuros. A ella le gustaban sus pechos, y a juzgar por la expresión del rostro de Emmett y la forma en que se removió en su silla, él también los aprobaba. Sus manos se deslizaron suavemente sobre sus pechos antes de que ella se inclinara sobre la mesa y arrojara sus cartas.

—Próxima mano.

Para su sorpresa, su siguiente mano contuvo los tres ases con los que Emmett había ganado en la última ronda. No puso en duda el hecho de que los tres ases parecían estar encadenados dado que eso estaba trabajando en su favor. Bella se paró y le indicó a los dos hombres que se quitaran un artículo de ropa. Frente a ella, Emmett retiró lentamente su camisa, sacándola de su cuerpo, y eso hizo que se le secara la boca. Dios, su pecho era perfecto. Su paquete de abdominales, firmes, bronceados, con solo un rastro de vello descendiendo por su ombligo.

—Muy bien —dijo ella. Muy, muy bien. Sus hombros eran grandes y definidos con músculos. No demasiado, solo lo suficiente.

Miró hacia atrás al cuerpo de Edward, y estuvo encantada de ver que el suyo era igual de duro y delgado. Donde Emmett era bronceado y con abultados músculos, Edward era un poco más compacto, más delgado, todos los músculos de su pecho finamente detallados. Emmett podría ser fuerte como una casa de ladrillo, pero no había ni un centímetro de grasa en Edward, hasta el suave plano de carne por debajo de su ombligo. Tenía un gran tatuaje tribal cubriendo un hombro entero, un diseño de rayos. Decidió que le gustaba.

—¿Una mano más? —sugirió Edward, pasándose una mano alrededor de la cintura de sus calzoncillos, como si estuviera deseando deshacerse de ellos. Sus pezones se tensaron a la vista, y sintió la curiosa necesidad de sentir a ambos hombres apretados contra ella.

Sus hormonas zorro se estaban tornando salvajes con dos hombres seductores a la mano. En lugar de elegir entre ellos o inclinarse de un modo u otro… los quería a los dos.

Ambos cuerpos calientes casi desnudos presionados contra el suyo. Envolviéndola entre ellos. Ambas bocas y cuatro manos vagando por su cuerpo necesitado.

Un escalofrío la recorrió.

—Una última mano —accedió ella.

—El ganador se lleva todo —dijo Emmett en voz baja, y eso envió una descargar caliente a través de ella. ¿Qué había para llevar? Aparte de sus cuerpos. Una imagen de ella atrapada entre ellos, uno llevando su pene a su boca mientras el otro la embestía por detrás rodó por su mente como un huracán.

Los tres se pusieron de pie alrededor de su pequeña mesa, viendo con expresiones extrañamente tensas como Edward repartía lentamente tres manos más, y Bella giró la suya. Trío de ases. Obviamente, él le había dado la mano ganadora de esta ronda. Puso las cartas sobre la mesa y miró a Edward.

—Así que, ¿cuántas rondas fueron realmente repartidas?

Su boca se levantó en las esquinas y se encogió de hombros.

—¿Se suponía que no debíamos hacer trampa?

No sabía si sentirse molesta o divertida.

—Entonces, ¿cómo se supone que voy a saber si esto no era solo una excusa para verme desnuda?

—¿Vas a decirme que no estabas ni siquiera un poco interesada en ver mi pene? —Señaló a Emmett —. ¿O el suyo?

No le gustaba cómo Edward estaba tratando de tomar el control de la situación. O más bien, a ella le gustaba, pero sabía que si quería mantenerlos en control, tenía que hacerse cargo una vez más. Así que se acercó a Emmett y acunó su erguido pene.

—Tengo la sensación de que si quisiera ver esto, no tendríamos que jugar. Todo lo que necesito hacer es preguntar.

Emmett pasó sus dedos a lo largo de la mandíbula de ella, con una mirada de nostalgia en su rostro.

—Sin embargo —dijo ella en voz baja—, eso no va a ser esta noche. Yo seré quien tenga la última palabra. ¿Entendido? Mi cuerpo, mi casa, mis reglas.

Con eso, se fue de la habitación.

Buenooo, pero que tramposito nos ha salido Edward.

Hahaha! por tramposos se han quedado con las ganas.

3:)


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Quiero agradecerles de corazón a todas/os por seguir y marcar como una de sus favoritas, tanto a mi como a esta historia:

Nadiia16, SemaJmal, tary masen cullen, jessicatatiana, Lunita-9, Grecia Anastacia, Nelly McCarthy, Heart on Winter, Dreaming with you, Lady Etain Engel, esmecullenhale, lunatico0030, EternalReader15, alecssie cullen vulturi, Annalau2, cinsygonzalez, Rochii, marlene28, roanva, nikyta, DeMorcef, yomii20, Robaddct18, diablillo07, Lyd Macan, MiireBc, Ire 2.0, prisveru, Tanya Masen Cullen, natupattinson, CaroBereCullen, krissty Cullen Grey, agnes redhead, Aliapr-peke, torymeiko, Andy Andrea, isigranadosv, Cullen-21-gladys.

Un gracias especial por sus reviews a yomii20, Nadiia16, CaroBereCullen, brchu.

Me encanta que me hagan saber a través de sus reviews sus opiniones sobre la historia.

espero que les haya gusto el capitulo de hoy.

nos leemos el próximo sábado... o quizás antes, quien sabe ;)

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