Regalo de fin de año...
Blaise Zabini corría por los pasillos del castillo, aunque, como serpiente, no hacía ningún ruido. Se dirigía furiosamente hacia la torre de su mejor podía evitar las lágrimas de impotencia ante la escena que se reproducía en su cabeza una y otra vez. Esto lo enfadaba más si cabe.
Flashback
Blaise no podía conciliar el sueño, ya que se encontraba pensando en ella, su leona, la única que nunca podría tener junto a él, la única que quería a su lado. Desesperado por no conseguir olvidarla fue hacia la habitación de su novia secreta, Daphne Greengrass. Al llegar a su puerta oyó un gemido. Nada más entrar deseó no haberlo hecho. Delante suya se encontraban, completamente desnudos, Daphne, Theo, el cual no sabía de su relación, y, sorprendentemente, Luna Lovegood. Con cuidado cerró la puerta, amargado por el hecho de que hubiera surgido el sentimiento que menos deseaba sentir, la indiferencia.
Fin Flashback
Por suerte, consiguió llegar junto a ¨Presidente Miau" sin que la Señora Norris o Flich la descubrieran.
- "Minino comechocolates"
El cuadro se abrió justo en el momento en que Hermione salía de la habitación para hablar con Draco. AL moreno le pareció observar una melena rojiza antes de que la puerta se cerrara.
- Draco, ¿interrumpo?
- Sí ¿Blaise puedes irte a la habitación? Estaré contigo en cuanto solucione esto.
- Tómate el tiempo que desees.- les dijo con una pícara sonrisa- Buenas noches, Draco, Granger.
Cuando por fin se quedaron solos, Malfoy, tomó asiento en el sillón y le indicó a ella que lo hiciera a su lado.
- Dime, Hermione, ¿que piensas de mí? - le dijo, y, al ver la duda de esta, le añadió- Sé sincera, por favor.
La chica cerró los ojos dejándose llevar por su corazón, y no por su mente, que sin duda le habría obligado a dejarlo solo.
- Eres un idiota, egocentrista, imbécil, listo, adorable sexi y romántico hurón rubio teñido, pero.. puede que, yo... me esté enamorando... de ti, Draco. Es tu turno, ahora.
- Eres una idiota incomprendida, rata de biblioteca, mojigata y sabelotodo.
Los ojos de ella se llenaron de lágrimas, y se levantó murmurando incoherencias contra el chico. Draco, le preguntó cogiéndola por el brazo.
- ¿Adónde crees que vas?
- A un sitio donde no estés tú. No me puedo creer que te haya dado una sola oportunidad, sigues siendo el mismo idiota de siempre. Me voy.
- No te vayas.
- ¿Por qué?
- Por que no te quiero, Hermione.
- ¿Y entonces? - le preguntó con la voz rasgada.
- Por que yo te amo.
Y entonces, solo entonces, la atrajo entres sus brazos y la besó. La besó con furia, desesperación y amor. Pero lo mejor, lo mejor llegó cuando ella se lo devolvió, salado de lágrimas, ardiente y dulce de cariño. Draco se sintió en el cielo cuando Hermione le rodeó la cintura con sus piernas. Ambos empezaron a acariciarse por en encima de la ropa. Pero, en un momento de inteligencia, se separaron. Sabían que no era el momento, que sus amigos podían interrumpirlos. Por lo tanto, se acurrucaron en el sillón dándose pequeños besos y caricias.
Mientras tanto en la habitación de Hermione...
Ginny Weasley trataba de soportar las lágrimas por la traición de su, ahora exnovio, con su hermano. ¡Por Merlín! ¡Con Ron! Quizá lo que le dolía no fuera que se acostara con el pelirrojo, ya que sabía bien que su relación estaba rota antes, si no, que no hubiera tenido el valor de romper con ella antes. ¡Por Circe! Hasta Malfoy se habría dignado a cortar antes que engañarla. Y Harry Potter se jactaba de su valentía... No sabía como era posible que hubiera quedado en Griffindor. Se sentó en la cama del cuarto de su amiga, esperando el regreso de la leona. De pronto, la puerta se abrió, Ginny se secó las lágrimas para evitar que Hermione las viera, y se giró. Sin embargo, en el umbral no se encontraba ella, si no a la última persona que se hubiera imaginado allí, Blaise Zabini, su pesadilla personal. La pelirroja se levantó dispuesta a echarlo, pero antes de que pudiera decir nada él se acercó y, sorprendentemente, la abrazó, preguntándole contra su cuello.
- ¿Que te pasa, pelirroja?
- Nada, Zabini.
- Si no te pasara nada no estarías llorando.
- ¿Cómo sabes que..?
- Es evidente, pecosa, tienes los ojos rojos. Dime... es por el cara-rajada, verdad?
- ¿Y a ti que te importa?
- Si no me importara no estaría aquí. A ver.. te enteraste ya de que está saliendo con el pobretón?
- ¿Por que sabes tú eso?
- Me intereso por tu vida más de lo que parece - Ella se pegó más a él, haciendo que desease tomar posesión de sus labios.
- ¿Acaso... te gusto?
- Más de lo que crees.
- ¿Tú... me besarías?
- Sólo si me lo pides - Le respondió comenzando a pasar los labios por su cuello, produciéndole escalofríos a la pequeña.
- Bésame... - susurró ella.
Y por fin unieron sus labios esas personas tan distintas, tan parecidas.
Espero que os guste.
