Capítulo 3: Esperanzas

Lejos de la superficie, en las entrañas del planeta, la punzante tristeza de sus habitantes llegaría más pronto que tarde. Pero la madre Gaia poco podría hacer para remediarlo, porque ella misma se hallaba herida, sensible y contraria.

Por una parte, su mismísima energía vital le fue lentamente arrebatada para consumo de los deseos egoístas de sus hijos, y aunque intentó soportarlo en honor al amor que profesaba por todos ellos, lo hacía a riesgo de quedarse seca, literalmente, desierta y yerma. Y si fuera ese su destino lo aceptaría con amorosa resignación, delegando a sus queridos guardianes, las armas del planeta, la misión de limpiar y purgar la energía vital que se llevaría Omega consigo, al tiempo que Caos acabaría con lo poco que quedara para dejarlo atrás como a los restos de una civilización perdida. Pero, a medida que sus hijos crecían y se hacían más conscientes de sus habilidades, dejando de lado sus sentimientos al descubrirse temerosos de sufrir, se dio cuenta de que hasta sus más queridas armas sufrirían la devastación a causa del orgullo. Es más, su hijo Caos fue arrebatado de su regazo y manipulado al antojo de los fines más maquiavélicos.

Gaia lloró, pero sus llantos fueron apagados por la amenaza de aquella que vino del espacio, trayendo consigo muerte y destrucción. Entonces, Gaia dio buena parte de la energía vital que le quedaba para desterrarla, y aunque sus hijos se mostraron cada vez más ingratos con ella, su amor le empujaría hasta las últimas circunstancias para protegerles. Y lo logró.

Mal herida y debilitada, cuyos lamentos alcanzaron incluso a sus hijos en forma de geostigmas, tuvo que enfrentarse una vez más a la desaparición de uno de sus hijos más cercanos cuando sintió la creciente angustia e ira de Omega, quien buscó la forma de resurgir bajo las circunstancias inestables que provocaban el desequilibrio de las fuerzas planetarias. Y la madre primordial pensó que estaba todo perdido, y sonrió ante ello aun en su agonía, pues habría dado todo de sí. Cuando, contra todo pronóstico, su hijo Caos volvió a aparecer en escena para detener la destrucción de su hermano desbocado.

¿Cómo sucedió aquel milagro? No importó, Gaia sólo lo agradeció y bendijo secretamente a aquel ser humano valiente hijo suyo que fue capaz, además de contener la cólera de Omega, de entenderse lo suficiente con Caos como para formar una alianza. Así, tras el enfrentamiento, el flujo vital fue repuesto (a costa de las vidas de mucha gente tan inocente como pura), haciendo que el equilibrio dejara de ser una esperanza perdida.

Gaia sintió que sus fuerzas dejaban de debilitarse, y junto al regreso de sus hijos Caos y Omega, vio que la amenaza del fin de los días con vida se alejaba poco a poco, lentamente. Entonces, apostó por liberar la esencia de un ser cuya alma mantuvo retenida en lo profundo de su morada junto a sus preciosos hijos Cetra, sin permitirle renacer hasta que el tiempo fuera oportuno. Así, cargando buena parte de sus esperanzas, el hijo de la que vino del cielo volvería a la vida.

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Yuffie llegó justo a tiempo para deslumbrar con su compañía teatral a la muchedumbre que comenzaba a reunirse en la entrada del predio. Llegó montada en un carro tirado por media docena de chocobos adornados de colores, y tras ella venía una caravana de tres carros más, con sus aves y de paredes pintadas con diseños inspirados en la lejana cultura de Wutai, como dragones, carpas y monstruos de largos bigotes.

Reeve llegó corriendo a la entrada para darles la bienvenida y ayudar a despejar el camino que les permitiera hacer ingreso al lugar. No tardó en comenzar explicar a Yuffie lo que esperaba de ella, pero la chica se mostró reacia a escuchar, dispuesta a seguir su propio plan e insistente al pedirle al gobernador que no se preocupara por nada.

Cuando la entrada al público fue oficialmente abierta, poca fue la gente en asistir. Pero Reeve no perdió la esperanza e intentó mantener los ánimos de todo su equipo en los niveles más altos. El fracaso no tendría lugar en su festival.

Corriendo hacia la caravana de Yuffie fue que le vieron pasar Vince y Cid, quienes cumplían con su deber de vigías.

— Quien diría hace un año que la mocosa ruidosa se convertiría en una estrella de fama mundial, ¿Eh? —se admiró el piloto.

Vincent le escuchó, pero no desvió su mirada. Bastaba con que Cid perdiera la atención en su trabajo, él mantendría la guardia alerta por ambos.

— Es su hábitat natural, después de todo —respondió sin ilusión.

— Pero fue ella misma la que decía que Wutai tendría que patearle el trasero a cualquier turista y esas tonterías nacionalistas.

— La gente cambia —objetó Vincent, observando la expresión de su compañero-. Recuerdo bien tu reserva acerca de enfrentar a Sephiroth, y cómo cambiaste de idea después de la visita a Cosmo Canyon.

— Maldito desquiciado. ¿Qué tan traumatizado debes estar para hacer que un meteorito choque contra tu planeta? —renegó.

El grito de una niña rompió la discusión.

Vincent llevó su mano a la empuñadura de su arma, mientras volteó con rapidez en busca del problema. Cid, por su parte, se preparó para correr en la dirección indicada.

Ambos se relajaron al ver que se trataba de un miembro de la caravana de Yuffie que, disfrazado de lagarto en dos patas, hacía morisquetas a la pequeña para distraerla del susto.

— ¡Ese bicho casi me da un infarto!

Vincent, al contrario de su camarada, sintió alivio al comprender el malentendido.

Barret, por otro lado, no lo tendría tan sencillo. Como en toda ocasión especial donde se espera que todo vaya bien, muchos detalles técnicos fallaron de improviso y se vio obligado a correr de un lado a otro cargando herramientas y repuestos. Tifa, que pensó que podría contar con su ayuda, se encontró gratamente sorprendida con la buena disposición y la paciencia que Denzel mostró hacia los niños más pequeños, muy al contrario de Marlene que parecía llevar una nube oscura sobre su cabeza. Aprovechó un momento de calma y que la gente aun no era demasiada para acercársele.

— ¿Extrañas a papá? —le preguntó.

Pero obtuvo un extraño resoplo de enfado como respuesta, extraño porque Marlene y su padre adoptivo siempre fueron muy unidos y nunca llegaron a pelearse a tal nivel de bufidos.

— ¡Todo es su culpa! —exclamó.

Estaba molesta, el doble de lo que estuvo al momento de llegar tarde, pues Barret le había pedido quedarse junto a Tifa durante el tiempo que él mismo no pudiera vigilarle. Y, por supuesto, aquello le llevó a un inevitable encuentro con Denzel, quien no perdió tiempo ni oportunidad de hacerle saber cuánto disfrutaba su victoria con respecto a la apuesta. Incluso en ese mismo momento le dedicó una sonrisa burlona, mientras cargaba en la espalda a una niñita de unos tres años de edad.

— No puedo adivinar qué pasó. No soy una bruja.

— ¡Llegamos tarde! —replicó la pequeña.

— ¿Y qué tiene de malo que llegaran tarde?

— ¡Perdí! —confesó-. Perdí la puesta con Denzel y ahora tendré que cocinar para él.

— Así que de eso se trata todo... —comprendió Tifa-. Pensé que sería algo más grave.

— ¡Es terrible! ¡No sé cocinar! —exclamó la niña.

— Tendrás que aprender, ¿No crees?

— ¿Podrías enseñarme? —preguntó, de pronto vio luz al final de su túnel.

— Seguro, pero tendrá que ser más tarde.

— ¿En serio?

Marlene, que había estado apoyada sobre la cerca que delimitaba el área infantil a cargo de Tifa, sintió que el peso sobre su cabeza desapareció por un momento.

— Claro. Después de que acabemos con esto nos pondremos a ello. ¿Ya decidiste qué cocinarás?

De pronto, Marlene sintió que ese peso volvía a sus hombros y su sonrisa de esperanza desapareció.

— ¡Oh, no te preocupes! —intentó animarle la mujer-. Estoy segura de que se te ocurrirá algo.

La pequeña permaneció en silencio.

Pensar en qué cocinar debería ser más fácil que pensar en su mala suerte. ¿Cuál sería el plato favorito de Denzel? Creyó que sería trampa preguntárselo directamente, además de que quería evitar la fanfarronería. Tifa, por otro lado, parecía dispuesta a ayudarle, aunque pensó que sería demasiado abusar. Cloud, se dijo en voz baja, él sería su próxima opción... en cuanto volviera papá y le permitiera pasear.

Nanaki siempre demostró ser aquella voz de la conciencia para todo el grupo, pero a solas con Cloud resultó tremendamente silencioso. Así, el soldado se encontró a merced de sus pensamientos aun cuando procuró mantenerse atento a su labor, y pronto comenzó a imaginar una variedad de escenarios que podrían amenazar con arruinar las celebraciones y causar daño a las personas. Por ejemplo, pensó en la posibilidad de que algún miembro de Deepground hubiese quedado con vida para protagonizar alguna fechoría, o que alguna fuente de energía vital no descubierta cercana pudiera afectar a alguna criatura y le empujara a arremeter contra los visitantes, incluso podrían aparecer miembros de Turks sobrevivientes (aunque no pudo pensar un motivo), pero el peor de los casos sin duda sería volver a verle a él...

— Tendrías que ver tu cara ahora mismo —dijo Nanaki, sacándole de sus cavilaciones-. El abuelo estaría envidioso de tu capacidad para concentrarte en tus pensamientos.

Cloud sacudió la cabeza y con ello quiso distraerse. A su alrededor pareció haber una mayor cantidad de gente.

— ¿Qué crees que estarán haciendo Rufus y los suyos? —preguntó, claramente fallando en su intento de dejar de pensar en fatalidades.

— No lo sé. Nadie podría saberlo, excepto ellos. Pero, si lo que quieres saber es si sospecho una amenaza de parte de ellos, la respuesta es sí. Aunque no el día de hoy, sería estúpido atentar contra la poca gente que queda y que podría salvarles de la bancarrota.

Una madre compró un perrito caliente a cada uno de sus dos hijos, y ambos guardianes observaron a la familia disfrutando su comida.

Cloud supo que Nanaki tenía razón, pero no se sintió más tranquilo. Por algún motivo, pese a los sólidos argumentos de su compañero, simplemente no fue capaz de deshacerse de las sospechas. Quizás exageraba, quizás se preocupaba demasiado, quizás acabaría paranoico, quizás jamás podría disfrutar de una tranquilidad como la de Nanaki, quizás algo había en él que nunca dejaría de andar mal.

— ¡Damas y caballeros! ¡Niños y niñas! —la voz de Yuffie se oyó claramente a través de los altoparlantes-. ¡Acérquense todos! El show está a punto de empezar.

El público comenzó a reunirse frente al escenario, lentamente.

— Agradecemos a WRO por permitirnos estar aquí con todos ustedes, para compartir toda la magia y el encanto desde Wutai.

Las tiendas y juegos de feria se vaciaron poco a poco, momento que aprovecharon los vigilantes para tomarse un respiro y echar un vistazo a la función.

El primer acto fue protagonizado por una pareja de gemelas exhibiendo su increíble flexibilidad al adoptar posiciones casi imposibles, enredándose en complejos nudos entre sí con brazos y piernas, sólo para separarse con gracia y facilidad, despertando la admiración y los aplausos de la multitud. Lo siguiente fue una exposición de cooperación entre un joven y sus pequeños gatos siameses realizando acrobacias y poses adorables que divirtieron a todos, excepto a Nanaki que prefirió mirar a un lado. Finalmente fue el turno de una pieza de baile en representación de la tradición de Wutai, antes de que se diera paso al entretiempo.

Reeve, que estuvo entre el público, aplaudió y disfrutó de cada acto como si fuera un ciudadano más, una de tantas razones por las que solía ganarse la confianza de la gente.

— Necesito tomarme un minuto —dijo Nanaki a su compañero de vigilancia.

Y sin más, se alejó dirigiéndose hacia el escenario, dejando atrás a un Cloud tan preocupado como extrañado.

Yuffie repasaba el horario entregado por Reeve cuando vio a Nanaki acercársele. Sonrió y dejó lo que hacía para ir al encuentro de su amigo a saludar.

— ¿Qué opinas? ¿Te gustó el espectáculo? —preguntó con emoción.

— Estuvo genial. Y me gustaría conocer a los gatitos, si no hay problemas.

— ¡Ah! Claro, claro —dijo ella, nerviosa-. Es que... ahora mismo... creo que no se puede.

Las sospechas de Nanaki se hicieron mayores, pues tenía la intención de asegurarse de que los animales artistas estuvieran siendo bien tratados, y no encerrados en jaulas llenándose de estrés, por ejemplo, antes de ser forzados a trabajar.

— ¿Por qué no?

— Es que... son muy quisquillosos, ¿Sabes? No les gusta recibir visitas...

Tal le pareció una excusa tan pobre como improvisada, que le revolvió tanto por dentro que prefirió tomar la iniciativa.

— Sé lidiar con el rechazo —aseguró, luego avanzó para adentrarse en los camerinos.

— Ah... ¿Nanaki? ¿Adónde vas...?

Yuffie siguió sus pasos con algo de angustia, pero ya no dijo nada más. Ambos recorrieron un corredor con varias puertas cerradas donde podían leerse los nombres de los artistas, las paredes de paneles desmontables dejaban pasar algunos ruidos indistinguibles de los que llenaban en ambiente proviniendo del exterior. Nanaki llamó a la puerta donde pudo leer los nombres de los gatitos y su dueño, y fue este quien asomó a través de una pequeña rendija de la puerta.

— ¿Qué sucede? —preguntó con reserva.

Yuffie, sin saber bien qué decir, dejó que fuera su compañero quien lo decidiera.

— Inspección de seguridad —aseveró Nanaki.

— Tendrá que ser más tarde —respondió el dueño sin intimidarse.

Pero el guardián no aceptaría tal respuesta y no encontró problemas al abrirse paso por la pequeña abertura, empujando suave, pero firmemente al hombre.

Se encontró con un par de cajas de madera apiladas una sobre otra, un tendero con dos trajes para el humano y, a un costado lejos de los rincones, una hamaca colgaba de una de las vigas de la estructura del techo. Allí, los gatitos descansaban relajadamente, hasta que vieron al enorme animal acercárseles lentamente. Pero no temieron, pues la presencia de Nanaki transmitía más tranquilidad que cualquier otra emoción, y sólo mostraron curiosidad al extender sus cuellos para olfatear la enorme nariz del visitante.

— Qué alivio —se maravilló el hombre-. Se ponen muy nerviosos con las visitas —explicó.

— Lo sé. Pero Nanaki tiene un no-sé-qué con los animales y los niños que hace que confíen en él —dijo Yuffie.

— Es todo —anunció el susodicho, presto a retirarse-. Gracias, señor.

Yuffie se despidió con una mano en alto al acompañar a su camarada, y cerró muy suavemente la puerta detrás de ambos.

— ¿Estabas preocupado por los gatitos?

— Sí. En vano, afortunadamente.

— En Wutai nos gustan mucho los gatos. Hay una leyenda que dice que hace mucho tiempo, el hijo de uno de los Grandes fue sorprendido por una tormenta durante un paseo. Tuvo que refugiarse debajo de la copa de un árbol, pero entonces vio a un gatito que le hacía señas con una patita para que se le acercara. El príncipe dejó el refugio y fue a acariciar al gato bajo la lluvia, ¡Y justo en ese momento cayó un rayo que incendió y partió en dos el árbol donde se refugiaba el hombre!

Nanaki ya conocía la historia, pero no quiso interrumpir el entusiasmo con el que su amiga se la relataba.

— Desde entonces se hicieron figuritas que mueven la patita en honor a ese gato.

Una vez más, Nanaki se sorprendió de la capacidad que tenían los habitantes de Wutai para sacar provecho de las desgracias, especialmente si se trataba de dinero. Y no guardó rencor, al contrario, pues la superación de las adversidades es una cualidad valiosísima.

— Regresaré a patrullar con Cloud —anunció el animal al llegar al final del pasillo.

— ¡Dale saludos de mi parte!

Y así, el día llegó al atardecer que trajo consigo la excusa perfecta para encender varias luces de cálidos tonos, dotando al ambiente de una atmósfera tranquila y relajada. Después del segundo y último acto en el escenario, Reeve tomó la palabra.

— En nombre de todo WRO y Avalanche, les damos las gracias a todos ustedes por asistir a la primera edición de la celebración a la esperanza.

Sus palabras despertaron sonrisas cálidas en los rostros de la gente, y algunos reaccionaron con breves aplausos de aprobación. Ese fue el primer momento en que se le dio un nombre a la festividad.

— Como humanidad, hemos atravesado muchos obstáculos para llegar a este día de hoy. Nuestras ciudades conocieron la destrucción y la ruina, fuimos víctimas de la corrupción y de la ambición de unos pocos con demasiado poder, y lo peor de todo fue que perdimos a muchos seres queridos. Permitámonos hacer un minuto de silencio en señal de respeto por los que ya no están.

La gente, cuya sonrisa fue borrándose paulatinamente conforme las palabras del gobernador avanzaban, se mostró bien dispuesta y agacharon la cabeza, en el más profundo silencio. Los guardianes se mantuvieron atentos, sin embargo, y fue Vincent el único que notó que Cid hacía lo contrario, que agachó la cabeza y cerró los ojos con más emoción de la que podría traer la simple empatía.

Un momento después, Reeve retomó la palabra.

— Hoy, sin embargo, nuestro querido hogar nos necesita más que nunca. Nuestras comunidades precisan de la fuerza que sólo la unión y la cooperación pueden ofrecer, para alzarnos de las cenizas y restablecer el equilibrio, para ayudar a nuestro planeta a recuperarse y, por tanto, para recuperarnos a nosotros mismos.

Pero no todos se compartieron la emoción del gobernador, sólo los más jóvenes y algunos adultos encontraron la motivación para asentir o alzar un brazo. La mayoría de la gente se mostró cansada, resignada quizás. Y Reeve lo sabía.

— Hemos heredado el peso del dolor de no una, sino tres catástrofes que amenazaron con acabar con nosotros. Y sí, puede que nuestras expectativas se encuentren por el piso, ¡Pero es ahí justamente donde las necesitamos! —dijo, despertando miradas de confusión intercambiadas entre el público-. Señoras y señores, jóvenes, niños y niñas. Todos somos afortunados sobrevivientes con un sólo camino a seguir, ¡Sólo podemos ir hacia adelante!

Los ánimos decaídos se alzaron lentamente al encontrar consuelo en una frase tan obvia, pero a la vez tan refrescante.

Cloud sonrió con convicción y alzó el brazo para demostrar su apoyo a Reeve, y así también hizo Tifa al alzar las manos entrelazadas con una de Marlene y la otra de Denzel, quienes estaban cada uno a su lado. Nanaki sonrió y Yuffie dio varios saltos de alegría. Pero Cid apenas consiguió alzar la cabeza, como si luchara contra un gran peso que le presionara, mientras Vincent no le quitaba la vista de encima.

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El universo de Final Fantasy así como sus personajes pertenecen a Square-Enix.

Esta es una creación a modo de homenaje por mi parte y para el fandom.

Gracias especiales a:

Mi pareja: Por celebrar conmigo cada vez que termino un capítulo como si fuera gran cosa x'D

Mi suegra: Por proponerme el ejercicio de escribir cierta cantidad de palabras periódicamente.

Mi cuñada: Por facilitar la blackberry desde la que escribo, después de que explotara mi laptop :'D

Mis gatos: Sin su inspiración, mi vida no tendría sentido (?).

A ti: Por leerme.

Acepto sugerencias, dudas y colaboraciones. Por favor, tengan piedad con el formato, que escribo desde una blackberry de la era del precámbrico xD

¡Déjame una review y tu buena onda!