3

Let down -Radiohead-

Las metamorfosis son intangibles, pensó Kira, cuando vio salir a la mariposa de su capullo. Uno nunca se da cuenta de cómo o en qué momento suceden los cambios; siente algo así como un leve dolor al fondo, un encandilamiento y de repente, todo aquello que creías eterno, ha dejado de existir. Sonrió y tomó la mariposa en sus dedos, la cual no tardó en volar hacia el jardín.

—¿Qué te hace tan feliz, Kira fukutaichou?

Izuru miró a Shuuhei.

—La mariposa, capitán…

Hisagi se acercó a la ventana, recordando que ésta no existía apenas unos meses antes. La intocable e imponente oficina de la capitanía del San Bantai era irreconocible. Pero el nuevo taichou se cuidó de hacer ningún comentario.

Simplemente un día, después de haberla mantenido por meses como un santuario intocado, Kira había entrado, armado de escobas, baldes, trapos, pintura y tres miembros del regimiento. Sin pensar -o así lo parecía- los documentos viejos, los retratos, los trofeos, lo que faltaba de archivar, los antiguos estantes, el perfume mismo del lugar, todo fue cambiado, puesto en orden, retirado, espantadas las arañas y lavado desde el piso hasta el techo. Los viejos tiestos de cannabis, ya secos, se tiraron a la basura y fueron cambiados por otros, de loto.

Con la decisión de un arquitecto que reconstruye un país en guerra, Kira dio órdenes de abrir un nuevo ventanal y de reconstruir las galerías y el jardín central, retirando los persimmomos y plantando manzanos y durazneros en su sitio.

Fue como una especie de exorcismo; incluso mandó repintar el emblema del Escuadrón y llenó de flores de caléndula -el símbolo del San Bantai- todo el sendero que rodeaba el edificio.

—¿Y bien? ¿Qué le parece?

Era la primera vez que Kira le preguntaba su opinión. De antemano, cuando empezara los cambios, Renji le había aconsejado a Hisagi dejar hacer y sólo mirar. Por primera vez, pareciera que Kira se levantaba totalmente de las viejas heridas que dejara Ichimaru en su alma, en su cuerpo, en su vida…

No es que no quisiera que me amaras, Izuru-chan. Es que no podía permitírmelo, entiende; la sola idea de tenerte, de pertenecer a algo o a alguien, era ridícula ¿Sabes cuál es la razón real de haberme ido con Aizen? Y ¿Me creerías si te la dijera? Los dos sabemos que no.

Pero te amaba, te lo juro. Te amaba como sólo puede hacerlo alguien como yo. No como se debe, con afecto, con flores al anochecer, con besos. No, no podía amarte así y por eso, nunca lo intenté.

Te amaba con toda mi ira, con todo el rencor que aprendí a sentir, con mi desprecio hacia los débiles de alma y cuerpo. Me gustó enormemente el paso que diste hacia mí, hacia tu propia perdición; cómo el inocente joven rubio que temía a los hollows fue convirtiéndose en mi perverso y delicioso seductor, al que sólo le bastaba una mirada para tenerme dolorosamente tieso y que podía darme noches completas de torturante y exquisito placer. Te adoraba entonces y aún te extraño.

Luppi no representó ni la mitad de ti; era afeminado, frío, tosco, vulgar pese a su belleza.

¿Toushirou? ¿Hitsugaya-taichou? No me hagas reír… nunca he sido tan perverso como los demás creen; tal vez en quinientos años, podría ser interesante tenerlo babeando por mí.

¿Kuchiki? Un error de la academia: los dos éramos unos chiquillos apenas y te juro que no fue mi intención lastimarlo de esa forma, simplemente me dejé llevar. Aún me da risa el temor que me tenía Rukia chan, cuando conversábamos. Ella pensando en que yo era alguien siniestro y yo deseando meter en mi futón a su hermano, considerándola sólo un estorbo.

Quizá Zaraki sea más similar a mí de lo que nadie pudo enterarse; tan espléndido para la lucha como para el lecho… detesto su peinado,¿ sabes? Lo prefería salvaje, con el cabello suelto y sin el rasgo de humanidad que representa su mascota de cabello rosa sobre el hombro, siempre.

No puedo hablar de Sousuke. Defínelo como quieras; perverso, idealista, demonio o santo ¿Asesino sin piedad? Indudablemente ¿Traidor? No lo sé.

Sí sé que no logré descubrir las razones íntimas de su retorcimiento, del veneno en que ahogaba su corazón… o no sé si lo ahogaba y si era éste veneno el que lo mantenía con vida ¿Me creerías capaz de tanta introspección? Para algunos seres, lo blanco es negro y viceversa y no hay ni siquiera una frontera fina entre bien y mal… además de que sabes que ello es relativo.

Sólo a ti puedo decirte esto, Izuru-chan; nunca dejé de disfrutar de tu piel, de saberte mío, de la forma en cómo te dabas a mí, del sabor de tu sudor y tu semen, que extraño ahora, en ésta infinita arena.

Y sin embargo, estoy contento de ti; la ira y la miseria con la que venciste a Abirama son dignas de mis enseñanzas, de nuestro escuadrón, de la misma Sociedad de Almas.

Todos abominan el daño que te hice, pero te transformé en lo que realmente eres; un portador de miseria, capaz de asesinar con ella, para que nadie sufra. Te hice no sólo hombre, sino un verdadero shinigami, un dios de la muerte en toda su extensión. Y, aunque no me creas, te amé. Y, como aún te amo, por eso te dejo. Para que me odies. Para que jamás me olvides; no quiero ser un buen recuerdo.

Sólo así, me mantendré como la inspiración de tu fortaleza… porque sólo lo que no te mata, te hace más fuerte y tú, ya lo eres. Me encantaría tenerte ahora bajo mi cuerpo, metiéndotelo repetidamente, escuchando mi nombre en tu boca, ahogándome en tu calor y tu saliva…

Y no puedo permitirme eso ¿Y sabes por qué? Porque no voy a amarte, Izuru-chan, aunque lo haga. No me conviene ni a ti tampoco.

¿Recuerdas aquella vez que liberaste una mariposa de una araña y te dije que con ello, matabas a la araña, al quitarle su alimento, la razón de su vida?

Eres la razón de mi vida, Izuru-chan… o lo serías, si yo no fuera la araña ponzoñosa que soy. La que necesito ser.

Y tú, no eres un gusano. Transfórmate, ¿neh?

Infinitamente tuyo

Ichimaru Gin

P.d. Hay un libro del Ningenkai, que habla sobre seres que viven de la sangre de los humanos. Se llama "Drácula". De ahí, tomé la siguiente frase, de uno de mis protagonistas predilectos, el loco Renfield, cuando se topa con la amada de uno de estos demonios: "Señorita Harker, ojalá y Dios la bendiga y la cuide y espero no volver a verla ni a saber de usted, jamás".

Ahora sabes, Izuru-chan, mi Izuru adorado, lo que espero de ti…

La primera vez que Izuru leyó la vieja bitácora, lloró hasta quedarse dormido. Así como la segunda y tercera. Para la quinta vez, se mantuvo mudo, mirando la capa colgada en la pared, recordando cada instante, cada caricia, cada araño, cada beso, sus propios suspiros, el gemir de Ichimaru, el calor entre ambos. A la sexta vez, se dedicó a recordar conscientemente, de forma por demás masoquista, el instante de la muerte de Momo y sus pasos en la vacía Central 46.

Las siguientes cien fueron como cuando uno se acostumbra a la cojera, al dolor de una herida, a un nuevo corte de cabello y hasta a un día lluvioso.

Cuando la química que le producía el texto dejó de aparecer, Kira Izuru comprendió que el tiempo en el capullo -ácido, asfixiante, oscuro en su dolor propio- había terminado.

¿Había amado a Ichimaru Gin? Indudablemente. En cuerpo y alma y reiatsu y reiraku y todo ¿Era capaz de metamorfosearse y dejarlo atrás? Había tenido que hacerlo y ¿De semejante metamorfosis, qué se obtendría? ¿Una mariposa? ¿O un insignificante bicho rastrero?

Izuru conocía muy bien la respuesta. Miró a Hisagi y se permitió entornar los ojos, las rubias pestañas haciendo su función de seducir, de nuevo.

Tal y como había sido magistralmente enseñado.

Shuuhei tragó saliva, sintiendo el aura oscura rodearlo, llenarlo de deseo, de "voyatomarteaunquenoquieras", de "quieroquemepidasmás", de "déjamemorirdetiyamismo"

"Hasta los que no nos aman terminan por hacernos un bien", pensó Izuru, mientras se perdía en la boca de Shuuhei.

El cambio, estaba terminado…

***

Esta metamorfósis me gustó especialmente. Salir delante de una herida implica dos clases de cambio; uno que te libera u otro, que te deja retorciéndote en el piso. Dedicada a Lady Gabrielle, quien dentro de su propio capullo, ha sabido alimentarse del ácido de la nostalgia y sostener la firmeza de su poesía, pese al dolor de su pérdida. Mis felicitaciones, por ser capaz de vivir. Y vivir, mata…

FA.