Cap 3; Una nueva visita en casa. ¿Que nos espera esta noche?

John Clarkskey caminaba elegantemente por los anchos pasillos del aeropuerto de Nueva York , con una tela que le colgaba del brazo derecho, y con un bolso de viaje en el otro. Llevaba un traje gris, en conjunto de la corbata del mismo color. El cabello café claro, desordenado, pero le daba un toque más atractivo. Iba llegando a la sala donde estaría su demás equipaje, y luego encontrar a su primo, quien le brindaría hospedaje en la ex-casa de sus tíos, ahora perteneciente a su más querido primo.

Un hombre de edad mediana, pelinegro, le agitaba alegremente la mano al otro lado del cristal,indicando que él estaba ahí.

-¡Eh Chaval! ¡Tanto tiempo!- John abrazó a su primo dándole palmadas en su ancho hombro.

-Si, tanto tiempo, ¿Cómo has estado? ¿Te ayudo?- contestó Carlos.

-No te preocupes…-se acomodó mejor el bolso de mano para acarrear mejor la maleta- estoy bien, ¿Qué se acontece?-

-Uf… muchas cosas, entre ellas una hijastra- dijo él en tono como hastiado

-¡No te puedo creer! , ¿O sea que pasó hombre?¿Te dejaron el chaval pequeño o estás con la madre aún?- lo miraba con lástima , pero a la vez reía. Parecía burlarse, aunque no era así.

-No… lo que pasa es que… la madre, mi ex-novia … murio. – Y bajó el rostro.

-Oh… lo siento mucho… ¿pero hace cuanto?-

-Unos meses después de que te fuiste. Yo estaba saliendo con ella, y tenía una hija de 13, y bueno… ya me he recuperado, pero igual… queda ese vacio…- Que buen papel hacía de actor. Merecía un oscar.

-Ahh … ya veo, o sea que ahora su hija… ¿está viviendo contigo?- le señaló con el dedo.

-Si. – y miró hacia el exterior cuando ya se asomaron por las puertas de salida. Podía divisar claramente su automóvil, con su querida Liss dentro de él.

-Ya veo…-

-Está en el coche- señaló el con las llaves en mano.

-¡Ah ok!.

Carlos abrió la maletera, y acomodó la maleta de John, y juntos subieron al automóvil. John se sentó de copiloto.

-Hola, encantado de conocerla, señorita- Dijo él sonriente doblandose hacia atrás, para verla mejor. Ella traía un vestido de una pieza, rojo, de tirantes que le caían por los hombros, y se le podían ver claramente las rodillas. Llevaba trenzas, y un sombrerito delicado, con una elegante y pequeña flor. Traía un fino brillo sobre los labios, dandole un tono más rojizo. Parecía una niñita de porcelana, o aquellas niñitas modelos de revistas de ropas de primavera.

-Encantada igualmente, Soy Lissie Thompson.- Dijo ella sonriendole.

Embobado ante esta pequeña belleza, le respondió cortésmente;

-My lady, John Clarkskey- Y tomaba de su mano para depositarle ahí un pequeño beso.

Ella rió

-Okey okay, cuidadito primo, ella es mi hija igualmente. – dijo él entre bromeando.

-Yaa primito, ¿se nos pone celoso verdad?- y le guiñó un ojo a ella, y esta le respondió con otra sonrisa.

Fueron todo el camino hablando, Primos reian y conversaban alegremente, mientras ella escuchaba atentamente, por si él hablaba algo sobre ella. No vaya a ser cosa que algún dia él le pregunte algo, y Carlos haya dicho otra cosa, mientras que ella mentía otra.

Asi que debía estar atenta.


-Ayudame Lissie por favor, llevale esto a John- le entregó a la muchacha el negro y largo abrigo de John. Carlos le pasó las llaves para que fuera a abrir, mientras sacaba la maleta. John Siguió a la pequeña pelirroja.

-¿No será mucha la carga que lleva, My Lady?- le bromeó con una sonrisa a la pelirroja.

-Si, me estoy cansando demaciado, Sir John.- dijo ella fingiendo con un acento inglés, e imitando a una antigua reina, o Lady, de aquellas epocas.

-¡Oh pobrecilla!¿Lo llevo yo?- dijo él teniendole el brazo para que le entrege su abrigo.

-No , gracias- y ella sonrió y se tomó de su brazo en vez de entregarle su abrigo.

Llegaron a la puerta y ella la abrió.

John dejó sus cosas en el sofá, y Lissie fue a su habitación a soltarse sus trenzas y dejar ahí su sombrero. Volvió con el cabello suelto, un poco ondulado producto las trenzas. Se veía mucho mayor y sensual.

-Carlos ¿Podemos ordenar Sushi, no crees?- preguntó ella sentandose de piernas cruzadas sosteniendo, y leyendo al mismo tiempo la guía telefonica.

-¡Excelente idea, My Lady!¡Me encanta el sushi!- dijo John energéticamente.

-Mmh… como sea, a mi no me gusta , pero bueno, democracia… esto es democracia- dijo en tono resignado

John y Liss Rieron.

Después de unos minutos de haber pedido el sushi, y de que John le preguntara un par de cosas e intercambiar risitas con Liss, Carlos habló por fin, después de unos minutos, a causa de estar ocupado en otras cosas.

-Dime, ¿Quién es el afortunado My lady?- dijo él inclinandose en el sillon con sonrisa picarona.

-Nadie. John , vamos a buscar el Sushi- dijo Carlos, interrumpiendo una importante conversación.

-¡huh! Traeme aspirinas y un antigripal , por favor Carlos, me estoy sintiendo un tanto mal.- dijo ella ladeando la cabeza con cara de suplica. Estaba muy comodamente sentada con ambas piernas ensima del sofá , cruzadas, con los pies debajo de sus muslos.

-Ok. Prepara la mesa , por favor. – dijo el pelinegro de camisa azul con un chaleco de rombos encima que combinaban con la camisa.

Y John salió tras Carlos, sin decirle adios a su Lady.


-Acuerdate de las aspirinas de Liss- recordó John una vez que recogieron el encargo de Sushi.

-Siiii, lo sé, no me había olvidado.- dijo él doblando por una esquina, por lo que ambos pudieron ver un letrero de color plateado que indicaba que en ese lugar, había una farmacia.

Finalmente ambos se bajaron del vehículo, y entraron a la farmacia. Pasaron por los pasillos, llegando al mostrador.

-Buenas noches, Me da unas aspirinas y un antigripal por favor.- dijo Carlos amablemente.

-Enseguida señor. – dijo la robusta farmacéutica del lugar.

Mientras la Farmacéutica iba por ambas cosas, arriba del mostrador había una repisa con preservativos de toda clase.

Carlos pasó su mirada por cada uno de ellos, con cierto interés, pero quería disimular, aunque ni siquiera pudo , ya que…

-¿No sabes cual llevar? – Preguntó John con seriedad, que seguramente Liss no hubiera parado de reir en meses.

-Eh… yo, no… sé- dijo o trató de decir él. Era un adulto, e igualmente habían cosas que le ponían en incomodas situaciones.

-Mmh… no sé, yo te recomiendo…-

-No, gracias. – dijo cortando a John.

-¡Pero Hombre! , ¿Qué pasa?, ¿somos primos, no?, aver aver…¿Quién es esa nueva?. Vaya que te repusiste pronto. – dijo él con picardía y plantandole un suave empujon con el puño cerrado, dandole en el brazo.

-¡Hey!, que seas mi primo no te tengo que contar todas mis intimidades.- dijo él, con tranquilidad.

-Ok , ok… pero nunca está demás llevarse un paquetito,¿verdad?- le movió las cejas aún con picardía.

No creía en lo que iba a hacer, pero miró todas las variedades que el estante le ofrecía, y finalmente escogió una cajita.

Llegó finalmente la Farmacéutica, y miró la cajita, y los observó a ambos, rápidamente.

Y ambos supieron que la señora pensaba que ambos tenían el paraguas dado vuelta.

-Son 9.76 dólares.- dijo con un extraña voz la farmacéutica.

-Primo… ¿76 centavos?- dijo carlos mientras revisaba sus bolsillos, encontrando justo 9 dolares.

-Ajá- afirmó John , sacando unas monedas de su bolsillo de su abrigo.

Se despidieron de la robusta señora, que aún los miraba con rareza, y así salieron , abordando el vehículo.

Camino a casa, Carlos pensaba.

Obviamente, un día de estos no iba a aguantar, y la iba a ser suya en un arrebato.

Y más, que ahora pensaba dormir con ella. Aunque igual consideraba dormir en el sofá. Ya que su primo John , lo dejaría durmiendo en su habitación. A él no se le hacia problema, pero lo que más deseaba con toda su alma, era dormir con su preciada niña. Y más encima, justo ahora, que su primo estaba metido en su casa.

Llegaron a la casa, y en cuanto entraron, encontraron la mesa preparada , con platos cuadrados, tipicos de revistas, de color blanco con negro, y pequeños posillos, seguramente para la salsa de soya, y vasos para bebidas.

Y de la cocina de asomó una figura delgada, pero bien formada, debajo de un vestido corto , de dos dedos encima de las rodillas, de color rojo con negro, y su cabello rojo suelto, con un toque de lapiz labial rojo. Pero suave. Calzaba unas bajas ballerinas negras. En sus manos sostenía la bebida.

Ambos quedaron un poco estupefactos con la visión. Siempre se veía tan hermosa, sensual, pero delicada, y hasta con ese infaltable toque de inocencia.

-¡Ya tengo todo listo!- sonrió ella,- ¡Traigan eso rapido, que me suena el estomago!- y puso una cara afligida, haciendo protesta.

Carlos le pasó la bolsa con las cosas a John, pero antes, extrajo de la bolsa de la farmacia, la cajita de los 8 preservativos que este contenia.

Y Carlos sigilosamente se dirigió a su habitación. A esconderlos. O Guardarlos, o como sea.

Cuando ya volvió estaba todo casi listo. El se les unió para ayudarles, y pronto ya estaban sentados en la mesa, separando los palillos, y posicionarlos para empezar a comer.

-John, ¿quieres un poco de vino?- le ofreció ella dejando sus palillos en el borde del plato, preparandose para ponerse de pie.

-Mmh… está bien My lady, no creo que venga mal solo un poco.- dijo él dudando un poco.

-¿Carlos?- dijo ella preguntando, refiriendose a si quería vino.

-¿Mmh?- dijo él volviendo en sí, ya que pensaba otras cosas. Tenía la mente en otro lugar.

-Si quieres vino. – dijo ella con el ceño fruncido y los brazos en posición de jarra.

-¡Ah! Esta bien, claro, gracias- dijo como despistado, casi sin saber que le estaban ofreciendo.

Una cabellera un tanto ondeada se alejó de la mesa, en dirección al refrigerador. Cuando llegó a la cocina, se dispuso a pensar; ¿Dónde dormiría Carlos? ¿Con ella?. Ella pensó que quizás era buena idea, pero no sabía si él iba a aceptar. Se fue decidida, con la botella de vino en mano, y un destapador. Ambos adultos discutían sobre el alza del dólar.

-Bien caballeros, ya que yo no tomo ni nada por el estilo, me retiro a mi habitación a dormir. – dijo ella parada al lado de Carlos.- John…- se acercó para darle un beso en la mejilla- Mucho gusto , un placer conocerte y tenerte de visita en la casa.- Y le decicó una sonrisa.

-Gracias Liss, un gusto igual- dijo él asintiendo con la cabeza, y sonriendo.

-Carlos…¿Vas a dormir en mi habitación?- preguntó ella con toda inocencia. Él trató de mantener la calma. Fue para él una mayúscula indirecta que le lanzó la muchacha.

-Pero te va a incomodar ¿Verdad?- dijo él.

-No, para nada. Aunque yo creo que cuando ya vayas a dormir, yo estaré dormida. No creo que me despiertes, tengo el sueño pesado.- Aseguró, o quizás no.

-Ok… en todo caso es mejor que el sofá.- dijo él dudando si estaría correcto.

-Además sabes que no estarás apretado, ya que me he quedado con la cama de dos plazas.-

-Ok- dijo él, volviendo a su copa, pensando en lo que podría pasar esa noche.

-Buenas noches- y les sonrió a ambos, y desapareció por el marco de la puerta.


Hola Queridas/os Lectoras.

He demorado un poco, ya que ... pues se me había olvidado esto. Muchas gracias por recordarme, niña de los minis mcr... (lo siento, no me acuerdo de tu nombre...) Pues aqui les he traido el 3 capitulo, espero que les haya gustado. Muchos cariños,

Meiko.