ESTE NO ES EL TÍPICO CUENTO EN UN CASTILLO:
LA RIVALIDAD DE DOS LADOS
Darks no sabía cómo poder disimular lo mucho que le excitaba haber sido atrapado en medio del acto. Antes de haber llegado a la fortaleza habría pensado que aquello le haría morir de vergüenza. En cambio, en aquel momento en el que seguía siendo penetrado fuertemente por Max —cualquiera en su lugar se habría detenido, azorado; él parecía aún más lanzado que minutos antes, si es que aquello era posible— mientras que era observado desde el umbral de la puerta por el exacto reflejo de éste, fue incapaz de detenerle.
Una nueva estocada provocó que se le escapara un profundo gemido. Quería que continuara, pero al mismo tiempo deseaba que Alex dejara de mirarlos de aquella manera. Impactado, parecía. Como si se le hubiera caído el mundo encima. El semidiós desconocía el porqué de aquella reacción y no se le ocurría qué podía hacer para evitarla, salvo seguir aquel placentero juego hasta que Alex decidiera irse del lugar.
Max lo empujó profundamente, le sujetó del hombro y cambió rápidamente de posición. Ahora sostenía en alto el trasero del semidiós y así mantenía un gran dominio sobre éste.
—¿Te gusta la vista, hermano? —aventuró Max, dando embestidas contra las caderas de Darks de las cuales se sostenía firmemente. De aquella acción eran testigo ciertas marcas que habían comenzado a hacer su aparición y que posteriormente se evidenciarían todavía más—. ¿Celoso, Alex? ¿Por qué no te unes a todo esto y juntos acabamos con este pequeño semidiós, como gemelos que somos?
Darks se estremeció ante tal sugerencia. Se veía capaz de aguantar aquel ritmo, pero temía que el hecho de que se les uniera Alex lo llevara a la absoluta extenuación. Alzó la mirada para comprobar el semblante del otro caballero. La respuesta era clara: se uniría a ellos con mucho gusto. Aquello sólo significaba una cosa, y ésa era que el hijo de Deméter tendría que buscar la manera de aguantarlo.
Alex cerró la puerta, se acercó hasta hallarse frente a los pies de la cama y deshizo su cinturón para así desbotonarse los pantalones y bajárselos. En un rápido gesto, su pene erecto quedó completamente expuesto. El semidiós tragó saliva, pues no se esperaba encontrar ante éste con tanta rapidez; creía que hallaría una prenda interior de por medio y así podría asimilar sin tanta brusquedad que los gemelos eran idénticos en todo, incluida la portentosa talla de sus miembros viriles. No se podía negar que el nuevo falo reclamaba también ser introducido en él y Darks, por su parte y para qué mentir a nadie, ansiaba que aquello ocurriera.
En una muestra de dominación y arrogancia Max agarró del pelo al semidiós y lo atrajo hacia sí, para separarlo de la anatomía de su hermano.
—¿Te has puesto así de sólo vernos, verdad pervertido? —emitió una risilla llena de superioridad y soltó su agarre de los cabellos de Darks, quien se encontró ante sí con el miembro de Alex, de nuevo y directamente a su alcance.
En un acto casi inconsciente se relamió y acercó sus labios a la punta, la cual recibió con gentileza y calma. Pero Alex no parecía contento, pues bufó e inesperadamente introdujo todo su miembro en la boca del semidiós. Percibir aquella invasión tocando el fondo de su garganta de golpe y porrazo estuvo a punto de atragantarlo, no pudo evitar sentir una ligera arcada pero aun así logró aguantar estoicamente.
Estuvieron así por un rato, dándole al semidiós por un lado mientras simultáneamente le daban por el otro, una diversión que comenzaba en el norte y terminaba en el sur. Darks intentaba dejar salir aquella energía contenida, pero solamente la podía liberar moviendo sus caderas al ritmo de las penetraciones —las cuales no podía calcular por lo aleatorias y potentes que eran—. Por otro lado, los gemidos que su garganta trataba de proferir eran ahogados por la portentosa polla de Alex.
Nunca antes Darks había hecho algo así con un par de gemelos, o al menos no mientras estuviera consciente de sus actos, pero en aquellos momentos el hacerlo con Max y Alex al mismo tiempo resultaba excitante y muy raro a la vez, ya que era como estar con la misma persona sólo que multiplicada por dos. Dicha sensación llegó hasta unos límites insospechados cuando no mucho después y para su propia sorpresa tanto Alex como Max acabaron en su interior al unísono. El líquido caliente comenzaba a invadir ambas cavidades, lo que le provocó una sensación de plenitud nunca antes experimentada.
Max, agotado de forma evidente tras la sesión que se había desarrollado antes y después de la llegada de su hermano, se retiró de su interior y se desplomó de espaldas sobre el lecho. Al recuperar la libertad de movimientos, lo que hizo Darks fue sacarse el falo de Alex de la boca y provocar que éste terminara de deshincharse mediante lamidas y alguna que otra ligera mordida por su parte. Tras esto, se tumbó al lado de Max y segundos después el último en discordia se les unió
Durante un rato permanecieron acostados, cada uno separado del otro, encontrándose el semidiós entre los dos hermanos. Estaban los tres impregnados en sudor y semen, intentando recuperar el aliento. Darks les había dado lo que quería —es más, se lo había dado bien y con creces—, por lo que pensó que le permitirían escapar y que por tanto Max se vestiría, Álex se acomodaría los pantalones…
—Estoy listo para otra ronda —anunció Alex, volviéndose a levantar y señalando con la punta de su pene erecto de nuevo a Darks.
El semidiós se giró para observar al gemelo del otro, quien se encogió de hombros.
—Yo aún no puedo.
Esa no era la respuesta que buscaba... se dijo a sí mismo Darks, entretanto se sentaba en la cama. Un segundo después Alex, quien parecía muy pagado de sí mismo ante una "recuperación" tan inmediata, lo sujetó por las caderas y lo atrajo hacia él. Comenzó a besarlo apasionadamente, al tiempo que le tomaba la mano izquierda y le deslizaba un anillo en su dedo anular. Pero no se trataba de una sortija cualquiera, cosa que pudo comprobar en cuanto ésta entró en contacto con él. Aquella joya, que no hacía otra cosa sino que potenciar sus habilidades así como proporcionarle resistencia, había sido la herencia que a Darks le había dejado su padre.
Alex le miró con picardía y comenzó a quitarse lentamente la camisa, revelando sus increíbles músculos. Asimismo, el hijo de Deméter se percató de una cosa: poseía una cicatriz en forma de medialuna en el pezón izquierdo, la cual se le antojó pecaminosa y no dudó en inclinarse para repasarla con su lengua. En cuanto terminó se encontró con una sonrisa en los labios de Alex, quien sin vacilar lo tumbó sobre la cama y comenzó a introducirse en el semidiós. A pesar de lo fácil que lo tenía por lo mucho que estaba dilatado, el caballero lo hizo con premeditada lentitud, como si saboreara milímetro a milímetro internarse en él.
Bien pronto Darks pudo comprobar que Alex le complacía de una forma distinta. El caballero disfrutaba metiéndole y sacándole el miembro por completo cada vez, lo que hacía el proceso más pausado y la sensación diametralmente diferente. Cada vez que se le introducía por completo, cuando los testículos rozaban su piel, un gemido se escapaba de sus labios. Por el contrario, una vez se había quedado vacío y recibía de nuevo el cálido miembro del caballero, un estremecimiento le recorría todo el cuerpo.
A causa del inmenso placer, sus ojos se encontraban entrecerrados la mayoría del tiempo. Tras no pocas embestidas el caballero se quedó en su interior por más tiempo del normal y comenzó a besarle y morderle a lo largo del torso, lo que provocó que los volviera a abrir para ver lo que hacía. Segundos de contemplación le llevaron a darse cuenta de que sus labios no se posicionaban en lugares al azar, sino que se situaban en aquellas zonas en las que su hermano le había marcado, ya fuera con sus uñas o con sus dientes. Aquel sentimiento de ser un objeto de disputa entre dos hombres de tal calibre no hizo sino que excitarle todavía más. En cambio, escuchó unas sonoras carcajadas a su lado.
—Enternecedor Alex, realmente enternecedor este numerito tan posesivo que acabas de montar… ¿así que eso es todo lo que eres capaz de hacer? —preguntó en tono de mofa.
Alex, aparentemente ofendido, regresó a su posición inicial y en esta ocasión comenzó una serie de penetraciones mucho más rápidas y duras. Max, por su parte, soltó una risita en cuanto vio cómo su hermano cambiaba de actitud ante su comentario. Pero de repente, con un resorte de energía, se sentó sobre la cama y les miró con una sonrisa en la boca. Darks sabía que tramaba algún pensamiento digno de un diablo. Por la expresión de Alex, supo que compartían la misma sensación.
—Hermano, ¿quieres que este semidiós experimente algo que no olvidará jamás? —preguntó Max, con una cadencia musical en su voz.
Alex acabó acatando las órdenes de su hermano, que les hizo cambiar de postura. De este modo, se echó boca arriba en la cama y Darks se tumbó sobre éste. Al encontrarse él encima por un breve lapso de tiempo sintió, a pesar de seguir siendo penetrado, estar al control de la situación. Pero aquello duró bien poco, pues tras unos cuantos sube y bajas por su parte en los que disfrutó plenamente de llevar las riendas Max posó una mano sobre su espalda y le hizo inclinarse sobre su hermano, que lo recibió con los labios abiertos.
Así fue como, mientras era besado por uno, sintió cómo el otro se abría hueco en su interior. Debía ser cosa del poder del anillo, porque no sintió que su cuerpo se desgarrara por dentro al tener que hacer todo aquel nuevo espacio.
—Dos pollas mejor que una, ¿verdad pequeño semidiós? —dijo Max—. Pues prepárate que esto no ha hecho más que comenzar.
Como no podía ser de otro modo, el caballero no dudó en arremeterle con toda su fuerza e ímpetu. Una, dos, tres, cuatro… las duras estocadas se producían con un ritmo frenéticamente enloquecedor. Max le clavaba las uñas en los costados y emitía esporádicos rugidos similares a los de un león. Alex le seguía besando, aunque más que besos se trataban de una serie de gemidos húmedos compartidos. Y Darks… Darks sentía que en cualquier momento se iba a partir en dos, pero sabía que de suceder así, aquél sería el instante más placentero de toda su vida.
—Arg, esto es… —las siguientes palabras de Max no se comprendieron, pero estaba claro que él también disfrutaba lo suyo—. Arg, estás tan y tan apretado, creo que voy a… —y antes de que pudiera terminar de hablar, volvió a estallar. No esperó a vaciarse por completo para salirse de su interior, sino que se retiró antes de ello y cuando lo hizo le propinó una buena nalgada con la palma completa de su mano—. Bueno, creo que todos coincidimos en que eso ha sido algo increíble. Creo que te mereces algo a cambio, pequeño semidiós.
Max no pedía permiso para nada, él simplemente tomaba lo que le venía en gana. Y no sólo eso, sino que se sentía en su pleno derecho de hacerlo. Darks estaba seguro de que cuando había sido niño no se le había negado nada. Por ello, cuando le vino en mente realizarle la felación de su vida al hijo de Deméter, no dudó en separarle de su propio hermano para echarle sobre la cama, inclinar el rostro, llevar las manos hasta sus muslos y comenzar a comerle el miembro que apuntaba hacia el techo y suplicaba a gritos desde hacía rato ser atendido.
Bien pronto se vio completamente rodeado por la cálida cavidad que era la boca del caballero que sin vacilación alguna lo había por tomado por completo. Con los labios firmemente apretados alrededor de su diámetro, comenzó un sube y baja que como todo en Max, era frenético. En algunas ocasiones sentía una especial presión por parte de la lengua, en otras un leve mordisco.
Darks notó cómo un cosquilleo le recorría el cuerpo, lo que le decía que el orgasmo se encontraba cerca. Quería pedirle que bajara el ritmo por un momento, para así poder alargar más la sensación. Pero no necesitó enunciar las palabras: Max se lo sacó de su interior y, sin dejar de mirarle a los ojos, llevó las manos de nuevo al pene, el cual apretó levemente en la punta. Esperó durante unos segundos y sacó la lengua, con la que le recorrió en toda su longitud; lo que hizo que el semidiós se estremeciera y profiriera un ligero gemido. Cerró los ojos en un acto inconsciente y con las manos apretó la almohada en la que reposaba su cabeza.
De pronto, algo cambió. Volvía a encontrarse en el interior de una boca, pero ésta no era la de Max. Alex se debía haber cansado de mirar y le estaba dando el relevo a su hermano. No duró mucho, pues al otro no importó empujarle para poder llevarse de nuevo a su terreno al hijo de Deméter. Con unos cuantos cambios en la posesión más, Darks volvió a sentir lo que se avecinaba. Unos segundos antes había experimentado como si toda su energía se dispersaba por su cuerpo, para luego notar que toda ésta se concentraba y finalmente, se desataba.
Nunca llegó a saber en qué hermano había alcanzado el orgasmo, pero bien poco le importaba. Durante unos minutos no fue capaz de pensar o sentir otra cosa que su propio placer. No recordaba que estaba secuestrado, ni siquiera que tenía a dos hermanos gemelos a ambos lados que le miraban expectantes. Sólo estaba él, él y nada más, y se sentía en la gloria.
Pero la puerta de la habitación se volvió a abrir y con aquel ruido la sensación se vio interrumpida. En esta ocasión, la persona que les observaba era una mujer. No se mostró asombrada o desolada, sino que entró con paso firme mientras sus finos y altos tacones repiqueteaban sobre el suelo de piedra y se situó frente a la cama. Les miraba con cierto reproche.
Darks miró a Max, quien parecía un niño que había sido descubierto robando unas golosinas que le habían prohibido comer. Alex, en cambio, sonreía de forma traviesa, como si hubiese sido el hermano que había acusado a su madre. Pero aquella mujer no se trataba de su madre, aquello saltaba a la vista y más aún cuando dijo:
—Vaya, vaya, Max. Parece que te he pillado con las manos en la masa… —y dicho esto, centró su mirada en Darks.
Sus ojos eran azules y fríos. No parecía muy amistosa a simple vista, aunque sí de una belleza abrumadora.
—Kathyl, no —le alertó Max—. Kathyl, ¿qué pretendes hacerle?
—Oh, ya verás, Max. Lo tengo todo más que pensado.
—No puedes llevártelo así, por las buenas… —le rebatió.
—Claro que puedo. Y eso mismo es lo que voy a hacer —dijo con tono imperativo, tajante.
¿Qué me esperará ahora?, no pudo evitar preguntarse entonces el semidiós.
Bueno, la verdad es que no sé muy bien qué decir. ¿Qué opináis vosotros?
Debo decir, ya que no lo he hecho antes, que la historia íntegra está dedicada a mi soulmate a.k.a Darksniels.
AVE ATQUE VALE y... hasta el próximo?
