Pecar es inevitable
Por: Mirchuus
Disclamer: Rurouni Kenshin no me pertenece, todos sus personajes y la historia son propiedad de Nobuhiro Watsuki, y esta historia no tiene fines de lucro, únicamente por diversión.
Advertencia: Esta historia es un Universo Alterno.
3. Lujuria
Sanosuke suspiró.
— Las revisiones médicas son realmente molestas —se quejó.
— Sí, pero son obligatorias —le explicó Kaoru.
— ¡Eso es lo peor de todo! —Contestó él con altanería—. Que sea sólo una hora del día es fastidioso, ¿por qué no duran el día completo? ¿Y por qué no hay revisiones deportivas también?
Kaoru suspiró. Así que eso era lo que Sanosuke quería; claro, como él encima era un genio en sparring.
"Primero comenzaremos con los estudiantes masculinos de tercer año, favor de hacer la fila en la enfermería".
Escuchó Kaoru por el altavoz. Sanosuke, a su lado, gruñó y se dirigió hacia la fila que se agrandaba; dejando sola a Kaoru, la cual para pronto se acercó a Megumi y Misao con sutileza, quienes observaban discretamente las revisiones de los hombres, diversión de las tres durante todos esos años, que gracias a Megumi al ser ayudante en enfermería conocía de un escondite secreto, practico y a la mano.
Misao estaba visiblemente impaciente; Megumi susurró "Aoshi" y Kaoru entendió a la perfección.
— ¿Quiénes hacen las revisiones? —preguntó curiosa.
— La profesora Yukishiro y el profesor Himura —respondió Megumi inmediatamente sin molestarse a voltear a verla (tenía mejores cosas que ver)— Mira Misao —añadió dirigiéndose hacia la chica— ahora le toca a "tu amor Aoshi".
Esta de más decir que Misao hizo caso omiso a la burla y fijó sus ojos en la anatomía de Aoshi enseguida.
— El profesor Himura toma las mediciones de espalda a los hombres y la profesora Yukishiro el peso y la altura —explicó Megumi.
El verano se estaba haciendo notar, y el profesor Himura hacía que todos los hombres se sacaran la camisa para medirles la espalda, al igual que él, que se había quitado la suya, quedando solamente con la camiseta que usaba para entrenar, como le había señalado Megumi.
Kaoru calló. Prefirió seguir espiando, en verdad. El profesor Himura tenía un brillante cabello pelirrojo que se había dejado crecer y que, en los entrenamientos de kendo que él también impartía, se movía al ritmo de su cuerpo y su espada. Sí decía la verdad, el profesor Himura era algo enano; y se notaba más aún con su pelo contrastando con una cabellera plateada de algún estudiante más alto al que estaba midiendo. No obstante, sus manos eran grandes y, a pesar de parecer finos, se notaba la musculatura en sus brazos en cuanto lo tensionaba.
Con esa musculosa, Kaoru descubrió que su profesor tenía una espalda ancha y torso definido, lo que ocultaba con las camisas holgadas que siempre usaba.
— ¡Kaoru! —exclamó Megumi a su lado, sobresaltándola.
— ¿Qué pasa? —preguntó haciéndose la desentendida.
— Hace rato te estamos diciendo que debemos ir a hacer la fila para la revisión —explicó Misao— solo quedan dos chicos más y después vamos las mujeres.
— Ah…
Escaparon de su escondite y se formaron primeras en la fila. Y para pronto se les acercaron Sanosuke y Aoshi, permitiendo que Megumi aprovechara la distracción de Misao para hablarle a Kaoru secretamente.
— Kaoru, ¿todavía te sigue gustando Enishi? —susurró.
— ¿Eh? ¿Qué dices?
— Noté cómo lo veías mientras el profesor Himura le tomaba las medidas de su espalda
— ¡No! No me sigue… —murmuró sorprendida.
— Bueno, igual te entiendo: tiene un físico estupendo —alivianó Megumi un poco la tensión de Kaoru. Luego su amiga se metió en la conversación de los otros tres.
Kaoru fue la primera en entrar a hacer las revisiones. Tras la cortina, la profesora Yukishiro le midió el pecho, cintura y la cadera: todo normal. Seguidamente, se volvió a colocar correctamente el uniforme y se dirigió hacia el profesor Himura.
Él la ayudó a subirse a la balanza y comenzó a pesarla. Kaoru, en cambio, se tomó su tiempo para observarlo un poco más. Sus ojos violetas lucían cansados y una expresión adormilada gobernaba su rostro.
— Peso: 52 kilogramos —señaló mientras lo anotaba en su planilla.
— ¡¿Qué?! ¡¿Aumenté un kilo?! —exclamó.
— ¿Oro? —pronunció sorprendido— Sí, eso parece.
— ¡No puede ser! ¡Péseme de nuevo, por favor! —pidió desesperada.
El profesor Himura le tomó una mano para tranquilizarla y Kaoru enseguida lo miró. Estaba sonriendo. Él tenía la barba un poco crecida, lo vellos de fuego le surcaba el mentón y la mandíbula descuidadamente. Kaoru no evitó preguntarse sí todo los pelos en su cuerpo serían pelirrojos. Tenía que admitirlo, en su profesor, la barba no le quedaba nada mal. ¿Cómo se sentiría al besarlo, su barba raspándole? ¿Cómo sería sentir su barba recorrer su cuello…?
— ¿Oro? Kamiya, ¿sucede algo?
— ¿Eh? No, nada profesor —respondió sin apartar la vista de su barba.
— Ah, debe de ser la barba —dedujo al notar su insistente mirada— Es que ando atrasado con un informe que debo entregar dentro de poco y no he tenido tiempo para nimiedades.
Kaoru asintió distraída y, ausente, dejó que él midiera su altura.
— Kamiya —la llamó— Sí está tan preocupada por su peso, tal vez deba dejar de comer chocolates —aconsejó sin maldad y su amable sonrisa habitual.
Kaoru, extrañamente, no dijo nada por el comentario; cuando siempre se defendía enseguida aunque el comentario fuera inofensivo. Ni siquiera había pensado en su peso.
Cuando salió de la enfermería, evadiendo los comentarios de Misao sobre su poco desarrollado busto y las preguntas refunfuñantes de cuándo su cuerpo dejaría de parecer el de una niña pre-adolescente, se dirigió a los baños. Allí, apoyado en la puerta estaba su ex-novio.
— Kaoru —la llamó— ¿estás libre esta noche?
Ella lo miró ausente.
— Sí —contestó luego con el deseo creciendo en su ser— y el fin de semana también— declaró.
Enishi sonrió con arrogancia.
Sí sus amigos la vieran, le cuestionarían si estaba bien. Ni ella lo sabía.
Antes de traspasar la puerta del baño, le dijo:
— Enishi, para el fin de semana déjate crecer la barba.
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Nota de la Autora: ¡Buenas! Un poco tarde lo sé, inconvenientes del último momento, pero ¿qué le puedo hacer?
He de decir que este capítulo tiene una pequeña razón para ser así: hay hombres en los que la barba le quedan bien a mi parecer (aunque si se afeitaran tampoco abría problema XD), un ejemplo de esto para mí es Jared Leto (cantante de 30 Seconds To Mars, pequeño amor imposible :p) o también alguien que ví el otro día cuando fui a comprar un regalo, que creo que paso para enloquecerme: barbita cuidada, ojos verdes, pelo negro, con un piercing en el labio como el de Tom Kaullitz de Tokio Hotel (para que se den una idea), y traje. Era cartón lleno. Para mí, no hay nada mejor que un hombre bien vestido (ojo, no que se vaya a extremos).
Diría que intente hacer este drabble más largo, pero es mentira porque ya lo había escrito hace mucho, sólo que lo envie a Midory-san para que lo betee. (¡Gracias Midory!)
¡Muchisimas Gracias por los reviews Gabyhyatt, Paraíso, Kislev, Mei Fanel y Nadja-chan!
¡Ojala les haya gustado el capítulo y espero que no me maten por el final!
¡Nos Vemos Pronto!
¡Besos!
