notes:muchas gracias a quienes se han tomado el tiempo de leerme :) este capítulo me gustó mucho escribirlo porque, como he comentado en los reviews, me encanta el drama inherente en la relación de estos dos: por un lado, Ed, atrapado en un mundo que desconoce y le es totalmente extraño, sin idea de lo que le sucedió a Al y atormentado por la imagen de Al en Alfons. Por el otro, Heidrich, quien no tiene idea de qué sucede con Ed pero sabe que algo está mal. Ah, such passion, such drama~~!
espero que disfruten el capítulo tanto como disfruté escribirlo :)
3
Dos semanas después no había logrado resolver el maldito problema con el cohete. La propulsión de los combustibles no parecía poder equilibrarse, dando como resultado un empuje deficiente o excedido y, para este punto, Alfons ya no sabía qué hacer. Había hablado con su equipo por teléfono, incapaces de reunirse por el momento, y no parecía que pudiesen resolver el problema en un futuro próximo. Lo único que podía hacer por el momento era esperar a la próxima reunión y, quizá, entre el conocimiento de todos, lograsen encontrar la medida justa.
Dejó los papeles desordenados sobre su escritorio y salió de la habitación, desesperado por un cambio de panorama. Ed estaba fuera, en la Biblioteca Estatal, así que tenía del lugar para él solo. Bajó las escaleras y se dirigió a la cocina, dispuesto a tomarse una taza de té en la tranquilidad de la media tarde sin que nada lo molestara; encontró una bolsa con una mezcla de té verde y manzanilla y, mientras calentaba agua en la tetera, se recargó en la encimera de la cocina, cruzando los brazos sobre su pecho.
Se alegraba un poco de que Ed no estuviera en casa. No era que le molestara su presencia, pero con el paso del tiempo se había vuelto tan hiperactivo que, en días como esos, en los que apenas podía cargar con su propia alma, necesitaba un poco de tranquilidad. Además le tranquilizaba un poco que el rubio hubiera encontrado algo que le interesara después de tantos días sin siquiera salir de la casa.
El cambio en Ed había sido gradual. Los días después de esa caminata por el Havel habían sido de una alternancia entre depresión y alegría que le habían dado a Alfons incontables dolores de cabeza, pero poco a poco los segundos habían superado a los primeros y, ahora, parecía que el rubio había encontrado algo que lo propulsara a través de los días. Aún no sabía qué era lo que el otro investigaba con tanto ahínco en la Biblioteca, pero ya se lo diría Ed cuando llegara el momento adecuado, suponía Alfons.
No le había contado gran cosa sobre su pasado por más que hiciera preguntas discretas al respecto. Ed parecía haber colocado toda su historia detrás de una muralla sin puertas a la que sólo él tenía acceso y, aunque ahora la mirada de tristeza con la que había pasado los primeros días en la casa de Alfons se redujeran a apariciones de unos cuantos minutos, seguía ahí, escondida bajo la superficie y desplazada momentáneamente por las numerosas distracciones detrás de las que Ed se escondía día a día.
Lo que más le preocupaba eran sus hábitos de sueño. Noche tras noche, sin excepción, lo escuchaba revolver papeles y caminar en círculos dentro de su habitación hasta altas horas de la madrugada; había noches en los que estaba seguro que ni siquiera dormía. Como tantas otras cosas acerca de él, Edward mantenía en secreto sus actividades, evadiendo las preguntas que Alfons le hacía.
Si tan sólo se abriera con él…
La tetera chilló en ese momento, sobresaltándolo y anunciando que el agua de su té estaba lista. Separándose de la encimera, dio media vuelta y sacó una taza de las repisas, colocando la bolsa de té y vertiendo el agua caliente en ella. Bostezó. Se tomaría una siesta tardía, decidió mientras subía las escaleras de nuevo con la taza en la mano.
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Alfons despertó sobresaltado sin saber muy bien la razón, sintiéndose desubicado. Se llevó la mano al pecho y sintió su corazón latiendo furiosamente; la respiración agitada como si hubiera corrido kilómetros. Respiró profundamente, tratando de calmarse, mientras cerraba los ojos. ¿Qué lo había despertado? La noche estaba perfectamente tranquila y no parecía haber nada fuera de lo común, nada que no debiera estar ahí a las cuatro de la mañana.
De pronto lo escuchó. Un sonido tan tenue que por un segundo dudó de su existencia. Contuvo la respiración, la mano aún en el pecho y esperó. El sonido se repitió, callando después de unos segundos. Parecía un suspiro húmedo, pensó Alfons desconcertado. Parecía como si alguien…
Se puso de pie tan rápido que se mareó, tambaleándose un poco y cayendo de nuevo a la cama. Bufando enojado, se levantó y casi corrió a la habitación conjunta, abriendo la puerta sin mucho cuidado y cegándose al instante por la luz dentro de ella, haciéndole detenerse en el marco: Ed se había quedado dormido sentado en su escritorio entre una maraña de papeles que no parecía tener ningún orden concreto. La lámpara de gas continuaba encendida un tanto más allá de su cabeza, que estaba medio escondida entre sus brazos y le servían de almohada. Su coleta rubia se había aflojado un poco, dejando escapar unos cuantos mechones de cabello rubio.
Se veía tan apacible que por un segundo Alfons pensó que se había equivocado, pero en ese momento el sonido se repitió, suave y casi inaudible a pesar de la cercanía: un gemido ahogado y tan crudo que casi se derrumba él también ahí mismo. Sabía que Ed sufría por un dolor interior que apenas podía soportar, pero jamás pensó que fuera tan grande, ni tan cercano, ni tan reciente.
Automáticamente –pues sus piernas parecían no obedecerle- se acercó al escritorio haciendo el menor ruido posible hasta quedar a un costado de Ed. No tenía los guantes blancos puestos y ver su brazo metálico en conjunto con su brazo real le estrujó el corazón: nunca, desde el instante en el que lo vio en su puerta, dudó por un segundo que el chico había sufrido más de lo que a su edad le debería ser permitido; pero nunca pensó tampoco que un día le tocaría presenciar el colapso de la fachada y ahora que lo tenía enfrente no sabía muy bien qué hacer. ¿Debería despertarlo o hacer como si no se hubiera dado cuenta? Después de todo, Ed no había querido develarle su situación a pesar de las muchas veces que había preguntado, quizá desearía que siguiera así… Los pensamientos se galopaban en su mente, uno tras otro. 'No importa', decidió en un segundo al observar que el otro producía de nuevo ese sonido adolorido. 'No lo puedo dejar así'.
"Ed" lo llamó suavemente, inclinándose hacia él y colocando una mano en su hombro. El otro no despertó, limitándose a mover la cabeza entre sus brazos y seguir durmiendo, respirando con fuerza. "Ed, despierta", intentó de nuevo, un poco más fuerte y sacudiéndolo un poco, sin ningún efecto. Decidió tomar medidas más forzosas al ver que sus intentos no producían resultado alguno. "¡Ed!" llamó con más fuerza, alzando la voz y sacudiendo su brazo al mismo tiempo.
Funcionó. Ed se enderezó de golpe con una mirada asustada en el rostro y un jadeo escapando de sus labios. Tenía la expresión de alguien que se había encerrado en una habitación oscura para escapar de la realidad y se había quedado atrapado dentro sin quererlo, el pánico dominando la expresión de su rostro y cientos de fantasmas atravesando por sus ojos. Alfons le dio unos segundos para volver en sí antes de intervenir, tocando su hombro suavemente y estrujándolo con más fuerza cuando el otro, sobresaltado, se había encogido sobre sí mismo.
En el momento en el que Ed alzó la vista y clavó los ojos en él fue como si hubieran retrocedido dos semanas en el tiempo: de nuevo se encontraban mirándose fijamente en el marco de la puerta; de nuevo la expresión de Ed se iluminaba con una alegría que le era extranjera y, al mismo tiempo, se nublaba con los indicios de lágrimas en sus ojos miel. Ed susurró su nombre antes de ponerse de pie y lanzándose hacia él tan súbitamente que no tuvo tiempo de decir ni hacer nada para detenerlo. Alfons se tambaleó, perdiendo su equilibrio con el cambio de peso, y retrocedió unos cuantos pasos hasta que la parte posterior de sus rodillas chocó con la orilla de la cama y cayó en ella, sentado. Ed no lo había soltado jamás, abrazado a su cintura y arrodillado entre sus piernas, su mejilla enterrada en su abdomen tan estrechamente que, de no haber estado tan sorprendido, Alfons estaba seguro que se habría sonrojado terriblemente. La coleta de Ed se había desecho completamente con el movimiento, su cabello libre en mechones rubios que le llegaban a media espalda.
"Al, estás vivo…" escuchó susurrar al rubio con una incredulidad manchada de júbilo "Al, ¡tienes tu cuerpo de vuelta! ¿Qué sucedió en la Puerta? ¿Cómo es que regresaste? Al, temí que no hubiera funcionado y…" Sus palabras se extraviaron y el abrazo de Ed se estrechó, la fuerza impresa en él comenzando a incomodarle a Alfons quien, a decir verdad, no tenía ni idea de lo que sucedía.
"¿E-ed?" susurró, apretando los puños que descansaban a cada lado de sus muslos al darse cuenta de que el otro no hablaba con él sino con alguien más que veía él: Ed jamás le llamaba por otro nombre que no fuese Alfons y esa familiaridad que el rubio imprimió en su voz al decir su nombre, ese amor que se notaba a leguas detrás de sus palabras, no estaban dirigidos a él.
"Al, lo siento tanto, pero tenía que traerte de vuelta. Tu alma y tu cuerpo estaban encerrados detrás de la Puerta y tenía que intentarlo, Al, tenía que hacerlo, no podía perderte cuando por fin lo habíamos logrado" murmulló el otro con rapidez, las palabras mezclándose las unas con las otras ante la desesperación del rubio de decirlas todas a la vez, de hacerle entender algo que Alfons no podía comprender.
Se sintió culpable. Sabía que tenía que decir algo para detenerlo porque con su silencio estaba violando la privacidad de Ed, pero… por fin se descorría un poco la cortina que cubría la historia del otro, por fin estaba descubriendo la obra que se representaba en la mente de Ed cuando éste se escondía en sus silencios. Así que lo dejó continuar en su error, colocando una mano temblorosa en la cabeza del otro y enredando sus dedos en los mechones rubios, tratando de calmar un poco el dolor del otro y apaciguar su culpa al mismo tiempo.
"Al, pensé que te había perdido" susurró Ed con una voz casi inaudible y, para su horror, Alfons sintió algo húmedo cerca de su ombligo, donde el otro tenía enterrado su rostro. Toda resolución se extinguió en ese mismo momento e, incapaz de mantener al otro en ese estado, se arrodilló frente a él y lo abrazó con fuerza, sintiendo el cuello de su camisa húmedo por las lágrimas que salían de los ojos miel y un par de manos aferrarse con fuerza a la tela que cubría su espalda. No dijo nada, limitándose a sostener a Ed y dejarlo desahogarse mientras enterraba sus dedos en el cabello rubio una y otra vez en una especie de caricia vacilante. Gradualmente el otro se calmó, dejando caer su peso sobre él, exhausto, y Alfons notó que se había quedado dormido.
Se sintió aliviado y frustrado por partes iguales.
R&R~~! :D
