¡Por dios! Sí que había dejado a esta historia abandonada. ¡Gomen!
Tuve varios percances y obligaciones que cumplir en este tiempo y además el writer's block no me quería dejar... un desastre. Espero que no me odien demasiado. En fin, acá les dejo el tercer capítulo de esta historia (que ya está llegando a su fin, si todo sale como es debido) y nuevamente mil disculpas por la demora y espero que lo disfruten. Sepan disculpar si hay algún error, pero como lo quice subir rápido no lo volví a releer.
Advertencias: remitirse al primer caítulo.
Disclaimer: no, todavía no me pertenecen los personajes, le pertenecen a Hoshino Katsura. Porque si fueran míos no pondría tantas incógnitas en el pasado de Kanda.
On with the show!
-Anda Alle~n, ¡ya pasó una semana!
A pesar de los gimoteos y sollozos del pelirrojo Allen continuó ignorándolo, mordiendo un gran bocado de su tarta de fresas. Lavi chilló como niño y escondió su rostro entre sus brazos llorando de frustración. Miranda miró apenada el cuerpo tembloroso del sucesor de Bookman a medio tirar sobre la mesa y le dio unas palmaditas en la cabeza a forma de consuelo.
-¿Aún siguen sin hablarse?
La voz de la recién llegada hizo que Allen dejara un momento de lado su tarta y clavara su vista con la de Linali. La china le sonrió levemente con un tinte de tristeza en sus ojos mientras tomaba asiento a su lado. Mientras el inglés terminaba de devorar lo que quedaba de tarta, Linali le dedicó una sonrisa lastimera a su amigo pelirrojo que ahora lloraba incontrolablemente en los brazos de Miranda quién estaba al borde de una de sus famosas crisis emocionales. Pobrecita, siempre acostumbrada a ser ella quien recibe consuelo ahora con la situación invertida estaba completamente descolocada. Además Lavi era todo un erudito en materia de exageración y consolarlo no era tarea fácil, toneladas de paciencia eran requeridas para ello.
Delicadamente tomó su taza de té entre sus manos y cerró los ojos al beber la infusión. Por cómo estaba la situación necesitaba tener algo en el estómago para poder aguantar otro día como ese. La voz de Allen a su derecha hizo que abriera los ojos y depositara la taza sobre su bandeja junto con su desayuno. De nuevo otra vez la misma rutina.
-Hasta que no comprenda la humillación que tuve que pasar, sin contar el dolor, no tengo nada que decirle.
-¡Pero ya pasó una semana Allen! ¡Una semana!- chilló Lavi retorciendo con fuerza la manga del vestido de Miranda.
-¿Ah sí? Si ya pasó una semana, ¡¿por qué todavía tienes el ojo morado?!- contestó Allen indignado rompiendo su propia regla de no volver a hablarle a Lavi.
-¡Porque Yuu es muy violento!
Y nuevamente volvió a esconderse en los brazos de la alemana que miraba desesperada para ambos lados con lágrimas iluminándole los ojos. Por su parte, Allen volvió a concentrarse en su desayuno pero esta vez devorando con fiereza sus panquecitos con chispas de chocolate. Linali inspiró profundamente y posó su mano en el hombro de Allen.
-¿Ya te sientes mejor?- le preguntó amablemente.
-Por suerte sí- masculló Allen con un marcado rubor -Pero creo que tengo que sumar a las enfermeras a mi creciente lista de personas a las que no puedo volver a verles a la cara.
-Vamos Allen-kun, créeme que eso no ha de ser lo más raro que han visto por aquí-
-Me resulta difícil de creer.
-Ten en consideración a mi hermano y sus inventos.
Ninguno pudo evitar sentir lástima por la chica que les ofrecía una sonrisa lastimera. Aunque Allen, más que lastima sintió un escalofrío recorrerle la columna. Incontables eran las veces que se había visto conejillo de indias para el supervisor y sus atrocidades que solía llamar inventos.
Aprovechando el período de silencio que cayó sobre la mesa Linali volvió a tomar un sorbo de su té y trató de ignorar las caras de miedo y repugnancia en sus amigos que claramente estaban recordando sus propios encuentros con los artefactos de su hermano. Su intención no había sido incomodarlos con su comentario, pero sí abrirles los ojos para que se den cuenta de que siempre puede ser peor. Además gracias a la reputación de Kanda, o mejor dicho el miedo que había infundido entre los miembros de la orden, nadie iba a mencionar el accidente si es que acaso apreciaban su vida. Por eso, a pesar que entendía la humillación por la que su amigo tuvo que pasar, ya le había hecho sufrir lo suficiente a Lavi y era hora de que se volvieran a amigar.
-Por eso mismo, creo que Lavi ya tuvo suficiente- le dijo Linali con una brillante sonrisa.
Allen se mordió el labio y echó una mirada al pelirrojo que había logrado que Miranda finalmente rompiera en llanto y se pusiera a pedirle perdón por no poder consolarlo. Volvió a fijar su vista en la china y cerró sus ojos con un suspiro. Le era imposible decirle que no.
-Creo… que tienes razón… ¡pero!- se apresuró a decir cuando vio que Lavi estaba a punto de abalanzarse sobre él –Ya no quiero más entrometimientos en mi vida personal.
-¡Allen! Yo sólo lo hacía pensando en lo mejor para mi hermanito.
-Sí, claro…
-¡Lo digo en serio!- exclamó Lavi dejando de lado a Miranda que ahora no podía parar de llorar.
Linali sacudió su cabeza al ver que sus amigos nuevamente volvían a ser los de siempre y gentilmente le ofreció a Miranda su pañuelo para que se enjugara las lágrimas. Seguían discutiendo, claro, pero esta vez era notable el tono afable y compinche bajo sus insultos vacíos. Sin embargo, mientras amablemente le decía a Miranda que podía quedarse con el pañuelo, había algo que la tenía preocupada. Y eso era la relación entre Allen y Kanda.
Bajando el volumen de la riña amistosa a su lado, la morocha se concentró en untar mermelada a su tostada mientras pensaba en la situación. No es que quisiera inmiscuirse en la vida privada de sus amigos, pero era obvio que si las cosas seguían así iban a terminar sufriendo todos. Era bastante notable el cambio de humor en ambos, incluso Allen que siempre estaba con una sonrisa a flor de piel se la pasaba gruñendo con más frecuencia. Ni hablar de Kanda. Un pobre buscador terminó en la enfermería simplemente por haber estornudado a unos centímetros de él. Le dio un mordisco a su tostada y saboreó el sabor a fresa que invadió su boca. Necesitaban hacer algo urgente para ayudar a esos dos.
Mientras pensaba en la mejor manera de poder ayudar a sus amigos, y porque no al resto de ellos, terminó su tostada y echó un vistazo general a la mesa. Al parecer Lavi y Allen se habían calmado bastante, incluso Miranda parecía más calmada aunque de a momentos miraba al pelirrojo con nerviosismo. Y no la culpaba, pero gracias a su bocaza tuvo la oportunidad de dar su opinión.
-No es mi culpa que haya terminado como terminó, ¡pero era el plan perfecto!
-¿Perfecto? ¡A ver si te sientes cómodo disfrazado de gato!
¡Eso era!
-Pero es que eres tan tierno y un gati-
-Allen-kun.
Linali sonrió al ver que el efecto de su voz bien podría compararse con el sonido de una bala en el silencio puesto que capturó la atención de todos. Mejor así, no necesitaba que Lavi estuviera haciendo de las suyas mientras hablaba. Las ventajas de ser mujer, que le dicen. O quizás por ser la hermana del supervisor. No importaba el motivo, sea lo que sea era bienvenido el silencio expectante y respetuoso que le brindaban.
-Creo que ese es el punto.
-¡¿Qué me tengo que disfrazar de gato?!- exclamó Allen indignado.
-¡Como yo digo!- comentó Lavi sonriendo triunfante sobre la mirada de enojo y disgusto del inglés.
-Lavi, si yo fuera tú no acotaría nada al respecto- le dijo Linali y Lavi se calló instantáneamente al notar el claro dejo de irritación en su voz –Volviendo al tema, creo que el punto es que te sientas cómodo.
Allen, quien estaba a medio devorar su sexto panquecito, se volteó a prestarle su completa atención a su amiga. Linali esperaba que con ese comentario el inglés hubiera captado la idea, pero al verlo a los ojos comprendió que no ese no había sido el caso. Bueno, una vez soltada la fiera… ¿que tan malo podía ser?
-Lo que quiero decir, es que hasta ahora has hecho cosas que te alejaron de tu zona de comodidad y por eso es que ocurrieron los… digamos 'percances'- explicó la china haciendo comillas aéreas –Tienes que hacer algo en lo que ya eres bueno.
-¿Y en qué otra cosa es bueno además de comer?
Esta vez cuando Allen se incorporó para propinarle una trompada a Lavi, Linali no intervino, simplemente se limitó a decirle a Miranda que no se preocupara por el pelirrojo que termino de espaldas en el piso inconsciente. Allen lo había golpeado con su mano de la Inocencia y por ello el golpe había sido mucho más duro, y aunque por un lado lo compadecía por otro se lo tenía merecido por boca floja. No perdía la esperanza que algún día aprenda a cerrar la boca, pero si tenía que ser realista ese día estaba aún muy lejos. Posó su mano delicadamente en el hombro del albino para tratar de calmarlo y volver a capturar su atención. Allen suspiró y la miró expectante, haciendo caso omiso al grupo de buscadores que se había reunido para observar estupefactos, y porque no un poco temerosos, el cuerpo inconsciente del exorcista.
-A lo que iba es que no tienes que esforzarte tanto cuando tienes todas las herramientas al alcance de tu mano.
-Entiendo, pero…- pasó su mano por su cabello en claro gesto de resignación -...no creo que hacer trampa en las cartas me pueda servir de algo.
Linali rió divertida.
-Vamos Allen-kun, no seas tan duro contigo mismo. Tienes que ser un poco más flexible y verás como todo te va a resultar más fácil.
La morocha se sobresaltó cuando Allen se incorporó rápidamente y apoyó sus manos en la mesa tras escuchar sus palabras. A estas alturas la pobre alemana era un manojo de nervios y lágrimas y en el fondo la podía entender a la perfección, ella también sentía que su corazón iba a escapársele del pecho si seguía latiendo con tanta fuerza. Sin lugar a duda la reacción del inglés había sido inesperada y tomó por sorpresa a todos. Pero lo que hizo que se le erizara el pelo fue ver la sonrisa casi maligna que se apoderó de sus labios.
En un momento Allen estaba a su lado y al otro se había movilizado con un rapidez asombrosa hacia Lavi. Lo tomó por el cuello del uniforme y esta vez cuando le sonrió la sonrisa tenía un dejo de gratitud. Linali parpadeó confundida sin saber como reaccionar.
-¡Gracias Linali! Has sido de gran ayuda.
Y con eso salió a toda velocidad de la cafetería arrastrando tras de sí el cuerpo inconsciente de Lavi. Vagamente, la escena le recordaba cuando los papeles estaban invertidos y era Lavi quien arrastraba a Allen fuera de allí. Realmente había sido un momento bizarro. Fue el sonido de Reever desplomándose a su lado la que la sacó de su estupefacción. El jefe del departamento científico se veía agotado y Linali no pudo más que mirarlo con pena.
-Ahhh…- suspiró el australiano tomando un sorbo de su café –estoy exhausto…
-¿Mi hermano y sus inventos?- preguntó la chica con una sonrisa lastimera.
-Mucho peor… el general Cross volvió a la orden- un escalofrío le recorrió el cuerpo pero enseguida sacudió su cabeza para despejarla de los pensamientos oscuros que giraban en ella –Por cierto, ¿por qué Allen estaba arrastrando a Lavi fuera de aquí?
-Vaya uno a saber.
Ambos tomaron otro sorbo de sus bebidas.
A veces era mejor no preguntar demasiado.
-o-o-o-
Estaba molesto.
Extremadamente.
No, peor aún, estaba furioso.
Ya iban dos semanas sin sexo con el moyashi y para completarla esta última semana el mocoso no le permitió siquiera que se acercara a él. Si al menos aún el idiota de Komui le diera alguna misión que lo alejara del edificio podría sobrellevarlo mejor, pero malaya era su suerte. Dos semanas sin sexo, sin salir del cuartel y con el idiota del conejo metiéndose en donde nadie lo llama. Juro para sí mismo que la próxima persona que se atravesara en su camino se iba a convertir en la próxima funda de Mugen.
El eco de pasos ajenos lentamente acercándose a él hizo que llevara su mano hacia la empuñadura de Mugen que parecía vibrar en ansías de ser liberada. Oh sí, al fin una de sus plegarias había sido escuchada. Que mejor que ventilar su frustración con el idiota desafortunado que decidió pasar justo por donde él estaba. Podía sentir como los músculos de su cuerpo se tensaban en anticipación y una sonrisa que desbordaba malicia se posó en sus labios al ver de quien se trataba cuando éste apareció por el recoveco del pasillo.
-¡Yuu-chan! Te estaba buscando.
Simplemente perfecto.
Con gusto se iba a encargar que para la cena Jerry les preparara conejo asado.
Con una velocidad sobrehumana desenvainó a mugen y arrinconó a Lavi contra una de las paredes de piedra del pasillo, mugen descansaba a una distancia precaria del cuello del pelirrojo. El susodicho chilló de espanto por la situación en la que se encontró sin previo aviso y levantó sus manos en claro signo de derrota. Como buen depredador, Kanda le enseñó sus dientes y sintió una ola de satisfacción bañar su ser al ver las gotas de sudor que empezaban a formarse en el rostro de Lavi.
-Dame una buena razón para que no te corte la cabeza.
-¡No te pongas así Yuu-chan!
-Te dije que no me llames así estúpido conejo- lo amenazó Kanda apretando a mugen aún más contra su cuello.
-¡Hiii! ¡Yo sólo te estaba buscando!
-¿¡Y que mierda me importa!?
-¡Se trata de Allen!
Kanda arqueó una ceja en confusión e inconscientemente aflojó el agarre de su espada retirándola unos centímetros del pelirrojo que suspiró aliviado. ¿El moyashi? ¿Y ahora qué demonios había pasado? ¿O acaso el imbécil conejo le había vuelto a meter ideas absurdas en la cabeza?
-¿Qué demonios sucedió ahora con el moyashi?
-¡Nada, nada!- se apresuró a decir Lavi agitando sus manos fervientemente ya que temía volver a sentir el filo de mugen contra su piel si acaso Kanda pensaba que él le había hecho algo –Te está esperando en su cuarto.
Lentamente, pero con su ceño fruncido fijo en el sucesor de Bookman, el japonés se alejó de él y volvió a envainar a mugen. Repasó las palabras que le dijo Lavi una y otra vez en su cabeza para ver si tomaban sentido. ¿El moyashi lo esperaba en su habitación? Luego de negarle su presencia por siete largos y malditos días, ¿ahora lo estaba esperando en su habitación? ¿Era consciente siquiera de que invitarlo a su habitación luego de no poder tocarlo por una semana era cavar su propia tumba? Porque si lo que el conejo le dijo era cierto iba a violarlo ni bien le abriera la puerta.
Tomó a Lavi por el cuello del uniforme y lo empujó contra la pared con una mirada asesina que provocó un escalofrío de terror en el idiota. Si pensaba que era gracioso jugar de esa manera con él, le iba a mostrar lo jodidamente divertido que sería devolverle el favor.
-¿Me estás jodiendo, conejo?- el veneno que desprendía su voz era casi palpable.
-¡N-no, te juro que no!
Kanda se quedó mirándolo fijamente con el ceño fruncido, buscando algún indicio de mentira en su rostro pero no encontró nada por el estilo. Sin contar el terror que brillaba tras su ojo lloroso. Con un bufido lo soltó y gruñó con desprecio al ver como el pelirrojo cayó despatarrado al piso. Ya podía sentir como su cabeza comenzaba a maquinar diferentes finales nada lindos para el conejo por si acaso éste le estaba mintiendo.
-Más te vale conejo imbécil que estés diciendo la verdad- le advirtió Kanda amenazándolo una vez más con mugen antes de envainarla.
No le dio tiempo a responder que ya se estaba encaminando a la habitación del moyashi haciendo oídos sordos a los quejidos y llantos de Lavi. Puras estupideces irrelevantes. Tenía cosas más importantes que pensar, como cual sería la mejor manera de joderse al moyashi, esta vez evitando inconvenientes. Aunque era un exorcista primero era un hombre y como tal tenía necesidades, y esta vez pensaba satisfacerlas. Además era un buen ejercicio. Sí, ya podía imaginar tomarlo contra la puerta. Eso ayudaría a fortalecer sus piernas y brazos.
Ochenta y tres pasos separaban su habitación de la del moyashi y no es que llevara la cuenta por nada en particular, cuestión de pura disciplina. Era importante tener la mayor cantidad de datos posibles antes de embarcarse en una misión para lograr resultados favorables. Y su misión en este momento era llegar lo más rápido posible a la habitación del mocoso y follárselo hasta que perdiera el conocimiento. Podía sentir la sonrisa sádica transformar su cara. De esta manera le iba a enseñar al mocoso que dejarlo sin sexo por tanto tiempo tenía sus consecuencias.
Finalmente llegó a la puerta que lo separaba de su cometido. Y no es que se hubiera apurado, para nada, simplemente era una persona que caminaba a pasos largos.
Se detuvo un momento. Recordó sus ejercicios de meditación y tomando una gran bocanada de aire cerró sus ojos y se obligó a relajarse. No iba a permitirse parecer ansioso frente al moyashi, eso sería darle ventaja sobre él y además tenía una imagen que mantener. Sin embargo, no tuvo tiempo de relajarse por completo cuando la puerta se abrió de golpe y una mano lo arrastró dentro del cuarto. Todo pasó tan rápido que para cuando quiso darse cuenta de lo que sucedía se encontraba sentado en una silla y mirando con enojo al albino apoyado contra la puerta luciendo una mirada sugestiva. De no haber sido porque la situación lo tomó por sorpresa, algo que no le agradaba y jamás iba a admitir en voz alta, hubiera saltado de la silla y se hubiera follado al moyashi contra la puerta como había pensado. En cambio recurrió a lo que nunca fallaba.
-¿¡Qué mierdas te pasa moyashi!?
-Quédate quitecito como un buen niño Bakanda a menos que quieras que te amarre a la silla.
¿Desde cuándo el pequeño imbécil tenía el coraje de decirle a él qué es lo que tenía que hacer?
Mas no pudo decir ni hacer nada porque el inglés se había agachado y apretado el botón de un aparato que enseguida llenó la habitación con una música erótica. Arqueó una ceja al ver como Allen se incorporaba lenta y sensualmente y le guiñó un ojo.
-Espero que disfrutes el espectáculo.
Una sonrisa perversa se adueñó de su rostro.
Oh sí, ya no estaba enojado.
En absoluto.
-o-o-o-
La mortificación que sintió al tener que pedirle prestado a Johnny el reproductor de música, al tener en cuenta el accidente anterior, y la vergüenza propia que tuvo que tragarse para llevar a cabo su nuevo plan valieron la pena al ver la expresión en el rostro de Kanda. Se dio un momento para felicitarse, esta vez sería él el que tuviera la ventaja y nada podría arruinar sus planes.
Cerró los ojos concentrándose en la música y lentamente comenzó a mover su cuerpo al ritmo de ésta. Moviendo sus caderas con cada percusión llevo sus manos a su camisa y uno por uno fue desabrochando los botones de ésta. Una sonrisa de satisfacción se dibujó en su cara al ver como los ojos de Kanda se oscurecían lentamente a causa del deseo. Decidió tomarse un momento para acariciar su pecho y vientre una vez que la camisa estuviera abierta para ofrecerle al morocho un mejor espectáculo. Y cómo había valido la pena. Lo único que lo mantenía en esa silla era su orgullo y las ansías de seguir viendo. Bakanda voyerista.
-Parece que te gusta el espectáculo- dijo Allen con una mezcla de malicia y superioridad en la voz mientras desabrochaba los botones de las mangas.
-Cállate mocoso.
-Ah…- suspiró el inglés jugueteando con el borde de su camisa sin dejar de ondular su cuerpo al ritmo de la música –Si no te gusta es simple cuestión de que me lo digas. Y si efectivamente no te gusta, pues me detengo.
Con su mejor cara de póker observó la miríada de emociones que pasaron tras sus ojos y fue con mucho esfuerzo que contuvo la risa cuando una mirada de frustración, enojo y hasta incluso un poco de miedo distorsionó el rostro del samurai.
-Más te vale que termines lo que empezaste- le amenazó Kanda intentando incorporarse.
-Tsk, tsk. Te dije que te quedaras quieto.
-Ya empiezas a fastidiarme con tus exigencias.
-Muy bien, no me dejas otra opción.
Avanzó lenta y sensualmente hacia el morocho a la vez que se sacaba el lazo rojo que servía como corbatín disfrutando de la sensación de la tela deslizándose por su cuello. Necesitaba usar todo lo que tenía a mano para distraer a Kanda para llevar a cabo el siguiente paso, e iba a ser algo bastante difícil teniendo en cuenta su mal carácter. Con una sonrisa sugestiva apoyó sus manos en los hombros del japonés y lo obligó a volver a sentarse y para estar seguro que se quedaría allí se sentó en su regazo. Kanda arqueó una ceja devolviéndole la mueca e intentó sujetarlo de la cintura. Intentó, puesto que Allen actuó más rápido y, tomándolo por sus muñecas, llevo sus brazos tras la silla. Aunque en cualquier otra situación la velocidad del samurai era superior a la suya, aprovechó la distracción para amarrarle las manos juntas en el respaldo de la silla con su lazo.
-¡¿Qué demonios?!
Allen restregó su pelvis contra la de Kanda para aplacarlo y no supo de quién pertenecía el gemido que sonó por encima de la música cuando sus erecciones entraron en contacto. Continuó moviendo su pelvis en movimientos circulares sujetando con fuerza los hombros del mayor para conservar el equilibrio y mantener sus cuerpos bien apretados. A pesar que había preparado todo para el deleite de Kanda no significaba que él no pudiera disfrutar.
-Al parecer lo estás disfrutando, Kanda- murmuró Allen en su oído antes de lamer su lóbulo.
-No te des tantos aires- gruñó el japonés elevando su pelvis haciendo que el albino gimiera –Tú tampoco te quedas atrás.
Allen le sonrió.
-Entonces continuemos.
Aprovechó la corta pausa en la melodía, que daba paso a suaves gemidos de una mujer, para agarrar el cuello de su camisa abierta y, con medidos movimientos circulares de sus hombros, la dejó caer al piso. Sintió como un ligero rubor se apoderaba de sus mejillas y no sólo por el brillo de lujuria en los ojos oscuros de Kanda, sino porque a pesar de ser una situación embarazosa empezaba a gustarle.
Nuevamente continuó con su baile.
Apoyó sus manos en las piernas de Kanda y ágilmente se deslizó por ellas hasta que sus pies tocaron el piso pero permaneció inclinado sobre él. Agachó su cabeza, que quedó a escasos centímetros de su entrepierna, y lentamente se enderezó. Una vez erguido tiró su cabeza para atrás dejando su boca abierta mientras recorría su pecho desnudo con sus manos hasta que éstas alcanzaron la tela de sus pantalones. Dejó sus manos quietas en esa posición y se dio el gusto de observar detenidamente a su espectador. Los ojos de Kanda estaban fijos en sus manos, expectantes por ver el siguiente paso. Por un instante debatió si apurarse o hacerlo esperar, pero puesto que ya habían esperado bastante unos minutos más no le harían daño. Además, su lado malvado estaba disfrutando de torturar al japonés.
Seguía moviendo sus caderas al compás de la música; a veces eran pequeños movimientos circulares otras veces las mecía de lado a lado. Pero sus manos se mantenían inmóviles. Y era bastante claro que ese hecho comenzaba a frustrar al morocho, quién finalmente con un gruñido intentó acercarse a él. Con la misma agilidad con la que llevó a cabo su baile, Allen se alejó de Kanda y le regañó como si estuviera tratando con un niño.
-La paciencia es una virtud.
-¡Con una mierda moyashi!
-Además ya estamos llegando a la mejor parte- le explicó el albino haciendo caso omiso a su insulto.
-Che. ¿Y desde cuándo sabes moverte de esa manera?
Con una sonrisa Allen desabrochó el botón de su pantalón, efectivamente distrayendo a Kanda de sus preguntas. Pensar que todo se lo debía a su tiempo en el circo. No es que antes haya tenido que bailar de semejante manera frente al público, pero el entrenamiento era duro y gracias a ello había adquirido una gran flexibilidad y destreza para cualquier tipo de baile. Si Mana supiera la forma en la que empleaba su entrenamiento se sentiría mortificado. Pero ese no era momento de ponerse a pensar en semejante cosa, sino de continuar con su acto. Y ahora era el turno de la cremallera.
Lentamente, cuidando de no volver a repetir el accidente anterior, y lo más sensual posible bajó el cierre ateniéndose al tiempo de la música. Ya no sabía si era nerviosismo, mortificación o excitación, pero fuese lo que fuese hizo que el sonido de los dientes de la cremallera separándose sobrepasase al volumen de la canción. Su pulso se aceleró considerablemente, los ojos de Kanda se habían tornado completamente negros que era casi imposible distinguir la pupila del iris. Ese era el momento decisivo. Ya estaba próximo el broche de oro. Había decidido no llevar ropa interior para la ocasión y para probar los límites del espadachín. Al girar guiándose por las suaves percusiones de la canción pudo sentir como su respiración se aceleraba considerablemente junto a su pulso. Kanda no había sido el único depravado de contacto físico y finalmente su plan había funcionado a la perfección y había llegado el momento de ver sus frutos. Y de disfrutarlos, claro está.
Un estruendo sonó por sobre la canción y lo último que vio antes de caer de espaldas al suelo fue la puerta acercándose a una velocidad increíble hacia su cara.
Un insulto sonó en el aire y no supo si provino de su boca o de la de Kanda, lo único de lo que estaba consciente era del tremendo dolor que sentía. Llevó su mano hacia su nariz para comprobar que no estuviera rota pero se detuvo en seco cuando escuchó el seguro de una pistola volver a su lugar y una risa seca y grave que le heló la sangre. Sólo conocía una persona que pudiera generar esa reacción en él y no tenía la fuerza para abrir sus ojos y comprobar que estaba en lo cierto. Por supuesto, eso no fue necesario.
-Ahora entiendo porque actuabas como virgen pudorosa cuando íbamos a los burdeles. Tsk tsk.
-¿¡Sh-shishou!?
-Aunque no se si esto…- el pelirrojo hizo énfasis en la palabra 'esto' mientras señalaba a Kanda que lucía pronto a asesinarlo -… es un alivio o una decepción.
-¿Cuándo llegó a la Orden? Es más, ¡¿por qué vino?!- Allen estaba al borde de la histeria, con una mano sosteniéndose la nariz y con la otra el pantalón.
-Sin embargo no entiendo como es que si prefieres 'recibir' a 'dar' elegiste a alguien tan afeminado.
-¡Shishou!
Allen no sabía si esconderse de la expresión de puro disgusto en el rostro del general Cross o de Kanda que estaba prácticamente temblando de ira en la silla. Cualquiera de las dos opciones era válida, pero su mortificación no le permitió actuar y para cuando se quiso dar cuenta Cross lo tenía sujeto de su tobillo. ¿Deja vú?
-No tengo tiempo para tus perversiones, estúpido aprendiz. Vamos, tengo deudas que necesito que pagues.
-¡Oi!- gritó Kanda, el veneno que teñía su voz era bastante palpable -¿¡Qué mierdas está ha-
-No estoy hablando contigo niñita- le interrumpió el general ojeándolo de pies a cabeza con un tono de voz lleno de sorna. –En fin, ya perdí demasiado tiempo. Lo único que me consuela es saber que ahora si es necesario puedo entregarte a ti como forma de pago.
Haciendo caso omiso a los insultos tanto de Kanda como de Allen, Cross salió de la habitación arrastrando al menor que intentaba aferrarse a cualquier superficie para detenerlo, dejando el rastro de sus uñas en el suelo. Reever, que estaba caminando para despejar su mente de las locuras del supervisor Komui, se acercó al escuchar los gritos de Allen y se quedó pasmado al verlo siendo arrastrado por el general Cross. Sus ojos se posaron brevemente en la puerta abierta de la habitación de Allen y, al escuchar la música y las profanidades de Kanda que provenían de dentro, dio media vuelta y siguió su camino a la vez que se prendía un cigarrillo. Un escalofrío hizo temblar su cuerpo.
Sí, definitivamente a veces era mejor no saber demasiado.
¡Pero cómo me gusta hacerles la vida imposible! jejeje
Espero les haya gustado esta tercera entrega y ya saben, no duden en dejar sus comentarios, me pone muy contenta leerlos.
Gracias por seguir leyendo a mi monstruito y nos vemos en el próximo capítulo.
¡Hasta la próxima!
