Capítulo 3: Seguridad.
Era una jaula no demasiado fría, la cama era cómoda, y el silencio permitía evadirse para evitar que el pasar de las horas fuera demasiado insufrible.
Hiroshi Sato llevaba encerrado allí dos días, le habían metido en la jaula y excepto una persona que no decía una palabra que venía a darle la comida, nadie entraba ni le habían dicho porque le había sacado de una celda para meterle en otra.
Oyó los golpes de la fuera, como no había ventanas, solo unas bombillas, por lo que sin luz solar, él no sabía que hora era, pero suponía que era la hora de comer.
"Buenos días señor Sato, espero que esté disfrutando de nuestra hospitalidad."
Dos hombres se le acercaron, uno de ellos era el que estuvo dándole la comida estos dos últimos días llevaba su plato en la mano, pudo reconocer también al otro como el que se vistió de guardia y montó un motín solo para sacarle de allí, este llevaba una cartera.
"Que quiere, si ha venido hasta aquí es que me va a pedir que haga algo ¿Verdad?"
"Directo al grano, ya veo. Digamos que sus habilidades serán necesarias de nuevo." El que era claramente el jefe parecía divertirse con la situación, el otro sin embargo parecía aburrido.
Ahora que estaban ambos juntos enfrente suya pudo fijarse en un detalle extraño, aunque ninguno de los dos llegaba a los 25, ambos tenían el pelo completamente cano, como el de un anciano.
"Explícate."
El hombre abrió su cartera y sacó una carpeta que pasó entre las rejas de la jaula.
"Mire y maravíllese ante lo que tiene delante, son solo diseños pero deberían ser funcionales.
Hiroshi se quedó callado pasando página por página viendo los intrincados diseños que tenía delante.
"Supongo que querrás que te ayude a mejorar estos diseños, y además a fabricarlos."
"En efecto, señor Sato." Le respondió el hombre. "Me alegra que nos entendamos."
"Jamás." Respondió al instante. "Estas cosas se acabaron para mi."
Parecían que durante un segundo ambos secuestradores iban a perder la compostura, pero inmediatamente después volvieron a la tranquilidad de antes.
"Ahora me toca ser directo, tienes dos opciones: Nos ayudas y obtiene una recompensa que no lamentará o no lo hace y encerramos en la jaula de al lado a su hija hasta que decida ayudarnos, y que conste que no tenemos comida para ella."
Ahora era Hiroshi Sato el que estaba perdiendo la compostura.
"Mi hija me ha deshonrado, ella no os vale como rehén."
El hombre se río.
"Dígame, ¿Sabe quién es Qu Xin?"
Hiroshi Sato negó con la cabeza.
"Era un matón de las calles, un simple ejecutor de bandas, a cambio de que se le entregaran las pruebas de su implicación en varios casos, el puso a varios mandamases en bandeja a la policía, ahora tiene mujer y una hija, si nos ayudas no solo te liberaremos, sino que además te daré los medios para que lo puedas matar."
"¿Por qué me puede interesar muerto ese hombre?" Sato creía saber la respuesta pero necesitaba la temida conformación.
"No se, si mataran a mi esposa y arruinaran mi vida mientras que mi asesino tiene una familia feliz ajena a sus crímenes también le querría muerto."
"¿Ese hombre mató a mi esposa?" Estaba completamente en blanco.
"Si, si que lo hizo, aunque técnicamente fueron los Agni Kais, el lanzó la bolade fuego, así que. ¿Piensa ayudarnos?"
Tras sopesar la situación, Sato se dio cuenta que no tenía nada que perder a estas alturas.
"Lo haré."
"Perfecto ahora comerás y nos pondremos inmediatamente a trabajar, el Lord del Fuego viene en 6 días y hay que tenerlo todo preparado para entonces."
Sato agachó la cabeza, sabía que lo peor estaba por llegar.
Mientras tanto en la torre de la Radio República.
"¿Tiene que haber un mejor lugar?" Decía Mako, que estaba a punto de perder del todo los nervios.
"Pues no lo hay, si queremos que entren todos los periodistas que van a llegar de todo el este del país, necesitaremos esta sala." respondió uno de los guardias de la seguridad de la estación de radio.
"Este lugar es una pesadilla para la seguridad, hay siete entradas, SIETE, solo en el nivel del suelo, sin contar las ventanas de la planta baja y las del primer piso, además mas de veinte personas entran y salen cada hora del edificio, lo que contando a lo grande que este este maldito sitio, alguien podría esconderse sin problemas hasta la hora del programa, y no nos olvidemos del último y crucial tema, hay una cepa de medio metro de diámetro que atraviesa la pared y sale por el techo hasta tres plantas mas arriba con un claro peligro de derrumbamiento. NO podemos poner la entrevista aquí, la Familia Real ha tenido problemas últimamente con ciertos nobles y esto es una oportunidad demasiado apetitosa para ellos, estoy seguro que podemos buscar un edificio mejor para trasladar el equipo y resolver este asunto, *sigh*, menudo problema." El encargado atónito ante el discurso del policía, solo pensaba en alejarse de el antes de que estallase del todo.
"Iré a llamar a los encargados de la organización del lado de la Nación del Fuego para informarles del problema, ahora vuelvo."
Mako cogió aire tras desahogarse, el trabajo le estaba afectando demasiado por lo ocurrido los últimos días, unos secuestradores que montan un motín para sacar una sola persona de la cárcel, un asesino en serie que mataba científicos encargados de un proyecto acabado hace años y ahora con un dolor insoportable de cabeza, tenía que encargarse de la seguridad se un sitio totalmente vulnerable, además seguía dándole a la cabeza a un tema del que debería olvidarse, el ayudante de laboratorio, la última víctima de la lista, ¿Quién era?, ¿Dónde estaba? y lo que más le preocupaba ¿Por qué su cara le resultaba tan familiar? La foto fue echa hace 15 años, el era un crío por aquel entonces, y el ayudante habrá envejecido con el paso del tiempo.
El guardia se acercó. Parecía aún mas nervioso, si cabe.
"Acabo de hablar con ellos, dicen que traerán mas guardias, si es necesario, pero quieren usar este lugar, no se fían de un cambio."
Mako miró al palco y dejó sacar una leve sonrisa. "Espero que entren todos, quizá podríamos darles cámaras para que hagan las fotos junto a los reporteros." Se dijo para si mismo.
"Necesito ayuda aquí con unas soldaduras. ¿Me echa alguien una mano?" Oyó Mako a sus espaldas.
"Ya voy yo" Dijo Mako. Este ya se había tranquilizado, tenían 6 días para preparar la protección, su trabajo era hacerlo lo mejor posible, ahora que traían a mas guardias reales, si alguien podía llegar a ser peligroso con esa seguridad, entonces no habría estado en su mano haberlos protegido de ese hipotético peligro.
"Necesito que suelda estas junturas de aquí" Dijo el técnico.
"Entendido." "Solo seis días."
