El juego de computadora Age of Mithology y la serie Teen Titans no me pertenecen. Al decir esto no violo ninguna ley de derechos de autor. Este fic está escrito por diversión y sin fines de lucro.
EN LA ERA DE LOS DIOSES
CAPÍTULO II:
LA MALDICIÓN
Un año y seis semanas antes
Un barco de guerra el mar en dirección hacia una isla. En su camarote Robin no podía dormir. Desde que había regresado a la Atlántida no paraba de tener esas pesadillas. Las mismas ruinas, el mismo asesino, las mismas voces... Entonces tocaron a su puerta.
—Adelante.
Un soldado atlante entró con un saludo militar.
—Señor, dentro de una hora zarpamos en la isla de Cadmos.
—Entendido, reúne al capitán y al sacerdote en la sala de mando, estaré allí en veinte minutos.
El soldado se fue y Robin comenzó rápidamente a ponerse su traje de guerra: Una capa negra, una máscara de platino, una espada de hierro y una armadura ligera de cobre rojizo con un cinturón lleno de compartimientos. Muchos vigilantes atlantes habían adoptado la tradición griega de usar máscaras para una batalla. Speedy usaba una, y su esposa también la había utilizado. Se miró al espejo: recordó los tiempos felices con ella, interrumpidos por la tragedia.
Hubo entre la gente que él y su mentor detuvieron un terrorista al cual llamaban "Joker" porque muchas veces para asesinar usaba bromas macabras, como entregar una flor envenenada, y reía al observar como la gente caía muerta. También le decían "Guasón" porque su cara estaba deformada por terrible una maldición, lanzada por un hechicero egipcio al que trató de robar, una maldición que volvió su piel blanca, su cabello verdoso, deformo su rostro en una mueca y lo hizo perder la cordura. Era tan brutal que a cada ataque se le comenzó a llamar "la masacre del Joker". Cuando por fin su mentor logró encerrarlo, ya había llenado cementerios enteros con sus víctimas. Todos respiraron aliviados, pero el terror de redobló cuando días después escapó. Una vez libre, el Guasón juró venganza…
Robin se sacudió la cabeza, no quería recordar, aún la culpa lo atormentaba. Y dio un último vistazo a la cama. Aunque siempre lograba permanecer despierto no importa cuán poco durmiera, le hubiera gustado dormir aunque fuera por unos minutos.
¿Que esas pesadillas y esa culpa nunca lo dejarían en paz?
A paso veloz llegó a la sala de mando del barco de guerra. Quería recuperar pronto ese tridente. Ya los otros dos hombres estaban en la sala, pero no notaron su presencia por estar inmersos en una fuerte discusión:
—Pero, si los piratas conocen el terreno mejor que nadie y nosotros nunca lo hemos pisado… ¿cómo piensan encontrar su base?
—Nuestra espía se infiltró y localizo su base, incluso el escondite donde tiene el tridente. Y nos dio un mapa muy preciso.
—Pero aún así no es prudente, hay luna llena, es mal augurio y además no tardaran en vernos.
—Si es por la luna llena eso es un elemento a nuestro favor-
— ¡Nos verán llegar!
—Si fuera nueva nuestros hombres estarían en mayor peligro porque tendríamos que encender antorchas para movernos y seríamos más visibles.
—Ellos cometieron un crimen. Y deben de pagarlo. —declaró Robin mientras entraba. El capitán y los soldados de guardia saludaron con el brazo extendido y luego se retomó la discusión. Robin quería dar un ataque armado y el capitán emboscar con sus hombres a los piratas que trataran de huir. Pero para reconocer que el tridente que encontraran fuera el original y no uno falsificado necesitaban a un sacerdote de alto rango que pudiera identificarlo y solo encontraron a Micenos disponible en la prisa por partir. Pero este realmente por razones que no quería dar a conocer no quería ir, y aunque el plan ya estaba trazado no les quedaba mucho tiempo para discutir porque una vez allá en la isla tendrían que ser rápidos.
—Será todavía algo joven para ser un general, pero sabe de lo que habla. Y yo también se lo digo por quinceava vez: ese tridente debe de ser recuperado a toda costa.
—Lo que pienso es que no debemos de...
—…Recuperar un tesoro nacional.
—Es cierto que ese tridente es importante, pero ¿y las vidas humanas que se podrían perder?
—Usted y yo sabemos que esto no se trata de vidas humanas: no digo que no sean importantes, al contrario, nada me pesa más que perder a alguna de mi gente... pero eso a usted no le importa, solo lo pone como excusa.
— ¿Cómo se atreve a decir eso? ¡Insolente! Poseidón ya los castigará...
Robin golpeó la mesa con el puño, perdiendo la paciencia.
—Usted sabe que ese tridente es un orgullo continental, hombres de los tres países han venido solo por recuperarlo. Y no pienso regresar a la Atlántida sin él. Atacaremos la isla apenas zarpemos. Y usted viene con nosotros.
Ya no podía discutir, tuvo que callar, pero sintió un escalofrío recorrerlo. Realmente Micenos estaba necio a no ir. Tenía que estar en el barco principal presente esa noche, sino el lo iba a degollar...
Una docena de jinetes examinaban el terreno mientras los demás hombres anclaban la embarcación. Al frente de una iba el capitán y al frente de otra Robin. En medio del grupo estaba Micenos, temblando hasta la medula. A mitad del camino Robin paró su caballo y ordenó alzando la mano que todos se detuvieran. Todos estaban guardando silencio, nerviosos. Robin escuchó la rama de un árbol cercano moverse y ahora estuvo completamente seguro, entonces arrojó hacia la zona unos discos metálicos que al hacer contacto con los árboles explotaron y se escucharon los gritos de otras personas que no eran los soldados. Robin volteo su caballo para advertir a los demás que ya se habían puesto en posición de ataque, pero de pronto salieron de las sombras decenas de pitaras empezando el combate de improviso. Robin arrojó más discos explosivos hacia los arboles de donde salían la mayoría de ellos y la batalla comenzó. Sacó de su cinturón una barra de hierro que con una sacudida se desplegó hasta ser de metro y medio de largo, saltó del caballo y con golpes precisos comenzó a derribar a los atacantes. Luego sacó su espada con la que comenzó a pelear con otros cinco piratas a los cuales no tardó en vencer. Lograron contener el ataque, pero algunos piratas huyeron y Robin supo que vendrían más, así que pidió a uno de los soldados que quedaban en pie que fuera a toda prisa a su caballo a buscar al resto de los soldados. El mensajero llegó rápidamente y todos los hombres corrieron al bosque, dejando el barco desprotegido para ir a pelear.
Y oculto en el arbusto, Micenos estaba rezando en voz tan baja que nadie podía oírlo que ninguno de los piratas notara que él no estaba en el barco, si el hombre detrás del robo se enteraba lo iba a matar como se lo advirtió. Apenas todos los soldados se marcharon del barco, una docena de piratas lanzaron sus cuerdas, y tras lograr forzar las cerraduras entraron en él.
De entre las sombras salieron más soldados, pero esta vez atlantes. Al atraparlos aun en combate con su atención en otro lado, no les dieron tiempo de reaccionar e inmediatamente más de la mitad de los piratas acabaron muertos. Entonces los que aún estaban vivos se dieron a la fuga, en lo que parecía ser una retirada. Sin pérdida de tiempo los atlantes salieron a buscar el famoso escondite, y tal como el espía les había dicho estaba oculto en una tienda tapada y forrada de vegetación. Tras removerla al fin pudieron cortar parte de la tienda para formar una entrada. Cuando Robin llegó a donde ocultaban el famoso tridente, todos los piratas se habían ido. Y junto a un enorme tesoro de diversos continentes, el tridente de oro, de dos metros de largo, estaba justo en el piso, tirado alrededor de un círculo formado por el tesoro. Al parecer por las prisas de tratar de escapar con vida se les olvido su preciado botín. Micenos entró a identificar el tridente y si, efectivamente era el correcto.
—Está en perfecto estado, es el original no me cabe duda. Es más, si usted se fija aquí, verá una placa tallada por el mismo Poseidón antes de entregarlo al primer rey atlante.
En el mango, justo donde las manos de la estatua lo sostenían, había una inscripción:
άνθρωπος πουμουπρόκληση θαπεθάνειβίαιακαι το σώματουδεν πρόκειται ποτέ ναβρεθεί:
El hombre que me desafíe morirá de forma violenta y su cuerpo nunca será hallado
—Supersticiones. La mayoría de los piratas que tomaron el tridente lograron escapar.
Sin embargo, pronto todos, sobretodo el mismo Robin, descubrirían que equivocados estaban y sufrirían las consecuencias…
Los piratas que sobrevivieron al ataque llegaron a una base al otro lado de la isla. Allí se reunieron con los que habían entrado en el barco.
— ¿Los encontraron?
Los hombres de los barcos mostraron el contenido de sus bolsas: mapas, permisos, pasaportes, docenas de importantes papeles robados del bardo.
— ¿Y el mapa del templo principal?
—Lo encontramos en el camarote del sacerdote. Fue un éxito, Poseidón está de nuestro lado…
—Sin embargo su sacerdote no—interrumpió un pirata—Por su culpa no pudimos emboscarlos, atraparon el tridente y nuestro tesoro, y perdimos muchos hombres.
—Sin mencionar que las puertas no estaban abiertas… Slade estará furioso.
