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Capítulo 3: El amor está en el aire.

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— ¡Aaaahhhh! —Grito la rubia.

—Esto es increíble—Murmuro la morena—La legendaria Sailor Moon derrotada por la pata de una mesa.

— ¡Déjame en paz Reí!—Grito Serena mientras se sobaba el pie—Creo que me rompí el dedo con esa estúpida mesa.

Darién entro en la habitación con un pequeño botiquín.

— ¿Alguien pidió un médico? —Se acercó a Serena y comenzó a examinar su pie.

—La mesa de Reí, me ataco—Dijo Serena sonriéndole al hombre delante de ella.

—Eres imposible Serena, llevamos entrenando mucho tiempo, y no has recibido ni un solo golpe o hematoma—La morena miro a su compañera—Pero una sola mesa se pone en tu camino y se hace llorar—Se burló.

—Te pondré algunas banditas en el pie y te llevare a casa—Darién seguía con su trabajo.

—Está bien—Contesto—Pero antes tengo algo que decirles a ambos—El tono se voz se tornó serio.

—Habla mientras termino de vendar el pie—Contesto Darién sin levantar la vista.

— ¿Qué sucede Serena? —Pregunto Reí.

—Es sobre Minako—Respondio la Rubia—Artemis piensa que puede tener una pista de donde se encuentra.

—Eso es genial—Reí contesto emocionada— ¿Ella aún se encuentra en Tokio?

—No, ella dejo el país—La rubia bajo la mirada—Tal vez se encuentre en Inglaterra.

— ¿Ella regreso a Inglaterra? —Darién levanto la mirada.

—Artemis piensa que eso sea posible—Serena miro a ambos—El y Luna irán a investigar.

— ¿Y que sabemos de Amy y Lita? —Reí pregunto a su amiga.

—Aun nada—Dijo Serena con algo de frustración.

—Las encontraremos Serena—Reí puso una mano en su hombro—Sé que ellas esperan por ti, al igual que yo lo hice.

—Debí haberlas buscando de inmediato, o por lo menos, seguirles la pista desde el principio—Dijo en un susurro—Todo esto es mi culpa.

—Serena…—Reí le levanto el rostro para mirarla directo a los ojos—Entiendo perfectamente por qué lo hiciste.

—Lo sé—Respondio la rubia tratando de sonar más animada—Creo que es hora de irnos ¿Nos vemos mañana?

—Bien, los veré mañana chicos.


Darién y Serena, se había dirigido al departamento de la rubia, ambos necesitaban descansar. Serena había permanecido en un extraño silencio durante todo el trayecto.

—Debes dejar de culparte a ti misma—Darién rompió el silencio mientras servía un poco leche en un vaso.

—Darién, yo…—La rubia contesto en un susurro de voz.

El pelinegro se acercó a ella y le entrego el vaso con leche.

—Las personas siguen su vida, ellas siguieron su vida—Él la miro directo a los ojos—Tuvimos suerte al encontrar a Reí, tal vez con las demás sea un poco más difícil. Pero eso no significa que tú hubieras fallado.

—Soy la princesa de la Luna, soy su líder—Dijo ella—Mi deber era saber que había pasado con sus vidas, saber que había sido de mis amigas. No simplemente dejar que ellas desaparecieran.

—Ellas no desaparecieron, simplemente viven la vida que tú les ofreciste—Tomo sus manos entre las suyas—Además tú estabas demasiado ocupada tratando de mantener el mundo a salvo, y estabas haciéndolo sola.

— ¡Eso ni importa! —Dejo que todo lo que estaba sintiendo saliera a flote— ¿Y si algo les paso? ¿Y si algo las ha lastimado? —Las lágrimas corrían por sus mejillas.

—Serena—Él la tomo firme por lo hombros, tratando de calmarla. Podía sentir perfectamente la frustración y el enojo de la persona que amaba—El dolor y la alegría son parte de la vida de todas las personas—Beso su frente en un suave movimiento—Vamos a encontrarlas, pero necesitas ser fuerte, una batalla se avecina, y yo te necesito conmigo.

—Te amo Darién, gracias por estar conmigo—La mujer se relajó en los brazos de su amado.

Se quedaron un tiempo así, juntos y en silencio. Después de un rato Serena dejo escapar una risita. El pelinegro se inclinó un poco para mirarla.

—Había olvidado lo molestos que podían ser tú y Reí.

— ¿También yo?

—Sí, ambos—Sonrió—Ustedes nunca me dejan hacer nada. Extraño a Minako, ella siempre me apoyaba en mis locuras.

—Solo te protegemos—Dijo el también con una sonrisa.

—Lo sé—Ambos se quedaron en silencio después de aquello. El pelinegro se inclinó y acerco sus labios a los de Serena, y comenzaron a besarse lentamente. La rubia dejo el vaso en la mesita de noche y paso sus brazos por el cuello de Darién acariciando su negro cabello. El beso comenzó a tomar más intensidad mientras Darién la tomaba por la cintura.

El leve carraspeo de una masculina voz los hizo detenerse y volver la mirada hacia un costado. Delante de ellos se encontraban un atractivo hombre y una hermosa mujer. Él tenía el cabello lacio y largo, de un color blanco y la mirada de un intenso azul celeste. Vestía ropas blancas. Ella tenía la piel blanca, como de porcelana, la cual contrastaba con el color oscuro de su largo y ondulado cabello. Tenía los ojos de un color rubí claro, y lucía un vestido amarillo pálido.

—Luna, Artemis—Un leve sonrojo se apodero de las mejillas de Serena.

—Artemis y yo, partimos a Inglaterra. Estaremos de vuelta en un par de días—Se acercó a su amiga y le acomodo un mechón de cabello—Trata de no meterte en problemas.

—Cuídate Luna—La mujer abrazo a su amiga—Avísame de cualquier situación.

La mujer de largos cabellos azul oscuro se alejó de la rubia, y tomo la mano de Artemis. Al momento un luz los cubrió a ambos y después habían desaparecido.

—Aun no me acostumbro a verlos en su forma humana—Darién tomo asiento junto a Serena.

—Esa siempre fue su forma en el Milenio de Plata—Contestó ella—Me provocan muchos recuerdos verlos así.


Habían pasado unos segundos y Luna caminaba junto a Artemis por las tranquilas calles de Londres. Ambos miraban el entorno tratando de estudiar cualquier detalle. Caminaron hasta un parque y Luna tomo asiento en una de la bancas.

— ¿Por dónde debiéramos empezar? —Pregunto Luna.

—Lo mejor sería ir hasta el barrio donde vivía Minako en la adolescencia—Respondio Artemis con una grave y seria voz. Ante los ojos de Luna, aquel hombre era el más atractivo y galante que hubiera conocido hasta entonces—Sé que es poco probable que aún se encuentre en ese lugar, pero es un buen sitio para comenzar.

—Este es un lugar muy hermoso, es muy diferente a Tokio—Luna observaba todo con sus enormes ojos rojizos—Me recuerda mucho a la tranquilidad del Milenio de Plata.

—Lo sé—Contesto el, y su mano rozo levemente la mano de Luna—Me gustaría vivir en un lugar así, y formar una familia.

Luna se sonrojo levemente, pero no fue por el tacto de la mano de Artemis, si no, porque ella también soñaba con un lugar tranquilo para tener una familia.

Después de un rato, llegaron hasta un gran edificio de departamentos, la fachada estaba totalmente hecha de ladrillos, lo cual le daba un aire antiguo y elegante.

—Ella vivía en el tercer piso—Dijo Artemis, mirando la ventana del departamento de Minako.

—Creo que lo mejor sería preguntar al portero sobre ella—Luna se acercó hasta el portón y toco la puerta del primer piso.

Del lugar salió una mujer mayor, con el cabello cano y con unos peculiares lentes, que resbalaban por su rechoncha nariz. La mujer le sonrió con amabilidad.

— ¿En qué puedo ayudarlos? —Pregunto.

—Estamos buscando a una chica—Luna sonrío con la misma amabilidad—Ella es nuestra sobrina. Su nombre es Minako Aino.

—Oh, esa chica tan peculiar y escandalosa—Respondio la mujer acomodando sus lentes—Ella vivía aquí, pero hace un par de años, que esa se mudó. Me parece que vive en la zona sur, en un barrio muy caro y elegante.

— ¿Por casualidad, sabrá el domicilio de ella? —Pregunto Luna amablemente.

—Sí, ella me lo dejo, por si alguna vez necesitaba algo—Entro en su hogar y unos segundos después salió con una pequeña tarjeta.

—Muchas gracias—Luna le regalo una sonrisa, y se alejó junto con Artemis.

—Luna, que haría yo sin ti—Artemis la tomo de la mano y le dio un beso en la mejilla.

Luna se sonrojo de inmediato y comenzó a caminar tomada de la mano de Artemis. Todo aquello era culpa de Serena. Había sido su idea que ella y Artemis partieran juntos a buscar a Minako. Se le había metido en la cabeza la idea de que ella y Artemis deberían ser más que amigos. Y aunque siempre había estado cerca de Artemis, esta nueva cercanía con el hombre de blancos cabellos le provocaba un agradable nerviosismo.

La noche había llegado y la pareja decidió hospedarse en un modesto hostal, para poder pasar la noche. Reanudarían la búsqueda por la mañana. Habían optado por pedir una habitación con camas separadas. Luna estaba mirando el plateado astro por la ventana, cuando Artemis se acercó lentamente y puso su barbilla encima de su cabeza, poniendo sus manos en los hombros de la mujer.

— ¿Luna? —Dijo él en un susurro de voz.

— ¿Qué sucede Artemis? —Contesto ella, sin dejar de mirar a la Luna.

—Tú eres la tutora de Serena… Y yo…—Dijo el sin expresar realmente lo que pensaba.

— ¿Cual es problema?

— ¿Crees que yo le falle? —Dijo finalmente— ¿Crees que le falle a Minako? Yo soy su tutor, y simplemente la deje alejarse y desaparecer.

—Artemis, ya tengo suficiente con las culpas de Serena—Contesto Luna con un suave tono recargándose en el pecho del hombre—Esto no es culpa de nadie.

—Es solo que ella estaba a mi cargo—Respondio Artemis—Ella es la líder de la guardia de la princesa, además también es la princesa heredera de Venus…

—Artemis…—Lo interrumpió—Cumplimos nuestro deber principal, que era proteger a Serena. Sé que si dependiera de Minako, ella hubiera sido la primera en pedirte que te quedaras con Serena.

Artemis bajo la mirada y miro los oscuros cabellos de Luna.

—Tal vez había más motivos para quedarme aparte de proteger a Serena.

— ¿Otros motivos? —Pregunto Luna. Sin darse cuenta que Artemis la miraba fijamente lleno de amor y devoción—No entiendo.

—No es nada Luna—Artemis dejo escapar un suspiro—No es nada.

La noche paso tranquila, y ambos habían aprovechado para descansar. La fresca mañana los despertó para seguir con su misión en aquel lejano país. Habían salido temprano después de tomar un ligero desayuno. Se encaminaron en dirección del domicilio apuntado en la tarjeta que les entregara la mujer.

— ¿Falta mucho? —Pregunto Luna. Realmente no le importaba si faltaba mucho o no, pero buscaba la forma de romper el silencio que se había formado entre ellos desde hacía un rato. Sin embargo el hombre de cabello blanco no contesto. Luna estaba preocupada por Artemis, sabía perfectamente que algo le estaba sucediendo, pero no él no estaba dispuesto a decirle que era. Era consciente de que en parte se sentía culpable por dejar sola a Minako, sin embargo había algo más, algo que el ocultaba y no quería decirle. Y aunque no lo admitiera, le dolía que él no confiara en ella.

— ¿Artemis? —Intento de nuevo.

Artemis se detuvo y se giró hacia Luna intentando sonreír.

—Lo siento Luna, estaba perdido en algún otro pensamiento.

— ¿Falta mucho para llegar? —Pregunto tratando de sonar de lo más normal.

—Solo faltan unos minutos—Contesto y siguió caminando—La mujer tenía razón, esta zona es muy elegante.

Artemis camino delante de Luna, no quería ser así con ella. Pero realmente no sabía cómo mirarla a los ojos, no sabía cómo hablar con ella después de lo que estuvo a punto de hacer la noche anterior. Había sido un tonto, y solo había logrado preocupar más a Luna. Se sentía culpable por no estar con Minako. Sabía que en el fondo sus motivos habían sido egoístas, ya que no solo se había quedado para proteger a Serena. Se había quedado para estar con ella, con Luna.

Artemis sabía perfectamente, que desde siempre ellos dos solo habían sido amigos, pero alguna veces se encontraba preguntándose a sí mismo, si alguna vez podrían llegar a ser algo más. Él la amaba, la había amado desde siempre.

Había soportado estar cerca de ella solo como amigos. Pero después de que Darién apareciera, y ver como él y Serena se complementaban el uno al otro. Deseo tener eso en su vida, tener eso con ella. Pero anoche casi lo había arruinado, balbuceando como un tonto acerca de sus sentimientos.

—Creo que este es lugar—Dijo dejando de lados sus pensamientos.

—Es una casa muy hermosa—Contesto Luna.

—Estoy seguro que hemos llegado al lugar correcto—Artemis se acercó a Luna, la miro a los ojos y sonrío—Hemos encontrado a Minako.


La habitación era oscura, apenas iluminada por dos débiles antorchas a ambos lados. La luz del fuego dibujaba largas sombras sobre las baldosas y las columnas, todo trabajado en la misma piedra negra y opaca. En medio de aquella oscuridad, el rostro bronceado del hombre de rojos cabellos parecía brillar. Aquel lugar que en antaño rebosara de vida, ahora estaba en total soledad. Todos sus compañeros habían sido destruidos. Solo los más fuertes habían sobrevivido, para después morir a causa de las heridas. Ahora solo quedaba el, y ellos. Ellos en quien no confiaba todavía. Ellos que eran extraños para su causa y su pueblo.

—Esas estúpidas guerreras son unas entrometidas—murmuró—Lo mejor sería atacar en algún lugar fuera de sus territorios. Nuestras reservas de energía aún están muy bajas. Esos dos piensan que son muy inteligentes, pero yo soy el único capaz de recolectar la energía para nuestra venganza. Llegado el momento yo seré el emperador de todo, y ellos tendrán que postrarse a mis pies—Sonrió lleno de confianza y odio.

El silencio envolvió la habitación como si fuera un pesado manto. Las llamas de las antorchas bailaron formando sombras retorcidas cuando la silueta del hombre desapareció del lugar.

Habían estado esperando un rato, para ver si alguien entraba o salía de aquella casa. Después de un par de horas, la puerta se abrió y de ella salió una hermosa mujer de cabellos dorados y ojos turquesa. Sus largos cabellos rubios caían lacios y sueltos, solo adornados por un listón rojo.

—Es ella Luna—Dijo Artemis emocionado— ¡Es ella!

La rubia se alejó caminando avanzando algunas calles.

—Síguela—Ordeno Luna—Yo me quedare vigilando el lugar, para saber si hay algo más que descubrir.

Artemis asintió y se alejó detrás de Minako. Unos minutos después ambos entraban en el metro subterráneo de Londres. Ambos entraron el mismo vagón, y la rubia tomo asiento. Artemis permaneció de pie recargado en una de las puertas, enfocando su mirada en Minako.

La rubia estaba ocupada revisando su teléfono celular, pero aun así sintió la mirada del hombre de largos cabellos blancos. Levanto la mirada, y sus ojos se encontraron.

—No seas tímido—Dijo la rubia sin más—Si quieres un autógrafo, solo tienes que pedirlo—Sonrió—Sé que no es normal ver a una supermodelo de la moda en el tren, pero mi auto se averió.

—No, yo no…—Trato de decir Artemis. Sin duda era la misma vanidosa Minako, pero aun así noble y amable—Es solo que me pareció conocida.

La rubia estaba por decir algo, cuando su teléfono comenzó a sonar.

— ¿Hola?, si Lexi, ya estoy en camino, es solo que viajar en metro es horrible—Dijo a la voz del teléfono— ¡Que! ¡Qué quieres decir con que Carl renuncio!—Grito molesta—Necesito a ese tonto como mi asistente ¿ahora qué haremos?

Artemis miro toda la escena interesado, se le había ocurrido una idea. Mientras tanto la rubia llego a su destino y bajo del tren. Camino un par de cuadras hasta llegar a una importante casa de modas y modelaje. Con todas las prisas del mundo entro al edificio y tomo el elevador. Las puertas se abrieron en el quinto piso, y la mujer se sintió orgullosa al mirar su agencia de modelaje. Era como un sueño hecho realidad. Había costado mucho trabajo y esfuerzo, pero después de un tiempo se había permitido alquilar todo el piso de aquel gran edificio dedicado a la industria de la moda.

Después de abandonar Tokio, Minako había comenzado desde abajo, siempre buscando la oportunidad de brillar, y fue gracias a su gran belleza y carisma que llego a probar las mieles de la fama en el mundo del modelaje en Europa. En ese tiempo había conocido muchas personas, amigos y compañeros, y vio como algunos caían en las garras de los vicios, como drogas y alcohol. Pero ella siempre se mantuvo firme en sus convicciones, siempre segura de sí misma y de sus metas a conseguir. En su vida en Londres, había logrado tener una gran cantidad de amigos y conocidos, ella realmente no era una persona que podía pasar desapercibida, con esa personalidad tan burbujeante y alegre.

Desde hacía un año que Minako mantenía una relación amorosa con un joven fotógrafo de nombre Dominic, con el cual vivía en aquella hermosa casa. Juntos habían fundado y formado la agencia "Afrodita" donde ella era la imagen publicitaria. Su relación amorosa y laboral, iba viento en popa, siempre hacia arriba y adelante, claro con el esfuerzo de ambos.

La rubia dejo de lado sus pensamientos y se encamino hasta el cubículo de Lexi, una de sus asistentes personales.

—Buen día Señoría Aino—Saludo la mujer. Era una mujer alta y delgada de cortos cabellos negros y mirada de un café claro—Aquí está su Moka con leche de soya y cero azúcar—Le entrego un vaso con la bebida caliente.

—Realmente espero que sea un buen día Lexi—Respondio Minako con una sonrisa—Estaré en mi oficina, debo ver algunos pendientes con los agentes que publicaran las fotos la semana siguiente—Dio un pequeño sorbo a la bebida y dejo que esta se disfrutara en su paladar—Por favor busca un nuevo asistente, de verdad lo necesito.

—Claro Señorita, estoy en eso—Sonrió y regreso a sus actividades.

Minako pasó la mañana haciendo llamadas y llenando algunos reportes para mandar a otras agencias. Las sesiones de fotografías y el modelaje solo eran una parte del trabajo. Ella era un profesional y también se tenía que hacer cargo de los asuntos administrativos.

Artemis entro en el edificio en el que la rubia entrara algunas horas antes. Tenía un plan en mente y estaba dispuesto a lograrlo. Se encamino a la recepción y pregunto por Minako, a lo cual la señorita le indicio que su agencia estaba en el quinto piso. El peliblanco tomo el elevador y subió hasta el quinto piso, una vez en el lugar se acercó hasta el escritorio de la mujer de cortos cabellos negros.

—Buen día—Dijo con amabilidad—Me preguntaba, si tienen algún puesto vacante como asistente administrativo—Sonrió. Después de escuchar la llamada de Minako, se le había ocurrido la idea de acercarse a ella como su asistente.

—Oh gracias al cielo—Suspiro Lexi—Claro, la señorita Aino, me matara si no consigo a alguien. ¿Tienes experiencia en la industria de la moda?, bueno no importa, ya aprenderás en el transcurso de los días—Le extendió la mano—Mi nombre es Alexia Stevens, pero puedes llamarme Lexi.

—Yo soy Art White—Dijo Artemis correspondiente el saludo de la mujer.

—Bueno, bienvenido a la agencia Afrodita. Ahora acompáñame a la oficina de la señorita Aino—Le indico con la mano que lo siguiera—Veras ella es una chica muy noble y agradable, pero cuando se enoja, bueno, ella es un poco difícil—Sonrió y toco un par de veces la puerta de la oficina de Minako

Artemis sonrió al recordar su vida junto a una joven Minako, si había alguien que de verdad conocía a aquella mujer era él. Él la había encaminado por el camino del bien y la justicia, le había enseñado todo lo que necesitaba para ser una poderosa guerrera y una excelente líder. Ahora estaba hay de nuevo dispuesto a retomar esa tarea.

—Adelante—Dijo una suave voz al otro lado de la puerta.

Lexi abrió la puerta y entro junto con Artemis. Minako estaba enfrascada en su laptop llenando una serie de reportes.

—Señorita Aino, disculpe que la moleste—Dijo la mujer.

— ¿Qué sucede Lexi, espero que ese cretino de Carl, ya haya regresado—Dijo sin levantar la mirada del monitor.

—No, y no creo que regrese—La mujer dijo en un susurro—Pero ya tenemos a un remplazo—Su voz se volvió más optimista, él es Art, y será su nuevo asistente.

Minako levanto la mirada y se topó con los ojos azules de Artemis, y arrugo ligeramente el entrecejo.

— ¿Nos hemos visto antes? —Pregunto un poco distraída, mientras se ponía de pie.

—Si—Respondio—Esta mañana nos topamos en el tren. Es una gran coincidencia que ahora me toque trabajar en este lugar—Sonrió con amabilidad.

Minako sintió un poco de nostalgia al mirar a aquel hombre, por alguna extraña razón lo sentía realmente familiar. Sintió una pequeña punzada en la cien y cerró los ojos. De inmediato una imagen vino a su mente. Era un brillante palacio blanco rodeado por hermosos jardines de rosas plateadas, y el cielo era oscuro pero cubierto por innumerables estrellas. Frente a ella pudo apreciar a una chica de espaldas, lucía un hermoso vestido blanco con detalles en color oro, mientras el viento mecía sus largos cabellos sujetos en dos coletas doradas.

—Señorita Aino ¿Se encuentra bien? —Pregunto Lexi alarmada por la repentina palidez de la mujer—Art ve por un poco de agua.

—Sí, Lexi, no pasa nada. Creo que solo es el exceso de trabajo—Dijo tomando asiento nuevamente. Artemis se acercó con el vaso de agua y se lo ofreció a la rubia, quien agradecida tomo el líquido bebiéndolo—Pero lo importante es que ya tenemos un nuevo asistente—Mi nombre es Minako Aino—Sonrió la chica.

Artemis estuvo agradecido de poder mirar la sonrisa de aquella a quien apreciaba como a una hermana pequeña.

El día pasó algo atareado, ya que la rubia no había parado de mandarlo a cumplir una tarea tras otra. Finalmente al llegar la tarde Artemis se dirigió en búsqueda de Luna, para poder contarle todo lo que había sucedido.

La encontró sentada en la banca de un parque. La tarde era algo fría, y la mujer estaba vestida con un abrigo color morado oscuro. Luna observaba a las parejas caminar juntas por el parque y a algunos niños jugar con sus mascotas.

— ¿Qué tal tu día? —Se acercó y tomo asiento junto a la mujer—Yo he logrado acercarme a Minako, ahora soy su asistente.

—Eso es genial Artemis. Yo vigile un rato la casa de Minako, y pude averiguar que ella vive con un chico—Sonrió sin dejar de mirar a la gente del parque—Creo que lo mejor es regresar a Tokio y decirle a Serena lo que hemos descubierto.

—Estoy de acuerdo contigo—Miro en la misma dirección que Luna—Pero debes regresar solo tú, yo me quedare aquí…

—Entiendo—Contesto Luna sin poder evitar una mueca de tristeza. Aunque sabía desde un principio que si lograban encontrar a Minako, Artemis decidiría quedarse con ella, no podía evitar sentir algo en su pecho, como una pequeña punzada de dolor.

—No puedo irme y dejarla sola de nuevo—Respondio Artemis al darse cuenta que Luna no diría más—Sería un error desaparecer así, ahora que he podido acercarme a ella.

—Lo entiendo Artemis—Contesto ella. No necesitaba más explicaciones. Sabía perfectamente cuál era la misión de ambos. La de guiar a las guerreras de la justicia. Así como su lugar estaba con Serena, el de Artemis era con Minako.

El sol comenzaba a ocultarse en el horizonte y algunas estrellas brillaban en el cielo. Luna se puso de pie y el cuarto creciente brillo en su frente.

—Creo que debo irme—Dijo sin mirar a Artemis. Los mechones de su oscuro cabello le cubrían los ojos.

—Luna…—La tomo por los hombros y la giro hacia el—Por favor ten cuidado con este enemigo. Sabes lo importante que eres para mí, es decir para todos…

—Tú también cuídate—Un sonrojo apareció en las mejillas de Luna. Los ojos rojizos se encontraron con los celestes.

En un movimiento que ninguno de los dos se esperaba, Artemis se inclinó y beso le mejilla de Luna, tan cerca de la comisura de los labios, que la mujer tembló levemente. Sin decir nada más Luna desapareció en medio brillantes luces blancas.

Artemis se quedó solo en el parque, mirando al cielo. El viento comenzaba a soplar levemente y sus largos cabellos blancos se mecían.

—Te amo Luna—Una mueca de melancolía se alojó en su rostro—Pero tengo una misión. Cuando todo esto termine y la paz regrese, entonces será capaz de confesarte mis sentimientos.


Tercer Capítulo...

La rubia del amor ha aparecido, y en su búsqueda los sentimientos de Artemis por Luna se hacen presentes.

¡Nos vemos en la próxima!


Adelanto cuarto capítulo:

¿Quién es realmente este enemigo?

—Hemos rastreado su energía hasta un antiguo Templo místico, puede ser que ella se encuentre en ese lugar.

— ¡Sombras!—Llamó el hombre de mirada dorada—Vigilen ese templo, y sobre todo a nuestro impulsivo amigo Rubeus.

Las sombras se inclinaron ante aquel hombre con respeto.

—Como ordene Lord Helios—Dijeron con respeto, y luego se dirigieron a la mujer de mirada de rubí—Lady Serenity.

—¿Que haremos a partir de ahora amor mío?—Preguntó la mujer de largos cabellos rosas y mirada rojiza.

Esperaremos…porque el destino no tardará en venir hasta aquí.


¿Será capaz de recordar su pasado?

Pero antes de que la rubia cerrara la puerta Serena la encaró.

— ¿Alguna vez escuchaste de Sailor V?

—Claro—Contestó—Ella es una leyenda aquí en Londres.

—Búscanos si alguna vez, te encuentras con ella.

Minako cerró la puerta y caminó hasta el sofá donde se dejó caer pesadamente.


—Minako aléjate de aquí cuanto antes—Dijo Artemis haciendo frente al ser de sombras que comenzaba a recuperarse del ataque.

Minako observó asustada todo aquello, de repente algo en su interior despertó. Un brillante símbolo dorado apareció en su frente.

— ¡Artemis! —Grito mientras sostenía en sus manos la pluma naranja con el símbolo de venus.


Un te amo enmedio de una batalla...

— ¿Qué dijiste? —Pregunto Luna terriblemente sonrojada.

Sonrió y se levantó levemente para tomarla por los hombros y atraerla hacia él. Sin dudarlo acercó su labios a los de ella y la beso—Dije que te amo.