Capítulo 3: Complicated

(Complicado)

Dan, Carol y Teddy corrían por los pasillos. ¡Su primer día de clases y ya llegaban tarde! Se detuvieron frente al aula de pociones (la primera clase del día) y golpearon. Unos segundos después, abrieron la puerta. El profesor Slughorn les miraba con expresión divertida. Horace estaba mucho más viejo, aunque seguía tremendamente gordo, algunos centímetros más bajo y su plateado bigote de morsa se veía ligeramente más poblado. A Teddy le tomó unos segundos reconocerlo, y cuando lo hizo le devolvió una inocente (y totalmente falsa) sonrisa.

―¿Os habéis perdido? ―preguntó.

Los tres chicos se aferraron a la excusa que el profesor les acababa de dar, ya que en realidad se habían quedado dormidos.

―Sí, eso mismo señor, es que Hogwarts en tan grande... ―mintió Dan con fingida desorientación.

―Está bien, pasen. Hay tres asientos libres en el fondo de la clase―dijo Slughorn entre risas. Por lo visto le parecía muy gracioso que se perdieran.

Al acercarse a sus asientos, se dieron cuenta que no solo había alumnos de Gryffindor, sino que también estaban los Ravenclaws. Ya sentados, sacaron sus libros Filtros y pociones mágicas. Solo después de estar sentados varios minutos, recuperando el aliento después de correr tanto, se dieron cuenta de que la atención de la clase no estaba puesta en los libros, sino en el frente de la clase donde en un gran caldero de hierro, descansaba una poción espesa y amarillenta. Slughorn volvió hablar:

―Bueno, como les decía antes que llegasen sus compañeros, lo que harán hoy será hacer esta poción―señaló el caldero con una mano―. ¿Alguien sabe qué es?

Varios alumnos, entre ellos Teddy, se pararon en puntitas de pie para ver mejor. Teddy no tenía ni idea de que poción podía ser, pero vio con alivio como Dan (y la mayoría de la clase) tampoco reconocía la poción. Solo 3 manos se alzaron en el aire, dos de Ravenclaw de la primera fila y la otra de Carol. Él y Dan la miraron sorprendidos. Slughorn la señaló.

―¿Sí, querida? ¿Cómo te llamas? ―le preguntó.

―Me llamo Carol Henderson, profesor.

―¿Henderson? ¿No estarás emparentada con Austin Henderson, verdad? ―preguntó, repentinamente interesado.

Carol suspiró cansinamente; parecía enojada.

―Sí, señor, es mi padre―masculló.

―¡Oh! ¡Maravilloso! Fue alumno mío, ¿sabes? Aunque claro, estuvo en Slytherin.

―Ajah…―repuso la pelirroja―. La poción es una poción para el sueño. Con tomar unos tragos caerás dormido al instante, por lo menos veinticiatro horas―explicó, antes de que el profesor tuviese tiempo de lanzarle otra pregunta sobre su familia.

―¡Excelente, señorita Henderson! 10 puntos para Gryffindor―comentó con entusiasmo. Carol sonrió triunfante―. Bien, pueden comenzar. Las instrucciones están en el pizarrón. Agarren los ingredientes del estante. Tienen 30 minutos.

A Teddy le tomó poco tiempo darse cuenta de que las pociones no eran lo suyo. Se le daba pésimo y su torpeza no le ayudaba en absoluto. Miró a su alrededor: Carol se las apañaba muy bien, su poción mostraba un aspecto muy parecido al que debería tener, e, increíblemente, la poción de Dan era perfecta. Tenía el espesor adecuado y el tono grisáceo que las instrucciones describían, un olor delicioso, a hierbas, salía del caldero. Parecía sumamente concentrado, pero desvió sus ojos hacia la poción de Teddy que en ese momento comenzaba a hacer grumos y se tornaba de un fuerte color naranja.

―Baja el fuego, Teddy. Y revuelve constantemente, como dicen las instrucciones―susurró Dany volvió a prestarle atención a su poción. Teddy gruñó, y le obedeció. Al instante, la poción se aclaró y tuvo un color ocre, que se acercaba más al color de la poción de Carol.

Slughorn comenzó a pasearse por las mesas, observando los resultados de sus alumnos. La mayoría eran satisfactorios. El profesor aprobó la poción de Carol con unos comentarios alentadores, pero ella lo ignoró. Soltó unas exclamaciones de sorpresa al percatarse de la cuasi perfección de poción de Dan, a quién preguntó el nombre, y como era costumbre, se sorprendió de que fuese hijo de muggles. Luego, Slughorn se detuvo especialmente en Teddy. Lo miró con desilusión.

―¿Usted es el señor Lupin, ¿no? ―Teddy asintió―. Sí, yo conocí a tu padre. Pobre Remus... Era un buen hombre, aunque se le daban pésimo las pociones.

―Lo sé, mi padrino me lo contó. Mi madre tampoco era buena. Y yo debo haberlo heredado de ellos―explicó Teddy. Pero Slughorn no parecía escucharle más, y sus ojos brillaron de emoción al escuchar la palabra "padrino". Debí haberlo supuesto, pensó Teddy, otro más obsesionado por Harry.

―¡Oh, pero claro! ¡Eres el ahijado de Harry Potter! ¡Acabo de recordarlo...! ¿Cómo se encuentra? ¡Hace tiempo que no lo veo! Aunque claro, he estado oyendo mucho sobre él, como de costumbre. A él sí que se le daban bien las pociones... ―Y siguió hablando y alabándole a él y a Harry, y olvidándose completamente de lo mal que había hecho su poción. Pero, aunque sea, Teddy sacó una conclusión de las clases de pociones: las odiaba y las odiaría para siempre.

En la tercera clase del día, Encantamientos, un entusiasmado Profesor Flitwick los recibió. Para gran alivio de la mayoría de los Gryffindors, compartían la clase con los Hufflepuff, y no con los Slytherins. Sentados en la primera fila, Teddy miraba con preocupación a Carol. A pesar de que la pelirroja había logrado hacer un Hechizo Levitante a la perfección (junto a otros cuantos alumnos), no parecía estar prestando ninguna atención a la clase. Parecía alterada y paranoica, y se sobresaltaba con cada susurro de Dan o de Teddy, miraba hacia todos lados con ojos desorbitado como si esperara que algo terrible fuese a suceder. Y no se equivocaba; algo ocurrió.

De golpe, una luz cegadora inundó la sala y un enorme halcón marrón (que Teddy reconoció como Asriel, la mascota de Carol) surgió de la nada. Todas las miradas se posaron en el ave y se oyeron varios gritos asustados. El halcón se dirigió directo a Carol, que lo miraba fijamente. Asriel dejó caer un sobre amarillento, con un extraño emblema en la parte posterior. Ella no se movió, sino que miró horrorizada a sus amigos. Teddy entendió lo que pasaba: alguien le había enviado una carta vociferadora a Carol. El sobre empezó a abrirse solo y una profunda y enojada voz resonó en la sala:

―¡Carol Marie Henderson! ¿CÓMO TE HAS ATREVIDO? ―gritó la voz, que Teddy asumió que pertenecía a su padre―. ¡No tienes consideración alguna por mí! Soy tu padre, tienes que respetarme. ¿Gryffindor? ¡¿GRYFFINDOR? ¿Pero qué le has hecho a tu familia? ¿¡Es que no te importamos? Somos Hendersons, Carol, Hendersons. Ya estoy lo suficiente avergonzado de ti con tus ideas… tus ideas tan… ¡tan asquerosas! ¡Toda nuestra familia ha estado en Slytherin por generaciones! ¡TÚ ERES LA MALDITA EXCEPCIÓN! ―rugió, aun más fuerte. Teddy, a pesar de estar a miles de quilómetros de distancia de él, tenía ganas de golpearlo por todas las estupideces que estaba diciendo―. ¡Y estoy lo suficiente avergonzado de ti como para que andes atacando a tu futuro marido en medio del Expreso de Hogwarts! ¡QUÉ HUMILLACIÓN, QUé VERGÜENZA! ¿En qué estabas pensando? Tendrás que disculparte con él, niña, y frente a todo el colegio. Es una orden, así que no te atrevas a desobedecerla―exclamó el hombre―. Y ten cuidado con quién te juntas, porque Tom me contó que andas con un asqueroso… hijo de muggles… y un traidor a la sangre. ¡Y esas no son compañías para una Henderson, Carol. ¡Me das asco! ¡ASCO…!

Cuando la voz de su padre se extinguió, los ojos de Carol estaban empañados en lágrimas y su rostro estaba más pálido que nunca. El silencio de la clase, de pronto, fue sustituido por un molesto murmullo; pero Carol ni se inmutó: siguió mirando el suelo con las palabras de su padre resonando con fuerza en sus oídos. El Profesor Flitwick intentó poner orden sin mucho éxito.

Cuando Teddy se decidió a consolarla, Carol pareció reaccionar: se levantó y salió corriendo de la clase, aún llorando. Asriel, su halcón, emprendió vuelo detrás de ella. Pocos segundos después la clase terminó.

Dan y Teddy la buscaron por todo Hogwarts (le pidieron a unas niñas de 3° que buscaran en su cuarto y en los baños de chicas), pero no pudieron encontrarla. Tampoco asistió al resto de las clases del día.

Cuando, de tarde, Dan y Teddy llegaron a la Sala Común de Gryffindor, vieron que Carol estaba sentada sola en un rincón, aún pálida pero sin rastro de las lagrimas. Corrieron hasta allí, pero ni siquiera cuando estuvieron parados frente a ella se atrevió a levantar la mirada. Dan fue el primero en hablar:

―¡Carol! Te estuvimos buscando todo el maldito día. ¿Dónde te habías metido?

Pero Carol no respondió, se limitó a seguir acariciando su largo cabello pelirrojo durante un buen rato.

―Carol... ―susurró Teddy, con una voz más suave que la de su amigo. Se sentó lentamente a su lado, y le puso una mano en el hombro. Finalmente, Carol lo miró y murmuró con un hilo de voz:

―Tengo ganas de dar un paseo por los jardines.

Y sin esperar respuesta los sacó de allí.

Caminaron en silencio un buen rato. Empezaba a oscurecer y pronto tuvieron serias dudas sobre si su paseo estaba o no permitido. Hacía frío, pero ninguno quiso volver. Se sentaron en el pasto, recostados sobre la pared de roca. Poco a poco, las lágrimas volvieron a correr por el rostro de Carol, que intentaba ahogar sus sollozos. Dan y Teddy intercambiaron una mirada: ¿y ahora qué hacían?

Teddy volvió a ponerle una mano en el hombro, pero Carol se aferró a él, abrazándole con fuerza y llorando en su pecho. Teddy correspondió al abrazo. Dan le dio unas torpes palmaditas en la espaldas a su amiga, mirando horrorizado como la pelirroja temblaba en los brazos de Teddy. Al cabo de un rato, Carol se calmó. Su respiración volvió a ser acompasada, y sus sollozos se fueron apagando, aunque las lagrimas no paraban.

―Carol... ―preguntó dulcemente Dan―. ¿Te encuentras bien?

Ella asintió, intentando convencerse a sí misma. Seguía sentada entre sus dos amigos, recostada en el hombro de Teddy.

―Todo Hogwarts sabe lo que dijo mi padre...―balbuceó Carol―. Todos saben que debo disculparme con Tom Yaxley... Todos saben que mi padre me odia y que me considera una asquerosa traidora a la sangre... ¡Mi padre me humilló frente a todos!

―No te preocupes, Carol, para mañana todos ya se abran olvidado de todo esto―intentó animarla Dan. Carol río amargamente.

―¡Dan, esa es la típica frase que nunca se cumple! Todos se van a acordar para siempre. Y los Slytherins nunca van a dejar que se olvide... Y Yaxley me va a torturar el resto de la vida con esto...

Una leve llovizna comenzó a caer, pero tampoco le dieron importancia. Dan acercó una mano temblorosa el rostro de Carol, secándole las lágrimas que se mezclaban con las gotas de lluvia. Su piel estaba helada.

―¡Carol, estas helada! ¡Volvamos al castillo, si seguimos bajo la lluvia vamos a terminar todos en la enfermería... ―comentó Dan, y se levantó. Teddy se sacó su abrigo y se lo puso sobre los hombros a su amiga. Carol le sonrió; ya no lloraba. Caminaron, otra vez en silencio, hasta la Sala Común. Cuando llegaron, estaban empapados y La Dama Gorda les recibió a regañadientes. Al entrar, se toparon con alguien que los miraba enojada. Era McGonagall, la directora.

―Sr. Lupin, Sr. Turner, Sra. Henderson: ayer, en el banquete de bienvenida, me pareció haber dejado bastante claro que no se podía salir después de las 8:30. Y por si acaso no lo saben, son las once de la noche―intercambiaron una mirada: ¿cómo había pasado tan rápido el tiempo? ¡Era tardísimo!―. En fin, no he venido para esto―agregó con severidad―. Sra. Henderson, su padre se ha comunicado conmigo hoy. Me ha informado de que debes disculparte con Tom Yaxley durante el almuerzo de mañana, y me ha dicho que si no lo haces debía castigarte severamente.

―Eh... Sí, profesora. Mañana me disculparé.-dijo Carol.

―Me alegro, señorita Henderson. Y solo para que se quede tranquila, le aseguro que no va a volver a recibir otro vociferador de su padre. Y ya que la he defendido frente a él, Señorita Henderson, espero que no me desilusione y no vuelva a pelearse con el Sr. Yaxley. Con una vez que haya mandado a su padre a la... con una vez que le haya mandado a callarse es más que suficiente. (N/A: Por si no se entendió, McGonagall lo mandó a la mierda).

―Descuide, profesora. Gracias―se apresuró a decir Carol.

―Está bien. Vayan a dormir, ustedes tres. Buenas noches―les lanzó una mirada severa y se fue.

―Uff, nos salvamos... ―comentó Dan. Sus dos amigos asintieron.

En cuanto sus cabezas tocaron la cama, se quedaron dormidos. Había sido un día demasiado largo.

Editado 24/11/2010, por Steph Lovegood Black.