Creo que voy haciendo entregas muy rapido, pero como los capitulos son cortos, pues creo que esta bien. Sin embargo, quizas, solo quizas, no pueda actualizar hasta el viernes, pues mi trabajo es muy demandante. Suerte que tenemos las vacasiones de semana santa. :D


Capitulo 3

Una suave voz llamándolo y la pequeña y tenue luz que se filtro cuando ella movió la cortina, fue suficiente para despertarlo.

—Buenos días, señor.

Era la joven criada que se encontraba lavando el piso del pórtico en plena madrugada. La mujer de las cicatrices. No, ella merecía una definición mas adecuada que eso. Algo no tan oscuro ni vulgar. Ella, con su cabello dorado, sus labios rosados y esa pálida piel… No, definitivamente ese no era un adjetivo para ella.

—Bienvenida, señorita… —El alquimista no tenía ni idea del nombre de su nueva criada. Desde hace un año no ha tenido la delicadeza de presentarse ante los nuevos ayudantes.

—Riza, Riza Hawkeye, señor.

—Disculpe, es que no nos habían presentado. Me alegra que venga, estoy hambriento.

Dijo cuando ella le acerco la charola con el desayuno.

—Me alegra escucharlo, no sabía si despertarlo o no. Lo escuche llegar no hace más de 3 horas.

—Anoche, al fin vi la luz. He estado enfrascado en una búsqueda que al parecer ha fructificado, he hecho un gran descubrimiento.

Dijo un tanto animado, pero adormilado, cansado. No entendía como o por que decir todas esas cosas a una criada, no importando lo bonita que fuera, acababa de conocerla. Sin embargo, algo le provocaba hacerla testigo de su éxito, de su alivio.

Ella acomodaba sobre la mesa la charola de comida. Y después procedió a abrir las cortinas.

—Sabe, Riza. Ayer pase frente a la biblioteca y la vi enfrascada en un libro.

La mujer agacho la cabeza con un dejo de vergüenza, como esperando ser reprendida, sin embargo, con un dejo de dignidad que le conmovió.

—No tenía idea de que le interesara la alquimia. —Dijo animado ante tal suceso. Una mujer alquimista.

—Disculpe señor.

—No se disculpe, tiene mi permiso para tomar prestado cualquier libro de la biblioteca que le apetezca.

—No es necesario, los demás sirvientes creerían que me estoy tomando atribuciones que no me corresponden.

—Pero si usted es alquimista, los títulos de la biblioteca le servirían muy bien, es bibliografía clasificada, difícilmente encontrara mejor oportunidad de tenerlos en sus manos, quizás podría tomarla como mi asistente y…

—Es usted muy amable, pero ya he visto esos libros antes, en realidad, no entiendo mucho sobre alquimia.

Le dijo mientras él destapaba la comida. Quedo un poco contrariado ante la revelacion. Entonces, ¿para que los leia?

—No entiende mucho, y sin embargo hojea con meticulosidad mis libros y ¡Ah!, tiene un circulo de transmutación en su nuca. ¿No me dirá como se hizo las cicatrices?

Refuto Roy mientras tomaba la muñeca de Riza para ver las marcas en sus manos, ya que las de la nuca quedaban a otra distancia. Ella se quedó quieta, fija en algún punto indescifrable. El entendió el mensaje.

—Lo siento, no volveré a preguntárselo. Pero ahora necesito un favor.

El señor Mustang mando a Riza con Grumman, debía informarle sobre su deseo de trasladar el gran espejo de su cuarto a su estudio. Pues quizás, de ahora en adelante, pasaría la mayor parte de su tiempo ahí. Más de lo que él quisiera.

Suerte que Riza estaba ahí, le reconfortaba saber que al menos alguien se interesaba mínimamente en su bienestar, aun con lo ruda que podía ser para alguien en su posición de criada. Eso le gustaba.