Capitulo 3.
San Mungo.
Se aparecieron frente a los destartalados almacenes de Purge & Dowse, S.A. Que los conducirían a la recepción del Hospital San Mungo de Enfermedades y Heridas mágicas. Ginny sujetaba a Harry del brazo, en un agarre casi posesivo, mientras el chico decía una sarta de estupideces que ya la tenían harta, pero que al mismo tiempo, le hacían probar su grado de tolerancia. Ron por su parte ya había dado uno que otro puñetazo a Víctor, quien a ratos despertaba su instinto de pulpo, pues ya no solo tocaba a Ron sino que también a Harry. Y el pelirrojo como buen amigo y hermano, lo defendió de las garras del búlgaro.
-Bien, entremos.-dijo Ginny a la vez que introducía a Harry por el cristal del escaparate.
-Yo no pienso entrar ahí con éste.-replicó Ron, señalando a la encorvada figura del ex jugador de quidditch.
-Está bien. Tu ve con Harry primero y yo voy con él.-propuso ella impaciente.
-Está bien.
Así, unos instantes después se hallaron los cuatro frente a recepción, donde una guapa enfermera de pelo largo y morado, los atendió alegremente.
-¿Puedo ayudarles en algo?-preguntó la chica.
-Claro, nos puede dar un tour por aquí, nunca había visto tanta gente rara.-dijo Harry mirando alrededor. En la esquina había una bruja con unos dientes de conejo que sobresalían de su mandíbula. Un mago que tenía las manos al revés, la derecha estaba en el brazo izquierdo y la izquierda en el brazo derecho.
-No le haga caso.-se excusó Ginny.-Lo que pasa es que se golpeó la cabeza, y ha estado así desde hace media hora.
-Ya entiendo.-dijo la enfermera de pelo morado, mirando con ojo critico a Harry.
-¿Nos puede ayudar?-cuestionó Ginny. Que había estado mirando el gran letrero que indicaban las secciones en que se dividía el hospital, más no encontraba una apropiada para el mal de Harry.
-Suéltame ya.-protestó Ron alejando a Krum.
-Ay está bien, eres un gruñón.-replicó este.
-Creo reconocer el problema del joven.-dijo ella.-Y no es necesario que lo vea algún sanador.
-¿Ah no?
-No.-confirmó ella.-El chico tiene el síndrome de la bella durmiente.
-¿Cómo?-dijo Ron.
-El síndrome de la bella durmiente.-corroboró la chica.
-Pero si Harry no ha comido ninguna manzana envenenada, ni mucho menos.-dijo Ginny encarando a la enfermera.
-No estoy hablando de cuentos muggles señorita.-dijo ella con desdén.-El síndrome de la bella durmiente en el mundo mágico se da cuando una persona presiona algunos puntos especiales ubicados en la cabeza, espalda o pecho, cuando sufre alguna caída.
-¡Chicos!-gritó la voz de Hermione.
-¿Qué haces aquí?-cuestionó Ron.
-La entrevista se pospuso, el apagón fue en todo el edificio.-anunció la castaña, ignorando por completo a Ron.
-¿Hermy?-preguntó una masculina voz detrás de ellos.
-Jack.-dijo la castaña al ver al hombre rubio que vestía una túnica color verde lima con el eslogan de un hueso y una varita formando una "X" en su pecho.
-Cuanto tiempo ¿no?-repuso él yendo a abrazar a la chica.
-Bastante.-respondió Hermione. Luego del breve intercambio de palabras, un estruendoso carraspeo se escuchó y todos miraron a Ron que en ese momento sus orejas estaban de un color rojo brillante que hasta la nariz de Rodolfo el reno envidiaría.
-Jack ellos son mis amigos.-presentó Hermione al joven rubio.
-Hola guapo.-saludó Krum guiñando un ojo de manera picara.
-Lamento no quedarme mucho tiempo, pero tengo pacientes que atender.-se excusó Jack.- Solo espero terminar pronto, y te pueda invitar un café, linda.
-Pues yo creo que no se va a poder.-replicó Ron.-Porque ella viene con nosotros.
-Pues yo creo que acepto encantada.-dijo la castaña.-Porque ya estoy grandecita para saber qué hago y qué no.
-Pues yo creo que no lo sabes "linda"-acotó Ron, enfatizando la última palabra.
-Pues yo creo que sí lo sé "Roniquillo"-dijo Hermione con tono mordaz.
-Pues yo creo que ya es hora de que se callen los dos.- protestó la iracunda voz de Ginny.- Que aquí tenemos un problema.
-Oh querida, me estaba divirtiendo mucho.-dijo la enfermera de pelo morado, poniendo una cara de fastidio al ver que le quitaban la diversión.
-Hermy, nos vemos después.-despidió Jack dando un beso en la comisura de los labios de Hermione, cosa que no pasó desapercibida para Ron, que comenzó a carraspear ruidosamente.
-¿Necesitas un jarabe querido?-le inquirió la enfermera.
-No.-respondió Ron de mal talante.
-¿Sabe usted como curar ese síndrome?-interrogó Ginny desesperada.
-Bueno, el síndrome una vez activado es difícil que desaparezca.-dijo la enfermera.-Pero hay un remedio que suele funcionar muy bien.
-¿Y cual es?
-Bueno, aquí sí hay algo de similitud con el cuento muggle.-aclaró la joven.-El remedio consiste en besar y estimular el punto ubicado en la boca de la persona, para que así los puntos presionados que provocaron el síndrome se suavicen y vuelvan a su estado normal, pero muy pocas veces suele suceder, solo 2 personas de 10 logran desaparecerlo.
-¿Besarlo?-dijo Ginny para sí misma.
-Vaya, qué buena cura.-dijo Krum.
-No. De ninguna manera voy a permitir que te andes besuqueando con él.-dijo Ron.
-¿Qué?-protestó Ginny.-Yo me puedo besar con quien quiera.
-Yo me ofrezco.-acotó Krum.
-¡¡Tu te callas!-gritaron los dos Weasley.
-Yo decía.-dijo Víctor con voz dolida.
-Ya dejen de pelear. ¿Señorita hay alguna otra cura?-intervino Hermione.
-No que yo sepa, es la única que conozco.
-Bueno no hay más remedio.-declaró Hermione.
-Yo puedo hacerlo si gustan.-se ofreció la enfermera.
-No gracias.-replicó Ginny fulminando con la mirada a la joven.-Vamos Harry, tenemos cosas qué hacer. ¿Harry?
El chico de ojos verdes ya no estaba ahí. Durante los alegatos entre sus amigos, se había desecho del brazo de Ginny, y se había metido quien sabe dónde.
-¡Perfecto!-dijo la pelirroja malhumorada.
-¿Dónde se habrá metido?- preguntó Hermione.
-No lo sé, será mejor buscarlo- respondió Víctor.
-Tienen razón, mejor vamos de inmediato, o quién sabe que idioteces haga Harry…o que le pueda pasar a la gente que esté cerca de él-dijo Hermione.
-Para hacer más efectiva la búsqueda, tendremos que separarnos, lo mejor será que sean 2 grupos ¿Qué tal?-inquirió Ginny.
-¡¡Si!- exclamó Krum.
-Así que yo iré con Victor- dijo la pelirroja- y Ron con Hermione. ¿Ron, que opinas?
-Oye preciosa ¿Cuál es tu número telefónico?- interrogó Ron a la recepcionista del hospital con voz seductora y gestos sugerentes.
-No me gustan los pecosos-respondió ella de mala gana.
-¡Hey! Eso es discriminación.-repuso indignado el joven pelirrojo.
-¡¡¡Ron! Deja ya de hacer estupideces y ayúdanos a buscar a Harry, que parece tener la cabeza mejor que tú-regañó Hermione apenas vio al pelirrojo coqueteando con la recepcionista.-Además ya la oíste, a ella no le interesan los pecosos, jajaja-rió la castaña.
-¡Muy gracioso, Hermione!-dijo Ron azorado-¿Y donde están Ginny y Víctor?-preguntó.
-¿Qué? ¡¡Ay no! Ya se fueron a buscar a Harry, me temo que tendremos que ir juntos a buscarlo, pecosito.- dijo Hermione, haciendo que Ron se sonrojara hasta las orejas por la vergüenza.
Ginny y Krum iban caminando por la primera planta, en la sección de picaduras. El sector tenía sus características lucecitas, con retratos de sanadores destacados alumbrados por la brillante luz que producían las velas. Era un largo pasillo con puertas que mostraban orgullosamente el nombre del sanador en cuestión. Algunas brujas pasaban con carritos de comida para los pacientes.
Ginny y Krum interrogaban a cuanta persona se cruzaba en su camino. Bueno, a cuanta persona sana se cruzaba en su camino.
-¡Señor! ¿Ha visto a un guapo chico de ojos verdes y cabello negro, más conocido como Harry Potter?-interrogó Krum a un anciano que salía de su oficina.
-No, lo he visto por estos lugares.-respondió el médico que tenía una voz profunda como el mar.
-Muchas gracias-dijo Ginny lanzando un gemido-ya hemos preguntado a 15 sanadores y unos cuantos pacientes y nadie lo ha visto ¿Dónde rayos se metió Harry?- preguntó la pelirroja- ¡Mira Victor! Allá hay un médico-señaló hacia un sanador castaño muy guapo que pasaba por allí-¿Por qué no le preguntas por Harry?-pidió la pelirroja, pero Krum ya estaba allá en menos de lo que canta un gallo, soltó un suspiro de resignación al ver lo que el cejudo chico le daba al doctor…
-Mira, querido, esta es mi tarjeta por si me quieres llamar, guapetón-dijo la voz femenina de Krum, haciendo que el doctor se alejara un metro más allá y quisiera bajar la escalera que había a continuación, pero Krum lo agarró de la túnica y lo acercó nuevamente.- pero no sólo vine acá por eso, corazón, te quería preguntar ¿Has visto al famoso Harry Potter, alias "el casado con la snitch" merodeando por acá?
-¡Suélteme! ¡No he visto a ningún cansado de la snitch por aquí!-dijo soltándose de Krum para luego descender las escaleras como alma que se lleva el diablo.
-¡Víctor! No estamos aquí para conseguir citas ¿De acuerdo? Tenemos que encontrarlo sano y salvo dentro de 10 minutos-dijo Ginny exasperada.
-Pero chiquilla, es muy poco tiempo para hallar al chico- expresó Krum.
-¡No estoy hablando de Harry! Estoy hablando de mi sándwich que está en la cafetería, no desayuné, no almorcé, y te juro que tengo tanta hambre que comería un caballo-dijo Ginny recordando subitamente que tenía mucha, por no decir demasida hambre- y quizás en el camino encontremos a Harry ¿Qué te parece?
-Bien, pero… ¿Cómo conseguiste un sándwich si estuvimos siempre aquí?-interrogó extrañado el ex jugador de Quiditch.
-Digamos que mientras tú hacías el de rompecorazones, una cocinera pasaba por aquí a dejarles el almuerzo a las personas, y como yo la ubico le pedí que me dejara el sándwich en la cafetería. Ahora subamos-ordenó Ginny-¡Krum! ¡Hay que subir las escaleras, no bajarlas!-regañó la pecosa al cejudo, quien pretendía encontrar al médico de cabellos castaños.
-¿Y por qué mejor no utilizamos el ascensor, amigui?-preguntó Krum un poco desilusionado.
-Si, buena idea-dijo la pelirroja- pero al regreso bajamos las escaleras para encontrar a Harry y para hacer algo de ejercicio-dijo mirando la pancita que Krum había desarrollado desde que dejó de jugar quiditch.
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-De acuerdo- exclamó Ron cuando Hermione le indicó que fueran primero por el pasillo de la sección "Quemaduras" en vez del pasillo de la sección "Detonaciones de varita". Este pasillo era más iluminado que el que recorrieron nuestros amigos Ginny y Victor, gracias a la existencia de un ventanal que daba hacia el patio interior del hospital.
-¡Hey, Ron! ¡Mira hacia allá!-indicó Hermione emocionada al pelirrojo. En el lugar había un chico de cabello rebelde negro, de espaldas mirando el cuadro de un sanador con aspecto de búho, con lentes y mejillas caídas.
-¡Harry! ¡Harry compadre! ¡Pagarás por habernos hecho padecer tanto, pero por ahora dame un abrazo, amigo, compadre!-dijo Ron con mucha alegría acercándose al distraído muchacho. Pero su cara dio paso al horror al ver que el sujeto se volteó y tenía su mismo rostro. El chico en vez de rostro tenía un espejo, y al parecer estaba desorientado. Evidentemente no podía hablar ni dar explicación alguna- ¡Hermione!-dijo Ron a la castaña, que al igual que él, tenía una expresión de susto en su cara.
-Creo, Ron, que deberíamos decirle a algún sanador que lo ayuden-dijo la chica en cuanto se recuperó de la sorpresa.- ¡Y seguir buscando a Harry!
-Yo iré por alguien-acudió Ron a una puerta de la oficina de un tal "Otto Couric", y dando 2 golpes, explicó al médico la situación del chico extraño
-De seguro tuvo un problema con el encantamiento de transformación, de seguro quería duplicarse para no ir a trabajar y mandar a su doble, eso de ve mucho en estos días ¡Los jóvenes y sus ideas locas!- expresó molesto el sanador por las acciones de la juventud, según él, aunque Ron se preguntaba porqué alguien querría convertirse en espejo.- ¿Dónde está el jovencito irresponsable?
-Está en la sección de "Quemaduras" mirando el retrato de señor "Hugo Díaz"- indicó el Weasley.- Ehhh… señor, una consulta.
-Ok, habla, pero por favor que sea rápido, tengo montones de cosas por hacer-replico el malhumorado doctor.
-¿Cómo es posible que el joven haya transformado su cara en espejo si lo que él quería era duplicarse?-cuestionó Ron.
-Este tipo de situaciones ocurre cuando pronuncian mal el encantamiento, ya que el hechizo que aparece un espejo y el que hace dobles son muy parecidos, hay que tener especial cuidado en los gestos y palabras, y la otra manera de echarse a perder el rostro es con una varita rota-explicó el médico- Ahora déjame hacer mi trabajo.
-Está bien…- dijo Ron. Recordó cuando tuvo su varita rota en 2º año gracias a una aventura con Harry en el Ford Anglia volador de su padre. Y también recordó cuando uso su varita, rota y todo con Malfoy, cuando éste se atrevió a insultar a Hermione, y el tiro le salió por la culata… Siempre le pasaban ese tipo de cosas por ella, pero al Weasley no le molestaba en lo absoluto…
-¡Ron, por aquí!-dijo la autoritaria voz de Hermione sacándolo de su ensimismamiento.
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-¡Mmm! Usted es el sujeto que es amigo de Hermione, tengo una consulta para usted. Si yo quiero ver a los tigres ¿A dónde se supone que tengo que ir?-preguntó Harry a un muchacho de cabello rubio que pasaba por allí.
-¿Tigres, Harry? ¿De qué me está hablando?-preguntó este confundido y extrañado, mirando a Harry por un momento para luego seguir concentrado en su lista de pacientes.
-Si, ¿Qué tengo que hacer? He subido muchos pisos ¿Acaso tengo que hacer un sudokú? Además, ni siquiera me han dado papas fritas, como cuando fui con Ginny al zoológico-un recuerdo súbito vino a la memoria de Harry. Un recuerdo en el que aparecían Ginny y él tomados de la mano y fue en ese entonces cuando la comenzó a extrañar…
-Harry, esto es un hospital, no un zoológico-respondió el médico muy extrañado de la conducta de Harry, aunque de pronto le entró un ataque de risa que controló haciendo esfuerzos sobrenaturales cuando prestó toda su atención a ver al muchacho. Harry estaba vestido de una manera muy peculiar. Tenía una media como gorro de élfo y un guante de cocina en el pie. También tenía una bufanda atada en su brazo y por último, un falda de cuadros escoceses.-Oye, Harry, dime, ¿Por qué vistes de esa manera?
-¿Cuál manera?
-Pues… esa-respondió Jack señalando la indumentaria del joven pelinegro.
-¡Ah! Es que en este zoológico llamado Hospital hay un cuarto de ropa, y decidí cambiar mi ropa a una más adecuada con mi personalidad.
-Ok, Harry, te dejo. Tengo que atender a mis pacientes.
-Que le vaya bonito, ¡Y cuidado con el elefante!-advirtió Harry.
-Si, tomaré en cuenta tus advertencias-dijo Jack riendo. Entró muy apresurado a una de las puertas metálicas con el cartelito.
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Finalmente llegaron a la cafetería y encontraron salvo y sano el bendito sándwich, mientras Ginny degustaba su almuerzo/comida/desayuno Víctor se sentó a acompañarla pero se le había abierto el apetito y pidió algo ligero para almorzar (unos huevos revueltos, tocino, emparedado de maní, un jugo de naranja, un café solo, y por ultimo otro sándwich).
-¿Tenías hambre?-le cuestionó Ginny asombrada de toda la comida que se embutiría el chico.
-Algo.-contestó este enfrascado en sus huevos con tocino.
Después de haber llenado sus estómagos, salieron de ahí y no importándole los berrinches del búlgaro, Ginny lo obligó a ir por las escaleras.
-¡Vayamos por el ascensor!-suplicó Krum a Ginny. No podía más con el cansancio.
-Víctor, si pretendes estar en un ballet tienes que cuidar un poco la línea ¿No te parece? Y ya deja de alegar que pareces un bebé- reprendió Ginebra al búlgaro.
-Pues al menos yo si como decentemente, no que tu, con una migaja de llenas, por eso estás así de esquelética.
-¿Ah si? Pues a mi me gusta estar así, además mi trabajo no me permite perder la figura.-repuso la pelirroja.
-Si, claro, me tienes envidia, es todo.-comentó con desdén el chico.
-¿Envidia?-inquirió sorprendida la chica.
-Así es. Ya que yo puedo comer de todo y tu no.
-¡Dobla ahí!-ordenó la pelirroja, que acababa de ver una mata de pelo azabache muy conocida.
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Continuará…
