Akatsuki no Yona

Yona/Hak

Advertencia: ninguna de momento.


Capítulo III

Despertó poco después cuando Hak con suavidad la meció.

—Ya llegamos, Princesa —anunció.

Yona se dio cuenta de que estaba durmiendo apoyada en él, y el rubor cubrió sus mejillas. Intentó hacerse la dormida por más tiempo.

Hak, no obstante no creyó en su pésima actuación.

—¿Será que acaso quieres que te vuelva a cargar? —susurró.

Ella se levantó tan rápido que no hizo más que confirmar lo que seguro él sospechaba desde el comienzo.

—Puedo caminar —aseguró.

—Yo sé que sí —dijo él.

Salió del auto y se dirigió a la entrada, con él a su lado, hasta que dijeron quién era ella y la razón de por qué estaba, y de ahí en adelante ella siguió sola, mientras le explicaban las pruebas a las que sería sometida…

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Eran pasadas las cuatro de la tarde para cuando terminó, e imaginó que alguno de los empleados de la casa estaría esperando por ella, no obstante se sorprendió de ver a Hak todavía ahí.

—¿Qué haces tú acá? —interrogó —. Tenías que estar en tu práctica a esta hora… ¡Tienes un torneo pasado mañana!

Él sonrió confiado.

—No te preocupes por mí —solicitó él.

—¿Y si estar por acá pierdes luego? —interpeló ella.

Hak se acercó a ella, quien no fue lo suficientemente rápida para alejarse.

—¿Te importo lo suficiente como para que quieras que gane? —indagó.

Nunca se había fijado en los ojos de él, porque siempre que se acercaba de esa forma, lo único en lo que ella pensaba era en alejarse, pero en ese momento sus movimientos eran difíciles de coordinar en su cabeza, y se dio cuenta de que sus ojos eran claros e iban muy bien con su oscuro cabello.

—No quiero que luego me culpes a mí si pierdes… —explicó su motivo.

Hak la miró con insistencia a los ojos, ella no estaba segura de qué esperaba encontrar, sin embargo no fue ella quien se alejó, sino él.

—Vamos, te están esperando —dijo él —. Tu padre ha de estar esperando por ti.

Y él, a diferencia de cómo se había comportado anteriormente, caminó dos pasos detrás de ella, y cuando pensó que subiría al auto, él cerró la puerta una vez que ella se sentó, y sin siquiera un gesto de despedida, le dio la espalda y comenzó a caminar con grandes zancadas. Era como si se hubiese molestado por algo.

Repitió una y otra vez la conversación en su cabeza, y no veía ningún motivo por el que él se hubiese enojado, y se autoreprendió por darle importancia a algo así. Quizás él sólo tenía prisa por regresar al entrenamiento y ella estaba suponiendo cosas que no eran, pero si no pudo evitar cuestionarse que si estaba apurado como conjeturó, bien le hubiese podido pedir al conductor que lo dejara en el lugar o al menos más cerca…

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El viernes regresó a clases con normalidad, y tal como se lo había advertido Hak, todos sabían de su caída, y aunque trataban de disimularlo, se reían al verla y ella pretendía no darse cuenta. En realidad no le afectaban demasiado las burlas, ella misma estaba consciente de su torpeza.

La mañana pasó lenta, y era como si la hora de salida se alejara cada vez más en vez de acercarse. Había resultado ser uno de esos días eternos, calurosos y agotadores, y para cuando finalmente era tiempo de regresar a casa, estaba tan adormilada, que sólo echó las cosas a su mochila y se encaminó a la salida, su único objetivo era irse a casa, hasta que alguien tocó su hombro.

—¡Hak…! —dijo antes de darse cuenta.

Él era el único que le hablaba o la tocaba, por lo que cuando alguien se le aproximó y le rozó el hombro, ella de inmediato pensó en él, aunque rápidamente recordó que ese día él no vendría, y que el que la había tocado no había sido él, y se sintió ligeramente incómoda.

—Disculpa…—se lamentó.

El hombre sólo sonrió.

—Señorita, tiene la mochila abierta —indicó él.

Yona miró su espalda y pudo percatarse que lo que le decía el chico rubio era cierto.

—¡Eh…! ¡Qué torpe! Gracias… —agradeció.

El chico, al que nunca había visto antes, le sonrió y caminó un poco hasta darse vuelta nuevamente.

—No se aferre a viejos sentimientos por sólo costumbre —dijo él serio de pronto —. ¡Vaya! Se me hizo tarde… ¡Hasta pronto, señorita!

Se fue corriendo y tras caerse y pararse con rapidez, desapareció de su vista, dejándola confundida y pensativa el resto del tiempo que duró el viaje de regreso a casa, e incluso una vez que llegó a ésta las palabras del chico siguieron rondando.

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Había llegado el día. Finalmente vería a Soo-Won. Estaba ansiosa y nerviosa, y no se había dado cuenta de que a diferencia de otras oportunidades, ni siquiera se había preparado especialmente para ese día, pero se tranquilizó pensando en que de seguro encontraría algo, y no se equivocó, su closet tenía tanta ropa que no creía haber usado todo lo que tenía ahí, y después de buscar algo apropiado para la ocasión, se dio cuenta de que aún faltaban un par de horas hasta entonces.

Salió a buscar a su padre, no obstante no se sorprendió cuando le dijeron que él volvería a la hora de la celebración. Todos estaban ocupados, la casa estaba completamente dispuesta para recibir a los invitados, que no eran tantos pero parecía como si fueran a venir cientos de ellos, y ella se sentía particularmente sola en ese momento.

Volvió su habitación y buscó qué hacer, dándose cuenta de que no tenía ánimos de otra cosa que descansar y no salir de su espacio. Comenzó a quedarse dormida sin hacer ningún esfuerzo por no caer en ese pesado sopor.

Tuvo un sueño extraño sobre otra época, guerras, muertes y conspiraciones, que le trajeron más angustia que descanso...

—¡Señorita Yona…! —escuchó que la llamaban —. ¡Señorita…!

Reconoció la voz como la de la ama de llaves. Además ella era la única autorizada a entrar a su habitación, especialmente si ella estaba en ésta.

—¿Qué…? ¿Qué hora es? —consultó exaltada.

—Ya están llegando los invitados… su padre también ya está acá —informó.

Al oír eso se levantó con rapidez, y buscó la ropa que previamente había predispuesto y en poco tiempo estuvo lista, ante la mirada sorprendida de la mujer.

—¿Ya está lista? —preguntó con incertidumbre.

—Casi, solo falta peinarme, unos aretes y lo estaré —contestó.

Dos minutos más tarde estuvo en el lugar donde vio a su padre, y con alegría lo saludó.

—Cariño, pensé que ya no vendrías… —dijo él sonriendo.

No lo sabía hasta entonces, que estar ahí podía bien ser una opción. Siempre lo había tomado como una obligación, desde pequeña.

—Justamente le estaba explicando a tu tío que tu novio está peleando por el título nacional justo ahora —expresó él con orgullo —. Y que posiblemente querrías estar con él en este día…

Se sonrojó por completo. Su padre hablaba de su noviazgo con tal libertad, que le daba entre vergüenza y tristeza que él pensara que todo eso fuera más que un montaje que Hak había empezado sin que ella ni siquiera supiera el por qué.

—No quería distraerlo —contestó —. Además debía estar acá.

Los ojos fríos y carentes de empatía de su tío la analizaron con cuidado.

—¿Tan joven y ya tienes novio? —preguntó su tío con hostilidad —. ¿Y tú lo permites, hermano?

La situación se tornó incómoda. Ese hombre siempre había tenido ese efecto en ella: él le provocaba temor, y nunca se sintió cercana a él, todo lo contrario. De algún modo sentía que la despreciaba y no sabía el por qué.

—Tengo plena confianza en las decisiones y la educación de mi hija —refutó su padre —. Y si ella estima que él es lo suficientemente bueno para ser su novio, yo lo creo también.

La mirada de su tío era una irónica ante las palabras de apoyo de su padre. Ella se sintió incapaz de decir algo en su defensa; él la intimidaba.

—Hija, hay muchas cosas que sé que te gustaría probar —evidenció su padre.

Él le estaba mostrando el camino de salida y ella lo agradeció. Su padre sabía bien que su tío no era de su agrado, aun cuando eso era algo que ella nunca había dejado entrever o mencionado. Él simplemente lo sabía.

Se dirigió hacia donde estaba la comida que su padre le había indicado y había tenido razón, había cosas que le gustaban mucho ahí, posiblemente expresamente pedidas para ella.

"Y tienes empleados que te sirven una cena que te fue consultada antes, porque no se atreverían a darte algo que tu paladar de princesa rechace…"

Las palabras de la primera conversación que tuvo con Hak vinieron a su cabeza mientras saboreaba aquellas delicias.

—Sabía que te encontraría aquí —dijo una voz que reconoció de inmediato.

Era la de Soo-won…

Se quedó con la comida a medio masticar, y sintió una sensación helada que la recorrió por completo… por unos escasos minutos, entre el apuro de vestirse y llegar al lugar, y el desagradable encuentro con su tío, se había olvidado por completo de que Soo-won estaría ahí también.

—Hola… —saludó él —. Me da gusto verte.

Le costó procesar que debía responder.

—Hola, Soo-won… —contestó forzosamente.

Las cosas se sentían tensas. Ella no estaba agradada y él parecía notarlo.

—¿Las cosas han estado bien? —consultó —. Supe que entraste al instituto y que dejaste las tutorías privadas… ¡Me gustó mucho el saber eso!

Ella asintió y trató de mantener una conversación mundana, y notó que era posible, no obstante el mirarlo a los ojos directamente, no lo era.

Él estaba deliberadamente haciéndose el desentendido acerca de la última conversación que habían tenido y de pronto él se quedó en silencio también. A ella le pareció que él quería preguntarle algo y no sabía cómo.

—Oye, Yona… ¿es cierto lo que escuché? —indagó él.

Ella hizo un gesto con los hombros para demostrarle que no entendía a qué se refería.

—¿Es verdad que tienes novio? —quiso saber.

Se petrificó. No esperaba que fuera él precisamente quien le hiciera esa pregunta, no obstante, aquello hizo que recobrara la voz y asintiera antes de usarla.

—Sí, de hecho, sólo quería verte y saludarte —explicó ella —. No nos veíamos hace tiempo… pero yo debo ir a verlo.

—¿Ahora? —dijo él atónito.

Le pareció como que no le creía que se fuera a ir.

—Sí… él ahora está defendiendo el título nacional en su disciplina —explicó —. Y estoy segura de que ganará nuevamente. Quiero estar ahí para verlo.

Se despidió de él y se acercó a su padre, quien todavía estaba conversando con su tío. Solicitó un momento y su padre sonriente consintió su decisión una vez que se la comunicó.

No tardó en llegar hasta donde estaba el conductor y pedirle que la llevara, pero se dio cuenta de que no tenía idea de dónde era cuando él le pidió la dirección. Tomó su teléfono y averiguó. Era un torneo bastante popular, por lo que no tardó en enterarse donde era y no era tan cerca como imaginó, y para cuando arribó el torneo había acabado.

—¿Regresamos, señorita Yona? —consultó el conductor.

Se sintió un poco mal de que las cosas no hubiesen resultado como había esperado. En realidad le hubiese gustado ver a Hak. Ese día había resultado útil que él "fuera" su novio. No quería volver, por lo que le dijo al conductor que diera un par de vueltas por ahí. Hasta que sonó su teléfono. Era su padre.

—¿Papá? —preguntó.

—Hola, princesa —escuchó del otro lado.

Ese no era su padre, era Hak. ¡Él estaba en su casa!

—¿Hak? –exclamó —. ¿Qué haces con el teléfono de mi padre?

—Es que no traje el mío… —explicó —. Me dijo tu padre que fuiste a verme…

Al no haberlo encontrado había decidido no decirle que había ido, pero no imaginó que sería su propio padre quien la terminaría delatado o que él hubiese terminado yendo a su casa.

Estaba sin palabras.

—Te voy a estar esperando —dijo él sugerente.

La llamada fue cortada sin otro aviso y ella todavía no salía de su estupefacción.

Hak estaba en su casa, junto a Soo-won…

Le avisó al conductor que debían volver a casa, y se sorprendió de ver a Hak sentado en las escaleras de la entrada de su casa, quien apenas notó que había llegado se levantó y fue hacia ella.

—¿Qué estás haciendo acá? —preguntó ella.

—¿Qué estabas haciendo tú allá? —interpeló él.

Hak le sonrió y ella le devolvió el saludo. Comenzaron a caminar hacia la casa y ella no pudo evitar fijarse en que era la primera vez que lo veía con ropa distinta a la institucional.

—¿Te gusta lo que ves? —dijo jactancioso.

—¿Hay algo que debería gustarme? —inquirió ella.

Él sonrió y ella también. Se sentía nerviosa, pero de algún modo contenta.

—¿Por qué sigues mirándome? —indagó.

La verdad es que ella quería saber cómo le había ido, pero no quería tocar una fibra sensible.

—¿Cómo…? ¿Estás bien? —intentó averiguar —. Es decir… ¿te fue bien?

La sonrisa de él se hizo grande.

—¿Cómo crees que me fue? —investigó él.

—¿Tercer lugar? —intentó ella.

Él negó.

—¿Segundo? —continuó.

Él volvió a negar con la cabeza.

—¿Ganaste? —concluyó.

—Es bastante mal visto jactarse… pero, ¿sabes? —espetó —. Gané tres veces seguidas el torneo.

Hak había ganado y eso le alegró.

Cuando estaban llegando al lugar donde los demás invitados estaban, Hak la tomó de la muñeca y la desvió hacia otro lugar.

—Tu tío no me gusta —soltó él.

Al parecer Hak tenía buenos instintos. Ella no confirmó que pensaba lo mismo que él.

—Vayamos con los demás —dijo ella.

Estaban apartados en una esquina donde en la cual no se veía desde otro ángulo que no fuera uno directo. Yona intentó caminar hacia donde estaban los demás, que ya no debían quedar demasiados juzgando por la cantidad de autos que vio estacionados afuera, pero Hak la detuvo en su intento.

—Hoy gané —reiteró él.

—Te felicito —dijo ella sinceramente.

—Princesa… —susurró él suavemente.

Él le decía princesa claramente de una forma peyorativa, pero en algún minuto había dejado de sonar negativo.

—¿Qué? —quiso saber ella.

—Quiero un beso como premio por mi buen desempeño —expresó con claridad.

La petición fue hecha, él la estaba mirando a los ojos y no parecía ser una broma.

—Sólo por hoy… —justificó él.

Ella nunca había besado, y en sus ideales había imaginado que a quien besaría en primer lugar sería a quien ella quisiera de verdad, pero por algún motivo no le parecía tan mal acceder a su petición… sentía sus mejillas arder, y las piernas le temblaban, la voz tampoco le salía.

—Si no quieres puedes correr tu rostro… —dijo él con suavidad.

Cerró los ojos y sintió su corazón latir con fuerza, temblaba de nervios y de ansiedad cuando sintió su respiración combinarse con la suya y posteriormente un dejo de decepción cuando él la besó realmente cerca de los labios, pero no en ellos directamente.

Apoyó su frente en la de ella y luego acarició su mejilla con el pulgar.

—Gracias, princesa… —agradeció él —. Esto ha sido lo mejor de mi día.

¿Qué había sido eso? Ella se había preparado para un beso de verdad, y a cambio sólo había obtenido uno que se sintió como algo a medias…

De pronto, se sintió molesta con él, y no entendía el por qué.

Continuará...


Hola, gracias por el apoyo hasta ahora, espero seguir contanto con ustedes =)

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¡Hasta pronto!