Yukari se repasó los labios y se acomodó el pelo otra vez, recriminándose ser tan cuidadosa con su aspecto. Era una cena con amigos, no una premiere. Nadie le diría nada si se aparecía en camisón.
Nunca llevaba vestidos de George. A veces, Miwako hablaba de su ropa y parecía querer preguntar porqué, pero eso ni siquiera ella lo sabía.
Sonó el timbre y Yukari salió a la velocidad máxima posible en tacos altos, para abrir antes que su madre. Dejó medio guardarropa desparramado en su cama y otro cuarto tirado en el piso.
Se tropezó en el pasillo (a su tobillo no le vino demasiado bien) y escuchó con horror el rechinar de la puerta. Si era su madre… odiaba cómo acosaba a Hiro. Era su amigo, no su marido, ni tampoco iba a serlo. Sabía que la quería ver casada con un hombre respetable y responsable y esencialmente bueno, pero eso no justificaba las casi maleducadas indirectas. Hiro era todo lo que su madre quería y mucho más de lo que su pobre imaginación podía concebir pero era imposible, lisa y llanamente imposible…
Con alivio, escuchó la voz de su hermano. Le gritó que esperara y entró a su cuarto a buscar otro par de zapatos, menos vertiginosos. Miró casi arrepentida el desastre que dejaba atrás… que más daba, llegaba tarde y Hiro estaba esperándola.
Volvió a mirarse al espejo, nerviosa. Se veía perfecta, como le gustaba. Respiró profundamente un par de veces, para parecer calmada.
-Maquillaje, celular, billetera…- dijo, revisando su cartera.
Salió caminando a paso ligero, mirándose en el espejo de reojo.
Hiro estaba sentado en el sofá, las manos pegadas a las rodillas y la sonrisa petrificada mientras respondía las preguntas de su madre sobre el hospital. Yukari entró justo antes de que empezara a preguntar por su estado civil.
-¿Vamos?- preguntó, sonriendo, sonando madura y segura de sí misma. Las manos de Hiro se destensaron y la sonrisa se naturalizó.
-Claro, Miwako estuvo llamándome.
Casi tuvo que arrancarlo de las garras de su madre. Entraron en el auto y ambos suspiraron al unísono.
-Deberías pedirle matrimonio.
-¿Y qué gano con soportarla?
-Mi eterna gratitud.
Hiro revoleó los ojos.
-Sí, sí…
-Aunque ya te estoy eternamente agradecida…
Hiro apretó el volante del auto. La ciudad se borroneaba tras la ventanilla.
-¿Y por qué es eso?
Giró la cabeza graciosamente y apoyó su mano en el hombro de Hiro.
-Porque sos mi conductor designado, por eso.
"Sólo eso."
-Tendrías que aprender a manejar.
-Ya sé… pero no necesito hacerlo.
-No voy a ser tu chofer para siempre.
-¿Por qué?¿Hay algo que no me haya contado, Tokumori-sensei?-dijo Yukari, acercándose y mirando fijo a su amigo.
Hiro desvió la mirada.
-No. Pero podría pasar un día de éstos.
-¿Y ella no querría que cenaras con una modelo?
Hiro se rió por lo bajo.
-Esperaría que tuviera celos de una mujer tan hermosa con vos. Sería lógico, aunque todos sepamos cómo son las cosas.
-¿Y de Miwako?¿Esperarías celos de Miwako?
"Decí que no".
Hiro volvió a apretar el volante pero, de cualquier forma, dijo:
-No.
Yukari sintió que el piso volvía a estar debajo de sus pies. La ciudad seguía desapareciendo por la ventanilla en un remolino de luces y ruidos.
