Capítulo 2
Ya habían dos horas desde que Armin debía haber abandonado su puesto. Eren, nervioso, daba vueltas por la habitación, escuchando las mil razones que Mikasa le daba para que su amigo se retrasara.
Pero ella sabía qué era lo que verdadermante le ocurría. Se sentía culpable por no poder evitar que Armin fuera el escogido para quedarse con Levi durante la primera semana. Le había prometido no cargarle con nada relacionado con él directamente, incluso ella le dijo que se encargaría de que no tuvieran contacto directo. Les preocupaba lo débil que resultaba su compañero, y lo manipulador que parecía el rey.
Alguien llamó a la puerta. Rápidamente, Eren la abrió sin pensarlo.
- Armin.
Miró fijamente al chico que tenía delante, buscó cualquier señal de trauma en sus ojos, cualquier temblor, incluso alguna herida. Le hizo pasar y comenzó a inspeccionarle, preguntándole qué le había hecho, si le había dicho algo, dónde habían estado...
- Eren - decía.
Pero no escuchó. Miró a Mikasa en busca de algo de ayuda, y se percató de que esta le miraba curiosa, como sorprendida por verle de una pieza.
Tras varios forcejeos, y algo de ayuda de su amiga, logró zafarse del pesado de Eren, quien aún insistía en que le había dicho algo que no quería contarles.
Tras la cena, Mikasa le aseguró que dejaría a Eren cansado para que durmiera pronto y le dejara descansar. Sonrió ante la promesa de la chica.
* Habitación 204 *
"¿Qué ha pasado?" se preguntó.
Se miró al espejo. Estaba cansado, pero no parecía asustado. Se sorprendió a sí mismo. Se lavó la cara y se mojó un poco el pelo.
Apenas entendía lo que había ocurrido aquel día.
" - Yo, señor - dijo Eren, poniéndose frente a Armin.
Levi les miró con una risita baja, una risa que a él le produjo escalofríos.
- Vaya, qué inesperado - farfulló.
Vio cómo desviaba la mirada a Mikasa, y al momento resopló, con pereza. Le pareció una falta de respeto tremenda hacia su amiga, que en su opinión era la mejor para el puesto - dudaba mucho que se dejara intimidar.
Y al final vio cómo sus ojos se posaban en él, a pesar de que casi no le veía por la figura de Eren tratando de esconderlo.
- Tú - susurró - eres el primero.
Eren se negó, trató de llevárselo de allí, incluso casi se pelea con uno de los gorilas que acompañaban al rey. Pero por mucho que insistió, no logró hacer que Levi cambiara de idea.
Miró a Mikasa, que impasible, miraba hacia Levi sin ningún tipo de sentimiento ni emoción en el rostro. No dijo nada.
Aterrado, salió de su escondite a pesar de las quejas de su amigo, y asintió, temblando.
- Está bien, su majestad.
Levi rió, y mandó a los otros dos a otros puestos. Mikasa vigilaba la puerta principal, y Eren debía hacer guardia por los alrededores.
- Ven conmigo. - le ordenó.
Sin titubear, andó tras de él. Le llevó por unos oscuros pasillos, todos con olores extraños, pinturas de personas por las paredes y algunas antorchas que le permitían ver a la figura que tenía delante.
El rey caminaba de manera firme, casi parecía que había formado parte de un ejército. De vez en cuando, Armin echaba un vistazo a las habitaciones que tenía a su alrededor. La mayoría estaban vacías, pero pudo ver a algunas personas. Las pocas que pudo ver tenían expresión triste y sombría, haciendo que el estómago de Armin se revolviera con la idea de vivir encerrado en un castillo custodidado por un asesino.
- Por aquí - señaló unas escaleras que iban hacia arriba. - Solo puedes subir aquí cuando estés en este puesto, si te mando hacer otras cosas, no se te ocurra ni acercarte - amenazó.
Un escalofrío recorrió la espalda de Armin. Esa mirada le helaba la sangre.
A medida que fueron subiendo las escaleras, la luz se fue haciendo más intensa. Ahora los olores se habían disipado, y los techos eran altos, las paredes llenas de macetas colgando con flores, algunos sillones de color plateado y la alfombra verde recorriendo toda la planta.
" Lo bueno para los poderosos " - pensó.
Tras unos minutos caminando, llegaron a sus aposentos. La puerta era enorme, con detalles dorados y rojos alrededor. Levi miró al hombre que custodiaba la entrada, y mirando con desprecio a Armin, abrió las puertas.
Los aposentos de Levi, al contrario que el resto del castillo, no era ni luminosa ni oscura. Había pocas ventanas y una tenua y agradable luz entraba por ellas. Pero, curioso, se fijó en que no había cama, tan solo muchas estanterías con libros, un escritorio enorme en el centro y un asiento con un respaldo alto. Levi se sentó en él y le indicó que se acercara, oyendo la puerta cerrarse a su espalda.
Tragó saliva, y aguantó la mirada de Levi durante unos minutos.
- Pareces débil - masculló - espero que al menos sirvas para traerme un té.
No supo qué decir, no se movió hasta que no vio que Levi le hacía señales de que quería ese té.
"¿Soy su chacha acaso?" ni siquiera sabía dónde estaba la cocina. Pidió ayuda a un par de personas, pero nadie le contestó, ni siquiera se paraban a mirarle. Era invisible totalmente.
Enfadado por su estúpida e injusta situación, dio vueltas y vueltas hasta que finalmente encontró algo parecido a una cocina. Allí, por suerte, una amable señora le atendió y le preparó el té.
- Gracias - sonrió, y se dirigió de nuevo a la habitación de Levi.
- Al fin - resopló - pensé que no ibas a venir nunca.
Ignorándolo, se acercó a su mesa y posó la taza. Levi le hizo señales con el dedo de que se acercara a él, y cuando estuvo lo suficientemente cerca, le agarró del cuello de la camisa y pegó su frente a la suya.
- Bebe té - dijo.
- ¿Q-Qué...?
- Té.
Le soltó. Aunque no entendía nada, su expresión le daba auténtico pavor, así que tomo la taza y bebió un sorbo del té, aún caliente.
Esperó unos segundos a que Levi reaccionara.
- Bien - susurró - quédate en la puerta vigilando.
Aliviado y confuso, se dirigió a salir del cuarto.
- ¿Qué haces? - le preguntó.
Aún más confuso, no supo qué responder.
- Quédate dentro.
¿Vigilar la puerta dentro de la habitación? Era una estupidez. Pero no podía desobedecerle.
Estuvo quieto mirando cómo Levi trabajaba en su papeleo el resto del día. No comió, ni descansó. Por suerte, estaba entrenado para aguantarlo, así que dedicó su tiempo a analizar a su nuevo jefe.
Se movía con agilidad, con demasiada para haberse dedicado siempre a lo mismo. De vez en cuando, miraba aburrido por la ventana, tiraba papeles arrugados a la papelera o tomaba algo de té. No le miró ni una sola vez.
- Armin - lo llamó casi al anochecer - llevas dos horas más de lo debido aquí.
"¿Cómo?" se preguntó. No era posible, apenas se había dado cuenta del paso del tiempo.
- ¿Tanto te gusta estar aquí? - dijo mirándole con una sonrisa torcida.
Sin pensárselo, Armin se inclinó en señal de respeto y se fue de allí."
- Armin - susurró Mikasa.
El rubio despertó agitado. Se había quedado dormido en el baño, sentado en el suelo y apoyado en la pared.
- ¿Estás bien? - preguntó preocupada. Vio que estaba en pijama, con los pelos despeinados. Olía a sudor.
- Intuyo que Eren duerme - dijo.
Mikasa asintió divertida y le acarició la mejilla.
- ¿Quieres hablar un poco?
Se mostraba tan cariñosa como siempre, pero algo le decía a Armin que se sentía culpable. Quizás por no haber impedido que le tocara a él estar cerca de Levi.
Se sentaron en la cama, Mikasa cogió un peine y empezó a peinarle.
- ¿Cómo ha sido? - preguntó.
No supo qué responderle.
- Yo... no lo sé. Ha sido extraño.
- ¿Te ha hecho algo?
No. No le había hecho nada, y aún así sentía que había estado tenso todo el día. Mikasa lo notó y le masajeó la espalda durante un rato, intentando relajarle. Armin se sintió raro, pero le gustaba la compañía de su mejor amiga.
- Recuéstate - le dijo.
- ¿Para q-
Pero no terminó la frase. Mikasa le tiró de espaldas a la cama y se subió encima de él, mirándole fijamente, muy cerca de él. Parecía que ese día todos querían tenerle cerca.
- Armin... ¿Crees que soy atractiva?
Se quedó perplejo. ¿Qué pretendía?
- ¿Qué ocurre, Mikasa?
- Tú responde.
Dudó, pero finalmente dijo que sí, que le resultaba atractiva, era guapa, fuerte, lista... pero no entendió por qué de repente comenzó a besarle el cuello.
- Mikasa, para.
Pero no hizo caso. Mikasa fue bajando lentamente por su torso, creyendo que tenía la situación controlada, cuando notó una fuerte mano agarrándola de la muñeca. La empujó hacia él y la abrazó.
- ¿Qué te pasa? - preguntó.
Las lágrimas comenzaron a salir sin que ella pudiera hacer nada para pararlo. Se aferró a Armin todo lo fuerte que pudo y desahogó su dolor en la camisa de su amigo.
Tras un tiempo abrazados sin hablar, Mikasa se incorporó, al igual que Armin.
- Perdóname, Armin. No sé por qué he hecho eso.
Su amigo le acarició la espalda y le dio un beso en la frente.
- Habla con él, Mikasa. No debes sufrir más por esto.
Ella le miró, lloró y le abrazó de nuevo.
- Gracias - susurró.
