Lunes

Bolt terminó su desayuno y pudo notar dos cosas: la Gata no había empezado el suyo, y sus ojos verdes miraban tristemente en dirección a su plato. En el living había una radio encendida pasando música.
"Come, Mittens, ¿No tienes hambre?"
"No…" -Le respondió al Perro.
"¡Qué bien! -se alegró Rhino. -¿Puedes dármelo?"
"¡Rhino! Eso estuvo muy mal!" -Le ladró Bolt en la cara al Hamster y Rhino corrió como para esconderse bajo la heladera.
A ella, sin embargo, no parecía molestarle que Rhino se terminara todo su desayuno.
"¿Qué ocurre, Mittens? ¿Te pasó algo malo, anoche?" -Se acercó Bolt un poco más a ella.
"No, es sólo que… Me acordaba de cómo me abandonaron. Parece mentira, pero eso sigue poniéndome triste".
"Vamos, Mittens, sabes que puedes contarme todos tus problemas. Y si yo puedo, te ayudaré…"
"No me dejes afuera… -intervino Rhino, ahora oportunamente. -Yo también puedo ayudarla, Bolt".
"Gracias, chicos, pero creo que esto debo resolverlo yo misma…"
Pobre Mittens… Justo en ese momento, en la radio empezó la canción "Words don't come easy", y ella vio cómo su mundo interior empezaba a romperse en llanto, el cual surgió inmediatamente después.
"Yo… ¡Oh!, ¿Qué voy a hacer con mis ilusiones…?"
Se alejó llorando y yendo otra vez al jardín; Bolt se quedó mirándola sin saber ni cómo reaccionar y Rhino ni siquiera pensó en seguir comiendo su propio desayuno.

Pero la Gata no se quedó en el jardín. Después de trepar al Avellano donde había estado la noche anterior, saltó desde allí a una terraza no muy alta; luego a otro tejado, esta vez perteneciente a una rosticería.
El olor a pollos en barbacoa llegó rápidamente a su olfato, pero sin pasar de allí; a ella, ahora le habría dolido incluso comer su plato predilecto.
"No lo conseguí… -pensaba. -No pude decirle cuánto lo necesito. ¿Qué me pasó, quisiera saber, estando frente a él? ¿Podré decírselo acaso, alguna vez?"
Pero esa parte todavía era más fácil de expresar. En cambio esas dos palabras -"Te amo"-, podían significar mil cosas, o ninguna.
¿Cómo transmitirle entonces, a Bolt, todos sus sueños a través de ellas?
En esas circunstancias, sólo podía estar segura de lo mucho que necesitaba a su lado al Perro blanco.
"Ahora él está en su casa… -lloraba Mittens. -Y yo debería volver. Pero no sé si voy a poder decirle eso apenas lo vea, y no quiero que vuelva a verme llorar sin yo poder explicar mi tristeza".
Cuando más lágrimas cayeron por su rostro, un Palomo llegó planeando para detenerse apenas a una distancia prudente, pero superando su miedo al verla tan triste.
"Oye, ¿Por qué lloras? …Si puedo preguntar eso".
"Porque, yo… -levantó un poco ella la cabecita. -…Creo que amo a alguien, y no sé si él podrá saberlo y aceptarme".
"¿Pero cómo, no se lo dijiste, de algún modo?"
"Me resultó imposible… Las palabras se me quedaron en la garganta".
"Pero estás segura de que lo amas, ¿No?"
"Sí, desde el día en que me rescató, entrando a sacarme de algo llamado 'Centro de Adopciones' -le contó la historia. -Luego él siguió viajando hasta aquí (yo después decidí hacer lo mismo), y cuando hace poco rescató a una niña atrapada en un enorme incendio, yo empecé a sentirme muy orgullosa de él".
"Ah, sí… Vi ese incendio, desde mi casa en el árbol, y ahora… Un momento, ¿Por casualidad te refieres a Bolt?"
"Sí, es él…" -Asintió Mittens.
"Entonces deberías hablar con él ahora mismo. ¿Sabes?, en este país casi todas las admiradoras de Bolt sueñan con estar a su lado. Mi propia hermana, por ejemplo, quien vive en Palo Alto, está perdidamente enamorada del Perro actor".
"Igual que yo, entonces… -Reconoció Mittens. -Sólo que todavía no sé cómo decirle…"
"Pues yo no creo en esa clase de palabras -se atrevió a decir el Palomo. -Y déjame decirte, también: mejor date prisa en ir a decírselo, o 'alguna otra' lo encontrará primero". -Concluyó, haciendo referencia a su hermana, evidentemente.
"Cierto, debo hacerlo pronto, -sonrió ella con las últimas lágrimas cayendo por sus bigotes. -Seré fuerte y se lo diré apenas lo vea. Además, todas aman al gran héroe; yo amo al Perro que él es en realidad".
"Hasta algún momento, entonces…"
"Hasta otro día. Gracias por el consejo".

Regresó a buscarlo poco antes del mediodía, pero no había nadie allí.
"¡Bolt! ¡Rhino! ¿Dónde están?"
No hubo respuesta; ni un ruido. Sólo la radio seguía sonando.
Casi una hora después, tras buscarlos por todos los rincones, acabó comprendiendo que ellos realmente no estaban allí.
Pasaron más horas difíciles para Mittens; volvieron Penny y la madre, pero ellos aún no regresaban.
Terribles pensamientos asaltaron entonces a la Gata. ¿Habría pasado lo dicho por el Palomo y ahora Bolt empezaba tal vez a vivir con otra Gata?
¿Y si en vez de eso había tenido un accidente, no pudiendo por ello volver por sus propios medios? ¿Acaso podía morir sin siquiera saber cuánto lo necesitaba ella?
Más tarde, en la casa, las tres estaban preocupadas… Eran casi las 10:00 PM y ninguna podía comer del todo bien, preguntándose dónde podían estar Rhino y Bolt. Pero para Mittens, la preocupación era quizás diez veces mayor, considerando sus sentimientos hacia él.

(11:03): Penny y su madre fueron a acostarse; a pesar de la triste situación, no podían ignorar sus respectivas obligaciones. La Gata en cambio se quedó mirando por la ventana, esperando ver llegar a Bolt y a Rhino.

(12:10): Mittens, muerta de sueño, tuvo que abandonar su puesto junto a la ventana y caminar, melancólica, hasta la puerta de calle, donde se echó para dormir.
"Bolt, por favor… Vuelve sano y salvo…" -Fue lo último que pudo pensar antes de quedar completamente dormida.

(12:49): Una pequeña figura peluda entró por la puertita construida especialmente para él, diez veces más cansado aun que Mittens; fue arrastrando pesadamente los pies hasta encontrar lo que en la oscuridad le pareció un almohadón increíblemente blandito y confortable; en dos segundos ya estaba dormido.

(2:15 AM): Algo o alguien con aspecto de fantasma caminando penosamente atravesó la puertita para Perros, cayó casi rodando y se quedó dormido allí mismo.