N/A: Un AU es un universo alternativo donde las tramas y sucesos transcurren de forma diferente al canon original de la novela, película, serie o videojuego. Los personajes actuarán en consecuencia de estas modificaciones.

Esto es un fanfic yaoi con ligeros toques de lemon (nada particularmente explícito). Si no eres fan de este género, te recomiendo que no lo leas. También advierto que habrá capítulos exageradamente cortos en comparación a otros, que parecerán demasiado largos, a fin de hacer ciertos momentos de la trama más llevaderos.

Todos los personajes, objetos y organizaciones pertenecen a Death Note.

¡Gracias por leer!


Día 3


Si por exhaustivos días de trabajo se refería a pasar horas insufribles de no hacer absolutamente nada aparte de revisar documentos, además de antiguos archivos del caso que requerían ser adecuadamente archivados en sus respectivas categorías, todo ello cuando no tenían que estar pendientes de las cámaras, había dado en el clavo por completo. Había cierto ajetreo, eso era innegable, su padre y Matsuda no paraban de ir de un lugar a otro, entre trayendo más pilas de papeles junto con los dulces que se le iban antojando a Ryuzaki, pero quitando eso, podía decirse de forma abierta que la oficina estaba muerta, no tenían siquiera un hilo del que empezar a tirar. Eso pensaba Light mientras sus ojos pasaban a toda velocidad por las interminables listas de las víctimas de los últimos días, buscando un cabo suelto, una conexión palpable que los ayudase a avanzar en sus pesquisas. Si al menos hubiesen descubierto ya cómo hacía Kira para matar…

En otro orden de cosas, el ambiente depresivo que rodeaba a su compañero no ayudaba lo más mínimo ni contribuía a mantener el ánimo alto. El primer día prácticamente se le había pasado por alto, o quizá lo atribuyese al cansancio por tener que reabrir la investigación desde cero, sin embargo, ahora estaba seguro: algo malo le pasaba al detective. Se mostraba apático, sin fuerza, desinteresado en todo cuanto lo rodeaba, siendo sus únicas reacciones miradas furtivas que le lanzaba a Light, quien no sabía cómo interpretarlas, aumentando, eso sí, su incomodidad hacia él. Por momentos, se sentía otra vez confinado en aquella celda, observado día tras día, bajo la acusación de ser un asesino. Y pensar que hacía apenas dos escasos días que había abandonado ese infierno. "Salir del fuego para caer en las brasas", pensaba.

Tampoco ayudaba el hecho de tener que pasar obligatoriamente tiempo con Misa. Sin malas interpretaciones, no es que la chica le cayese mal, tenía el vago recuerdo de haberla conocido, de haberla recibido en su casa, pero tenía bastante claro que ella no le atraía de ningún modo. Trataba de ser amable, por supuesto, ya que se sentía mal si simplemente la rechazaba, puesto que ahora tenían que vivir casi puerta con puerta.

Al menos la llegada de la joven a escena lo libraba de ocupar su día exclusivamente con Ryuzaki y su inexplicable falta de motivación. Aunque la idea de estar con ellos dos en la misma habitación, vigilados por cámaras y micrófonos, tampoco le resultaba apetecible, y menos aún cuando comenzaron las preguntas, o más bien las insinuaciones, sobre que ellos dos eran, o fueron, Kira en algún momento. Maldijo su dichosa cabezonería en su interior, guardando un respetuoso silencio, por otro lado, mientras escuchaba las últimas deducciones que había sacado. Le doliese o no, debía admitir que tenían sentido, pues resumiendo, los dos jóvenes habrían transmitido su poder a otras personas y, en consecuencia, habrían perdido sus memorias sobre dichos sucesos. Light quería creer que lo recordaría si hubiese matado a tanta gente, pero teniendo en cuenta que el asesino podía cometer sus crímenes sin estar de cuerpo presente, ninguna teoría podía ser descartada, por inverosímil que fuese.

—Entonces, básicamente estás dando a entender que nos resultaría muy difícil, por no decir imposible, atrapar a Kira, puesto que en el momento de su captura transmitiría sus poderes a otra persona, ¿es eso lo que intentas decir? — inquirió, una vez el otro hubo terminado de hablar.

—Eso es exactamente lo que estoy diciendo — replicó Ryuzaki, apoyando la barbilla en sus rodillas —. Es por eso que estoy deprimido. No veo sentido a intentar cazarlo, puesto que supondría arriesgar nuestras vidas sin sentido alguno. Total, ¿para qué? Una vez encarcelado lo tendrá tan fácil como transferir sus dones y perder sus recuerdos.

—Hombre, pero… — se le escapó una mirada a Misa. Parecía seguir la conversación, aunque dudaba que se estuviese enterando de mucho. Sacudió la cabeza, suspirando —. No podemos dar por hecho que sea así, ¿no crees? Anímate.

Sonaba entre ridículo y patético intentar levantarle el ánimo con algo tan baladí como una mera posibilidad. La única reacción que logró fue que se llevase el pulgar a los labios, con una mirada aburrida dirigida a ningún sitio en particular.

—¿Que me anime…? Ya deberías saber que no puedo — contestó, con apenas un bufido sarcástico —. Creo que ni siquiera deberíamos tomarnos muchas molestias con esto. No hay nada que podamos hacer contra Kira.

La paciencia de Light estaba alcanzando su límite. Comprendía la frustración, la decepción de fallar en las conclusiones, pero lo que era incapaz de entender era esa falta total de ganas por continuar, únicamente porque se hubiese equivocado. ¿Tan rápido morían sus ganas de justicia? Ese no era el Ryuzaki que conocía. Se incorporó del sofá en el que estaba sentado, orientando su cuerpo hacia el del detective. Si hacía falta que le hiciese reaccionar por las malas, así sería.

—Ryuzaki… — musitó, apretando el puño con todas sus fuerzas.

Al nombrado apenas le dio tiempo a girar un poco la cabeza cuando el golpe fue asestado, con tal fuerza que fue impulsado hacia atrás, chocando contra la pared y de paso, arrastrando al causante consigo, dadas las cadenas que unían las muñecas de ambos. Se llevó una mano a la mejilla, sorprendido de sentir un dolor tan real, mientras, de fondo, la joven idol chillaba a causa del susto y pisaba accidentalmente un trozo de la tarta que habían tirado, al volcar la mesa debido a tanto alboroto. Dirigió una mirada teñida de estupefacción a Light, frunciendo con tal levedad el ceño que casi no fue notable.

—Eso… duele — murmuró, limpiándose un pequeñísimo rastro de sangre de la comisura de los labios.

—¡Venga ya, Ryuzaki, no me vengas con estupideces! — exclamó el castaño, imprimiendo ira e indignación en sus palabras. Se aproximó hasta tenerlo lo bastante cerca para agarrarlo del cuello de la camiseta —. Tu teoría ha fallado, ¡y qué! ¿Ahora das la espalda a la investigación, te rindes a la primera de cambio a pesar de toda la gente que ha sufrido por culpa de Kira? ¿¡De esto te ha servido tenernos encerrados a mi padre, a Misa y a mí!?

—… Lo entiendo — respondió el azabache, tras una pausa, agachando la cabeza —. Pero, sea cual sea el motivo… — agregó, zafándose del agarre con asombrosa agilidad, para después golpear con la inusitada fuerza de una patada la mandíbula ajena. De nuevo, los gritos de Misa llenaron la estancia —. Ojo por ojo.

Esta vez, los dos cayeron sobre el sofá que momentos antes ocupaban, haciéndolo volcar por igual. En cuestión de dos minutos la habitación estaba hecha un desastre, y casi con seguridad quienes los observaban por las cámaras, se hallaban tan desconcertados, que no sabían qué hacer para solventar la situación.

—La verdad es que no me molesta tanto el hecho de haber fallado en mi deducción, como el hecho de que el caso no ha podido resolverse sólo por averiguar que vosotros sois Kira — la voz de Ryuzaki se alzó de nuevo, fría, implacable, mientras esperaba a que su rival se recuperase del golpe —, es por eso que, también, estoy decepcionado. ¿Acaso eres incapaz de comprender que sienta algo tan humano?

—Pues, para ser sincero, sí — replicó Light, en lo que se incorporaba, mirándolo fijamente, como si lo desafiase —. Porque, por lo que acabas de decir, no estarás satisfecho a menos que yo sea Kira.

—A menos que tú seas Kira… — repitió el detective, abriendo repentinamente mucho los ojos —. Sí… es posible que así sea. Acabo de darme cuenta… — hizo una pausa, correspondiendo la mirada de su contrincante, expectante —, de que deseaba que tú fueses Kira.

Aquello fue más de lo que el muchacho estaba dispuesto a soportar. Algo se rompió en su interior, desatando toda la furia que había estado conteniendo, no sólo durante la pelea, sino, durante el injustificado mes de confinamiento que había tenido que pasar. Golpeó de nuevo la cara de su compañero, esta vez en el centro, con tanta fuerza que le dolieron los nudillos. Movimiento que no tardó en ser contestado por otra de las potentes patadas de Ryuzaki, atinando otra vez en pleno rostro, algo que estuvo cerca de tirarlo al suelo, pero se resistió. Acortó distancias entre ellos lo máximo que puedo, agarrándolo una vez más de los pliegues de la ropa, levantando amenazante el brazo, y entonces, cuando estaban los dos a punto de volver a golpearse, el teléfono de la habitación sonó, haciéndolos detenerse de golpe.

Ryuzaki fue mucho más rápido que él, soltándolo en el acto y acercándose al aparato para contestar. Light no sabía qué cara poner, hacía muchos años que no se dejaba llevar de esa manera, y el corazón le latía a mil por hora. Un extraño dolor se había asentado en su interior, un malestar que no sabía a qué atribuir. Cuando el teléfono volvió a colgarse, tan pronto como había sonado, levantó la mirada, con una ceja alzada con curiosidad.

—¿Se puede saber quién era? — preguntó, pretendiendo un tono de voz indiferente.

—Nada, Matsuda con sus tonterías de siempre — respondió de igual modo Ryuzaki, poniéndose en pie.

—Bah… déjalo, el pobre no da para más — agregó Light. Le pareció vislumbrar un amago de sonrisa en el rostro contrario.

Una agitada Misa se acercó tras eso a él, mirándolo con profunda preocupación. Con un pañuelo, le limpió la cara; él poco pudo hacer aparte de esquivar su mirada, avergonzado por semejante espectáculo.

—Deberías ir a cambiarte de ropa, Light. Estás todo manchado… — la chica suspiró, pasando a una actitud alegre y despreocupada —. ¡Tranquilo, le pediré a Matsu que me ayude a recoger esto! Nuestra próxima cita será mejor, te lo prometo.

—Gracias, Misa — acertó a contestar él, rascándose la mejilla —. Y… Perdón por todo esto.

Los dos hombres abandonaron la habitación para dirigirse a la suya propia, sin mirarse ni dirigirse la palabra en todo el trayecto. Estaban hechos un asco, desde luego. Sucios, sudorosos, y magullados a más no poder, mientras que en el caso de Light, ese malestar en su pecho parecía haberse asentado. No se disipó ni cuando estuvieron en su dormitorio, lejos de miradas ajenas, puesto que Ryuzaki seguía estando allí. Él siempre estaba allí.

Se despojó poco a poco de toda la ropa que cubría su parte superior, toda rasgada y arrugada por la pelea. Tocó los pocos rasguños realmente visibles que tenía, con un resoplido cansado. No sabía cómo, sus orbes habían acabado por humedecerse, demasiadas emociones en muy poco tiempo, demasiadas situaciones de estrés para asimilarlas todas juntas. Por una vez, tenía que dejar su orgullo atrás, admitir que no estaba hecho de acero. Que él también sentía… y le dolían las cosas.

En especial las cosas hirientes que decía alguien que le importaba.

—Ryuzaki — susurró, con un hilo de voz. Sabía que le escucharía de todos modos.

—Yagami — contestó él.

Así le llamaba cuando empleaba ese tono distante. El malestar se hizo más intenso. Hubiese preferido que no respondiese.

—Yo… — tragó saliva. Tenía un nudo en la garganta, las palabras le salían ahogadas, apenas audibles. Tuvo que hacer un esfuerzo desmesurado para alzar un poquito la voz —. Lo siento.

—… ¿Lo sientes? — aquello sí pareció pillarlo desprevenido. Se volvió hacia Light, estupefacto.

—No intento justificarme — se apresuró a explicar el joven, desviando su mirada —. Estás actuando como un crío, te lo merecías — añadió, totalmente en serio —. Pero quiero que te imagines, durante un segundo, lo… lo doloroso que es que desees que yo sea él. Un… un vulgar asesino — se le quebró la voz al final de la frase, y necesitó morderse el labio inferior para contener las lágrimas. Maldito momento de debilidad —. Yo no soy Kira, Ryuzaki, maldita sea. ¿Por qué no puedes confiar en mí?

—Light…

Aunque el vulnerable pareciese él en ese momento, el propio L se encontraba desarmado ante una situación que jamás habría podido predecir. Sonaba tan sincero, tan dolido… Por un momento se olvidó de Kira, del caso, y de todo, teniendo ojos únicamente para el joven que tenía ante sí. Lamentó haberle dedicado unas palabras tan duras escasos minutos atrás, pero el daño ya estaba hecho. Se acercó un par de pasos a su amigo, incapaz de buscar sus ojos para cruzar miradas con él.

—Se me dan fatal las palabras, Light — musitó, jugueteando con su cabello —. ¿Qué debería hacer en una situación así…?

—¿Me lo estás preguntando de verdad, o es una broma? — se indignó el chico, con una mezcla de bufido y una risa.

—Sería incapaz de bromear en una situación así — la seriedad de su voz provocó inevitablemente el contacto visual, el cual se forzó a mantener, a fin de sonar sincero —. Siento… lo que te he dicho antes.

—¿Iba en serio? — preguntó Light, entrecerrando los ojos. Algo le decía que se arrepentiría de haber preguntado eso.

—En parte, sí — admitió Ryuzaki, ahora sí, desviando la vista —. Por otro lado… no. Es difícil de explicar, y a mí no se me da particularmente bien.

—Es igual. Creo que te he entendido — el castaño no pudo más que suspirar, dejándose caer en el borde de la cama, pasándose las manos por el cabello. El dolor disminuyó un tanto…

—Light — musitó Ryuzaki, que se sentó a su lado, entrelazando los dedos de sus pies —, ¿quieres un abrazo?

La pregunta fue tan de repente y tan aleatoria, que pilló al joven con la guardia baja, y ahí estaba de nuevo, ese incómodo rubor en sus mejillas. Viendo que era incapaz de responder, el detective simplemente se arrimó un poco más, rodeándolo con los brazos; había leído en más de una ocasión que aquello podía resultar reconfortante.

—¿Mejor? — insistió, pegando su cabeza con la ajena, en un intento por enmendar su agravio.

—Ryu… — el joven Yagami tuvo que hacer acopio de fuerzas para no mostrar nerviosismo, inspirando profundamente antes de hablar —. Esto… ¿no crees que esta situación puede resultar un poco violenta?

—¿Violenta? — repitió el azabache, sin comprender.

—Vamos a ver, Ryuzaki. Que estemos sobre la cama…, el hecho de que nada me cubre de cintura para arriba, el hecho de que seamos dos hombres — abochornado, el rubor de sus pómulos se intensificó —. ¿Atas cabos tú solo?

—Vamos, Light, no hay nada de malo en que seamos hombres — repuso él, que, a pesar de ello, se separó —. Sólo intentaba hacerte sentir mejor.

—Te… agradezco el gesto — musitó Light, sacudiendo la cabeza, confundido por sus palabras.

Sonaron unas suaves campanadas, acababan de dar las diez de la noche. ¿Tanto tiempo habían pasado ahí metidos? Se le había pasado volando. Lo que antes era malestar ahora se había convertido en una sensación muy diferente, más porque de pronto era consciente de que realmente le habían dolido las palabras de Ryuzaki durante la pelea. Sacudió la cabeza. Lo consideraba un buen amigo, además de profesarle una profunda admiración, como era natural. Debía tratarse únicamente de eso, ¿no es cierto? Quería trabajar con él plenamente libre de sospecha.

Haría de encontrar a Kira una meta personal, en adelante.

—Venga, vayamos a tomar algo de cena. Los demás estarán preocupados por lo que ha pasado antes — comentó, impulsándose para reincorporarse de la cama.

—Estoy de acuerdo. Y qué puedo decir… admito que tanto ejercicio físico me ha abierto el apetito — coincidió Ryuzaki, imitando su acción.

Una risita se le escapó al más joven, ganándose una mirada extrañada del detective, quien preguntó:

—¿Qué te resulta tan gracioso, Light?

—Nada, es que… — con un agitado movimiento de mano, negó un par de veces, aún mostrando una pequeña sonrisa complacida —. Me alegra que estés de mejor humor.

En esta ocasión fue al azabache al que le tocó ruborizarse, aunque fue un sonrojo pequeño, casi imperceptible.