Lamento si me extendí demasiado en el tiempo entre los post, pero se me esta haciendo complicado poner en palabras el hilo de la historia. Eso y la facultad que me chupa la vida -.-u

San-Han: Tenes razón, es un para mi, es un idiota incomprendido, a pesar que lo deteste todo el anime. Y en el otro punto, no confirmaron nada, pero en unas escenas extras que encontré aumentaron mis sospechas e hicieron que me plantee este fic jajaja.

Dussan : Gracias por tu corrección, trato de que no se me escapen los errores ortográficos antes de postear. Pero es bastante complicado, considerando que yo se lo que quiero decir entonces inconscientemente me los salteo. Voy a tratar de prestar mas atención.

Por otra parte, no te hagas drama, mi pareja favorita es precisamente ShizNat. Peero va a tomar su tiempo para que las cosas cambien. Me gusta mucho que las relaciones tarden en establecerse, no 30 capítulos pero tampoco me va a tomar 3.

Sin muchas mas vueltas les dejo la continuación.


Todo a su alrededor estaba oscuro, tanto que no era capaz de distinguir su propio cuerpo. Repentinamente un par de ojos rojos aparecieron de la nada, posando su total atención sobre ella. Escuchó un gruñido y el eco que hiso el sonido, fue acompañado por una terrible disminución de la temperatura.

Se despertó sobresaltada por sus propios gritos. En el momento de exasperación había tratado levantarse, pero le fue imposible. Ahora más tranquila, pudo notar que sus brazos eran sostenidos a sus costados por unas muñequearas. Alzó la ceja, el material no aprecia tan resistente como para sostenerla en el lugar.

Luego de unos cinco minutos de analizar el objeto en su muñeca sin tener algún éxito, se aventuró su mirada más allá de su propio ser. Tres de las paredes que la rodeaban estaban pintadas de color blanco inmaculado. La cuarta pared había sido remplazada por un ventanal que se encontraba con las persianas a medio abrir. Atreves de la ranura solo se podía ver oscuridad, lo que implicaba que era de noche.

A pesar de la poca luz que había en el lugar, pudo distinguir otras cosas. Un sillón a unos metros de la cama y un escritorio con su respectiva silla junto a él. Sobre la mesa que estaba a su derecha había ampollas, algodón, alcohol y jeringas sin utilizar. Podía distinguir el sonido rítmico de un artefacto, pero no era capaz de reconocerlo. Llegó a la conclusión que no había muerto y que se encontraba en una enfermería. Sin embargo, no consideraba que este cambio de situación la favoreciera. No la habían matado, pero si secuestrado. Suspiró, era un simple joven que estaba volviendo de una cita ¿Qué podían querer de ella?

Podía sentir como era succionada por el vacío y por más que tratara de luchar sabía que no iba a poder evitarlo, por lo menos no en esas condiciones. Estaba demasiado débil, respirar le estaba costando básicamente todas las energía que le quedaba y apena podía distinguir lo que estaba sucediendo a su alrededor. De haber podido, hubiera dejado escapar una leve risa irónica, estaba partiendo de la forma que fantaseaba cuando era niña. Estaba muriendo como un héroe o era eso os que ellos iban a decir. La realidad era que estaba lejos de ello, no a sus ojos. Ellos eran solo monstruos, al final, en realidad, esteba muriendo como el demonio que era.

Se sobresaltó al notar que una de las múltiples manchas a su alrededor pasaba de ser borrosa a transformarse en algo totalmente nítido. Encontraba realmente fascinante como la conexión permitía esto, aun cuando ya no era capaz de entender, ni razonar nada. De alguna forma agradecía estar de este lado de la situación. Después de todo ella no era tan fuerte como la persona frente suyo y sabia, por experiencia, que no hubiera podido. Sabía que era una postura egoísta, pero en sus últimos suspiros, se lo permitía sin ningún remordimiento.

Notó lo fría que estaba cuando un par de brazos la rodearon firmemente envolviéndola en una calidez familiar. El perfume que nunca pudo caracterizar, pero que si podía distinguir sin dificultad, le recordó que nunca más experimentaría sensaciones de nuevo. Fue entonces cuando se permitió llorar, o tratar de hacerlo. Le hubiera gustado poder estar así toda su vida, pero no podía ser.

Supo que un pedazo de su alma se desprendió de ella cuando el cálido cuerpo se alejó. Una mano secó sus lágrimas, que probablemente se encontraban mezcladas con la sangre en su cara.

-Perdón

En sus oídos resonó en un murmullo inentendible el resto de la oración, pero no pudo decodificar que decía. Pasaron unas milésimas de segundo en las cuales no fue capaz de distinguir nada a su alrededor, hasta que una presión en el pecho apareció. A medida que los segundos pasaban la sensación aumentaba y el dolor se hacía cada vez más insoportable. Su respiración comenzó a disminuir alarmantemente y el grito de dolor, desesperación o ambas, no lograba salir.

Justo cuando había decidido dejar de respirar, el dolor desapareció inesperadamente. Su cuerpo comenzó a sentirme más ligero y el aire comenzó a entrar sin ninguna dificultad. El cansancio había aumentado pero el dolor corporal había disminuido notablemente.

Su cuerpo tocó el suelo en forma agresiva, pero no lo suficientemente fuerte como para generarle alguna lesión extra.

-Lo siento señorita- escuchó que alguien le decía- son ordenes-

Y después, todo negro.

Motivada por el miedo que la había embargado trató de levantarse nuevamente, pero no obtuvo resultado. Insistió varias veces más hasta darse por vencida y dejarse caer contra el particularmente cómodo colchón. Una risa proveniente de algún lugar de la habitación la hiso entrar en guardia.

-No insistas cachorrita, no existe ser en esta tierra que pueda romper ese material sino es con un elemento- dijo una mujer prendiendo la lámpara de luz sobre el escritorio.

La misma mujer de capa roja que la había secuestrado se encontraba recostada contra el sillón. A diferencia de su previo encuentro, ahora la capucha no le cubría los rasgos. En pocas palabras era una mujer atractiva, con pelo corto, rojo y un par de ojos verdes claros. Sin embargo su belleza perdía carisma a causa de la sonrisa burlona en sus labios y la mirada llena de malicia que portaba.

Abrió la boca con la simple intención d enfrentarla pero la puerta de la habitación anunciando el ingreso de un tercero le llamó la atención. Entró una mujer con bata de médico o de laboratorio, ese detalle realmente no le interesaba de momento. Lo que le llamó la atención cuando ingresó fue la maternal sonrisa con la que la recibió.

-Veo que te has despertado Natsuki- la saludó dirigiéndose al pie de la cama

-¿Quién eres?- preguntó molesta. Otra vez una persona que no conocía pero sabía quién era.

-Es verdad- comentó nadie en particular - soy Yoko Sagisawa y soy la jefa de la parte medica de este establecimiento

-Voy a avisar a los demás que ha despertado- intervino la otra mujer en la habitación

La pelirroja y la castaña se quedaron mirando por unos segundos, como si estuvieran sosteniendo alguna conversación telepática, hasta que la castaña asistió. La puerta de la habitación se azotó mas delicadamente de lo que hubiera esperado anunciando que estaba sola con otra desconocida.

-Me podrías decir que está pasando- indagó mucho más tranquila.

Evidentemente esa mujer no buscaba hacerle daño y si lo hacía, era demasiado buena actriz. Tampoco estaba en posición de defenderse. Miro nuevamente las muñequeras y chasqueó la lengua molesta.

Yoko pareció notar su descontento ya que se posiciono en uno de sus lados extrayendo un elemento extraño de uno de sus bolsillos. Dejó escapar un suspiro cuando sintió que había sido liberada e inconscientemente se sostuvo las muñecas un tanto doloridas.

-No trates de escapar- dijo la otra de la nada acercándose al sillón donde antes se encontraba la pelirroja- de momento, hasta yo puedo mantenerte dentro de este cuarto- terminó alcanzándole un cambio de ropa limpia.

Sintió como si ese comentario en otro momento hubiera sido un insulto, pero realmente estaba más concentrada en tomar las cosas que le habían sido dadas que en analizar cosas dichas a medias. Hasta ese momento no había notado que se encontraba con una bata de hospital, al realizar eso se sonrojó. Pudo escuchar como la otra mujer dejaba escapar una pequeña riza divertida pero trato de ignorarla. Se dio media vuelta y comenzó a cambiarse

Su atuendo no era la gran cosa, un par de zapatillas blancas, un jean negro, una camiseta blanca y un buzo con capucha celeste y blanco. Por un momento se sintió sorprendida ante el perfecto calce de las vestimentas y el evidente acierto a sus gustos. Pero recordó que la habían secuestrado en su propia casa, debían saber de ella mucho más que esto.

Alarmada por el golpe de realidad comenzó a mirar a su alrededor desesperada, necesitaba escapar de ese lugar. La única salida factible y que no le implicara una muerte segura, era la de la puerta de entrada. Miró a su acompañante y la encontró totalmente engrosada en unos papeles, que asumió eran sus análisis. Sin pensarlo demasiado se abalanzó hacia la salida. Sin embargo nunca llego a destino.

Cuando estaba a punto de rozar el picaporte, una de sus manos fue sujeta firmemente, deteniendo su cuerpo en seco. Sintió como la castaña le torcía el brazo hacia atrás sosteniéndole la mano contra la espalda. Un leve golpe en la parte trasera de su rodilla hiso que callera al piso por segunda vez en presencia de una de esas personas. La mano fue rápidamente remplazada por un par de esposas. Gruñó frustrada.

- Discúlpame, no me dejaste otra- dijo la mujer ayudándola a levantarse- yo trate de ir por las buenas, pero

De cierta forma agradeció que el sermón fuera interrumpido por el ingreso de alguien a la habitación. Sin embargo cuando notó que la pelirroja volvía a entrar no pudo evitar gruñir nuevamente. Dios la debía odiar mucho para hacer que esa mujer se apareciera tan seguido por su vida. Escucho como la recién ingresada se reía divertida ante la imagen.

- Nao-Chan no seas tan cruel- la regañód Yoko.

- Es que esto es demasiado bueno

- No es una situación para reírse

- Lo se Yoko-San- contestó la pelirroja- pero debemos sacar algo bueno de esta tragedia ¿no le parece?- preguntó mirando a la castaña -

La Doctora no contestó, simplemente dedicó su total atención a los papeles que tenía en sus manos. Se acercó a la mesa, tomó una lapicera y los firmó rápidamente. Luego le extendió las hojas a la pelirroja quien las guardó en algún lugar dentro de la capa.

- Ese es el diagnostico- suspiró- de momento es todo, léanlo

- Bueno la cachorrita y yo nos vamos- Dijo asintiendo- nos estamos viendo Doc- la saludó empujándola hacia la salida

- Nos vemos Nao-Chan- se despidió la castaña- decile a las otras que esto trabajando para encontrar a Midori- terminó justo antes que la puerta se cerrara tras ellas.

- Seria genial que la encuentres- murmuró para ella misma Nao mientras seguía empujándola-¿vos no pensas caminar por tu cuenta o esperas que te empuje todo el camino?

- No se, adivina- contestó secamente

Alzó la ceja al no recibir respuesta de ningún estilo, la pelirroja no parecía ser una persona que dejara escapar ninguna oportunidad de pelear con ella. Debía admitir que esta mujer tenía algo que le revolvía los nervios con facilidad.

Sus cavilaciones fueron interrumpidas cuando sintió que sus pies dejaban de tocar el suelo. Antes que pudiera hacer algo se encontraba alzada sobre uno de los hombros de la otra. Se retorció un poco para tratar de zafase. Pero cuando no le hiso notar que no había forma de bajarse de ahí sin salir lastimada desistió. No le quedo otra que dejarse llevar por lo que el destino deparara de ella. Suspiró, estaba perdiendo su determinación de batallar hasta el final.

Con la resignación como ganadora se dedicó a mirar su entorno, aparentemente se encontraban en lo que parecía las instalaciones de una escuela secundaria. Los pasillos se encontraban tranquilos y la total ausencia de personas los hacía ver tenebrosos. No es que la construcción fuera tétrica, en realidad era todo lo contrario, la cantidad de luz que entraba y la modernidad de su estructura era ridícula. Pero no podía evitar sentir muerte emanando de las paredes.

Tal vez era su propia paranoia de estar secuestrada o el hecho que la memoria de sangre sobre su cuerpo se apodero de su cabeza. Podía sentir la sangre escurriéndose entre sus dedos y por su cara. Quería creer que nada de eso había ocurrido, pero si se concentraba podía distinguir las manchas rojas sobre su cuerpo. No entendía como era posible que de alguna forma su cuerpo no se sintiera ni cómodo ni tranquilo, pero si familiar con esa idea.

La pelirroja l dejo caer pesadamente sobre un sillón y salió del cuarto sin decir absolutamente nada. La maldijo en voz baja, aun sabiendo que la otra no la iba a escuchar, y con dificultad trato de posicionarse lo mas cómoda posible. Durante unos minutos de intenso forcejeo, se dio por vencida, las manos en su espalda nunca iban a ser algo agradable. Sin embargo estaba empezando a sentirse acostumbrada a eso.

En un largo suspiro llevó su cabeza en contra el respaldo del sillón. Debía haber sido alguien muy malo en otra vida para que este tipo de cosas le pasasen. Primero la muerte de sus padres cuando todavía era muy chica, después el accidente que casi la mata y ahora el secuestro.

Sus amargos pensamientos se vieron distraídos por el sonido de un reloj que colgaba en alguna parte de la habitación. No estaba cansada por así decirlo, pero el momento de paz entre tanta incertidumbre estaba comenzando a funcionar como un somnífero. Cuando estaba por quedarse dormida un fuerte sonido seguido por un par de voces discutiendo la despertaron violentamente. Asustada miró hacia la dirección de donde provenía el sonido

En el cuarto irrumpieron tres figuras, las tres vestidas con capas de diferentes colores. Nao no tenía la capucha puesta y su expresión burlona había sido reemplazada por una de total molestia. Frente a ella se encontraba una mujer envuelta en una capa naranja. Su cabello también era rojizos pero un par de tonos más claros que el de la otra pelirroja. Tenía los ojos violetas y su rostro denotaba una personalidad cálida y bondadosa, a pesar que en estos momentos parecía furiosa. La tercera persona que ingreso al cuarto estaba envuelta en una capa amarilla y era el único de los tres que traía puesta la capucha. Inmediatamente la identifico como el hombre que la había secuestrado. A la luz del día su figura se veía aún más elegante e imponente.

-¿Pueden parar de discutir?- preguntó exasperado el hombre

-¡No!- exclamaron las dos al unísono

-Yo no puedo creer que el éxito de nuestra misión dependa de ustedes- protestó resignada la vos masculina- Esdra apiádate de nosotros.

-Cerra la boca Reito- dijeron nuevamente a unísono las dos mujeres

A caer en cuenta de la sincronización de sus acciones, ambas mujeres se miraron intensamente, tratando de hacer retroceder a las otras. Luego de que comprendieron que eso no iba a suceder dieron vuelta la cara en un acto de desprecio. La tensión en el ambiente era tan palpable que no pudo evitar dejar escapar un gruñido de molestia.

De golpe el cuarto volvió a estar en totalmente silencioso y el sonido del reloj se volvió a hacer presente. La atención de las tres personas ahora se encontraba sobre ella. Incomoda corrió la mirada y decidió concentrar su atención en cualquier otro lado. Encontró el reloj en la pared a su derecha, aparentemente eran las tres de la madrugada. Siguió mirando, el cuarto no difería mucho de cualquier salón de reuniones normal. Una mesa grande con seis sillas, una pantalla en una de las esquinas, artefactos para proyecciones y algunos muebles de oficina, nada fuera de lo normal.

-¡Natsuki!

Antes que pudiera reaccionar un par de brazos la rodearon fuertemente. Nunca había sido adepta al contacto físico, pero en estos momentos donde no entendía nada el gesto era más sofocante de lo normal. Cometió el error de moverse en el asfixiante abrazo, para terminar con la cara en medio de un par de pechos.

-¡Soltame!- exclamó molesta

-¡No!- le contestó la otra- te extrañé tanto- la presionó aún mas sobre su pecho- ¡no te podíamos encontrar! Ya habíamos empezado a creer que estabas muerta

-Si la seguís apretando así la vas a matar- comentó la tercer mujer en el cuarto

-¿Te pedí opinión?

-No pero estoy comentando lo evidente

Antes que Mai pudiera contestar la puerta de la habitación se cerró dando anuncio a una cuarta persona. Su atención, al igual que la de los otros tres, se centró en la mujer envuelta en una capa violeta y con la capucha puesta. Notó perpleja como el ambiente había cambiado totalmente. La presencia de la recién llegada era perturbadoramente fuerte, sin embargo, la única que parecía notarlo era ella. Ahora más que nunca, se sentía impacienta y los brazos alrededor suyo eran como represas.

-Nao- chan tiene razón Mai- dijo uniéndose al grupo- ninguno de los aquí presente queremos eso

-Lo siento Viola-san- se disculpó y como si su cuerpo quemara la soltó inmediatamente- no quise

-No te preocupes- contestó la otra con voz jovial- Cada cual maneja sus emociones como puede- llevó sus manos hacia la capucha- Y Mai ¿Cuántas veces te tengo que decir que me llames por mi nombre? Estamos a la misma altura ¿no?

-Shizuru- murmuró casi imperceptiblemente la pelirroja a su lado

Bueno ya que estamos todos- continuó la recién llegada- empecemos con esto- en un rápido movimiento se sacó la capucha.

Sintió como sus labios se apartaban levemente en un evidente signo de sorpresa. Frente suyo se encontraba la extraña mujer a la que le había alcanzado el pañuelo en el parque. Si bien en su momento le había parecido una mujer muy atractiva, ahora su belleza era imposible de conjugar. Los ojos que habían sido cubiertos por los anteojos, ahora se mostraban orgullosos, observando con atención los movimientos de las demás personas en la habitación.

La primera sensación que sintió cuando los ojos se posicionaron sobre ella fue como la de una pequeña presa ante un terrible cazador. Sin embargo, con los segundos se fue quedando olvidada en algún lado de su cabeza y una extraña tranquilidad la invadió. Ese extraño color rojizo de los iris eran tan extraños, tan intensos, tan llenos de historias ilegibles, que se le hacía imposible cortar la batalla de miradas.

Nao la tomó del brazo rompiendo el hechizo en el que se había visto envuelta y a pesar de su resistencia la sentó bruscamente en una de los asientos. Se posició atrás de ella y por unos segundos sintió como sus brazos fueron liberados. Pero antes que pudiera reaccionar volvieron a ser atados, esta vez contra el respaldar de la silla.

-¡Nao!- exclamó la pelirroja

-¿Qué queres que haga?- le contestó la otra- cada que nos damos vuelta trata de escapar

-Y si la tratas así obviamente que va hacerlo

-Youko fue amable y viste lo que pasó

-Pueden dejar de pelear de una vez- protestó el único hombre en la habitación

Eso fue como el disparador del caos, ahora eran tres personas las que peleaban en elevada voz. Podía sentir como la molestia se apoderaba de sus pensamientos y como una vena comenzaba a palpitar sobre su frente. Desesperada buscó compañía en la única persona que no participaba de la discusión. La mujer permanecía impasible, con sus labios ocultos tras sus manos entrelazadas. La castaña la miró y supo sin ninguna duda que todo era una fachada, había algo muy grande escondido atrás de su peculiares ojos.

Un golpe en la mesa la sobresaltó pero eso no hiso que su mirada se moviera de donde estaba. Al contrario que ella la otra mujer observo curiosa la situación que las rodeaba. No fue hasta que la vio sonreír divertida que decidió alejar su atención de ella. Al centrarse nuevamente sobre las dos pelirrojas peleando la frustración volvió a surgir, en un nivel intolerable.

-¿Se pueden callar y decirme que mierda hago acá?- exclamó molesta

A su alrededor todo cayó en un silencio casi sepulcral, nuevamente el Tick-Tock del reloj se dejó escuchar por sobre sus respiraciones. Permanecieron, así, estáticos, hasta que la castaña reaccionó.

-Natsuki tiene razón- dijo dando una palmadita y posando en sus labios una sonrisa- debemos explicarle todo

Como si se tratase de una orden dada por un superior, todos asintieron rápidamente y tomaron asiento. El ambiente se llenó de silencio nuevamente, pero esta vez se le hacía imposible ignorar las presencias alrededor suyo.

-Bueno como empiezo esto- dijo la castaña- Yo soy Viola Shizuru, él es Kanzaki reito- señaló al hombre- Tokiha Mai- señaló a la mujer envuelta en la capa naranja- Y como ya sabes ella es Juliet Nao Zhang- terminó- nosotros somos tanto docentes como administradores de la escuela secundaria en la que te encuentras ahora.

-¡Eso no me explica que quieren con migo!- exclamó aún más molesta

-¿Realmente la necesitamos para esto?- preguntó Nao con sorna

-No se- contestó Mai instantáneamente- de momento y votaría que podríamos hacerlo sin vos

-Dios- suspiró Reito- esto va a ser más complicado de lo que esperaba

-Este instituto en realidad es una fachada- continuó la castaña cortando una posible discusión- nosotros cuatros en realidad somos el comité directivo del Primer Distrito

-¿Primer distrito?- en su vida había escuchado algo así. Ahora si estaba asustadas ¿Qué tipo de culto era ese?

El Primer Distrito es el centro de operaciones de resistencia- Explicó Mai

-¿Fachada, Primer Distrito, resistencia? ¿Qué quieren con migo?

-Queremos que nos ayudes

-¿En qué?- preguntó- ¿Dónde estoy?

-Estas en Esdrad una ciudad cercana a la capital de Windbloom

.¿Windbloom? ¿En qué país estoy? ¿Qué quieren de mí? No soy nada, solo una estudiante universitaria, un simple ser humano.

Escuchó como sus palabras rebotaban contra las paredes y nuevamente lo único que recibió como respuesta fue parsimonioso sonido del reloj. Pasó su mirada por todas las personas de la mesa notando que ninguna tenía la determinación para contestarle. Mai se observaba las manos detenidamente mientras jugaba con ellas. Nao se había tirado contra el respaldo de la silla y miraba al techo con los brazos entrelazados sobre su pecho. Reito había corrido la mirada hacia el reloj y podía ver como su pierna derecha se movía al compás del sonido. Por su parte Shizuru la miraba detenidamente con su rostro enmascarado en tranquilidad.

-En realidad- habló lentamente la castaña- este no es el mundo que conoces- entrelazó sus manos y las posicionó sobre la mesa- como te explico, este es un universo paralelo al que has vividos estos últimos años

-¿Qué?- exclamó tratando de pararse sin éxito- no ustedes están locos- dijo nuevamente- ¿qué drogas están usando?

-Ninguna Kruger- contestó inmediatamente Nao- este es un universo paralelo

-¿Kruger? ¿Quién…

-¡Ese es tu verdadero nombre!- la interrumpió la pelirroja

-¡Nao!- Exclamaron Raito y Mai al unísono

-¿Qué?- saltó defensiva la pelirroja- es la verdad, dar tantas vueltas no nos va a llevar a nada y al final de camino es lo que tenemos que decirle

No fue capaz de escuchar más porque su cerebro trataba de comprender el bombardeo de información. Alzó su vistas y se encontró con un par de ojos observándolas consternada. Para ella había algo tan familiar y enigmático en ese rostro, en esos ojos, en ese color. Rojos, rojo, asco, distancia, dolor, sangre, metal, rojo, sangre, crujido, culpa, odio, rojo, sangre, muerte.


Creo que este debe haber sido uno de los capítulos mas largos que he escrito en mi vida, es sorprendente. Igual admito que el ultimo dialogo me costo días en pensarlo y no me gusto como salio, lo siento fosado.

Desde ya, gracias por tomarse el tiempo con esta historia.

Espero sus comentarios :)