Saint Seiya ® nombres y caracteres, son propiedad del señor Kurumada y de Shueshia ®

No se hace uso de ellos con fines de lucro.

N/A: El personaje de Albiore tenía 16 años al inicio de la historia. Vayan sumando los años necesarios.


Historia de un padre

Parte 3

Esta es mi familia

Santuario

- Si salieras de ahí, sería más fácil para ambos –dijo Shun por cuarta ocasión.

- ¡No Quiero! –replicó June una vez más.

- Si te lo pido por favor ¿crees que eso cambie algo?

- YA TE DIJE QUE NO QUIERO ¡QUÉ ACASO HABLO OTRO IDIOMA!

Shun se sentó afuera de la puerta, hastiado ¿por qué las niñas tenían ese comportamiento tan extraño?

No llevaban en el Santuario ni un par de horas, y June ya estaba encerrada en una de las habitaciones del Templo, llorando como podía percibir. Cabe aclarar que Shun apreciaba mucho a su compañera de entrenamiento, pero a veces no podía entender su comportamiento, como en aquel momento.

Estaban ahí porque Albiore fue requerido ante la presencia del Patriarca. Y como al llegar, algunos otros maestros también. Ya pasaba el segundo año de entrenamiento de Shun, y el tercero del de June, cuatro si se toma en cuenta que Albiore empezó a entrenarla a pesar de no tener la aprobación del Santuario. Como eran los únicos aprendices en la Isla, tuvo que llevarlos con él. Pero las cosas no resultaron como debieron ser.

Desde que Shun recordaba, June nunca había tenido problema en usar esa horrible máscara de metal -según la opinión de ella. Albiore le había explicado a ambos lo que significaba para una amazona. Y es que en sus primeros días, June no la llevó puesta, en parte porque Albiore no sabía cómo explicarle ese asunto, y en parte porque aún se oponían a que él la entrenara. Al momento que Shun llegó a Andrómeda, June estaba ya más que acostumbrada a portar la máscara. Así que no encontraba motivo para que llorara de esa forma ni por esa razón…

- June, todas las amazonas usan máscara.

- ¡Ya lo sé!

- Incluso la gente del pueblo a donde nos lleva el Maestro lo sabe.

- ¡No Tienes Que Recordármelo!

- ¿Y entonces tienes que llorar sólo porque esos aprendices dijeron que eras una más?

- ¡ES QUE TU NO LO ENTIENDES! –gritó con toda la fuerza de sus pulmones.

- ¡Qué es lo que no entiendo!

- Eso justamente –y en ese momento abrió la puerta.- Que digan que eres una más ¿sabes lo que eso significa? Es un término que usan los niños cuando creen que una niña no lograra completar el entrenamiento.

- ¡Oh! Ya veo –dijo Shun, meditando lo que acababa de decirle.

- Esos niños ni siquiera me conocen ¡y ya afirman que no podré ser una amazona! Tu no sabes lo que pasó cuando llegue con el Maestro, el Santuario no quería que yo fuera amazona y no creen en mí –dijo controlando su llanto.

- ¿Sabes una cosa? La gente que me mando aquí tampoco cree que pueda lograrlo.

A pesar de que no podía ver su rostro, Shun percibió que ella le veía con atención.

- Toda la gente con la que vivía me molestaban solo porque me negaba a ser como ellos, a pelear y hacer lo que hacían ¿Pero sabes? Le hice una promesa a mi hermano, por eso no puedo rendirme, ni dejar que lo que otros piensen afecte mi vida.

- Pero…

- Y, el Maestro confía en nosotros ¿no es eso lo más importante?

- Si, supongo.

- Entonces por qué no mejor vienes afuera en lugar de estar ahí encerrada, permitiendo que lo que los otros digan te impida desfrutar el Santuario

- Está bien.

June salió lentamente de la habitación, cerrando la puerta tras ella. Shun tomó su mano y ambos se encaminaron a las afueras del Templo, a esperar que Albiore regresara.

Se sentaron en las escalinatas principales…

- ¿Ustedes quienes son? –preguntó una amazona de armadura morada.

- Yo soy Shun, y soy alumno del Maestro Albiore ¿tú quien eres? –respondió inocentemente. June se quedó detrás de él.

- Yo soy Shaina, amazona de la Cobra… Imagino que tu eres June ¿cierto? Eres famosa entre algunos aprendices y maestros, pero –caminando alrededor de ellos- no sé por qué lo dicen. Para ser alumnos del "gran" Albiore se ven demasiado débiles.

Es una pena –o una ventaja- que a esa edad, los niños no sepan lo que es el sarcasmo, puesto que Shaina les dijo esto último con la mayor nota que pudo encontrar.

- Mi maestro dice que las apariencias engañan, y que la hormiga puede tumbar al poderoso elefante –contestó Shun tranquilamente.

- ¡Ah si! –dijo Shaina. En ese momento se le unieron Jamian, Argeti y Moses; y más al fondo, se quedó otro mucho más grande que ellos. Los cuatro aún usaban ropas de aprendiz.

- ¿Estos quienes son, Shaina? –preguntó Jamian.

- Son los bebés de Albiore ¿no son lindos? –respondió ella, burlonamente.

- ¡Nosotros no somos ningunos bebés! –saliendo detrás de Shun, June se puso frente a Shaina.

- ¿Crees que me das miedo?

- ¡Mira eso Cassios! La niña lo defiende –los otros seguían riendo.

- ¡No es tu problema en todo caso! –dijo June.

- Ignóralos June, vámonos –Shun sujeto a June para alejarse, pero Argeti y Moses les cerraron el paso.

- ¿A dónde creen que van?

- En el Santuario tenemos una costumbre, y es la de darles la bienvenida a todos aquellos que nos visitan.

Los cuatro se acercaron más a ellos, Shun jalo a June detrás de él para cubrirla.

- No quiero pelear con Ustedes, no me gusta hacerlo.

- Qué lastima ¡a nosotros si!

En ese momento que Moses iba a lanzar un golpe, una mano lo detuvo. Shaina, Jamian y Argeti se hicieron hacia atrás. Era Albiore quien sujetó a Moses.

- Eso no es muy amable de tu parte –e invocando solo una parte su cosmos, le dio una lección que Moses no olvidaría en los siguientes meses. Pues lo que hizo fue canalizar su cosmos a su puño…

- ¡Me esta quemando!

Pero Albiore no lo soltó en ese momento.

- ¡Shaina! Ayúdenme –rogó Moses, pero todos ellos se hicieron para atrás unos pasos. Fue entonces cuando Albiore lo soltó.

Moses se agarró su mano, y también se hizo hacia atrás.

- Ni siquiera les pediré que se disculpen. Solo espero que hayan aprendido a pelear con alguien que les iguale, y que si no van a terminar con algo, será mejor que no lo inicien.

- ¡Vámonos de aquí! –dijo Shaina, con lo que todos se fueron.

Albiore volteó a ver a sus alumnos.

- ¿Están bien?

- Si, Maestro.

- Me alegro. Vengan, ya es hora de irnos.

- ¿No va a preguntarnos qué fue lo que paso? –le dijo June.

- No. Lo vi todo desde el inicio, y estoy muy orgulloso de ambos. Demostraron la diferencia que hay entre Ustedes y ellos, preservando la dignidad que los Caballeros de Atenea deben tener.

- Pero ¿no cree que vayan con sus Maestros y les digan lo que pasó, pero que les mientan, y que luego el Patriarca lo llame a Usted porque está enojado?

- Puede ser. En todo caso eso ya no importa. No regresaremos al Santuario, y no haremos nada de lo que nos ordenen, nunca más. En marcha.

Ambos se miraron extrañados por lo último que dijo, sin entender el por qué de esa decisión. Pero como ordenó, le siguieron a la salida del Santuario.

Un tiempo después

De la misma forma que con June, Albiore los había llevado a Abdis Abbeba por el cumpleaños de Shun. Era una forma de darles al año dos días de descanso después de lo largo e intensos que eran algunos días de entrenamiento. Salvo por la máscara que June obligadamente debía portar, se alejaban de las ropas de entrenamiento para lucir como el resto.

De camino a la ciudad, Shun pudo notar que Albiore, sin la armadura, lucía bastante diferente. Quizá era porque al verse como una persona normal, sin la armadura, las huellas del entrenamiento quedaban al descubierto: aparentaba mayor edad entre otras cosas. El entrenamiento para Caballeros los obligaba a madurar más rápido, gastaban sus cuerpos para hacerlos resistentes a las batallas, y en cierto modo, adquirían frialdad y dureza en sus rostros.

Para su suerte, Albiore canalizaba todo esto en su bien, en el entrenamiento que les daba. Pues al final, ellos serían los que continuarían con la tradición de la Orden.

- Ya estamos muy cerca –dijo el joven que los llevaba a la ciudad, el hijo mayor del anciano que se presento como sirviente de Errai.

Si bien esperaba que se divirtieran un poco, no iba a desaprovechar el día totalmente. Entre algunas de los sitios que él mismo había deseado conocer, los llevaría a la Catedral de San Jorge, al mausoleo de Menelik II y la Catedral de la Trinidad. El joven que los acompañaba se había ofrecido a mostrarles a ciudad, y debía admitir, no conocía tan bien la ciudad. Albiore aceptó que los guiara.

En la tarde, estaban afuera de la Catedral de la Trinidad, la iglesia ortodoxa más grande del país.

Un ruido llamó la atención de June. Cerca de donde estaban, una persona, haciendo ruido con un tambor, llamaba la atención de la gente. Anunciaba un espectáculo que se presentaba en el Markato

- ¿Qué es ese Mar-Kato, Maestro? –pregunto June.

- La verdad no lo sé –dijo Albiore.

- Es el mercado al aire libre más grande de toda África –explicó el joven.- En el se encuentra de todo, aunque lo mejor son las artesanías. Incluso sin comprar nada es un sitio ideal para visitar.

- ¿Podemos ir? –preguntaron los dos niños.

- No me parece que sea adecuado para ustedes.

. ¡Por favor! Solo queremos ver.

- Le prometo que nos portaremos bien ¿si?

- No me gusta interferir en los asuntos de otros –dijo el joven- pero yo de todas formas tengo que ir, pensaba hacerlo después de llevarlos de regreso. Para mi sería adelantar en mucho mis obligaciones de hoy.

- Por favor maestro ¿si? –pidió una ultima vez Shun.

- Está bien. Iremos. Pero no debes preocuparte por nosotros, ya conozco el camino. Ve y haz lo que tengas que hacer, nosotros estaremos bien.

- ¡Muchas gracias, maestro!

El Markato se encontraba instalado en lo que antiguamente fue una calle. Al final se había puesto una barda para evitar cualquier incidente con la vialidad, por lo que era mejor decir que aquello era un callejón. Al menos a simple vista no se veía el final. A los costados de los puestos había casas, restaurantes y uno que otro hotel. El acceso era libre, pero había letreros en varios idiomas que les recomendaba a los turistas tener cuidado con los carteristas.

El día ya estaba por terminar, sería menos de media hora lo que planeaba estar ahí. Para su gusto, era demasiada gente a pesar de ser un espacio grande. Eran tres filas de puestos: dos a los costados y uno en el medio, y cada cinco puestos, había un espacio para ir de lado a lado. Perderse era demasiado fácil.

- No voy a tardarme mucho señor, puedo llevarlos si me espera.

- Se lo agradezco, pero no quisiera molestarlo más.

- No es problema, se lo aseguro. Lo veré aquí en unos veinte minutos ¿le parece?

- De acuerdo. Se lo agradezco.

El joven se separo de ellos, quedando Albiore solo con sus alumnos.

- ¿No podríamos ir a buscar lo que dijo el señor en la Iglesia? –pregunto June.

- Hay demasiada gente June, y no tenemos tiempo. Quizá en otra ocasión.

- ¡Sus hijos son muy lindos! –le dijo una chica de aspecto Europeo.- Pero ¿por qué esta pequeña usa una máscara?

- Lo lamento, pero ellos no son…

- ¡Ay no sea modesto! Estos niños son una dulzura –dijo sin escuchar a Albiore, quien lo que menos esperaba era que alguien le dijera que "sus hijos" eran encantadores.- Aunque Usted se ve algo joven para ser padre ¿son gemelos?

. No señorita, me temo que esta Usted en un error.

Con toda la calma que le fue posible por las circunstancias, Albiore le explicó que ellos no eran sus hijos.

No fue más de un par de minutos que los perdió de vista.

- ¡Oh, ya veo! –dijo ella.- Disculpe Usted entonces.

- No se preocupe, a cualquiera puede pasarle.

- Bien, no le quito más su tiempo. Hasta pronto.

- Buena tarde

Y en ese momento que volteo a verlos. Ambos ya no estaban de donde los había dejado. Volteó a su alrededor, por si estaban cerca…

Pero nada.

- Shun, June.

No, eso NO podía estarle pasando.

- ¡SHUN, JUNE! –les llamó una vez más.

Pero no hubo respuesta.

- ¡Por Atenea!

Sí. Sus alumnos estaban perdidos…

Si alguien ha pasado por esta situación, sabrá entonces que conservar la calma resulta más fácil decirlo que hacerlo. Aun para el más experimentado caballero. Pues no es lo mismo perderlos en el medio de una guerra Santa que en un simple mercado.

Y Albiore, debo decirlo, jamás creyó que eso podía pasarle.

Ni siquiera se acordó de que podía usar su cosmos para rastrearlos. El único instinto que reaccionó en ese momento fue el que un par de niños de ocho años estaban perdidos, en el medio de un mar de gente, en una ciudad que ninguno de los dos conocía.

¡Es que cómo era posible que los niños se perdieran así como así!

Y mas aún ¡ESTANDO SUPUESTAMENTE ÉL CUIDANDOLOS!

BAJO SU PROTECCIÓN

Solo sabía que tenía que encontrarlos antes de que algo malo les pasara. Serían muy aprendices del Santuario, pero seguían siendo niños.

- ¡Esto no puede estar pasándome!

Caminó alrededor de todos los sitios que estaba cerca, no podían haber ido muy lejos. Prestaba atención a todo sonido y cada detalle, debía hallarlos.

Una risa llamó su atención en ese momento. Avanzó unos diez puestos delante de donde estaba, había una pasillo sobre la acera, y ahí, afuera de la entrada a una habitación, estaban Shun y June, ella con un gatito en sus brazos.

- ¡Mire maestro¿Verdad que es lindo? –preguntó June.

Albiore, más que molesto, estaba tranquilo de haberlos encontrado.

Creo que es ese momento se acordó de respirar nuevamente.

- Si June, ahora vengan, es hora de irnos.

Albiore tomó de la mano a ambos. Esa experiencia no le resultó agradable. Y no quería volver a pasar por algo así.

- ¡Sonrían! –escucharon cerca de donde estaban. Había un grupo de turistas, que llevaban la última novedad del momento: una cámara instantánea.

En eso volteó una joven, la misma que había hablado con Albiore.

- ¡Hola! Veo que nos encontramos otra vez.

- Así parece. Aunque ya estábamos a punto de irnos.

- Igual nosotros. Solo que mis primos quisieron tomar unas fotos antes de partir, como recuerdo. ¡HEY! Tengo una idea ¿por qué no deja que le tome una junto a sus alumnos?

- Bueno, no sé. No queremos molestarla.

- No es problema ¿no le gustaría recordar este día?

- ¿Qué es una foto? –preguntó Shun.

- Es como un dibujo de un lugar, una persona o algo, pero más rápido ¿no les gustaría tener una foto con su maestro?

- ¿PODEMOS? –dijeron a coro.

- No quisiera importunarla.

- ¡Tonterías! –dijo ella.- Será rápido. Déjeme hacer esto como una disculpa por la confusión de hace rato ¿de acuerdo?

Aceptando la oferta. Albiore dejó que le regalaran una fotografía de él con sus alumnos, quedando como testigo y único recuerdo palpable de ese día, que con el paso del tiempo, se guardaría en lo profundo de la memoria de los tres.

Dicha fotografía la conservó Albiore. Y sería mucho tiempo después, cuando Shun viajara de regreso a la Isla tras la muerte de este, que la encontró guardada en el fondo de un cajón.

La imagen mostraba a Albiore, hincado en una rodilla, con sus alumnos a cada lado. En una de las esquinas inferiores se veía parte del gatito que ocasionó que June fuera tras él, y por consiguiente Shun la siguiera. Tanto June como Shun acordaron que debía permanecer con él, y la depositaron en la tumba que le pertenecía, en el Santuario. Sitio en el que aún permanece.

FIN

N.F:

Pues si, este es el último capítulo de la historia. Al menos en lo que había planteado originalmente.

No sé si al resto le ha ocurrido, pero YO SI perdí a mi hermana en un mercado cuando tenía cinco años. Creo que andaba por los 13 años cuando eso me paso ¡no es mi culpa que los niños a esa edad sean tan metiches! El punto es que,creanme, no fue una experiencia agradable. Y si, la encontre en un situación muy parecida a la que Albiore encontro a June ¡auch! -pellizco por parte del gemelo- Ok, esta bien, no fui yo, la encontró Apolo ¡pero la hallámos!

El Markato también es un sitio real en Adis Abbeba. Por el contrario, la descripción que yo hice puede estar totalmente equivocada. Trate de hallar imágenes para darme una idea, pero no encontre nada. Tuve que echar mano de mi imaginación y describí un mercado que se encuentra en el estado de México, en Ecatepec. Si a alguien le recordó algun otro sitio, es muy posible, me encanta pasear por los mercados. Son -a mi parecer- los mejores sitios para curiosear.

Mil gracias por haberse tomado la molestia de leer este pequeño fic. Este es el capítulo que debí haber puesto el día 9 de Septiembre, por el cumpleaños de Shun n.n Por cuestiones ajenas no pude hacerlo, pero espero que les haya gustado.

Buenas noticias ¡mi musa ya no sale con Poseidón! Pero eso me preocupa. Creo que por haberlo dejado provoco los temblores que volvieron a sacudir Indonesia... tendré que ir a negociar con él. Y ya fuera de broma, espero que no llegue un Tsunami.

Gracias por sus reviews. Hasta el siguiente fic!