PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE RUMIKO TAKAHASHI. LA HISTORIA MÍA.

CAPITULO III

—¿Qué hiciste qué?— preguntó una completamente sorprendida Sango ante la confesión de la azabache.

—¡Shh! ¿quieres callarte?— regañó Kagome volteando a ver si alguna de los estudiantes que caminaban a su lado la habían escuchado.

Sango bufó inconforme —Bien, pero y a dime, ¿en serio lo hiciste?

Kagome mordió su labio y avanzó camino a la cafetería, luego de haber terminado las primeras clases del día —Si— dijo desanimada mientras veía los charcos en el suelo, huellas únicas de la tormenta del día anterior.

La castaña guardó silencio unos segundos —No puedo creerlo, ¿por qué?

Kagome se encogió de hombros mientras negaba en silencio —No lo sé… cre-creo que…— mencionó insegura —creí— corrigió — que había algo todavía.

Sango, estupefacta la miró en silencio mientras trataba de digerir esa confesión de la chica que era casi su hermana —¿Y no?

Kagome suspiró profundamente y luchó por dejar su inseguridad y sus agónicas dudas, entre las lágrimas que la noche anterior había derramado, ya no quería seguir cargando con ellas, Inuyasha no la amaba y tal vez ella tampoco… ya no sabía.

Ante el mutismo de su amiga, la castaña abordó el otro tema complicado que se unía a esa confesión.

—¿Y Kouga?— preguntó ganando toda la atención de Kagome mientras seguían caminando con sus mochilas al hombro —¿Qué pasa con él?

—¿Crees que deba decirle?— preguntó Kagome casi atormentada.

—¿Qué creíste anoche mientras… mientras te— dijo y dudó —… te acostabas con el idiota ese?— mencionó y bajó la voz —¿Pensaste en que se lo dirías o que guardarías silencio?— preguntó sin saber qué responderle. Ella conocía a Kagome y sabía que si había tomado esa decisión de volver a intimar con Inuyasha era porque había pensado en todo. Tragó difícilmente mientras veía a Kagome bajar la mirada y continuar su camino, mientras entraban a la casi completamente llena cafetería.

—Inuyasha sólo me buscó porque Kouga le insinuó que nosotros dos…

—Ese boca floja— interrumpió Sango indignada mientras la tomaba de la mano para guiarla a comprar algo de comida.

—Ni siquiera sé qué diablos se supone que haga— confesó Kagome que comenzaba a hartarse.

—Mándalos al diablo a los dos— aconsejó la castaña lo que le resultaba más sano.

Kagome se mordió el labio mientras tomaba un emparedado y una pequeña caja de jugo —No pienso decirle a Kouga— terminó por decidirse, sabía bien que de decirle sólo generaría un conflicto entre ambos y confiaba en que el ojidorado también guardara silencio, pues era tan orgulloso que era incapaz de confesar que lo que Kouga le dijo, le generó celos y su posterior reacción.

Sango suspiró —¿Terminarás con él?

—A decir verdad no hay una razón realmente de peso para eso.

—¿Y que haya dicho eso no lo es?— preguntó la castaña casi indignada.

Kagome se dejó caer pesadamente en uno de las largas bancas mientras dejaba su bandeja de comida en la mesa, luego de haber pagado.

—¿Con qué calidad moral puedo molestarme por eso cuando yo…?— preguntó y no se atrevió a continuar; sabía bien que Sango comprendía lo que no se animó a decir.

—No tienes nada que reprocharte— aseguró la castaña mientras desenvolvía su emparedado —. Bien, no fue tan correcto— añadió —, pero — recalcó —, también él tuvo algo de culpa.

Kagome rio sin ánimos — No es cómo si él me hubiera mandado a Inuyasha desnudo— ironizó al aclararlo.

—¡Lo sé!— aclaró Sango — Pero si el baboso ese no le hubiera dicho, el otro idiota no se hubiera presentado reclamando y bueno… —mencionó e hizo una pausa sin saber bien cómo decirlo — no hubieran terminado… ya sabes, en… en la cama— finalizó y un sonrojo cubrió su rostro traicionándola, Sango a pesar de intentar darle ánimo, seguían avergonzándola ingenuamente varias cosas y luchaba por controlar eso.

Kagome sonrió, esta vez con más ánimo.

—¡Bueno!— volvió a hablar la castaña luchando por mantener a flote su lado maduro y casi frívolo, que en muchas ocasiones le sirvió para sobrellevar la extraña relación que llevaba con Miroku— No te reproches nada— recalcó —. Aunque mi consejo sigue siendo que los mandes al diablo a los dos Kag, Inuyasha ya sabemos que es un inmaduro y celoso, y Kouga, bueno, él desde un principio estuvo buscando tener algo contigo, aunque digas que no, eso provocó el rompimiento entre tú e Inuyasha…

—No fue eso— interrumpió Kagome cansadamente alzando su vista de su comida a su amiga.

—Ah, claro que lo fue— aseguró —, aunque eso no justifica el actuar de Inuyasha, tú lo sabes— dejó claro —… y al final, decidiste caer en el juego de Kouga y te volviste su novia. Eso nunca fue sano y, si me preguntas, no tiene futuro.

La azabache mordió su emparedado meditando las palabras de su amiga.

—No se me hace justo dejarlo.

Sango rodó los ojos —¿Y para ti, qué sería lo justo?

Kagome se encogió de hombros.

La castaña rogó al cielo por paciencia y no terminar estrellando a su tonta amiga contra la mesa, odiaba que Kagome pensara en otros antes que en ella misma.

—Te mereces todo lo que te está pasando— dijo amargada y le desvió el rostro.

—¡Oye!— reclamó la azabache.

Sango se rio sin soportarlo —Podrías buscar a alguien más entre los chicos que gustan de ti— sugirió.

Ahora quien rodó los ojos fue Kagome —No— se negó al verla a los ojos —. Además, lo dices como si hubiesen tantos chicos haciendo fila por salir conmigo— ironizó, ella apenas podía creerse que Inuyasha y Kouga en algún momento hubiese disputado por ella; aunque todavía no se quitaba de la cabeza que lo hacían más por su rivalidad que por ella en sí.

Sango mantuvo su sonrisa y frunció el ceño —Pero si ahí está ese chico Hojo, siempre pendiente de ti— dijo y se burló.

—Mmm— Kagome bajó el rostro desanimada — él es lindo y todo, pero no me provoca nada.

—¿Y Akitoki?

—Es una versión más torpe y aburrida de Hojo.

—¿Qué tal Bankotsu?

—¡¿Qué?! ¿Cómo demonios lo piensas?

—¿Qué?¿Y por qué no?

—Ese tipo es un insufrible.

—¿Sigues molesta por el balonazo en el trasero?— preguntó y contuvo una risa.

Kagome achicó los ojos intuyendo que pretendía burlarse de ella —No es por el balonazo— aclaró —. Él es del tipo de patanes de los que vengo huyendo.

—¿Patanes?— preguntó Sango… bien, eso lo decía por Inuyasha — Él no parece un patán.

—Por supuesto que lo es, tú debes saberlo, es compañero de Miroku en el equipo— aclaró ofendida.

—¿Estás diciendo que Miroku…?

—¡No!— interrumpió y aclaró de inmediato —Digo que ese tipo tiene fama también de mujeriego…

—¿Qué?

Kagome negó insistentemente con el rostro y con las manos —Lo que quiero decir es que seguro Miroku debe decirte cómo son sus compañeros— explicó luego de un par de intentos fallidos —. Ese tipo es un presumido y egocéntrico, ¿qué demonios haría yo con alguien como él?— terminó por decir fastidiada.

Sango se encogió de hombros y suspiró derrotada —Yo sólo lo sugerí por decir algo— dijo y sonrió por ver cómo Kagome se había alterado por la mención de ese moreno; le tenía un coraje especial y eso la divertía.

—Suficiente con esto — mencionó la azabache al poner las manos sobre la mesa —. Intentaré ver qué tan bien o mal marchan las cosas con Kouga después de esa… esa…— mencionó y dudó — esa infidelidad— mencionó en voz baja.

—No te lo tomes tan a pecho — aconsejó la castaña —, un error lo comete cualquiera.

Kagome asintió no tan convencida, sabiendo que sólo estaba justificándose e intentando ver la culpa de Kouga en todo eso sólo para sentirse menos mal. Estaba siendo egoísta, cobarde e injusta, pero tampoco era como que gritando a los cuatro vientos de ese pequeño desliz que tuvo, las cosas fueran a resultar mejor… de hecho, para nadie sería mejor.

—Y… ¿cuándo lo verás?— preguntó Sango al darle una mordida a su emparedado.

La azabache se cubrió el rostro con las manos —Esta tarde— dijo —. Pero aún hay algo que quiero contarte— confesó.

—Ah, sí, ¿qué?

Kagome suspiró y después de tragar el nudo que se formó en su garganta, le contó como la noche anterior Inuyasha y ella no habían sido precavidos, ganándose un sermón de su amiga, el mismo que se aseguró de terminar pronto, para finalmente pedirle un consejo… ella no podía ni quería quedar embarazada.

Sango rodó los ojos —Un embarazo es lo de menos— regañó la otra.

—Ya lo sé— dijo Kagome preocupada —, pero a pesar de todo confío en Inuyasha, sé que se cuida, lo había hecho antes conmigo, pero… —explicó y suspiró — bueno, me acompañas a la farmacia— terminó por decir ya para no extenderse tanto, el descanso estaba por finalizar.

La castaña suspiró de igual modo —Tonta.

—Lo sé.

Tras una negación en silencio por parte de Sango, ésta terminó por ceder; ahora debían soportar las miradas curiosas de los dependientes de alguna farmacia, como también la vergüenza de que supieran lo que alguna de ellas dos había hecho.

O.O.O.O.O

Los días siguientes para Kagome pasaron rápidamente, a pesar de la tensión que le provocaba ese descuido que había tenido con el peliplata. Inuyasha y ella se habían encontrado un par de veces por la universidad, al principio sólo intercambiaban miradas profundas y con notoria incomodidad para la azabache, las mismas que con el correr de los días dejaron de tener el peso que siempre tuvieron; Inuyasha, a pesar de no haber terminado con Kikyo, siguió igual de distante con la fría pelinegra y a ésta parecía no importarle tanto, y así siguieron con su extraña relación; por lo que Kagome no tardó en comprender… lo de esa noche en su habitación, se sintió como un tropezón en la vida de ambos. Decir que no era decepcionante, era mentir.

Al principio esto incomodaba a la azabache, pues en alguna ocasión parecía reconsiderar su decisión de sacar para siempre de su vida al ojidorado, más al notar el poco interés de éste, terminó por convencerse que había hecho lo mejor. Inuyasha no era constante, jamás doblegaría su orgullo como ella antes lo había hecho por él. Además, seguía estando Kouga presente en su vida.

Kagome suspiró al estar guardando sus libros luego de haber finalizado sus clases de ese día.

—Maldición— mencionó aburrida al recordar la cantidad de tarea que tenía para ese fin de semana.

Se asomó por la ventana y observó que en el exterior ya se relajaban muchos alumnos al dar comienzo al fin de semana, observó grupos de chicos charlando, jugando bruscamente y otros más, caminar por los caminos sombreados de su facultad.

—Me pregunto si yo seré la única aburrida— mencionó fastidiada al cerrar de mala gana su mochila y cargársela al hombro. Hacía un momento que le había mandado un mensaje a Sango, pero ésta se había excusado pues ya tenía planeado salir con Miroku.

Luego de eso terminó por dejar caer su cabeza hacia el frente, completamente desanimada… ni siquiera Kouga le hablaba.

—En fin— dijo casi indignada y se colgó de mala gana su negra mochila al hombro, para salir del aula, dejando a varios de sus compañeros todavía en el interior.

No supo cómo pasó pero de la semana pasada a ese día, había pasado de ser el centro de atención de Sango con sus preguntas sobre ella y su complicada vida sentimental, de Inuyasha y su intento de regresarla a su lado, y patéticamente también, de su novio que parecía querer verla cada día, a ser la última opción de todos. Odiaba eso y no lo supo hasta ese momento.

—Pues que se jodan todos— mencionó molesta y en infantil actitud, al apresurarse a salir del edificio de su facultad.

—¡Kagome!— su nombre mencionado en tono alegre, le devolvió una sonrisa al rostro y la hizo girar al mismo para encontrarse con la joven que la llamaba.

—Ayumi— la saludó alegre y con una sonrisa en su rostro.

La chica que había apresurado sus pasos para alcanzarla le devolvió la sonrisa —Tanto tiempo, Kagome— mencionó mientras ambas retomaban su andar, al ya salir de su facultad.

Kagome sonrió avergonzada mientras se rascaba la mejilla —Sí, creo que mucho— aceptó. Ella y Ayumi, como Eri y Yuka habían sido compañeras también en el instituto, pero luego de entrar a la universidad, éstas dos últimas lo hicieron en una diferente, y Kagome a pesar de estar en la misma que su amiga rizada, se había apartado y monopolizado su amistad a Sango, hecho que ahora lamentaba.

Ayumi sonrió al voltear a verla —Supe que tuviste algunos problemas del corazón.

—¿Eh?— mencionó la extrañada azabache.

Ayumi extendió su sonrisa y Kagome entendió.

—Bueno, algo así— confesó al avanzar por los sombreados caminos de los terrenos universitarios, siendo ignoradas por variedad de alumnos que también por ahí pasaban.

—Me extrañó un poco lo de Inuyasha— confesó la joven que había estado presente cuando ambos se habían convertido en novios —, parecían quererse tanto— añadió y notó incomodidad en su vieja amiga, así que negó con la cabeza al lamentarse y rápidamente cambió el tema —. Kouga es un chico lindo.

A Kagome se le escapó una risita al percatarse de lo avergonzada que se sintió la más seria de sus antiguas amigas.

—Sí, es lindo— aceptó sin darle mayor importancia.

—Supe que Hojo no se rindió contigo— dijo la chica luego de varios segundos en silencio.

—Hojo realmente no dice mucho— confesó Kagome que solo un par de veces había charlado con él.

—¿En serio?— preguntó casi sorprendida y detuvo sus pasos al haber llegado a su coche, en el estacionamiento de la universidad.

Kagome negó en silencio, suponía que respetaba su relación primero con Inuyasha y ahora con Kouga, por esa razón no se acercaba a hablarle, aunque ocasionalmente le llevaba algún obsequio.

—Ah… que raro— susurró la chica de cabello rizado y Kagome frunció el ceño… ¿Ayumi gustaba de Hojo? Sonrió, eso era tierno y divertido.

De pronto unas risas y charlas sonoras llamaron la atención de ambas jóvenes, así como de varios de los presentes.

—Genial— mencionó sarcásticamente la azabache al devolver su rostro al frente, observar a Ayumi le parecía más interesante que ver al presumido ese que se acercaba.

Los ojos castaños de Ayumi siguieron varios segundos sobre cuatro miembros del equipo de baloncesto de su universidad, mientras éstos pasaban a su lado.

—Ayumi, cierra la boca, lo van a notar— mencionó Kagome que poca gracia le hizo verla prestarles tanta atención.

La joven respingó avergonzada —¿Lo crees?

Un suspiro pesado escapó de los labios de la azabache —Por supuesto, aunque ahora ya no importa.

Un viento fresco meció ambas cabelleras y Ayumi insistió en voltear a verlos.

—¿Te gusta alguno?— preguntó Kagome sin poder creerlo… ¿entonces Hojo?

—Bueno, no es como que me guste… pero…— mencionó nerviosa y avergonzada Ayumi.

Kagome sonrió sin poder creerlo —¿En serio? ¿quién?— preguntó ahora curiosa, ella no creía que Ayumi siendo tan tímida y reservada fijara su atención en los simios –que la disculpara Miroku- del equipo de baloncesto.

—Te... te digo que no es que… me guste, pero…

—¿Pero?

—Pero ese chico de trenza…

"Ay, no por favor" Kagome rodó los ojos cuando se dio cuenta de quién hablaba.

—…es…

—Un imbécil— interrumpió muy segura de lo que decía.

—¿Lo conoces?

—Por desgracia.

—¿No es lindo?— preguntó la distraída chica sin entender la extraña apatía que Kagome mostraba, ella no solía ser así.

—¿Lindo?— cuestionó irónicamente al recargarse en el cofre del blanco y modesto auto de su amiga, mientras veía al chico ojiazul y de larga trenza marcharse sin siquiera haberlas volteado a ver — Ese tipo es todo menos lindo— aseguró.

—Salió un tiempo con Yura, la chica de mi clase, ¿la conoces?

Kagome asintió con una mueca de desagrado… ¿cómo no conocerla?, pues ella era, seguramente, la chica más despampanante de la facultad entera.

—A mí me parecían lindos— confesó Ayumi que se había quedado con aquella impresión.

Kagome negó insistentemente cuando ideas de esos dos juntos la asquearon… cualquier cosa con Yura y un hombre estaba lejos de ser algo lindo, ella era como toda una dominatrix, y Bankotsu, el idiota ese, un maldito patán seguramente pervertido y con complejo de 'yotodolopuedo'. Ambos odiosos.

—Creo que tenemos opiniones diferentes— terminó por decir mientras luchaba por dejar de pensar en esos dos.

Ayumi se encogió de hombros y sonrió—Como sea, no es como si me fuese a voltear a ver— mencionó con cierta gracia.

—¿Qué?— preguntó casi indignada, tras un movimiento divertido de cabeza de Ayumi, optó por mejor cambiarle el tema —Mejor dime… ¿tú que piensas de Hojo?

La de rizados cabellos suspiró y Kagome sonrió.

—¿Tienes tiempo?

—Por supuesto, después de tantos meses nos debemos más que un par de horas— aceptó la azabache mientras le sonreía, Ayumi la invitó a subir a su auto, seguro para tomar algún helado o café por ahí, y Kagome, a pesar de no tener mucho tiempo aceptó… aprovecharía ese momento para sacarle al ególatra y pedante de Bankotsu de su lista de personas gratas. Se aseguraría de dejarle bien claro que no era que él decidiera 'voltear a verla', sino que ella era una chica más que inteligente y linda como para un patán como él, o cualquiera de su tipo. Después de la mala experiencia vivida con Inuyasha, cualquier sujeto que calificara como 'tipo rudo, malo o rebelde' quedaba descartado de su vida para siempre… Ayumi tampoco necesitaba un espécimen de esos; Hojo le iba mejor.

O.O.O.O.O

Horas más tarde y luego de pasar casi toda la tarde con Ayumi, Kagome por fin estaba en su casa.

—Ya llegué— anunció con poco ánimo.

—Oh, cariño, que bueno que llegas, ¿qué tal todo con Ayumi?— preguntó su madre al asomarse desde la cocina.

—Bien mamá, mandó saludos— le dijo y le sonrió con poco ánimo.

Su madre le devolvió una sonrisa más extendida —Deberías de invitarla a cenar una de estas noches— la animó, ella les tenía cariño, no olvidaba que esa chica y el otro par también habían sido muy amigas de su hija durante varios años.

Kagome asintió sin descartar la idea del todo —Me daré una ducha— le dijo para comenzar a subir las escaleras.

—¡Oh, cariño!, casi lo olvido, llamó Kouga.

Kagome frunció el ceño al escucharla y se asomó al inclinar su cuerpo por la baranda metálica de las escaleras.

—Llamó… ¿aquí?

Nahomi asintió muy convencida —Es un chico adorable— mencionó y Kagome rodó los ojos… Kouga tenía siempre las palabras correctas para cualquier persona, por eso no le extrañaba el buen aprecio que su madre le tenía.

—Que raro— susurró Kagome.

—Dijo que tu celular no enlazaba la llamada— informó la madura mujer y la azabache escarbó entre sus cosas sólo para confirmar que su móvil estaba sin carga —. Quedó de pasar por ti en…— informó y vio la hora en el reloj suspendido en una de las paredes de la cocina —… en una hora y media.

—¿Qué?— mencionó molesta la azabache.

—Eso dijo, cariño, deberías hablarle— aconsejó y asintió muy convencida mientras volvía al interior de la cocina, preparaba rollos de carne y arroz para cuando Souta regresara de su entrenamiento deportivo.

Kagome bufó y dijo alguna maldición entre dientes al acabar de recordar qué día era ese, Kouga debía de pasar por ella para que lo acompañara a su partido de soccer, normalmente lo habría rechazado, pues no deseaba ver a Inuyasha por ahí, pero era el último partido antes de cerrar la temporada y luego de eso seguirían los partidos más importantes; por lo tanto tendrían menos oportunidades de verse y seguro eso estaba molestando a su ojiceleste novio.

Luego de llegar a su habitación y poner a cargar su móvil, Kagome encendió su portátil, durante el tiempo que tardó en estar activa, ella optó por buscar un atuendo para esa tarde-noche deportiva; un vestido azul marino de un largo de la mitad de sus muslos y de delgados tirantes para ese, todavía día caluroso, unas zapatillas tipo ballet del mismo color y el atuendo estaría completo, no pensaba complicarse tanto, no en eso.

Justo al momento de dejar su vestido sobre la pulcra cama, su portátil sonó lista para usarse.

—Bien— Kagome ingresó la contraseña y de inmediato apareció la página de su red social, para su fortuna vio entre sus contactos a Sango, conectada. Sonrió.

• ¿Estás?

• Hey.

• Hoy es el partido final de la temporada para Kouga, me invitó, vamos. No te atrevas a decir que no, me lo debes.

• Voy llegando, no sé si mi mamá me deje salir.

Kagome bufó y rodó los ojos al leer eso.

• Insiste. No quiero quedarme sola en las gradas.

• Jajajaj, cobarde.

• Vamos, tienes que ir. No puedes dejarme sola otra vez, traidora.

• Bien, deja le digo, te mando un mensaje más tarde.

Kagome sonrió luego de contestar con un 'ok' y una carita sonriente, Sango siguió activa en la red pero Kagome sabía que ya no se encontraba frente al computador, por lo que se dispuso a preparar el baño. Dejaría la tarea para el día siguiente.

• • •

Luego de casi una hora, la azabache se encontraba ya perfectamente vestida, su cabello ligeramente húmedo colgaba en su espalda y un par de mechones sobre sus hombros. Su móvil vibró y ella se acercó a su extrañamente ordenado escritorio.

'Hola preciosa, siento no haber llamado para confirmar, pero supuse que lo recordarías. Paso por ti en más o menos media hora.'

Kagome mordió su labio… después de lo ocurrido con Inuyasha se sentía una vil traidora, no lograba controlar sus nervios al saber que también vería al peliplata, no supo si por esa razón puso mayor empeño en verse bien, pues había maquillado ligeramente su rostro y aplicado un suave y fresco perfume que su madre le había regalado la navidad anterior, el mismo que Sango le envidiaba por ser de una marca de renombre internacional.

Y recordando a su amiga fue que volteó a su portátil, no pudo no sonreír cuando la pantalla del chat de la castaña parpadeaba, anunciando un nuevo mensaje.

'Tu ganas. Mi madre no puso mucha objeción. Nos vemos en la entrada principal del deportivo justo antes del partido, debo ducharme, muack.'

La sonrisa en Kagome se amplió, adoraba a la mamá de Sango, se recordó mentalmente buscar algo más que una insípida bufanda para su regalo de navidad, esa mujer se merecía un poco más de esmero en su regalo, pues acababa de sacarla de un incómodo momento sin darse cuenta.

Luego de tomar un ligero suéter para usar después del partido, Kagome se apresuró a bajar las escaleras, con suerte y podría robar a su madre algo de comer, maldijo la hora de haber comido tan poco cuando estuvo con Ayumi, pues sabía que para cuando el partido finalizara, ella iba a estar muriendo de hambre, aunque prefería eso a verse fatal por no poder arreglarse, ya bastante tenía con no ser muy agraciada, como para encima lucir desarreglada.

—Nunca más— se aseguró. El verse reemplazada por una chica tan elegante y bonita como Kikyo, había hecho mella en su recién crecido ego, afectando gravemente a su autoestima, por dicho motivo Kagome luchaba día a día por no sentirse inferior a nadie.

De un salto terminó por bajar de la escalera.

—¿Qué hiciste para cenar?— preguntó y se estiró por encima de la barra para apreciar también varios camarones empanizados exhibidos en una charola y al centro de la misma, un tazón de crema —Ah… se ve delicioso— dijo y estiró su mano.

—Kagome— la llamó seriamente su madre que sabía lo que hacía aun sin tener necesidad de voltearla a ver —, si vas a comer, toma un plato, sírvete y siéntate.

La joven arrugó los labios —Sólo quiero probar.

—Aun así— habló su madre.

—¡Estoy en casa!— Souta entró haciendo voltear a Nahomi justo cuando Kagome se llevaba furtivamente un camarón a la boca.

—Kagome Higurashi— regañó la mujer mayor al girar el cuerpo entero hacia ella.

La azabache rio tontamente —Te amo, mamá, debo irme ahora— habló con prisa mientras se colgaba la pequeña mochila que anteriormente había dejado en la sala.

—Pero…— mencionó Souta al verla pasar frente a él.

La madre de ambos resopló suplicando por paciencia —Llega temprano.

—Lo haré— gritó Kagome saliendo de la casa.

—Estoy en casa— repitió Souta que no se había movido del pasillo de entrada.

Nahomi sonrió como si nada —Bienvenido, cariño, lamento no haber respondido. Ya está la cena.

El joven castaño negó en silencio ante el despiste de su madre, y terminó por encogerse de hombros para ir al comedor, también listo para robar algo de comida antes de ser mandado a asearse.

• • •

Kagome salió de su casa con una sonrisa en el rostro y lamentándose por no haberse quedado a comer un poco más, ese aderezo que su madre había preparado estaba delicioso, lamentablemente no tenía tiempo, Kouga no tardaría en llegar.

Sacó su móvil de la mochila de mezclilla gris que llevaba atravesada en el pecho y le mandó un mensaje, lo esperaría en la esquina del parque cercano a su casa. En el transcurso al que sería punto de encuentro entre ella y su novio, Kagome se encontró con Inuyasha que salía de su casa, seguro también se dirigiría al deportivo donde disputarían el último partido de la temporada; tras la mirada fría del peliplata que le heló la piel, ella sólo pudo acelerar su paso, contener la respiración y evitar verlo… Inuyasha todavía le daba escalofríos por las sensaciones que podía hacerle sentir. Luego de unos metros avanzados, escuchó el motor de la motocicleta del ojidorado ponerse en marcha, para su tranquilidad emocional, la desilusión que sintió porque no le hablara, fue mucho menor a la que sintió aquella noche que se fue de su habitación. Al parecer, comenzaba a acostumbrarse a estar sin él.

Los casi cinco minutos que le tomó llegar al parque, Kagome se dio el tiempo de meditar un poco sobre sus sentimientos, aparentemente comenzaba a dejar ir a Inuyasha, pero, ¿y Kouga?

Suspiró profundamente al momento de sentarse en una de las varias bancas metálicas de ese lugar, varias personas caminaban o trotaban frente a ella y ni eso, ni el viento fresco casi nocturnal que le ondeaba su suelto cabello, lograron relajarla lo suficiente para aclarar sus pensamientos.

No sabía qué sentir, se dio cuenta mientras miraba los altos árboles mecerse apenas perceptiblemente. Kouga le gustaba mucho, le atraía físicamente, pero también era cierto que no se había detenido por él, para estar con Inuyasha… entonces, no lo amaba.

—¡Por Dios, Kagome!— se regañó en voz alta, tenía menos de veinte años, no tenía por qué pensar en amor para salir con alguien. Sango tenía razón, tal vez se estaba complicando mucho las cosas.

Minutos después, su teléfono sonó haciéndola casi respingar ahí en la banca, lo sacó de su mochila y contestó ya sabiendo quién marcaba.

—Hola, ¿tardarás?—preguntó sonriendo.

—Date la vuelta— respondió el chico del otro lado de la línea.

—¿Eh?— mencionó Kagome mientras volteaba a ver, frunció el ceño al no ver a nadie a su espalda, tontamente creyó que él estaría tras ella —¿Dónde?

El sonido de un claxon y las luces de un auto encendiéndose a varios metros tras ella, le devolvieron la sonrisa que comenzaba a desaparecer.

—Voy para allá.

La azabache cruzó la calle casi corriendo, cuidando en todo momento de que su vestido no se levantara en la carrera, y antes de que su novio siquiera bajara, ella subió al coche.

Kouga la recibió con una sonrisa galante, como siempre.

—Hola, preciosa.

La azabache se mordió un labio al también sonreírle —Hola.

Kouga, sin importarle detener el tránsito vehicular, se inclinó hacia ella y tras enredar sus dedos en el sedoso cabello negro, la atrajo hacia él y le besó los labios.

Kagome sintió un cosquilleo conocido en su estómago y sonrió en medio de ese beso.

—Luces preciosa, seguro seré la envidia de más de uno por que me acompañas— le dijo mientras la besaba entrecortadamente.

—Seguro— mencionó ella con un toque de ironía.

El de ojos celestes le mordió el labio cuando un auto tras él sonó el claxon.

—Démonos prisa, con algo de tiempo podremos estar un momento a solas— sugirió el chico al guiñarle un ojo.

—¿A qué hora empieza el partido?— preguntó ella curiosa al fruncirle el ceño.

Él sonrió de medio lado —En una hora.

Kagome no se extrañó demasiado, una hora era tiempo suficiente para un momento juntos, aunque no era lo que Kouga solía demandar… él generalmente buscaba más tiempo para ambos, aunque últimamente…

—¿Y… qué has estado haciendo?— optó por iniciar una conversación.

El chico se encogió de hombros —He tenido algo de tarea.

Kagome suspiró y desvió la mirada —Yo también— confesó recordando lo que tenía pendiente.

—¿En serio?— un tono amargo se escapó en el cuestionamiento del chico que la hizo fruncir el ceño.

—¿Lo dudas?

Kouga suspiró y tras desviar la mirada, optó por negar desganado —Por supuesto que no.

—¿Entonces?

—No lo sé, Kagome, nos hemos visto poco, supongo que sólo estoy celoso— añadió sin deshacerse del todo del tono amargo, casi fastidiado.

Ella tragó discretamente el escuchar la palabra celos —Tampoco es como si me hubieses buscado demasiado— mencionó en algo que a ambos les sonó a reclamo.

Kouga sonrió de medio lado —Supongo que hay cosas que tenemos que pulir— le dijo y terminó por guiñarle un ojo al voltearla a ver.

Kagome, aun con cierta inconformidad, terminó por asentir y evitó volver a establecer un contacto visual duradero. Los minutos que les tomó llegar al deportivo donde se llevaría a cabo el encuentro, transcurrieron con una charla sin mucha importancia, superficial realmente, más para una pareja de novios que tenían días sin verse.

• • •

Una vez que el auto estuvo estacionado entre los tantos que ahí se encontraban, el chico de ojos celestes reclamó el tiempo perdido con su joven novia.

—Espera… Kouga— suplicó Kagome cuando el joven dejó sus labios para besarle el cuello mientras apretaba su cintura, atrayéndola a él —, a-alguien puede vernos— agregó, no le escandalizaba colocarse en una situación bochornosa con él, pues ya habían llegado más allá de eso, sino, el hecho de estar en un estacionamiento.

—Nadie lo hará— aseguró el de ojos celestes al colar una de sus manos bajo su vestido —… y si lo hacen— agregó con una sonrisa entre divertida y excitada —, nadie dirá nada— le aseguró.

Kagome, que había sonreído y mordido su labio por lo que él le estaba provocando sentir, lo apartó al apretar sus manos en su pecho.

—De cualquier forma… no ahora, no aquí— le dijo, si bien era cierto que se sentía extraña con él después de lo que pasó con el ojidorado, eso no dejaba de lado el hecho que Kouga era su novio y que le hacía sentir cosas extrañas… por eso mismo ya habían llegado incluso al sexo.

—Ah, vamos, Kagome— suplicó el ansioso chico pero ella logró escaparse de la prisión que formaban el cuerpo del chico y el auto del mismo.

Kagome sonrió divertida—Se supone que deberías estar calentando… atléticamente— le recordó y especificó antes de que él interpretara lo que mejor le pareciese, al tomarlo de la mano y guiarlo, junto a los otros jóvenes que casi llenaban el lugar, directo a la entrada del deportivo.

El chico de coleta bufó inconforme, pero terco, como era, sonrió al negarse a perder una oportunidad con Kagome.

—¿Sabes que este partido es mero trámite?— preguntó al detener los seguros pasos de la azabache y casi haciéndola perder el equilibrio cuando cambió el destino que llevaban.

—Kouga…

"¿Mero trámite?" pensó nerviosa y sus hormonas le jugaron en contra cuando vio que la llevaba al sector oscuro del amplio jardín que rodeaba el lugar.

Le chico de ojos azules sonrió de medio lado, tan galante como provocador al voltearla a ver.

—Sólo será un momento— le dijo y le guiñó un ojo.

—Maldición— mencionó Kagome incrédula y maldijo a todos los infiernos cuando sus hormonas terminaron por joderla, al comenzar a sensibilizar su traidor y entero cuerpo —Ni se te ocurra— amenazó la azabache al reconocer el brillo malicioso en los ojos de su novio, el mismo que ponía cuando pretendía ponerse indecente.

Kouga no se detuvo, por ende, Kagome tampoco lo hizo al ser casi arrastrada por él.

—¿O sino, qué?— preguntó el joven al detenerse bajo la sombra más oscura de un árbol que apenas dejaba colar los rayos lunares entre sus hojas.

La azabache que se vio presionada entre el cuerpo de su novio y el tronco del árbol, volteó a ver el camino por donde todavía transitaban asistentes al partido.

—Si alguien nos descubre aquí, estaremos en problemas— le recordó intentando recobrar seriedad en sus palabras.

Kouga se apretó más a ella, pegando completamente su ya endurecida masculinidad al vientre plano de Kagome.

—Eso nunca nos ha importado, ¿recuerdas?— le preguntó roncamente sobre su oído, erizándole toda su piel.

Ella tragó pesadamente al recordar aquella vez en la terraza de la universidad, cuando siendo apenas novios recientes, ella se dejó tocar por él, estuvieron casi a punto de tener sexo; omitió en todo momento rememorar que era buscando olvidar a Inuyasha que terminó en brazos de ese ojiazul, pero siendo consciente que las sensaciones están siempre ahí, traicionándola y Kouga lo sabía y usaba a su beneficio.

—De cualquier modo— logró pronunciar —. El juego está por comenzar— dijo y se giró buscando apartarse.

—Lo sé— cortó el chico y apoyó su mano en el tronco del árbol, impidiéndole irse.

—… Kouga.

—¿Sí?— preguntó el joven pegándose a ella y alzándole el rostro con la mano libre.

Kagome tragó suavemente, no pudo no envolverse en ese ambiente lleno de excitación y que prometía un placer ya conocido, pero notoriamente acrecentado. Él se acercó a besar sus labios y ella perdió el aliento.

Era su novio… estaba bien, sólo debían pasar desapercibidos; eso era todo. Se justificó y separó sus labios para recibir los de su demandante novio.

—Si nos descubren, juro que voy a matarte— casi gimió Kagome cuando él dejó sus labios para besarle el cuello.

Él sonrió fascinado al entender que ella ya había cedido ante sus deseos, lamió y besó su cuello, humedeciéndolo y humedeciéndola sin todavía comprobarlo.

—Ahhh— gimió Kagome cuando las manos del ojiazul resbalaron por su cuerpo para finalmente posarse en sus dos glúteos.

Kagome llevó automáticamente sus manos a la espalda de su novio y amante, lugar de donde necesitó sujetarse cuando sus piernas comenzaron a flaquear.

—Siento hacer esto aquí— susurró ya jadeante Kouga al apretarle los glúteos a Kagome.

Ella se mordió el labio y jaló aire para no gemir.

—Podemos…— quiso sugerir.

—No— interrumpió el chico que, pegándola más al tronco del árbol, la apoyó para levantarle una pierna y poderse apretar más a ella; su miembro estaba completamente duro y necesitaba frotarse contra la calidez de su zona intima para calmarse.

Kagome gimió de sorpresa y placer… ese maldito placer físico que Kouga podía darle.

Ambas respiraciones se escapaban por sus labios mientras se miraban a los ojos, los finos rasgos de ella resaltaban más por la apenas claridad que los golpeaba y que les permitía verse en medio de esa oscuridad.

El ruido de las personas que recién llegaban o que caminaban a varios metros de ellos, y que buscaban entrar al pequeño estadio no lograba distraerlos lo suficiente para disuadirlos de lo que estaban haciendo.

—Te he extrañado— confesó Kouga al acariciar con pasión y fuerza uno de sus glúteos, mientras colaba un par de sus dedos para comenzar a bajarle las bragas.

El pecho de Kagome se movía acelerado, excitada y temerosa, sólo podía verlo a los ojos y a asentir… decir que no había extrañado ser tocada y sentir todo eso que él la hacía sentir, era mentir.

—Sabes, Kagome— dijo el jadeante chico y su voz ronca y la calma con la que habló, le erizó la piel a Kagome, llenándola de expectación —... nunca he sido celoso— añadió comenzando a bajarle las bragas —, pero no deja de molestarme imaginarte con otro— finalizó haciéndola fruncir el ceño; él se apartó y dejó deslizarse las que ahora veía que eran las grises pantis de la azabache.

Kagome tragó dificultosamente y buscó ladear su mirada para verlo a los ojos, pero una vez que las afiladas narices se rozaron, él le besó los labios; la pasión del chico era tanta que bajó una de sus manos a levantarle una pierna y terminar de sacar las bragas de la azabache de su cuerpo.

—Aghh— Kagome gimió entre el beso cuando la lengua del ojiazul le penetró la boca y volvió a hacerlo aún más fuerte cuando la mano de Kouga que no le sujetaba la pierna, le acarició con cierta fuerza y necesidad su expuesta intimidad —… Kouga— lo nombró al ladear su rostro necesitada de oxígeno.

—Ahh… Kagome— mencionó su nombre extasiado, el peligro de la clandestinidad incrementaba su lujuria —, eres perfecta— añadió al penetrarla con un par de sus dedos, haciéndola respingar y gemir a pesar de morder sus labios; sentirla ya húmeda elevó su ego y su placer… ¿cuánto más podría excitarse antes de reventar sus pantalones?

—Ko-Kouga… n-no— suplicó al revolverse entre sus brazos y piernas, cuando lo sintió deslizarle el cierre del vestido en su espalda.

Él le marcó uno de sus hombros expuestos con sus besos —No me conoces si crees que puedo hacértelo sin ver tus senos— mencionó divertido el joven sinvergüenza.

Kagome enrojeció a pesar de lo ridículo que pudiese parecer y él notó su vergüenza al sentirla tensarse ligeramente. Kouga sonrió.

—Por eso me encantas— confesó roncamente al comenzar a deslizarle los tirantes del vestido y del sostén, volvió a besarle los labios y reconoció una vez más esa ingenuidad que Kagome solía mostrar a pesar de entrar en una etapa de adultez y atrevimiento, y que él había tenido la fortuna en disfrutar.

Ella ya sólo pudo gemir e intentar contener los espasmos de su cuerpo cuando lo sintió llevar una de sus manos a su vientre, deslizando el cierre de su pantalón para terminar exponiendo su duro miembro.

Él ladeó su rostro y la sintió temblar ante su calma. Sonrió débilmente.

—¿Estás lista?— le preguntó despacio al alzarla y sentirla abrazarse a su cuello.

Kagome gimió al sentir su miembro acomodarse entre sus pliegues. ¡Dios, era tan vergonzoso!

—S-si…— terminó por decir al abrazarlo de la espalda y llevar una de sus manos a la coleta de negro cabello de su ardiente novio.

Él guio su pene a la tibia y húmeda cavidad de Kagome y cerró los ojos al penetrarla.

—Joder— gimió ronca y doloridamente.

Kagome se tensó y apretó sus ojos y sus labios al sentirlo traspasarla, aun así, un gemido que llenó la cabeza de Kouga se le escapó.

Con respiraciones irregulares y profundas ambos esperaban a calmarse y disfrutar del placer de su unión, el chico de ojos celestes se recordó que tenía que ser lo menos ruidoso posible, el lugar no se prestaba mucho para encubrirlos.

—Oh, cielos— ella casi perdió el aliento cuando él movió su cadera, saliendo de ella lentamente —Ammh— volvió a gemir cuando Kouga volvió a entrar, él también gimió y ella apretó sus manos en él, una en su espalda, otra en su cabellera.

—Joder, Kag… al diablo con todos— mencionó roncamente el moreno que sentía arder su cuerpo.

—Ah… ¿qué?— preguntó jadeante al apenas abrir sus ojos, pero Kouga ya no la dejó seguir hablando cuando comenzó a moverse con mayor necesidad.

Los pezones de Kagome se endurecieron y ese cosquilleo caliente que invadió su vientre la obligó a echar su cabeza hacia atrás, dándole espacio a los hambrientos labios del ojiceleste a sus senos desnudos.

—Ah… ci-cielos…

Conforme los movimientos de cadera de Kouga incrementaron su ritmo, su cuerpo cobró vida propia; sus manos afirmaron las caderas de Kagome para seguir penetrándola a placer y sus labios, ellos siguieron comiendo de sus senos, humedeciéndolos y mordiéndolos como su deseo le ordenara.

Los ojos de Kagome se cristalizaron en pasión y a pesar de que su cabeza se golpeaba suavemente contra el tronco de ese árbol, ella no podía más que sentir ese calor que ya amenazaba con volverse infernal en su vientre, ese cosquilleo que surgió de su zona intima irse expandiendo a cada fibra de su piel; su garganta quiso secarse por los gemidos y la respiración que escapaba por sus labios… y Kouga no se detuvo.

El chico, con sus pantalones en las rodillas, alzó con una de sus manos su camisa para sentir piel a piel su pecho desnudo y el de su joven novia, la saliva que había humedecido los redondos senos de Kagome, ahora se secaba contra la piel de su pecho, al moverse contra él, obligados por sus incansables movimientos.

—Ko-Kouga… y-yo…— luchó por decir Kagome cuando sintió una presión cosquilleante y más caliente en su vientre. Iba a tener un orgasmo y quería decirle, pero no sabía si para que se detuviera al no soportarlo o para que no lo hiciera al estarlo disfrutando; era tan confuso.

—Lo sé— jadeó él al sentirla contraerse alrededor de su miembro.

Las fuerzas de Kagome se fueron y agradeció inmensamente la personalidad protectora y dominante de su novio, el que se hizo cargo de la situación al pegarla contra el árbol para seguir golpeándose contra su interior, permitiéndole entregarse plenamente a su clímax.

El sonido de sus cuerpos uniéndose era acuoso y tortuoso tras cada enviste, Kagome no lo soportaba y Kouga también estaba a punto de finalizar.

—Joder, Kagome… hagámoslo juntos— suplicó el chico que se sentía reventar.

Ella, jadeante y casi perdida en sus sensaciones logró asentir.

Kouga sonrió satisfecho y su sonrisa se distorsionó otra vez por el placer, bajó otra vez a besarle los labios a Kagome y su beso fue entrecortado, tanto por los movimientos incesantes como por los inagotables jadeos que ambos soltaban.

El chico apretó con su brazo su cintura y con el otro su cuello y la inmovilizó para él. Fueron cuatro o cinco envestidas más, Kagome no pudo contarlas, cuando el placer se desbordó en ambos, ella con un gemido apaciguado entre sus labios y la humedad deslizándose entre sus piernas, él, con un ronco gemido que no intentó ocultar y con su esencia aprisionada en el preservativo que había atinado a colocarse.

La azabache, con la respiración todavía arrítmica y con su cuerpo temblando, fue colocada suavemente en el suelo por su novio, que también necesitaba estabilizarse. Unos segundos pasaron en los que no pudieron siquiera verse, el silencio se hizo insoportable al haberse quedado sin sus gemidos y solamente ser quebrado por las respiraciones y algún par de insectos nocturnos que ya cantaban.

—¡Vamos, dense prisa o nos quedaremos sin lugares!— un grito de alguno de los grupos que llegaban casi retrasados al entrenamiento, los sacó de su burbuja de intimidad.

—De-debemos irnos— mencionó Kagome nerviosa mientras se preocupaba primero por colocarse sus bragas antes de reacomodar su sostén y su vestido.

El chico suspiró y tras deshacerse del preservativo, devolvió su miembro bajo sus ropas, sus ojos azules se fijaron en la nerviosa azabache.

—Fue delicioso, ¿cierto?— preguntó al abrazarla desde la espalda.

Kagome se removió buscando apartarlo para poder salir pronto de ahí.

—Si lo fue— aceptó comenzando a caminar directo a donde su bolso había quedado tirado minutos antes.

Él la detuvo y la hizo girarse a verlo —¿Y con Inuyasha?— preguntó de pronto helándole la sangre y desconcertándola.

—¿Qué?

El chico suspiró cansadamente y se llevó su mano libre a apretar el puente de su nariz.

—No pensabas que iba a guardarse ese secreto, ¿o sí?

En ese momento el concepto que tenía de Inuyasha se derrumbó y no le importó cuando su novio la estaba encarando; no supo si sintió vergüenza, miedo o decepción. Se quedó inmóvil frente a él.

—No quiero compartirte, Kagome— volvió a hablar el ojiceleste rompiendo o incrementando la tensión —. Sé que fui yo quien se interpuso, sé que algo sientes todavía por él, pero aun así… no quiero compartirte.

Ella se tragó el nudo en la garganta que le impedía hablar y negó despacio analizando todavía sus palabras.

—¿Desde cuándo lo sabes?— preguntó sin atreverse a verlo a la cara.

Él cerró los ojos y se rascó la cabeza incómodo —Realmente no importa— explicó —. Lo que quiero saber es que…

—¿Realmente no importa?— interrumpió ella molesta, estaba molesta cuando era él el que debería estar realmente indignado y furioso con ella.

Kouga guardó silencio y frunció el ceño al dedicarle toda su atención.

—¿No estás molesto?¿Indignado?¿No quieres terminarme y mandarme al infierno?— reprochó. Ella todo ese tiempo se había sentido mal por fallarle y él se lo tomó con demasiada filosofía; era estúpido, debería estar agradecida pero lejos de ello, se sintió indignada, no valorada o peor, no querida.

—Kagome, te estoy diciendo que…— habló él con la seriedad que en pocas situaciones solía mostrar.

Ella se abrazó a sí misma y controló un movimiento nervioso de sus piernas.

—¿Por qué razón sales conmigo?¿Por qué quisiste salir conmigo desde un inicio?

—Porque me gustas.

Ella negó en silencio sin poder creer del todo en esa sencilla afirmación.

—Y ni siquiera estás molesto— volvió a mencionar lo que la molestaba.

—Kag… nos estamos saliendo del tema…

—No quiero hablar de eso— fue tajante —. Tienes razón, eso ocurrió porque no sabía lo que sentía con respecto a Inuyasha— aceptó controlando su molestia —; pero ahora no sé qué demonios sientes tú.

Él frunció el ceño.

—Kagome— la nombró y tragó ligeramente.

—Vámonos, ¿quieres?— pidió ella antes de que él la abrazara.

—¡Ah, joder!— mencionó Kouga al verla adelantarse. Se había prometido no reclamarle nada, pues seguro eso era lo que Inuyasha pretendía, eso, y además que también se sentía culpable por haberla presionado cuando recién terminó su noviazgo con el imbécil de Inuyasha, aunque nunca pensó que Kagome lo vería de esa forma.

Las mujeres eran extrañas.

La azabache levantó su mochila sintiéndose todavía indignada y sintió a su novio seguirla a la distancia, ella atravesó uno de los arbustos que anteriormente habían cruzado para salir de ese jardín.

—Demonios— mencionó casi molesta al atorarse su vestido en una rama seca —. Estúpido vestido— dijo y lo jaló, lo cansada que se encontraba y la fuerza innecesaria que usó la hicieron trastabillar —. ¡Mierda!

—¿Estás bien?— una suave voz la hizo voltear.

Kagome sintió que dejó de respirar al reconocer a esa chica pelirroja y de ojos verdes que la veía con preocupación.

—Ah… s-sí— aseguró colocándose derecha y alisando su cabello.

—¡Kagome, espérame!— la varonil voz de Kouga solo tensó más a la azabache.

—Kouga…— la melodiosa voz de la pelirroja sonó con menor intensidad al ser cubierta por las burlas de un último grupo de chicos que se dirigían a la entrada del pequeño estadio.

—Oh, Ayame, ¿qué tal?— saludó el ya despreocupado oji celeste al saltar los arbustos.

La de ojos verdes asintió —Bi-bien… ¿qué hacían?

Kagome enrojeció —Nada, ya nos íbamos— dijo y se apresuró a marcharse.

Ayame la vio con el ceño fruncido y llevó su mirada al que era el chico de sus sueños. Kouga suspiró.

—Si te digo que lleva prisa, ¿me crees?— dijo y sonrió socarronamente al rascar su nuca, Ayame era su amiga y conocía muchos detalles de su relación con Kagome.

Ya bajo la luz de las altas lámparas colocadas en los postes que acompañaban los distintos caminos del estacionamiento hasta la entrada del estadio, Kagome caminaba maldiciendo su mala suerte, estaba segura que Ayame había entendido ya lo que ocurrió entre ella y Kouga.

—No, si más estúpidos no pudimos ser— se dijo desanimada y viendo sus pies al avanzar, caminaba despacio esperando por que Kouga le diera alcance y ver si logró negar lo evidente con aquella pelirroja.

—En eso debo darte la razón— esa varonil voz a su espalda la paralizó.

El chico de larga trenza dejó escapar de sus labios el humo del cigarrillo que había estado fumando, y con esa sencilla oración obligó a la distraída chica a voltear a verlo.

Kagome maldijo al cielo y al infierno por hablar en voz alta y por no haber visto a ese tipo que bien podría ser su pesadilla personal.

—No te metas en esto— le advirtió logrando ocultar su bochorno y mostrando esa intolerancia natural que le tenía.

Bankotsu sonrió de medio lado al lanzar su cigarrillo varios metros lejos de él.

Kagome vio con desaprobación ese acto.

—¿En qué? — preguntó el joven al levantarse del cofre de su auto, lugar donde había estado recostado desde hacía casi diez minutos cuando había llegado, al interesarle poco –a diferencia de sus compañeros- el estúpido juego de futbol.

Ella achicó los ojos, no pensaba caer en su juego y confesar lo que ya sabía que él sabía.

—No es tu asunto— le dejó claro al acercarse a él —. Sea lo que sea que supongas, yo estaba con mi novio— hizo recalcar ese título ganándose una mirada de medio lado del chico de ojos fríamente azules —, y te repito, no es de tu incumbencia— finalizó y se giró.

Él sonrió de medio lado.

—No sé por qué lo dices como si me importara— mencionó tan despreocupado que de nuevo la hizo detener sus pasos.

Kagome frunció el ceño sin entenderlo —¿Entonces para qué demonios lo mencionas?

—¿El qué?— volvió a cuestionar el chico al llevar sus ojos a ella, Kagome guardó silencio y lo vio tan molesta que él sonrió de medio lado, ella lo divertía, así que terminó por encogerse de hombros — Yo sólo escuché la palabra 'estúpidos' y tú de por medio, así que no pude más que estar de acuerdo contigo.

La azabache abrió la boca indignada y controló el temperamento que siempre la acompañaba, lo que menos necesitaba en ese momento era una escena con ese engendro del mal, que expusiera más su presencia en el lugar. Maldito fuera Bankotsu.

—Eres un reverendo idiota— dijo cargando de molestia su intento de voz discreta.

Él sonrió arrogantemente al volverse a sentar en el cofre del vehículo.

—Y tú una chiquilla simplona y poco atractiva— soltó sin mucho interés, pero golpeando fuertemente en el susceptible ego femenino.

Ella abrió la boca grandemente y sus manos y labios temblaron en un intento de decir algo medianamente inteligente, pero no pudo, no cuando Kouga se aproximaba a ellos.

—¿Qué ocurre?

Kagome bufó molesta y se dio media vuelta ofendida —Nada. ¿Qué demonios va ocurrir?— mencionó y los que antes eran unos pasos suaves al interior del estadio, se volvieron grandes zancadas.

Kouga llevó sus desconcertados ojos a Bankotsu y éste le devolvió una mirada gélida.

El chico de ojos celestes se marchó de ahí comprobando lo que ya creía, Bankotsu era un cretino y alguien con quien no le interesaba mantener contacto alguno… lo que no le gustó en absoluto fue ver a Kagome con él. Esa misma noche se enteraría qué demonios hacían platicando, que tolerara su indecisión con Inuyasha era una cosa, verla o saberla con otro, era algo que no podía tolerar.

—Es un imbécil— se aseguró el frío ojiazul al momento de volver a su coche y encenderlo dispuesto a marcharse de ahí, sus amigos deberían tomar un taxi, pues él no era chofer de nadie y no pensaba esperar las casi dos horas que el estúpido juego duraba.

El moreno salió del estacionamiento al mismo tiempo que veía al chico Wolf entrar por una puerta secundaria al estadio.

Él era un imbécil y Kagome, como le había dicho, le parecía una chica simple, pero aun así, disfrutaba molestarla y no le gustó mucho darse cuenta de lo que esos dos habían estado haciendo.

—Joder…

Continuará…


Tercer capítulo arriba... Aquarius :( este fue el encuentro salvaje xD jajaj como que no quedó tan salvaje como imagino querías, pero juro que sí me estresé en este capítulo, no sabía cómo juntarlos -sexualmente- sin que Kag pareciera ligera de cascos :v jajaj sorry, espero que te haya gustado (:

Sigo en minutos con el siguiente capítulo ñ.ñ

Besos.