Hola, bienvenidos.
Música usada en el capítulo, que pido la coloquen cuando vean el numerito :3 solo si quieren, claro está, para ambientar la escena. Aumenten el youtube al inicio.
1. Highway to Hell — AC/DC : /watch?v=qKggnBh2Mdw
2. End of Day — Blue Foundation : /watch?v=fk00lkHg0JE
Capítulo 3 — Reflexión
Edward no estaba bromeando, apenas Erick nos desató, se lanzó a tomarme en brazos, directamente del asiento. Mandó a volar los audífonos y micrófonos mientras de mi garganta salían ligeras risitas, viendo el desespero en sus actos. Mis brazos rodearon su cuello para acercarlo y devorar sus labios.
—Así que vas a follarme sin compasión ¿Eh? —Lo provoqué, mordiendo su labio inferior juguetonamente. No dijo nada, con paso apresurado caminó hasta el laberinto de espejos.
—Hey, hey, Edward, detente un momento —le dije cuando hubimos llegado a la puerta de entrada.
—Bella, no estoy para más juegos. —Gruñó sobre mi cuello. Sonreí mientras me apartaba y me bajaba de sus brazos para luego abrazarme posesivamente, acercándome a su cuerpo, haciéndome sentir la dureza de su entrepierna. Tomé su cabello entre mis dedos y lo besé ferozmente, antes de apartarme definitivamente.
—Pues yo sí —dije, fuerte y claro, mientras me escapaba de sus manos en mi cintura y empezaba a correr hacia dentro. Me paré unos metros más allá para ver que Edward se había quedado petrificado en su sitio.
—Hey, guapo —grité con una sonrisa jugando en mis labios, llamando su atención. Cuando hubo conectado sus hermosos e hipnotizantes ojos con los míos, le mandé un beso volado. Su mirada y su expresión de total desconcierto me hicieron pegar una carcajada—. Si, tú, ¿qué esperas para alcanzarme y hacer realidad tu promesa? —sonrió y sus ojos esta vez se iluminaron con un brillo divertido y perverso, que realmente me dio miedo cuando con dos zancadas casi me alcanza.
Logré escabullirme, pero estaba segura de que me estaba dando tiempo para correr, con la risa histérica en la que estaba sumida las piernas me fallaban.
Miré para todos lados, encontrando mi reflejo en cada espejo que me rodeaba, la imagen de esa mujer no parecí ser yo, mi expresión entre divertida y excitada, con los ojos ardiendo en un brillo devastador. Dejé de pensar y de verme en los espejos, sentía que debía seguir corriendo.
Estaba perdida. Mi respiración agitada y la adrenalina que aún corría por mis venas me hacían moverme de un lado para otro.
—Bella. —Escuché a su voz gutural muy cerca de donde estaba.
—No me vas a alcanzar, macho en celo —grité antes de soltar una carcajada, con el firme propósito de que descubriera donde estaba, pero por otro lado quería seguir escapando, esto se estaba volviendo cada vez más interesante.
Cuando encontré por donde seguir huyendo me lo encontré de frente, reflejado en los espejos, Edward's incontables me miraban desde el otro lado, con esos ojos ardientes, cargados de deseo.
Cerré mis piernas por puro auto reflejo, sintiéndome nuevamente húmeda; moví un poco mis muslos para causar un poco de fricción, la que tanto necesitaba. Me mordí el labio y cerré los ojos.
—No tuve que alcanzarte, querida —murmuró. Sus labios moviéndose tan sincronizada-mente para articular esas palabras se veían tan provocativos, que verlo en tantos reflejos me causó una oleada de calor intensa, más intensa de lo que alguna vez pude imaginar.
Nunca me habían interesado las orgias, ni en mis más alocados sueños pervertidos lo había imaginado, pero verlo reflejado en tantas partes… mi mente se alucinó con la idea de tener a todas esas manos perfectas, todos esos labios sobre mi cuerpo, mientras cada uno me devoraba y mis manos avariciosas queriendo tocar todo a la vez, pasando mis dedos por su pecho tan masculino. Estaba segura de que si hubiera la posibilidad de clonar a Edward, me volvería una adicta a las orgias, como lo estaba empezado imaginar en este momento.
Edward rió con malicia desde el reflejo, con esa arrebatadora sonrisa torcida, mientras se llevaba una mano a su hincada erección y empezaba a masajear el bulto sobresaliente en su pantalón. Jadee, quedándome sin aire por un momento. Sus dedos deshicieron el botón y con gran lentitud empezaron a bajar la cremallera, solo lo justo para poder apreciar como al ser liberado, el bulto se notaba claramente mucho más grande sobre la delgada tela de la ropa interior. Me mordí el labio.
—¿Querías jugar, Bella? —estaba totalmente quieta en mi sitio, sin tener ni poder decir nada. Sus manos subieron sensualmente por su torso, acariciando sus pectorales marcados y bien trabajados. Buscó rápidamente en el bolsillo trasero de su pantalón, sacando enseguida su celular, me guiño uno de sus ojos y jugueteó rápidamente con las teclas para segundos después colocar una canción (1), que llegó en ondas seductoras hasta mis oídos y se mezcló en mi cuerpo. La reconocí de inmediato, era Highway to Hell.
Colocó el aparato en el piso mientras se daba la vuelta para hacerme apreciar su redondeado trasero, mientras lo contoneaba al son de la batería, haciendo un striptease para mí. Se quitó de un solo movimiento de hombros la camisa la cual se deslizó con lentitud por su espalda, y de un momento a otro dejó libres a mi vista sus musculosos brazos.
—Ahora es mi turno, es mi momento de jugar. —Empecé a dar vueltas en mi sitio, sintiéndome ansiosa por encontrar al Edward real y tocarlo, sentía que iba a enloquecer. Me acerqué al espejó y reflejo más próximo y empecé a pasear mis dedos por el cristal, imaginándome que su duro cuerpo estaba bajo mis yemas. Del otro lado del espejo se dio la vuelta y me encaró, sonriendo triunfal al ver lo que estaba ocasionando en mí.
—No me tortures. —susurré quedito, pero al parecer me escuchó porque su sonrisa se ensanchó para inmediatamente después regresar la labor a su entrepierna.
—Sé que te gusta mantener el control de las cosas —paseaba su mano por el contorno de los músculos de su pecho, incitándome y mordiéndose el labio—, pero esta vez está en tu contra. Te deseo, Bella, me muero por enterrarme en ti, por sentir como me envuelves, tocar tu cuerpo mientras se funde con el mío, besarte desaforadamente y a la vez con lentitud, demostrándote todo lo que siento. —Jadeó junto conmigo—. Pero quiero verte, quiero ver cómo te vuelves loca, tan loca como me vuelves tú a mí cada vez que juegas conmigo. —No pude pronunciar palabra alguna porque siguió masajeándose, mientras mis ojos se perdían entre sus manos y mi mente volaba hacia miles de imágenes, tocándolo, besándolo, mordiéndolo… —Eres mi camino al infierno y al paraíso al mismo tiempo, Bella —gruñó por lo bajo. En un momento inesperado se bajó el pantalón, se deshizo de zapatos y calcetines, y de una patada los hizo a un lado. Sus piernas, totalmente trabajadas y espectaculares me llamaban a recorrerlas con mi boca, mis dedos, mis pechos… el sonido de la guitarra eléctrica hacia estragos.
"Highway to Hell
Highway to Hell
Highway to Hell
Highway to Hell"
Me llevé una mano hasta la boca, humedecí dos de mis dedos y empecé un camino húmedo desde el contorno de mis labios, imaginando que eran los labios de Edward, los hice serpentear por mi barbilla, mi cuello hasta llegar a mi seno izquierdo para empezarlo a masajear sobre el vestido.
Edward por unos momentos más siguió con su labor, mientras me miraba deseoso antes de empezar a jugar con el elástico de su bóxer.
—¿Quieres venir y quitarme este estorbo, Bella? —asentí lentamente, entregándome totalmente a lo que él dispusiera de mí, era la primera vez que lo hacía, porque no podía llevarle la contra, no me sentía con la fortaleza suficiente, lo necesitaba tanto que estaba dispuesta a acceder a todo lo que me pidiera.
Con mi cuerpo totalmente caliente me apegué más al frio vidrio, logrando que esa temperatura me hiciera ruinas, mis pezones se endurecieron más, marcándose contra la tela del vestido y estrellándose contra el cristal. Rió con perversidad y él mismo se deshizo de su calzoncillo, haciendo que su pene saltara totalmente libre.
—Mira Bella, mira como me tienes. —No hacía falta que me dijera que lo mirara, mis ojos estaba totalmente abiertos, viendo cómo masajeaba con lentitud toda la extensión de su dotada masculinidad, arriba y abajo, desde la punta roma hasta la base donde apretaba ligeramente. Mi mano apenas alzaba a tomarlo, pero él lograba enroscarlo todo, con su inmensa mano celestial.
Cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás, gimiendo de placer, mientras en su frente se formaban unas arrugas. Me di la vuelta, apegando completamente la espalda contra la superficie del espejo, con mis ojos muy abiertos viendo cómo se reflejaba en incontables partes su escultural cuerpo. pasó la lengua por sus labios y mi voz salió suplicante
—Edward. —Casi grité, su sonrisa volvió, aún más ancha que antes y alzó la cabeza para mirarme.
—Ahora la que me tiene que encontrar eres tú. —dijo con la voz tan ronca que tuve que cerrar los ojos por un momento y tragar en seco. Las piernas me temblaban mientras me llenaba de fuerza y me paseaba por el lugar, tocando titubeante los espejos, tratando de encontrar al verdadero Edward. Pero el deseo me estaba volviendo tan débil que mis intentos eran en vano, cerré los ojos, bajando la cabeza y apoyando una mano en el espejo, totalmente jadeante. Sentí mis mejillas totalmente encendidas y mi labio hinchado por la fuerza de mis dientes al morderlo.
Abrí los ojos, encontrándomelo nuevamente en el reflejo, masajeando su erección mientras me miraba con ojos llenos de fuego. Mi mano por instinto se fue a mi intimidad, intentando mitigar el deseo de fricción que me inundaba. Cerré los ojos nuevamente ante el contacto mientras imaginaba que era Edward quien me tocaba.
—Bella —gruñó muy cerca de mi oído, mientras sentía como con ferocidad me estrellaba contra el espejo y pegaba su pecho a mi espalda. Pude sentirlo entrillándose contra mis nalgas. (2) En ese momento una nueva melodía se hizo escuchar, End of Day. Con sus sensuales notas me empecé a rozar en el cuerpo de él—. Por más que quiera, por más que lo intente, no soy tan fuerte como tú, no puedo resistir ver que te tocas de esa forma, y no correr a ser yo el que reemplace ese tacto.
—No quiero que seas fuerte, solo quiero que te rindas, me muero por tocarte, Edward, no más juegos —murmuré contra el espejo, dejando de masajearme, en esa posición era casi imposible lograr mantener mi mano entre el espejo y mi cuerpo. Sus manos se colaron bajo mi vestido y empezaron a subirlo con lentitud, el rose de la tela era torturante. Pero sonreí triunfante por obtener lo que más deseaba.
—Tu cuerpo es exquisito, amo saborearlo y tocarlo con lentitud, apreciando cada curva, cada poro, sintiendo como los pequeños bellitos que te cubren se erizan ante mí contacto. Bella, abre los ojos y mírate. —Ordenó, y no pude refutar nada.
Al abrirlos con los primero que me encontré fue con mis propios ojos, pupilas totalmente dilatadas, labios rojos e hinchados, mejillas sonrosadas, pelo enmarañado… pero inmediatamente él se robó toda mi atención. Me observaba desde el espejo, totalmente deseoso.
—Eres hermosa Bella, y me vuelves loco —dijo bajito. Me quitó por completo el vestido y pude sentir el frio del cristal sobre mi piel, logrando que la temperatura mandara un escalofrío por todo mi cuerpo. Besó y lamió toda la extensión de mi espalda, con sus manos masajeando mis pechos, haciendo suaves círculos en mis pezones, mientras las mías estaban sobre el espejo, tratando de sostenerme para no caer. Mis piernas a estas alturas estaban como gelatina.
Cerré los ojos y de repente sentí como tomaba una de mis piernas y la alzaba mientras con a otra mano me sostenía fuertemente de la cintura para de una fuerte estocada penetrare.
"And I will find a home
Because we love till the end
We love till the end of the day
Of the day"
Grité, de placer y de la impresión, pero más, de placer… lo necesitaba a sobremanera y sentirlo finalmente dentro era espectacular. Su cálida piel en contacto con la mía, mientras el sudor de nuestros cuerpos se mezclaba. Sus movimientos empezaron a ser más demandantes, mis senos y la parte delantera de mi cuerpo se estrellaban y aplastaba contra el espejo. Su mano en mi cintura se deslizó poco a poco por mi vientre, en un camino serpentino mientras sus dedos temblaban ligeramente hasta que ellos se abrieron paso por mis labios íntimos para encontrarse con mi clítoris, que lo empezó a masajear con ardor.
Abrí los ojos y la imagen más erótica que alguna vez pude haber visto se presentó ante mí. Edward, totalmente sumido en el placer, sus ojos cerrados y la vena en su frente mientras arremetía fuertemente en mí, y yo, con la expresión más pura de deseo, lo recibía con alegría.
Eché mi cabeza hacia atrás, encarando al cielo raso, llevando mi mano izquierda hacia su trasero para masajearlo e incitarlo a que se moviera más rápido, mientras la otra me seguía sosteniendo, disfrutando del placer que me brindaba. Hice mi cabeza hacia un lado, en busca de sus labios, que me encontraron enseguida y mientras nos fundíamos en ese hermoso acto la ola celestial de mi orgasmo llegó de repente, arrasando con todo a su paso, haciéndome cerrar los ojos con fuerza mientras mi cuerpo temblaba.
Pero estaba claro que él aún no terminaba conmigo.
Sus embestidas bajaron el ritmo, bajé la pierna casi a la fuerza para voltearme y encararlo, sintiendo por un momento su falta en mi interior… y ahí estaba, mi Edward real, por fin. Definitivamente los reflejos no le hacían justicia, el deseo y la excitación jugaron un papel muy bajo en mi contra. ¿Cómo no lo identifiqué antes? Me lancé a sus brazos e inmediatamente me recibió, enrosqué mis piernas en su cadera, sintiendo de golpe sobre mi humedad a su hinchada erección. Jadee sintiendo como me aprisionaba nuevamente contra uno de los tantos espejos y devoraba mi cuello. Tomé su cabello para alzar su rostro, perderme por un momento en sus profundos ojos, y besarlo, jadee, pasando dulcemente mi lengua por sus labios para encontrarme inmediatamente con la de él y fundirnos en un beso voraz.
—Te amo —susurró bajito sobre mis labios, con voz ronca. Abrí los ojos de sopetón para encontrarme con los de él, llenos de un resplandor nuevo. Nunca me lo había dicho de esa manera, siempre me decía que amaba estar conmigo, que amaba tocarme, sentirme, y ¡vaya!, yo también, pero nunca me lo había dicho de esa forma y eso me asustó por un momento y me llenó de felicidad al siguiente.
—También te amo, Edward —murmuré de regreso, mirándolo fijamente, sintiéndolo realmente, sintiendo que hace tanto tenía ganas de decírselo, pero el temor me podía más, la incertidumbre de que para él todo lo que hacíamos era una mera cuestión sexual. Debo confesar que puede que al principio lo haya hecho por deseo de su cuerpo, pero cada vez me enamoraba más y más de su forma de ser, de su bondad, caballerosidad. No podía negar que tenía defectos, como todo ser humano, pero las cualidades opacaban todo eso, y debía reconocer, también, que desde el inicio él se robó mi corazón.
Su sonrisa era impagable, volvió a besarme mientras sentía como su mano bajaba lentamente por mi espalda, para amasar mi trasero y finalmente llegar hasta su erección para guiarla nuevamente a mi interior, donde se deslizó con facilidad.
Edward encontró un ritmo nuevo, totalmente apasionado y fervoroso, estocada tras estocada me llevaba cada vez más alto, mi cuerpo ya de por sí sensible debido al primer orgasmo se sensibilizaba más, haciéndome sentir que tocaba las estrellas.
Miré al espejo de enfrente y la imagen de la espalda y trasero de Edward era impagable, la tensión de los músculos, totalmente sincronizados, moviéndose hacia mí, y los hermosos lunares que adornaban su espalda, a cada uno lo adoraba.
—Edward… —gruñí, avisándole que estaba a punto de llegar. Arremetió con ímpetu mientras mi espalda colisionaba salvajemente contra el espejo, no entendía como no se había hecho añicos, y la verdad eso no me importaba. Me abracé fuertemente a él, sosteniéndome por sus hombros y mezclando mis dedos en su sedoso cabello, enterrando mi rostro entre su cuello, absorbiendo el delicioso aroma que de su piel brotaba en estos momentos de éxtasis, dejando un pequeño mordisco en su hombro, rodeándolo con más fuerza con mis piernas, enterrando mis talones en sus exquisitas nalgas, mientras me apretaba y lo envolvía en mi interior, sintiéndolo mucho más duro, mucho más caído en el momento en que un fuerte y devastador orgasmo me atravesaba, y me quemaba desde la punta del dedo más pequeño del pie, hasta el último de mis cabellos—. Cullen. —Mi grito ahogado retumbó por todo el sitio, llevando mi cabeza hacia atrás, sintiendo los temblores propios sobre mi cuerpo. Mi respiración estaba agitada mientras lo sentía aún moverse dentro de mí.
Abrí los ojos con dificultad, realmente me costaba, pero no podía perderme este espectáculo. Su rostro totalmente lleno de goce, sus ojos cerrados fuertemente y respiraciones dificultosas escapando por la hendidura que dejaba su boca mientras se mordía el labio.
—Mírame. —ordené, a lo que inmediatamente obedeció. Lo besé ferozmente, con nuestras miradas conectadas en todo momento, el brillo en las pupilas de sus verdes ojos era devastador.
Entregue todo de mí en ese acto, para momentos después sentir como se tensionaba sobre mi cuerpo, cerraba los ojos, me dejaba de besar por un momento, atrapando mi labio inferior, mientras su cálida esencia me llenaba con fervor.
—Isabella. —Un gruñido gutural salió de su pecho, llenando a mis oídos de dicha, realmente amaba a este hombre, saber, mediante esto, que yo lograba hacerlo gozar así como él a mí, me inundaba de satisfacción y al ver sus facciones de total entrega y pasión me daba la certeza de que era mío, y eso hacía que mi corazón brincara.
Nuestras ropas habían caído en un descuidado montón, así que después de recobrar un poco las respiraciones, Edward fue el encargado de llevarme y recostarnos sobre las telas, abrazándome y cubriéndome con su cuerpo mientras una de mis piernas se enroscaba con las suyas.
Besé su pecho desnudo y me abracé más a su cuerpo, mientras respiraba tranquilamente y disfrutaba del sonido de los latidos de su corazón, que poco a poco se fueron normalizando.
—Me encantas Bella, nunca sé que esperar de ti y eso me mantiene a la expectativa. Me sigo preguntando el cómo se te ocurrió hacer esto. —reí bajito.
—Tú eres el responsable. —Lo acusé.
—¿A sí? ¿Y yo, por qué? —respondió juguetón.
—Sí, por ser tan malditamente sexy, caliente, follable…
—Hey, hey, para ahí, que me vas hacer sonrojar, y a mi ego subir hasta niveles inimaginables. —Se carcajeó y lo hice con él mientras besaba el tope de mi cabeza.
—Pues creo que eres totalmente consciente de ello, Cullen. —Dos de sus dedos tomaron mi mentón para alzar mi rostro y hacer que lo mirara.
—Lamentablemente para ti, sí soy consciente de que te vuelvo loca, pero no más de lo que tú me vuelves a mí, Isabella. —Su ronca voz pronunciando mi nombre fue el detonante para besarlo con ahínco, y empezar nuevamente el ritual en el que tan bien nos desenvolvíamos.
Y lamentablemente para él, yo también era consciente de que lo volvía loco, y no pensaba parar de hacerlo, porque amaba a mi loco Edward.
Bien, espero que les haya gustado el capítulo, creo que no demoré mucho ¿verdad? Espero sus opiniones de lo que les pareció. Sinceramente pido disculpas por los errores que tenga, me duele mucho la cabeza pero intenté hacer todo a mi alcance :3
Gracias infinitas a mí querida Vicko por su recomendación musical. E infinitas gracias a ustedes por sus reviews, alertas, favoritos, por sus visitas clandestinas a leer :D es un pago verdaderamente genial.
Y por último, les comento que estoy nominada en los premios de FFAD, como mejor OS, con mi os FÁBRICA DE HUMANOS, las invito a pasar a leerlo si aún no lo hacen, y si les gusta a dejarme un MG en el grupo de las votaciones en facebook. GRACIAS.
Nos leemos pronto
Beijos
Merce
