Hooolaaaa! Bueno, pues aquí os dejo el tercer chapter! Espero ke os guste, aunke sea mas cortito y un poco menos aburrido... pero eske no he podido hacer otra cosa, ya que para hacer que comience la historia de verdad (jijiji) tiene ke ser de momento un poco aburridilla...

Ah! tambien tengo ke decir ke casi al final del capitulo se me ha estropeado el teclado, y hay muchos signos como por ejemplo los acentos ke no podia ponerlos... Lo sientoo!

Bueno, espero ke os gusteee!

Saluuuuudooooos! Muuuuchos muuuuchos muuus!!

Me senté en la cama y pensé en como me había ido la tarde. ¿Sería una señal? ¿Sería al comienzo de una desastrosa vida en ese nublado pueblo? No sabía ni en que pensar ni que hacer, y ahora que Carlisle y Esme habían salido a conocer el pueblo le quedaban muchas horas de soledad.

- Bueno, primero de todo voy a lavar las zapatillas y el pantalón... que no estoy muy agradable – dije en voz alta hablando conmigo mismo.

Las horas fueron pasando mas rápido de lo que yo pensaba, cosa que hizo que me alegrara enormemente. En unas horas mas podríamos mudarnos a la nueva casa, a nuestra casa, y eso comenzaría una etapa de luz en esta ruta de excrementos de perro.

Carlisle y Esme volvieron media hora después de que yo terminara de limpiar y asear todas las cosas que habían sufrido algún tipo de accidente en esa misma tarde.

Ambos entraron en la habitación del hotel con una gran sonrisa en la cara.

- Es precioso este pueblo – dijo Esme ilusionada.

- La gente es realmente amable, y hay tiendas por todas partes – añadió Carlisle igual de contento.

No podía entender esa emoción que recorría sus rostros. A mi la tarde me había ido fatal, y no comprendía la suerte que estaban teniendo ellos.

- Me alegra que lo hayáis pasado bien – contesté sin apenas entusiasmo.

De pronto, vi que Carlisle comenzaba a sacar sus mudas de la pequeña cómoda y las metía una a una en su mochila. Una pequeña esperanza recorrió mi corazón al pensar que quizá eso podría significar que se marchaban a la casa nueva.

- Venga Edward, prepara tu mochila que nos vamos en diez minutos – dijo Esme.

- ¿Nos vamos? ¿Ya? - pregunté enormemente esperanzado.

- En... ocho minutos exactamente – contestó Carlisle sonriendo.

Me apresuré a hacer la maleta y en menos de dos minutos la tuve hecha.

La verdad es que todos estabamos enormemente ilusionados con el desplazamiento a la nueva casa, pero sobretodo el que desbordaba mucha mas ilusión era Edward, ya que así podría librarse de Mikel.

Veinte minutos después las puertas de la casa se abrieron mostrando el interior de la casa, que, aunque ya lo habían visto una vez, se sorprendieron de nuevo al ver lo espaciosa que era.

- Edward, escoge dormitorio – dijo Esme acariciándole el brazo.

Acepté rápidamente la petición de Esme y subí en cuanto pude al piso de arriba. Tenía un pasillo muy largo, todo lleno de cuadros perfectamente pintados. Desde el principio del pasillo se podía distinguir tres habitaciones.

Decidí entrar en la primera que me encontré y resultó ser un baño, aparentemente pequeño pero también espacioso. Después de inspeccionar el baño decidí entrar en la segunda habitación, que en este caso se trataba de una especie de despacho. En él tan solo había una mesa vieja y gastada y una silla de igual aspecto. En cuanto ví esos viejos muebles pensé rápidamente en darles una buena capa de pintura, cosa que haría que quedase como nuevo. Y por último, la tercera habitación. Esa era la importante. Se trataba del dormitorio, el único dormitorio que se encontraba en el segundo piso, ya que los otros dos estaban situados en el primer piso.

- Es perfecta.

Me sentí enormemente felíz al ver el lugar que me había tocado. Por supuesto, pensaba quitar la cama, y allí situaría seguramente un sofá o algo que me dejara gran espacio para poder pasar allí parte de mi tiempo.

De pronto, mientras miraba la habitación con sumo detalle, escuché el sonido del timbre. ¿Quién podría ser si no nos conocía nadie?

- ¡Voy yo! - gritó Esme desde el primer piso.

Me apresuré a bajar en cuanto escuché que Esme abría la puerta. Me tenía realmente intrigado saber quien podría ser, así que después de reconocer que por primera vez había podido en mi la curiosidad y las ganas de cotillear, bajé.

- Hola, soy vuestra vecina – dijo amablemente una voz de mujer.

- Hola, encantada, nosotros somos los Cullen – contestó Esme – pero, pasa, pasa.

Me acerqué a la puerta y le extendí la mano a la nueva vecina. De pronto, pasó algo que me dejó un tanto descolocado. La mujer se acercó rápidamente a mí y me abrazó amistosamente.

- ¡Si tenéis un hijo adolescente! - dijo conn gran ilusión – yo también tengo una hija de tu edad, quizás acabéis siendo buenos amigos.

- Sí, claro, todo puede ser – dije intentando ser lo mas simpático posible.

- La mujer que parecía algo distraída ya que miraba constantemente de aquí para allá, entró dentro de casa y se sentó en uno de los sofás del comedor.

- Bueno, y me has dicho que eres la vecina de al lado, ¿no? - preguntó Esme que en menos de cinco minutos había preparado café para uno y había sacado unas pastas.

- Sí, justo la de la casa de al lado. La que tiene el jardín lleno de enanos de porcelana – contestó con ilusión.

- De pronto, vi algo que me llamó enormemente la atención. Esme acababa de llevarse una pasta a la boca. La miré esperando ver su reacción, ya que para nosotros era como comer un puñado de tierra.

- Esto... ahora... ahora vuelvo – dijo Esme al comenzar a hacerle efecto el sabor a tierra.

La vecina asintió con la cabeza con una gran sonrisa y Esme salió hacia el baño rápidamente.

- Bueno, y tu eres... ¿Edward? - preguntó ella intentando comenzar una conversación.

- Sí, soy el único hijo que tienen – contesté casi sin creer lo que estaba diciendo.

- Pues tienes que conocer a mi hija... espera, que la llamo.

Antes de que pudiera reaccionar, la vecina salió a gran velocidad al jardín y comenzó a dar gritos.

- ¡Amelia! ¡Amelia, ven! - comenz'o a gritar.

- No, no hace falta que... que grite.

Intente no ponerme a su altura y no comenzar a gritar, pero de pronto sucedi'o algo que me saco de mis casillas.

- Tu... - dije mirando a la chica.

- Oh dios mio – dijo separando las palabras.

- Genial, esto va a ir genial.

Me acordaba perfectamente de ella. Bueno, para ser sinceros, me acordaba mas de sus gritos, de la peor tarde que habia pasado en mi vida y por supuesto, del excremento de perro.