Inolvidable Terry

(3)

LA CARTA

Canulita Pech

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Las horas se convirtieron en días, los días en semanas y luego de un largo y angustioso mes, el plazo que Terry se había propuesto, en espera de esa carta, finalizó.

Para el orgulloso muchacho todo estaba más que claro, Candy, "su Candy", aquella muchachita pecosa que le había dado los días más alegres de su vida, había tomado su propio camino y para su desgracia no era el mismo que el suyo.

Abrumado por un sinfín de sentimientos, el gallardo joven tomó su boina, así como su rompe vientos, y salió a dar un paseo por las obscuras y desérticas calles de la ciudad.

Terry caminó y caminó sin rumbo fijo, intentando aclarar sus confusos pensamientos, hasta que, sin darse cuenta, llegó hasta el teatro de la compañía Stratford. La idea de entrar al edificio resonó con fuerza en su cabeza, pero antes de hacerlo sacó su reloj del bolsillo, descubriendo así que ya pasaba de la media noche. Indeciso, el castaño permaneció de pie frente a la puerta por algunos minutos, meditando entre ingresar al recinto o regresar a casa de su madre.

Al final optó por la primera opción.

Por fortuna no le costó ningún trabajo convencer al velador para que lo dejara pasar, después de todo, el sexagenario que resguardaba el edificio conocía de sobra el gusto del actor por practicar sus diálogos en completa soledad.

Una vez adentro, el muchacho se dirigió hacia el gran escenario y sin perder el tiempo comenzó a recitar aquellas líneas que conocía de memoria.

- "El amor es un humo que sale del vaho de los suspiros; al disiparse, un fuego que chispea en los ojos de los amantes; al ser sofocado, un mar nutrido por las lágrimas de los amantes. ¿Qué más es? En una locura muy sensata, una hiel que ahoga, dulzura que conserva."

Decenas de frases sucedieron a la primera, cada una expresada con el mismo sentimiento, con el mismo amor, con el mismo dolor. En medio de su desgarradora interpretación, un par de lágrimas solitarias trazaron un sendero a través de sus mejillas y en un gesto dramático, Terry se lanzó de rodillas al suelo, maldiciendo su propia suerte.

- ¿Qué acaso estoy condenado a morir solo? ¿Esto es todo lo que tienes destinado para mí? – Gritó mirando hacia el cielo, pero no obtuvo ninguna respuesta, más que el sonido de su propio eco.

Frustrado, el castaño dejó caer su cuerpo al piso y fue entonces cuando la imagen de esa triste despedida, en las escaleras de aquel lúgubre hospital, llegó a su mente.

El joven actor comprendió que no podía culpar a Candy por no responder a su misiva, ya que si había un culpable en esa historia, ese era él, que la había dejado ir aquella fría noche de invierno; él, que había preferido agonizar lentamente al lado de esa egoísta mujer que ahora yacía en su lecho de muerte.

Era gracioso que hasta la propia Susana, al ver el deplorable estado en el que se encontraba aquella noche, le había sugerido que la alcanzara; pero él, fiel a su estúpido honor, prefirió quedarse ahí, sintiendo como su alma y su corazón, se iban detrás de ella.

- Sí, yo me merezco eso y más – Murmuró lleno de resignación y motivado por esa nueva revelación, se levantó del suelo y se secó las lágrimas que aún permanecían tibias sobre su rostro. Una vez de pie, se prometió a sí mismo que nunca más se dejaría vencer por la adversidad y que si su destino era vivir en soledad, lo enfrentaría con valor.

Sin más por hacer en ese sitio, Terry se dio a vuelta y comenzó a caminar hacia la salida del teatro sin percatarse de que, en la penumbra del recinto, alguien había presenciado la mejor interpretación de su vida y mientras observaba como el muchacho se desvanecía entre las sombras, una sonrisa traviesa se dibujaba en sus labios.

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A través de la ventana, una joven de ojos esmeralda observaba con fascinación el camino nevado que la llevaría de regreso al hogar de Pony, habían pasado cuatro meses desde la última vez que estuvo ahí y de verdad extrañaba esa sensación de confort que solo podía proporcionarle ese lugar.

A principios de agosto, Albert le había propuesto que lo acompañara en su último viaje del año y aunque ella se negó rotundamente, excusándose en todas las obligaciones que tenía que atender, al final terminó aceptando ante la insistencia de sus madres, Annie, Archie y el doctor Martin, quienes en complicidad con su querido amigo, deseaban que ella saliera de esa pequeña burbuja que había construido alrededor suyo

La rubia no podía quejarse, el viaje había resultado ser mucho más maravilloso de lo que esperaba, no solo por la cantidad de países que había visitado durante su larga travesía, sino por la agradable compañía que tuvo a su lado. Pero lo cierto era que, a pesar de haber conocido lugares excepcionales, ninguno de ellos se comparaba con ese pequeño rinconcito de amor que se ocultaba entre las montañas.

Cuando el auto se detuvo frente a la reja de madera, un tropel de niños de todas las edades salió disparado a recibirla entre empujones, gritos y manotazos.

- ¡Candy! – Gritaron todos al unísono, completamente emocionados de volver a verla y se abalanzaron hacia ella, haciendo que cayera de espalda sobre la nieve.

- ¡Niños, compórtense! ¿Qué creen que va a pensar nuestro invitado de nosotros? – Gritó la hermana María con voz firme, logrando así que todos los pequeños se quedaran quietos al instante.

Ante tal cuestionamiento, el caballero que acompañaba a la joven enfermera esbozó una imperceptible sonrisa, para luego acercarse hasta donde ella se encontraba, con el fin de ayudarla a levantarse.

- Muchas gracias, George – Expresó ella, mientras se sacudía la nieve del vestido.

El inexpresivo hombre asintió moviendo la cabeza y luego prosiguió con su tarea de bajar las maletas del auto, llevándolas hasta la entrada de la casa.

- ¿Gusta pasar a tomar una taza de chocolate caliente? – Le preguntó la señorita Pony, al ver que George se frotaba ambas manos.

- Le agradezco mucho la invitación, pero temo que tendré que rechazarla. Todavía tengo que viajar hasta Chicago para terminar unos pendientes que me encargó el señor William.

- Que pena, estoy segura de que le habría encantado el chocolate de la hermana María – Respondió la mujer, con pesar.

- En otra ocasión será. Ahora si me disculpa, tengo que retirarme.

Él se despidió haciendo una pequeña reverencia y regresó al auto para emprender el camino de vuelta.

-Por cierto, el señor William me pidió que les informara que ha dispuesto todo para que la celebración de Noche Buena se realice aquí; en un par de días comenzaran a llegar todo lo necesario para el festejo.

Al escuchar esas palabras, todos los niños comenzaron a brincar de emoción. El año anterior el festejo se había realizado en la mansión de Lakewood y aunque era un lugar hermoso, ellos preferían pasar la Navidad en su hogar.

Cuando el carro desapareció en el horizonte, Candy se apresuró a abrir una de sus maletas, la cual estaba llena de regalos para cada uno de los habitantes de esa casa. Empezó por entregarles sus juguetes a los más pequeños y cuando todos los niños recibieron su parte, salieron corriendo en diferentes direcciones para comenzar a jugar entre ellos.

La repartición finalizó en el comedor, donde la joven entregó sus dos últimos obsequios: un hermoso mandil bordado para la señorita Pony y un molinillo de madera para la hermana María.

- Nosotros también tenemos algo para ti – Musitó la mayor de sus madres, levantándose de su asiento.

- Espero que sean galletas de jengibre – Bromeo la rubia, mientras veía como la señorita Pony sacaba algo de una de las gavetas de la vitrina.

- Es mucho mejor que eso – Contestó la hermana María, sin lograr retener una risita traviesa.

Candy comenzó a preguntarse qué podía ser mejor que sus galletas de jengibre y justo cuando su mente comenzaba a divagar buscando la respuesta, un sobre fue colocado sobre la mesa, haciendo que el corazón de la joven se detuviera al ver el remitente del mismo.

Con manos temblorosas sacó la hoja de papel de su envoltorio y comenzó a leer las escuetas frases que estaban plasmadas en ella. Al comprender el significado de esas palabras, sus ojos se llenaron de lágrimas y en un murmuro, el nombre de aquel que tanto había amado se le escapó de los labios.

- ¡Terry!

Continuará…


HOLA CHICAS LINDAS, BUENO PRIMERO QUE NADA LES AGRADEZCO INFINITAMENTE POR SEGUIR ESTE PEQUEÑO EXPERIMENTO, AL MENOS YO NO ESPERABA QUE TUVIERA TANTA ACEPTACIÓN. GRACIAS.

SEGUNDO, LES QUIERO HACER LA ATENTA INVITACIÓN PARA UNIRSE AL GRUPO DE AUTORAS DE CANDY Y TERRY.

ACTUALMENTE ESTAMOS LLEVANDO A CABO UNA DINÁMICA DE NOMINACIÓN A LOS MEJORES FICS DEL 2018 (POR ESTA OCASIÓN SOLO ESTARÁN CONTEMPLADOS LOS FICS DEL CASTAÑO) ASÍ QUE LES DEJO EL LINK DEL GRUPO, PARA QUIEN GUSTE APOYAR A SU ESCRITORAS Y FICS FAVORITOS, PUEDA HACERLO.

www(punto)facebook(punto)com(diagonal)groups(diagonal)2177855165863125(diagonal) SOLO SUSTITUYEN LA PALABRA EN EL PARÉNTESIS POR EL SIGNO DE PUNTUACIÓN QUE SE INDICA.

LES MANDO UN SALUDO GRANDE Y FUERTE A TODAS USTEDES, NO CREAN QUE ME HE OLVIDADO DE MI OTRO FIC. JUSTAMENTE AHORITA, EN ESTE PRECISO MOMENTO, ACABO DE RECIBIR EL ARCHIVO DE MONSE (JAJAJA, DE VERDAD) ESPERO PUBLICARLO POR LA TARDE O A MAS TARDAR MAÑANA TEMPRANO.

ESPERO QUE LES GUSTE ESTE CAPÍTULO, QUE TENGAN UN EXCELENTE DÍA.

NOS LEEMOS PRONTO.