My Lost Memories
Autora: YukaKyo
Serie: Inuyasha. Y pertenece a su respectiva autora.
Pareja: Sesshoumaru x Kagome
Categoría: Romance, Drama, Angst, Tragedy, Death.
Extra: Al final de capítulo, un breve diccionario.
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CAPITULO TRES. — Aun queda una semilla
Definitivamente, estaba furiosa…
Un aura roja rodeaba casi por completo su cuerpo, mientras caminaba a pasos agigantados sin prestarle atención a nada con lo que se cruzaba. La pequeña gatita de dos colas salió corriendo a saludarla con su ya muy conocido maullido gatuno, pero fue pasada de largo sin siquiera brindarle una mirada. Las fuertes pisadas de Kagome incluso, quedaban marcadas en el suelo y el pequeño Shippo, no tuvo que llegar hasta ella, para saber que era mejor no acercársele.
Cuando Inuyasha la molestaba y se enfadaba por ello, era mas seguro y muy recomendable, permanecer lo mas alejado posible de ella.
¡Vamos tal vez ni Naraku intentaría amenazarla siquiera!
Infundía más miedo y terror que ningún otro youkai en el mundo.
Era mejor esperar a que ella misma volviera a ser la dulce Kagome de siempre.
Se llevo las pequeñas frutillas y vegetales que cargaba en un pequeño plato para ella como desayuno. Desde hacia varios días, mal comía. Todo atender tan cuidadosamente al malherido medio hermano de Inuyasha y en cima tener que soportar las tonterías de ese adolescente canino.
Pobre de ella, un día de estos y se enfermaría esta vez muy de veras…
Siguió avanzando aun con aquellos pasos colosales, deteniéndose solamente cuando termino cerca de un pequeño claro. El suave y embriagante aroma de tierra húmeda le lleno sus sentidos, casi podía ver la fresca agua golpeteando en un tranquilo riachuelo y no tardo mucho en distinguir con sus propios oídos el precipitar de las gotas desgarrando el silencio de aquel solitario lugar.
¡Como le gustaba ir a las pequeñas fuentes o lagos para clamarse!
Más de una vez lo había hecho desde que estaba pequeña.
Cuando se encontraba molesta o también cuando sus preocupaciones eran demasiadas, siempre acudía a una diminuta fuente cercana a su templo. Donde el delicado murmullo de las gotas golpeando la tranquilidad de la corriente de agua la tranquilizaba. Adoraba sentarse cerca de la orilla mientras sus dedos jugaban un poco en el agua. Aunque no se comparaba esa sensación, con la de estar cerca de un pequeño riachuelo, donde bien hasta podía nadar un poco para refrescarse.
Se acerco hasta la orilla con precaución, arrodillándose mientras sus manos se sumergían en el cause y atrapaban algo de liquido, mismo que fue llevado hasta sus labios.
¡Que fresca y deliciosa era!
Dejo algo de agua en sus manos. El tenue brillo de sol iluminándola, creando caprichosos destellos con su luz. La acerco más a su cara. ¡Tan cristalina y pura! Tanto que su reflejo podía apreciarse con palpable nitidez sobre la misma, sus ojos castaños adornados con un tierno brillo.
Un suave brillo
Casi como el que poseían aquellos ojos dorados tan místicos, algo ausentes al principio pero que después revelaron gran interés en ella. Esos labios entreabiertos que le mostraban una dulce sonrisa y ese rostro tan cerca del suyo...
Sintió de pronto un extraño calor en sus mejillas, seguramente un leve tono rojizo las estaría tiñendo en esos momentos. Cerró sus ojos avergonzada ¿Cómo podía estar pensando en eso? Mas su mente la traiciono una vez mas, al traerle aquel recuerdo
-Gracias.- murmuro lentamente, estaba segura que eso le fue lo que menciono ese youkai hacia tan poco tiempo atrás. Lentamente fue abriendo sus ojos.
Un par de orejas blancas estaban frente a ella, alguien interesado en ver lo que tenia en sus manos.
- ¿Por que le agradeces al agua?.- dijo el hanyou apartando su vista de las manos de la chica para verla atentamente, esperando alguna respuesta. Un violento sonrojo se clavo en las mejillas de Kagome.
-¡OSUWARI!-
Inuyasha despego su rostro del suelo, algo cansado y lastimado por el anterior abajo que había recibido, para solo mirar como la chica se alejaba.
– Y ahora... ¿Qué hice?- le grito con enfado.
Definitivamente, no debió hacerlo
-¡OOOSUWARIIIIIIIII!-
Solo una mano se podía alcanzar a ver saliendo el profundo agujero en el suelo.
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¡Tonto!
!Inuyasha era definitivamente un tonto!
¿Como había sido capaz de espiarla de esa manera?
¿A ella?
¡No se lo perdonaría!
Nuevamente se estaba hartando, siguió caminando ahora en dirección hacia la aldea de la anciana Kaede. Sango y Miroku la vieron acercarse y salieron a su encuentro mientras le daban los buenos días. Mas la joven paso de largo sin dignarse siquiera a mirarlos, con sus pensamientos demasiado alejados de esa realidad. Ambos jóvenes no tardaron en mostrar sobre su cabeza una gota.
Sí
Estaba realmente furiosa, de nuevo y ahora por culpa de Inuyasha
¡Ambos hermanos eran unos Tontos!
-¡REALMENTE ME HICIERON ENFADAR!.- Grito desesperada la joven.
No se quedaría mas ahí, tomaría sus cosas y se iría.
¿Quiénes se habían creído esos dos?
¡Que se quedaran solos si así lo querían!
Con fuerza tomo su mochila amarilla, poniéndosela rudamente sobre los hombros al tiempo que caminaba hacia el pozo, pero se detuvo antes de arrojase.
¡No podía irse!
Había hecho un juramento y por lo más sagrado iba a cumplirlo. Aunque esos dos se encargaran de destruirle su hígado de la rabia. Soltó un suspiro de derrota mientras se encaminaba lentamente hacia la aldea.
Aun era temprano, seguramente si perdía disculpas a sus amigos, seguramente podría probar el desayuno.
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Cuatro personitas se impacientaban de estar esperando a que se dignara a salir de aquel lugar. Finalmente salió, arrastrándose adolorido por los golpes y sucio de la mayoría de sus ropas, algunos restos de tierra y piedritas enredados en sus blancos cabellos.
- ¿Y ahora que?- gruño sin fuerzas al ver que lo miraban con resentimiento.
Algo le decía que lo culparían de todo.
- ¿Que le hiciste a Kagome?. ¡Por tu culpa ni siquiera nos habla!.- demandó una muy colérica Sango que era detenida del hiraikotsu por los afilados dientes de la crecida Kirara al igual que el pequeño zorro, quien sujeto entre los brazos de Miroku evitaba a duras penas que se aventara a golpes sobre el perro tonto.
- ¡Ella y ustedes ya me hartaron!. ¡Siempre me culpan! Cuando yo jamás he hecho nada y soy el que termina mas lastimado que nadie.- gruño enfadado mientras sacudía los rastros de tierra de su cabello y acomodaba su espada. Para luego dar un salto y alejarse de todos ellos.
Los cuatro miraron como se perdía rápidamente de su vista.
Definitivamente ese hanyou nunca cambiaria.
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¿Cuánto tiempo llevaba ahí?
Kagome no lo sabia pero ya era demasiado, tanto que el frió de la noche se colaba lentamente por la simple cubierta de piel, que semejaba ser una puerta. Se había regresado poco después de haber comido, sugiriendo que no era nada bueno dejar solo a ese youkai herido, menos cuando un hanyou tonto estaba listo para matarlo en cualquier momento.
Estiro suavemente sus brazos, en un intento de quitarse la repentina pesadez que golpeaba su cuerpo, tanta falta de ejercicio la cansaba y es que ya estaba acostumbrada a caminar continuamente todos los días sin un descanso, mas que para comer, o bien para hacer alguna que otra actividad. Sus ojos castaños se posaron sobre el youkai que aun continuaba dormido.
¿Como era posible que durmiera durante tantas horas sin hacer un mínimo movimiento?
¡Tan solo uno!!
Pero no, seguía igual, dándole la espalda, solo indicándole muestras de estar vivo por el suave movimiento de su pecho, mismo que bajaba y subía lentamente capturando aire en sus pulmones.
Aburrido, se estaba aburriendo estando ahí sin hacer nada, entretenerse mientras jugaba con sus cabellos negros no era nada… divertido
¿Qué estarían haciendo los demás afuera?
Miro nuevamente aquella improvisada puerta, salir por un momento, no habría nada de malo y ella se estaba muriendo por estar un poco sus piernas. Además seguramente Sesshoumaru seguiría dormido.
¿Por qué no salir un poco?
Se deshizo de las frazadas que la cubrían, así como también de aquel pequeño plato con las frutillas que Shippo le había traído, dejándolas cerca del botiquín y las hierbas. Finalmente termino levantándose lentamente dejando todo acomodado, empezó a caminar con dirección a la salida, no sin antes dar una ligera mirada al joven que estaba en el futón.
-Perfecto, tan solo continua durmiendo - susurro antes de salir.
¡Que bella se veía la luna en el cielo!
Brillando con fuerza mientras alguna que otra estrella centellaba en el firmamento, todo claro y despejado sin una sola nube que tratara de ocultarlo todo con su presencia. Sonrió feliz, ahora podría ir con Sango y los demás e intentar platicar un poco con ellos, tal vez y hasta caminarían por ahí mientras contemplaban lo que quedaba de noche.
La choza de la anciana Kaede quedaba algo lejos de la que se encontraba, pero no le interesaba. Además había sido necesario. Sesshoumaru tal vez no recordaba absolutamente nada, pero eso no era motivo suficiente para exponer a los aldeanos de la posible furia del youkai. Eso, más aun si recuperaba la memoria, aunque claramente no daba muestras claras de ello.
Pero algo le decía que por lo menos en esta noche, él no les molestaría.
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Un gruñido, lleno de rabia y furia.
La oscuridad por completo les rodeaba y el aroma a muerte tan nauseabundo y reciente mareaba. No había templo de pensar, solo y sin quererlo su cuerpo se había dejado intimidar hasta templar como gelatina, pues la luna cruel y malvada había dejado frente a sus ojos la mas horrenda de las visiones. Unos ojos rojos inyectados de muerte que le miraban, el cuerpo de ese youkai lleno de sangre mientras en sus filosas garras aun quedaban algunos rastros de carne de esa pobre que cayo en sus manos.
Sangre
Que lo manchaba todo
Sangre
Que brotaba aun de aquellos cuerpos mutilados muy cerca de él, acusándolo de ser el culpable de aquel atroz suceso.
El youkai encogido en si mismo, lamiendo sus garras impregnadas con aquel vital liquido, el color rojo tiñendo sus ropas, sus largos cabellos blancos como también su estola. Sus mejillas salpicadas de carmesí al igual que esa luna que adornaba su frente y esos ojos inyectados de sangre demoníaca milenaria.
Parecía como si algo o alguien lo estuviera poseyendo.
Aquellos extraños gruñidos y quejidos que emitía, su rostro desfigurado.
Era una bestia en aquellos momentos, una bestia con hambre de muerte, su cuerpo acercándose rápidamente, las garras dispuestas a destrozar…
-Excelencia.- La voz de la joven exterminadora lo saco de aquellos recuerdos, ahí estaba ella ofreciéndole amablemente un plato con los alimentos que preparo con tanto esmero. El sonrojo presente en sus suaves mejillas.
Observo como la joven le daba la espalda, no era tiempo para estar pensando en aquello, por que aun no tenía respuesta para lo sucedido. ¿Qué era lo que había forzado a Sesshoumaru a actuar de aquella forma? Esa respuesta llegaría a ellos, aunque tal vez en algo de tiempo.
Su mano maldita se dirigiéndose a aquella zona prohibida.
Y el sonido de una gran cachetada fue lo último que se escucho...
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Aquellas luces que brillaban entre los árboles eran…
Almas
¿Por qué?
¿Acaso era que ella se encontraba cerca?
Kagome avanzo presurosa por el pequeño y oscuro sendero que la llevaba ahí, a donde aquellas conocidas luces que resplandecían, adornaban el sitio dándole un toque mágico y místico. Sus pasos disminuyeron cuando caminó junto a las mismas, era algo extraño, estar junto a las almas de las personas que ya no habitaban ese mundo, pero que al estar ahí daban la impresión de no querer alejarse, de querer seguir con vida.
Era una lastima que ninguna de ellas encontrara el descanso eterno y su futuro fuera ser atrapadas por demonios serpientes, para luego ser devoradas por el cuerpo de barro de otra alma que se resistía a dejarla tranquila.
Atravesó lentamente un improvisado camino que la llevaba directamente a un pequeño claro, desprovisto de árboles, pero donde solo uno se alzaba orgulloso, impidiendo el paso del reducido sendero. Ahí encontró la visión que su corazón no podía soportar.
Al menos, no una vez más.
Ambos, tan juntos, demasiado cerca el uno del otro. Kikyo siendo sujetada gentilmente de su muñeca por una de las manos de Inuyasha, como si estuviera evitando su partida, mientras las serpientes caza-almas los envolvían, haciendo que sus cuerpos se acercaran un poco más.
Kagome se escondió detrás de unos pequeños arbustos que estaban cerca, inconscientemente, pero esperando que algo o alguien le diera una respuesta de lo que pasaba. Tal vez y esta se tratara de la decisión final de Inuyasha y por lo tanto la propia también.
Su corazón le gritaba que se alejara, que no quería saber en realidad nada de eso, pero su mente necesitaba ya un descanso.
No era justo para ella tener que sufrir de aquella forma.
No era correcto engañarse esperando que un milagro sucediera.
Tampoco lo era aparentar que no le pasaba nada cuando los veía juntos y mucho menos pedir las migajas del amor de ese hanyou.
Se forzó a mirarlos y agudizo sus oídos para poder escuchar lo que fueran a decirse. Kikyo tenía una extraña mirada en su rostro, algo nostálgica y dulce, mientras que el otro o dejaba de mirarle perdido en sus ojos cafés, contemplando la belleza que se podía encontrar en aquella mujer tan fría y severa.
Inuyasha le dio un leve pero fuerte jalón haciendo que la miko casi perdiera el equilibrio, pero el joven fue rápido, haciendo que esta cayera sobre él y no en el suelo, sus brazos la sujetaron suavemente, cobijándola entre ellos. Era un abrazo que ambos necesitaban, el calor del joven estaba adormeciéndola, toda una calidez tan reconfortante y pacifica, que le hacia recordar lo muy necesitada que estaba de su cariño.
Cariño que solo el dueño de aquellas orejas blancas podría ofrecerle.
Kagome supo que esta vez ninguno de los dos se alejaría.
Ni Kikyo quien estaba recostada placidamente sobre el pecho de Inuyasha, mientras pasaba sus brazos por la amplia espalda de este en una grata caricia. Ni el hanyou que jugaba en aquellos momentos con algunos de los suaves cabellos sueltos de la miko mientras escondía el rostro en su cuello aspirando el sutil aroma de Kikyo.
Las serpientes cazadoras de almas continuaban girando alrededor de ellos, en ocasiones rozando sus cuerpos y aquellas almas brillando con más intensidad como si celebraran su encuentro. La miko finalmente despertó de aquel ensueño ya que empujo levemente a Inuyasha alejándolo lo suficiente de ella, su mirada se volvió dura e impasible.
-Cuando una relación se marchita. Es imposible que esta vuelva a florecer- Murmuro Kikyo dando vuelta, dispuesta a marcharse mientras caminaba algunos pasos, las serpientes se acercaron a su cuerpo listas para sujetarla y elevar su delicado cuerpo.
Pero fueron los fuertes brazos de Inuyasha los únicos que la rodearon.
-Pero… Si todavía hay una sola semilla que se salvo de las sequías de ese pasado. Aun tenemos una oportunidad que no se escapara de nuestras manos.- Aquel leve susurro de Inuyasha aturdió a la miko quien dejo que este la girara para luego acortar la distancia que había entre sus labios.
Un beso gentil que le era dado por el hanyou
Los ojos de Kikyo brillaron con alegría antes de cerrarse para sentir únicamente aquellos labios sobre los suyos.
Devolviendo la caricia que le daban.
Sí, aun quedaba una solitaria semilla guardada especialmente para los dos.
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Algo le dolía, como jamás antes sintió.
Empezó como un débil golpe en el pecho que fue convirtiéndose en una presión constante, que oprimía su corazón.
Sus pies se arrastraban por la suave tierra del suelo, sus pasos eran lentos, su rostro oculto entre los largos mechones negros que caían sin cuidado sobre sus mejillas. Débiles lágrimas escapando de sus ojos, pero ningún sonido escapaba de sus labios, se tragaba el dolor y la amargura que sentía, haciendo más fuerte la presión en su pecho.
No le importaba que aspecto tuviera. Si daba lastima o tristeza, que alguien la viera, ni siquiera se molestaba en apartar aquellas molestosas lagrimas que surcaban sus mejillas y caían por su cuello. Lo único que deseaba era que ese maldito dolor desapareciera.
Y si para ello tuviera que arrancarse el corazón, seguramente lo haría.
Ahora todo estaba claro para ella.
La decisión de Inuyasha estaba tomada.
A la única que amaba era sin ninguna duda a Kikyo
Siempre fue ella la única que vivió y viviría en el corazón de ese chico impetuoso, Kagome no era nada, no significaba nada para él. No era nada mas que una simple amiga, alguien mas con quien estar, con quien pelear, con quien pasar el rato, pero nada mas.
Por que si Inuyasha sentía amor
Este le pertenecía únicamente a Kikyo
Sin darse cuenta de cómo llego ahí, volvió a encontrarse nuevamente en aquella choza, donde Sesshoumaru aun dormía. Se acerco lentamente hasta él, sentándose despacio nuevamente a su lado, parecía que todavía estaba dormido o por lo menos daba la impresión de estarlo.
Las lágrimas seguían cayendo libres de sus ojos. ¡Como deseaba que alguien la abrazara!. ¡Que le reconfortara en aquellos momentos! No quería la amabilidad excesiva de Sango, como tampoco la lastima que le mostraría Miroku, ni siquiera aceptaría que el pequeño zorro se pusiera a llorar junto a ella.
La incomodaría las preguntas que le harían y todos aquellos consejos que sabia bien, serian en vano.
No, definitivamente no deseaba estar junto a ellos.
Tal vez Sesshoumaru le podría consolar de alguna forma.
Él ni siquiera recordaba quien era.
Claro, tal vez la rechazaría al principio por no reconocerla. Pero seguramente no la trataría como los otros.
Lo miro, el rostro clamado y sereno alumbrado débilmente por algunos rayos de luna que se filtraban por la pequeña ventana que estaba cerca de ambos. Un suspiro desilusionado se escucho brotar de sus labios
Tal vez lo haría, tal vez el la reconfortaría
Si no estuviese profundamente dormido...
Se tiro sobre el pecho del youkai aun llorando. Los suaves quejidos abandonaron su corazón, todos aquellos que se guardo para no soltarlos cerca de aquellos dos y los sollozos salían temerosos de sus labios. Unos brazos cálidos la rodearon lentamente.
Kagome abrió sus ojos sorpresivamente dudando entre quedarse así o alejarse, pero aquella calidez del joven la tranquilizaba.
-Llora, si eso es lo que necesitas.-
Aquellas palabras, dichas con sencillez, sin lastima, sin excesiva amabilidad, ni una sola muestra de tristeza por ella.
Finalmente alguien la trataba como debía, no con fingidas emociones de amistad.
Abrazo lentamente el costado de Sesshoumaru, teniendo cuidado en no presionar sus heridas, mientras de sus ojos bajaban las verdaderas lagrimas de tristeza y de su boca surgían sin ningún temor todos aquellos lamentos que celosamente se guardaba.
Pequeños sentimientos que se despedían y borraban poco a poco todo lo que sentía
Por Inuyasha
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