Disclaimer: Todo lo relacionado con Crepúsculo obviamente pertenece a Stephenie Meyer, si fuera mío no estaría publicando aquí, los más probable sería que estuviera despilfarrando el dinero en juegos de azar y hombrezuelos (?)


Se busca: Bella Swan.

Summary: "Para el amor no hay edad, ni límites, ni leyes… Eso dijo mamá luego de tirarse a Phil, el energúmeno de la tienda de vídeos. El amor llega cuando le da la puta gana, oficial Masen. Traiga sus esposas, felizmente me entrego como su prisionera" Tattward. Olderward. OoC. TH. AU. Bella&Edward.


Gracias enorrrmes a Sarai GN, Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) por ayudarme con los errores de esta nueva locura (para que vean lo floja que me he vuelto en revisar y ella es uno de los dulces más que me ayuda)


Capítulo 2: Siete años y un día.


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"Tiene la edad suficiente para saber que lo que cuelga no es la luma".

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—Ha sido un placer pasar la noche en su compañía, oficial Masen.

Ese fue el saludo que me recibió por la mañana cuando abrí la celda donde se encontraba Isabella y su pequeño hermano Seth. La chiquilla salió del calabozo sosteniendo la mano de Seth entre las suyas. El niño me sonrió temerosamente y se agarró al brazo de su hermana con ambas manos. Me acuclillé a su altura y sonreí, desordenando su cabello. Las mejillas del mocoso se tornaron rosas y nuevamente sonrió, ésta vez con una pizca de vergüenza.

—Que tengas un buen entrenamiento, campeón. Isabella se encargará de decirme cuándo es tu juego para que vayamos a hacerte barra, ¿eh? —Alcé mis cejas y el nene rio—. Cuídate, no te metas en problemas como tu hermana. —Mis ojos se desviaron a la mayor de los Swan, quien sonreía angelicalmente—. Si necesitas ayuda, sabes dónde encontrarme, enano.

—Hasta otro día, oficial. —Isabella dejó un rápido beso en mi mejilla.

—¡Nos vemos, oficial Masen! —Seth agitó su mano a modo de despedida cuando iba dejando la comisaría junto a su hermana mayor—. ¿Puedo ser policía también yo cuando crezca, Bella?

—Tú puedes ser todo lo que quieras, ratita.

Era bien entrada la mañana cuando los hermanos Swan abandonaron la comisaría. El niño tenía entrenamiento de baseball, por lo que había mencionado la ladronzuela, y debían llegar a la hora. Me quedé un rato más allí junto a Michael, terminando el papeleo correspondiente del día anterior. Deberíamos contratar una secretaria o algo así, estaba harto de hacer papeleos, harto de archivos, malditamente harto de corchetear mis dedos cada vez que archivaba un nuevo documento que siempre decía lo mismo "Actividad del día: comer donas a la espera de que alguien se apiade de nosotros y cometa algún maldito delito de verdad". Tendría que haber elegido otra puta profesión, ¡ni siquiera pagaban bien! Debería haberme metido al ejército tal cual lo hizo Edward padre, joder, tenías que llevarle la contraria a mamá, Masen, como siempre.

—Y ese fue nuestro último informe, señor.

—Puedes tomarte la tarde, Newton —suspiré, sacándome la gorra y desordenando mi cabello—, Emmett estará aquí, no será necesario que vengas a no ser que sea una emergencia. —Entorné mis ojos y el novato rio—. Así que sí, eres un bastardo con suerte porque aquí no existen las emergencias.

—¿Y si el gato del señor Uley se queda nuevamente atascado en el entretecho?

El gato del señor Uley.

¿Ya ven de lo que hablo?

Ese era otro de nuestros trabajos, rescatar gatos.

—Entonces, compañero, tendrías que dejar de hacer cualquier cosa que estuvieras haciendo, porque no hay manera de que yo vaya donde ese vejestorio y aguante sus mierdas por un maldito gato. Tengo suficiente con Swan, Uley es todo tuyo.

—Y… ¿y si hacemos un trueque? —Entrecerré mis ojos hacia él. Mike se removía incómodo en su lugar, sus mejillas estaban rojas y hacía una extraña mueca con sus labios—. Ya sabe, yo me encargo del señor Swan y usted del gato del señor Uley.

—¿Por qué querría yo hacer eso?

—Y… ¿y si le regalo una caja con extra donas?

Aquí sucedía una mierda extraña, de eso estaba seguro.

—Newton, ¿hay algo que quieras decirme?

—Uh, es solo… —el novato carraspeó—, es la señorita Clearwater.

—¿Leah?, ¿qué hay con ella?

—Verá, ella siempre… ella… cada vez que llama porque el gato está atascado en el entretecho, voy como un policía dispuesto a ayudar a su comunidad. Pero… uh… ella también me hace arreglar sus cañerías… Eso fue lo que me dijo la última vez, creo…

—¿Qué fue exactamente lo que te dijo?

—Cito textualmente. —Me crucé de brazos esperando que hablara—: "Oficial Newton, muchas gracias por rescatar al Señor Norris, ¿tendría tiempo de destapar mi cañería? Sam siempre llega cansado luego de su trabajo en la gasolinera y mi cañería necesita ser destapada". —Solté una enorme carcajada mientras él seguía hablando—. No entiendo qué tiene que ver el cansancio del señor Uley con la cañería. —Newton ladeó la cabeza, genuinamente confundido.

—Hombre, eres una blanca paloma. —Reí nuevamente y palmeé su hombro—. Con mayor razón te cedo la tarea de rescatar al Señor Norris. Puto gato y sus putos dueños —negué con mi cabeza sin dejar de sonreír—, la próxima vez que Leah te haga destapar su cañería, dile que la herramienta que cargas no sirve para esas funciones.

—¿Sabe? Ella también comenzó a hacer ruidos extraños, y mordía su labio inferior… ¿Cuando ustedes eran pareja, también le pedía que destapara su cañería?, ¿ella hacía esas cosas raras igual?, ¿por eso fue que terminaron? Yo lo hubiera hecho, me da miedo.

—Oh, ella me rogaba que destapara su maldita cañería.

—Comprendo…, como usted tiene más experiencia en el área de la fontanería, debería ir con el señor Uley.

Suspiré y refregué mi rostro con una de mis manos.

Señor, ¿qué demonios hice para merecer esto?

—Newton. —Me acerqué a él y puse ambas de mis manos sobre sus hombros, mirándolo fijamente.

—Señor, sí señor.

—Leah no hablaba de fontanería.

—¿No lo hacía? —Su ceño se frunció con verdadera confusión—. ¿Y qué otra cañería…?

—Hombre, joder, ¡ella quería que la follaras! —Los ojos de Mike se abrieron de dos en dos—. Ella estaba pidiendo que la jodieras, muchacho. Su maldita vagina es la cañería, y tu puto pene es la herramienta que necesitaba para destaparla. —Entrecerré mis ojos—. ¿Entiendes o debo explicarlo con manzanitas?

—Ella quería…

—Uh-huh.

—Coito…

Rodé mis ojos por la palabra que utilizó.

—Sexo, sí.

—¿Y qué hay con el señor Uley?

—Vaya a saber yo si al viejo se le para. —Me encogí de hombros.

—Oh.

—Oh —lo imité, soltando una risotada luego—. Tendremos que hablar más seguido de estas cosas. —Volví a darle unas palmaditas a su espalda, él aún no salía del estupor—. Tal vez la próxima vez tengas un polvo.

—Sí, tal vez la próxima vez… —murmuró como ido.

Me alejé de él sin poder ocultar la sonrisa de mi rostro, Michael Newton era el muchacho más inocente que había conocido en mi vida. Estaba por abandonar la comisaría cuando escuché un gritito de terror proveniente de los adentros de la estancia, observé sobre mi hombro y vi a Mike, quien tenía una expresión de horror en su rostro.

—¡Oficial Masen, pero yo soy virgen! —chilló con un agudo tono de voz.

Había empezado bien la maldita mañana, llena de carcajadas.

Salí de la comisaría a eso de las doce y media o tal vez una, y me dirigí al restobar que llevaba la esposa del oficial McCarthy y que solo quedaba a unas cuadras de la comisaría. Era un pequeño restorán rústico que Rosalie cuidaba con su vida, servía unos almuerzos de puta madre, para chuparse los dedos. Sobre todo con la cazuela de carne, joder, ésta era otra mujer que había bajado del olimpo para satisfacer mi apetito. Por las noches podías ir a tomar un trago luego del turno, casi siempre me pasaba por allí para tomar una cerveza con Emmett y los muchachos. Al entrar, me acerqué inmediatamente al mesón donde se encontraba Rose. Mi rubia amiga me sonrió y limpió sus manos en el paño con el cual iba a comenzar a limpiar la superficie frente a mí.

—Ocho días para tu cumpleaños, ocho días para que entres al club de los treinta y siempre, campeón. ¿Tienes pensado hacer algo?, puedo cerrar el bar esa noche si lo quieres. —Rosie me guiñó un ojo y siguió limpiando.

—Finalmente seré parte del club de los ancianos, ¿se juntan los viernes a hornear galletas o qué mierda? —Golpeó mi hombro levemente con su puño, soltando una risita—. Tengo turno ese día —suspiré, encogiéndome de hombros y le resté importancia—, sabes cómo es esto, Rosie… ¿Cómo están los niños? —Le di un sorbo a mi café, esperando la respuesta de la rubia mujer. Ella siguió limpiando el mesón frente a mí con el paño, dudando sobre hablar o no—. Sabes que también soy tu amigo, mujer, si no quieres decirme…

—Elijah está con su padre, es el día designado para sus visitas —murmuró, sin despegar sus ojos del mesón—. No sé qué estamos haciendo realmente, Edd. Emmett está tratando de ayudarme con esto de la custodia, pero Royce… —Rosalie suspiró con pesadez—, él está forrado en dinero.

—Hey, tranquila, sabes que Elijah tiene una asquerosa relación con ese cabrón, el enano ama a Emmett, con todo el dinero del mundo no podría ganarse el cariño de su hijo… Además está Bree, vamos, Eli ama a su hermana, todos amamos a su hermana, el mocoso no querría dejarte solo porque el bastardo que puso el esperma tiene más dinero. Es un niño de trece años, dale algo de crédito.

—Emmett quiere darle su apellido. —Una hermosa sonrisa se posó en los rosados labios de Rose, sonreí de vuelta por sus palabras—. Cuando Emm le hizo la pregunta a Eli sobre si quería tener su apellido, mi niño lloró, estaba tan feliz. —Los ojos azules de mi rubia amiga se llenaron de lágrimas—. Solo espero que Royce nos deje en paz.

—Lo hará, ya verás, Rosie.

—¿Por qué infiernos hiciste llorar a mi mujer?

La puerta del restobar se abrió, mostrando a mi compañero de servicio. Emmett lucía sus vestimentas civiles el día de hoy, en uno de sus brazos llevaba una bolsa repleta de verduras y en su otra mano sostenía la de su hija, Bree Ann, un angelito de seis años que se ganaba el corazón de todo el mundo con esos ojazos azules que tenía. "Heaven" había abierto unos tres años atrás, cuando ellos habían llegado al pueblo junto a dos pequeñines, Emmett había sido trasladado de sección por una disputa que había tenido con el padre biológico de su hijo mayor, Elijah. Ese hijo de puta que solo sabía cagarles la existencia. Me había hecho amigo de ambos padres, eran tranquilos, Rosalie llevaba el restobar con inteligencia, la gente del pueblo la quería al igual que a Emmett y a sus niños, estaban excelente hasta que el portador de semen perdido apareció nuevamente.

Odiaba a esos hijos de puta.

No se aparecían nunca en la vida de los mocosos, pero si un día se acordaban que habían dejado descendencia por ahí, se desataba el infierno. De un día para otro los jodidos esperaban que los niños sintieran un mágico amor por ellos. Con ellos me daban ganas de ocupar mi empolvada arma.

—¡Tío Edd! —Abrí mis brazos para darle un caluroso abrazo a mi princesa—. ¡Papá me compró una muñeca!

—¿En serio?, ¿es tan hermosa como tú?, no lo creo. —Hice una mueca con mis labios causando que riera, moviendo las dos coletas castañas que aparecían en lo alto de su cabeza. Miré a su padre y sonreí—. Hice llorar a tu mujer de felicidad, deberías intentarlo, en cualquier momento me la dejo para mí, ¿eh?

—Vete a la… —Me levantó el dedo medio para evitar decir una palabrota frente a su princesa—. Primero quieres bajarle a Sue al viejo Harry y ahora vas por mi Rosie, búscate tu propia mujer, Masen, o tal vez tu propia niña… —gruñí por las malditas palabras de Emmett, cabrón, él hacía esos comentarios de lo más divertido.

—Y hablando del rey de Roma… —murmuró Rosalie, observando fijamente hacia la puerta.

Ahí venía entrando mi tormento, usando su canguro amarillo y unos auriculares en los oídos. Chocó accidentalmente con una pareja de ancianos que iba saliendo, extrañamente les sonrió con amabilidad y sostuvo la puerta abierta para que salieran. Joder, eso fue más que extraño diría yo, ¿qué carajos estaba pasando con Swan? Cuando cerró la puerta tras de sí, sus marrones ojos se posaron en mi persona, como si tuviera un detector, sonrió abiertamente y se acercó a paso lento. Emmett trataba de disimular la risa y Rose se había quedado en silencio de un momento a otro.

Rosalie le tenía cierto recelo a Isabella.

—Mi gozo en un pozo, demonios.

—Ven, Bree, ven con mamá. —Rosalie estiró sus brazos hacia Bree Ann, quien se negaba a dejarme ir.

—¡Quiero quedarme con tío Edd, mami!

—Bree Ann, ven con mamá —usó un tono de voz que no dejaba derecho a réplica. Justo cuando Isabella se sentó junto a mí, la niña estiró sus brazos hacia su madre, quien –no sin antes darle una mirada de muerte a la pequeña ladronzuela– desapareció en la cocina.

—Bueno, creo que no soy bienvenida aquí. Debí suponerlo, el sitio se llama "Heaven" y yo claramente pertenezco al infierno. Tampoco es como si esto se pegara. —Se inclinó hacia atrás y le guiñó un ojo a un sonriente Emmett—. Así que puedes estar tranquilo, es una falla que solo yo tengo, creo que es hereditaria, puedes decírselo a tu mujer para que no salga huyendo con la niña cada vez que me vea. —Se encogió de hombros—. ¿Cómo ha ido tu día desde que te dejé ésta mañana?

—Estaba bastante bien hasta que apareciste, nuevamente.

—Eres cruel, Masen, y yo que venía con toda la predisposición de ser una buena chica el día de hoy.

Rosalie volvió minutos después, seguía con el ceño fruncido e ignoraba a Isabella olímpicamente. La rubia comenzó a atender a aquellas personas que se encontraban sentadas en el mesón amenamente, dándoles calurosas sonrisas y prestando un servicio que muchos catering envidiarían. A todos. Todos menos la pequeña ladronzuela. La mocosa era como un jodido fantasma para Rose, era como si el maldito asiento junto a mí estuviera vacío. La muchacha comenzó a tamborilear sus dedos sobre el mesón para llamar su atención, pero, infiernos, cuando Rose se ponía en modo oscuro no había nadie que la hiciera cambiar de parecer. Si no le tenía aprecio a una persona ella podía ser bastante dura, y algo me dice que claramente Swan estaba en su lista negra.

—Rose…

—¿Necesitas algo más, Edward? —habló con demasiada dulzura y me sonrió fingidamente.

—Dame un almuerzo.

—Acabas de comer, Edd. —Entrecerró sus ojos y apoyó sus brazos en su cintura en forma de jarra. Alcé una de mis cejas y me crucé de brazos. ¿Realmente estaba jugando a esto?, ¿cuántos años tenía?, ¿quince?—. ¿No prefieres una cerveza? Va por la casa.

—No quiero alcohol —por más que malditamente lo necesitara— estoy de turno y… Bueno, joder, mujer, tal vez quedé con hambre… —Me rasqué la nuca, sintiéndome nervioso de un momento a otro. Emmett estaba observando todo como un vil desgraciado. Debería saber controlar a su mujer—. ¿Me darás otro almuerzo o tendré que irme con el estómago no-satisfecho? Debería pesarte en la conciencia que un cliente no salga satisfecho con el servicio… —Ella rodó sus ojos y resopló con exasperación.

—Vale, enseguida lo traigo. —Y caminó hacia la cocina.

—¡Hey, oye, yo estoy aquí tratando de ordenar hace una barbaridad de tiempo! —chilló Isabella, y lo único que recibió fue que Rosalie diera un enorme portazo al entrar a la cocina—. Genial, ella me odia y me moriré de hambre, simplemente genial.

—Rosie no te odia, ladronzuela, ella solo…, no te tiene mucha estima.

—Emmett, es básicamente la misma mierda, ¿sabes? —Emmett se encogió de hombros.

—No, no realmente, Rosie no le tiene mucha estima porque Elijah…

—Aquí tienes tu plato, Edward. —Rosalie dejó el plato sobre el mesón con más fuerza de la necesaria, mandándonos a callar rápidamente. Volvió a limpiar sus manos y ésta vez su dulce actitud fue dirigida hacia McCarthy—. ¿Ibas a decir algo, amor?

—Uh, n-no, nada. —Emmett rió nerviosamente.

Marica —murmuré, tosiendo para tratar de camuflar la palabra. Mi amigo me golpeó el hombro con su puño—. Ten, Isabella, aquí tienes. —Le entregué el plato de comida a la muchacha que me miraba un tanto confundida.

¿Qué tenía esto de extraño? Era un maldito almuerzo.

—Disculpe, oficial, pero… ¿qué cree que está haciendo?

—¿Ayudándote a comer algo? Creí que tenías hambre. —Fruncí el ceño—. Mírate, estás flaca, come.

Sus grandes ojos marrones me observaron con una extraña emoción por un período de tiempo que me incomodó como la mierda, y me pareció más largo que todos estos treinta años que he estado en ésta tierra.

—Gracias, pero no, gracias. No necesito que pagues por mi comida, no estoy pidiendo limosnas… aún, cuando lo haga siéntete libre de hacerlo, Masen, pero yo tengo mi propio dinero y compraré mi propia comida por mis medios.

¿Ahora qué demonios pasaba? Maldición.

Isabella trataba de lucir apacible, oh, pero esos ojos no me engañaban a mí. Allí, entre sus pozos chocolate, brillaba una pizca de molestia que estaba dirigida exclusivamente hacia mí, además, estaba haciendo esa mueca con sus labios que decía claramente "vete a la mierda, puedo cuidarme sola". ¡No entendía malditamente nada!, ¡solo estaba tratando de ser un buen samaritano! Rosalie no iba a prestarle atención, era capaz de ignorar a la mocosa toda la tarde si era necesario, ¿qué había hecho de malo?, ella había mencionado que moriría de hambre, ¡boom!, ¡le traje un puto plato de comida y además gratis!

—Mira, mocosa, solo estaba intentado ser amable, si no quieres comer pues bien, más para mí. —Le quité el maldito plato y comencé a comer de él, siendo que no tenía hambre alguna. Niña del demonio.

—¡Bien! —Sus ojos marrones se posaron sobre Rose, justo en ese instante la puerta del restorán se abrió con un gran estruendo y todas las miradas se dirigieron a ese lugar.

Elijah era un mocoso de trece que aún no lograba desarrollarse del todo, era completamente delgado y tenía su cabellera rubia casi por los hombros. Había tanto pelo en esa maldita cabeza que a veces no sabías si el niño tenía ojos, porque, joder, no se veía nada de esa cara. El chiquillo entró corriendo completamente molesto, podía ver el humo salir de sus oídos. Pasó de largo a todos, a Emmett, estaba a punto de pasar de largo a su madre, pero Rose lo agarró del brazo y lo hizo detenerse.

—¿Elijah?

El niño suspiró, quitándose uno de los auriculares, ocultando su rostro entre esa mata de pelo rubio que traía.

—Estoy bien, mamá —murmuró con la cabeza gacha, soltando un exasperado suspiro—, ¿puedo irme ahora?

—Generalmente cuando un adolescente dice que está bien, significa todo lo contrario. Yo que tú lo tendría en la mira, los mocosos de hoy en día les ha dado por toda esa basura emo de andar cortando sus cuerpos, odiando al mundo y gritando a los cielos porqué la vida es tan cruel. —Los celestes ojos de Elijah se posaron sobre Isabella que seguía hablando—. Adolescentes, son irritantes la mayor parte del tiempo con esa bipolaridad absurda que adoptan.

—¿Quieres que te recuerde que tú entras en ese grupo? Eres una adolescente también, Isabella. —Ella sonrió abiertamente y le guiñó un ojo a Eli, quien se sonrojó furiosamente por el movimiento de la mocosa.

—Cierto —rió—, pero yo aprendí a llevar la vida de otra manera. Amiguito —se inclinó sobre el mesón, para acercar su rostro al de Elijah—, no hagas una tontería y deja los problemas a los adultos, nadie los mandó a tener hijos de todos modos, ¿acaso pedimos estar aquí? No, así que ellos lo arreglen.

—¡Isabella!

—¿Qué? Es la verdad. Yo no pedí nacer en la familia que nací, afortunadamente yo no estaba ahí cuando papá introdujo su miembro en la cavidad de mamá y, para la suerte de todos, fui el esperma vencedor. Así que, amiguito, lo que sea que te haga traer esa —movió su mano frente al rostro de Elijah y prosiguió con una mueca—, esa cara de culo que traes, no vale la pena.

—¿Qué cara de culo?, ¡no se ve su cara! —Isabella entornó sus ojos y tomó el rostro de Elijah entre sus manos.

El mocoso iba a explotar de lo rojo que estaba.

La pequeña ladronzuela le sonrió a la vez que despejaba su rostro, quitando aquellos mechones que lo cubrían con completa dulzura y una lentitud extrema. Ella era delicada y cariñosa, como una madre en acción, estaba tratando a Elijah de la misma forma en que trataba a Seth. Cuando finalmente el cabello de Eli estuvo peinado a la perfección, dejando así su rostro despejado y sus grandes orbes celestes al descubierto, Isabella suspiró.

—¿Por qué en el infierno cubres tu rostro? Eres un niño adorable. —Ella arrugó su nariz y, soltando el rostro de un muy sonrojado Elijah, le dio un pequeño toque a la nariz del mocoso con su dedo índice—. Si tuvieras unos años más… —Fruncí el ceño profundamente a sus palabras.

¿Si tuviera unos años más, qué, exactamente?

—¿Eres… Eres tú, Isabella? —le preguntó Eli, observándola con los ojos entrecerrados.

—Isabella Swan, Bella Swan, la pequeña ladronzuela, puedes llamarme como sea. —Estiró su mano sonriente hacia el niño, quien la tomo de manera reverencial.

—E-Elijah King —murmuró bajo su aliento, sin soltar la mano de Isabella.

Emmett carraspeó tras de mí, haciendo acopio de todas sus fuerzas para no reírse a costas de su hijo. Creo que lo hacía más por Rosalie, Rose observaba el intercambio entre los dos adolescentes como si fuera la peor mierda en éste mundo. Creo que incluso estuvo a punto de darle un infarto severo cuando Elijah estrechó la mano de Isabella y le sonrió dulcemente, como si por primera vez en su vida el mocoso hubiera encontrado a alguien que lo entendía. Alguien había hecho una nueva amiga y mamá no estaba lo que se puede decir contenta con eso.

—Un gusto, Eli. —El sonrojo del mocoso fue más notorio al escuchar su singular apodo. Isabella posó sus hipnotizantes ojos chocolate sobre Rosalie una vez más. Mi rubia amiga tenía un rostro de perros, qué quieren que les diga, podía ver claramente el plan que se estaba armando en su cabeza para alejar a la pequeña delincuente de su inocente niño—. Ahora, ¿la señora sigue molesta o finalmente podré ordenar algo?

Me encogí levemente por el término "señora".

—¿C-Cómo me llamaste?

—¿Señora?

Santa mierda. —Emmett tragó saliva y se escabulló rápidamente de la escena del crimen, llevando a un enamoradizo Elijah a rastras. Carajos, él sabía que aquí iba a correr sangre, por todo lo santo, Rosalie iba a acabar con Isabella lentamente.

—¿Señora?, ¿quién diablos te crees, niña?

—Pues… una niña en comparación con usted… ¿No se supone que debo mostrarle respeto, señora?

—Isabella…

—Pensé que a las mujeres mayores les gustaba ser llamadas "señoras", señora…

—Isabella, basta…

—Bueno, señora, me disculpo por mi falta de respeto. ¿Cómo quiere que la llame?, ¿mamá?

—¡Saca a ésta niña de aquí Edward o no respondo!

Me puse de pie rodando mis ojos y jalé a Isabella del brazo. Una vez estuvimos fuera del local ella se liberó rápidamente de mi agarre y comenzó a caminar en sentido contrario a su hogar. Fruncí el ceño y la seguí lentamente, a pasos normales, cuando ella aceleraba yo seguía con mi ritmo sin perderla de vista. Se veía más delgada que de costumbre, caminaba con la cabeza gacha haciéndola lucir más baja de lo que era. Estábamos solo a unos tres pasos de distancia, de igual manera me sorprendí cuando escuché a su panza rugir por la falta de alimento.

—Niña, ¡niña!

—Estoy bien, solo tengo un tantito de hambre… Me comería una vaca entera, si soy honesta, pero estoy bien, puede seguir con lo suyo, oficial Masen, no causaré problemas hoy. —Siguió caminando sin detenerse ni un segundo. Troté hasta su lado y volví a tomarla de su huesudo brazo.

—Tú y yo hablaremos.

—No tenemos nada de qué hablar, oficial.

—No fue una pregunta, fue una puta orden, andando. —Estábamos relativamente cerca de la comisaría, así que la guie en su dirección. No solté su brazo, algo me decía que si lo hacía ella saldría corriendo en dirección opuesta y la perdería de vista.

Una vez dentro de la estación la hice tomar asiento frente a mi escritorio.

—Debo ir por Seth. —Sus ojos no hacían contacto con los míos y movía sus manos nerviosamente sobre su regazo—. Me siento en una sala de interrogación, o algo por el estilo. Realmente debería ir por Seth, oficial, podemos jugar al policía y ladrón otro día.

—Aún te queda una hora, el equipo de baseball entrena hasta las tres. —Se cruzó de brazos y recargó su espalda contra el respaldo de la silla, suspirando por encontrarse sin ninguna excusa más—. Ahora, habla, muchacha.

—¿Sobre qué?

—Sabes de lo que hablo.

—No lo sé, oficial, realmente no lo sé.

—¿No? Bueno, puedo enumerar. —Me incliné en el escritorio, entrelazando mis dedos sobre éste—. Puedes engañar a la gente usando ese canguro, pero no a mí, ladronzuela. Estás en los huesos, me atrevería a decir que no comes una comida decente hace bastante tiempo, te he visto usando la misma ropa por tres días seguidos…

—No es necesario que resaltes mi absoluta pobreza —sonrió—, ¿qué más puede deducir tu mente policiaca?

Suspiré y me puse de pie lentamente, rodeé el escritorio hasta llegar hacia donde ella. Caminé con parsimonia a su alrededor, simplemente observándola, podía ver claramente como su respiración se volvía más pesada, como las esquinas de su boca se inclinaban hacia abajo casi imperceptiblemente, o como su espalda se tensaba porque ella sentía mi escrutinio. ¡Para que vean! Años de fanatismo por las series policiales sirvieron de algo, ¡bien hecho Criminal Minds (1)!, ¿quién es el analista de comportamiento ahora, eh? Me detuve a su espalda, con ambos brazos cruzados por sobre mi pecho, y volví a hablar.

—No has estado durmiendo, tienes unas ojeras que harían llorar a cualquier adolescente común y corriente. —Su cuerpo se sacudió levemente por la risita que soltó—. Estás cansada, Isabella, ¿de qué estás cansada, muchacha?

—Bueno… —hizo una mueca con sus labios—, tengo diecisiete años, mi padre es un borracho de primera que no le trabaja un peso a nadie, mi madre es una adicta que ama profanar muchachos menores que ella, tengo un hermano de seis años, pronto a los siete, que depende completamente de mí. No tengo trabajo porque la gente no confía en la hija de Charlie y Renée Swan, no tengo un maldito centavo…, excepto esto. —Sacó una pequeño monedero de su bolsillo—. Que le quité a la pareja que iba dejando Heaven para pagarme un almuerzo que nunca llegué a comer porque la señora me odia. Realmente diría que cualquiera se cansaría viviendo así. —Ella sonrió abiertamente—. Pero no es mi caso.

—No es necesario que me mientas.

—No estoy mintiendo. Vale, no me alimento como debería, pero Seth come sus tres comidas del día a la perfección. No duermo bien tratando de velar el sueño de mi hermano, papá se pone insoportable por las noches. No hay detergente suficiente para mi ropa, pero Seth nunca ha ido con una prenda sucia o usando lo mismo por días. No me importa hacer sacrificios si mi ratita está bien, Masen… Y esto es confidencial.

—¿Confidencial?

—Te lo digo porque confío en ti, Masen, y sé que no me traicionarías.

—Traicionarte… ¿De qué modo podría hacerlo?

—Bueno, llamando a los servicios sociales… —Comenzó a mover sus piernas de atrás hacia adelante—. Sé que no harías eso, porque sabes cuánto me importa Seth y que, bueno, yo realmente acabaría con cualquiera que quisiera quitármelo, ¿no?

Su sonrisa era sincera.

Por primera vez en éste tiempo que la conocía, por un maldito segundo, dejé de ver a la niña que me mostraba su aspecto físico y me centré en la madurez mental que Isabella tenía. Si cerraba los ojos y la escuchaba hablar tan fervientemente y con tanto amor de su hermano menor, podía incluso imaginarme una mujer con unos años más y a la cual me podría follar. Gemí internamente, ¿tenía que llegar siempre a "follar"? Era la maldita abstinencia hablando. Lamentablemente sabía que era Isabella, la pequeña ladronzuela que a veces me sorprendía como los mil demonios. La muchacha se puso de pie y se sentó sobre el escritorio, frente a mí que seguía de pie.

—¿Por qué cometes delitos?

—Ya te lo dije, para estar más tiempo contigo.

—Quiero que me digas la verdad sobre eso también.

—Lo hago porque a veces me hace falta dinero, lo acepto. —Se encogió de hombros y luego volvió a sonreír—. Y también porque paso más tiempo contigo, no mentía sobre eso, ¿cuándo lo entenderás? Me gustas, no es un capricho de niña, ya no soy una niña. Me gustas y no descansaré hasta conseguir lo que quiero.

Me acerqué a ella y apoyé ambos brazos a un costado de su cuerpo, acercando nuestros rostros a una peligrosa distancia. Ah, Masen, como te gusta jugar con fuego, maldito cabrón. Ya sabes lo que dicen, te vas a quemar hombre, te vas a quemar y dolerá como el jodido infierno. Su nariz respingona se rozaba con la mía cada vez que ella la movía, mis ojos sobre los suyos, estudiándola meticulosamente, tratando de ver el misterio tras la chiquilla insolente que era. Sé que hay mucho más tras de eso, mucho más que nadie ha podido ver… Tal vez Jasper lo sabía, por algo eran amigos, ¿no?

—Estás yendo por terreno peligroso, muchacha, está mal.

—Para de decirme qué está bien o mal, creo que soy bastante grande para discernir sobre ese asunto. El bien y el mal son subjetivos, depende de cada persona, y para mí esto está mucho más que bien. —Alzó sus piernas y en un rápido movimiento las enredó en mis caderas, atrayendo mi cuerpo junto al suyo de una manera jodidamente ilegal—. Oficial.

Iba a matarme

La mocosa iba a matarme lentamente.

No, no, no, Edward.

—Debes ir por tu hermano, Swan.

—¿Ah sí?, claro, claro… —Sonrió con picardía y apretó más sus piernas entorno a mi cintura. Niña, Dios santo, ¿creía que yo era de piedra? Mierda—. Y claramente eso que tenemos ahí no es la luma, ¿me equivoco? —Mordió su labio inferior y volvió a mover su naricilla.

—¡Maldición, Isabella!

La puerta de la comisaria repiqueteó justo antes de que alguien la abriera. Me separé jodidamente rápido de la niña y rodeé el escritorio para volver a sentarme en mi lugar. Isabella seguía sobre el escritorio, moviendo sus pies de adelante hacia atrás infantilmente. Emmett nos observó fijamente por unos cuantos segundos. Estaba seguro de que sudaba como un puto puerco, trataba por todos los medios de actuar con normalidad. McCarthy cerró la puerta tras de sí y se acercó al escritorio, justo cuando Isabella daba un pequeño saltito y se ponía de pie sobre el suelo.

—Un gusto verlo nuevamente, oficial McCarthy.

—El gusto es mío, ladronzuela. —Emmett se quitó la gorra a modo de saludo.

—Es hora de que vaya a buscar a mi rata, nos vemos en otro momento, oficial. —Dejó un rápido beso en la mejilla de Emmett y luego me miró por sobre su hombro—. Adiós, oficial Masen, fue un agrado estar en su compañía, como siempre. —La muy bribona me guiñó un ojo.

—Recuerda lo que hablamos, niña.

—Recordaré perfectamente como diferenciarlo de una luma, oficial, no se preocupe por eso.

Escupí el poco de agua que había alcanzado a meter a mi boca cuando la muchacha soltó esa frase y salió de la comisaría así sin más. ¡Con un infierno!, ¡ella no había dicho eso! Carraspeé con normalidad, porque tenía que hacer todo con normalidad aunque estaba jodidamente nervioso. Me estaba convirtiendo en un marica, no había otra explicación para esto. Emmett soltó un extraño ruidito, lo observé, el bastardo estaba malditamente rojo por tratar de aguantar la risa hasta que finalmente cedió. Soltó una puta carcajada del porte de un tornado, demonios.

—¿Qué? —ladré, centrando la atención en mis papeles.

—Nada, nada. —Sonriente, se sentó frente a mí—. Solo recuerda, son siete años y un día (2), amigo.

Gruñí y le lancé un bolígrafo en el rostro.

—Lo sé, maldita sea, ¡lo sé!


(1) Es una serie Estadounidense de drama criminológico.

(2) Siete años y un día es la condena que les dan aquí en Chile a los abusadores de menores.


Buenas noches

Soy una amiga de la Marina y hoy les subo yo el capítulo ya que la Marina se fue de parranda por algún lugar de la ciudad, y para que vean que le gusta cumplir y mantenerlas felices, me pidió que les subiera el capítulo. Cualquier duda que tengan, se la pueden preguntar a la Marina en un review.
Quiero darle las gracias a la Connie que me ayudó a subir el capítulo, ya que no tenía idea de cómo hacerlo. Gracias (L)

Y eso chicas, espero que hayan disfrutado del capítulo.